Julius Evola. Septentrionis Lux


PRÓLOGO a “LA CABALLERÍA ESPIRITUAL. Un ensayo de psicología profunda”.
julio 12, 2019, 1:46 pm
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PRÓLOGO a “LA CABALLERÍA ESPIRITUAL. Un ensayo de psicología profunda”.

 

Al prologar la presente obra nuestra intención no va a ser la de repetir lugares comunes con lo expresado por el autor. Las jugosas reflexiones, los muy necesarios consejos que ofrece para subsistir y existir dignamente y en armonía con uno mismo y la visión del hombre y del mundo que refleja en estas páginas tampoco tenemos necesidad de reiterarlos en este nuestro prólogo. Y no lo vamos a hacer por tres razones:

Una, porque no pretendemos desvelar, con antelación a su lectura, los contenidos del trabajo de Carlos X. Blanco.

Dos, porque no necesariamente tenemos que identificarnos al 100% con los postulados basilares del pensamiento de nuestro autor, aunque sí recomendemos encarecidamente la lectura de su libro por comulgar con casi todo lo que en él se nos transmite.

Tres, porque lo sustancioso de esta obra nos da pie a extraerle muchas citas de enjundia para reflexionar sobre ellas y para cotejarlas con el prisma de nuestra personal cosmovisión.

 

Basamos nuestra manera de concebir el mundo y la existencia en la Tradición. Por ello adherimos al Tradicionalismo, así con mayúsculas. Adherimos, pues, a una forma de entender y de vivir el mundo y la existencia que ha empujado al hombre, en determinados momentos de su historia, a encauzar todo su quehacer cotidiano hacia fines Elevados, Suprasensibles, Metafísicos,… y le ha llevado, en consecuencia, a configurar unos tejidos sociales, culturales, económicos y políticos guiados e impregnados hasta la médula por dichos valores Superiores y dirigidos a la aspiración de la consecución de un Fin Supremo, Trascendente.

Adherir al Tradicionalismo presupone aspirar a conformar un Hombre de la Tradición. No creemos que los consejos expuestos por el sr. Blanco, a lo largo del libro que tenemos la honra de prologar, tengan el de configurar un tipo de hombre disímil al Hombre Tradicional, pues bregar (tal como pretende, encomiablemente, nuestro autor) por evitar que el hombre sucumba a las disoluciones inherentes a nuestro disolvente y alienante mundo moderno es, a la postre, no otra cosa que pugnar por convertirlo en un Hombre de la Tradición. Y para que éste no acabe siendo algo así como un concepto etéreo y quimérico sino un ser con entidad la persona que aspire a construirlo en sí debe ser fiel a las que, en tiempos no disolutos, fueron sus más genuinas raíces y su más sacro origen, pues de faltar éstos su asunción se tornará irremisiblemente irrealizable. En este sentido Carlos X. Blanco no en vano nos señala, en su obra, que “en los mitos de pueblos más diversos se expresa esta necesidad de volver hacia atrás” y que “el hombre es un animal desarraigado, y por ese mismo motivo trascendental, necesita tener raíz”. Asimismo nos dice que “crear también consiste en seguir fielmente un Arquetipo que el tiempo, el olvido, la futilidad del día a día ha podido dejar enterrado.” El no romper con las raíces es una necesidad ineludible que nos es introducida por el autor con lo que él denomina como “la estrategia de pulgarcito” …ilustrativa imagen para que entre nuestros orígenes más genuinos y remotos y nosotros vayamos siempre dejando un camino de piedrecitas que se constituya en nuestro particular cordón dorado.

 

Las raíces que deberá hacer crecer el hombre que se niegue a ser vapuleado por la barbarie de la modernidad estarán impregnadas por el halo de lo sagrado, que siempre fue consustancial al Mundo de la Tradición. Pero lo sacro no debe ser percibido como algo extrínseco a uno sino intrínseco a nuestro propio ser. El problema estriba en que aunque forma parte de nosotros (es el Atman, de la tradición hinduista: “el Santo Grial habita dentro de sus corazones y en las profundas simas del alma”, nos enseña Carlos X. Blanco), aunque, decíamos, lo sacro forma parte del alma lo está en forma aletargada y no en acto, contrariamente a lo que acontecía en la Tradición Primordial (en la Edad de Oro, de la que nos hablaba el griego Hesíodo). Despertarlo es el resultado del tránsito por un arduo, metódico y concienzudo camino que en ciertas tradiciones se conoció con el nombre de Iniciación. Despertar el Espíritu que atesoramos es sacarlo de ese estado de ignorancia (o avidja, en término propio al hinduismo) en que él mismo se halla con respecto a su misma esencia. Despertarlo nos llevará no sólo a Conocer a ese Principio Supremo que se halla en el origen del Cosmos sino también a hacernos uno con Él. En tal sentido nos resultan sumamente interesantes asertos de nuestro autor como aquél que dice que “conocer, como ya advirtiera el gran Platón, es ante todo rescatar”; rescatar a atman del olvido y la autoignorancia.

