Septentrionis Lux


Contra el darwinismo
febrero 19, 2009, 9:56 pm
Archivado en: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara

La formulación, por parte de Charles Darwin, en el siglo XIX de la ‘teoría sobre el origen de las especie’ supuso un hito más en ese camino de disolución de los Valores Eternos por el que transita el hombre del Mundo Moderno. Desgajar a la humanidad de su origen sacro, divino, no representó, ni representa, más que un signo más de los tiempos disolutos que corren.

Si en el plano económico tal ataque al Mundo Tradicional se hizo, y/o se está haciendo, a través del mercantilismo o del capitalismo de Estado o el liberal, y en el plano político se fue realizando y/o se realiza gracias al liberalismo, al marxismo o al anarquismo, en el plano cultural la labor la llevaron a cabo la Ilustración, el evolucionismo o el psicoanálisis.

En todas las culturas Tradicionales el hombre siempre se creyó descendiente de los dioses. Los clanes, las tribus, las genes creían tener en alguna divinidad a su antepasado más remoto. Los Iniciados, al ir más allá de la forma concreta y antropomórfica que se le otorgaba a la divinidad, concebían al hombre como emanación de un Principio Supremo y, en consecuencia, lo hacían partícipe y portador de la Esencia Inmutable y Sacra de dicho Principio.
Con tales maneras de concebir la existencia, el Mundo Tradicional encaminó todas sus actividades hacia metas Superiores, de orden Trascendente.

Pero con el desarrollo de la actual Edad Sombría, Edad de Hierro, Edad del Lobo o Kali-yuga la humanidad se fue, progresivamente, precipitando hacia lo bajo, fue rompiendo sus vínculos con lo Suprasensible y fue, poco a poco, ignorando el componente espiritual que anida en el interior del ser humano. Y, para precipitar todo este proceso corrosivo, la aparición de las teorías ‘evolucionistas’ cumplió una excelente función, pues al atribuirnos un origen meramente animal nos segaba radicalmente cualquier intento de desarrollo de esa Realidad Suprasensible que ya se nos negaba poseer al habérsenos cortado nuestro nexo con la Divinidad.

Paulatinamente, lo que a mentes no intoxicadas por un constante lavado de cerebro le hubiera tenido que parecer como un buen tratado de ciencia-ficción, se fue convirtiendo en dogma de fe, incontestable: el hombre procede, por evolución, del mono…

Para que la teoría no resultara demasiado simplista se le buscaron antecedentes al mono en otras especies y así sucesivamente hasta llegar a un supuesto origen unicelular. Además, esta teoría se fue completando, para hacerla más verosímil, con los presuntos cambios evolutivos acaecidos sobre otras especies de animales.

Pero para que el esperpéntico planteamiento no resultara irrisorio para muchos, debía ser demostrado científicamente. Debían presentarse pruebas, restos óseos de aquellos homínidos que habrían constituido los eslabones de la cadena evolutiva desde el primate hasta el hombre. Curiosamente no se han encontrado restos de los supuestos antecesores que, según los evolucionistas, tuvieron otras especies animales como, por poner un ejemplo, el caballo; al que se le hace sucesor directo de un tal ‘pliohippus’ o ‘hipparion’; varía el nombre dependiendo del autor evolucionista. Pero, ¡ay de las casualidades de la vida!, de entre los millares y millares de especies animales que pueblan nuestro planeta únicamente se han encontrando restos de los presuntos antepasados del hombre…

Pero, ¿son estos hallazgos óseos fidedignos?. ¿Son creíbles? Pues bien, la primera suspicacia sobre su credibilidad nos llega al comprobar que dos de estos principales y difíciles ‘descubrimientos’ los hizo la misma persona y en lugares bastante alejados entre sí: el jesuita Teilhard de Chardin.
… Él solito encontró a los famosos ‘Hombre de Java’ y ‘Hombre de Pekín’, dos ‘homínidos Pitecántropos’ que únicamente lo son en la imaginación de un visionario o de un manipulador, pues el ‘hallazgo’ de Java consistió en el fósil de un gran gibón, de la familia de los simios antropomorfos, de los cuales existen dos géneros y cuatro especies de talla más pequeña, y a catorce metros de distancia un fémur humano al que se ha querido hacer pertenecer al simio. Y el ‘descubrimiento’ de Pekín constó, básicamente, de algunos cráneos de mono con la frente a trozos y más bien de talla grande, parecidos al cráneo del ‘Hombre de Java’, junto con cenizas y piedras talladas que sus ‘mentes considerablemente inteligentes’ habrían obtenido por el hecho de conocer el fuego y de saber tratar la piedra. No se admitía discusión posible: nadie tenía derecho a pensar que, a lo largo de miles y miles de años, deslizamientos de tierras provocados por tormentas o riadas, temblores de tierras o erupciones volcánicas hubiesen hecho coincidir, en los mismos pozos, cráneos de primates con útiles elaborados por el hombre o con cenizas originadas por fogatas encendidas, igualmente, por hombres.

