Julius Evola. Septentrionis Lux


Consideraciones metafísicas sobre el aborto. La doctrina de los Nidana.
febrero 8, 2009, 10:51 am
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Metafísica

El tema del aborto ha adquirido en las últimas fechas una inusual actualidad en España a raíz de que se haya destapado el hecho de que en ciertas clínicas abortistas de Barcelona se practicaban abortos con fetos de hasta ocho meses de vida.

La carnicería alcanza cifras alarmantes tanto por lo que respecta a los casos de abortos no contemplados por la actual legislación española como a los que sí están permitidos por la ley.
Nosotros no nos alarmamos únicamente porque se masacre a un feto de 4 ó de 8 meses sino que también lo hacemos si se hace con un embrión de un día o con otro de 12 semanas.
Sin duda no existen diferencias cualitativas entre el ser de doce semanas menos un día y el de doce semanas (momento a partir del cual son legales, en España, las prácticas abortivas). Si está delinquiendo quien practica o se somete al aborto en el primer caso también debería considerarse que delinque quien practica o se somete al aborto en el segundo caso. Tenemos claro que en todos los casos nos hallamos ante un crimen atroz, despiadado y cobarde. Crimen que cuando alcanza el número -oficial…- de 100.000 anuales, en España, pasa a la categoría de genocidio.


La ciencia habla de embrión hasta transcurridas doce semanas desde el momento de la concepción y de feto a partir desde ese momento y hasta que tiene lugar el parto. La ley española autoriza, pues, el sacrificio del llamado embrión y no así el del feto. Pero no olvidemos que, por ejemplo, cuando termina el primer mes ya ha comenzado el desarrollo de todos los órganos importantes. Así pues, los ojos son perceptibles, los brazos y las piernas empiezan a aparecer y late ya un corazón de cuatro cavidades (¿sería descabellado no considerar como ‘embrión’ a un ser que ya ha llegado a este grado de desarrollo?). Y a este ser con ojos, corazón complejo, brazos y piernas es lícito arrebatarle fría y despiadadamente la vida. ¡Paradojas de una modernidad que se llena la boca hablando de un pacifismo de corte pusilánime y clamando contra prácticas como la de la pena de muerte y no manifiesta ningún remilgo, ningún escrúpulo, ni ninguna compasión a la hora de legalizar y promover semejante genocidio!

No es, de todos modos, en estos terrenos físicos y fisiológicos en los que pretendemos embarcarnos en el seno de este escrito sino que nuestra intención es la de realizar algunas consideraciones que conciernen a planos de la realidad que entran en el terreno metafísico.


Sabido es que las doctrinas Sapienciales del Mundo Tradicional han hablado siempre de la ‘inmortalidad del Alma’ y de su preexistencia con respecto al ser humano que será portador de ella.
El ‘Alma’, con mayúscula, diferiría del ‘alma’, en minúscula, que no vendría a ser más que un equivalente de lo que conocemos como mente o psique. Por contra el ‘Alma’, en mayúscula, haría referencia al Espíritu o, lo que sería lo mismo, al componente imperecedero, incorruptible, eterno y Trascendente que se halla en el origen de todo el mundo manifestado (Brahman) y que también anida en el interior del ser humano (Atman). Nosotros, de todos modos utilizaremos el vocablo ‘Espíritu’, y no el de ‘Alma’, cuando nos refiramos al Principio Supremo Indefinible, incondicionado y Superior. De este modo intentaremos evitar confusiones entre conceptos y realidades diferentes.
Así pues, si el Espíritu preexiste al ser humano se podría formular la pregunta de en qué momento se incorpora a este ser humano. La razón de dicha formulación se hallaría en el aclarar si el embrión humano, que en tantas ocasiones es objeto del aborto, es portador de Espíritu. Si la respuesta fuera afirmativa la enorme gravedad de las prácticas abortivas sería, si cabe, todavía mayor.


Para ver luz acerca de dicha cuestión resulta muy apropiado el echar mano del budismo, pues el budismo originario, en sus textos en pali, nos explica una doctrina, la de los nidana, que no deja, al respecto, lugar a dudas. Una magnífica explicación de la misma la podemos encontrar en la obra de Julius Evola “La doctrina del despertar. Ensayo sobre ascesis budista” (1).
El significado de nidana sería el de estados o elementos condicionados y haría, básicamente, referencia a todos los pasos seguidos, en su existir, por el ser humano que le van, progresivamente, impregnando de la conciencia de ser tal ser –individuado-, condicionado y cada vez más alejado de la posibilidad de apercibirse de que, en su interior, anida el aletargado Principio Imperecedero; la semilla de lo Absoluto. Y cada vez más alejado, por tanto, de la posibilidad de actualizar este Principio Inmortal.

