Julius Evola. Septentrionis Lux


El infantilismo, denominador común de nuestros tiempos
febrero 8, 2009, 10:50 am
Filed under: Ética y valores, Eduard Alcántara

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Cuesta concebir cómo, al presente, se puede hablar de forma tan machacona, y de modo tan generalizado, de progreso si uno tiene a bien analizar algunos de los muchos devenires que acontecen en nuestros días y algunas de las muchas manifestaciones que son propias de nuestros desquiciados tiempos. Desgraciadamente para analizar hay que tener capacidad para ello y mucho nos tememos que el común de nuestros congéneres, en este mundo de la globalización y del pensar único y “políticamente correcto”, no demuestra tener neuronas más que en asuntos relacionados con su economía personal o doméstica: los números de las múltiples hipotecas contraídas para adquirir el último modelo de automóvil, o para poder “disfrutar” de unas vacaciones en algún masificado centro hotelero en la playa, o para hacerse con una mayor y más lujosa vivienda que la que se poseía. Fuera de este tipo de menesteres el poder analítico de ese hombre corriente, que se agita sin rumbo alrededor nuestro, roza la nulidad. Pedirle que analice lo que sucede a su alrededor y que valore si ello es edificante o es penoso es pedirle algo que se halla muy alejado de sus capacidades.

Ante la inexistencia de un propio analizar acatará sin rechistar un discurso oficial para el cual todo lo que acaece reafirma la “certidumbre” de que vivimos inmersos en el progreso sin fin. Que a nuestros congéneres les pidamos que se paren a pensar sobre cuán superficiales resultan sus existencias es como pedirle peras al olmo. Que les planteemos si no les resultan infantiles sus comportamientos, sus hábitos y sus aficiones es plantearles algo sobre lo que no demostrarán capacidad de reflexión, pues para que de dicha capacidad pudiesen hacer gala deberían de disponer de unos referentes a partir de los cuales sopesar y comparar las constantes y los distintos pormenores de sus existires cotidianos. Y, desgraciadamente, no disponen de estos referentes basados, en última instancia, en Verdades Absolutas y que responden a Realidades Suprasensibles que se encuentran muy por encima –y en el origen- de aquellas otras realidades de las que exclusivamente conoce el individuo de los tiempos corrientes y que están reducidas a planos físicos y psíquicos. Desafortunadamente nuestros desdichados congéneres no conocen otra manera de “vivir” que aquélla en la que se hallan abocados en estos tiempos crepusculares por los que deviene nuestro decrépito mundo moderno. Por ello nunca podrán comprender lo banales que resultan sus vidas y la naturaleza infantil de las mismas.

      Nuestro hombre corriente actúa de manera infantil al mostrarse caprichoso. Es caprichoso con respecto a las novedades que se presentan ante sus sentidos: las desea. Quiere poseerlas y poseerlas al instante; inmediatamente. Manifiesta una sed irreprimible de posesión. Se convulsiona por hacerse con ellas. Su compulsivo afán le arrastra fuera de sí y le proyecta sobre el objeto del deseo. “Vive” afuera de sí.

     De acuerdo a su conducta infantil puede enrabietarse y sulfurarse hasta niveles patéticos por las más absurdas banalidades de la vida cotidiana. Discusiones tremendas suelen originarse por los más nimios motivos. Motivos del todo intrascendentes le pueden abocar a controversias –y aun peleas- terribles.

     A nuestro hombre vulgar le falta una visión y un sentido profundos y Superiores de la existencia que, de contemplarlos, minimizarían del todo el peso que las contingencias de la vida deberían de tener en su existencia.

 

     Es de sobras conocido que los Estados Unidos de América son considerados como un pueblo joven. Una joven nación si nos atenemos a que apenas se independizó hace poco más de dos siglos. Pero, a nuestro parecer, no sería joven el término más adecuado para definir a este país, sino que sería más idóneo y ajustado el de infantil. Su  nacimiento en una época marcada, en Occidente, por el mercantilismo viene íntimamente unido a las bases liberalcapitalistas de su Constitución fundacional del año  1.787. El protestantismo de sus padres fundadores allana mucho el camino que desemboca, inevitablemente, en esta visión economicista de la vida. Para esta religión la riqueza material es un don divino. A la hora de aspirar a la salvación eterna basta con la fe en Dios.

     No nos ha, pues, de extrañar que una visión hondamente materialista se instalara, progresivamente, en las almas de los ciudadanos estadounidenses. Materialismo que comporta un concebir unidimensional de la existencia y, en definitiva, un reduccionismo que acaba, a la larga, por ignorar el plano de la Trascendencia y -tal como hemos señalado con anterioridad-  por otorgarle, en lógica consecuencia, un valor absoluto a lo nimio y trivial inherentes a la cotidianidad y que acaba desembocando en esas actitudes caprichosas, y por ende infantiles, caracterizadas por la sed compulsiva de posesión aquí y ahora de los objetos de deseo.

     De este proceder infantil podríamos mostrar multitud de ejemplos. Así, para una mente no anegada todavía por estos pueriles comportamientos, resulta como de escasa madurez el contemplar individuos ya granados y talluditos –muchos de ellos padres de familia- vistiendo gorras de béisbol en lugar de los sombreros o las gorras -delatadoras de la extracción social de sus portadores- que sus abuelos vestían décadas atrás. O resulta, igualmente, como de escasa madurez ver cómo se saludan muchos individuos    -algunos ya entrados en años- palmeándose, recíprocamente, las manos en unos movimientos que arrancan desde diferentes direcciones. De la misma manera que provoca sonrojo ajeno contemplar cómo no sólo niños sino como también padres viven con pasión (alzando pancartas y gritando con fervor) esos simulacros circenses de la auténtica lucha libre conocidos con el nombre de wrestling o pressing catch. O cómo los equipos que compiten en las diferentes modalidades deportivas implantadas en ese país se adjetivan todos ellos como para querer entusiasmar, de esta manera, aún más a unos seguidores que, por el tipo de adjetivación utilizada, podría parecer que se tratase exclusivamente de niños : galaxy, hawks (halcones), bulls (toros), giants (gigantes),… Y es que a pesar del sumo grado de decadencia por el que atraviesa Europa les resultaría difícil de concebir a sus ciudadanos que los clubs deportivos de los que son fans no se siguieran nombrando, tal como siempre ha sido, por el nombre de la ciudad en la que tienen su sede y añadidos tan poco rimbombantes como los de “club de fútbol”,  “sporting” o “atlethic”.

 

     Podemos considerar a los ciudadanos estadounidenses, por todo lo explicado y por los ejemplos dados, como paradigmas de hombres infantiles (permítasenos la paradoja), pero hemos por menos de señalar la triste constatación de que este infantilismo ha ya que traspasó las fronteras de su país para irse instalando, de forma acelerada, en las conciencias de los hombrecillos de todo este llamado mundo globalizado que comparte los mismos materialistas intereses y las mismas efímeras inquietudes. Los hobbies, actitudes y poses comunes al ciudadano medio de los EE.UU., que hace décadas hubiera provocado la hilaridad de los más en otros muchos países, hoy en día, por el contrario, son hobbies compartidos –o que empiezan a ser compartidos- por millones de individuos en nuestro cada vez más uniformizado y secularizado planeta. ¡Descorazonador síntoma!

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



Rescatando de la memoria algunos de nuestros héroes
febrero 8, 2009, 10:41 am
Filed under: Eduard Alcántara, Historia

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Resulta desalentador el comprobar cómo han caído casi en el olvido ciertos personajes señeros que han sido paridos en nuestro hispano suelo. Resulta descorazonador el ver cómo la inmensa mayoría de nuestros compatriotas contemporáneos no sólo desconocen ciertos apuntes básicos de sus respectivas biografías sino que simplemente desconocen hasta su propia existencia e ignoran, por ende, hasta su mismo nombre. Apenas tienen vagas referencias de los más nombrados. Apenas, pues, conocen algo de Don Pelayo, del Cid Campeador, de Cristóbal Colón, de Hernán Cortés o de Francisco Pizarro. Las causas de ello estriban en que los mentores del Pensamiento Único y de los Valores Dominantes sienten grima ante la posibilidad de que en las personas pudiesen penetrar valores que arrinconarían o, aun, fulminarían a aquellos otros valores (o, para mejor hablar, contravalores) que dichos mentores defienden y propagan con dogmatismo y fanatismo.

 

Sin duda alguna los valores que definen a muchas de las figuras señeras que han jalonado gloriosamente la historia hispana se hallan en las antípodas de los contravalores en los que se sustentan los regímenes demoburgueses o liberalpartitocráticos. Pues si los primeros entienden de gloria, de honor, de valentía, de esfuerzo, de honor, de lealtad, de fidelidad, de camaradería, de altruismo, de espíritu de entrega y de sacrificio, de jerarquía, de autoridad y de desapego con respecto a la vida fácil y a la molicie, los segundos, por el contrario, sólo conocen del confort, de un presunto bienestar material, de la felicidad ovina, del pacifismo burgués, pusilánime y hasta suicida, del individualismo, del dinero, del lucro, del beneficio fácil, de la vida ramplona y sin sobresaltos y del igualitarismo antinatural. Si el influjo de los primeros contribuyen a hacer del hombre un ser noble y en estado continuo de superación, los segundos, contrariamente, abocan al ser humano hacia la mediocridad, la vulgaridad, el egoísmo, la existencia larvaria, vermicular y primaria y hacia el azogue del consumismo compulsivo y alienante.

 Es de fácil deducción que es el segundo pack de contravalores y consecuencias de los mismos el que le interesa inculcar e inocular al Sistema plutopartitocrático, pues el primer “paquete” de valores y consecuencias respectivas con seguridad forjarían a un tipo de hombre que rápidamente pondría todo su empeño en intentar demoler el Establishment alienador que nos ha tocado sufrir.

Le basta, pues, al Sistema con arrinconar en el olvido cualquier atisbo de heroicidad que en la historia se pueda hallar para borrar la posibilidad de riesgos indeseados y peligrosos para su misma existencia.

Le basta, en consecuencia, con alejar del saber de las gentes el conocimiento de aquellos egregios personajes y de sus insignes proezas y denuedos.

 

Si tenemos queja de que ni de los más nombrados señeros personajes de nuestra historia tienen, los más de nuestros actuales compatriotas, más que apenas un frugal conocimiento, ¡qué podemos esperar con respecto a otros a los que, por unas u otras razones, nunca se les solió dar el mismo relumbrón que a los primeros ni en otras etapas no tan disolutas de nuestra historia patria!

