Julius Evola. Septentrionis Lux


Medio Moros, medio judíos?
julio 5, 2009, 11:04 am
Filed under: Eduard Alcántara, Historia

Una de las armas que el Sistema y sus más o menos reconocidos adláteres utilizan con mayor predilección para que España, y por ende sus legítimos pobladores, pasen a formar parte, sumisa y definitivamente, de la Aldea Global amorfa y de encefalograma plano en que intrigan en convertir a nuestro planeta, es la de convencernos de que nuestras venas están regadas, en proporción nada desdeñable, por sangre de pueblos que nada tienen que ver con el indoeuropeo o ario ( o lo que viene a ser lo mismo, blanco no semita ) y con su consiguiente concepción vital, y de que, por tanto, no somos -los españoles- más que un híbrido racial sin personalidad ni acervo propios y originales que valgan la pena defender ni conservar. Un híbrido que , en lógica consecuencia, debería aceptar sin rechistar el mestizaje con todo tipo de razas que, al mezclarse, irían perdiendo, paulatina e inexorablemente sus inherentes, peculiares y diferenciadoras idiosincrasias, potencialidades, costumbres, hábitos y culturas, en beneficio de un nuevo género humano uniforme que, al haber sido desposeido de identidad, será fácilmente programable por los garantes del Sistema de Valores Dominantes y se convertirá en servil esclavo del Pensamiento Único y en autómata que (bajo el tintineo machacante de las soflamas caducas, vacías y demagógicas -de Igualdad, Libertad y Fraternidad- que sin cesar escuchará) bovinamente asumirá los únicos papeles que se le asignarán: el de mero medio de producción y/o el de voraz y frenético consumista, para mayor hinchazón del opresor armatoste capitalista.
Para que aceptemos este papel que se nos tiene asignado, se nos intentará borrar cualquier vestigio de orgullo racial que podamos sentir, pues el desarraigo del hombre con respecto a su familia, a su clan, estirpe, etnia o raza lo hace fácilmente manipulable y lo convierte en potencial instrumento al servicio de cualquier bajo, obscuro e innoble propósito. Se nos dirá aquello tantas veces repetido por “librepensadores” y “progresistas” de que somos “medio moros y medio judíos”, con el objeto de que si cualquiera pudiera experimentar el dicho orgullo de pertenecer a los pueblos blancos que tanta gloria y grandeza han desbordado a lo largo de la historia de la humanidad, empiece a percibir este sentimiento de pertenencia al mundo indoeuropeo o boreal -tal como gustaba definirlo al gran intérprete de la Tradición Primordial, Julius Evola- como un error en que se hallaba sumido; percepción del “error” que le hará renunciar a sus principios y a la visión del mundo que caracterizó el obrar de los pueblos arios y, en lógica consecuencia, le hará arrodillarse dócilmente bajo los pies del gigante mundialista y globalizador.
Y, para eliminar la ponzoña ideológica con la que se nos quiere envenenar, no tenemos nada más sencillo que recurrir a la profilaxis que nos ofrece la historia para comprobar que únicamente son pueblos de origen boreal (nuestras tradiciones y mitos más remotos sitúan los orígenes de los pueblos indoeuropeos en tierras situadas en lo más septentrional de nuestro planeta y conocidas con nombres como el de Thule o Hiperbórea), de origen boreal, decíamos, los que podemos considerar como antepasados nuestros de sangre. Y estos pueblos son, principalmente, íberos, celtas, romanos y visigodos.
Quien se haya sorprendido por la gran similitud existente entre el alfabeto rúnico nórdicogermánico y el íbero, quien sepa que también los íberos practicaban el rito funerario -exclusivo de los pueblos boreales- de la incineración, quien sea consciente de la organización jerárquica de este pueblo y de su concepción guerrera de la vida. Quien todo esto no ignore, no dudará, en modo alguno, de la naturaleza indoaria de los íberos; entre los que con toda probabilidad y dicho sea de paso, se encontraban los vascos o vascones -único pueblo que, al refugio de las montañas, pudo conservar su antigua lengua íbera: el éuscaro o vascuence.
Sobre los celtas, como antepasados nuestros, deberíamos aclarar que la zona que ocupa la Meseta Central de nuestra península, que generalmente se había considerado como habitada en la época prerromana por pueblos resultantes de la fusión física y cultural de íberos y celtas ? los conocidos como celtíberos -, habría estado ocupada en realidad exclusivamente por celtas. La confusión histórica habría tenido lugar por hechos como, por ejemplo, el que los erróneamente considerados como celtíberos utilizaban el alfabeto íbero.
