Julius Evola. Septentrionis Lux


Entrevista a Eduard Alcántara sobre Julius Evola y el Tradicionalismo
Esperemos que resulte de interés esta entrevista que se nos hizo, hace algunas semanas, desde el canal de televisión argentino TLV1; a la cual se puede acceder a través del presente enlace.
Sólo una pequeña aclaración: el prólogo a nuestros libros no corrió a cargo de nuestro apreciado Pedro Varela sino de Enric Ravello y Santiago de Andrés.
También puntualizar que nuestra relación con la Historia es sólo como mero aficionado a ella.
Saludos
https://www.youtube.com/watch?v=Oa3dIAoNVLw


EL BUDISMO ZEN, prólogo
julio 3, 2016, 10:09 am
Filed under: Buddhismo, Eduard Alcántara, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

EL BUDISMO ZEN, prólogo

Hemos sido honrados con la petición que nos ha hecho llegar el autor de la presente obra en el sentido de que tuviéramos a bien el prologarla y no podíamos por menos que acceder a ella por una cuestión de cortesía y agradecimiento, por otra cuestión de cercanía y fructífera relación que mantenemos desde hace ya un tiempo con él y por una tercera que responde a nuestra alta valoración sobre el tema objeto de estudio del libro. Si a todo esto añadimos el que, tras su lectura, hemos concluido que los aportes que se nos ofrecen en sus páginas resultan de mucho interés se comprenderá el porqué de nuestra respuesta afirmativa ante tal petición.

Esta obra sigue los pasos lógicos que la hacen desembocar donde tiene que desembocar, pues empieza su andadura en los orígenes del budismo de la mano del príncipe Gautama Siddharta en el s. VI a. C., la continúa con su llegada a la China en el s. VI d. C., de la mano de Bodhidharma, en la forma conocida como chan y acaba desembocando en el budismo zen por la llegada, desde aquel país, del budismo chan al Japón. Un budismo zen que nuestro autor ha tenido a bien explicar en su faceta doctrinal y en su otra práctica. Es por ello que a través de la lectura de sus páginas el lector aprehenderá los fundamentos que vertebran el zen y recibirá incluso un aporte práctico que puede serle de mucha utilidad si es que alberga intereses que vayan más allá de lo meramente teórico para adentrarse en el terreno de la propia experimentación interior.

Nos referíamos en el primer párrafo a nuestra alta valoración del budismo zen. Podríamos señalar que el budismo, a nivel genérico, hace ya bastante tiempo que despertó nuestro interés y es por ello que no en vano hasta hemos vertebrado algunos de nuestros ensayos alrededor de esta vía Espiritual y alrededror de algunas de sus doctrinas constitutivas; tal como, p. ej., hicimos, en su día, en nuestro escrito “Consideraciones metafísicas sobre el aborto. La doctrina de los nidana” (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/consideraciones-metafisicas-sobre-el-aborto-la-doctrina-de-los-nidana/ ). Pero en concreto a su versión japonesa del zen le otorgamos una consideración especial pues lo concebimos como una especie de vuelta al espíritu del budismo originario, el implementado por Sakyamuni y que quedó por escrito en el canon pali. Es esencialmente gracias a los indispensables trabajos del gran intérprete italiano de la Tradición Julius Evola que hemos podido valorar, por un lado, en su justa y exacta medida el enorme caudal del budismo de los orígenes y, por otro lado, la concordancia de la esencia del zen con las enseñanzas originarias del Buddha. Nos congraciamos con el autor del libro que prologamos en que también haya considerado la importancia de los aportes de Evola y haya, por ello, echado mano a su “La dottrina del risveglio. Saggio sull´ascesi buddhista” (en alguna de sus versiones en lengua castellana) y a trabajos específicos que el gran maestro romano dedicó en concreto al zen; alguno de los cuales fueron editados por Ediciones Heracles dentro del libro “Tradiciones varias. Escritos sobre pitagorismo, mitraísmo y zen”; aclaremos también que la primera obra citada de Evola dedica algún capítulo específico al zen. El resto de la bibliografía en que se ha basado nuestro Augustus Rex nos parece de lo más caudal, acertada, bien seleccionada y hasta, en muchos aspectos, complementaria entre sí.

Acordamos con el autor de la presente obra en que el budismo apareció como una vía de realización interior y no como una forma religiosa. Perseguía, pues, la transformación interior del practicante y no la adhesión a una fe determinada. Abogaba por la automatización de una serie de hábitos y de un estilo de vida que pusieran en disposición de poder pasar a unas etapas en las que lo que se pretendía era el descondicionamiento, de forma metódica, con respecto de todo aquello que aturde, domina, ata, esclaviza y aliena al hombre …con respecto a las pasiones, a los bajos instintos, a los sentimientos exacerbados, a las pulsiones primarias, a las emociones embriagadoras, a los egoísmos, a los miedos, a los complejos, a la ira o al odio. Sólo de este modo el hombre puede vaciar su mente o alma de elementos perturbadores y dejarla limpia como una patina en la que se podrá reflejar la Realidad Suprasensible, pues el fin de esta vía de transformación interior no tiene como objetivo último el lograr la calma y el autocontrol mentales del practicante sino el ir, gracias a estos logros, más allá en busca de la realización espiritual, esto es, en busca del conocimiento de planos sutiles de la realidad que no pueden ser aprehendidos con los sentidos, en busca de la consecución de planos de conciencia superiores al ordinario, en busca de la activación en el propio cuerpo de toda la potencialidad sutil que lo vehicula en sus raíces suprafisiológicas y que lo hará unirse con el entramado nouménico del cosmos, lo hará ser Uno con este entramado y lo hará desechar la dualidad que lo agitaba ansiando y deseando lo otro con respecto a lo cual se consideraba diferente. En busca -incluso más allá de todo esto- de traspasar los umbrales de todo este plano sutil y metafísico de la realidad manifestada y llegar a la Gnosis de lo Inmanifestado que se halla en el origen de todo el mundo manifestado (sea del sensible sea del Suprasensible), llegar al Conocimiento del Vacío Absoluto, de lo Imperecedero, lo Eterno, lo Indefinible, lo Incalificable y llegar, asimismo, a la Identificación ontológica (transustanciación del, ya, Despertado) con Esto: con lo Absoluto, con el Principio Supremo y Primero. En este punto se habrá llegado a la Iluminación …y si éste es el fin último que no en vano define al Buda como ´el Iluminado´ se desecharán las posturas que contemplan al budismo como algo así como una terapia mental para el control de la psique, tal como ha acontecido con la interpretación mayoritaria que de esta disciplina interna de realización espiritual se ha hecho y se viene haciendo en Occidente …Y es que la realidad del budismo, tal como Evola la expresó, va “más allá del teísmo y del ateísmo”, pues, por un lado, como vía esotérica emprende el camino del conocimiento y de la activación de fuerzas sutiles que vertebran nuestra fisiología sutil y que se hallan en todo el entramado cósmico y, por ello, directamente soslaya la “existencia” y el culto a divinidades del tipo concebido por las formas religiosas (va, pues, “más allá del teísmo”) y, por otro lado, ha quedado claro que el budismo concibe la existencia de planos Metafísicos de la realidad a los que debe aspirarse a integrarse (va, pues, “más allá del ateísmo”; más allá, pues, de una concepción materialista del mundo).

Con el devenir del tiempo el budismo de los orígenes fue convirtiéndose en una nueva forma religiosa. Una mayoría lo malinterpretó y lo entendió como una nueva fe hacia unas nuevas deidades: los Budas. De este modo, por un lado apareció el budismo mahayana, que aunque en un principio no renunció al carácter esotérico del budismo original -a la búsqueda y gnosis de lo Superior- acabó deviniendo en un ritualismo exagerado y vaciado del poder de transformación del rito y por otro lado surgió el budismo hinayana, que aunque renunció a esa especie de barroquismo ritual vacío en que había decaído el mahayana lo hizo a cambio de también renunciar a cualquier tipo de esoterismo y, por tanto, a cualquier objetivo de transustanciación interna del hombre …su estilo austero podía recordar el espíritu original del budismo pero ya no se trataba más de una vía de realización interior sino de una forma religiosa, meramente, por ende, de carácter exotérico: piadoso y devocional.

Esta bajada de nivel -de lo iniciático y esotérico a lo religioso y exotérico- fue consecuencia directa de su adopción masiva, pues es evidente que son sólo unos pocos -portadores de una especial potencialidad espiritual y de la determinación y voluntad necesarias para poderla hacer pasar de potencia a acto- los que son aptos para recorrer el arduo, metódico, difícil y riguroso camino de la transformación interior. Se trata, pues, ésta de una opción existencial de corte aristocrático: sólo los aristos -en su sentido etimológico, entendido como los mejores- los que pueden transitar por esta tan difícil y exigente vía.

Para Julius Evola el perdido sentido del budismo original pudo, con el tiempo, ser recuperado cuando en Japón se asumió el budismo objeto de este nuestro libro: el zen. Así, el zen recobró, por un lado, la esencia iniciática del budismo como vía de realización y, por otro lado, se mostró con ese estilo austero que fue el que transmitió Sakyamuni (Gautama Siddharta), pues para la práctica del zen -tal como de forma muy ilustrativa comentaba en cierta ocasión un buen conocedor suyo: Ernesto Milà- “no se necesita más que un muro desnudo frente al que sentarse para meditar y concentrarse”.

El budismo plasmado en el canon pali y el zen nos recuerdan en su estilo austero con ese otro estilo que definió al hombre clásico de la antigüedad greco-latina. Nos recuerdan, especialmente, esa opción existencial que en la antigua Roma fue el estoicismo. Sin duda la templanza, el autocontrol, el dominio de sí mismo y la indiferencia ante todo aquello que no es sustancial en nuestra vida son logros del alma –mente- que la mantienen alejada de los disturbios que acontecen a nuestro alrededor y que pueden distorsionar la psique del común de los mortales. El estoicismo, el budismo originario y el zen se erigen como instrumentos de gran valor ante cualquier turbulencia que pueda desatarse a nuestro alrededor. Turbulencia que se quedará en agua de borrajas cuando llegue al alma de aquél que sepa permanecer impasible ante lo accesorio y ante lo que turba y perturba al hombre común. Los Séneca o los Marco Aurelio pueden ser un perfecto modelo existencial a seguir. Estos logros descondicionadores de la mente constituyen la médula del nigredo del que hablaba la tradición hemético-alquímica, ya que sólo a partir de la putrefacción y de la limpieza de escorias psíquicas –del subconsciente y lo irracional- puede aspirarse a la calma psíquica ante los vaivenes y desequilibrios que acosan al ser humano en el seno de este mundo del devenir y especialmente en plena Edad Crepuscular por la que transita el presente ya de por sí deletéreo kali-yuga (la Edad de Hierro de la que hablaba Hesíodo). En esta línea, podemos leer en el libro objeto de nuestro prólogo que “el verdadero dhyana (meditación, trabajo interno) es el que hace que nuestra mente resplandezca mientras los conflictos explotan a nuestro alrededor”. Estas concomitancias entre el budismo zen y el espíritu clásico de la vieja Europa nos hacen percibir como muy cercana a nuestra más genuina idiosincracia la vía interior fundada por el príncipe Sakya y seguida, de manera fidedigna, en el zen japonés y no nos la hacen contemplar como algo exótico, extraño y exógeno a nosotros, al homo europaeus.