 Y es para intentar resarcir, en algún grado, esta cierta injusticia y este cierto entuerto cometidos para con muchos de nuestros ínclitos personajes para lo que nos hemos propuesto redactar estas líneas. Llegue, pues, (y con la disculpa previa de la injusticia que cometeremos al dejarnos tantísimos otros en el tintero) el momento de hablar de éstos que para nosotros son, sin hacerles concesiones fáciles, Héroes; así, en mayúscula:

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 ARNAU MIR DE TOST

 Empezaremos por este personaje de gesta por una simple cuestión cronológica, pues es el más antiguo de entre aquéllos a los cuales vamos, modesta y reverencialmente, a abordar. Su arrinconamiento histórico se ha visto, sin duda,  agudizado por el hecho de que la historia oficial escrita durante, de una manera más clara, los tres últimos siglos, ha sido de corte castellanocéntrica (infaustas consecuencias de la llegada al trono de la dinastía borbónica como consecuencia de la Guerra de Sucesión española:1701-1714) y esto ha motivado que en los anales de la historiografía española no se les haya dado el relumbrón merecido a ilustres compatriotas que sellaron sus glorias al servicio de los territorios que con el tiempo acabaron constituyendo la Corona de Aragón o a compatriotas naturales de los territorios que de los restos de la misma surgieron con el devenir de los siglos.

 Somero y no exhaustivo ni enciclopédico pretendemos que sea nuestro homenaje a estos nuestros héroes; por eso mismo: porque tan sólo se trata de un homenaje hacia ellos y de una ocasión para exponer sus atributos heroicos como ejemplo, modelo y patrón deseables para ser seguidos por todos nosotros. Así pues, en nuestro somero repaso a este personaje del siglo XI señalaremos que nuestro Arnau Mir de Tost fue vasallo de diferentes condes del condado pirenaicocatalán de Urgell y que en condición de tal conquistó amplio número de fortalezas musulmanas (sobre todo cuando era conde de Urgell Ermengol III). Destaca la conquista de un valle de Àger que acabó siendo el centro de sus señoríos y de la toma de Barbastro en la que su papel fue fundamental; seguramente superior al de las mesnadas del mismo conde de Urgell y de las del rey de Aragón. A este carlà (equivalente al ´hidalgo´ castellano) al que ya Ermengol II, el peregrino, había nombrado gobernador del condado de Urgell durante la visita que el conde hizo a Jerusalén y que, asimismo, fue preceptor de Ermengol IV se le puede considerar -por sus gestas, por su arrojo, por su lealtad y por sus numerosísimos actos de Reconquista- como el Cid Campeador en versión catalana.

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PERE JULIÀ Y FRANCISCO DE TOLEDO

Poco conocimiento se tiene de que en los últimos agónicos y trágicos momentos de la defensa imposible y heroica de la capital del Imperio de Bizancio, Constantinopla,  ante las tropas turcas del sultán Mehmet II, en 1453, dos personajes hispánicos tuvieron un papel muy destacado luchando en la defensa de los últimos bastiones de la ciudad que resistían ante el embate irresistible del ingente ejército otomano: se trataba del que, por aquel entonces, era el capitán de la guarnición catalana en la ciudad, Pere Julià, y de un noble castellano, Don Francisco de Toledo. El primero tenía el encargo de la defensa de la zona del Palacio Bukoleón y murió, junto a sus soldados, en dicho empeño. El segundo también falleció en la defensa de la Puerta de San Romano, luchando codo con codo con el mismísimo Emperador Constantino XI.

No sería justo que nos olvidáramos de que el cónsul catalán en dicha ciudad, Joan de la Via, fue, tras su toma por parte de los turcos, ejecutado, al igual que sus hijos, por orden del sultán.

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ÁLVARO DE BAZÁN

No sería exagerado decir que hablamos del más grande marino de la historia de la marina de guerra, pues tras 44 años (1544-1588 ) de servicio a la Corona de España este oriundo de Granada, de noble estirpe Navarra, nunca salió derrotado en ninguna de sus innumerables acciones militares. El “palmarés” del marqués de Santa Cruz es ciertamente demoledor: habiendo rendido 8 islas, 2 ciudades y 25 villas, tomado 36 fuertes y castillos o capturado 44 galeras reales, 21 goletas, 99 galeones y naves de alto bordo, 27 bergantines y 7 caramuzales turcos.

A él lo podemos encontrar derrotando a la armada francesa en aguas gallegas o conquistando la isla canaria de La Gomera o socorriendo triunfalmente a la isla de Malta del asedio al que 30.000 soldados turcos la estaban sometiendo o lo podemos encontrar al mando de la escuadra de reserva en la batalla de Lepanto (“la más alta ocasión que jamás vieron los siglos”, en palabras de D. Miguel de Cervantes) o en la batalla naval de la isla Terceira (archipiélago de las Azores) en la que con 26 naves derrotó a una escuadra francesa formada por 60; la posterior ocupación de sus playas por parte de una fuerza de infantería de tierra se considera, históricamente, como el nacimiento de la Infantería de Marina.

 Como muestra anecdótica de su conocida, reputada y bien ganada fama de hombre de sin par arrojo y valentía se cuenta que el rey, en cierta ocasión en la cual D. Álvaro de Bazán permanecía -en el fragor de la batalla- al descubierto, le ordenó cubrirse y tras agradecérselo aquél el monarca le dijo: ”por el sol, señor marqués, por el sol”.

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BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA

Por el estado en que fue quedando su físico tras tantos combates en los que tomó parte podríamos decir que fue el Millán Astray del siglo XVIII, pues le faltaba una pierna (era conocido como patapalo), un brazo y un ojo. A los 17 años ya le podemos ver, como guardamarina, combatiendo, en el transcurso de la Guerra de Sucesión española, frente a Vélez-Málaga en una batalla naval en la que encuadrado en la escuadra del Gran Almirante de Francia se enfrenta a una flota angloholandesa. Es herido en una pierna por una bala de cañón pero permanece estoicamente en su puesto de combate. Por su valor se le ascenderá a alférez de navío.

Años más tarde una coalición berberisca sitia la ciudad de Orán. Blas de Lezo consigue, con siete navíos, que se levante el asedio, persigue y ataca a la flota enemiga, sigue tras la nave capitana de Argel (un poderoso navío de 60 cañones) hasta la bien protegida (dos castillos en la entrada y 4.000 hombres) ensenada en la que ésta se refugia y echa al agua lanchas armadas que prenden fuego a la bien protegida capitana berberisca.

Como teniente general de la Armada es enviado a América, donde se convierte, en 1737, en comandante general de Cartagena de Indias. Sucede que el capitán de navío Julio León Fandiño apresó al barco del corsario inglés Robert Jenkins y le cortó la oreja a éste. El corsario se presenta ante la Cámara de los Lores con la oreja en la mano para denunciar lo sucedido y los ingleses encuentran, así, la excusa para atacar Cartagena de Indias con la intención de partir en dos el Imperio español en América. Por este motivo los ingleses denominarán al conflicto bélico generado como “La guerra de la oreja de Jenkins”. Reúnen la mayor flota de la historia jamás preparada para una acción bélica. Sólo la organizada para acometer el Desembarco de Normandía, en 1944, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial logró superar por vez primera (y única hasta hora) en magnitud a la flota que, al mando del almirante inglés Edward Vernon, se disponía a atacar (y atacó) Cartagena de Indias. El convencimiento, por parte inglesa, de su victoria les mueve a imprimir moneda en cuyo anverso se podía leer: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «La arrogancia española, humillada por el almirante Vernon». Y su convencimiento era más que comprensible si nos atenemos a la desmesurada desproporción de fuerzas que se iban a enfrentar: los 186 navíos (armados con 2.000 cañones) y casi 27.600 hombres de Vernon contra los tan solo 6 navíos y 2.830 hombres del audaz Blas de Lezo. Éste dispuso varias líneas defensivas en la ciudad, contrafuertes con sacos terreros en el interior de las murallas y una estrategia defensiva genial, que unidos a altas dosis de arrojo e intrepidez y a la experiencia en 22 batallas de nuestro marino natural de Pasajes –Guipúzcoa-, provocaron la más importante derrota que jamás padeció una Inglaterra que no se ha hartado nunca de magnificar su victoria frente a la, por ellos, llamada Armada Invencible española -en 1.588-, soslayando prevaricadoramente la importancia clave del decisivo e inesperado aliado que para ellos supuso un terrible temporal que dividió y desperdigó a la flota española y soslayando también, posteriormente a los hechos narrados en Cartagena de Indias, que la armada de Vernon superaba en 60 navíos a la de la Armada Invencible de Felipe II. Los británicos decidieron cubrir con el olvido este sin par desastre.

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BERNARDO DE GÁLVEZ Y MADRID

Prosiguiendo con el criterio cronológico el turno le corresponde ahora a este malagueño que ya con tan solo 16 años de edad se alista -militar que es- como voluntario, en 1762, para participar en la llamada “Guerra de los 7 años” que mantenían Francia e Inglaterra y en la que, a causa de los Pactos de Familia, España se vio obligada a tomar parte como aliada de Francia. El bravo comportamiento de nuestro joven Bernardo de Gálvez le valió su ascenso a  teniente de infantería.

Con posterioridad, con el grado de capitán, lucha en la frontera norte de la Nueva España contra los indios apaches (que cometían toda suerte de rebeliones y tropelías) a los que logra pacificar, no sin ser herido seriamente en diversas ocasiones. Heridas graves que se repetirán, años más tarde, en el ataque a la ciudad norteafricana de Argel. La tenacidad y gallardía mostradas en esta expedición le llevaron a ser ascendido al grado de teniente coronel.

Ascenderá, como gobernador de una Luisiana que había pasado de Francia a España, al rango de general. Es en este período cuando funda Galveztown (actual Galveston) en una isla sita en la bahía homónima del golfo de Méjico.

No se habla en vano si se afirma que las 13 colonias inglesas que se rebelaron contra la metrópoli (Inglaterra) acabaron independizándose y constituyendo los Estados Unidos de América gracias, en una muy alta medida, a las memorables acciones bélicas emprendidas por nuestro protagonista. El nuevo país surgido tras su Guerra de Independencia lo supo valorar así cuando, en el desfile de la Independencia, se pidió a Gálvez que desfilara a la derecha del mismísimo George Washington. Y es que con el estallido de esta guerra nuestro héroe arrebata a los ingleses los fuertes de Manchack (sin sufrir ni una sola baja), Baton-Rouge, Paumure de Natchez, Thompson y Smith. Posteriormente logra rendir Fort Charlotte y Movila (la actual Mobile) tras un sitio de 3 semanas durante el cual corrió tales riesgos que estuvo a punto de caer prisionero de los ingleses. Así ha conseguido librar de la amenaza británica la cuenca baja del río Mississipi. Es ascendido por ello a mariscal de campo y entre sus soldados ha pasado ya de héroe a mito.