Pero el análisis lingüístico realizado durante los últimos años, en torno a las inscripciones encontradas en restos y yacimientos arqueológicos de la Meseta han demostrado que, aunque el alfabeto era íbero, las estructuras sintácticas son las propias de las lenguas celtas. Por lo cual hemos de deducir que pertenecían a este último pueblo quienes grabaron dichas inscripciones, aunque adoptaran como suyo el alfabeto del vecino pueblo.
Fueron muchos los siglos en que nuestras tierras peninsulares -al principio parcialmente, más adelante por completo- formaron parte del orbe romano. Desde el siglo III a.C., en que las legiones vinieron para combatir a los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica, hasta que, a finales del siglo V d.C., se acaba desmoronando el Imperio Romano de Occidente, el aporte racial romano es más que considerable. En un principio fueron, básicamente, legionarios destinados a Hispania que, al licenciarse, recibieron tierras en la Península y se establecieron en ella. Más tarde, artesanos y comerciantes provenientes de la capital del Imperio -y de otros puntos más o menos alejados de ella- fueron también estableciéndose paulatinamente en nuestro territorio.
Nuestra cuarta y última aportación racial la recibimos de los visigodos que, poco a poco, empezaron a unirse sanguíneamente con la población existente antes de su llegada. Una población resultante de la total fusión habida entre íberos, celtas y romanos y conocida históricamente con el nombre de hispanorromana. Lo que empezó ,con el transcurrir de los años, a convertirse en generalizadas uniones matrimoniales entre visigodos e hispanorromanos, hubo, a la postre, de considerarse como acorde con las leyes y así quedó constancia con la promulgación del “Liber visigotium” o Fuero Juzgo.
Sólo cabe calificar de local, reducida, mínima o ridícula e insignificante cualquier otra contribución a la configuración fisica de los españoles, por parte de otras etnias y razas. Nuestro siguiente objetivo consistirá pues, en dejar los puntos sobre las ies de este otro tema.
Y, cronológicamente hablando, corresponde empezar por fenicios y griegos. Semitas los primeros, indoeuropeos los segundos. Ambos llegaron a nuestra península con fines exclusivamente mercantiles y en pequeño número. Únicamente fundaron algunas colonias o factorías en nuestro litoral meridional y de levante, con el objetivo de comerciar con los asentamientos íberos vecinos. Nunca tuvieron en mente propósitos pobladores algunos. Toca dejar claro que los cartagineses -de origen fenicio- sólo estuvieron de paso por nuestras tierras con motivo de la Segunda Guerra Púnica que mantuvieron con los romanos.
Avanzando por el tiempo llegamos a las invasiones germánicas (suevos, alanos, vándalos,…) -más o menos coincidentes cronológicamente con la visigoda- que precipitan el fin del Imperio romano de Occidente y de entre las que destaca la sueva, por su posterior, aunque localizada, fusión con la población que, por esas fechas, habitaba la actual Galicia. Los alanos, que acabaron fundiéndose con las gentes que moraban los territorios de lo que hoy en día es Portugal, no representaron un contingente especialmente numeroso. Y los vándalos fueron expulsados, desde el reino que habían establecido en el sur de España, hacia el norte de África por el empuje de un reino visigodo que, a la postre, quedó desmantelado tras la invasión
musulmana iniciada a principios del siglo VIII.
Musulmanes entre los que se contaba una proporción muy elevada de descendientes de vándalos islamizados y entre los cuales apellidos como el de Tariq (o Taric), uno de los dos principales caudillos de la invasión inicial del año 711, denotan su origen germánico; apellido que, por su coincidente terminación, nos evoca el de reyes visigodos como Alaric (o Alarico) o Roderic (Rodrigo). Musulmanes, asimismo, que trajeron consigo un buen número de esclavos procedentes de otra etnia indoeuropea, como la eslava -de aquí el origen etimológico de la palabra esclavo -. Y musulmanes de entre cuyas élites dirigentes era patente la buena dosis de sangre boreal que corría por sus venas; y para corroborar lo dicho, basta con conocer el fenotipo -rasgos o aspecto físicos- de personajes como el califa Abderramán III: pelirrojo y de ojos verdes. Pero, al margen de que el invasor mahometano poco tenía que ver, físicamente, con el magrebí o moro de hoy en día, el hecho cierto es que la mezcla racial entre la población que sufrió la invasión –cristiana- y la que la protagonizó, fue prácticamente nula. Y lo fue:
– Por el encono con el que se enfrentaron durante los casi ocho siglos que duró nuestra Reconquista.
– Por lo mal vistos que estaban, en ambos bandos, los matrimonios mixtos.