Emprender la vía Iniciática es el único camino que puede llevar al hombre a Conocer. Conociéndose a uno mismo conocerá todos los arcanos del mundo manifestado, porque en nosotros también se hallan todas esas fuerzas sutiles que “estructuran” y armonizan el cosmos. Así, el sr. Blanco escribe que “La vieja sabiduría ya lo decía: en nosotros llevamos un mundo infinito. Somos un microcosmos”. En nuestro interior cohabitan  todos los enigmas del mundo. En este sentido rescatamos pensamientos de nuestro autor como aquél de que “en mí está Todo” o aquél otro de que “todo habita en nosotros”. En la misma línea nos recuerda aquella sentencia del poeta griego Píndaro: “Aprende a ser el que eres”. Y nos señala que “toda transformación verdadera no supone más que un auto-conocimiento. El oráculo de Apolo en Delphos decía: Conócete a ti mismo”. Despertar lo sagrado que hay en nosotros dará sus frutos y, así, ese “seréis como dioses”, que dice el Sr. Blanco, tendrá pleno sentido.

Esa vía de remoción interna que supone la Iniciación huirá del ruido dispersor y buscará el silencio. No sentirá grima ante la soledad, pues ésta le ayudará en su camino de perfección. Nos impele a ello el autor de esta obra con ese “no huyas del silencio”. De la soledad, por el contrario, huye nuestro desnortado hombre moderno (al cual el Sr. Blanco se ha propuesto tender puentes liberadores), pues aquélla le hace toparse con su vacío existencial: “La soledad –dice- resulta insoportable”.

 

Lo primero por lo que bregará la via remotionis será por descondicionar al hombre con respecto a todo aquello que lo obnubila, lo aliena, lo atormenta, lo esclaviza, lo altera, lo ciega y lo encadena, pues sólo con la mente calma podrá aventurarse en la gnosis de los planos metafísicos de la Realidad y en la identificación ontológica de la persona con ellos.

A este proceso de descondicionamiento lo denominó ‘obra al negro’ o nigredo la tradición hermético-alquímica. También habló de él como de ennegrecimiento o putrefacción, pues de lo que se trata es de pudrir (de eliminar) o, al menos, de dominar todo aquello que aturde a la psique. Carlos X. Blanco parece invitar a transitar por la vía iniciática cuando refiriéndose a su ocurrente Maestro Viajero dice que “cuando partió para dejarnos, todos sus discípulos hemos asumido nuestro traje de peregrinos, y adoptamos como verdadera Casa el camino”. Nuestro autor, igualmente, nos pone en bandeja muchas reflexiones que encajan como anillo al dedo en el meollo del nigredo, pues le podemos leer que “los demonios comenzaron a hacerse más visibles, nítidos. Las neurosis, los complejos, las preocupaciones, todo aquello que tenga que ver con la inseguridad. El Viaje es destructivo en gran medida. Consiste en acabar con todo ese género de basura”. En igual sentido nos comenta que “allá abajo también se agitan monstruos desconocidos, seres adormecidos que pueden un día despertarse y llevarnos con ellos hacia lo más profundo”. También nos escribe que “las zancadillas nos las ponen esos demonios ocultos que trasguean con nuestra existencia” y que “el héroe de verdad es aquel que va a lo más profundo de la Oscuridad. Y después, vuelve” …pues ese bajar a “lo más profundo de la oscuridad” recuerda a la imagen de ‘bajar a los infiernos’, para confrontar en ellos a ese submundo irracional y subconsciente al que se debe domeñar para no sucumbir a su vorágine.

Pero no se trata “tan solo”, por un lado, de pavores, de demonios, de traumas y de miedos o de, por otro lado, pulsiones, pasiones desaforadas, sentimientos exacerbados, emociones cegadoras e instintos subyugantes de lo que el alma/mente ha de liberarse sino que también debe hacerlo con respecto a los paradigmas conceptuales, a los prejuicios incapacitantes, a los falsos mitos, al racionalismo, a los subproductos pseudointelectuales y pseudocientíficos o al método analítico-fenomenológico-dispersador (y no al sintético-unitario-holístico) que la modernidad le ha insuflado. El Sr. Blanco nos brinda pensamientos que a nosotros nos parecen brillantes a la hora de denunciar estas bloqueadoras inoculaciones que la mente sufre sin cesar. Cuanto mayor se hace uno mayor es, también, la dosis de inoculación recibida. Por ello nuestro autor nos dice: “¡Fíjate en los niños, esos seres que también pueden observar durante horas las más insignificantes criaturas del jardín, o las más diminutas estrellas del firmamento! Ellos todavía no han aprendido conceptos para matar su atención y curiosidad”. Y en la misma línea escribe que “la piedra que apartamos en el camino con la punta de nuestra bota, contiene mayor complejidad, infinitamente mayor “densidad” para nuestro entendimiento que todos los armazones conceptuales que el hombre de ciencia construya para entenderla y explicarla”. También le leemos que “los más antiguos pensadores supieron poseer algo más que una mente analítica y calculadora” o que “la verdadera Ciencia, me dijo el Maestro Viajero, no es patrimonio del racionalista estrecho actual que se empeña por hacer encajar los fenómenos en sus esquemas pre-establecidos, en sus niveles de análisis. La verdadera Ciencia, como ya afirmó Aristóteles, no otra cosa es salvo Admiración y búsqueda de lo Universal”.