Se encamina ahora a la toma de Panzacola (hoy en día Pensacola) partiendo de Cuba con un ejército de 7.000 hombres. Con un rápido golpe de mano nocturno logra  desembarcar en la isla de Santa Rosa, situada a la entrada de la Bahía de Panzacola. Pero el bajo calado de la bahía y las defensas en ella situadas retraen a sus oficiales a aventurarse a entrar en ella, por lo cual nuestro intrépido Gálvez decide entrar personalmente con su bergantín Galveztown, animando con dicha valerosa acción al resto de la armada a seguirle en tan audaz resolución. Con grandes dosis de estrategia y arrojo consigue tomar Fort George y tras él toda la plaza.

Una vez en poder de España, los enclaves de Movila y Panzacola servirán de trampolín para la ocupación y recuperación de las dos Floridas (la Occidental y la Oriental, que nuestro país había perdido como consecuencia de la “Guerra de los 7 Años”). Con ello a los ingleses tan solo les quedará Jamaica como única posesión en el Golfo de Méjico. ¡Duros e irrecuperables reveses sufridos por los británicos a manos de España en el decurso de la Guerra de Independencia de sus colonias!

El rey de España, Carlos III, quiso que la hazaña protagonizada por Gálvez al adentrarse con su solo barco en la bahía de Pensacola quedara plasmada en el escudo de armas del malagueño añadiéndole el bergantín Galveztown con él mismo a bordo y con una leyenda, en lo alto, en la que rezaba “Yo solo”.

Como anecdotario clarificador de una solidaridad que se echa en falta en nuestros egoístas días bien está recordar que la ciudad natal de nuestro héroe, Málaga, tuvo que paralizar unas obras que realizaba en su catedral debido a que los donativos que aportaban sus habitantes para tal menester fueron por ellos mismos desviados para sufragar parte de los gastos bélicos de su insigne paisano, necesarios para su accionar en  la Guerra de la Independencia norteamericana en general y en especial para acometer la  formación y mantenimiento del ejército que Gálvez organizó, desde Cuba, para el asalto de Pensacola.

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JOAN CLARÓS

De este audaz guerrillero nacido en Barcelona, que tantos reveses ocasionó a los convoys y a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia que España libró contra la Francia napoleónica desde 1808 hasta principios de 1814, no vamos a argumentar, tal como hicimos al hablar de Arnau Mir de Tost, que la falta de divulgación sobre su señera figura se deba al referido castellanocentrismo imperante en una manera de plantear y explicar la historia que inicia sus atropellos por culpa de ese centralismo uniformizador que importaron los Borbones de Francia. Y no lo vamos a hacer puesto que algún otro guerrillero catalán coetáneo de nuestro protagonista sí que es frecuentemente mencionado en los textos históricos. Tal es el caso de Francesc Milans del Bosch.

La nómina de guerrilleros catalanes, que participaron en esta guerra, dignos de ser más que mencionados es verdaderamente extensa. Así pues nos podríamos acordar de un Narcís Cay, del canónigo Rovira o del barón de Eroles. Sin duda alguna la tradición del somatén (civiles que se armaban y guardaban los caminos) en Cataluña ayudó a la rápida formación de partidas guerrilleras.

Nuestro Joan Clarós ya había tenido experiencias bélicas en la guerra que en 1794 había enfrentado a nuestro país con Francia. Provenía del ejército y había sido ayudante mayor del Batallón Ligero de Gerona.

Debido a su reconocido valor, a su prestigio y a sus dotes para sacarle beneficio al terreno ahora lo encontramos, en la Guerra de la Independencia, a la cabeza del Segundo Tercio de Migueletes (voluntarios que luchaban en guerras), interceptando los convoyes franceses que traspasaban, en uno u otro sentido, la frontera hispanofrancesa. A tan solo dos meses de iniciada la guerra lo tenemos atacando y derrotando a una división francesa cerca de la localidad de Molins de Rei; ocasionándole a ésta más de 300 bajas. Poco después derrota al general Raille. Y en su no parar acude, a las órdenes del brigadier Caldagués, y junto –entre otros- a Milans del Bosch, a auxiliar a la sitiada Gerona, obligándose al general Duhesme a levantar (agosto de 1808 ) este segundo sitio de la ciudad. Clarós con sus somatenes (somatents) obliga, acto seguido, al general Reille (al cual ya había derrotado con anterioridad) a volverse con sus tropas a Francia,  sometiéndole a una persecución sin cuartel. Al año siguiente (marzo del 1809) consigue entrar con sus guerrilleros hasta, prácticamente, el corazón (Plaza del Ángel y Puerta del Ángel) de la ocupada ciudad de Barcelona. Sólo un fuerte temporal obstaculizó el logro de los objetivos fijados, pues las partidas de guerrilleros que debían confluir en la ciudad, por el lado opuesto, con los de Clarós no pudieron vadear el crecido río Besós y, además, los barcos de apoyo ingleses que se hallaban apostados cerca del puerto tuvieron que alejarse debido al citado temporal sin poder, por ello, auxiliar (embarcándolos) a los aislados guerrilleros de Clarós que, aun así, lograron bravamente romper el cerco al que quisieron someterles los franceses y aún tuvieron arrestos para librar, casi de inmediato, un sangriento combate en Molins de Rei. Gesta parecida realizó en la ya por entonces ocupada Gerona, llegando hasta sus mismas entrañas (San Medín).

Fueron numerosos los convoyes franceses que nuestro heroico guerrillero detuvo al norte de la provincia de Gerona hasta el punto de hacerse poco menos que imposible el circular de aquéllos más acá de la frontera entre Francia y España.

 Encontramos a Clarós con sus hombres contribuyendo de manera muy destacada a la exitosa resistencia del gerundense pueblo de Besalú a ser invadido por los soldados de Napoleón.

Pero no siendo suficientes los continuos desajustes que nuestro destacado jefe de migueletes (miquelets) propina a las tropas del Emperador decide ir más allá y en el cenit de la osadía, de la audacia, de la valentía y del golpe de efecto moral opta por penetrar en el mismísimo territorio francés (septiembre de 1810), imponer contribuciones en los municipios en los que irrumpe y despojar de sus armas a los guardias nacionales y apoderarse de ellas. Y todo ello, desde su condición de auténtico  caballero, sin cometer ningún atropello ni ninguna humillación (muy en contraste con la infame manera de actuar que sí solían tener las mesnadas francesas en nuestro territorio). Llevó a cabo esta audaz incursión conjuntamente con la partida guerrillera de otro personaje que también merecería un puesto de honor en los anales de las glorias de España, como lo fue el vicario y guerrillero Francesc Rovira, quien por sus continuadas hazañas acabó la guerra como brigadier; volviendo al seno de la iglesia.

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JOSÉ TOMÁS BOVES RODRÍGUEZ

Este asturiano de Oviedo se asentó desde bien joven en la venezolana región de Los Llanos y en ella se dedicó al comercio de ganado.

Aprovechándose con ruindad y de manera harto traidora de que la metrópoli estaba invadida por las tropas del Emperador Napoleón Bonaparte se desató, sobre todo entre la población criolla (descendiente de españoles) de muchas de nuestras colonias americanas, un movimiento insurgente de carácter independentista que no podía, a fin de cuentas, ocultar los verdaderos intereses –de índole económica- de dichas clases criollas dirigentes. Unos intereses que pretendían, entre otras aspiraciones, un libre comercio (para beneficio propio de estos privilegiados criollos) con otros países (léanse Francia o Inglaterra) que la metrópoli tenía prohibido.

La imposibilidad de enviar tropas desde España (totalmente dedicadas a la resistencia contra el ejército francés invasor) para sofocar la sediciosa rebelión fue, decíamos, harteramente aprovechada para orquestar el levantamiento en armas contra la Madre Patria.

La masonería y sus ideales antitradicionales jugaron un papel primordial en este levantamiento de alta traición. Así lo podemos comprobar en la adscripción de personajes como Simón Bolívar.

En esta situación encontramos a nuestro insigne compatriota: Boves organiza un ejército de leales a España con un considerable contingente de humildes llaneros (de la región de Los Llanos). Su carisma, su arrojo y su conocimiento de la región lo convierten rápidamente en todo un caudillo.

Será a finales de 1813 cuando Boves consigue formar su definitivo gran ejército, conocido como la “Legión Infernal”, que derrota a las tropas rebeldes de Bolívar en la batalla de La Puerta. Esta victoria abre el paso hacia Caracas (en poder de los independentistas; éstos habían declarado la II República en los territorios que controlaban) y en el camino hacia la capital las tropas bolivarianas que ven llegar a la “Legión Infernal” se prestan a abandonar rápida y temerosamente las ciudades. Caracas se entrega a las tropas de Boves y tras ella caen Valencia y Barcelona y se levanta el sitio al que los insurgentes habían sometido a Puerto Cabello; éstos, presas del pánico, abandonan –tras levantar el asedio-, sobre el terreno, un gran botín.

El hoy en día por tantos magnificado y glorificado Simón Bolívar es, pues, derrotado, una y otra vez por nuestro valeroso José Tomás Boves. Estos triunfos provocan que el Ministro Universal de Indias, en nombre del Rey de España -Fernando VII- eleve al ovetense al rango de coronel.

Con la victoria definitiva en esta guerra prácticamente asegurada se enfrenta a los separatistas en la Batalla de Urica. Fiel a su valiente actitud de no rehuir nunca la vanguardia en las batallas el infortunio caerá sobre nuestro militar, siendo mortalmente herido, el 5 de diciembre de 1818, de un lanzazo en esta batalla; lo cual no impedirá la victoria de las tropas leales al Rey de España y la desaparición de la sediciosa Segunda República.

Lastimosamente, ese reconocimiento a su valía plasmado en el ya comentado nombramiento a coronel, que le llegaba a través de una expedición salida desde la metrópoli, arribó tarde y no le alcanzó, pues, en vida, pero la gloria del héroe sí.

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ELOY GONZALO

Aunque se le conoce mejor como “El Héroe de Cascorro”.

Con este arrojado compatriota (al igual que con el siguiente, y último, que abordaremos) pretendemos rendirle su justo homenaje a todos aquellos héroes anónimos que han hecho posible que España escribiera tantísimas páginas gloriosas a lo largo de tantos siglos. Se trata a menudo de gentes de la tropa o, a lo sumo, de suboficiales.