La extinción del apego y del deseo comportan un estado de calma, sosiego, autodominio e impasibilidad que en caso de llegarse al Despertar alumbran, en el Iluminado, un sello de natural Majestad hierática que es del tipo olímpico y solar (el Sol, el astro imperturbable que no se mueve) que fuera propio del Hombre de la Tradición Primordial que aconteció durante el Satya-yuga o Edad de Oro hiperbórea y que es la propia de aquéllos que gracias a haber emprendido la ´vía del Héroe´ han arribado a tal condición de Despertados. Sólo el arquetipo del guerrero es válido para encarar estos procesos de transustanciación ontológica pues, como comentábamos en nuestro ensayo “Los ciclos heroicos”, “es acción interior lo que se precisa a lo largo de todos estos procesos conocidos con el nombre de Iniciación. El ascesis no es otra cosa que ejercicio interno. La necesaria e imprescindible práctica interior es, en definitiva, acción. Y es por todo esto por lo que la vía más apropiada para completar el arduo y metódico proceso iniciático es aquella conocida como ´vía de la acción´ o vía del guerrero o shatriya.” (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/ )

No puede, por ello, sorprendernos el que el fundador del budismo perteneciese a la casta shatriya de la India (una de las castas compuestas por los descendientes de los indoeuropeos -indoarios- que llevaron a la Península del Indostán la tradición védica), pues Gautama Siddharta era un príncipe del linaje con más fama de bravura en el combate: los Sakyas (de aquí que también fuese conocido como Sakyamuni: ´el sabio del clan sakya´). Y no puede, por ello, sorprendernos que el zen calara muy hondo entre la casta guerrera del Japón, los samuráis, pues el código de honor y comportamiento -el bushido– por el que los guerreros japoneses conducían sus vidas casa totalmente con la autodisciplina, el espíritu de autosacrificio y de superación que exige la severa vía heroica iniciática del zen.

Estamos, pues, tratando con un tipo de Espiritualidad solar, alumbrada por lo que Evola definió como ´la luz del norte´ (por el origen norpolar y circumpolar -Thule, Hiperbórea, Airianem Vaejo, Monte Meru, la Isla Blanca,…- de este tipo de Espiritualidad y por hallarse -en el hemisferio norte- esa Estrella Polar situada siempre -inamovible, imperturbable- al norte). Nos hallamos ante un tipo de espiritualidad Regia, mayestática, guerrera y heroica del mismo tenor que la que resplandeció aquí en Occidente, p. ej., alrededor de una saga artúrica y de un ciclo del Grial en los que los buscadores del Grial eran caballeros y no clérigos y en los que no aparecen iglesias sino castillos como el de Camelot o el del rey Anfortas. El carácter Regio de este tipo de espiritualidad -iniciática y heroica- se reconoce en la misma tradición hermético-alquímica, donde en Occidente fue conocida como el Ars Regia. Podrá el lector comprobar cómo mismamente el autor de nuestro libro señala que “en el zen la Conciencia Iluminada se compara con un Rey”.

En contraposición con este tipo de espiritualidad iniciática, solar, olímpica, regia, heroico-guerrera y activa nos topamos con esa otra manera de mirar al Hecho Trascendente sin posibilidad de actualizarlo en uno mismo ni de llegar a su Conocimiento, sino conformándose, simplemente, con creer en Él, con tener fe en Él y con rendirle pasiva devoción …hablamos, en este caso, de religiosidad más que de espiritualidad y lo hacemos de un tipo de religiosidad sacerdotal, pasiva y propia de lo que Evola catalogó como ´luz del sur´.

Nuestras filias por el budismo zen nos vienen también dadas por considerarlo una vía Tradicional stricto sensu, ya que no concebimos el significado de ´Tradición´ como equiparable al de ´metafísca pura´. Para mejor aclarar estas divergencias nos remitimos a unas reflexiones que hace un tiempo vertíamos al respecto:

No hay que obviar el significado de ´Espiritualizar la materia´ en el sentido iniciático de actualizar el Espíritu en el seno de la materia representada por nuestro cuerpo y nuestra mente. Tras lo cual no se trata de evadirse en una especie de ´Metafísica pura´ que ignore y se desgaje del cuerpo sino que se trata de ´materializar el Espíritu´, esto es, de impregnar nuestro cuerpo y nuestra mente con ese Espíritu que habíamos Despertado a través de la Iniciación. De este modo, ahora sí, nos dice Evola que podemos hablar de Tradición y no, repetimos, de ´Metafísica pura´, por cuanto la Tradición exige la sacralización  de la materia: sacralizar el mundo, trasladar el macrocosmos al microcosmos y aspirar a la consecución del Imperium, aquí abajo, como reflejo del Ordo que rige allí arriba.

     El concepto de ´materializar el Espíritu´ hay, pues, que entenderlo en el sentido de que el Espíritu, una vez pasado de potencia a acto a través de la Iniciación, no debe ignorar al cuerpo (la materia), para que puedan evitarse, de este modo, posturas como las de aquellos ayunos extenuantes suicidas o el propio suicidio en sí practicado como medio de ´liberar al Espíritu aprisionado por un cuerpo al que había, pues, que eliminar´; posturas ejecutadas, p. ej., por maniqueístas extremos como los cátaros. Nos alejamos, de este modo, de evasionismos con respecto a la posibilidad de actuar en este mundo de aquí abajo. (Por supuesto que esta alusión al catarismo no debe llamar a confusión, pues como religiosidad de tipo lunar y, por ende, meramente devocional no conocía de la Iniciación.)

     Podríamos., en similar línea, echar mano de algo que comentamos en un trabajo nuestro (“Evola frente al fatalismo”: https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/ ) cuando escribíamos que “el maestro italiano afirma que “el punto de vista del Vedânta es que el mundo, procedente de estados no manifestados, vuelve a sumergirse en ellos al final de cierto período, y ello recurrentemente. Al final de tal período, todos los seres, bon gré mal gré, serán por tanto liberados, ´restituidos´. Evola nos advierte del fatalismo que envuelve a estas creencias y nos advierte de que si el hombre, junto a toda la manifestación, volverá a Reintegrarse en el Principio Supremo del que procede y será, así, restituido a lo Eterno e Inmutable no se hace necesaria ninguna acción: ni interna tendente a la Liberación ni externa que apunte a la Restauración del Orden Tradicional, ya que, tarde o temprano, toda la humanidad (así como todo el mundo manifestado) acabará Liberada cuando haya sido reabsorbida por el Principio Primero. Obvia el haber de señalar la pasividad a la que dichas creencias pueden llevar.

     Igualmente nos advertía Evola de que considerar, tal como hace el Vedânta, al mundo manifestado como mera ensoñación (Mâya) puede abocar a posturas evasionistas con respecto al plano de la inmanencia. Puede llevar al refugio en el Mundo de la Trascendencia y a dar la espalda a una realidad sensible sobre la que el Hombre Tradicional debe tener muy claro que debe actuar para sacralizarla y convertirla  en un reflejo de lo Alto (recuérdese el Imperiumhttps://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/, en el microcosmos, como reflejo del Ordo macrocósmico). De no actuar en este sentido nos olvidaríamos -empleando terminología del hermetismo alquímico- del coagula que debe seguir al solve en todo proceso de metanoia o transformación interna; nos olvidaríamos, pues, de la ´materialización del Espíritu´ que debe seguir a la fase de ´Espiritualización de la materia´ propia de los procesos Iniciáticos.

Este considerar lo incontestablemente Tradicional (y alejado, pues, de lo que sería la ´metafísica pura´) de los fundamentos del budismo zen nos lo recuerda Augustus Rex cuando señala que “los maestros zazen dicen que la Tierra es la Tierra Pura del Buda”, su ámbito de actuación. O cuando nos recuerda que la extinción del deseo a la que puede llevar la práctica iniciática del zen no consiste en la anulación total de los sentimientos, de las emociones o de la sensibilidad …no consiste, pues, en la negación del compuesto físico-psíquico del ser humano sino que de lo que se trata es de llegar a ser “ni apasionado ni desapasionado, ni hipersensible ni insensible” y se trata, en la misma línea, de “subyugar a los sentimientos negativos (a éstos, no a todos) al control de la propia voluntad”, De este modo llegaremos a “la justa medida: ni exceso ni privación.”

La certidumbre de que el zen está totalmente alejado de concepciones de carácter evasionista con respecto al mundo de aquí abajo, al microcosmos, nos la vuelve a afianzar nuestro autor cuando nos explica el contenido del cuarto de los Cinco Rangos que algunas escuelas del zen enumeran a la hora de explicar los logros que van jalonando la vía que puede conducir al Despertar. Ese cuarto rango aludido es el conocido como “Rango de los méritos cooperados” …quien lo ha consumado en sí debe brindarse para ejercer el gobierno de su comunidad, con el objeto, en definitiva, de contribuir a armonizar el mundo de aquí abajo -el microcosmos- a semejanza de la armonía que rige en el macrocosmos.

Creemos llegado ya el momento, tras todo lo que hemos expuesto, de pasarle directamente el testigo a esta valiosa obra.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



Conferencia: “Julius Evola a través de su obra”

conferencia imagen 9 abril 2016 Evola a través de su obra

Conferencia: “Julius Evola a través de su obra”



LA TRADICIÓN
marzo 21, 2016, 11:38 am
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Metafísica, Metapolítica, Tradición

La Tradición está vigente cuando una comunidad vive y actúa en forma sacralizada. Cuando el punto de referencia por el que se rige es el de lo Superior. Cuando lo Alto es la guía de sus accionares cotidianos y de su proyecto común.