 

Superar la nigredo, descondicionarse de las ataduras que se le van tejiendo a la mente, convierten al Iniciado en El Gran Autarca del que, allá por los años ’20 de la anterior centuria, nos habló el italiano Julius Evola. Ese hombre al que el sr. Blanco pugna por ayudar ya habría salido, a estas alturas del camino andado, del lodazal al que el mundo moderno sumerge al común de los mortales. “Construir un ser pleno es hacerse autárquico”, nos dice el autor de este libro. Y es que hacerse autárquico supone no depender de ninguna atadura interior alienante y/o incapacitante ni tampoco de circunstancias exteriores (estrechos convencionalismos sociales, morales coercitivas,…). Hacerse autárquico equivale a asemejarse al ‘señor de sí mismo’ del que hablaba el taoísmo; justo la figura opuesta al esclavo producto de nuestro mundo moderno. Ahonda, nuestro autor, en la misma idea cuando nos señala que “la garantía de toda supervivencia, no requerir de nadie y no crearse necesidades superfluas. Estas pulsiones, evidentemente, si son superfluas no son necesidades”.

 

Muchos son los Tradicionalistas que opinan que este camino de realización interior necesita, sí o sí, de la guía de un maestro espiritual. Así, p. ej., lo postulaba el francés René Guénon. Por el contrario, el ya citado Julius Evola sostenía la convicción de que, aunque en la mayoría de los casos se precisaba de ese maestro, en otros casos excepcionales existían  personas que (por sus especiales potencialidad espiritual y voluntad) no precisaban de él y podían apostar por una ‘vía autónoma de realización espiritual’. Nos parece que difícilmente se puede ilustrar mejor esta última convicción que cuando el sr. Blanco escribe que “este autodescubrimiento de la Verdad es como el caminar. Puedes tomar un bastón. Incluso a algunos les resultará imprescindible. Pero no es estrictamente necesario si cuentas con dos buenas piernas”. O cuando aduce que “los Caminos y los Felices Encuentros deben ser buscados por uno mismo”.

 

No es éste lugar donde seguir desarrollando el meollo de las fases que suceden al nigredo de la tradición hermético-alquímico. Sólo delinearemos, a grandes trazos, que tras aquélla sobrevendría la albedo u ‘obra al blanco’, en la que el hombre descondicionado en la etapa anterior y con la mente/alma ya calma podrá acceder al Conocimiento, y actualización en sí, de la fuerzas sutiles (metafísicas) que no sólo forman parte de la totalidad del cosmos sino también de uno mismo. Tras la albedo vendría la rubedo u obra al rojo, en la que la meta a alcanzar sería la de Despertar ese atman o Principio Eterno que atesora en su fuero interno.

 

La búsqueda de lo Eterno, de lo Imperecedero, es la búsqueda del Ser. Las culturas y/o civilizaciones Tradicionales eran las Civilizaciones del Ser. Su desaparición lo fue a costa de esta anomalía que es el mundo moderno y sus civilizaciones del devenir, en las que el factor tiempo y su vorágine lo enloquece todo e impide vivir la eternidad y recrear y vivificar mitos formadores que aluden a illo tempore. La materia ha suplantado al Espíritu y el ‘demon de la economía’, con su engranaje envolvente de producción-consumo, anega toda la existencia humana. De forma brillante el sr. Blanco nos dice al respecto que “La civilización devino en barbarie en cuanto se inventó el reloj.

El mundo de hoy, basado en el Mercado y en el culto a la Técnica, es un mundo que ha enloquecido.

Abundan los que se toman sus horas de placer y ocio como una mera prolongación de su horario de oficina. Se habla de rentabilizar su tiempo y de aprovecharlo. La Edad Media contaba con una más exacta comprensión del tiempo. El tiempo del campesino y del monje se subordinaba a la negación misma del tiempo, esto es, la Eternidad”. También denuncia que “Han montado un mundo de prisas y relojes con el único fin de destruirnos”.

Estas civilizaciones del devenir, para las que la primacía se la lleva el factor tiempo, cae, por pura lógica, en el historicismo (la historia de la humanidad como mera sucesión, a lo largo del vector tiempo, de hechos acaecidos sin ningún tipo de referencia mítica formadora). La concepción lineal de la historia lleva aparejada la idea de progreso continuo. El hombre moderno piensa que una suerte de fatalidad, ante la que ha perdido la libertad, conduce a la humanidad a cada vez mayores cotas de progreso (siempre entendidas, por él, en un sentido material: de acumulación de riquezas). A nuestro entender el hombre sufre una regresión desde unos orígenes sacros a esta postración actual que padece y que lo ha dejado inmerso en el más burdo materialismo. Carlos X. Blanco nos confirma que “culturas dignas, modos de vida nobles, sanos y hermosos, han sucumbido en el altar del Progreso” y que “El Progreso es el enemigo irreconciliable de la Dignidad y de la Espiritualidad”.

 

Son muchas otras las problemáticas y los temas tratados por el autor de esta obra. El lector es el que tiene que ir sumergiéndose en ellos a través de su lectura. No es tarea nuestra el repasarlos todos en estas líneas; no es el cometido de un prólogo y no hay espacio en él para ello. Encontrará, el dicho lector, mucha luz para el buen alumbrar de su camino existencial. Se trata de no verse abocado a un simple vegetar, a un latir anodino o a un convulsionarse o agitarse sin rumbo y con desazón; Carlos X. Blanco ayudará mucho, con el contenido de sus páginas, para evitarlo.

