Julius Evola. Septentrionis Lux


LAS CRISIS ECONÓMICAS DEL CAPITALISMO. LA POLÍTICA AL SERVICIO DE LA ECONOMÍA.
julio 23, 2015, 9:31 am
Filed under: Economía y consumo, Eduard Alcántara, Política

     Hace un tiempo, coincidiendo con el punto más álgido alcanzado por la última crisis económica española, un amigo, desde allende los mares, nos pidió que le aclaráramos algunos puntos acerca de sus causas y del comportamiento y funcionamiento generales del sistema económico hegemónico en la mayor parte de nuestro planeta. Nosotros, además, le explicamos cómo la inoperancia del sistema económico capitalista no está exenta de relación con el mismo sistema liberal de partidos políticos.

     Pero antes que nada le recordamos aquella máxima, como resumen de todo lo que había sucedido y sucede, de que la banca siempre gana

     Le explicamos a nuestro requiriente que “La democracia está intrínsecamente viciada en sus principios fundamentales y en su cosmovisión (https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/04/acerca-de-la-democracia-igualitarismo-derechos-y-deberes/) y vicia el mismo funcionamiento de la economía. Cada equis años tienen lugar elecciones generales que darán el poder (salvo componendas de coaliciones) al partido más votado en las urnas. Éste querrá volver a ganar las siguientes y para ello no podrá embarcar al país en grandes obras e infraestructuras que no tenga tiempo de acabar al final de la legislatura. Y no lo embarcará porque el pueblo no las verá acabadas (por falta de tiempo) y quizá no vuelva, por ello, a darle la posibilidad de poder volver a ganar las próximas elecciones o no lo embarcará en dichas grandes y basilares obras porque si es derrotado en los próximos comicios tal vez el nuevo partido (opositor) ganador deshaga lo que aquél emprendió por no estar de acuerdo con ello.

     Por razones como éstas los partidos en el poder en las demoplutocracias optan por la realización de pequeñas obras que puedan ser acabadas antes del fin de una legislatura y que puedan, así, presentar al pueblo como frutos de su acción de gobierno, siéndoles, de este modo, más factible ganar las próximas elecciones. Y se aventuran en un sinfín de obras (que puedan ser apreciadas en todos los rincones del país) que irán vaciando las arcas del Estado hasta que éste roce la bancarrota. Una posibilidad de bancarrota a la que nunca suelen mirar, pues son conscientes de que no se eternizarán en el poder y que seguramente serán otros políticos los que tendrán que cargar con el muerto de la quiebra económica del Estado.

    ¿Y cuál será la solución que el mundo capitalista dará a estas posibilidades de quiebra? Pues será la de que la banca preste dineros al Estado en peligro para que éste se los devuelva con sustanciosos intereses en el término de tiempo acordado. ¡Gran negocio para la finanza! Para la misma finanza que gobierna el mundo. Para la banca que subvenciona las campañas electorales de los partidos políticos y después les perdona a éstos parte de la deuda adquirida (o toda) a cambio de favores y de que la política se subyugue a la finanza. ¡El demon de la economía!, que denunciaba Julius Evola como una de las características del mundo moderno. 

     Que la banca es la que gobierna el mundo se hace constatable al ver cómo, por ejemplo, en España cuando unas entidades bancarias tuvieron serios problemas económicos el gobierno (en este caso del socialista de José Luis Rodríguez Zapatero) fue en su ayuda inyectándoles desorbitadas cantidades del dinero de todos los contribuyentes. En cambio esto no lo hace cuando entra en crisis una empresa (sea grande, mediana o pequeña).”

     En cuanto a las razones concretas que motivaron la crisis económica española -y del Occidente en general- le comentábamos a nuestro interlocutor que “muchos bancos entraron en crisis porque pretendieron enriquecerse a más no poder concediendo créditos a cualquiera que los pidiese sin exigirle avales de garantía de que podrían devolver dichos créditos con los intereses correspondientes. Aquí radica el inicio de la crisis que se inició en los EE. UU. en el 2.009 y que se extendió por gran parte del planeta. Créditos otorgados a la vivienda sin exigir ningún tipo de garantías. Muchos, a las primeras de cambio, no se pudieron devolver y a los bancos no les llegaron los ingresos cuantiosos que habían previsto con esta idea de que: a más créditos concedidos más ganancias obtendremos. El caso de la crisis bancaria en España fue similar y se le añadió el agravante de que se concedieron todo tipo de créditos a la industria de la construcción. Ésta tiró de la economía española hasta que la banca (que, por lo explicado anteriormente, ya le había visto las orejas al lobo) dejó de prestarle dinero (igual que a la mayoría de otros sectores solicitantes) y contribuyó, así, al hundimiento de la economía española.”