Pero, de un total de doce, los tres primeros nidana aluden a estados anteriores a la concepción del ser humano (anteriores a la formación del embrión o zigoto) y no hacen, pues, estrictamente referencia al aludido proceso condicionador de dicho ser humano sino que atañen al proceso mediante el cual el Principio o Espíritu toma el camino que le llevará a incorporarse al embrión que se acaba de formar. Un camino, pues, que viene definido por una direccionalidad vertical de descenso en contraste, pues, a la horizontal que adquirirá a partir del momento de la generación del nuevo ser humano y, a partir de este momento, a lo largo de la existencia terrenal de éste. Horizontalidad, por tanto, que el Principio Inmutable ya no transitará en solitario sino que lo hará junto al alma o mente y al cuerpo de dicho ser humano.
Tal como ya hemos señalado, los tres primeros nidana hacen alusión a estados del Espíritu anteriores a la concepción. Unos nos explican cómo por culpa de la ignorancia o -en sánscrito-, avijja o avidja el Principio se olvida, en su camino descendente, de cuál es su propia esencia. Otros, como el tercer nidana, nos enseña cómo el Principio va adquiriendo una conciencia autodistintiva que se halla en la base de la conciencia individuada que irá, posterior y paulatinamente, desarrollando el ser humano a partir del momento de su generación.
Es en base a lo expuesto en la explicación de estos tres nidana que tenemos la certeza de que en el momento de su concepción al embrión humano se le ha incorporado el Espíritu o Atman; víctima de la ignorancia o avidja y sometido a inercias individualizantes, pero Espíritu en definitiva. Por lo cual la criminal infatuación que supone el aborto se comete contra un ser humano con Espíritu y no contra un ser vivo que no posee más que un componente físico con sus correspondientes funciones fisiológicas más o menos desarrolladas. El principio Inmortal que anida en su seno no difiere lo más mínimo del que se halla en el interior de un individuo adulto.

Tras la concepción y durante las etapas embrionaria y fetal se suceden seis nidana o estados condicionados más: el quinto, el sexto, el séptimo, el octavo, el noveno y el décimo. Con la irrupción de éstos el ser se va, de forma in crescendo, individualizando, apegando, condicionando y tomando conciencia de su especificidad. Es por esto por lo que se asemeja cada vez más al ser humano en sus distintas fases vitales: infancia, adolescencia, madurez y vejez.
Un somero vistazo a estos seis nidana que acaecen durante las etapas embrionaria y fetal nos muestra como:
-En el 5º nidana se asume el área en el que, por contacto, se activarán (en el 8º nidana) los sentidos y las distintas imágenes que irán proyectándose en la mente como reacción a los diversos estímulos que puedan recibirse.
-En el 6º nidana pasa a ser posible el poder acumular experiencia como consecuencia de lo aportado ante determinados estímulos.
-En el 7º -nos dice textualmente Evola en “La doctrina del despertar”- “irrumpen el sentir, el colorido emocional de las percepciones y el sentimiento en general”.
-En el 8º se pueden ya activar los sentidos y se generan las impresiones que siguen al contacto de los sentidos con el objeto y/o receptor correspondiente. También se desarrolla el deseo que viene provocado por la experiencia sensorial y el consiguiente anhelo de volver a repetir dicha experiencia.
-En el 9º nidana aparece el apego provocado por la dependencia establecida hacia el objeto de deseo descubierto y contactado por los sentidos.
Con todos estos condicionantes acumulados hasta este nidana nace el sentido del yo o del individuo.
-En el 10º nidana no podíamos ya por menos que encontrarnos ya con el ser individual y con las pautas que pueden marcar su devenir y su existir (merece la pena recordar, tal como nos dice Evola, el origen etimológico de este término: ‘ex-sistere’ o el ‘estar fuera de sí’ propio de una existencia condicionada, atada a las contingencias y estímulos exteriores y que no conoce de lo Interior o Centro; del Espíritu).
Por tanto nos hallamos ante un ser individual -para ello, con el necesario sentido del yo- que podría ser víctima de las criminales prácticas abortivas. Que el tal ser lo sea ya individual en el hipotético momento en el que el aborto cercene su existencia sólo depende del momento embrionario o fetal en que cada uno de estos seis nidana aparezca y de los plazos legales para practicarlo que sean contemplados por las diferentes legislaciones que sobre el aborto tienen vigor en los muchos países en los que se permite.

Los nidana 11º y 12º no son de interés en el presente escrito por cuanto se refieren a estados que acaecen más allá del parto o nacimiento y se hallarían, pues, más allá del período en el cual se practican los abortos legales y/o ilegales. Acontecen referidos al nacimiento (11º nidana) y a la declinación y muerte del individuo (12º y último nidana).

En otro diferente orden de cosas -que se sitúa al margen del tema del presente escrito- cabría recordar que el generarse de cada uno de los doce nidana supone un progresivo obscurecimiento del Principio y un obstáculo también mayor de cara a la acometida de cualquier intento serio, por parte del individuo, de Despertar la semilla de la Inmortalidad (y del Conocimiento de lo Superior e Incondicionado) que se lleva dentro. Este difícil –a la vez que metódico y riguroso- fin es el que siempre ha perseguido la Iniciación.