Para vivir de acuerdo y en concordancia a los planos Superiores de la realidad lo de aquí abajo debe, siguiendo la máxima hermética, ser como lo de Arriba, por lo que el mero creer en lo Trascendente no sacraliza lo de abajo (a las comunidades y a sus organizaciones políticas) sino que se debe tener el poder de activar las fuerzas sutiles o divinas que componen el entramado del cosmos y, a su vez, armonizan sus dinámicas. Para ello se ha de comenzar por la activación de dichas fuerzas en el interior de uno mismo, tras lo cual será factible el propiciar, de forma favorable para la comunidad, el accionar de esas fuerzas en el ámbito cósmico. En illo tempore la totalidad de los seres humanos experimentaban lo Eterno e Imperecedero en su propio ser …hablamos de la Tradición Primordial hiperbórea, de la Edad de Oro (en Hesíodo) o del Satya-yuga (en la tradición védica del hinduismo), pero el hombre decayó y este status sacro sólo quedó al alcance de unos pocos, de los mejores, de los aristos. Ellos conquistaron la Eternidad en vida y transformaron su interior gracias a metódicos trabajos internos que se conocen con el nombre de Iniciación …Y se constituyeron en la casta sacro-soberana de sociedades Tradicionales en las que otros formaron, por vocación, la casta guerrera y unos últimos, por su popia ecuación personal, la productiva. Estas sociedades trifuncionales fueron las propias del Mundo de la Tradición. Pero aunque el Mundo Tradicional periclitó no lo ha hecho, sin embargo, la posibilidad de Restaurarlo. Un nuevo Ciclo Heroico debe volver a actualizar la Tradición perdida pero sin conformarse con ser transitorio, tal cual acaeció en otras épocas, sino irreductible ante cualquier embate del deletéreo, materialista, utilitarista, gregario, alienante, disolvente, oscuro e ínfero mundo moderno. Los Héroes deben, por ello, encabezar la rebelión que vuelva a restituir la nueva Edad Áurea.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



DISCERNIENDO DE PAR EN PAR
diciembre 30, 2015, 11:26 am
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Metafísica, Religiones, Tradición

DISCERNIENDO DE PAR EN PAR

Extractamos, seguidamente, reflexiones vertidas a propósito de ciertos intercambios mantenidos en diversos medios en el transcurso de los cuales hemos pretendido aclarar diferencias entre vías y conceptos metafísicos, además de concepciones existenciales, que en apariencia parecieran compartir semejanzas esenciales pero que en realidad divergen sobremanera. Hemos enfrentados a unos con los otros en parejas. Tan solo no obedece a esta estructura dual el último apartado, el referido al arte musulmán, que hemos querido añadir con ocasión de la penúltima dicotomía que se refiere también al universo del Islam.

1. LAS MANZANAS DEL PARAÍSO BÍBLICO Y LAS DEL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES

Es significado el caso de que según este libro de corte religioso semítico cual es el Génesis -de la Biblia- el hombre no debe acceder a la Sabiduría y, paralelamente, a la Liberación. Tiene por ello prohibido comer de las manzanas del Árbol de la Vida. Adán lo hizo y fue por ello desterrado del Paraíso. En cambio, en el seno de las tradiciones espirituales indoeuropeas el hombre tenía la opción de elegir el camino de la transmutación interior que llevar a la Iluminación, a la Gnosis y al Despertar. Así, nos lo explican los mitos que nos hablan de la búsqueda (por parte de Jasón, de Hércules,…) del Jardín de las Hespérides donde las manzanas doradas y el vellocino de oro simbolizaban la adquisición de la Sabiduría y la Inmortalidad para aquél que las encontrara (las manzanas)y lo hallara (el vellocino).

 

2. INMORTALIDAD VS ETERNIDAD

Desde una perspectiva Tradicional la inmortalidad se situaría en el terreno de las divinidades, de los numens, del mundo manifestado (aunque sutil y metafísico) del Ser y la eternidad entendería del la No Manifestación, del Principio Supremo, de la Posibilidad Universal o del No Ser Incondicionado del que ha hablado siempre una determinada metafísica. La inmortalidad del cuerpo del andrógino original de la Tradición Primordial era un reflejo (aquí abajo, en la physis) del Principio eterno vivo y operante que aún atesoraba en su seno, pues lo de arriba se refleja en lo de abajo. Otro cuestión bien antagónica es el demónico aspirar al alargo de la vida material (la inmortalidad del cuerpo); el alargo de la pervivencia del compuesto psicofísico del hombre.

3. ACCIÓN VS CONTEMPLACIÓN

A propósito de un buen texto de Mauricio Purto sobre  “Meditaciones de las cumbres” y en relación a lo que en él se afirma acerca de la elección por parte de Evola de la vía de la acción –y no la de la contemplación- a la hora de encarar la búsqueda de la Trascendencia bien estaría aclarar lo que supone esta vía de la acción y bien estaría aclarar que si la vía de la contemplación admitiéramos que es la propia de la casta sacerdotal esta vía quedaría reducida a la mera devoción o a la mecánica recitación de oraciones y jaculatorias sin capacidad de poder provocar la metanoia o palingénesis del sujeto. Si, por el contrario, entendemos la contemplación no en esta vertiente inoperante y pasiva sino como vehículo transfigurante deberíamos asimilar dicha vía contemplativa a la activa.

       En relación con la vía de la acción en nuestro escrito “Los ciclos heroicos” (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/) afirmábamos que:

     “Es acción interior lo que se precisa a lo largo de todos estos procesos conocidos con el nombre de Iniciación. El ascesis no es otra cosa que ejercicio interno. La necesaria e imprescindible práctica interior es, en definitiva, acción. Y es por todo esto por lo que la vía más apropiada para completar el arduo y metódico proceso iniciático es aquella conocida como ´vía de la acción´ o vía del guerrero o ´shatriya´.”

     (…) “…una acción interna que es la única capaz de hacer factible el acometer cualquier intento de transustanciación interior.”

     (…) “…guerreros porque éstos son los que llevan intrínsecamente asociada la ´vía de la acción´. Y ésta puede revestirse de una vertiente externa (combate material, lucha territorial o lid física) y/o también –si así algunos se lo proponen firmemente- de una vertiente interna que es la que les puede conducir a la Gnosis del Principio Supremo que se halla en el origen del mundo manifestado y es, asimismo, la que les puede, paralelamente, hacer viable su Identificación, en el plano del ser, con dicho Principio Eterno.”

 

4. COSMOVISIÓN VS IDEOLOGÍA. SUPERHUMANISMO VS ANTROPOCENTRISMO

Desde la óptica Tradicional se defiende una cosmovisión de la vida y de la existencia enfrentada a la alienante de este nuestro mundo moderno, en lugar de abogar por identificarse con el concepto de ideología que es hijo de la Revolución Francesa y de sus fuentes y emanaciones políticas y filosóficas. El concepto cosmovisión no admite medias tintas ni enfoques parciales y autónomos del pensamiento y del vivir sino que, por el contrario, aboga por una visión y una percepción de la existencia que abarca la totalidad del actuar y del sentir del hombre y de las sociedades e instituciones. Anhela la superación de las diferentes versiones del materialismo triunfante y del modelo de hombre como mero conglomerado psicofísico en pos de ese superhumanismo al que se refiere un autor como Giorgio Locchi. Un superhumanismo que no puede por menos que enfrentarse al antropocentrismo y que reconoce como piedra angular de la existencia la dimensión Superior y Trascendente del ser humano.

  1. EMANACIONISMO VS CREACIONISMO

 La aparición del hombre -como del resto del Cosmos- sería el resultado de la manifestación -por emanación– del Motor Inmóvil (echando mano de Aristóteles) o Principio Supremo. Por ello el hombre compartiría con dicho Principio la Inmortalidad (en forma aletargada; el fin a perseguir debería ser pasarla de potencia a acto: Despertarla). En cambio el creacionismo postula la creación ex nihilo (a partir de la nada) del universo y del hombre. Por tanto éste al no ser el resultado de la emanación “divina” no compartiría con dicha divinidad la Inmortalidad en forma de semilla que hay que reavivar y su Liberación (el Despertar del que habla el budismo) se hace imposible.

 

  1. VÍA DE LOS ANTEPASADOS (“ESPÍRITU” DE LA SANGRE) Y VÍA DE LOS DIOSES

El “espíritu de la sangre” no sería otra cosa que la inmersión, tras la muerte, en el demon, genio o tótem propio de un linaje o de un clan (o, en este caso, de una raza); vía ésta que no es otra que la “vía de los antepasados” (pitra-yana) deparada para los más ante la “vía de los dioses” (deva-yana) deparada para los menos y que constituiría, ésta sí, la auténtica Liberación hacia la Realidad Incondicionada.

 

7. INTERPRETACIÓN METAFÍSICA DE LAS INTERRELACIONES ENTRE DIOSES Y HOMBRES EN LOS MITOS. TUATHA DE DANNAN, ODÍN-FREYA, ZEUS-HERA, SHIVA-KALI


En cuanto al tema de Sigmund y Odín y la intervención del dios para facilitar la muerte del héroe no debemos hacer reflexiones que pertenezcan a un plano diferente a las que debemos hacer alrededor de las influencias que hubiera podido tener Freya en las decisiones de Odín …y este plano debe ser el metafísico y no el humano. Fuera, pues, de comentarios mundanos debemos ascender a un nivel interpretativo esotérico y, así, nosotros no tenemos por menos que recordar unos comentarios muy acertados que hace ya bastantes años nos realizó Enrique Ravello alrededor de la raza solar de los Tuatha de Dannan. A nosotros nos llamaba la atención el que una raza solar llevara asociada a su etnónimo el de ´Dannan´, ya que este término nos parecía remitir a divinidades de tipo demétrico-ctonio. Ravello en cambio nos hizo un símil, muy aclaratorio, con Shiva y kali. Kali baila alrededor de su consorte Shiva simbolizando, en realidad, a la 
shakti (energía cósmica) que con su accionar facilita el que el Principio (Shiva- o, según el enfoque, el Atman) pase de potencia a acto (se actualice) y, de este modo, se manifieste; tal como puede actualizarse en el interior del hombre diferenciado gracias a la activación de la dicha energía (denominada, en el seno del hombre, kundalini). Así, Dannan equivaldría a Kali (la shakti) y explicaría, en buen grado, la consecución de la divinidad por parte de esa raza solar (los Tuatha). Y, del mismo modo, Freya simboliza (en un plano no exotérico sino esotérico) esa shakti que actualiza a Odín para que se manifieste y, en lo exotérico, tome decisiones y actúe. En este sentido deben interpretarse  las influencias que Freya (o Hera) haya tenido sobre Odín (o Zeus) en las decisiones de éste.

Si Odín le rompe a Sigmund la espada nothung debemos ver el reflejo de la espiritualidad Tradicional para la cual el mundo de los hombres y el de los dioses no se halla irremisiblemente separado. Los hombres con sus ritos pueden interactuar con el mundo nouménico (de los dioses) y éste, por mor de los dichos ritos, manifestarse en el mundo sensible y, además, -en el caso del Iniciado- ser símbolo -esta manifestación nouménica- de los efectos suprasensibles reales que el hombre, como consecuencia de su accionar, puede experimentar en su fuero interno. Así comprenderemos cómo los dioses aparecen en la Ilíada enfrentándose entre ellos en el mismo campo de batalla en el que lidian los ejércitos aqueo y troyano y comprenderemos, asimismo, cómo el héroe Diomedes ataca –en el transcurso de esta guerra- a Afrodita y la hiere en una mano o cómo hiere, de una lanzada, al mismo Ares en un costado y obliga al dios sangrante a retirarse al Olimpo. Podríamos entender el enfrentamiento entre Diomedes y Ares como el del Héroe que ha arribado al Despertar al Principio Primero Inmanifiesto y que, por ello, se halla por encima incluso de la divinidad de un Ares que como dios forma parte del mundo (aunque sutil) manifestado.

