Julius Evola. Septentrionis Lux


El enemigo metafísico
febrero 1, 2009, 6:28 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Política y tradición

Con motivo del actual conflicto iraquí, hemos podido observar, y podemos seguir haciéndolo, cómo desde el bando que detenta el poder mediático, económico y militar se ha demonizado, y se demoniza, al enemigo. Desde medios oficiales y desde canales ´informativos´ no se ha parado de verter todo tipo de acusaciones sobre las ´maldades´ del régimen ya derribado. El bombardeo que hemos recibido, y recibimos, desde los mass media ha sido, y es, constante y apabullante. Pero, por otro lado, no han faltado las voces discordantes que, en el mismo seno de Occidente, han mostrado, y muestran, sus discrepancias hacia la versión oficial que se nos ha dado, y se nos da, acerca de todo lo relacionado con este grave conflicto. Y estas voces discordantes no sólo las hemos oído y escuchado, y las oímos y escuchamos, en medios y círculos marginados por el Sistema que domina Occidente y la mayor parte de nuestro planeta, sino que también han tenido, y tienen, amplia cancha en los grandes medios de ´comunicación´. Desde los mismos se ha discrepado, y se discrepa, por ejemplo, sobre la veracidad de la posesión de las presuntas armas de destrucción masiva de que dispondía el depuesto Régimen iraquí. Se han intentado, y se intentan, desenmascarar cuales han sido las auténticas razones que han llevado a las llamadas tropas de la coalición a invadir Iraq. Se han presentado, y se presentan, a los intereses petrolíferos como uno de los principales motivos que han provocado la ocupación del país. En definitiva, se le ha llevado, y se le lleva, al Establishment la contraria. Se le ha criticado, y se le critica, duramente su actuación y el común de los mortales ha tenido, y tiene, acceso a estas críticas debido a que encuentran amplio hueco y eco en los mass media. En resumidas cuentas, el bando derrotado militarmente, el iraquí, ha tenido, y tiene, la posibilidad de ser mediática y periodísticamente defendido en prácticamente todo tipo de foros y por todo tipo de cauces. Ante esta evidencia nos podríamos preguntar sobre el porqué, tras casi transcurridos sesenta años desde la finalización de la II Guerra Mundial, el Sistema no permite que se exprese y que se oiga ninguna voz discordante con respecto a la versión oficial y única que se nos ha hecho, y se nos hace, tragar con embudo al respecto de muchos de los acontecimientos acaecidos antes y durante la mayor conflagración bélica de la historia y al respecto de muchos de sus protagonistas. Muchos se preguntan sobre el porqué de tanta represión contra toda postura, opinión y comentario disonante acerca de hechos ya bastante distantes en el tiempo. Y si tenemos que buscar una respuesta a dicha pregunta lo haríamos con la siguiente sentencia: los llamados aliados no combatieron contra un enemigo simplemente político, ni lo hicieron por razones de carácter geoestratégico o por otras de tipo básicamente económico, sino que combatieron contra su ENEMIGO METAFÍSICO. Sí, en efecto, en los países que conformaron el Eje, en los diferentes fascismos que afloraron en esa época y en el nacionalsocialismo el mundo demoplutocrático se topó bruscamente con su antípoda y observó aterrado cómo una cosmovisión antagónica a la materialista que dicho mundo defendía y promovía, podía poner en juego nada más y nada menos que su mismísima existencia. Observó con pavor cómo sus aburguesados, racionalistas y positivistas contravalores podían ser fulminados por la irrupción de una concepción de la vida basada en valores Superiores, cimentada sobre un sentido Trascendente de la existencia y sobre una manera viril, activa, olímpica, heroica y solar de concebir dicho hecho Trascendente. Vio cómo su promiscuo igualitarismo corría peligro de ser sustituido por un ordenamiento jerárquico y orgánico de la comunidad. Observó cómo la acomodaticia laxitud anímica que promovía podría ser reemplazada por el espíritu de servicio y de sacrificio y por la autodisciplina de la persona. Se apercibió de que el individualismo y el egoísmo que le eran innatos a su filosofía de la vida podrían ser sustituidos por la fidelidad y la camaradería. Contempló cómo la charlatanería, la concupiscencia y el hedonismo a los que se sentía tan apegado corrían el peligro de ser barridos por la austeridad, por lo lacónico, por la gravedad de carácter y por el autodominio y por el control, superación y desapego del hombre con respecto a los bajos instintos e impulsos que lo conducen a la bestialización. En definitiva, ese mundo demoliberal se horrorizó ante la posibilidad de llegar a su fin, de ser vencido por otro mundo que encarnaba los valores perennes de aquella lejana Tradición Primordial que había informado la vida de nuestros ancestros y que había sido, poco a poco, sustituida por el corrosivo y deletéreo mundo moderno que los llamados países Aliados abanderaban. Se trató, pues, más que de un conflicto bélico, de un CONFLICTO CÓSMICO. Se enfrentaban los Aliados contra el Eje, esto es, la materia contra el Espíritu, el caos contra el Orden, lo inferior contra lo Superior, la Edad de Hierro más disoluta contra el intento heroico de restaurar la Edad de Oro. La plutocracia no vio, pues, un enemigo físico delante suyo, vio, por el contrario, un ENEMIGO METAFÍSICO. No contempló ante sí a un oponente político y/o ideológico que propusiera alternativas parciales a sus iluministas postulados, contempló, por el contrario, cómo se le oponía, enfrente suyo, una ÍNTEGRA ALTERNATIVA que partía de una COSMOVISIÓN RADICALMENTE OPUESTA a la suya. Además, la partitocracia demoburguesa lo último que podía consentir era que dicha radical alternativa le surgiera allá donde ella tenía su origen, donde creció y donde se hallaba su principal feudo: en Occidente. Sí, en el interior de su mismo solar… Tan mal lo pasó el plutocratismo ante la irrupción de los diferentes movimientos fascistas, tanta zozobra experimentó ante la posibilidad de ser erradicado que, hoy en día, cuando han transcurrido tantas décadas y debiera analizarse aquella época con los ojos objetivos del buen historiador, aplasta sin miramientos a cualquiera que aluda, no ya de forma admirativa sino incluso imparcial, al fenómeno fascista y/o nacionalsocialista. Se encarcela, se multa, se requisan libros, se prohíben organizaciones o asociaciones políticas o culturales… No importa que se trate de rebrotes testimoniales que no supongan ningún peligro efectivo para el Sistema. No importa, no. El Sistema será implacable y no tendrá piedad hacia nadie que ose no tratar con desprecio a aquellas gentes y a aquellos movimientos que, allá por los años ´30 y ´40 del pasado siglo, tan mal se lo hizo pasar. No se andará con ningún tipo de contemplaciones. Actuará, si cabe, de la manera más injusta y arbitraria que haga falta para no llegue a conocimiento de nadie el que en un tiempo no muy lejano un mundo totalmente diferente a éste que nos ha tocado sufrir tuvo serias posibilidades de regir nuestras vidas.

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