 

De entre tantas tan sustanciosas citas como hay en este libro queremos concluir este prólogo con un par más de ellas, por cuanto

señalan al binomio Espíritu/Tradición como las claves de bóveda que, como puntos de referencia insoslayables, deben erigirse en los puntales que rescaten a nuestro actual desasosegado hombre moderno. A saber:

 

“(…) tales estrechuras de una psicología estímulo-respuesta quedan relegadas a su condición de juguetes. Juguetes conceptuales y experimentales de unos sabios que han perdido (…) todo sentido espiritual de aquel ser que verdaderamente deberían estudiar: el ser espiritual.”

 

“(…) ciencia no es Conocimiento. Cualquiera puede saber de esos obreros de laboratorio, vestidos con bata blanca: especialistas en naderías, ignoran de forma feroz la Historia, desprecian la Tradición. (…) hay también en la Tradición el hermoso legado del saber de nuestros predecesores, la bella lección de humildad que nos reporta saber que otros meditaron verdades eternas con mucho mayor tino y mucha mayor hondura de lo que podamos hacer nosotros”.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 

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EL KALI-YUGA Y EL “FINAL DE LOS TIEMPOS”. LAS PREDICCIONES VÉDICAS SOBRE KALI YUGA: los signos precursores
mayo 23, 2019, 4:57 pm
Filed under: Metapolítica, Tradición

EL KALI-YUGA Y EL “FINAL DE LOS TIEMPOS”

LAS PREDICCIONES VÉDICAS SOBRE KALI YUGA: los signos precursores

El período que precede al cataclismo que debe destruir el actual Ciclo Humano está marcado por los desórdenes que son los signos anunciadores de su final. Como ocurrió en el caso de los Asuras, Shiva no puede destruir más que las sociedades que se han alejado de su papel, de la Tradición, han transgredido la Ley Natural. Según la teoría de los ciclos que regulan la evolución del mundo, nos aproximamos hoy en día al final del Kali Yuga o Edad de Hierro, la edad de los conflictos, de las guerras, de los genocidios, de las malversaciones, de los sistemas filosóficos y sociales aberrantes, del desarrollo maléfico del saber que cae en manos irresponsables, la política y la dirección de los Estados caen en manos de tarados y auténticos psicópatas (ved las modernas democracias plutocráticas regidas por auténticos canallas y criminales sin escrúpulos). Las razas, las castas se mezclan, los hombres se visten como mujeres o viceversa. Todo tiende a nivelarse y el nivelamiento (igualación por lo bajo, por lo muy bajo), en todos los ámbitos, es el preludio de la muerte, de la disolución y de la desintegración diabólicas. Al final del Kali Yuga este proceso se acelera, el proceso de decadencia y de descomposición cada vez es más rápido y a un nivel cada vez más acelerado y enloquecedor. El fenómeno de aceleración es uno de los signos de la catástrofe que se aproxima. Los Purana describen los signos que caracterizan al último período, el crepúsculo del Kali Yuga.

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Leemos en el Linga Purana:

-«Son los más bajos instintos los que estimulan a los hombres del Kali Yuga. Ellos eligen preferentemente ideas falsas (en Europa desde el final del Medioevo el proceso de subversión es clarísimo: Güelfismo, Humanismo, Protestantismo, Liberalismo, Anarquismo, Comunismo y un largo etc de doctrinas aberrantes y totalmente antitradicionales). No dudan en perseguir a los sabios. El deseo les atormenta. La negligencia, la enfermedad, el hambre, el miedo se extienden. Habrá graves sequías. Las diferentes regiones de los países se opondrán unas a las otras.

Los libros sagrados ya no se respetarán. Los hombres no tendrán moral, y serán irritables y sectarios. En la edad de Kali se extienden las falsas doctrinas y los escritos engañosos (hoy a un nivel brutal con la telebasura y los medios de (des)información del Sistema).

Las personas tienen miedo ya que descuidan las reglas enseñadas por los sabios y no efectúan ya más los ritos correctamente.

Muchos perecerán. El número de príncipes y de agricultores disminuirá gradualmente. Las clases obreras quieren atribuirse el poder real y compartir el saber, la comida y los lechos de los antiguos príncipes. La mayor parte de los nuevos jefes es de origen obrero. Ellos perseguirán a los sacerdotes y a los que tengan sabiduría.

Se matará a los fetos en el vientre de su madre y se asesinará a los héroes (hoy tristemente a la orden del día y a un nivel verdaderamente espantoso). Los Shudra (obreros) pretenderán comportarse como Brahmanes (sabios) y los sacerdotes como obreros (inversión de valores, regresión de las castas).

Los ladrones llegarán a reyes, los reyes serán ladrones (auténticas plebes coronadas, tenemos el caso muy cercano de HEZ-paña).

Muchas serán las mujeres que tendrán relaciones con varios hombres (hoy disfrazada tamaña aberración de “conquista de la mujer”…)

La estabilidad y el equilibrio de las cuatro castas de la sociedad y de las cuatro edades de la vida desaparecerán de todas partes. La tierra producirá mucho en algunos lugares y demasiado poco en otros.

Los dirigentes confiscarán la propiedad y harán de ella un mal uso. Ellos dejarán de proteger al pueblo (a la orden del día y a un nivel cada vez más creciente y descarado).