Nuestro Eloy Gonzalo nació en Madrid y fue abandonado al nacer. Si esto le marcó su vida y le forjó un determinado carácter no lo sabemos pero lo que sí sabemos es que a los 28 años parte para la Guerra de Cuba. Lo hace, eso sí, de manera forzosa, por cuanto fue el único modo que tuvo de librarse de la pena impuesta por un delito de insubordinación del que fue acusado como soldado del Cuerpo de Carabineros. Se cuenta que el problema que le llevó a ser condenado podría haber tenido su origen en un supuesto affaire que hubieron podido mantener su por entonces novia con un oficial del Cuerpo. La contundente -y marcada por el sentido del honor- respuesta de nuestro héroe para con el oficial habría sido la causa de su condena.

Pues bien, en Cuba lo tenemos ya destinado en el puesto de Cascorro, dentro de la provincia de Camagüey. Estamos en abril de 1896.

El puesto militar está formado por tres fortines. Los mambises independentistas lo atacan y cercan el 22 de septiembre del mismo año. La columna de auxilio enviada para socorrer el puesto es detenida por los secesionistas. La situación es francamente desesperada, pese a lo cual el jefe de la guarnición (el capitán Neila) se niega  a rendirla. Desde dos casas cercanas los separatistas hostigan incesantemente el puesto. Ante un rápido golpe de mano de los soldados españoles los insurgentes huyen de una de ellas. Pero aún queda la otra y es por ello por lo que el capitán Neila pide voluntarios para intentar prenderle fuego. Nuestro Eloy Gonzalo se presta a ello, realizando, eso sí, una petición: que se le ate con una cuerda para que su cuerpo (tras la casi segura muerte) sea recuperado. Consigue incendiar la casa y volver a salvo a un destacamento que gracias a esta individual heroica acción consigue resistir el asedio con más holgura, hasta que, algunos días después, una columna mandada por el general Adolfo Jiménez Caballero libera el puesto de Cascorro.

Aunque nuestro héroe selló con esta gesta su contribución a las hazañas de nuestra historia no por ello se debe olvidar que tomó parte, posteriormente, en más acciones bélicas y que como fruto del valor mostrado en todas ellas fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito Militar. Tiene dedicada una estatua en la Plaza de Cascorro en Madrid.

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LUIS NOVAL Y FERRAO

Vamos a concluir este repaso a algunas de las más notables gestas protagonizadas por unos pocos de nuestros innumerables héroes patrios con otro de esos humildes servidores –un cabo- de nuestros ejércitos. Enlazamos, por tanto, con las intenciones que expusimos al introducir a la figura del Héroe de Cascorro, Eloy Gonzalo. Tratamos con el cabo Luis Noval y Ferrao; que al igual que el caso de nuestro también repasado José Tomás Boves, se trata de otro hijo de Oviedo. Lo encontramos destacado en territorio del Protectorado Español de Marruecos. La situación de los contingentes españoles es sumamente peligrosa, pues tan solo dos meses antes (27 de julio de 1909) el ejército español ha sufrido, a manos de las tribus rifeñas, la traumática derrota conocida como el Desastre del Barranco del Lobo.

Pues bien, Luis Noval y Ferrao se halla en el campamento del Regimiento del Príncipe. La unidad a la que pertenece Noval ha conseguido, tras seis largos y duros días de bravo combate, conquistar el poblado de el-Had de los Beni Sicar. Es de madrugada y nuestro cabo sale a supervisar la línea de escuchas. Todos duermen salvo los soldados de guardia. La noche es cerradamente oscura y Noval no se apercibe de que ha traspasado el perímetro de defensa. Esta circunstancia es aprovechada por el enemigo que, agazapado, se hallaba presto para el asalto al destacamento español y captura, por ello, a nuestro soldado. Le obligan los moros a acercarse a la alambrada defensiva y medio ocultos tras él y al amparo de la oscuridad gritan “¡Alto el fuego, que somos españoles!”. Tras escuchar esto el teniente Evaristo Álvarez logra distinguir la figura avanzada del cabo y ordena que no se abra fuego, pero ante el peligro vital que se cierne sobre todo el destacamento nuestro héroe cautivo se zafa de los rifeños que le estaban controlando y alerta a sus compañeros de armas con un “¡Tirar, que vengo entre moros!, ¡fuego!, ¡viva España!”,  que provoca el rápido fuego defensivo y el rechazo de los atacantes. Con el alba se realiza una salida desde el destacamento para evaluar el resultado del fuego nocturno, encontrándose el cadáver de nuestro heroico cabo con el fusil fuertemente asido con ambas manos y con su bayoneta ensangrentada. Al lado de él se encuentran dos marroquíes muertos. Uno de ellos tiene el pecho atravesado por un bayonetazo. Y es que nuestro cabo no sólo buscó la muerte segura al alertar a sus compañeros de armas sino que, además, murió peleando como un bravo.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



Evola y el judaismo
febrero 4, 2009, 7:51 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Julius Evola

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La postura que adoptó Julius Evola ante el judaísmo quedó muy bien definida en unos escritos que fue redactando a lo largo de los años ´30 y ´40 de la pasada centuria y que han sido recogidos en una compilación que fue traducida y editada, en 2.002, en castellano bajo el título de “Escritos sobre judaísmo” por Ediciones Heracles.Dicha postura la podríamos resumir de la siguiente manera:

El judaísmo no es el causante del actual estado de decadencia en que se halla inmerso el hombre moderno, sino que tan sólo representa un factor de aceleración del proceso de disolución de los valores eternos. Un Freud y un Adler, judíos ambos, redujeron el actuar de la conciencia al influjo directo del inconsciente y de lo subconsciente, esto es, de las pasiones, de los instintos, de las pulsiones incontroladas, de los sentimientos cegadores,… Pero sus teorías disolventes nunca hubieran podido aparecer y triunfar en nuestro mundo si siglos antes un no judío como René Descartes no hubiera intentado reducir el campo de la conciencia a lo meramente racionalista, pretendiendo, así, barrarle la vía de lo Superior, de lo Trascendente. Igualmente, en el triunfo del Tercer y Cuarto Estado, es decir, del espíritu burgués y del proletario intervino el judaísmo de forma muy preponderante, pero estos nefastos triunfos jamás hubieran sobrevenido si antes no hubieran existido las monarquías absolutistas carentes de la componente sacra que al poder político siempre le había sido consustancial en el Mundo Tradicional; y en cuya desacralización no había intervenido el judaísmo. Así pues éste actúa como detonante de procesos que ya habían iniciado la senda de la corrosión de los valores Tradicionales.

Por un lado, el judío fiel a la Ley mosaica maquina contra otros pueblos bajo los dictados que le marca el considerarse como el pueblo elegido por Yahvé. Por otro lado, el judío que se ha desmarcado de su Ley se mueve guiado por un atávico sentimiento de venganza hacia el pueblo indoeuropeo por los supuestos padecimientos a que le ha sometido históricamente. Además, este último tipo de judío, al haberse desmarcado de su religión, tampoco aspira con entusiasmo a su ´tierra prometida´ de Israel para poner punto y final a su diáspora, sino que continúa incrustado en otros países, acelerando en ellos los procesos de decadencia de que hemos hablando. Al no constituir, el pueblo judío, una raza, sino una amalgama de ellas -askenazis de origen tártaro, sefardíes, camitas,…-, el judío descreído no posee un terruño físico al que añorar, pues su remoto origen geográfico es múltiple y variado e Israel tiene, por el contrario, connotaciones de patria de origen religioso. Y es por esta razón, repetimos, por la que se contenta con no poner fin a su diáspora.

Al parecer de algunos autores Tradicionalistas el problema de las disolutas ideas que el judío ha ido vertiendo en el seno del Mundo Moderno y del espíritu materialista, monetarista y especulador que ha ayudado de manera inestimable a extender entre otros pueblos, se podría resolver si se reencontrara con su Tradición Solar que, según su opinión, tuvo y se hizo patente en la etapa de los reyes y que se trasluce en episodios bíblicos como el de la revuelta, que sería prometeica y heroica, de Jacob contra el ángel enviado por Yahvé. Según Evola estas pinceladas de concepción del mundo y de la Trascendencia viriles y Solares no le son innatas al judaísmo sino que no fueron más que una muestra más de la costumbre del judaísmo de copiar modelos de otras culturas y pueblos.

Nada mejor que transcribir unas líneas redactadas, en otro lugar, por Evola para confirmar, y entender con más profundidad, cuanto hemos dejado dicho:

“Las civilizaciones “arianas” –pueden contarse entre ellas, la de la antigua Grecia, de la antigua Roma, de la India, del Irán, del grupo nórdico-tracio y danubiano- redespertaron por un cierto período a la raza solar bajo la forma heroica, realizando así un parcial retorno a la pureza originaria. Puede decirse de las mismas que el elemento semítico, pero luego sobre todo el judaico, representó la antítesis más precisa, por ser tal elemento una especie de condensador de los detritos raciales y espirituales de las diferentes fuerzas que chocaron en el arcaico mundo mediterráneo. Se ha ya mencionado que, desde el punto de vista de la misma investigación de primer grado (el que hace referencia a la raza física), Israel debe ser considerado menos como una “raza” que como un “pueblo” (“raza” tan solo en un sentido totalmente genérico), habiendo confluido en el mismo razas muy diferentes, incluso de origen nórdico, como parece haber sido el caso respecto a los Filisteos. Desde el punto de vista de la raza del espíritu las cosas se encuentran en manera análoga: mientras que, en su necesidad de “redención” de la carne y en sus aspectos “místicos-proféticos” en el Judío parece aflorar la raza dionisíaca, el grueso materialismo de otros aspectos de tal pueblo y el relieve dado a un vínculo puramente colectivista señala la raza telúrica, su sensualismo la afrodítica, y, en fin, el carácter rígidamente dualista de su religiosidad no se encuentra privado de relaciones con la misma raza lunar.

También desde el punto de vista espiritual es necesario pues concebir a Israel como una realidad esencial compuesta; una “ley”, casi en la forma de una violencia, ha buscado mantener unidos a elementos muy heterogéneos y darles una cierta forma, cosa que, hasta cuando Israel se mantuvo sobre el plano de una civilización de tipo sacerdotal, pareció incluso lograrse. Pero en el momento en el cual el Judaísmo se materializó y, luego y más aun, cuando el Judío se desligó de su propia tradición y se “modernizó”, el fermento de descomposición y de caos, anteriormente retenido, tenía que volver a su estado libre y –ahora que la dispersión de Israel había introducido el elemento hebraico en casi todos los pueblos- tenía que actuar por contagio en sentido disgregativo en todo el mundo hasta convertirse en uno de los más preciosos y válidos instrumentos para el frente secreto de la subversión mundial. Separado de su Ley, que le sustituía a la patria y a la raza, el Judío representa la antiraza por excelencia, es una especie de peligroso paria étnico, cuyo internacionalismo es simplemente un reflejo de la naturaleza informe y disgregada de la materia prima de la cual aquel pueblo ha sido originariamente formado. Estas concepciones sin embargo hacen también comprender a aquel tipo medio de Judío, que mientras por un lado, para él y para los suyos, como tradicionalismo residual, observa en su estilo de vida un racismo práctico solidario, muchas veces incluso intransigente, en lo que se refiere a los otros deja en vez actuar las restantes tendencialidades, y ejerce aquella actividad deletérea que, por lo demás, se encuentra prescripta por la misma Ley hebraica e incluso indicada como obligatoria cuando haya que tratar con un no-judío, con el goim.” (1)

En “El mito de la sangre” (2) nos dice Evola que: “Es irrebatible que en el campo de la cultura, de la literatura, del arte, de la misma ciencia las “contribuciones” hebraicas, de manera directa o indirecta, convergen siempre hacia este efecto: falsificar, ironizar, mostrar como ilusorio o injusto todo aquello que para los pueblos arios tuvo siempre un valor de ideal, haciendo pasar tendenciosamente hacia un primer plano todo aquello que de sensual, sucio, animal se esconde, o resiste, en la naturaleza humana. Ensuciar toda sacralizad, hacer oscilar todo apoyo y toda certidumbre, infundir un sentido de perturbación espiritual tal de propiciar el abandono hacia fuerzas más bajas, en esto se manifiesta la acción hebraica, acción por lo demás esencialmente instintiva, natural, procedente de la esencia, de la “raza interna”, así como al fuego le resulta propio el quemar y a un ácido la corrosión”. De todos modos, en el mismo capítulo del que hemos extraído la anterior cita, nos acaba recordando Evola lo que ya señalamos en los primeros párrafos de este artículo: que “no se puede hacer de los Judíos las causas únicas y suficientes de toda subversión mundial”, pues “La acción judaica ha sido posible tan solo porque en la humanidad no-judía ya se habían determinado procesos de degeneración y de disgregación”.

(1) Corresponde al capítulo XII (“Las razas del espíritu en el mediterráneo arcaico y en el judaísmo”) de la Parte Tercera (“La raza del alma y del espíritu”) del libro “Sintesi della dottrina della raza”, escrito en 1.941, y traducido y editado al castellano por Ediciones Heracles, en 1ª edición en 1.996 y en 2ª ampliada en 2.005, bajo el título “La raza del espíritu”.

(2) También existe, por Ediciones Heracles, edición en castellano del año 2.006. Las citas extractadas corresponden al capítulo IX: “Racismo y antisemitismo”.



Texto para un solsticio
febrero 1, 2009, 6:43 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Textos para ceremonias

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…Y decidieron dejar de ser unos desarraigados.

 Y de masa adormecida, manipulada y alienada quisieron pasar a pensar, a actuar y a vivir como estirpe.

Se propusieron, pues, redescubrir sus raíces y reencontrarse consigo mismos.

Apostaron por desempolvar los valores de sus ancestros e insuflarles vida.

Se propusieron rescatar la cosmovisión que a sus más remotos padres había dado forma; rescatarla del olvido y del menosprecio a los que el mundo moderno la había sometido.

No dudaron en que, para no sucumbir definitivamente, debían recobrar la fidelidad a su sagrado linaje.

No vacilaron en que la sacra comunión con sus antepasados volvería a iluminar lo más profundo del ser de cada uno de ellos y a iluminar su destino como estirpe.

Percibieron que volverían a encender en su interior la llama de lo Absoluto si reencontraban el cordón dorado que les entroncaba con sus orígenes Trascendentes.

Rescataron el culto al fuego porque el fuego compartía su naturaleza luminosa con el Sol.

     Y, de esta manera, a través de ritos solares fueron accediendo al Conocimiento de la genuina Realidad Superior de la existencia; una Realidad Suprema que, si se quería acceder a ella, no entendía de lo mutable, de lo impulsivo ni de lo pasional, sino que sólo admitía una única vía: la vía activa y majestuosa del autodominio y de la impasibilidad.

Y, tras todo ello, supieron que los principios que, en adelante, les harían de guía, faro y eje no serían nunca más aquellos principios nefastos que les habían arrastrado hasta el actual paroxismo, hasta la presente decadencia.

Y así, con convicción, emprendieron el exigente camino.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



Texto para la presentación de un recién nacido
febrero 1, 2009, 6:42 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Textos para ceremonias

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Hace poco que alguien nos preguntó sobre la existencia de algún texto que le pudiese ser de utilidad a la hora de presentar a su recién nacido hijo ante algunos de sus más próximos y allegados camaradas. El que aparece a continuación nosotros se lo escribimos por si podía ser de su agrado y lo hemos querido publicar en estas páginas con la intención de que pueda ser aprovechado por cualquier otro camarada que se halle ante una tesitura similar. El texto representa una continuidad de intención con aquellos otros dos que ya publicamos en su momento y que llevaban por título el de “Texto para un solsticio” y el “Texto para una ceremonia de matrimonio”.

 

                                               ……………………………….. 

  “En este nuestro vástago se perpetúan los linajes de su padre y su madre. Y se perpetúa lo visible y lo invisible de ellos. Lo tangible y lo intangible. Lo físico y lo metafísico. Lo perceptible a través de los sentidos y lo que éstos no pueden percibir.

Se perpetúan, pues, ciertos rasgos físicos que suelen ser comunes a la generalidad, por un lado, del linaje paterno y, por el otro, del materno.

Se perpetúan, asimismo, un talante, un carácter y un modo de actuar que se pueden rastrear en buena parte de las estirpes del padre y de la madre.

Pero, como decíamos, en nuestro hijo no tan sólo se perpetúa lo tangible y lo visible de nuestras estirpes, sino que por él también transitan los invisibles genios de ambos linajes: los genios que siempre han impregnado a cada estirpe de una impronta especial y de un intransferible impulso.

 Esos genios, entendidos como fuerzas cósmicas o divinas, a los que los patricios romanos honraban y conservaban activos con el mantenimiento, en cada hogar, de la llama sagrada.

Y, más allá de estas fuerzas sutiles, anida en el interior de nuestro pequeño vástago la semilla de lo eterno e incondicionado que hasta él transmigró desde algún lugar y que espera, en su seno, crecer algún día.”

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



Nuevo texto para una ceremonia de Matrimonio
febrero 1, 2009, 6:39 pm
Filed under: Janus Montsalvat, Textos para ceremonias

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Y en los remotos tiempos el Principio Masculino y el Principio Femenino eran Uno sólo. Uno sólo incorruptible, imperecedero y eterno. Fuente de Luz y Luz en sí mismo.
Pero el Uno sólo fue relajándose en su tensión interior y perdiendo, paulatinamente, su Luz y su Sabiduría. La Luz fue tornándose oscuridad. Su unidad se empezó a resquebrajar y el Uno sólo dejó de serlo y se escindió en dos. De la unidad se pasó a la dualidad. De la unidad se pasó a la división y, así, los Principios Masculino y Femenino se desgajaron e iniciaron su devenir en el mundo por separado.
Del primigenio ser que, en los remotos tiempos, contenía ambos principios surgieron dos seres. Surgió el hombre y surgió la mujer. Y el hombre y la mujer, desde entonces, siempre anhelaron restaurar la unidad perdida y volver a ser Uno sólo. Pero, mientras se está a la larga espera de que acontezca el retorno de la Edad Áurea -la Edad de Oro en la que la Luz volverá para imponerse a la oscuridad y se restablecerá la ansiada unidad-, mientras se está a la espera de que los dos vuelvan a ser Uno sólo, mientras tanto, el hombre y la mujer no cejarán en su empeño de recrear la unidad perdida fundiéndose en uno en el momento del abrazo íntimo.

Así, no nos conformemos en calibrar este enlace entre vuestro enlace si no es en su dimensión más profunda y sacra: en aquella dimensión que os hará posible, a ambos, el superar contratiempos y desencuentros, porque cualquier problema que pueda acaecer en vuestra cotidiana convivencia lo podréis minimizar de inmediato cuando lo comparéis con las causas tan profundas y trascendentes que provocaron vuestra recíproca atracción. Causas que hunden sus raíces en tan remotos tiempos y contra las que ninguna contingencia ni ningún arrebato tienen nada que decir.

¡Felicidades!

Eduard Alcántara


TEXTO PARA UNA CEREMONIA DE MATRIMONIO

 Hace unos meses se casó un camarada nuestro. Escribió el siguiente texto y el sacerdote oficiante se lo dejó leer en el transcurso de la ceremonia nupcial. Lo enviamos por si a algún camarada en trance de contraer matrimonio le pudiera servir de inspiración, guía o modelo.

En primer lugar os damos las gracias por vuestra asistencia y colaboración en esta ceremonia sagrada. Como dijo un ilustre español: “escuetamente gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo”. Ahora, y con el permiso del Padre, voy a leer unas pocas líneas que yo mismo he escrito para esta ocasión:

La misión trascendente y sagrada del matrimonio es, principalmente, la de fundar una familia. En todo orden Tradicional la familia ha sido la célula básica de la sociedad. En una civilización en ruinas como la presente, dominada por las fuerzas de lo bajo, la familia quizás sea la única manera de mantenerse en pie ante la ola de decadencia, descomposición y pérdida absoluta de valores que nos rodea, puesto que ella es el núcleo que simboliza la salvaguarda de lo permanente. Tiene que ser como una GUARDIA DE HIERRO para tiempos de crisis como los actuales.

Tras las tinieblas de un mundo carcomido y en proceso de putrefacción total, ya se vislumbra en el horizonte el brillo dorado de una nueva edad de los héroes que pugna por nacer, al igual que la oscuridad de la noche sucumbe ante el renacimiento del Sol Invicto.

Nuestro Señor Jesucristo, sol de justicia, luz del norte y héroe universal de todos los ciclos humanos, con su verbo incomparable y su muerte triunfal alumbró toda una concepción del mundo viril y aristocrática: “esforzaos a entrar por la puerta angosta, porque os aseguro que muchos buscarán cómo entrar y no podrán”. Así sea.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



El Dalai Lama en Barcelona
febrero 1, 2009, 6:38 pm
Filed under: Janus Montsalvat, Religiones

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Si nos repugna el caos desastroso en el que se encuentra el catolicismo romano -sobre todo tras el claudicante y nauseabundo Concilio Vaticano II (1962-65)-, si miramos el estado en el que se encuentra el budismo tibetano el panorama no es mucho mejor.