Seguramente el lector atento se habrá percatado de que nos hemos saltado el 4º nidana. No hemos hecho ninguna mención a él. Y lo hemos hecho así porque queremos mostrar cómo no tan sólo, tal como ya hemos explicado párrafos más arriba, el ser acabado de concebir es portador del Principio Inmortal –Espíritu-, sino que también queremos mostrar cómo en este ser acabado de generar también hallamos ya el alma. Con lo cual el grado de aberración que alcanza el aborto no tiene límites.
El 4º nidana se conoce bajo la denominación de ‘nombre-y-forma’ y hace referencia al estado en que acontece la formación, en el ser acabado de engendrar, de los elementos materiales -‘forma’- y de los sutiles y mentales -‘nombre’-. A estos últimos se unen, en este preciso instante, los elementos de la herencia de la ‘vía del devenir’ (esto es, la herencia samsárica) y los correspondientes a los aportados como herencia psíquica por los progenitores.


Para aclarar a qué elementos de la herencia samsárica o de la ‘vía del devenir’ nos estamos refiriendo podríamos recordar unos contenidos que en alguna ocasión anterior habíamos expuesto y que rezaban que:


“…tras la muerte física son dos las vías que se le presentan al fallecido: una sería la ‘vía de los antepasados’ o pitra-yana y la otra sería la ‘vía de los dioses’ o deva-yana (términos de la tradición hindú). La primera de ellas sería el destino de la mayoría de los individuos cuya existencia no pasó nunca de ser la del hombre vulgar, esclavo del devenir y que consistiría en la disolución de las fuerzas y energías sutiles que hicieron posible la vida de dichos individuos (puesto que se hallan en el origen del funcionamiento de su entramado psíquico-físico), su disolución, apuntábamos, en la descendencia de su mismo clan, gens o sippe pasando a formar parte (dichas fuerzas o energías) del genio, manes, tótem, doble sutil,”vida” de esta vida, demon o daimon que confiere la peculiaridad y el impulso particular que caracterizan al mencionado clan. Esta vía, en realidad, no supone la inmortalidad del individuo, pues éste (o, mejor dicho, ‘sus’ fuerzas o energías sutiles) vuelve a reintegrarse en la corriente del mundo manifestado, del mundo del devenir y del continuo fluir.” (2)


Aclarado lo cual podríamos afirmar que el alma del nuevo ser sería, de este modo, el resultante de la unión del componente ‘nombre’ del 4º nidana, más la herencia samsárica y más el añadido de la herencia proveniente por vía biológica (la de los padres).

Pero aún hay más, ya que el atentado ejercido por medio del aborto no sólo destruye a un ser compuesto por Espíritu, alma y cuerpo; no sólo afecta a un ser concreto individual y/o individualizado, sino que, paralelamente, acarrea graves repercusiones a otros niveles, pues altera dinámicas y equilibrios en el plano cósmico e incluso en el supracósmico.
Es así porque invierte esa inercia por la cual el Espíritu se había integrado en el ser humano recién concebido. Una inercia, recordemos, que hallaba su explicación en la individualización que había experimentado dicho Principio Imperecedero a causa del avidja, u olvido, que había padecido entorno a cuál es la “naturaleza” de su esencia. Así, con la práctica del aborto, el Espíritu integrado en el ser concebido se verá abocado a transitar por otros derroteros.
Algo similar ocurre con los tres componentes que habían dado origen al alma del embrión. De esta manera, por ejemplo, el genio, manes, tótem, doble sutil o daimon que las dinámicas cósmicas habían encaminado hacia ese embrión (3) para integrarlo en él en el mismo momento de su generación, deberá, a causa del aborto, abandonar el camino que los flujos cósmicos habían establecido y retornar, brusca e inesperadamente, a ese entramado sutil que vertebra, vivifica y dinamiza al cosmos como si de su aliento vital, de sus nervios y de su aparato circulatorio se tratase. Un brusco retornar que provoca desequilibrios, desajustes y descompensaciones en el armónico entramado cósmico…


…………………………………………………………………………

 


(1) Existe, con este mismo título, una edición en castellano realizada por la Editorial Heracles y otra intitulada “La doctrina del despertar. El budismo y su finalidad práctica” a cargo de la editorial Grijalbo.


(2) Originariamente redactamos estas ideas en nuestro escrito titulado “José Antonio y Evola”. Más tarde creímos conveniente reproducirlas en “La ilusión reencarnacionista”. De todos modos si se desea profundizar en este orden de cosas recomendamos la lectura del capítulo VIII (“Las dos vías de ultratumba”) de la parte primera del libro de Julius Evola “Rebelión contra el mundo moderno”; título éste el de la traducción hecha al castellano por Ediciones Heracles.


(3) Mayormente el genio, manes, tótem, doble sutil o daimon se encamina a su integración en un embrión determinado por pertenecer el nuevo ser engendrado al mismo linaje o clan (o a los restos desorientados que de éste quedan en el mundo moderno) del que proceden estas fuerzas sutiles –el genio,…- que acabarán confiriendo determinadas peculiaridades y concretos impulsos comunes a los miembros de dicha estirpe.

Anuncios

2 comentarios so far
Deja un comentario

muy interesante, se ve que es un trabajo de investigación muy profundo. Gracias por recomendarlo. Un abrazo José

Comentario por josé

Nos alegra de que haya sido de tu interés.
Otro abrazo: Eduard

Comentario por septentrionislux




Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: