Julius Evola. Septentrionis Lux


Rescatando de la memoria algunos de nuestros héroes
febrero 8, 2009, 10:41 am
Filed under: Eduard Alcántara, Historia

Resulta desalentador el comprobar cómo han caído casi en el olvido ciertos personajes señeros que han sido paridos en nuestro hispano suelo. Resulta descorazonador el ver cómo la inmensa mayoría de nuestros compatriotas contemporáneos no sólo desconocen ciertos apuntes básicos de sus respectivas biografías sino que simplemente desconocen hasta su propia existencia e ignoran, por ende, hasta su mismo nombre. Apenas tienen vagas referencias de los más nombrados. Apenas, pues, conocen algo de Don Pelayo, del Cid Campeador, de Cristóbal Colón, de Hernán Cortés o de Francisco Pizarro. Las causas de ello estriban en que los mentores del Pensamiento Único y de los Valores Dominantes sienten grima ante la posibilidad de que en las personas pudiesen penetrar valores que arrinconarían o, aun, fulminarían a aquellos otros valores (o, para mejor hablar, contravalores) que dichos mentores defienden y propagan con dogmatismo y fanatismo.

 

Sin duda alguna los valores que definen a muchas de las figuras señeras que han jalonado gloriosamente la historia hispana se hallan en las antípodas de los contravalores en los que se sustentan los regímenes demoburgueses o liberalpartitocráticos. Pues si los primeros entienden de gloria, de honor, de valentía, de esfuerzo, de honor, de lealtad, de fidelidad, de camaradería, de altruismo, de espíritu de entrega y de sacrificio, de jerarquía, de autoridad y de desapego con respecto a la vida fácil y a la molicie, los segundos, por el contrario, sólo conocen del confort, de un presunto bienestar material, de la felicidad ovina, del pacifismo burgués, pusilánime y hasta suicida, del individualismo, del dinero, del lucro, del beneficio fácil, de la vida ramplona y sin sobresaltos y del igualitarismo antinatural. Si el influjo de los primeros contribuyen a hacer del hombre un ser noble y en estado continuo de superación, los segundos, contrariamente, abocan al ser humano hacia la mediocridad, la vulgaridad, el egoísmo, la existencia larvaria, vermicular y primaria y hacia el azogue del consumismo compulsivo y alienante.

 Es de fácil deducción que es el segundo pack de contravalores y consecuencias de los mismos el que le interesa inculcar e inocular al Sistema plutopartitocrático, pues el primer “paquete” de valores y consecuencias respectivas con seguridad forjarían a un tipo de hombre que rápidamente pondría todo su empeño en intentar demoler el Establishment alienador que nos ha tocado sufrir.

Le basta, pues, al Sistema con arrinconar en el olvido cualquier atisbo de heroicidad que en la historia se pueda hallar para borrar la posibilidad de riesgos indeseados y peligrosos para su misma existencia.

Le basta, en consecuencia, con alejar del saber de las gentes el conocimiento de aquellos egregios personajes y de sus insignes proezas y denuedos.

 

Si tenemos queja de que ni de los más nombrados señeros personajes de nuestra historia tienen, los más de nuestros actuales compatriotas, más que apenas un frugal conocimiento, ¡qué podemos esperar con respecto a otros a los que, por unas u otras razones, nunca se les solió dar el mismo relumbrón que a los primeros ni en otras etapas no tan disolutas de nuestra historia patria!

 Y es para intentar resarcir, en algún grado, esta cierta injusticia y este cierto entuerto cometidos para con muchos de nuestros ínclitos personajes para lo que nos hemos propuesto redactar estas líneas. Llegue, pues, (y con la disculpa previa de la injusticia que cometeremos al dejarnos tantísimos otros en el tintero) el momento de hablar de éstos que para nosotros son, sin hacerles concesiones fáciles, Héroes; así, en mayúscula:

 

 ARNAU MIR DE TOST

 Empezaremos por este personaje de gesta por una simple cuestión cronológica, pues es el más antiguo de entre aquéllos a los cuales vamos, modesta y reverencialmente, a abordar. Su arrinconamiento histórico se ha visto, sin duda,  agudizado por el hecho de que la historia oficial escrita durante, de una manera más clara, los tres últimos siglos, ha sido de corte castellanocéntrica (infaustas consecuencias de la llegada al trono de la dinastía borbónica como consecuencia de la Guerra de Sucesión española:1701-1714) y esto ha motivado que en los anales de la historiografía española no se les haya dado el relumbrón merecido a ilustres compatriotas que sellaron sus glorias al servicio de los territorios que con el tiempo acabaron constituyendo la Corona de Aragón o a compatriotas naturales de los territorios que de los restos de la misma surgieron con el devenir de los siglos.