Decimos esto con respecto a las sandeces y banalidades «políticamente correctas» que nos soltó su presunto gran representante el Dalai Lama paródico, en su última visita y conferencia en Barcelona ante un auditorio plagado de progres, separatistas, ecologistas afeminados y mujerzuelas con una visión hippy o «new age» del budismo… Claro, es la imagen deletérea que del budismo se tiene en este Occidente crepuscular y con un nivel de desacralización y de salvajismo que ni siquiera la plebe de África sería capaz de superar.

El Dalai Lama de risa nos repitió el típico discurso del Sistema que, por otra parte, también nos repite hasta la saciedad como una cotorra la Gran Prostituta romana (el Papa)… que si democracia, que si derechos humanos, que si separación entre
Estado y Religión -léase laicismo- cuando precisamente en toda sociedad auténticamente tradicional, el Estado así como cualquier acto de nuestra vida terrena -política, economía, deporte, arte, etc.- han de estar al servicio de la espiritualidad y de la religión (en su verdadera acepción de ésta, del latín re-ligare, es decir, unir lo divino con lo humano), que si pacifismo bovino y burgués (nada que ver con la «pax triunfalis» de la romanidad clásica), bla, bla, bla… Verdaderamente deleznable.

Está claro que al Dalai Lama su contacto con la modernidad desde que se exilió del Tibet le han convertido en una auténtica piltrafa y en una negación absoluta de la visión del mundo del Príncipe Buda «El Despertado». El presunto Dalai Lama de risa más que despertarse lo que ha hecho es dormirse sobre un montón de basura maloliente -la modernidad-.

Pero lo que más nos removió el estómago fue la imagen del baboso de Carod-Rovira saludando con una efusividad y devoción casi perrunas al Dalai de marras. Suponemos que para sus adentros -nos referimos al separatista y a todos los que comulgan con su antiespañolismo-, identifican la invasión y represión que el pueblo tibetano sufre por parte del comunismo chino con la presunta situación en la que se encuentra Cataluña, supuestamente invadida y reprimida por los españoles. Y es que sus cerebros andrajosos no dan para mucho más.

Claro que otro tanto podríamos decir de la ralea que se dice cristiana y luego apoya a ETA, a la creación de un risible y carcajeante «Estat Català», a la homosexualidad, al aborto, etc. A toda esta inmensa masa de imbéciles y de degenerados de toda laya, prepotentes, ensoberbecidos y complacientes, en definitiva, con su propia inmundicia, les espera, al decir del Apocalipsis de San Juan, la Muerte y les espera el Hades, es decir, la «segunda muerte» (después de la física) de la que hablan todas las tradiciones auténticamente espirituales: el lago de fuego donde van a parar las almas en pena que en vida no han
sabido despegarse en mayor o menor medida del mundo de lo ilusorio y de la mentira.

La democracia y el humanitarismo no tienen cabida en el más allá, sólo la Autoridad, la Totalidad, el Orden y la Jerarquía, valores todos ellos que horrorizan a este Occidente diabólico e igualitario. Leamos pues los textos sagrados de todas las tradiciones (antes de parlotear y de opinar histéricamente hay que leer, ¡imbéciles!) buscando siempre su valor simbólico y esotérico y dejemos de lado las sandeces del Dalai Lama paródico, de la Gran Prostituta Vaticana o de cualquier politicastro de turno o gilipollas pseudo-espiritualista pues, todos ellos sin excepción, están al servicio de las Fuerzas del Caos y de la Desintegración diabólicas y su fin en este mundo es el de desviar y desequilibrar a las multitudes.

En cuanto a los mamarrachos modernos que se las dan de «budistas» y que tienen de esa doctrina una visión telúrica y ginecocrática, les aconsejaríamos la lectura del gran libro de Evola «La doctrina del Despertar» donde nos expone cual era la naturaleza del budismo primigenio antes de plebeyizarse y, sobre todo, la personalidad completamente aristocrática y antidemocrática de Buda.

Suponemos que más de un pacifista pseudo-budista se caería de culo cuando leyera las citas de Buda contra el «vil vulgo» al que comparaba con la basura. La imagen de un Buda o un Cristo «políticamente correctos» sólo caben en mentes enfermas o en seres verdaderamente malditos. Por otro lado, Cristo -y esto lo decimos para toda esa lacra de los «cristianos de base»,
demócrata-cristianos, curitas progres y demás carroña- comparaba a la masa, a la plebe, con una piara de cerdos a los que no se les podía -no valía la pena, vamos- enseñar la auténtica doctrina.

Éstos prefieren adorar a un falso Cristo humanitario e igualitario y no al Cristo viril y aristocrático que había venido para traer «fuego, guerra y espada», que hablaba de la «violencia que hay en el reino de los cielos» o el que iba a dirigir a las naciones (Imperium sacro) con «cayado de hierro» (Apocalipsis de San Juan).

Precisamente «el hierro» del que habla el cristianismo primigenio y solar hacía referencia, simbólicamente, al metal que representa la dureza, el temple y la inflexibilidad, cualidades todas ellas que buscaríamos en vano en el mundo moderno y en sus gentecillas putrefactas. Sólo hay dos Vias a seguir, la cosmovisión tradicional -mito verdaderamente movilizador para
toda auténtica Revolución que se precie- o la Modernidad con todos sus anti-valores y pseudo-doctrinas, anti-mítica y progresista por esencia.

IGNE NATURA RENOVATUR INTEGRA

Joan Montcau



LOS FASCISMOS Y LA TRADICIÓN PRIMORDIAL
febrero 1, 2009, 6:30 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Política y tradición

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LOS FASCISMOS Y LA TRADICIÓN PRIMORDIAL

En primer lugar debemos de aclarar que si en el título del presente escrito hemos insertado el término de ‘Tradición Primordial’ en lugar del de ‘Tradicionalismo’ ha sido exclusivamente para evitar, desde un principio, malentendidos que pudieran hacer creer a algunos que íbamos a hablar sobre el ‘tradicionalismo’, así, en minúscula. En efecto, no pretendemos en absoluto hablar de esta corriente que, por ejemplo, en España como doctrina política, social y económica va, desde hace cerca de dos centurias, indisociablemente ligada al carlismo. De lo que queremos tratar es de una forma de entender y de vivir el mundo y la existencia que ha empujado al hombre, en determinados momentos de su historia, a encauzar todo su quehacer cotidiano hacia fines Elevados, Suprasensibles, Metafísicos,… y le ha llevado, en consecuencia, a configurar unos tejidos sociales, culturales, económicos y políticos guiados e impregnados hasta la médula por dichos valores Superiores y dirigidos a la aspiración de la consecución de un Fin Supremo, Trascendente. A esto denominamos Tradicionalismo, con mayúscula, a esta tendencia que tiene como modelo el de la Tradición Primordial que conformó la vida del Hombre de los orígenes; esto es, la vida del Hombre de la Edad de Oro descrita por Hesíodo o del Satya-yuga definido por la tradición indoaria.

Aclarado lo cual hemos de decir que más que tratar el tema del Tradicionalismo, el principal objetivo del presente escrito es el de desarmar a aquellos que han pretendido y pretenden enfrentar, incompatibilizar y yuxtaponer al fascismo, como movimiento genérico, y al Tradicionalismo.
Primeramente, les diríamos a estos creadores de discordias que analicen cuáles eran muchas de las principales metas a las que aspiraban los fascismos históricos. Y no tendrán más remedio que reconocer que dichas metas se enmarcan dentro de la definición que sobre el Tradicionalismo se ha hecho. A saber:
-Formación, antes que nada, de un ‘Hombre Nuevo’, adalid de una concepción espiritual de la vida; tal y como pretendía un Corneliu Z. Codreanu.
-Constitución de un tejido político-económico-social en el que el eje sería el ‘hombre como portador de valores eternos’ , ‘el hombre mitad monje, mitad soldado’ como muy bien expresó José Antonio Primo de Rivera.
-Renacimiento del espíritu, del talante, de la ética y de la cosmovisión de la Antigua Roma, ayudándose incluso del soporte de mucha de su simbología y ritualismo. Ardua tarea que, a partir de cierto período de su gobierno, emprendió Mussolini en Italia.
-Configuración de un tipo humano que adoptara como arquetipo a los héroes de los antiguos mitos y sagas germánicas; a lo cual se aspiró durante el III Reich.

Seguidamente conminaríamos a estos abanderados de la negación de lo obvio a que le echaran un vistazo a algunas de las estructuraciones sociales realizadas en aquella época histórica y a las interioridades de determinadas organizaciones claves en el seno de alguno de los regímenes políticos que son objeto de nuestro análisis. Como muestra de lo cual tenemos unas S.S. que se fueron ,
paulatinamente, configurando como la élite del Régimen surgido en Alemania tras el 30 de enero de l.933. Fueron, poco a poco, adoptando el papel de primera casta dentro de la comunidad, primeramente, alemana y, a lo largo de la II Guerra Mundial, incluso pretendiendo convertirse en rectoras de Europa. Casta en la que se combinaban lo guerrero y una fuerte formación ideológicoespiritual. Estamento ascéticoguerrero encabezado por una dirigencia que tenía su enclave supremo de reunión y decisión en el Castillo de Wewelsburg, alrededor de una mesa redonda jalonada por doce asientos ocupados más un treceavo, el asiento peligroso; siguiendo, pues, el modelo Tradicional del ciclo artúrico.
Jerárquicamente por debajo de la conocida como Orden Negra encontraríamos en el escalafón social a todos aquellos que centraban su vida laboral en actividades de orden económico.
Los diferentes agentes de la producción no se encuadraban en sendas organizaciones que deberían ser coordinadas por organismos del gobierno –tal como sucedió en la Italia Fascista-, sino que todos ellos formaban parte, sin distinciones, del Frente Alemán del Trabajo, como para que quedara bien claro que la auténtica jerarquía no es la que diferencia a empresarios, técnicos y obreros, sino la que, siempre según los parámetros de la Tradición, se da entre los ‘milites’ ascetas, por un lado, y los productores, por otro.
En uno de los momentos de mayor disolución de los valores y estructuras Tradicionales, en una de las fases más avanzadas de la decadente Edad de Hierro descrita por las sagas grecorromanas, de la Edad del Lobo de los mitos germánicos, o del Kali-yuga anunciado en los Vedas, en plena época de corrosión y subversión, y en tan solo unos pocos años, se estaba consiguiendo subyugar al ‘demonio de la economía’ y recolocando, en lo que hemos de considerar una auténtica convulsión revolucionaria – de ‘re-volvere’-, a cada estamento en el escalafón del que nunca debería de haber sido desplazado.

