Julius Evola. Septentrionis Lux


RAC, rock y cosmovisión indoeuropea
julio 4, 2009, 11:43 am
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara

En el presente escrito nos proponemos, por un lado, romper una lanza, o varias, a favor de la música que interpretan los skinheads nacionalsocialistas y, por otro lado, aprovechar algunos de los argumentos de apoyo que en este empeño se utilizarán para fijar con mayor contundencia los que, según nuestro parecer, son, o deberían ser, algunos de los parámetros existenciales y de pensamiento en los que se yergue nuestra Alternativa al Sistema.

 

     En primer lugar, y para aclarar términos, hemos de decir que como música OI! se acostumbraba a definir la de los skins N.S., pero la verdad es que el sonido OI! también es seguido por skins desideologizados. Por otro lado, la realidad es que la mayoría de grupos musicales de rapados N.S. siempre ha interpretado sonidos más contundentes, utilizado voces más graves y seguido ritmos más rápidos que los del netamente OI! Por lo cual va siendo cada vez más común utilizar, en su lugar, las siglas R.A.C., puesto que de esta manera se matan dos pájaros de un tiro: se diferencian dos estilos musicales diferentes y se evidencia la carga ideológica de uno de ellos, el propiamente N.S.: R.A.C. (Rock Against Communism= rock contra comunismo).

     Pues bien, más de una vez habremos escuchado a alguien, de entre nuestras filas, afirmar que le encantan las letras de las canciones R.A.C., pero no así su estilo musical, al que, como variedad del rock, encuentran propio del mundo decadente que nos ha tocado padecer.

     ¿Pero por qué encuentran decadente el rock?¿Tal vez porque su existencia coincide con la de un período histórico también decadente? Si es ésta la razón, que no duden igualmente en condenar la música clásica, de la que sí suelen ser entusiastas, puesto que su existencia corre paralela a una Edad Moderna y a una Edad Contemporánea en las que valores como el de la Trascendencia, el heroísmo, la valentía, el espíritu de entrega, de disciplina, de sacrificio y de autosuperación, la fidelidad, la jerarquía o el honor propios del Mundo Tradicional y muy presentes aún en la Edad Antigua y en Edad Media, fueron pasando al olvido y siendo sustituidos por los contravalores que nos disuelven en el marasmo materialista del Mundo Moderno.

     No olvidemos que la Música Clásica nace y se desarrolla en períodos históricos en los que nacen el antropocentrismo y el humanismo enemigos de la genuina espiritualidad y egocéntricos para el hombre, el protestantismo ligado al mercantilismo, el racionalismo negador de las Realidades Suprasensibles que superan la naturaleza alicorta del pensamiento lógico, su primogénita la Ilustración, el liberalismo, la democracia, el capitalismo, el evolucionismo enemigo de nuestro origen divino, el enfermizo y retorcido psicoanálisis, el marxismo, el anarquismo, el positivismo, el igualitarismo,…

    

      ¿Tal vez encuentran decadente el rock por su estilo musical? Si es así les diríamos que la contundencia sonora del rock y sus rápidos ritmos difícilmente conducirán a quienes lo interpretan, siguen y/o escuchan al estado de abotardamiento, mansedumbre y sensibilonería al que, por ejemplo, conduce la música romántica. Y, aunque por supuesto no pretendemos confundir música romántica con música del Romanticismo, no olvidemos que entre nuestros exclusivistas seguidores de música clásica priman, de manera apabullante, los que se decantan por autores del Romanticismo. Autores, algunos, que con sus melodías y dramas exaltadores de las pasiones y de los sentimientos no hicieron (aunque, eso sí, con unas muy buenas intención y finalidad) más que hacernos llegar traslúcida –no transparente y diáfana- la visión, al igual que la percepción y el conocimiento, de unos valiosos mitos, leyendas y personajes de nuestra tradición indoeuropea.

             Solamente podremos llegar a ser Hombres, con mayúscula, u hombres diferenciados –como gustaba definir a Julius Evola- si percibimos el mundo que nos rodea con serenidad, si no nos dejamos obnubilar, embriagar ni cegar por los sentimientos, por los sentidos ni por las pasiones que, por ejemplo, tan inherentes fueron al Romanticismo. Únicamente desembarazándonos de la esclavitud a que éstos nos someten podremos conseguir la calma interna necesaria para que el Espíritu venza en esa Gran Guerra Santa interior de la que hablan algunas tradiciones y, de esta manera, se enseñoree de nosotros para que así podamos también, algún día, traspolar nuestro Nuevo Orden interno al mundo que nos rodea, haciendo que nuestro sentido Trascendente de la existencia se yerga victorioso sobre la Materia y que nuestros, hoy aletargados, valores ancestrales indoeuropeos se impongan al corrosivo, ruin, embrutecido, igualitarista y vil submundo que nos bestializa a pasos agigantados.

 

      Podríamos equiparar el rápido ritmo del rock con los también acelerados ritmos de muchas danzas tradicionales que en épocas más o menos remotas se utilizaban, en ocasiones, para transportar al Iniciado hacia otros estados de conciencia diferentes al ordinario, en los que podía llegar a percibir la Realidad Trascendente.

 

     También deberíamos señalar que si, tal como hemos apuntado con anterioridad, la música romántica y la clásica nos pueden hacer caer en un estado de amodorramiento, de atortolamiento o de tristeza y depresión, la música rock, al contrario, insufla una energía y un ímpetu que van en consonancia con algunos de los atributos que siempre caracterizaron al hombre indoeuropeo o hiperbóreo: como su sentido guerrero de la vida y la existencia y, por tanto, la elección, que siempre hizo, de la vía de la acción como camino para conseguir su transformación interna, su Iluminación y su acceso al Conocimiento de lo Metafísico. Contrariamente a nuestro pueblo, por ejemplo Oriente ha optado, casi siempre, por la vía de la contemplación –vía pasiva- como método de accesis espiritual.

 

      A más de uno le puede parecer una banalidad la afirmación que cada vez realizan más jóvenes nacionalrevolucionarios de que “el rock es ario”. No vamos a entrar -por no ser tema de estas líneas- en la definición correcta de ario, que es un vocablo de más connotaciones espirituales que raciales, pero sí debemos constatar, casi como para corroborar algunas de las ideas expresadas en el párrafo anterior, la inexistencia casi total de negros en bandas de cualquier variedad de rock; sea de rock and roll, de rock duro, de heavy metal, de trash metal, de hardcore,… Y es que a la naturaleza del negro no le puede atraer música enérgica como la rockera, sino sensual como la samba o la salsa.  

     Acabaremos diciendo que mucho nos sorprende cómo algunos de los camaradas que tanto critican al R.A.C. en particular o al rock en general, son grandes aficionados al jazz; estilo musical, por raíz y esencia, eminentemente emparentado con el pueblo negro. Y lo más chocante del caso es que hablamos de destacados, encomiables y ejemplares camaradas.

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