     Desde la óptica de la metafísica está fuera de lugar cualquier interpretación de los mitos que se sustente en criterios racionalistas, psicológicos, morales y, en definitiva, humanos.

 

8. METAFÍSICA vs RELIGIOSIDAD: AKENATHON, MOISÉS Y EL MONOTEÍSMO DEL JUDAÍSMO

 

Según un texto de Jan Assman se extrae la percepción de que el monoteísmo de la religión judía tendría su origen en la reforma efectuada por el faraón Akenathon, en la que se habría considerado a la divinidad Amón-Ra por encima de las otras y/o en forma exclusiva. Aunque en realidad Amón-Ra simbolizaría al Principio Primero que se halla en el origen de la manifestación, por lo que no se debería, en este supuesto, hablar de monoteísmo, pues no se consideraba a una deidad (la cual, como tal, ya formaría parte del mundo de la manifestación, aunque en su forma más sutil y espiritual) sino a un Principio Eterno e Inmanifestado. Este entendimiento de nivel esotérico propio de Akenathon y sus seguidores habría sido mal interpretado por Moisés (que según Jan Assman habría sido un general del faraón) y habría, así, sido rebajada a un nivel exotérico la reforma realizada por el tal faraón, no entendiendo de metafísica y cerniéndose a la mera religiosidad, ignorando la Espiritualidad de corte solar -luz del norte- (el Sol era el símbolo de Amón-Ra) y no entendiendo más que de devocionalismo de corte lunar -luz del sur.

 

9. PARAÍSO MUSULMÁN VS PARAÍSO JOSÉ ANTONIO

    Pueblos como los semitas -y otros afines o semitizados por el accionar de ciertas religiones- han hecho gala siempre de un telurismo lunar que conlleva un sensualismo muy impregnado en sus entrañas. Así han concebido un paraíso erótico y sensual al que accederán aquéllos que mueran combatiendo por Allah. El devoto integrista no entiende de posibles mensajes esotéricos encriptados tras la descripción de un tal paraíso y se toma dicha descripción al pie de la letra: siete palacios de jade, con siete harenes cada uno y setenta y siete huríes en cada uno de ellos de las que podrá disfrutar en estado de erección eterna a la edad permanente de 33 años… ¿Se inmolarían estos integristas si en lugar de un paraíso erótico acorde con su idiosincracia se les ofreciera otro al estilo del que nos describía, hace 76 años, José Antonio Primo de Rivera?: Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “No quiero el Paraíso, sino el descanso” –decía–. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descanso. El Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se estáverticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambasde las puertas, ángeles con espadas.”

 

10. CRÍTICAS A ASPECTOS DEL ARTE SAGRADO MUSULMÁN

Se justifica la iconoclastia musulmana bajo el argumento de que el arte sagrado pictórico o escultórico más o menos realista atrae la atención del profesante hacia los detalles de la imagen representada (atención de corte, pues, externo) en lugar de hacerlo hacia la Realidad Superior que simboliza. Se nos dice que para evitar esto es por lo que la caligrafía árabe ocupa en las mezquitas el lugar de las imágenes. Sin embargo también se nos señala cómo el Islam admite las representaciones de tulipanes (simbolizan a Allah) y de rosas (representan a Mahoma). Sin duda de esta manera se evita el representar las imágenes de ambos, pero ¿el visionado de ambas flores no puede provocar la dispersión del profesante hacia los detalles y la belleza de ambas y apartarlo de la meditación de lo Metafísico que es lo que debería ser?

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 

 

 

 



Exaltación y centralización de lo inferior en el mundo moderno: Humanitarismo, filantropía, animalismo y ecología.

Una de las caras del pensamiento contemporáneo, aquel que ha descendido y desvalorado además de rebajado los arquetipos Divinos propios de la perfección, los cuales fundamentarían y asentarían los principios de un supuesto sacrificio por remontar los escalones descendidos en contra la Idea de lo Sagrado, es, esta cara de la que hablamos; el humanismo antropocéntrico.

Dicha aspiración es cohibida por una ideología centrípeta a lazos materiales o en el mejor de los casos, existenciales pero siempre humanos y de naturaleza netamente psico-física. No únicamente ese refreno a estadios superiores causada por una physis acotada a lo personal es consecuencia de la negatividad de mirada, sino principalmente la descentralización de un principio rector metafísico del Universo. Esto supone o bien la pasividad pura del sujeto o bien la pretensión no arribada a categorías del Intelecto más allá de la razón para la compresión completa así como la vivencia de esta comprensión pura.

El humanismo junto al pensamiento antropocéntrico, ambos entendidos como comprensión y percepción epistemológica de la naturaleza y Cosmos a través únicamente de la magnitud y medición de lo humano y del humano son un giro, total y universal, a la supremacía de la persona de exclusivos atributos presentes en su nivel de existencia, la cual rige y decreta todo lo demás. Es por ello que antes del entendimiento del humanismo como un resurgir de unos estudios clásicos, se entendía por este la antítesis de la escolástica y por ende lo contrario a la visión jerárquica y vertical del Universo de actos, potencias y del primer motor inmóvil Aristotélico haciendo cúspide. El humanismo antropocéntrico es pues una primera toma de contacto con la futura cosmología horizontal y terrenal, la cual hace girar un Todo siendo refinado por lo humano.

Este virado y desviado ángulo será una de los signos que marcarán la nueva concepción de la actual situación, no sólo filosófica sino espiritual, de Occidente.

El origen de esta idea surge como fenómeno previo a la llegada de la Ilustración y del enciclopedismo, ambas concepciones con nexos comunes a este humanismo antropocéntrico, que casó con sucesos filosóficos e históricos como el racionalismo Cartesiano[1] o la Reforma Luterana, junto a la Contrarreforma de la Iglesia Católica con su correspondiente concilio de Trento. Si antes se filtraba la experiencia vivencial con la tabula rasa de lo humano, ahora se hace una exaltación de este, junto a su razón, ignorando la espiritualidad fuera del teísmo de la época. Es así como se forja la revolución Francesa y la ya caída en picado de Europa, la cual hizo posible la propagación en líneas políticas de la moderna democracia Parlamentaria traída de Inglaterra, así como la mala fragua del socialismo materialista Ruso y su hermano el capitalismo, el cual reina imperante hasta nuestros días de forma destructiva.

El descenso propio de la edad actual, desde las alturas Apolíneas a fondos del deleite
hueco ya ni racionalista, de cielos de Dioses y Héroes a suelos de hormigón, no es estático, pues bien sigue como bacilo patológico propagándose con distintas máscaras y en dirección a lo más bajo.

Estas podrían ejemplificarse con la filantropía caritativa o el humanitarismo desmedido entre otros. Alguno se echará las manos a la cabeza al escuchar críticas a estos dos enfoques o conceptos, pero si bien ambos pueden tener puntos positivos, también ambos radican y se originan en la descentralización, distorsión y viraje de la idea Tradicional, pues esta filantropía o humanitarismo desplaza un Principio metafísico más allá de humano a lo humano,  acaba con la idea de emanación y multiplicidad a partir de este Principio y desorienta haciendo defensa de una cosmología centrípeta y exaltante de sí mismo, el humano, haciendo caída en estadios o estaciones inferiores dentro de una jerarquía cósmica. Junto a ello la búsqueda de la sensación y emoción o de ayuda meramente material o económica y sus frutos –Sakama Karma.- y su a veces altruismo ególatra contrasta con aquel desinterés del yo personal en la acción y por lo tanto en la ayuda que se cree que se hace, lección que Meister Eckhart pincelaba en uno de sus sermones sobre el “desasimiento”[2], pues en la acción el movimiento llevado a cabo por la compasión del yo y no por el desapego transparente es un acto egoísta[3]. El problema de la búsqueda de los frutos de la mentalidad contemporánea, sean intereses como comentamos emocionales como físicos –económicos, políticos…- se contrapone a la visión del Nishkana Karma o “acción sin deseo”, la cual queda ilustrada cuando Krishna en su conversación con el guerrero Arjuna dice; “Sólo tienes derecho al acto, y no a sus frutos. Nunca consideres que eres la causa de los frutos de tu acción ni caigas en la inacción[4], subyugando así la acción al deber Trascendental y de ninguna manera a sus frutos, concepción propia del verdadero Kshatriya.

Así mismo, el centrar y describir al humano como eje polar es errada en principio. Existe por ello un humanitarismo desmedido que no actúa equitativamente como la ideología moderna clama, buscando la igualdad o la “igualación cripto-forzada”. No defendemos ni al humanitarismo universal ni a esa visión moderna, pues este humanitarismo debe ser como todo, de arriba hacia abajo, del centro hacia afuera y entendido desde ópticas no pragmáticas, las cuales tienen como germen el expansionismo cultural –o a-cultural según se vea.- y lo cual se traduce en mecanización y globalización tecnológica y subyugación de cualquier rincón del planeta. En definitiva, la destrucción de la diversidad defendida por esa misma ideología del pensamiento único y moderno. Por lo que respecta a esta idea de igualación, esta nos parece contradictoria metafísicamente con el principio jerárquico de la naturaleza y Cosmos, así como de igualdad en condición humana, la cual al no concebirse desde la realidad de acto tiende a forzar de cualquier manera esta igualación, generando así un hombre masa. He aquí la espiral de caída y contradicción en lo que intentamos exponer.

Junto a lo anterior, es necesidad el comentar en especial la perspectiva con la cual la filantropía como movimiento es realizada. Desde conductas aburguesadas el filántropo actúa caritativamente a través de eventos sociales o campañas, en los cuales de nuevo de manera material o económica se dispone a ayudar sin inmiscuirse, tanto en el proceso como en la ayuda como tal, la cual ni siquiera se concibe que pudiera ser propia y humana, contradiciendo así al significado literal de la etiqueta que porta como philos anthropos. No es lugar para discutir el bien causal de la filantropía, pues lo que nos atañe es el principio que acciona dicho movimiento así como la mentalidad con la que se lleva a cabo. Esta última, la cual se desarrolla entre una pasividad y vista lejana del caritativo que descansa y se funda en la apatía moderna. Pretende de esta forma atacar al problema normalmente económico a través de la economía y contemplando diferencias entre naciones basándose en el llamado “Estado de bienestar”, diferencias que son únicamente de tipo capital, tecnológico y material –Por supuesto jamás artísticas, culturales y mucho menos espirituales.-. Así el filántropo intenta amollentar el problema con lo que el problema ha sido creado; El materialismo. Así pues, parafraseando a Evola en “Cabalgar al Tigre” diremos que la acción que no parta “del núcleo profundo del ser, supraindividual…, que toma la forma de un ser en tanto que es acto” deberá ser considerada errónea tanto en causa como en origen.