A continuación, recomendaríamos a los que se obstinan en negar la esencia Tradicional de los fascismos históricos que echasen un vistazo a su simbología y a su rituales; incluso a los de naturaleza léxica. Así, si la honradez representa un valor para ellos, deberían enmudecer ante:
-El símbolo solar e hiperbóreo de la esvástica.
-Las también solares águilas.
-Las cinco flechas falangistas que, aparte de su evidente carácter guerrero, tambén simbolizan los rayos del sol.
-La garra hispánica solar de las J.O.N.S.
-El cisne del sindicato estudiantil falangista, S.E.U.; el animal, solar por excelencia, que transporta al herido Arturo hasta el hiperbóreo Avalon.
-La cruz flechada del Movimiento Hungarista de Szalassi; símbolo que acrisola también espiritualidad y milicia.
-El mismo rayo enmarcado en una circunferencia, de la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley; otro símbolo solar para una organización política que notaba palpitar la llamada de la Restauración de los Valores Eternos, aunque no tuvo tiempo de tomar plena conciencia de esta necesidad.
-Canciones que hablan de ‘luceros’ y del tipo de existencia que en ellos debe darse: ‘haciendo guardia’, para no detenerse en el proceso de superación interior
iniciado en la existencia precedente; nada, pues, que ver con otras consabidas imágenes de paraísos celestiales donde prima un tipo de ‘felicidad’, en unos casos, indolente y laxa y, en otros casos, casi sensual.
-Canciones, como la anterior, que con un título como el de ‘Cara al Sol’ refleja, bien a las claras, un tipo de espiritualidad que rebasa formas religiosas, lunares y devocionales y entiende, por el contrario, de sacralidad olímpica, viril y heroica y, en definitiva, solar. Se mira al Sol, como símbolo de espiritualidad pura, de cara, de tú a tú, como lo haría cualquiera que aspirara a alejarse de formas sumisas de entender la Trascendencia, con el objetivo de avivar la lánguida llama de lo Absoluto que anida en nuestro interior para alcanzar la meta del Conocimiento Suprasensible.
-Términos para referirse a la Trascendencia como, por ejemplo, el de ‘la Providencia’ utilizado por Adolf Hitler que denota ese impulso, más o menos consciente, de superar, tal y como hemos expuesto en el anterior párrafo, la simple religiosidad que otorga formas, sean antropomórficas o de cualquier otro tipo, a lo que, en realidad, se encuentra por encima de dichas formas o, sencillamente, no las tiene debido a su naturaleza incondicionada: el Principio Supremo.
-Fórmulas rituales del lenguaje que consideran como ´presentes’ a los caídos en la lucha, porque dichas fórmulas son claro reflejo de una concepción existencial que no se ancla en el sendero de la vida terrena, sino que, como hemos dejado bien patente líneas arriba, entiende de estados del Ser que traspasan la caducidad de la existencia terrenal y finita.
-Celebración de rituales sacros de carácter solar, como los solsticios de invierno y de verano.

Igualmente, a los sembradores de semillas de la discordia no les vendría nada mal reflexionar sobre las siguientes anotaciones:
-La persecución, tanto doctrinal por parte de los diferentes fascismos, como legal en los países en los que lograron encaramarse al poder, la persecución, decíamos, a la que fueron sometidas sectas contrainiciáticas y, por tanto, antitradicionales, como la masonería liberal-especulativa o como las teosofistas y sus múltiples variantes y ramificaciones; tal cual sucedió para con estas últimas en el III Reich.
-Que ante un mundo hostil seguramente no era muy aconsejable desdeñar ningún arma al alcance para consolidar o aumentar la fuerza y/o el poder político y social, por lo que los actos de masas para atraer o afianzar la adhesión del pueblo son del todo comprensibles y justificables y no constituyen, ni muchísimo menos, ningún síntoma de cuál era la esencia auténtica y profunda de la corriente política e ideológica que estamos analizando.
-Que ciertos aspectos totalitarios de los fascismos históricos no obedecen a un sentir nivelador e inorgánico de la comunidad, sino que responden a la misma necesidad, que hemos mencionado, de conseguir apuntalar el poder político ante la enconada aversión y animadversión que contra ellos exhalaban los múltiples y poderosos arietes del disoluto Mundo Moderno.
-Que los espectaculares avances científicos y técnicos que, especialmente en la Alemania del nacionalsocialismo, se consiguieron no son señal de un cientifismo sin freno ni cortapisas que antepusiera el progreso material al desarrollo espiritual
sino que, por un lado, el progreso técnicocientífico estaba sometido, en todo momento, a los dictados de la ética; como, por ejemplo, queda bien claro con la prohibición que se hizo de experimentar con animales vivos. Y, por otro lado, estos avances resultaban vitales si es que se quería sobrevivir en medio de ese mundo tan hostil, del que hemos hecho alusión, que arrollaría, irremediablemente, todo intento de Reconstrucción Tradicional a no ser que se le antepusiera un sofisticado material bélico, fruto de una intensa investigación científica y de un complejo y desarrollado armatoste técnico.

En fin, a todos estos obviadores de la evidencia les impeleríamos a meditar sobre el porqué uno de los más grandes intérpretes de la Tradición, como lo fue Julius Evola, vio cómo los postulados vertidos en su ‘Síntesis de la doctrina sobre la raza’ entusiasmaron al propio Mussolini y estuvieron a punto de convertirse en la postura oficial, sobre el tema, del Régimen Fascista. O sobre el porqué del éxito que algunas de sus obras, como ‘Revuelta contra el mundo moderno’, tuvieron en la Alemania nazi. O sobre sus múltiples conferencias en suelo teutón durante dicha época. O, aparte de ciertas críticas que vertió sobre determinados aspectos que creemos haber justificado en los párrafos anteriores, que meditaran sobre el positivo análisis que hizo de tendencias y organizaciones del fascismo italiano y del nazismo alemán; también esbozados por nosotros en el presente artículo; sabido es, como no podía ser de otro modo en ningún Tradicionalista que se precie como tal, sabido es, decíamos, que en ningún otro movimiento político e ideológico del momento, salvo quizás el de la Revolución Conservadora alemana, encontró, nuestro autor, ningún punto loable desde la mira de la Tradición, sino que, bien al contrario, los constató como enteramente empapados del cariz corrosivo de la Edad de Hierro . O, proseguimos, bueno sería que meditaran sobre los halagos que le dedicó a la figura del rumano Codreanu. O sobre su estrecha colaboración, la de Evola, con la sección esoterista de las S.S.: la Anhenerbe; con la que precisamente trabajaba en Viena estudiando archivos y documentos de la masonería cuando, tras un bombardeo aliado, quedó paralítico de por vida.

Nada nos placería más, definitivamente, el que estos portaestandartes del manipulador distanciamiento se maravillaran, con nosotros, de cómo en plena fase decadente del kali-yuga se pudo Restaurar tanto, tan a contracorriente y en tan pocos años. ¿Hasta dónde se hubiera llegado de haberse alargado ni que fuera tan solo una década más el cabalgar de los fascismos históricos?

 

 

 



Juventud y nacionalsocialismo
febrero 1, 2009, 6:29 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Política y tradición

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Vamos a hacer unos sucintos comentarios sobre lo que fue la juventud nacionalsocialista durante el III Reich, sobre lo que son los jóvenes que hoy en día se definen como nacionalsocialistas y sobre el futuro que se otea entre la juventud que se defina como nacionalsocialista.

 Para analizar y, si cabe, comparar se necesitan unas adecuadas varas de medir, unos parámetros establecidos de antemano. Y nuestras varas de medir van a ser las de los diferentes niveles de racismo que hay que tener presente a la hora de ponerse a juzgar sobre si alguien ha sido, es o será de raza pura; y que nadie se escandalice por la utilización de esta expresión. Estos diferentes niveles de racismo a considerar ya fueron establecidos por Julius Evola hace bastantes décadas y se concretaban en un primer nivel denominado como el de la raza del espíritu, en un segundo que se ha venido a llamar como el de la raza del alma y en un tercero cuya denominación es el de la raza del cuerpo. 

Sin alargarnos demasiado por no ser éste el eje central del tema a tratar, pero con la intención de definir ideas que nos van a ser muy útiles para comentar y comparar diferentes generaciones de juventudes N.S., hemos de decir que cumple con la raza del espíritu aquel que es consciente de su naturaleza y origen sacros, aquel que concibe su vida como la de la lucha interior que persigue elevarse por encima de su simple condición humana para llegar al Conocimiento y a la vivencia de aquellas Realidades Metafísicas que trascienden el mundo físico y que, para llegar a ello, aspira a encender, en su interior, la mismísima Esencia Superior o Divina que alberga en estado aletargado. Así concibió siempre el mundo indoeuropeo la Espiritualidad. Y cumple con la raza del alma, o de la mente, aquel que atesora las cualidades del carácter que caracterizaron a nuestros ancestros indoarios. 

Cualidades tales como la capacidad de autosuperación, de entrega y sacrificio por un ideal, la nobleza, la fidelidad, la camaradería, la sinceridad, el valor, el honor, el heroísmo, la autodisciplina, la templanza o el autocontrol y dominio de sí mismo. Cumple, finalmente, con la raza del cuerpo aquel que es sabedor de que cada raza física es portadora de un tipo de espiritualidad y de unos valores concretos y que, en consecuencia, aspira a conservarla intacta de cruces e interferencias distorsionadoras y suicidas con otras razas. Sólo a quien, en definitiva, cumple, con estos tres niveles raciales, esto es, con la raza del espíritu, con la raza del alma y con la raza del cuerpo, se le puede considerar como de raza pura; a vueltas otra vez con la expresión tabú? Establecido todo lo cual, ahora sí que podemos preguntarnos si fue de raza pura la juventud hitleriana. Y claro está que se mantuvo libre de mezclas con otras razas y que, además, se empeñó en mejorar el estado de su cuerpo a través del ejercicio físico, de los buenos hábitos alimenticios, de su desprecio al alcohol y de su contacto continuado con la naturaleza. Por tanto, obvio es afirmar que cumplió con creces con la raza del cuerpo. 

Se le inculcaron los valores propios del alma indoeuropea que hemos enumerado párrafos más arriba y, además, esos valores fueron impregnando su carácter y su personalidad y se fueron haciendo realidad a través de la forja que representó la práctica del deporte, de las actividades que formaban parte de los campamentos que se organizaban, de su participación en el Servicio del Trabajo o en el Servicio Militar. La heroica participación de la Juventud Hitleriana en los trágicos estertores de la II Guerra Mundial confirmó que dicha juventud, de manera más que sobresaliente, había cumplido con la raza del alma. Así mismo, a través de ritos solares que, especialmente en salidas al campo, acostumbraban a tener como soporte simbólico el fuego se les hizo partícipes, a los jóvenes del III Reich, de celebraciones sagradas que les acercaron a la manera que nuestros antepasados tenían de concebir la Trascendencia. Es por esto que se iba en el camino adecuado para que aquella juventud también cumpliera con la raza del espíritu. Por todo lo cual creemos que queda bastante contestada la pregunta formulada acerca de si la juventud del III Reich fue de raza pura. Pues bien, ahora toca preguntarse si cumple también con todos estos requisitos la actual juventud N.S.: Por un lado evita las cruzas con otras razas pero, por otro lado, no es excesivamente dada al ejercicio físico y no es del todo ajena, por ejemplo, al consumo de alcohol o de tabaco. Por tanto no cuida ni forja su cuerpo como debiera. 