Hombres viles que habrán adquirido un cierto saber (sin tener las virtudes necesarias para su uso) serán honrados como sabios (sectas destructivas, movimientos contra-espirituales y claramente contra-iniciáticos tipo New Age…)

Hombres que no poseen las virtudes de los guerreros llegarán a ser reyes. Habrá sabios que estarán al servicio de hombres mediocres, vanidosos y rencorosos. Los sacerdotes se envilecerán al vender los sacramentos (en Occidente la Iglesia Católica, sobre todo desde el deletéreo Concilio Vaticano II 1962-65 el tema es clarísimo y vergonzoso). Habrá muchas personas desplazadas, errando de un país a otro (fenómeno moderno de la inmigración, claramente destructivo). El número de hombres disminuirá, el de mujeres aumentará.

Los animales de presa serán más violentos. El número de vacas disminuirá. Los hombres de bien renunciaran a tener un papel activo.

Comida ya cocinada será puesta en venta. Los libros sagrados se venderán en las esquinas de las calles. Las chicas jóvenes comerciarán con su virginidad. El dios de las nubes será incoherente con la distribución de lluvias. Los comerciantes harán operaciones deshonestas. Ellos estarán rodeados de falsos filósofos pretenciosos. Habrá muchos mendigos y parados. Todo el mundo empleará palabras duras y groseras. No se podrá confiar en nadie. Las personas serán envidiosas. Nadie querrá ser recíproco con un servicio recibido. La degradación de las virtudes y la censura de los puritanos hipócritas y moralizantes caracterizarán el periodo del fin de Kali. Ya no habrá más reyes. La riqueza y las cosechas disminuirán. Grupos de bandidos se organizarán en las ciudades y en el campo. El agua escaseará y los frutos serán poco abundantes. Aquellos que deberían asegurar la protección de los ciudadanos no lo harán. Numerosos serán los ladrones. Las violaciones serán frecuentes. Muchos individuos serán pérfidos, lúbricos, viles y temerarios. Llevarán el pelo en desorden. Nacerán muchos niños cuya esperanza de vida no superará los dieciséis años. Aventureros tomarán la apariencia de monjes con la cabeza afeitada, vestimentas naranja, y rosarios alrededor del cuello. Se robarán las reservas de trigo. Los ladrones robarán a los ladrones. Las personas se volverán inactivas, letárgicas y sin objetivo. Las enfermedades, las ratas y las substancias nocivas les atormentarán

(nuevamente todo ello muy a la orden del día). Personas afligidas por el hambre y el miedo se refugiarán en los «refugios subterráneos» (kaushikä).

Raras serán las personas que vivirán cien años. Los textos sagrados serán adulterados. Los ritos serán descuidados. Los vagabundos serán numerosos en todos los países.

Los heréticos se opondrán al principio de las cuatro castas y de las cuatro épocas de la vida. Personas no cualificadas pasarán por expertos en materia de moral y de religión.

Las personas masacraran a las mujeres, a los niños, a las vacas y se matarán unos a otros.»

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En Vishnu Purana (Libro VI, cap. 1):

«Las personas del Kali Yuga pretenderán ignorar las diferencias de razas y el carácter sagrado del matrimonio (que asegura la continuidad de una raza), la relación de maestro a alumno, la importancia de los ritos. Durante el Kali Yuga personas de cualquier origen se casarán con chicas de cualquier raza. Las mujeres se harán independientes y buscarán bellos varones. Ellas se adornarán con peinados extravagantes y dejarán a un marido sin recursos por un hombre rico (vivir para ver!!! …).

Ellas serán delgadas, golosas, apegadas al placer. Producirán demasiados hijos pero serán poco respetadas. No se interesarán más que en ellas mismas, serán egoístas, sus palabras serán pérfidas y engañosas.

Mujeres de alta alcurnia se entregarán a los deseos de los hombres más viles y practicarán actos obscenos.

Los hombres no querrán mas que ganar dinero, los más ricos serán los que detenten el poder. Aquellos que posean muchos elefantes, caballos y carros serán reyes. Las personas sin recursos serán sus esclavos.

Los jefes de estado no protegerán ya más al pueblo sino que, por medio de los impuestos, se apropiarán de todas las riquezas. Los agricultores abandonarán sus trabajos de labranza y de cosecha para volverse obreros no especializados (kârû-karmä) y tomarán la conducta de los «fuera-de-casta». Muchos se vestirán de harapos, estarán sin trabajo, dormirán en el suelo, viviendo como miserables.

Por la falta de poderes públicos muchos niños morirán. Algunos tendrán el pelo blanco ya a los doce años.

En estos tiempos la vía trazada por los textos sagrados desaparecerá. Las personas creerán en teorías ilusorias. No habrá ya más moral y la duración de la vida se reducirá.

Las personas aceptarán como artículos de fe las teorías promulgadas por cualquiera. Se venerarán los falsos dioses en los falsos ashrams en los cuales se decretarán arbitrariamente ayunos, peregrinajes, penitencias, donación de bienes, austeridades en el nombre de pretendidas religiones. Personas de baja casta llevarán un hábito religioso y, por su comportamiento mentiroso, se harán respetar.

Las personas tomarán el alimento sin haberse lavado. No venerarán ni el fuego doméstico ni a los huéspedes. No practicarán los ritos fúnebres.

Los estudiantes no observarán las reglas de su estado. Los hombres establecidos no harán ya más ofrendas a los dioses ni dones a las personas meritorias.

Los ermitaños (vanaprasthä) comerán comida de burgueses y los monjes (sanyasi) tendrán lazos amorosos (snéhä-sambandhä) con sus amigos.