Si bien aquí vemos dos conceptos modernos, digamos, exaltadores del hombre, existen bien otros aún más disonantes como puede ser el animalismo o el anti-especismo. Recordemos que lo que intentamos exponer es la descentralización de un Origen metafísico a estadios inferiores como en los casos anteriores era el hombre o sus acepciones y en casos excepcionales, lo animal en su sentido más basto, y de ahí la crítica a estas vertientes de pensamiento moralista ligadas a la caída de la cual hablamos. El animalismo como movimiento tiene diferentes dimensiones y niveles, pues si bien suele estar unido a dietas vegetarianas o veganas la moralidad causante de estas varía en un espectro entre el supuesto respeto al derecho a la vida animal, la oposición a granjas intensivas monstruosas abortos del capitalismo o una exaltación extrema de la criatura hasta niveles superiores al humano en derecho, fundamentando, el animalista, la inferioridad en defensa o raciocinio de dicha criatura. Todo esto junto a una supuesta militancia que no es otra cosa que un colectivismo que gira entorno a esta idea que comentamos, la cual es regada con tintes sentimentalistas y emocionales.

Reafirmamos el amor a los animales así como la contrariedad a la masificación, maquinación y desnaturalización de las granjas y mataderos. Por otra parte centrar este escrito en los prejuicios de este movimiento o vertiente que pensamos tiene como origen debilitamientos y monomanías precedentes; tras las diversas caídas desde visiones de dominios metafísicos, el darwinismo o teoría evolucionista junto al cientifismo, se perpetraron haciendo a la ciencia técnica el dogma universal y eterno.  Ambas visiones de forma sinérgica intentaron dilucidar al humano biológico y psicológico desde parámetros animales pensando que este, el animal, era un ser vivo básico por el cual se explicarían los instintos que supuestamente mueven al hombre. Una vez más el terror a enfrentarse con lo Absoluto hizo que el hombre moderno cayese en lo pequeño, simple y materialista. Esto presupuso que el humano y el animal están en un mismo nivel de existencia, lo cual es falso, falsedad que a su vez se sobrepone a la idea de que la única diferencia entre estos es el mero raciocinio y la cual trataremos más adelante. A esto se suma la fuerza tóxica que este pensamiento genera secularizando cualquier acción humana que sea realizada como sacralización inmanente, ya sea el rito, el sexo[5], la organización social o política e incluso la espiritualidad, exponiendo que se trata de estímulos mecánicos y subconscientes que preceden la razón del movimiento del humano, o la religiosidad, limitándola a una explicación mítica del subconsciente ligado con sucesos incapaces de aclararse en el momento.

Nos situamos así en una perspectiva plana y llana donde los principios vitales humanos corresponden a los animales y la diferencia es más cuantitativa –cantidad de capacidad- que cualitativa –capacidad en sí-. A partir de esta hipérbole de pensamiento asimila dos planteamientos contemporáneos; La igualdad y el sentimentalismo frenético.

La impresión y pretensión de la igualdad es etiqueta del pensamiento moderno, donde esta equidad evangélica de raza, género e individuo pasa a lo animal afirmando su derecho a la vida a pesar de la poca consistencia de fundamentos que sostengan una legitimidad más allá de la moral y la lástima. La falta de comprensión o tal vez la negación propia a esta, hace que no se aprecie el hecho de que la igualdad no es ni un fin ni una herramienta así como que la desigualdad existe en origen y es causa primitiva. En cuanto al derecho, si anteriormente entre los siglos XVII Y XVIII se concebía como herramienta con la finalidad “idílica” del “progreso positivista”, tal y como Hobbes o Locke propusieron, en la actualidad  es la moralidad como tal, la cual de carácter temporal y relativo, genera el derecho. Esto denota que esa idea de “progreso positivista”,  junto a la moralidad moderna, son los conceptos que establecen al propio derecho y su supuesta justicia. Esta inversa ecuación genera que no solo el derecho, la ley y su vía activa, la legislación, sean engendradas por principios morales y humanos  –estos en el más bajo sentido de la palabra.-, sino que incluso la idea de estado y por ende la política sea confeccionada desde estos principios de los que hablamos, los cuales son subjetivos a caracteres y personalidades tanto individuales como colectivos en un sentido restringido y no orgánico o Absoluto. El Estado como mero mecanismo que sirve para una determinada finalidad y no como forma de alto simbolismo como apostilla Spengler.

El derecho como tal no es concebido o más bien contemplado por la Tradición, pues se trata en cualquier de los casos de una “igualación” horizontal y forzosa de dos o más sujetos en cuanto a propiedades cuantitativas así como,  y aún más nocivo, cualitativas. La idea de derecho supone no atender o apreciar esas cualidades, sean del tipo que sean, las cuales consideramos de carácter superior a las puramente numéricas. Lo anterior equivale irremediablemente la negación de cualquier propiedad o atributo para llegar a una supuesta objetividad y neutralidad entre sujetos, ya que esta es la única manera de legitimar la sentencia o dictamen. Esta intentona de una regla Universal de juicio y derecho –contraria totalmente al Suum Cuique.- afecta al concepto de “Derecho Animal”, pues se intenta fundamentar un amparo que primero cualifica al animal como portador de una tutela, la cual no contempla de forma individual por razones obvias y segundo que coloca a la criatura en una escala métrica, en la cual parece que el hombre moderno intente crear una idea antropomorfa de absolutamente todo lo vivo desde como comentamos, ópticas puramente emocionales.

Lo anterior junto a la inversión de valores morales o éticos, estos engendrados desde ejes personales, crea una flexibilidad infinita en cuanto a derecho y legislación, la cual es usada por defensores de este pensamiento[6]. Dicha se cimienta en un anti-especismo que intenta evidenciar cierta discriminación de carácter moral entre animales y otros animales u hombre[7]. Si bien existen defensas animalistas sin ser igualitaristas en este sentido, trataremos adelante sobre otro convencionalismo moderno como es la idea de ecología desde un punto de vista pragmático y materialista.

Tratando directamente sobre la diferenciación de las cualidades entre el hombre y el animal diremos que el ser posee poder –pues es causal.- de trascender su condición ontológica. Esta característica es la mayor diferencia entre el hombre y el resto de los animales y no su raciocinio como paradójicamente los racionalistas suelen defender.

Así como un hombre con una consciencia cual sea de lo Absoluto puede contemplar, en este ejemplo, niveles inferiores a su estado actual desde cierta superioridad así como la posibilidad de continua “refinación” y aspiración a ese Absoluto según sus cualidades, también el hombre –refiriéndonos al hombre común.- por lo general, aunque cada vez de forma menos efectiva, debido a la edad en la que nos encontramos y los agentes que reinan en esta, contiene en potencia dicha potencialidad -valga la redundancia.- de superación de estadios en primer lugar existenciales y tras ello metafísicos. Esta potencialidad está ligada como capacidad a las cualidades y características del sujeto en cuestión, la cual es obviamente nula en los animales. Esto marca una gran diferencia entre el hombre y el animal por la incapacidad de una comprensión escatológica así como su razón de existencia de este último, la cual se trata de una mera subsistencia y no de pura trascendencia como es en el caso del hombre.

A esto añadiremos entrando en cuestiones metafísicas, que el moralismo que parece pulular por estos círculos es totalmente inválido como sustento teórico. Como venimos comentando y desde nuestra perspectiva, el sentido de involución y emanación desde un principio niega que la persona como tal en su sentido más exterior sea capaz de generar o de discernir conceptos o cuestiones que giran en torno al “Bien” y “Mal”, –persona como centro o “productora” de la Verdad, lo cual se trata del antropocentrismo moderno que aquí denunciamos.- bornes que unimos en este caso a la deontología y moralidad animalista. Esta dualidad no existe en estados superiores y por lo tanto no es real en sí misma, sino que se trata de una degradación de la Verdad que se crea al comparar polos que comprenden una equivalencia complementaria. Significa que el hombre como tal no puede concebir o entender esta relatividad sin haber entendido la objetividad total de esta, es decir, la dimensión directamente superior a la dualidad relativa que se propone comprender. Si en caso contrario se cae en esa dualidad se cae en el tremendo error de juzgar de forma personal, desde como decimos, cuestiones totalmente temporales y por lo tanto falsas. Es por ello que también sería incorrecto de hablar de “Ética Animalista”, pues la Ética desde la llamada ciencia de la moral debe ser entendida como producto de un individuo tras su reflexión y que únicamente consideraremos correcta cuando esta sea generada por valores eternos y por lo tanto por el ser mismo de este individuo y no sus apetencias personales y temporales. Esta ética puede no coincidir con la moral colectiva, es más, no debería, pues contemplamos la cualidad de cada individuo, lo cual hará que se encuentre dentro de unos atributos, los cuales marcaran su posición en cuanto a su propiedad y condición, lo cual sustentará la diversidad humana propia de la multiplicidad del Cosmos y del propio Ser. Es por ello que la moralidad o la “axiología” animalista pueden únicamente sustentarse en conceptos inferiores tales como lo afectivo que corresponde a posiciones restringidas a la psique y donde el bien o mal se queda en términos a lo sumo morales sino inferiores.

El sentimentalismo que se adopta, sea para fundamentar, sea para defender la idea de animalismo, parece tener resonancias en ciertas vanguardias de pensamiento así como artísticas que vemos, de una manera u otra, ligadas a valores Cristianos –nos referimos a valores devocionales sin ningún componente trascendente o meramente “inmanentista” como en es el caso del Puritanismo- como la pasión, la devoción, vehemencia y compasión o piedad, los cuales parecen haber sido en algún momento descentrados de su verdadera misión como valores religiosos a, en un primer lugar, un Cristianismo humanista distorsionado por los tiempos hasta en la actualidad, valores totalmente profanos, estos fuera de cualquier contexto religioso o espiritual y entendidos como meras predilecciones morales. Si aunamos todo esto al menos en pretérito al Cristianismo no es por casualidad, pues como bien se sabe personajes como San Bernardo hasta los Perfectos y Perfectas Cataras hacían un uso restringido de la carne. Cierto es que existen diferencias, pues mientras San Bernardo parece ser impulsado al vegetarianismo por simple y mera disciplina, los Cataros desde su visión gnóstica y dualista lo unían a cierto “desprecio” por lo existencial y terrenal, por lo que concebían que tanto el sexo como la carne, en un amplio sentido de esta última, incluyendo la animal, cual acto “impuro”. Percepción que no de forma casual compartían con no solo maniqueos Persas o Sirios sino también Chinos como se demuestra en el Codex Manichaicos Coloniensis con comentarios de Samuel N.C. Lieu.