Si alguien duda de las auténticas intenciones, no precisamente cientifistas, por las que se mueven estos ceñudos buscadores de ‘eslabones perdidos’, podemos hablar de un caso aleccionador sobre el modo de proceder de muchos de ellos: el del ‘hallazgo’, en la Inglaterra de los primeros suspiros del siglo pasado, del ‘Eoantropus dawsoni’. Este cacareado ‘descubrimiento’ acabó resultando un soberano montaje, ya que a un cráneo humano del Pleistoceno se le había adjuntado una mandíbula de un simio actual envejecida artificialmente por medio de colorantes, cuyos molares habían sido limados por tal de hacerlos más suaves; menos simiescos. Además, entre alguna otra manipulación más, con el fin de que no se pudiera percibir que el cráneo y la mandíbula no pertenecían al mismo ser, los condilos o’bisagras’ que unen y articulan a ambos habían sido rotos. El desenmascaramiento del escándalo, como puede suponerse, tuvo un ínfimo eco mediático… (1)

El origen, maliciosamente, fantasioso del evolucionismo ha provocado, y provoca, constantemente contradicciones entre sus correligionarios y exegetas. Así, si desde un principio se hizo hacer creer que el simio evolucionó en Australopithecus, éste en Pitecántropus, a continuación fue apareciendo el Hombre de Neanderthal, para dar éste paso al Cro-magnon como antecesor directo del hombre, desde hace algunos años, en muchos de estos círculos darwinistas, se está imponiendo la teoría de que el Neanderthal y el Cro-magnon coincidieron en el tiempo y el segundo acabaría exterminando al primero. Incluso los hay que sostienen la idea de que del primero proceden algunas de las razas humanas actuales. Difícilmente, decimos nosotros, podría ser el Neanderthal antepasado del Cro-magnon o nuestro cuando al decir de los ‘estudiosos’ su altura era superior a la de ambos y en base a que no debemos de olvidar que según los evolucionistas cada eslabón supera en altura al que lo precede.

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[...] Extraído de nuestro ensayo titulado “Contra el darwinismo”: http://septentrionis.wordpress.com/2009/02/19/contra-el-darwinismo/ Dejar un comentario Dejar un comentario por mucho Dejar un comentario Suscripción RSS a los [...]

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jamás me pareció ‘fantasiosa’ ni ‘maliciosa’ ni mucho menos ‘obra de ciencia-ficción’ la hipótesis de que el hombre y el mono tengan un antepasado en común.
yo miro a mi alrrededor y veo que si todos etuvieramos desnudos y hubieran palmeras y bananas y macacos acicalándose, la mayoria de los hombres y mujeres actuarían, como siempre actuaron, de un modo animal.
aunque animal como insulto, como leo por acá, me resulta chocante; el animal promedio es más agradable que el hombre promedio.
por ejemplo, el Neanderthal y el Cro-magnon se cruzaron procreando ‘mestizos’ aún en su edad de piedra.
la humanidad es aberrante desde el comienzo.

Comentario por Fernando

Fernando:
Estoy contigo en que el hombre (el hombrecillo moderno), como ha degenerado tanto, se halla (en comportamiento y en actitudes) muy por debajo de los animales, pues éstos se mueven por el bios y el hombre desacralizado actual a veces no lo hace ni por el bios sino por los estadios más bajos: lo pulsional y el turbio mundo del subconsciente.
El Cro-magnon u Hombre de Aurignac exterminó (no se mezcló) al Neanderthal, del cual, al ser coetáneo, no procede como tanto habían defendido los evolucionistas; desmontándose, así, la “veracidad” de uno de los presuntos eslabones que siempre contempló el darwinismo.
Estamos, desde hace casi un año, debatiendo en con alguien sobre el evolucionismo. La verdad es que el resultado del debate está siendo el de un extenso número de páginas en un sentido o en otro y el del aporte de muchos textos, de diferentes autores, desmontando el evolucionismo tanto desde posiciones de corte metafísico como científico como desde posiciones en que ambos planos se aúnan, se complementan y se deducen.
Saludos cordiales:
Eduard Alcántara

Comentario por Eduard Alcántara

Saludos, me parece intereante, puès siempre en la “educaciòn moderna”, se nos enseñò que el animal humano procede, segùn Darwin por evoluciòn de seres primitivos. Esto es lo que se nos enseñò, otras teorìas sitùan al animal humano como proveniente de la cruza entre seres interestelares y simios presentes en este planeta al inicio de la “historia”. lo reportan este acontecimiento en tablas de arcilla encontradas en Sumeria. Lo cierto es que tenemos en nuestro interior la capacidad de ser inmortal si trabajamos en ese sentido, segùn la enseñanza del maestro Jesùs.

Comentario por Josè Rafael Baides Portillo

José Rafael:
Celebro qu el artículo haya sido de su interés.
La principal consecuencia que debemos hacer ante la certidumbre del origen divino del hombre es, en efecto, la que menciona Ud. en su comentario: tenemos la posibilidad de despertar la semilla de la eternidad que anida en nuestro interior en estado letárgico.

Un apunte más que demoledor sobre este tema:
Según los evolucionistas descendemos del homo rodhensiensis y resulta que se han encontrado restos de hombres (no homínidos como el mencionado) más antiguos que los de nuestros primeros supuestos antecesores…
Homo Rodhesiensis: 200.000 años
(http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:7vb_rjdanVAJ:www.portalciencia.net/antroevosapi.html+antig%C3%BCedad+homo+rodhesiensis&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=es&source=www.google.es)

“La noticia corrió como la pólvora por la red. La revista especializada American Journal of Physical Anthropology publicaba online a finales de 2010, el resultado de una investigación de científicos israelíes y españoles que situaban los restos más antiguos conocidos de ser humano actual entre 300.000 y 400.000 años…” (http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2011/01/20/f%C3%B3siles-humanos-cada-vez-m%C3%A1s-antiguos)

Saludos:
Eduard Alcántara

Comentario por septentrionislux




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