 Somero y no exhaustivo ni enciclopédico pretendemos que sea nuestro homenaje a estos nuestros héroes; por eso mismo: porque tan sólo se trata de un homenaje hacia ellos y de una ocasión para exponer sus atributos heroicos como ejemplo, modelo y patrón deseables para ser seguidos por todos nosotros. Así pues, en nuestro somero repaso a este personaje del siglo XI señalaremos que nuestro Arnau Mir de Tost fue vasallo de diferentes condes del condado pirenaicocatalán de Urgell y que en condición de tal conquistó amplio número de fortalezas musulmanas (sobre todo cuando era conde de Urgell Ermengol III). Destaca la conquista de un valle de Àger que acabó siendo el centro de sus señoríos y de la toma de Barbastro en la que su papel fue fundamental; seguramente superior al de las mesnadas del mismo conde de Urgell y de las del rey de Aragón. A este carlà (equivalente al ´hidalgo´ castellano) al que ya Ermengol II, el peregrino, había nombrado gobernador del condado de Urgell durante la visita que el conde hizo a Jerusalén y que, asimismo, fue preceptor de Ermengol IV se le puede considerar -por sus gestas, por su arrojo, por su lealtad y por sus numerosísimos actos de Reconquista- como el Cid Campeador en versión catalana.

 

PERE JULIÀ Y FRANCISCO DE TOLEDO

Poco conocimiento se tiene de que en los últimos agónicos y trágicos momentos de la defensa imposible y heroica de la capital del Imperio de Bizancio, Constantinopla,  ante las tropas turcas del sultán Mehmet II, en 1453, dos personajes hispánicos tuvieron un papel muy destacado luchando en la defensa de los últimos bastiones de la ciudad que resistían ante el embate irresistible del ingente ejército otomano: se trataba del que, por aquel entonces, era el capitán de la guarnición catalana en la ciudad, Pere Julià, y de un noble castellano, Don Francisco de Toledo. El primero tenía el encargo de la defensa de la zona del Palacio Bukoleón y murió, junto a sus soldados, en dicho empeño. El segundo también falleció en la defensa de la Puerta de San Romano, luchando codo con codo con el mismísimo Emperador Constantino XI.

No sería justo que nos olvidáramos de que el cónsul catalán en dicha ciudad, Joan de la Via, fue, tras su toma por parte de los turcos, ejecutado, al igual que sus hijos, por orden del sultán.

 

 

ÁLVARO DE BAZÁN

No sería exagerado decir que hablamos del más grande marino de la historia de la marina de guerra, pues tras 44 años (1544-1588 ) de servicio a la Corona de España este oriundo de Granada, de noble estirpe Navarra, nunca salió derrotado en ninguna de sus innumerables acciones militares. El “palmarés” del marqués de Santa Cruz es ciertamente demoledor: habiendo rendido 8 islas, 2 ciudades y 25 villas, tomado 36 fuertes y castillos o capturado 44 galeras reales, 21 goletas, 99 galeones y naves de alto bordo, 27 bergantines y 7 caramuzales turcos.

A él lo podemos encontrar derrotando a la armada francesa en aguas gallegas o conquistando la isla canaria de La Gomera o socorriendo triunfalmente a la isla de Malta del asedio al que 30.000 soldados turcos la estaban sometiendo o lo podemos encontrar al mando de la escuadra de reserva en la batalla de Lepanto (“la más alta ocasión que jamás vieron los siglos”, en palabras de D. Miguel de Cervantes) o en la batalla naval de la isla Terceira (archipiélago de las Azores) en la que con 26 naves derrotó a una escuadra francesa formada por 60; la posterior ocupación de sus playas por parte de una fuerza de infantería de tierra se considera, históricamente, como el nacimiento de la Infantería de Marina.

 Como muestra anecdótica de su conocida, reputada y bien ganada fama de hombre de sin par arrojo y valentía se cuenta que el rey, en cierta ocasión en la cual D. Álvaro de Bazán permanecía -en el fragor de la batalla- al descubierto, le ordenó cubrirse y tras agradecérselo aquél el monarca le dijo: ”por el sol, señor marqués, por el sol”.

   

BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA

Por el estado en que fue quedando su físico tras tantos combates en los que tomó parte podríamos decir que fue el Millán Astray del siglo XVIII, pues le faltaba una pierna (era conocido como patapalo), un brazo y un ojo. A los 17 años ya le podemos ver, como guardamarina, combatiendo, en el transcurso de la Guerra de Sucesión española, frente a Vélez-Málaga en una batalla naval en la que encuadrado en la escuadra del Gran Almirante de Francia se enfrenta a una flota angloholandesa. Es herido en una pierna por una bala de cañón pero permanece estoicamente en su puesto de combate. Por su valor se le ascenderá a alférez de navío.

Años más tarde una coalición berberisca sitia la ciudad de Orán. Blas de Lezo consigue, con siete navíos, que se levante el asedio, persigue y ataca a la flota enemiga, sigue tras la nave capitana de Argel (un poderoso navío de 60 cañones) hasta la bien protegida (dos castillos en la entrada y 4.000 hombres) ensenada en la que ésta se refugia y echa al agua lanchas armadas que prenden fuego a la bien protegida capitana berberisca.

Como teniente general de la Armada es enviado a América, donde se convierte, en 1737, en comandante general de Cartagena de Indias. Sucede que el capitán de navío Julio León Fandiño apresó al barco del corsario inglés Robert Jenkins y le cortó la oreja a éste. El corsario se presenta ante la Cámara de los Lores con la oreja en la mano para denunciar lo sucedido y los ingleses encuentran, así, la excusa para atacar Cartagena de Indias con la intención de partir en dos el Imperio español en América. Por este motivo los ingleses denominarán al conflicto bélico generado como “La guerra de la oreja de Jenkins”. Reúnen la mayor flota de la historia jamás preparada para una acción bélica. Sólo la organizada para acometer el Desembarco de Normandía, en 1944, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial logró superar por vez primera (y única hasta hora) en magnitud a la flota que, al mando del almirante inglés Edward Vernon, se disponía a atacar (y atacó) Cartagena de Indias. El convencimiento, por parte inglesa, de su victoria les mueve a imprimir moneda en cuyo anverso se podía leer: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «La arrogancia española, humillada por el almirante Vernon». Y su convencimiento era más que comprensible si nos atenemos a la desmesurada desproporción de fuerzas que se iban a enfrentar: los 186 navíos (armados con 2.000 cañones) y casi 27.600 hombres de Vernon contra los tan solo 6 navíos y 2.830 hombres del audaz Blas de Lezo. Éste dispuso varias líneas defensivas en la ciudad, contrafuertes con sacos terreros en el interior de las murallas y una estrategia defensiva genial, que unidos a altas dosis de arrojo e intrepidez y a la experiencia en 22 batallas de nuestro marino natural de Pasajes –Guipúzcoa-, provocaron la más importante derrota que jamás padeció una Inglaterra que no se ha hartado nunca de magnificar su victoria frente a la, por ellos, llamada Armada Invencible española -en 1.588-, soslayando prevaricadoramente la importancia clave del decisivo e inesperado aliado que para ellos supuso un terrible temporal que dividió y desperdigó a la flota española y soslayando también, posteriormente a los hechos narrados en Cartagena de Indias, que la armada de Vernon superaba en 60 navíos a la de la Armada Invencible de Felipe II. Los británicos decidieron cubrir con el olvido este sin par desastre.

 

 

BERNARDO DE GÁLVEZ Y MADRID

Prosiguiendo con el criterio cronológico el turno le corresponde ahora a este malagueño que ya con tan solo 16 años de edad se alista -militar que es- como voluntario, en 1762, para participar en la llamada “Guerra de los 7 años” que mantenían Francia e Inglaterra y en la que, a causa de los Pactos de Familia, España se vio obligada a tomar parte como aliada de Francia. El bravo comportamiento de nuestro joven Bernardo de Gálvez le valió su ascenso a  teniente de infantería.

Con posterioridad, con el grado de capitán, lucha en la frontera norte de la Nueva España contra los indios apaches (que cometían toda suerte de rebeliones y tropelías) a los que logra pacificar, no sin ser herido seriamente en diversas ocasiones. Heridas graves que se repetirán, años más tarde, en el ataque a la ciudad norteafricana de Argel. La tenacidad y gallardía mostradas en esta expedición le llevaron a ser ascendido al grado de teniente coronel.

Ascenderá, como gobernador de una Luisiana que había pasado de Francia a España, al rango de general. Es en este período cuando funda Galveztown (actual Galveston) en una isla sita en la bahía homónima del golfo de Méjico.

No se habla en vano si se afirma que las 13 colonias inglesas que se rebelaron contra la metrópoli (Inglaterra) acabaron independizándose y constituyendo los Estados Unidos de América gracias, en una muy alta medida, a las memorables acciones bélicas emprendidas por nuestro protagonista. El nuevo país surgido tras su Guerra de Independencia lo supo valorar así cuando, en el desfile de la Independencia, se pidió a Gálvez que desfilara a la derecha del mismísimo George Washington. Y es que con el estallido de esta guerra nuestro héroe arrebata a los ingleses los fuertes de Manchack (sin sufrir ni una sola baja), Baton-Rouge, Paumure de Natchez, Thompson y Smith. Posteriormente logra rendir Fort Charlotte y Movila (la actual Mobile) tras un sitio de 3 semanas durante el cual corrió tales riesgos que estuvo a punto de caer prisionero de los ingleses. Así ha conseguido librar de la amenaza británica la cuenca baja del río Mississipi. Es ascendido por ello a mariscal de campo y entre sus soldados ha pasado ya de héroe a mito.

Se encamina ahora a la toma de Panzacola (hoy en día Pensacola) partiendo de Cuba con un ejército de 7.000 hombres. Con un rápido golpe de mano nocturno logra  desembarcar en la isla de Santa Rosa, situada a la entrada de la Bahía de Panzacola. Pero el bajo calado de la bahía y las defensas en ella situadas retraen a sus oficiales a aventurarse a entrar en ella, por lo cual nuestro intrépido Gálvez decide entrar personalmente con su bergantín Galveztown, animando con dicha valerosa acción al resto de la armada a seguirle en tan audaz resolución. Con grandes dosis de estrategia y arrojo consigue tomar Fort George y tras él toda la plaza.

Una vez en poder de España, los enclaves de Movila y Panzacola servirán de trampolín para la ocupación y recuperación de las dos Floridas (la Occidental y la Oriental, que nuestro país había perdido como consecuencia de la “Guerra de los 7 Años”). Con ello a los ingleses tan solo les quedará Jamaica como única posesión en el Golfo de Méjico. ¡Duros e irrecuperables reveses sufridos por los británicos a manos de España en el decurso de la Guerra de Independencia de sus colonias!

El rey de España, Carlos III, quiso que la hazaña protagonizada por Gálvez al adentrarse con su solo barco en la bahía de Pensacola quedara plasmada en el escudo de armas del malagueño añadiéndole el bergantín Galveztown con él mismo a bordo y con una leyenda, en lo alto, en la que rezaba “Yo solo”.

Como anecdotario clarificador de una solidaridad que se echa en falta en nuestros egoístas días bien está recordar que la ciudad natal de nuestro héroe, Málaga, tuvo que paralizar unas obras que realizaba en su catedral debido a que los donativos que aportaban sus habitantes para tal menester fueron por ellos mismos desviados para sufragar parte de los gastos bélicos de su insigne paisano, necesarios para su accionar en  la Guerra de la Independencia norteamericana en general y en especial para acometer la  formación y mantenimiento del ejército que Gálvez organizó, desde Cuba, para el asalto de Pensacola.

 

 

JOAN CLARÓS

De este audaz guerrillero nacido en Barcelona, que tantos reveses ocasionó a los convoys y a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia que España libró contra la Francia napoleónica desde 1808 hasta principios de 1814, no vamos a argumentar, tal como hicimos al hablar de Arnau Mir de Tost, que la falta de divulgación sobre su señera figura se deba al referido castellanocentrismo imperante en una manera de plantear y explicar la historia que inicia sus atropellos por culpa de ese centralismo uniformizador que importaron los Borbones de Francia. Y no lo vamos a hacer puesto que algún otro guerrillero catalán coetáneo de nuestro protagonista sí que es frecuentemente mencionado en los textos históricos. Tal es el caso de Francesc Milans del Bosch.

La nómina de guerrilleros catalanes, que participaron en esta guerra, dignos de ser más que mencionados es verdaderamente extensa. Así pues nos podríamos acordar de un Narcís Cay, del canónigo Rovira o del barón de Eroles. Sin duda alguna la tradición del somatén (civiles que se armaban y guardaban los caminos) en Cataluña ayudó a la rápida formación de partidas guerrilleras.

Nuestro Joan Clarós ya había tenido experiencias bélicas en la guerra que en 1794 había enfrentado a nuestro país con Francia. Provenía del ejército y había sido ayudante mayor del Batallón Ligero de Gerona.

Debido a su reconocido valor, a su prestigio y a sus dotes para sacarle beneficio al terreno ahora lo encontramos, en la Guerra de la Independencia, a la cabeza del Segundo Tercio de Migueletes (voluntarios que luchaban en guerras), interceptando los convoyes franceses que traspasaban, en uno u otro sentido, la frontera hispanofrancesa. A tan solo dos meses de iniciada la guerra lo tenemos atacando y derrotando a una división francesa cerca de la localidad de Molins de Rei; ocasionándole a ésta más de 300 bajas. Poco después derrota al general Raille. Y en su no parar acude, a las órdenes del brigadier Caldagués, y junto –entre otros- a Milans del Bosch, a auxiliar a la sitiada Gerona, obligándose al general Duhesme a levantar (agosto de 1808 ) este segundo sitio de la ciudad. Clarós con sus somatenes (somatents) obliga, acto seguido, al general Reille (al cual ya había derrotado con anterioridad) a volverse con sus tropas a Francia,  sometiéndole a una persecución sin cuartel. Al año siguiente (marzo del 1809) consigue entrar con sus guerrilleros hasta, prácticamente, el corazón (Plaza del Ángel y Puerta del Ángel) de la ocupada ciudad de Barcelona. Sólo un fuerte temporal obstaculizó el logro de los objetivos fijados, pues las partidas de guerrilleros que debían confluir en la ciudad, por el lado opuesto, con los de Clarós no pudieron vadear el crecido río Besós y, además, los barcos de apoyo ingleses que se hallaban apostados cerca del puerto tuvieron que alejarse debido al citado temporal sin poder, por ello, auxiliar (embarcándolos) a los aislados guerrilleros de Clarós que, aun así, lograron bravamente romper el cerco al que quisieron someterles los franceses y aún tuvieron arrestos para librar, casi de inmediato, un sangriento combate en Molins de Rei. Gesta parecida realizó en la ya por entonces ocupada Gerona, llegando hasta sus mismas entrañas (San Medín).

Fueron numerosos los convoyes franceses que nuestro heroico guerrillero detuvo al norte de la provincia de Gerona hasta el punto de hacerse poco menos que imposible el circular de aquéllos más acá de la frontera entre Francia y España.

 Encontramos a Clarós con sus hombres contribuyendo de manera muy destacada a la exitosa resistencia del gerundense pueblo de Besalú a ser invadido por los soldados de Napoleón.

Pero no siendo suficientes los continuos desajustes que nuestro destacado jefe de migueletes (miquelets) propina a las tropas del Emperador decide ir más allá y en el cenit de la osadía, de la audacia, de la valentía y del golpe de efecto moral opta por penetrar en el mismísimo territorio francés (septiembre de 1810), imponer contribuciones en los municipios en los que irrumpe y despojar de sus armas a los guardias nacionales y apoderarse de ellas. Y todo ello, desde su condición de auténtico  caballero, sin cometer ningún atropello ni ninguna humillación (muy en contraste con la infame manera de actuar que sí solían tener las mesnadas francesas en nuestro territorio). Llevó a cabo esta audaz incursión conjuntamente con la partida guerrillera de otro personaje que también merecería un puesto de honor en los anales de las glorias de España, como lo fue el vicario y guerrillero Francesc Rovira, quien por sus continuadas hazañas acabó la guerra como brigadier; volviendo al seno de la iglesia.

 

 

JOSÉ TOMÁS BOVES RODRÍGUEZ

Este asturiano de Oviedo se asentó desde bien joven en la venezolana región de Los Llanos y en ella se dedicó al comercio de ganado.