Existen ciertos antecedentes bíblicos sobre este tema nos centraremos en algunos de ellos; “Además del “no matarás”, la privación de consumo de carne tiene sus fundamentos escriturarios: “Es bueno que te abstengas de la carne”, dice san Pablo en la Epístola a los Romanos, y escribe en la de los Corintios: “Si una carne ha de escandalizar a mi hermano, nunca la comeré”. Podía invocarse también la visión de Pedro, en los Hechos de los Apóstoles: una sábana desciende del cielo, cargada de toda clase de animales; una voz le dice a Pedro: “Levántate, mata y come” y Pedro responde: “Jamás en la vida, Señor, porque nunca comí nada impuro ni mancillado”[8]. Origen, Clemente de Alejandría, Juan Crisóstomo, Basilio el grande así como Jaime, Mateo o Pedro llevaron una vida sin consumo de carne animal. Así también grupos de origen cristiano como la Iglesia Adventista, iglesia de origen “Millerista”[9] y de corte mesiánico, como la “Bible Christian Church”, secta Metodista, propagaron el movimiento vegetariano en Estados Unidos. Situándonos en la Europa Teísta, esta rota entre el Catolicismo moderno y las diversas iglesias y sectas protestantes[10], la fundamentación del movimiento animalista ligado al Cristianismo era sintetizar de una forma burda, por diversas razones, el evangelio y escrituras bíblicas con el vegetarianismo. Ideas como el deber de la manutención del “Paraíso Terrenal” en el cual se debía crear un estado idílico de respeto máximo a la creación, lo cual incorporaba en muchos de los casos la no-ingesta animal, defendido por personalidades como J.F. Newton o el romántico Percy Bysshe Shelley, los cuales llegan a esto de forma transversal a los Cataros, haciendo del mito bíblico del árbol y el jardín del Edén una alegoría a la comida de la carne como pecado en la cual en el Paraíso Primordial la dieta era supuestamente vegetariana. Perspectiva muy parecida a la de Thomas Thyron el cual se dedicó a difundir sus ideas ligando el vegetarianismo al diablo en su libro “The Way of Health”, mezclando razonamientos puramente dietéticos con un doctrina vegetariana sincretista Hindú, Pitagórica y Bíblica o las ideas que defendía el científico Emanuel Swedenborg. Desde esta tentativa de aunar el vegetarianismo y animalismo a una tosca lectura y comprensión de la doctrina Cristiana, las razones de expansión de ambos movimientos -pues entrambos van de la mano en este caso.- han sido varias, estas con el paso del tiempo cada vez centralizadas en ideas más racionales o por exponerlo en su contrariedad, más ateístas. J.F. Newton, al cual nombrábamos antes, fue en parte influenciado por su doctor Londinense William Lambe, el cual abogaba por una dieta vegetariana defendiendo con esta su simple salubridad. No son pocos los grupos o individuos que siguen justificando esta línea así como la defensa del medio ambiente y ecología mundial [11]o el vegetarianismo y animalismo como única vía para el desarrollo y evolución social[12]. Para cerrar este apartado, comentar que son algunos los que han visto un claro nexo entre el Cristianismo y Vegetarianismo como fuente con corrientes como el romanticismo, el idealismo filosófico así como dogmas modernos protestantes–anabaptismo, hermandad de Moravia…- e incluso la Teosofía[13]. Nosotros no trataremos de discutir cual es el producto de tal, pues creemos que la degradación de nuestro tiempo comprende, afecta y compendia todo lo anterior y no al contrario, es decir, nada de lo anterior es el origen de la decadencia sino producto o influenciado de tal, sino en origen, en alguna de sus partes.

Es pues tarea, para complementar nuestra tarea de definir de una forma más clara, el hablar de diferentes mascaras que han acabado por defender un estilo de vida animalista y vegetariano a través de diversas deformaciones. Nos centraremos ahora en las varias distorsiones del Budismo e Hinduismo por parte de la mentalidad –y decimos mentalidad porque no trasciende más allá de eso- moderna Occidental. Estas deformaciones, realizadas desde un sincretismo que realiza una grosera lectura de los Textos Sagrados junto a delirios de “Nueva Era”, retuercen ideas como el Karma o la “Reencarnación”. Tras ello producen extrañas concepciones que forzadamente y junto a un emocional infantilismo derivan en defensas de un estilo de vida sin consumo de producto animal. Solo nos queda comentar desde la estricta lectura de pasajes Orientales la falta de sostenimiento de estas desfiguraciones, Así pues en textos como el Artha-shastra se afirma el consumo de carne animal así como su tratado –secado, frescura…-, en el Mahabharata donde cantidad de personajes que hacen uso de carne, el Anguttara Nikaya encontrado en el Tipitaka o incluso leyendo a personajes relacionados con el Ayurbeda Tradicional tales como Sushruta Samhita, Charaka y Vagbhata los cuales recomiendan en varios casos en consumo animal y su salubridad. Si bien existe un nexo entre el vegetarianismo y estas doctrinas en la actualidad, este parece haber sido influencia de razas y espiritualidades lunares y totémicas, ya que los Arios consumían entre otras cosas carne[14]. Esto implica que el vegetarianismo no está ligado a estas Tradiciones en origen, sino que se trataría de un componente totalmente exógeno y añadido de forma tardía al periodo Védico. Ni siquiera existió un vegetarianismo a nivel social o popular, ya que aun teniendo en cuenta la frecuencia de consumo animal por parte de los Arios, no existía ningún tabú e incluso llamaban a sus invitados “Goghna” o mata-vacas porque en la visita y festín se incluía la matanza de res[15]. Creemos, dejando el tema ya que no prescinde de mayor explicación, que la inclinación a religiones Orientales o Árabes puede ser dada por una exaltación de lo exterior como contrapeso a un moderno descontento hacia uno mismo, a su cultura y lo propio, una endofobia que genera junto a la propaganda contemporánea y junto a cierto anhelo “no centrado”, una predilección por lo exótico, lo cual en este caso y por actuación de los tiempos ni siquiera se puede calificar de doctrina Tradicional “práctica”.

Pues bien, sintetizando, como vemos las razones y fundamentos pueden ser más o menos racionalistas –que no racionales y mucho menos lógicos.- y los que parecen siempre estar asentados en pilastras sentimentales o emocionales jugando a una empatía debilitadora que iguala, como hemos argumentado, niveles no comparables. El caso animal y el humano son completamente diferentes y hacer distinción de lo diferente no es más que eso y no un “especismo” que parece ser para estos círculos una palabra sino sinónima equivalente a “racismo” y con la cual se intenta colegir, casi cual tabú, estas visiones modernas.

Por ultimo nombraremos otro de los problemas que pensamos han sido desvirtuados de raíz. Se trata del movimiento ecologista, movimiento que más allá de basarse en una misión de defensa del ecosistema apoyándose en estudios meramente científicos – La ecología como ciencia.- hace de estos una herramienta, con la cual considera la naturaleza algo subyugado al hombre o en su defecto, la naturaleza y su protección como necesidad para la supervivencia humana. Ambos casos ejemplos un débil antropocentrismo soberbio que erra paradójicamente en el mismo concepto que el de los enemigos de estos ecologistas.

Si bien se intenta hacer cierta diferenciación hablando de la ecología basada en un ecocentrismo, este centrado en el vínculo humano-naturaleza y por otro lado el ambientalismo, entendido como una postura más pragmática, pensamos que ambos erran en razonamiento, sea concediendo una superioridad al humano o equiparándolo este con la naturaleza, pues comprendemos al humano dentro de la naturaleza y esta dentro de un Cosmos integrándose así en una unidad absoluta. Esto marca la disimilitud, ya que mientras vemos a un Todo que supera, contiene y se desempeña como consciencia, estos movimientos conciben al humano como axis y con ello doblegan el universo a la persona. Esto hace que los rudimentos del ecologismo, en el cual aunamos al ambientalismo y las diferentes ciencias técnicas, tales como el ecologismo político, errados en principio, pues desencadenan cual prisma irregular confusiones ilícitas e inadmisibles. Una de las más significativas es el entendimiento de la naturaleza como depósito de reservas el cual debe ser protegido por el bien de la supervivencia. Esta concesión materialista la cual tiene como intención “…El disfrute de un medio ambiente en óptimas condiciones… la defensa de un desarrollo humano respetuoso con la Naturaleza en el que el aprovechamiento racional de tales recursos sea garantía para su conservación y bienestar… y una nueva ordenación del territorio que garantice la conservación de los espacios naturales, racionalice el uso y disfrute de los mismos, evite el deterioro de los suelos y la desertificación, promueva un racional aprovechamiento de los recursos y optimice para todo el territorio las necesidades que la sociedad demanda…”[16] alejándose de cualquier precepto supra-humano en cualquier sentido. Ya Marx con su visión materialista concebía la relación del hombre con la naturaleza diciendo que “La tierra es su despensa primitiva y es, al mismo tiempo, su primitivo arsenal de instrumentos de trabajo. Le suministra, por ejemplo, la piedra que lanza, con la que frota, percute, corta, etc. Y la propia tierra es un instrumento de trabajo aunque exija, para su cultivo, para poder ser utilizada como instrumento de trabajo, toda otra serie de instrumentos y un desarrollo de la fuerza de trabajo relativamente grande.”[17], diluyendo la idea de naturaleza, tierra y sus recursos como simple fuente de utilidad.

Ya no solo es la interpretación de la naturaleza y lo que esta contiene –El ecosistema en un campo científico.- como algo a ser utilizado y explotado, también digno para el disfrute humano más hedonista, lo cual aún nos parece más grave que se use como razón de motivo ideológico.

Antecedentes contrarios a estas posiciones podemos encontrar varios, tal como el Dharma o conducta Sagrada en Oriente, la cual es conforme a la ley de Ordenación Cósmica o Rita, la que contiene en sí misma las leyes naturales y por supuesto humanas. Esta conducta contempla una dimensión metafísica así como una jerarquía de estados propios del Ser, cosa totalmente carente en la actualidad, ya que la naturaleza y sus leyes son entendidas –o más bien analizadas.- desde el punto de vista secularizado y meramente científico-cuantitativo. La diferencia en este caso se trata por un lado de una comprensión cosmológica Total en el caso Tradicional, ya que penetra en aspectos de carácter espiritual y metafísico, estos conteniendo y jamás negando aspectos de carácter científico, mientras que por otro, en la actualidad como decimos no es más que un análisis sintético incompleto, pues este intenta penetrar en la Naturaleza a través de conceptos exteriores como la técnica, muy inferiores potencialmente a lo que intenta estudiar o comprender.

Centrándonos ahora no en esta concepción Universal del ecologista, que se encierra en una mera visión espacial que no traspasa límites humanos, sino en la defensa del ecologismo y por ende naturaleza a través de esta concepción de la que hablamos, veremos que la comprensión de los márgenes totales se ciñen a una realidad únicamente física que contiene sus frutos y sus leyes desarrolladas, estas resueltas por la ciencia. El problema aparece cuando se exploran diferentes y más amplios límites, los cuales no son capaces de ser estudiados por la disciplina científica. Esto sucede ya que esta disciplina se fundamenta en el estudio experimental, numérico y fenoménico en un sentido material, lo que implica que los resultados de esta ciencia serán por ello numéricos, sucesos físicos y producto de la experimentación estadística.