– Porque la población, de un lado u otro, que quedó en zona enemiga vivió en ghettos situados a las afueras de las ciudades; como ocurrió con los mozárabes -población cristiana que quedó en zona musulmana, conservando la religión- y con los mudéjares -población islámica que, tras los primeros éxitos de la Reconquista, permaneció en la nueva zona cristiana, conservando igualmente su fe, y que, a la postre, sería expulsada de la Península, bien como consecuencia del primer decreto de expulsión dictado por los Reyes Católicos en 1.492, o bien bajo los efectos del segundo, de expulsión de los moriscos, promulgado el año 1.609, durante el reinado de Felipe III -. Por otro lado, los únicos que sí se unieron racialmente con los invasores fueron los cristianos que se convirtieron al Islam -los llamados muladíes- y que, como consecuencia de esto, al igual que el resto de sus hermanos de fe -entre los cuales se fueron diluyendo- también hubieron, debido a la derrota militar del Islam en la Península, de instalarse definitivamente en el norte de África.
Y siguiendo esta política de unidad territorial, religiosa y racial iniciada, de manera diáfana y contundente, por los Reyes Católicos y continuada bajo la práctica totalidad del reinado de los Habsburgos o Austrias, la población judía afincada en España no podía correr destino distinto al de la mahometana. Así pues, en 1.492, unos 400.000 que se negaron a abrazar el cristianismo tuvieron que buscar residencia fuera de nuestro territorio. Y los pocos que permanecieron aquí, lo hicieron en barrios separados del resto de la población, a pesar de que públicamente habían renunciado a sus creencias mosaicas para convertirse al cristianismo; aunque, como las pesquisas de la Inquisición fueron demostrando, dichas conversiones fueron, en la mayoría de los casos, sólo aparentes. Es digna de resaltar la marginación a que, tras el decreto de expulsión de 1.492, ha sido sometida esta población hebrea en España, pues, aunque supuestamente se había convertido al cristianismo, se la quiso diferenciar del resto de la población definiendo a sus individuos como “cristianos nuevos” que, por no ser de sangre indoeuropea, no tenían derecho- sobre todo bajo el reinado de los Reyes Católicos y de los Habsburgos – , por ejemplo, a ocupar cargos públicos o a formar parte de las órdenes religiosomilitares; esto, repetimos, por no poder cumplir con el requisito definido en la época con los términos de “pureza de sangre”. Con calificativos como el de “marranos” o “chuetas” han sido conocidos a lo largo de estos siglos. Y todavía llama la atención cómo -botón de muestra- hoy en día, y pese a la avalancha inmigratoria derivada del “boom” turístico en las islas Baleares, sufren marginación los chuetas mallorquines y cómo se rechaza no ya sólo los matrimonios mixtos con alguno de ellos, sino hasta la relación de amistad con
miembros de este colectivo.
Aclarado el tema judío, sólo restaría mencionar la fundación de un buen número de municipios, localizados en tierras jienenses, que promovió, en la segunda mitad del siglo XVIII, Carlos III durante su reinado. Estos pueblos fueron poblados, inicialmente, de manera exclusiva por alemanes.
Con ello creemos haber dejado bien clara cuál es la composición racial de los españoles y , tras esto, señalar cómo los diferentes pueblos boreales que se han ido encontrando, a lo largo de la historia, en nuestro suelo, no han tenido ningún inconveniente en acabar, más tarde o más temprano, fundiéndose. Y como, en cambio, dicho pueblos no han hecho lo mismo con aquellos otros de extracción racial semita que, movidos por unas razones u otras, han ido desembarcando en la Península.
De manera más o menos consciente las diferentes etnias indoarias se han ido identificando entre sí y, bajo el vínculo del remoto origen común, se han ido, con el devenir del tiempo, fusionando. La similitud de costumbres, hábitos, cultura, religión y concepción de la vida han hecho posible dicho proceso unitario.
En términos muy bien definidos y explicados por Julius Evola, una manera de entender la existencia jerarquizada, vertical, uránica, viril, patriarcal, guerrera, olímpica, heroica, solar e iluminada por la Luz del Norte representada por los pueblos indoarios ha rechazado, combatido, marginado y/o expulsado a las gentes que comulgaban con la forma opuesta de ver y vivir la vida: igualitaria, horizontal, telúrica, pelásgica, matriarcal, lunar e inspirada por la Luz del Sur.
Quede, finalmente, claro que no se ha tratado de elaborar un mero artículo con fines y naturaleza básicamente biológicos, sino de dejar patente la adscripción indoeuropea o hiperbórea de los pobladores de toda la Península Ibérica y descartar cualquier duda o tergiversada manipulación sobre mestizaje, pues éste ha sido sinónimo, en cualquier civilización, de decadencia, caos y desaparición y hubiera imposibilitado las grandes gestas y las inigualables páginas de grandeza, gloria y heroísmo que España, en todo el orbe, ha dejado escritas.