Aprovechándose con ruindad y de manera harto traidora de que la metrópoli estaba invadida por las tropas del Emperador Napoleón Bonaparte se desató, sobre todo entre la población criolla (descendiente de españoles) de muchas de nuestras colonias americanas, un movimiento insurgente de carácter independentista que no podía, a fin de cuentas, ocultar los verdaderos intereses –de índole económica- de dichas clases criollas dirigentes. Unos intereses que pretendían, entre otras aspiraciones, un libre comercio (para beneficio propio de estos privilegiados criollos) con otros países (léanse Francia o Inglaterra) que la metrópoli tenía prohibido.

La imposibilidad de enviar tropas desde España (totalmente dedicadas a la resistencia contra el ejército francés invasor) para sofocar la sediciosa rebelión fue, decíamos, harteramente aprovechada para orquestar el levantamiento en armas contra la Madre Patria.

La masonería y sus ideales antitradicionales jugaron un papel primordial en este levantamiento de alta traición. Así lo podemos comprobar en la adscripción de personajes como Simón Bolívar.

En esta situación encontramos a nuestro insigne compatriota: Boves organiza un ejército de leales a España con un considerable contingente de humildes llaneros (de la región de Los Llanos). Su carisma, su arrojo y su conocimiento de la región lo convierten rápidamente en todo un caudillo.

Será a finales de 1813 cuando Boves consigue formar su definitivo gran ejército, conocido como la “Legión Infernal”, que derrota a las tropas rebeldes de Bolívar en la batalla de La Puerta. Esta victoria abre el paso hacia Caracas (en poder de los independentistas; éstos habían declarado la II República en los territorios que controlaban) y en el camino hacia la capital las tropas bolivarianas que ven llegar a la “Legión Infernal” se prestan a abandonar rápida y temerosamente las ciudades. Caracas se entrega a las tropas de Boves y tras ella caen Valencia y Barcelona y se levanta el sitio al que los insurgentes habían sometido a Puerto Cabello; éstos, presas del pánico, abandonan –tras levantar el asedio-, sobre el terreno, un gran botín.

El hoy en día por tantos magnificado y glorificado Simón Bolívar es, pues, derrotado, una y otra vez por nuestro valeroso José Tomás Boves. Estos triunfos provocan que el Ministro Universal de Indias, en nombre del Rey de España -Fernando VII- eleve al ovetense al rango de coronel.

Con la victoria definitiva en esta guerra prácticamente asegurada se enfrenta a los separatistas en la Batalla de Urica. Fiel a su valiente actitud de no rehuir nunca la vanguardia en las batallas el infortunio caerá sobre nuestro militar, siendo mortalmente herido, el 5 de diciembre de 1818, de un lanzazo en esta batalla; lo cual no impedirá la victoria de las tropas leales al Rey de España y la desaparición de la sediciosa Segunda República.

Lastimosamente, ese reconocimiento a su valía plasmado en el ya comentado nombramiento a coronel, que le llegaba a través de una expedición salida desde la metrópoli, arribó tarde y no le alcanzó, pues, en vida, pero la gloria del héroe sí.

 

 

ELOY GONZALO

Aunque se le conoce mejor como “El Héroe de Cascorro”.

Con este arrojado compatriota (al igual que con el siguiente, y último, que abordaremos) pretendemos rendirle su justo homenaje a todos aquellos héroes anónimos que han hecho posible que España escribiera tantísimas páginas gloriosas a lo largo de tantos siglos. Se trata a menudo de gentes de la tropa o, a lo sumo, de suboficiales.

Nuestro Eloy Gonzalo nació en Madrid y fue abandonado al nacer. Si esto le marcó su vida y le forjó un determinado carácter no lo sabemos pero lo que sí sabemos es que a los 28 años parte para la Guerra de Cuba. Lo hace, eso sí, de manera forzosa, por cuanto fue el único modo que tuvo de librarse de la pena impuesta por un delito de insubordinación del que fue acusado como soldado del Cuerpo de Carabineros. Se cuenta que el problema que le llevó a ser condenado podría haber tenido su origen en un supuesto affaire que hubieron podido mantener su por entonces novia con un oficial del Cuerpo. La contundente -y marcada por el sentido del honor- respuesta de nuestro héroe para con el oficial habría sido la causa de su condena.

Pues bien, en Cuba lo tenemos ya destinado en el puesto de Cascorro, dentro de la provincia de Camagüey. Estamos en abril de 1896.