Es decir, no cumple, salvo no pocas honrosas excepciones, con la raza del cuerpo. Y no cumple con ella porque no cumple con la del alma, ya que al haber nacido y haber crecido en un mundo tan laxo, hedonista, concupiscente y aburguesado como el de nuestras sociedades liberales no ha hecho posible poder despertar en su interior, en la medida adecuada, los valores que hemos citado como propios del alma de los pueblos indoeuropeos; valores que de haber podido desarrollar le habrían sido muy útiles para inculcarle también a su soporte físico una disciplina que le hubiera hecho cumplir con la raza del cuerpo. Muchos jóvenes que se definen como N.S. adolecen de los mismos defectos en la esfera del alma-mente de los que es víctima el resto de nuestra juventud contemporánea: son indisciplinados, son impuntuales, son inconstantes en sus aficiones y se inclinan frecuentemente al chismorreo y a la crítica fácil y destructiva; nuevamente hay que señalar que, afortunadamente, las excepciones no escasean. Nos preguntamos, por último, si cumplen, al menos, con la raza del espíritu.

 Pues bien, deberíamos decir que la mayoría de los jóvenes que enarbolan la bandera del nacionalsocialismo sienten la llamada de la Trascendencia y son conscientes de que existe una Realidad que se encuentra más allá del mundo que nuestros sentidos son capaces de aprehender. Participan en ceremonias sagradas, en actos solsticiales y conocen cual es el tipo de espiritualidad que abrazó siempre el indoario y que, en consecuencia, es el connatural a él. Otra cosa muy diferente es lograr que el joven N.S. se aventure por el camino de la superación interior de la simple condición finita del ser humano para adentrarse en el Conocimiento y en la vivencia de lo Eterno que anida en su fuero interno y que él debe despertar. Para conseguir emprender este camino se necesita una autodisciplina en la esfera de la raza del alma de la que no es poseedor el común de nuestros jóvenes N.S. 

Expuesto todo lo cual, no cabe apostillar que la actual juventud nacionalsocialista dista mucho de ser de raza pura. Nos queda, pues intentar vislumbrar qué rasgos pueden caracterizar a las futuras generaciones de jóvenes nacionalsocialistas. Y hemos de decir que visto lo visto con las actuales, las venideras no pintan buen panorama, ya que es un todopoderoso mundo disoluto y disolvente el que va emponzoñando al joven desde su más tierna infancia y el desprenderse de tanto nefasto lastre supone, para el joven que se ha decantado por el nacionalsocialismo, una ímproba, larga, ardua, inacabable, titánica y casi quimérica labor. No perdiendo nunca del todo la esperanza, otra muy diferente situación se daría si se arribara al poder y la juventud ya no tuviera que criarse entre las inmundicias corrosivas engendradas por la liberalpartitocracia. Pero si este sueño no acontece en un futuro, no hay que dejar de tener presente que, por muchas deficiencias que manifieste, siempre acabará gozando de cualidades mucho más elevadas un joven que tenga la suerte o la posibilidad de decantarse por el nacionalsocialismo que otro que no tenga más manera de ´entender´ la existencia que la que le ´ofrece´ el mundo demoburgués. 



El enemigo metafísico
febrero 1, 2009, 6:28 pm
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Con motivo del actual conflicto iraquí, hemos podido observar, y podemos seguir haciéndolo, cómo desde el bando que detenta el poder mediático, económico y militar se ha demonizado, y se demoniza, al enemigo. Desde medios oficiales y desde canales ´informativos´ no se ha parado de verter todo tipo de acusaciones sobre las ´maldades´ del régimen ya derribado. El bombardeo que hemos recibido, y recibimos, desde los mass media ha sido, y es, constante y apabullante. Pero, por otro lado, no han faltado las voces discordantes que, en el mismo seno de Occidente, han mostrado, y muestran, sus discrepancias hacia la versión oficial que se nos ha dado, y se nos da, acerca de todo lo relacionado con este grave conflicto. Y estas voces discordantes no sólo las hemos oído y escuchado, y las oímos y escuchamos, en medios y círculos marginados por el Sistema que domina Occidente y la mayor parte de nuestro planeta, sino que también han tenido, y tienen, amplia cancha en los grandes medios de ´comunicación´. Desde los mismos se ha discrepado, y se discrepa, por ejemplo, sobre la veracidad de la posesión de las presuntas armas de destrucción masiva de que dispondía el depuesto Régimen iraquí. Se han intentado, y se intentan, desenmascarar cuales han sido las auténticas razones que han llevado a las llamadas tropas de la coalición a invadir Iraq. Se han presentado, y se presentan, a los intereses petrolíferos como uno de los principales motivos que han provocado la ocupación del país. En definitiva, se le ha llevado, y se le lleva, al Establishment la contraria. Se le ha criticado, y se le critica, duramente su actuación y el común de los mortales ha tenido, y tiene, acceso a estas críticas debido a que encuentran amplio hueco y eco en los mass media. En resumidas cuentas, el bando derrotado militarmente, el iraquí, ha tenido, y tiene, la posibilidad de ser mediática y periodísticamente defendido en prácticamente todo tipo de foros y por todo tipo de cauces. Ante esta evidencia nos podríamos preguntar sobre el porqué, tras casi transcurridos sesenta años desde la finalización de la II Guerra Mundial, el Sistema no permite que se exprese y que se oiga ninguna voz discordante con respecto a la versión oficial y única que se nos ha hecho, y se nos hace, tragar con embudo al respecto de muchos de los acontecimientos acaecidos antes y durante la mayor conflagración bélica de la historia y al respecto de muchos de sus protagonistas. Muchos se preguntan sobre el porqué de tanta represión contra toda postura, opinión y comentario disonante acerca de hechos ya bastante distantes en el tiempo. Y si tenemos que buscar una respuesta a dicha pregunta lo haríamos con la siguiente sentencia: los llamados aliados no combatieron contra un enemigo simplemente político, ni lo hicieron por razones de carácter geoestratégico o por otras de tipo básicamente económico, sino que combatieron contra su ENEMIGO METAFÍSICO. Sí, en efecto, en los países que conformaron el Eje, en los diferentes fascismos que afloraron en esa época y en el nacionalsocialismo el mundo demoplutocrático se topó bruscamente con su antípoda y observó aterrado cómo una cosmovisión antagónica a la materialista que dicho mundo defendía y promovía, podía poner en juego nada más y nada menos que su mismísima existencia. Observó con pavor cómo sus aburguesados, racionalistas y positivistas contravalores podían ser fulminados por la irrupción de una concepción de la vida basada en valores Superiores, cimentada sobre un sentido Trascendente de la existencia y sobre una manera viril, activa, olímpica, heroica y solar de concebir dicho hecho Trascendente. Vio cómo su promiscuo igualitarismo corría peligro de ser sustituido por un ordenamiento jerárquico y orgánico de la comunidad. Observó cómo la acomodaticia laxitud anímica que promovía podría ser reemplazada por el espíritu de servicio y de sacrificio y por la autodisciplina de la persona. Se apercibió de que el individualismo y el egoísmo que le eran innatos a su filosofía de la vida podrían ser sustituidos por la fidelidad y la camaradería. Contempló cómo la charlatanería, la concupiscencia y el hedonismo a los que se sentía tan apegado corrían el peligro de ser barridos por la austeridad, por lo lacónico, por la gravedad de carácter y por el autodominio y por el control, superación y desapego del hombre con respecto a los bajos instintos e impulsos que lo conducen a la bestialización. En definitiva, ese mundo demoliberal se horrorizó ante la posibilidad de llegar a su fin, de ser vencido por otro mundo que encarnaba los valores perennes de aquella lejana Tradición Primordial que había informado la vida de nuestros ancestros y que había sido, poco a poco, sustituida por el corrosivo y deletéreo mundo moderno que los llamados países Aliados abanderaban. Se trató, pues, más que de un conflicto bélico, de un CONFLICTO CÓSMICO. Se enfrentaban los Aliados contra el Eje, esto es, la materia contra el Espíritu, el caos contra el Orden, lo inferior contra lo Superior, la Edad de Hierro más disoluta contra el intento heroico de restaurar la Edad de Oro. La plutocracia no vio, pues, un enemigo físico delante suyo, vio, por el contrario, un ENEMIGO METAFÍSICO. No contempló ante sí a un oponente político y/o ideológico que propusiera alternativas parciales a sus iluministas postulados, contempló, por el contrario, cómo se le oponía, enfrente suyo, una ÍNTEGRA ALTERNATIVA que partía de una COSMOVISIÓN RADICALMENTE OPUESTA a la suya. Además, la partitocracia demoburguesa lo último que podía consentir era que dicha radical alternativa le surgiera allá donde ella tenía su origen, donde creció y donde se hallaba su principal feudo: en Occidente. Sí, en el interior de su mismo solar… Tan mal lo pasó el plutocratismo ante la irrupción de los diferentes movimientos fascistas, tanta zozobra experimentó ante la posibilidad de ser erradicado que, hoy en día, cuando han transcurrido tantas décadas y debiera analizarse aquella época con los ojos objetivos del buen historiador, aplasta sin miramientos a cualquiera que aluda, no ya de forma admirativa sino incluso imparcial, al fenómeno fascista y/o nacionalsocialista. Se encarcela, se multa, se requisan libros, se prohíben organizaciones o asociaciones políticas o culturales… No importa que se trate de rebrotes testimoniales que no supongan ningún peligro efectivo para el Sistema. No importa, no. El Sistema será implacable y no tendrá piedad hacia nadie que ose no tratar con desprecio a aquellas gentes y a aquellos movimientos que, allá por los años ´30 y ´40 del pasado siglo, tan mal se lo hizo pasar. No se andará con ningún tipo de contemplaciones. Actuará, si cabe, de la manera más injusta y arbitraria que haga falta para no llegue a conocimiento de nadie el que en un tiempo no muy lejano un mundo totalmente diferente a éste que nos ha tocado sufrir tuvo serias posibilidades de regir nuestras vidas.