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4 comentarios so far
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Curioso el artículo.
Científico , No

Emanación de complejo de inferioridad propio del español que conozca las razas resultantes que habitan en los paises de Europa : Si

La pretensión de explicaciones históricas para hacer arios , gemánicos o no , o celtas a la población nativa mayoritaria que a la vista está en España no tiene valor de resultado al simplemente abrir los ojos y ver a los españoles en general.
Aceptemos que esto no es Europa desde el punto de vista racial .Es simplemente aceptar la evidencia.
Dejémos de elucubrar para que un moro o judío
tenga ascendencia visigoda , celta , vándala etc.

Comentario por FERNANDO

Sr. Fernando:
¡Pues nada, que resulta que somos moros (y judíos)! Por esta razón cuando nos cruzamos, en nuestro país, con un moro no nos damos cuenta de ello, ya que son racialmente igualitos a nosotros…
Dejémonos de demagogias simples y de ir por la vida de psicoanalista diagnosticador de complejos y vayamos a lo científico. Como hicimos rebatiendo a otro interlocutor con motivo de otro artículo nuestro copiamos un valioso documento, relacionado con el cromosoma Y, que nos hizo llegar un amigo:

Points are based on Y-Chromosome Haplogroup. Less points = a closer (menos puntos=más cercanos genéticamente a los españoles):
> >>Genetic relation:
> >>
> >>Northern Portuguese:7
> >>Belgian:14
> >>Southern Portuguese:15
> >>Irish:15
> >>Cornish English:18
> >>Basque:21
> >>French:22
> >>East Anglian English:23
> >>Bavarian:26
> >>Italian:30
> >>Dutch:33
> >>German:41
> >>Hungarian:46
> >>Sephardic Jews:46
> >>Sardinian:48
> >>Armenian:54
> >>Romanian:58
> >>Turk: 58
> >>Czech:61
> >>Georgian:64
> >>Greeks:65
> >>Gotlander:71
> >>Polish:72
> >>Ashkenazi Jews: 72
> >>Belarussians:72
> >>Russians:77
> >>Palestinian Arabs:80
> >>Algerians:89
> >>Berbers:93

El comentario a vuelapié, al respecto, del amigo que nos hizo llegar este estudio:

“Primero tenemos más relación con Portugueses del Norte (son gallegos al fin y al cabo), pero luego son los Belgas con los que más consanguineidad compartimos, seguidos de cerca por Irlandeses, portugueses del Sur y habitantes de Cornualles.
Esto marcaría la zona de asentamiento de los celtas goidelicos, que se diferenciaban de los celtas galos.
Luego siguen vascos que tuvieron más influencia celta de la que se quiere reconocer, Franceses, Galeses (El este de Inglaterra) y bávaros (tierra de celtas)

En la otra punta los más alejados son los bereberes, lo cual desmonta la teoría de íberos emparentados con ellos.”

Comentario por Eduard Alcántara

GRACIAS POR SU CONTESTACION.
Interesante la “aportación”.

El consejo que sigue es solo para videntes (con capacidad suficiente de observación).

” Viajen por Europa ,miren, vean a los nativos (incluso a los de las regiones específicas que Sr. Alcantara menciona)

Espero que sea suficiente para que noten que la disparidad respecto de los
netivos españoles esta a la vista.”

Para los nativos de esos paises , por cierto , si suele ser evidente la diferencia respecto de los españoles.
Esto es secular y secularmente expresado,
sobre todo por ellos.

Ellos , y yo y los que símplemente ven
lo que tienen delante , sin gafas de filtro modificador , sin datos de laboratorio y SIN COMPLEJOS,lo notamos
y manifestamos sin ningún condicionante tal como lo vemos.

El español no es moro y judío , pero tiene gran proporción de ” moro ” , en diverss variantes , en cualquiere caso tambien de africano del norte . No es blanco en su inmensa mayoría , y en menor proporción existen rastros mas o menos concentrados de lo que llamamos judío.(sefardita)
Y no pasa nada.
Solo las cosas congruentes con esas razas y sus mezcolanzas.Como es natural.

