Julius Evola. Septentrionis Lux


Juventud y nacionalsocialismo
febrero 1, 2009, 6:29 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Política y tradición

Vamos a hacer unos sucintos comentarios sobre lo que fue la juventud nacionalsocialista durante el III Reich, sobre lo que son los jóvenes que hoy en día se definen como nacionalsocialistas y sobre el futuro que se otea entre la juventud que se defina como nacionalsocialista.

 Para analizar y, si cabe, comparar se necesitan unas adecuadas varas de medir, unos parámetros establecidos de antemano. Y nuestras varas de medir van a ser las de los diferentes niveles de racismo que hay que tener presente a la hora de ponerse a juzgar sobre si alguien ha sido, es o será de raza pura; y que nadie se escandalice por la utilización de esta expresión. Estos diferentes niveles de racismo a considerar ya fueron establecidos por Julius Evola hace bastantes décadas y se concretaban en un primer nivel denominado como el de la raza del espíritu, en un segundo que se ha venido a llamar como el de la raza del alma y en un tercero cuya denominación es el de la raza del cuerpo. 

Sin alargarnos demasiado por no ser éste el eje central del tema a tratar, pero con la intención de definir ideas que nos van a ser muy útiles para comentar y comparar diferentes generaciones de juventudes N.S., hemos de decir que cumple con la raza del espíritu aquel que es consciente de su naturaleza y origen sacros, aquel que concibe su vida como la de la lucha interior que persigue elevarse por encima de su simple condición humana para llegar al Conocimiento y a la vivencia de aquellas Realidades Metafísicas que trascienden el mundo físico y que, para llegar a ello, aspira a encender, en su interior, la mismísima Esencia Superior o Divina que alberga en estado aletargado. Así concibió siempre el mundo indoeuropeo la Espiritualidad. Y cumple con la raza del alma, o de la mente, aquel que atesora las cualidades del carácter que caracterizaron a nuestros ancestros indoarios. 

Cualidades tales como la capacidad de autosuperación, de entrega y sacrificio por un ideal, la nobleza, la fidelidad, la camaradería, la sinceridad, el valor, el honor, el heroísmo, la autodisciplina, la templanza o el autocontrol y dominio de sí mismo. Cumple, finalmente, con la raza del cuerpo aquel que es sabedor de que cada raza física es portadora de un tipo de espiritualidad y de unos valores concretos y que, en consecuencia, aspira a conservarla intacta de cruces e interferencias distorsionadoras y suicidas con otras razas. Sólo a quien, en definitiva, cumple, con estos tres niveles raciales, esto es, con la raza del espíritu, con la raza del alma y con la raza del cuerpo, se le puede considerar como de raza pura; a vueltas otra vez con la expresión tabú? Establecido todo lo cual, ahora sí que podemos preguntarnos si fue de raza pura la juventud hitleriana. Y claro está que se mantuvo libre de mezclas con otras razas y que, además, se empeñó en mejorar el estado de su cuerpo a través del ejercicio físico, de los buenos hábitos alimenticios, de su desprecio al alcohol y de su contacto continuado con la naturaleza. Por tanto, obvio es afirmar que cumplió con creces con la raza del cuerpo. 