La potencialidad propia de la ciencia así como su capacidad en cuanto a análisis de un campo son directamente proporcionales a los resultados que la experimentación obtenga, resultados que dependiendo del método serán más o menos cualitativos pero siempre con un fuerte componente puramente numérico, que limitara la integralidad y exactitud las conclusiones. Esto acota la naturaleza y su estudio al mero análisis de deseos catastrales particulares de un plano únicamente físico, lo que invalida su objetividad en cuanto al estudio de la Naturaleza total. “La naturaleza –y por ende lo que esta contiene- es nunca únicamente natural”[18] y la defensa de la misma desde una posición que no llega a contemplar sus diferentes aspectos no solo comete el error de equidistar al hombre dentro del círculo natural, sino que se desacierta de manera feroz con un materialismo dogmático nocivo para esta.

Esto equivale a la defensa de la naturaleza desde formulaciones que están ligadas en visión a ese materialismo antropocéntrico, tales como la sostenibilidad numérica y parcial, la preservación de espacios naturales específicos o nuevas perspectivas de defensa como la “ecología profunda”[19] la cual parece ser el límite más alto de comprensión de la naturaleza desde ejes racionales, queriendo desligarse de la anterior visión de naturaleza maquinal sintética, y prefiriendo hablar de una red total de sucesos y potencialidades con una causalidad circular, todo esto explicado a través de la física, ecología y psicología además de algunos puntos moralistas.

Todas estas intenciones, posiblemente buenas en intención, no contemplan una visión holística e integra de la naturaleza ni del Cosmos, así como tampoco una defensa que proponga a través de un “imago mundi” la construcción u ordenación de la tierra a imagen de lo Superior, pues esta sería el único procedimiento, ya que implicaría un acatamiento de unas leyes que por Principio son innegables, inmutables y universales –lo que significa que comprenden varios dominios dentro y fuera de planos meramente físicos- además de su correspondiente estudio y comprensión. No hay pues otra forma de encontrar una armonía que abarque cualquier personalidad del Cosmos que el estudio y comprensión de este de manera íntegra, entendiendo su propiedad como manifestación y extensión indefinida, con sus cualidades propias como multiplicidad, las cuales solo pueden ser contenidas y vislumbradas en una mirada sintética de la Naturaleza entendiendo que la verdadera esencia de todas las cosas es una con el Origen. Es por ello que las leyes cambian y se modifican en cuanto al grado que manejan pero nunca de forma sustancial dada su realidad universal.

Lo escrito anteriormente no fundamenta cierto nihilismo misantrópico negando u obviando cualidades puramente vitales del hombre, tampoco un rompimiento o quiebra entre estadios existenciales y humanos con estadios metafísicos, olvidando los primeros. Así, menos aún un escepticismo relativista sin ordenación[20]. Todo lo contrario, ordenar el Orden y con ello armonizar y conciliar cotas de realidad verticalmente, sin la negación de ninguna de ellas y en grado de una jerarquía marcada no por el hombre, lo cual sería un orden relativo y subjetivo, sino por lo Eterno[21]. Idea opuesta a la cosmología humanista y antropocéntrica la cual criticamos y observamos que ha dado frutos así como concepciones posteriores erróneas y falsas, sesgando estadios superiores al hombre y analizándolos desde una experimentación limitada a estos. Esto hace que la polarización de la realidad oscile entre ejes puramente racionales, psicológicos, sensacionales, físicos y por último puramente automáticos, mecanicistas y casi animalescos como ocurre en la actualidad[22].

Examinando los temas anteriores podemos apreciar que el hombre actual no contempla un contorno del campo potencial humano mayor a la cerca moderna, contorno que en su Totalidad supera sin lugar a dudas a la razón pura, entendida como saber maquinal cuantitativo, estático y muerto. Por ello podemos sentenciar que la negación a vislumbrar planos del Misterio es la privación de la experiencia de lo vivo. Esto sea desde diferentes máscaras, disimulos o pretextos como pueden ser los aquí comentados, pues estos parten de un principio erróneo e inferior, del cual todo su producto es compuesto por esa corrupción primeriza. Así entendemos que lo inferior no puede actuar como superior y no podemos el marcar pautas vivenciales desde conjeturas meramente morales, sentimentales o prácticas. La Ordenación de carácter humano y personal entendemos que debería ser una plena hierofanía, llevada a cabo fielmente cual exégesis del Cosmos y realizada por “Deber Sagrado”[23], jamás por pragmatismo de su funcionamiento u otras concesiones menores, aunque estas puedan existir en condición de producto accesorio.

La causa y razón de ser de estos cuatro conceptos que hemos comentado son erradas en Principio. Si bien estos conceptos varían en cuanto a idealización, concepción de realidad y expresión de sí mismo, podemos observar que existen elementos comunes en estos y que son propios de una manera u otra a la decadencia que impera;  moralismo filosófico, sentimentalismo, materialismo, secularización de cualquier índole, sincretismo y confusión… todos ellos ligados a la centralización de un principio inferior correspondiente a niveles no superiores a los sutiles, por lo tanto subordinados o totalmente faltos de un Principio Rector. Este desconcierto se puede considerar activo en el sentido que crea a su vez lo que es en esencia, y cual cadena causa desconcierto. La ignorancia no puede trascender de ella por si misma sino por la distinción y discernimiento de lo Real con esta ignorancia.

 


[1]“En todas sus formas, el racionalismo se define esencialmente por la creencia en la supremacía de la razón, erigida en categoría de verdadero “dogma”, e implicando asimismo la negación de todo cuanto es supraindividual y sobre todo de la intuición intelectual pura, lo que entraña lógicamente la exclusión de todo verdadero conocimiento metafísico.” Guénon, René (2013) El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos §85 Madrid. Paidós.

[2] “Presta atención a ti mismo; y allí donde te encuentras a ti, allí renuncia a ti; esto es lo mejor de todo” Eckhart, Meister (2013) Tratados y Sermones. 3. De las personas no desapegadas que están llenas de propia voluntad §112 Buenos Aires. Las Cuarenta.

[3] Importante hacer separación entre estas dos ideas modernas y la idea del socorro, ayuda, desprendimiento o generosidad. Pues estos dos planteamientos, en origen, son totalmente opuestos.

[4]Anónimo (2009) Bhagavad Gita con los comentarios de Sankara. Cap. II El sendero del Discernimiento v.47 §68 Trotta Paradigmas. Crítica Barcelona.

[5] La visión psicoanalítica del sexo que diluye el acto sexual en una maraña de mero origen psicológico, instintivo e incluso como construcción cultural, social histórica o de reafirmación de género. Véase para completar conocimientos sobre el tema Evola,Julius (2005) Metafísica de sexo. José J. de Olañeta.

[6] Véase obras como “Animal Revolution; Changing attitudes towards Especiesism” o “The Political Animal; The conquest of Especiesism” Ambas escritas por Richard R. Ryder y en habla Inglesa.

[7] Entiéndase el especismo desde el prisma animalista como ” prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras.” Singer, Peter (1999) Liberación Animal. Madrid. Editorial Trotta.

[8]Roquebert, Michel (2010) Nosotros, Los Cataros. La Ascesis. Barcelona. Crítica Barcelona.

[9] Véase William Miller. Predicador que reconoció su error al intentar predecir una supuesta venida de Cristo a la tierra. Propulsor de los Testigos de Jehová.

[10] Para una visión más amplia: Coomaraswamy, Rama P. (2007) La Destrucción de la Tradición Cristiana. Sanz y Torres.

[11]Marly Winckler Presidente de la Sociedad Vegetariana Brasileña (www.svb.org.br).

Secretaria Regional para Latinoamérica de la International Vegetarian Union (IVU) en el artículo “Otro Mundo no es posible”.

[12]Mark F. Carr and Gerald R. Winslow – en el artículo “Meatless diet: Moving beyond intellectual assent?”.

[13]Spencer, Colin (1996) The Heretic’s Feast, A History of Vegetarianism (Ed. En Ingles) §197 Londres. University Press of New England.

[14]Eastwood, Cyril (1966) Life and Thought in the Ancient World (Ed. En Ingles) Londres. University of London Press.

[15]Spencer, Colin (1996) The Heretic’s Feast, A History of Vegetarianism (Ed. En Ingles) §75 Londres. University Press of New England.

[16] Principios ideológicos de una entre tantas asociaciones ecologistas Españolas.

[17]Marx, Karl (1959) El Capital. Cap. V. Proceso de Trabajo y Proceso de Valorización §132 Fondo de Cultura Económica.

[18] Cita en Eliade, Mircea (1887) The Sacred & The Profane (Ed. En Inglés) §116 EEUU. A. Harvest/HBJ Book.

[19] Véase Capra, Frithjof  (1998) La Trama de la Vida. Barcelona. Anagrama.

[20] “El orden humano y el orden cósmico no están separados como suele imaginarse en la actualidad, sino que, por el contrario, están íntimamente unidos de tal forma que cada uno de ellos reacciona constantemente sobre el otro dándose una correspondencia entre sus respectivos estados.” Guénon, René (2013) El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos §104 Madrid. Paidós.

[21] “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén” Romanos 11:36.

[22] “Podemos concluir así, el racionalismo, por constituir la negación de todo principio superior a la razón, provoca como consecuencia práctica el uso exclusivo de esta misma razón cegada, valga la expresión, por el hecho mismo de verse aislada del intelecto puro y trascendente cuya luz, normal y legítimamente, debe reflejar el ámbito individual.” Guénon, René (2013) El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos §88 Madrid. Paidós.