Comentario por FERNANDO

Sr. Fernando:
Debería Ud. no obviar el que los climas caracterizados por una fuerte irradiación del Sol (como los que acontecen, en mayor o menor grado, en España) provocan en los individuos que habitan en sus áreas de influencia un cierto oscurecimiento de la piel (sin entrar en detalles hablamos, obviamente, de pieles más o menos claras) y del cabello; parecer ser que incluso del iris de los ojos. Cuando estos individuos llevan (como es éste el caso), en líneas generales, más de dos milenios viviendo en este tipo de climas estas modificaciones se hacen más que patentes.
En cuanto a nuestra supuesta sangre judía no hace mucho escribíamos que “seguramente la mayoría de judíos sefarditas son de origen hispanorromano. Se trataría de hispanorromanos que en los primeros siglos del cristianismo se convirtieron al judaísmo, bien abandonando sus debilitadas creencias politeístas o bien renunciando a un cristianismo recién abrazado. No ha de extrañar este segundo caso debido a las semejanzas existentes entre el judaísmo y un cristianismo de los orígenes de corte humanitarista, igualitarista y muy dado a la pusilanimidad.
Es lógico pensar que estas conversiones al judaísmo existieron y no, precisamente, en pequeña escala puesto que sabemos que el número de personas de religión judía existente en la España de los Reyes Católicos (concretamente a fines del s. XV) era elevado, pues con motivo del Decreto de Expulsión de 1.492 tuvieron que abandonar el Reino un mínimo de 200.000 personas (algunas cifras barajadas llegan incluso hasta hablar de 400.000) a las que hay que añadir un nada desdeñable número correspondiente a los supuestamente conversos al cristianismo que pudieron continuar viviendo en España.
Esta elevada población no podía ser, de ninguna manera, el resultante de la Diáspora que se originó en Palestina, a partir del año 70 d. C., tras las destrucciones del templo y de la ciudad de Jerusalén por orden del general romano Tito, ya que la población total existente por aquel entonces en la semidesértica Palestina era poco numerosa y, además, por lógica de distancia, no sería a la provincia más alejada del Imperio Romano, en relación a Palestina, a la que llegaría, precisamente, el mayor contingente de exiliados. A estos razonamientos hay que añadir el hecho de que no todos los judíos tuvieron que abandonar Palestina tras el citado año 70 d. C., como lo demuestra el hecho de que en el s. II d. C. se tienen noticias fehacientes de revueltas judías contra el poder y la autoridad de Roma, como es el caso de la encabezada por Bar Kohba y cuyo episodio final tuvo lugar en la fortaleza de Massada o Masadá.”
Y en cuanto a nuestra también supuesta sangre mora sepa Ud. que los musulmanes invasores (bajo las órdenes de Tariq y Muza) que en el año 711 entraron en nuestra península fueron tan solo 10.000. Sepa Ud. que el bereber de la época tenía –racialmente hablando- poco en común con el “moro” semita posterior. Sepa Ud. que, de todos modos, la mayoría de los invasores eran vándalos islamizados (con un recuerdo bien vivo de la expulsión de la Península de la que fueron objeto por parte de los visigodos y con una consecuente ansia de venganza que se halla en una de las causas de la invasión). Sepa Ud., relacionándolo con el punto anterior, que el mismo nombre de uno de los jefes principales del ejército invasor es de origen germánico: ´Tariq´ es la arabización de ´Taric´; sufijo igual, p. ej., al de Roderic –Rodrigo). Sepa Ud., por tanto, que la casi totalidad de la población musulmana de Al Andalus (hablamos de varios millones, ¡no de 10.000!) lo era por conversión de la población peninsular. Sepa Ud. que esta conversión fue debida, en un principio, al deseo de parte de los visigodos witizianos (que se unieron a las tropas islámicas en la batalla de Guadalete) de derrotar y “volatilizar” a la facción visigoda de D. Rodrigo (enfrentamiento fratricida entre visigodos que posibilitó la invasión musulmana) y fue también, esta conversión al Islam, debida, posterior y básicamente, al hecho de quedar, el musulmán, exento de pagar impuestos (al contrario de lo que pasó con los mozárabes por el hecho de permanecer –en territorio musulmán- fieles al cristianismo). Sepa Ud. que, de todos modos, toda esta población musulmana (que era, como hemos dejado claro, en casi su totalidad de extracción racial hispanorromana-visigoda) fue expulsada de nuestra Península a medida que la Reconquista llegaba a sus últimos objetivos y sepa Ud. que los únicos que (tras la rendición –en 1.492- del Reino nazarí de Granada) no hubieron de abandonar nuestro territorio por haberse teóricamente convertido al cristianismo (los moriscos) fueron expulsados en su totalidad tras el decreto de expulsión dictado en 1.609 por el rey Felipe III.
Historia dixit.
Saludos cordiales:
Eduard Alcántara

Comentario por Eduard Alcántara




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