Los obreros (shudrä) reclamaran la igualdad con los sabios. Las vacas no serán salvadas porque ellas darán leche.

Los pobres harán una gloria de su pobreza y las mujeres de la belleza de su cabello.

El agua faltará y, en muchas regiones, se mirará el cielo con la esperanza de un chubasco. Las lluvias escasearán, los campos se volverán estériles, los frutos no tendrán más sabor. El arroz faltará, se beberá leche de cabra.

Las personas que sufran la sequía se alimentarán de bulbos y de raíces.No tendrán alegrías ni placer. Muchos se suicidarán. Sufriendo de hambre y de miseria, tristes y desesperados, muchos emigrarán hacia los países en los que crece el trigo y el centeno.

Los hombres con poca inteligencia, influenciados por teorías aberrantes, vivirán en el error. Ellos dirán: ¿para qué los dioses, los sacerdotes, los libros santos, las abluciones?

Ya no se respetará más el linaje de los ancestros. El joven esposo irá a vivir a casa de sus suegros. El dirá: «¿qué significan un padre o una madre? Todos según sus actos, su Karma, nacen y mueren. (por lo tanto la familia, el clan, la raza, no tiene ningún sentido)»

En el Kali Yuga los hombres no tendrán virtudes, ni pureza, ni pudor, y conocerán grandes desgracias.»

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En Linga Purana (capítulo 40):

«Durante el periodo de crepúsculo en que acaba el Yuga, el justiciero vendrá y matará a los malvados. Nacerá de la dinastía de la luna. Su nombre es guerra (Samiti). Vagará por toda la tierra con una vasta armada. Destruirá a los Mlécchä (los bárbaros) por miles. Destruirá a las personas de baja casta que han tomado el poder real (de la realeza) y exterminará a los falsos filósofos, los criminales y las personas de sangre mezclada. Comenzará su campaña en su trigésimo segundo año y continuará durante veinte más.

Matará a millones de personas, la tierra será arrasada. Las personas se matarán entre ellas furiosamente. Al final quedarán por un lado y por otro grupos de personas que se matarán entre ellos para robarse mútuamente. Agitados y confusos abandonarán sus mujeres y sus casas.

No tendrán educación, ni ley, ni vergüenza, ni amor. Abandonarán los campos para emigrar fuera de las fronteras de su país.

Vivirán del vino, de la carne, de las raíces y de los frutos, se vestirán con cortezas, con hojas, con pieles de animales. No utilizarán más la moneda. Tendrán hambre, estarán enfermos y conocerán la desesperación. Es entonces cuando algunos comenzarán a reflexionar.»

Predicciones de textos sacros varias veces milenarios de la tradición indo-aria sobre el Kali-Yuga; en fin el panorama que tenemos delante es desolador, cualquier parecido con el mundo actual y toda la basura que nos rodea es pura coincidencia, ¿¿¿¿¿¿o no??????? …

J. MONTCAU



LA ESCALA, LA ESCALERA Y LA ESPIRAL, SÍMBOLOS DE ASCENSIÓN, DE ELEVACIÓN ESPIRITUAL Y RITOS DE PASO
mayo 23, 2019, 4:36 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Tradición

 

 

 

LA ESCALA, LA ESCALERA Y LA ESPIRAL, SÍMBOLOS DE ASCENSIÓN, DE ELEVACIÓN ESPIRITUAL Y RITOS DE PASO

“Consideremos a las dificultades como peldaños para una vida mejor.”

Ludwig van Beethoven

La escala tiene un significado simbólico único, unión espiritual entre la Tierra y el Cielo (Axis Mundi, Eje del Mundo), otro tanto como el simbolismo del puente; por ello en el mundo antiguo los verdaderos Jefes representaban en su persona la acción pontifical, “hacedores de puentes” entre el mundo celeste y el terrestre. La escala es símbolo por excelencia de la ascensión y de la perfección, también de la superación iniciática. Es una ascensión vertical y gradual donde la comunicación entre los diferentes niveles se establece en los dos sentidos. La verticalidad es la línea de lo cualitativo y de la altura. Por contra, la horizontalidad sigue la línea de lo cuantitativo y de la superficie, es el símbolo sagrado y universal de la CRUZ, símbolo primordial a la vez de los 4 elementos y de la quintaesencia, el Principio Supremo manifestado. La escala siempre se representa en el arte como el soporte imaginativo de la ascensión espiritual, metafísica y suprahumana.

J. MONTCAU



EL ESPÍRITU DEL LOBO
mayo 10, 2019, 9:19 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Religiones, Tradición

Una pequeña camada de lobos ha vuelto a nacer en Roma 2.700 años después de Rómulo y Remo

EL ESPÍRITU DEL LOBO

https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/una-pequena-camada-de-lobos-ha-vuelto-a-nacer-en-roma-2-700-anos-despues-de-romulo-y-remo

 

“Quien es odiado por el pueblo como el lobo por los perros es el espíritu libre y soberano, enemigo de todas las bajezas y de todo adorar, que vive en el bosque.“

Friedrich Nietzsche

El simbolismo del lobo para las sociedades nórdicas, griegos y romanos tenía que ver con la Luz. En la mitología nórdica y germana, las valquirias, diosas guerreras, cabalgaban montadas en Lobos para atravesar el cielo (realmente los espíritus de los héroes Caídos en combate que ascienden a la Mansión Celeste/Valhalla). El terrible Lobo Fenrir devora estrellas y representa la muerte cósmica (final de todo un Manvantara), considerando que es el “portador de la boca de los infiernos que se abre enteramente en el horizonte de la Tierra.”