El puesto militar está formado por tres fortines. Los mambises independentistas lo atacan y cercan el 22 de septiembre del mismo año. La columna de auxilio enviada para socorrer el puesto es detenida por los secesionistas. La situación es francamente desesperada, pese a lo cual el jefe de la guarnición (el capitán Neila) se niega  a rendirla. Desde dos casas cercanas los separatistas hostigan incesantemente el puesto. Ante un rápido golpe de mano de los soldados españoles los insurgentes huyen de una de ellas. Pero aún queda la otra y es por ello por lo que el capitán Neila pide voluntarios para intentar prenderle fuego. Nuestro Eloy Gonzalo se presta a ello, realizando, eso sí, una petición: que se le ate con una cuerda para que su cuerpo (tras la casi segura muerte) sea recuperado. Consigue incendiar la casa y volver a salvo a un destacamento que gracias a esta individual heroica acción consigue resistir el asedio con más holgura, hasta que, algunos días después, una columna mandada por el general Adolfo Jiménez Caballero libera el puesto de Cascorro.

Aunque nuestro héroe selló con esta gesta su contribución a las hazañas de nuestra historia no por ello se debe olvidar que tomó parte, posteriormente, en más acciones bélicas y que como fruto del valor mostrado en todas ellas fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito Militar. Tiene dedicada una estatua en la Plaza de Cascorro en Madrid.

 

 

LUIS NOVAL Y FERRAO

Vamos a concluir este repaso a algunas de las más notables gestas protagonizadas por unos pocos de nuestros innumerables héroes patrios con otro de esos humildes servidores –un cabo- de nuestros ejércitos. Enlazamos, por tanto, con las intenciones que expusimos al introducir a la figura del Héroe de Cascorro, Eloy Gonzalo. Tratamos con el cabo Luis Noval y Ferrao; que al igual que el caso de nuestro también repasado José Tomás Boves, se trata de otro hijo de Oviedo. Lo encontramos destacado en territorio del Protectorado Español de Marruecos. La situación de los contingentes españoles es sumamente peligrosa, pues tan solo dos meses antes (27 de julio de 1909) el ejército español ha sufrido, a manos de las tribus rifeñas, la traumática derrota conocida como el Desastre del Barranco del Lobo.

Pues bien, Luis Noval y Ferrao se halla en el campamento del Regimiento del Príncipe. La unidad a la que pertenece Noval ha conseguido, tras seis largos y duros días de bravo combate, conquistar el poblado de el-Had de los Beni Sicar. Es de madrugada y nuestro cabo sale a supervisar la línea de escuchas. Todos duermen salvo los soldados de guardia. La noche es cerradamente oscura y Noval no se apercibe de que ha traspasado el perímetro de defensa. Esta circunstancia es aprovechada por el enemigo que, agazapado, se hallaba presto para el asalto al destacamento español y captura, por ello, a nuestro soldado. Le obligan los moros a acercarse a la alambrada defensiva y medio ocultos tras él y al amparo de la oscuridad gritan “¡Alto el fuego, que somos españoles!”. Tras escuchar esto el teniente Evaristo Álvarez logra distinguir la figura avanzada del cabo y ordena que no se abra fuego, pero ante el peligro vital que se cierne sobre todo el destacamento nuestro héroe cautivo se zafa de los rifeños que le estaban controlando y alerta a sus compañeros de armas con un “¡Tirar, que vengo entre moros!, ¡fuego!, ¡viva España!”,  que provoca el rápido fuego defensivo y el rechazo de los atacantes. Con el alba se realiza una salida desde el destacamento para evaluar el resultado del fuego nocturno, encontrándose el cadáver de nuestro heroico cabo con el fusil fuertemente asido con ambas manos y con su bayoneta ensangrentada. Al lado de él se encuentran dos marroquíes muertos. Uno de ellos tiene el pecho atravesado por un bayonetazo. Y es que nuestro cabo no sólo buscó la muerte segura al alertar a sus compañeros de armas sino que, además, murió peleando como un bravo.

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2 comentarios so far
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me ha encantado esta conferencia ya que quin la ha escrito es un buen compañero y amigo y espero que con su filosofia siga iluminando tantas mentes

Comentario por Antonio FS

Me alegra y me motiva escuchar las palabras de ánimo de alguien que como tú mantiene bien enhiesta la bandera de la lucha.

Comentario por Eduard Alcántara




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