Se le inculcaron los valores propios del alma indoeuropea que hemos enumerado párrafos más arriba y, además, esos valores fueron impregnando su carácter y su personalidad y se fueron haciendo realidad a través de la forja que representó la práctica del deporte, de las actividades que formaban parte de los campamentos que se organizaban, de su participación en el Servicio del Trabajo o en el Servicio Militar. La heroica participación de la Juventud Hitleriana en los trágicos estertores de la II Guerra Mundial confirmó que dicha juventud, de manera más que sobresaliente, había cumplido con la raza del alma. Así mismo, a través de ritos solares que, especialmente en salidas al campo, acostumbraban a tener como soporte simbólico el fuego se les hizo partícipes, a los jóvenes del III Reich, de celebraciones sagradas que les acercaron a la manera que nuestros antepasados tenían de concebir la Trascendencia. Es por esto que se iba en el camino adecuado para que aquella juventud también cumpliera con la raza del espíritu. Por todo lo cual creemos que queda bastante contestada la pregunta formulada acerca de si la juventud del III Reich fue de raza pura. Pues bien, ahora toca preguntarse si cumple también con todos estos requisitos la actual juventud N.S.: Por un lado evita las cruzas con otras razas pero, por otro lado, no es excesivamente dada al ejercicio físico y no es del todo ajena, por ejemplo, al consumo de alcohol o de tabaco. Por tanto no cuida ni forja su cuerpo como debiera. 

Es decir, no cumple, salvo no pocas honrosas excepciones, con la raza del cuerpo. Y no cumple con ella porque no cumple con la del alma, ya que al haber nacido y haber crecido en un mundo tan laxo, hedonista, concupiscente y aburguesado como el de nuestras sociedades liberales no ha hecho posible poder despertar en su interior, en la medida adecuada, los valores que hemos citado como propios del alma de los pueblos indoeuropeos; valores que de haber podido desarrollar le habrían sido muy útiles para inculcarle también a su soporte físico una disciplina que le hubiera hecho cumplir con la raza del cuerpo. Muchos jóvenes que se definen como N.S. adolecen de los mismos defectos en la esfera del alma-mente de los que es víctima el resto de nuestra juventud contemporánea: son indisciplinados, son impuntuales, son inconstantes en sus aficiones y se inclinan frecuentemente al chismorreo y a la crítica fácil y destructiva; nuevamente hay que señalar que, afortunadamente, las excepciones no escasean. Nos preguntamos, por último, si cumplen, al menos, con la raza del espíritu.

 Pues bien, deberíamos decir que la mayoría de los jóvenes que enarbolan la bandera del nacionalsocialismo sienten la llamada de la Trascendencia y son conscientes de que existe una Realidad que se encuentra más allá del mundo que nuestros sentidos son capaces de aprehender. Participan en ceremonias sagradas, en actos solsticiales y conocen cual es el tipo de espiritualidad que abrazó siempre el indoario y que, en consecuencia, es el connatural a él. Otra cosa muy diferente es lograr que el joven N.S. se aventure por el camino de la superación interior de la simple condición finita del ser humano para adentrarse en el Conocimiento y en la vivencia de lo Eterno que anida en su fuero interno y que él debe despertar. Para conseguir emprender este camino se necesita una autodisciplina en la esfera de la raza del alma de la que no es poseedor el común de nuestros jóvenes N.S. 

Expuesto todo lo cual, no cabe apostillar que la actual juventud nacionalsocialista dista mucho de ser de raza pura. Nos queda, pues intentar vislumbrar qué rasgos pueden caracterizar a las futuras generaciones de jóvenes nacionalsocialistas. Y hemos de decir que visto lo visto con las actuales, las venideras no pintan buen panorama, ya que es un todopoderoso mundo disoluto y disolvente el que va emponzoñando al joven desde su más tierna infancia y el desprenderse de tanto nefasto lastre supone, para el joven que se ha decantado por el nacionalsocialismo, una ímproba, larga, ardua, inacabable, titánica y casi quimérica labor. No perdiendo nunca del todo la esperanza, otra muy diferente situación se daría si se arribara al poder y la juventud ya no tuviera que criarse entre las inmundicias corrosivas engendradas por la liberalpartitocracia. Pero si este sueño no acontece en un futuro, no hay que dejar de tener presente que, por muchas deficiencias que manifieste, siempre acabará gozando de cualidades mucho más elevadas un joven que tenga la suerte o la posibilidad de decantarse por el nacionalsocialismo que otro que no tenga más manera de ´entender´ la existencia que la que le ´ofrece´ el mundo demoburgués. 

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