El lobo, símbolo fundacional de la Roma primigenia (verdadera Edad de Oro de Occidente), también es el símbolo en la mitología nórdico-germánica de esta edad terminal en la que nos encontramos inmersos: la Edad del Lobo (Edad de Hierro en la greco-romana, Kali-Yuga en la indo-aria). Quizás, quien sabe, esta noticia sea todo un augurio de un mundo que se desintegra y fenece por un lado, y por el otro la promesa de un nuevo ciclo ascensional que pugna por nacer entre dolores de parto…

J. MONTCAU



LA IGLESIA DE JUDAS
mayo 9, 2019, 10:08 pm
Filed under: Espiritualidad, Julius Evola, Metafísica, Religiones, Tradición

 

LA IGLESIA DE JUDAS

“El cinismo es una traición intelectual”.

Norman Cousins.

“Y si nos volvemos hacia las contingencias de tiempos más recientes, sobre todo a las figuras de los dos últimos pontífices, Juan XXIII y Paulo VI, en medio de un clima de renovación y modernización, con la creciente aversión hacia el “integrismo” católico y a los llamados “residuos medievales”, parece inclinar la balanza hacia un caos desastroso”.

Julius Evola

Cinismo, hipocresía, villanía, bellaquería, todo eso y mucho más es lo que hoy por hoy es la Iglesia, su abandonismo, espíritu renunciatorio y cobarde voluntad de suicidio son verdaderamente espeluznantes; en eso ha quedado reducida la antaño viril, aristocrática y guerrera Catolicidad, sustituida por un extraño y repugnante mejunje de bazofia humanista, multiculturalismo autodestructivo y mundialismo barato, además de una complicidad con el poder plutocrático y subversivo sin precedentes. Decía Julius Evola anunciando ya en los años sesenta del pasado Siglo el proceso suicida de esta Iglesia que ha querido “coger el tren de los tiempos” que la Modernidad marcan, que con ello quiso quizás popularizarse, abrirse a las masas pensando que con ello sería mejor vista, tolerada y recibida, pero el resultado ha sido totalmente el opuesto. En realidad las cosas que más atraen y que más se fortalecen tanto interior como exteriormente, son aquellas que se aferran a lo Absoluto, a los Principios Eternos que nunca cambian y permanecen, aquello que no es democrático, ni progresista, ni igualitario, ni masificante; todo lo contrario es decadencia, destrucción y muerte, y esto se verá muy prontito. Se trataría más de INSISTIR (vivir hacia adentro, en torno a una Guía y Norte existenciales), que del mero EXISTIR (vivir hacia afuera, desprincipiado y al servicio de los poderes dominantes y de las modas tan pasajeras como demónicas) como hace la Iglesia actual mundana y mundanizada hasta la náusea.

Como decía José Antonio “Vivamos en el mundo. Pero tengamos nuestro mundo aparte en un rincón del alma”. Las doctrinas e instituciones que se apegan hacia un Centro espiritual, metapolítico y metafísico verdadero, son el mayor enemigo de la actual tiranía mundialista y multikultureta que el Sistema impone por doquier. “Un catolicismo que se eleve al nivel de una tradición verdaderamente universal, unánime y peremne, en la que pueda integrarse en una realización metafísica en la vía del despertar, el símbolo, el rito y el sacramento en acción de

poder, el dogma en expresión de un conocimiento absoluto e infalible, que no sea una expresión humana y como tal viviente en seres desligados del vínculo terrestre mediante una exaltación mística, donde el pontificado revista su función mediadora originaria, un catolicismo de tal índole podría suplantar a cualquier “espiritualismo” presente o futuro. Pero observando la realidad ¿no es quizá un sueño?” (Julius Evola).

JOAN MONTCAU



TE DARÉ, TE DARÉ…
abril 26, 2019, 10:18 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Espiritualidad, Tradición

 

TE DARÉ, TE DARÉ…

“Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: “AL SEÑOR TU DIOS ADORARÁS, Y SOLO A ÉL SERVIRÁS.…”

Mateo 4:9

Abajo cumbre del Tibidabo (en latín “te daré…”), la montaña más alta de Barcelona capital, 512 metros de altitud; denominada por los antiguos romanos Podium Aquilae (el águila, ave solar por excelencia y símbolo del Sacro Imperium), lugar sagrado anteriormente también para los antiguos layetanos, y luego la definitiva cristianización del nombre, TE DARÉ… Sucesión de tradiciones, ello hasta la ruptura que supuso para la Barcelona tradicional y gremial la llegada de la Modernidad (que no modernismo, movimiento artístico en donde una de sus grandes joyas representativas precisamente está sobre su cima: la Basílica del Tibidabo, Templo Expiatorio de España). TE DARÉ, TE DARÉ… sin duda el Diablo en el famoso episodio evangélico de las “tentaciones del desierto” hace dos mil años, ya prefiguraba a los actuales charlatanes democráticos con sus falsas promesas y palabrería vacía e insustancial, sucias patrañas a las que las masas idiotizadas se entregan acrítica y dócilmente, vendiendo por tanto su alma a las fuerzas del caos y de la desintegración, e hipotecando el futuro de las generaciones venideras: “FRENTE A UNA MUCHEDUMBRE, LOS MEDIOCRES SON LOS MÁS ELOCUENTES” (Eurípedes de Salamina)…

JOAN MONTCAU



EN PIE…

“Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos“.