[23] Recordando aquella “Hacer aquello que debe ser hecho” del Majjhima Nikaya

                 MARS VIGILA



El Fuero Juzgo, Recesvinto. A vueltas con el enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur’
   Siguiendo con nuestra costumbre (fruto de nuestra afición por la historia) de echarle (cuando el tiempo nos lo permite) una ojeada a las efemérides ocurridas en tal día como en el que uno se halla, hace tres (el pasado 30 de septiembre) leíamos que en tal día del año 653 Recesvinto fue proclamado rey del Reino Visigodo que se había establecido en la totalidad de la Península Ibérica. Inmediatamente nos vino a la memoria el que bajo su reinado fue redactado el Fuero Juzgo (conocido así en su traducción al posterior romance)Liber Iudiciorum, Lex Visigothorum Lex gothica. En uno de sus apartados se  acaba por dar legitimidad a los matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos …matrimonios que hacía ya que eran una realidad pero que, hasta la aprobación de este cuerpo de leyes, no estaban legalmente respaldados y legitimados. La realidad de los hechos y el Fuero Juzgo que los legitima contrasta sobremanera con lo acaecido posteriormente a la caída del Reino Visigodo cuando durante el prolongado período de dominio de la Península por parte del islam (casi ocho siglos) la existencia de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes brilló por su ausencia y la fusión entre ambos resultó inconcebible. El porqué de tal fuerte contraste entre ambos períodos histórico-políticos hay que hallarlo  en el hecho de que si bien visigodos e hispanorromanos compartían cosmovisiones similares musulmanes y cristianos, por contra, eran portadores de una manera de percibir y vivir el mundo y la existencia antagónica. (1) 
 
       Julius Evola en su obra  Sintesi di dottrina della raza nos habla de tres “estratos”  de raza como constitutivos del hombre: la ‘raza del espíritu’, la ‘raza del alma’ y la ‘raza del cuerpo’. Un Hombre de la Tradición para ser considerado tal debería cumplir con los tres: su ‘raza del espíritu’ debería estar informada por un tipo de espiritualidad solar que concibe la posibilidad de hacerse uno con el Principio Primero Inmutable y Eterno, su ‘raza del alma’ debería forjarse a través de los valores propios del guerrero y su ‘raza del cuerpo’ debería ser un reflejo de las anteriores y quedar, pues, incluso definidos y reflejados en el rostro esos valores de la ‘raza del alma’ propios de la casta guerrera, tales como la nobleza, el ser honorable, la fidelidad, el espíritu de servicio y sacrificio, la austeridad o la “gravitas”. Es en las estirpes indoeuropeas Tradicionales donde esa conjunción de los tres estratos raciales llegó, alguna vez, a consumarse.
     Definida esta doctrina Tradicional racial hallamos que tanto entre la población hispana del tardo Imperio Romano y como entre los visigodos que se asentaron en las tierras de la Península Ibérica existe cierta notable aproximación hacia ese ideal racial, ya que los hispanorromanos (resultado de la mezcla entre íberos y celtas autóctonos y legionarios romanos afincados en Hispania tras ser licenciados), a pesar de ser los herederos de los postreros suspiros del Imperio Romano occidental, pertenecen en lo físico, básicamente, al tronco indoeuropeo (‘raza del cuerpo’), conservan aún ciertas cualidades propias del talante legionario romano (‘raza del alma’) (2) y en lo religioso profesan un cristianismo despojado de los principales elementos espurios del judaísmo gracias a su contacto con la agonizante -pero otrora Tradicional- religiosidad romana precristiana (‘raza del espíritu’). Los visigodos, por su parte, también pertenecen al tronco indoeuropeo, hacen suyos los valores del guerrero y, tras la conversión del rey Recaredo (año 587) practican un cristianismo (el catolicismo trinitario) que ya, desde el punto de vista teológico, no imposibilita la opción de acceso a la Trascendencia (al contrario de lo que sucedía con el arrianismo, negador de la divinidad de Cristo, con el que entraron en la Península): cumplen, pues, también, de forma aproximada, con los tres estratos raciales definidos en la ‘doctrina de la raza’ expuesta por Evola. No nos debe, pues, de extrañar que tras la conversión de Recaredo se multiplicaran los matrimonios mixtos entre hispanorromanos y visigodos y que Recesvinto, con su Fuero Juzgo, acabara por otorgarles legitimidad de ley.
     Contrariamente a esto no ocurrió lo mismo tras la invasión sufrida (a partir del 711 y hasta 1.492) por el Reino Visigodo a manos de los sarracenos ¡…a pesar de lo enormemente prolongado de este período! Y no acontecieron tales matrimonios mixtos a pesar de que el tema de la ‘raza del cuerpo’ no representó ningún especial obstáculo si tenemos en cuenta que la mayoría de la población musulmana de Al Andalus era de origen indoeuropeo (3) al igual que lo eran los cristianos (descendientes de hispanorromanos y, más aún, de la nobleza visigoda) contra los que lucharon durante este largo período. Pero, por contra, en los estratos de la ‘raza del Espíritu’ y la ‘raza del cuerpo’ las distancias entre cristianos y musulmanes resultaron poco menos que insalvables. Es así que en el plano de la ‘raza del Espíritu’ unos (los nominalmente cristianos) conciben un cosmos rico en esencias metafísicas (que el exoterismo explica en las figuras angélicas) jerarquizadas entre ellas y otros (los musulmanes) contemplan un universo árido en el que en lo alto se halla Allah y aquí abajo los hombres, con la nada (metafísicamente hablando) de por medio. O que la misma idea de paraíso celestial, como reflejo de la manera de entender la vida y la existencia, resulte altamente contrastante entre, por un lado, musulmanes y, por otro, cristianos que habían descabalgado muchas de las adherencias del judaísmo con las que iniciaron su andadura. Idea del paraíso, la del cristianismo medieval combatiente, que se hallaba en la línea de la que nos describía José Antonio Primo de Rivera en una de sus magníficas reflexiones y que recordábamos hace un tiempo cuando comentábamos que pueblos como los semitas -y otros afines o semitizados por el accionar de ciertas religiones- han hecho gala siempre de un telurismo lunar que conlleva un sensualismo muy impregnado en sus entrañas. Así han concebido un paraíso erótico y sensual al que accederán aquéllos que mueran combatiendo por Allah. El devoto integrista no entiende de posibles mensajes esotéricos encriptados tras la descripción de un tal paraíso y se toma dicha descripción al pie de la letra: siete palacios de jade, con siete harenes cada uno y setenta y siete huríes en cada uno de ellos de las que podrá disfrutar en estado de erección eterna a la edad permanente de 33 años… ¿Se inmolarían estos integristas si en lugar de un paraíso erótico acorde con su idiosincracia se les ofreciera otro al estilo del que nos describía, hace 76 años, José Antonio Primo de Rivera?: Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “No quiero el Paraíso, sino el descanso” –decía–. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descansoEl Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas”.
     E igualmente en el estrato de la ‘raza del alma’ nos topamos con esas distancias insuperables entre esas gentes andalusíes dadas a lo sensual, a una ‘vida-muelle’ y al engorde y satisfacción de lo sensitivo (4) y las otras gentes herederas del Reino Visigodo perdido portadoras de una clara vocación guerrera y muy volcadas a una vida austera dispuesta al servicio y a la disciplina y autodisciplina. De nuevo José Antonio. en su escrito de prisión “Germanos contra bereberes” nos supo ofrecer un retrato de una exactitud encomiable sobre el contraste tan agudo entre los unos y los otros y, así, nos decía que “…el tipo de dominación árabe era preponderantemente político y militar. Los árabes tenían vagamente el sentido de la territorialidad. No se adueñaban de las tierras, en el estricto sentido jurídicoprivado. Así pues la población campesina de las comarcas más largamente dominadas por los árabes (Andalucía, Levante) permanecía en una situación de libre disfrute de la tierra, en forma de pequeña propiedad y, acaso, de propiedades colectivas. El andaluz aborigen (…) gozaba, pues, una paz elemental y libre, inepta para grandes empresas de cultura, pero deliciosa para un pueblo indolente, imaginativo y melancólico (…). En cambio los cristianos, germánicos, traían en la sangre el sentido feudal de la propiedad. Cuando conquistaban las tierras erigían sobre ellas señoríos, no ya puramente políticomilitares como los de los árabes, sino patrimoniales al mismo tiempo que políticos. El campesino pasaba, en el caso mejor, a ser vasallo. La organización germánica, de tipo aristocrático, jerárquico, era, en su base, mucho más dura. Para justificar tal dureza se comprometía a realizar alguna gran tarea histórica. (…) Toda aquella enorme armadura: Monarquía, Iglesia, aristocracia, podía intentar la justificación de sus pesados privilegios a título de cumplidora de un gran destino en la Historia. Y lo intentó por doble camino: la conquista de América y la Contrarreforma.”
     Es pues que con estas mimbres tan dispares, tanto en el plano de la ‘raza del espíritu’ como en el de la ‘raza del alma’, nadie ha, pues, de extrañarse de que no existiese ningún tipo de fusión entre el orbe musulmán (‘luz del sur’) y el orbe denominado como cristiano (‘luz del norte’) durante los ocho siglos de presencia islámica en la Península Ibérica (5) …realidad incontestable y tan contrastante con lo ocurrido en la etapa histórica precedente a la invasión agarena cuando los matrimonios entre visigodos e hispanorromanos se habían generalizado de tal forma que el rey Recesvinto, elegido rey tal día como un 30 septiembre del 653, les concedió (al año siguiente) carta de legitimidad legal en un contexto de equiparación en derechos a ambas poblaciones.
     NOTAS:
(1) No se verá falto de relación este escrito nuestro con otro que recientemente publicamos bajo el título “Tal día como hoy (24 de septiembre) de 1.410: episodio del enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur'”: https://septentrionis.wordpress.com/2015/09/24/tal-dia-como-hoy-24-de-septiembre-de-1-410-episodio-del-enfrentamiento-entre-luz-del-norte-y-del-sur/
(2) El general romano Flavio Aecio sería un buen ejemplo de heroísmo en estas fases terminales de la romanidad occidental. Su espíritu legionario le llevó a la victoria, junto a sus aliados visigodos, francos y alanos, frente a las terribles hordas hunas en la batalla de Los Campos Cataláunicos, en el 451.
(3) Los, aproximadamente, seis millones de habitantes que Al Andalus tuvo en su momento de máxima expansión territorial no casan con las cifras de invasores: unos 10.000 expedicionarios entraron, a las órdenes de Tariq y Muza, en el 711 por el sur de la Península al atravesar el Estrecho de Gibraltar. Además, estos expedicionarios no es ni mucho menos descartable que fueran, en gran número, vándalos islamizados (abocados, tiempo atrás, al norte de África por el Reino Visigodo) y tropas visigodas del bando witiziano de la provincia de Ceuta gobernada por el conde visigodo D. Julián. El mismo nombre de Tariq es de origen visigodo (Taric, Alaric, Roderic,…). El grueso, pues, de la población de Al Andalus estaba constituida por hispanorromanos y visigodos (sobre todo witizianos enfrentados con el Rey D. Rodrigo) islamizados bien por cierta afinidad religiosa con el invasor (un cierto críptico arrianismo subsistente aun entonces y no distante con el Islam en su calibraje de la enorme distancia ontológica existente entre Dios y el hombre), bien por alianzas político-militares (witizianos y musulmanes) contra los visigodos de D. Rodrigo, bien por evitar el pago excesivo de impuestos en el supuesto de seguir abrazando la fe cristiana, bien por conservar parcelas de poder y pasar, así, muchos nobles visigodos, de ser condes a convertirse en valíes.
(4) Era tal la propensión, de parte de las gentes de Al Andalus, hacia los placeres sensuales y hacia la suntuosidad   que sus mismos correligionarios africanos protagonizaron expediciones militares para hacerse con el control de la España musulmana y retornarla al integrismo que emana del Corán. Almorávides en el siglo XI, almohades en el XII y benimerines en el XIII saltan el Estrecho de Gibraltar con el objeto de poner coto a las vivencias  licenciosas del Islam.
(5) Tal como pretendimos demostrar en nuestro escrito: “¿Medio moros, medio judíos?”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/05/medio-moros-medio-judios/
 
     Eduard Alcántara
     eduard_alcantara@hotmail.com



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