Dante Alighieri

«El poder del símbolo es más grande que el de los hombres».

Olimpiodoro

EN PIE…

En la Italia fascista de 1930 empezó a aparecer una extraordinaria publicación marcada por una nueva corriente de pensamiento: “LA TORRE”, que tendría en el gran Guido de Giorgio (1890-1957, alpinista, tradicionalista católico, experto en simbolismo occidental y representante de una corriente de pensamiento que se denominó “Fascismo Sacro”, que veían en la Roma antigua como el gran mito movilizador y como la idea-fuerza del Orden Nuevo, Roma era la Luz de Occidente para ellos), como a uno de sus principales inspiradores. Evola, gran admirador de Guido de Giorgio, definió a éste como “un iniciado en estado salvaje, de vida austera y costumbres espartanas, obsesionado con la idea de purificación, bajo el dominio de una cierta mística de carácter ascético, desde la aversión profunda al mundo moderno, hacia las ciudades, símbolo de mediocridad y sede de la nivelación caótica y democrática”, de hecho Guido murió a la edad de 67 años retirado y en la soledad de las montañas piamontesas, tal era su aversión al odioso mundo de la subhumanidad democrática con sus junglas de asfalto, atomización y brutal materialismo característicos , máquinas, ruido y suciedad . Pensador poco conocido y cuya obra literaria no fue muy amplia (su monumental “La Tradición Romana” no fue publicada en Italia hasta 1973, es decir 16 años después de su muerte acaecida en 1957), profundizaría dicho autor en el concepto de Tradición, cosmovisión opuesta totalmente a los decadentes y disolutos tiempos actuales de la Modernidad profana y profanadora. “Su indiferencia hacia el mundo moderno era tal que se había retirado a los montes, sentidos por aquél como su propio ambiente natural” (Julius Evola).

En “LA TORRE” se pretendía o se quería reunir a los pocos que eran capaces de una rebelión frente a la actual pseudo-civilización tiránica, parodia grotesca de auténtica civilización que es la Modernidad y sus infernales pseudo-valores, anti-mítica y anti-espiritual por esencia; crear algo así como una especie de vanguardia intelectual, guerrera y metafísica al servicio del Orden Nuevo, con Roma como mito fundacional y como exportadora de la Nueva Idea al resto de Europa: “Roma se erige como ese símbolo perenne e inmortal de la Tradición universal, el eje del mundo, entre el Este y el Oeste, la síntesis absoluta, armonizando opuestos,

generando esa unidad orgánica simbolizada en el Silencio, como Unidad Superior de lo Divino. Roma cae y vuelve a levantarse, aparece como la luz de Occidente, que nunca muere y siempre resurge de sus cenizas para salvar a Occidente” (Guido de Giorgio). Hay que decir que para este autor -todo lo contrario que para Julius Evola y otros como el también italiano Pio Filippani Ronconi-, no hay una ruptura entre “paganismo” y “cristianismo” en lo que respecta al fondo del mensaje tradicional, sino más bien una “continuidad”: “Para restaurar las vías que conducen a lo divino, se encuentra en la Tradición Romana, bajo la égida de los cuatro grandes símbolos cósmico-tradicionales de Jano y el Fascio Litorio, culminado en la continuidad del cristianismo de la cruz, la fuente renovadora del mensaje tradicional, que no se plantea, en ningún caso, como una ruptura con respecto a la norma tradicional de la Roma primitiva, más bien es un nuevo impulso ante la degeneración de las fuentes espirituales previas al advenimiento del cristianismo, corrompidas y sumidas en la exterioridad, presa de la idolatría y vaciadas de todo su simbolismo originario”. La eterna polémica, el cristianismo como “vampiro” y “asesino” del mundo antiguo, o bien como vivificador e inspirador de una nueva Roma y de un nuevo Ciclo Heroico (al fin y al cabo eso fue el Medievo gibelino y su Sacro Imperio Romano-Germánico)…

La elección de una torre como símbolo de la nueva corriente de pensamiento no fue casual, ya que el mismo no sólo representaba al “refugio” o al lugar de residencia de una mayor o menor mística, sino que en mayor medida representaba un puesto de resistencia, de combate, de lucha y de afirmación superiores (hoy sin duda el mejor símbolo para aquellos núcleos “que representen la salvaguarda de lo permanente” y que siguen defendiendo lo Absoluto frente a los embates de las hordas democráticas). El carácter heroico y viril, solar y aristocrático, de la nueva corriente de pensamiento era clara, por ello no hay mejor reivindicación para el mundo en ruinas que tenemos en ciernes y del que poco o nada merece ya ser salvado, en el que pocas “torres” van a quedar firmes ante el vendaval que se avecina, que el título de un famoso boletín de determinada fuerza paramilitar falangista de antaño y ya periclitada, y con el que hemos encabezado este pequeño artículo: EN PIE!!!, y ello frente al actual mundo del caos y de las tinieblas encarnados en los modernos totalitarismos del “pensamiento único” y de lo “políticamente correcto” que hoy se nos imponen con fuerza arrolladora y aplastante, el mundo de la anti-Tradición sin fronteras encarnado por el Nuevo Orden Mundial y sus acólitos o tontos útiles…

Joan Montcau