     Nuestro amigo hispanoamericano nos formulaba, por aquel entonces, esta otra cuestión: “¿Podrían tener que acudir a rescates económicos España e Italia?”. A la que nosotros le repondimos: “Pues, por un lado, es posible, ya que aunque estén haciendo “los deberes” en materia presupuestaria a base de aplastar el llamado “Estado del bienestar” (en materia de pensiones, estabilidad laboral, sanidad, educación,…) si “los mercados” (esto es, el capital financiero, especulador y usurero internacional) hacen caso a las llamadas ´primas de riesgo´ que fijan las especuladoras ´agencias de ratting´ y deciden no invertir sus dineros en los bonos que los Estados ponen en venta (para financiarse y/o pagar sus deudas) los dichos Estados pueden entrar en peligro de bancarrota y necesitar el ser ´rescatados´. Pero, por otro lado, los países mencionados han visto cómo sus gobiernos títeres de la finanza internacional son dirigidos por peones (Monti, en esos momentos, en Italia, el ministro de economía español Luis de Guindos,…) fieles a los poderes (FMI, Consejo de Relaciones Internacionales, Club Bieldeberg, Comisión Trilateral, Banco Mundial, Banco Central Europeo,…) que, realmente, manejan el mundo y estos peones van a aplicar todas las medidas que los dichos poderes les sugieran, con lo cual el contento de éstos será total y quizás los mentados países no necesiten ser “rescatados”  financieramente.

     El salir de la crisis (con o sin ayuda) será, en todo caso, algo transitorio pues cada vez más las crisis económicas inherentes al sistema capitalista ocurrirán con mayor frecuencia y tendrán efectos más devastadores, sobre todo en Europa, pues este continente ve cómo su tejido industrial está despareciendo debido a la competencia desleal que supone el competir con las economías de países como la China (uno de los muchos efectos negativos de la globalización). La economía de Europa, pues, cada vez se hace más volátil e inestable; España es un buen ejemplo de ello, ya que la anterior pujanza económica reventó como un globo al sostenerse sólo gracias al ´ladrillo´ (la construcción) y el turismo.

      Los motivos de las crisis dependen de los países en sus detalles pero son semejantes en su esencia. El caso de España es el siguiente: inmersos en la vorágine del consumismo los españoles gastaban por encima de sus posibilidades. Todos los bancos financiaban fácilmente dichos gastos (en muchos casos ‘caprichos’ generados por esas pulsiones consumistas) sin pedir avales …hasta que la precariedad de la mayoría de empleos y las míseras soldadas imposibilitó la devolución de los préstamos y, entonces, la banca, cerró el grifo de este tipo de créditos.

     Los constructores han visto la imposibilidad de vender la mayoría de las viviendas que habían construido o estaban en construcción y de devolver a la banca lo que ésta les prestó para construir las viviendas. Al no percibir la banca los dineros prestados a las constructoras, más sus intereses, dejó definitivamente de prestar dinero a particulares (que querían adquirir vivienda y/o coche nuevos, pasar las vacaciones,…) y también a las pequeñas, medianas y grandes empresas para la financiación de sus actividades. Éstas han cerrado y provocado un paro mayúsculo que se ha unido al propio de esa construcción (sobre todo, de viviendas) que vio cómo la banca le cerraba el grifo por las razones antes aludidas. Las empresas constructoras se vieron, como se ha señalado, ante la imposibilidad de vender sus viviendas de nuevo cuño debido a que a los particulares que podrían haberlas adquirido los bancos les negaron la financiación por la escasez de liquidez que las entidades bancarias empezaron a padecer a causa de la imposibilidad de devolución de los créditos que habían concedido a particulares (movidos por ese afán consumista aludido) que tenían salarios muy bajos y/o empleos inestables. Es decir, todo aconteció bajo la dinámica de la pescadilla que se muerde la cola.

     En fin, la finanza manda en el sistema capitalista y es la máxima responsable de las crisis y la que siempre sale ganando, pues ya se sabe el dicho de que ´a río revuelto ganancia de pescadores´. Mientras exista el capitalismo liberal y financiero seguirán existiendo y repitiéndose las crisis.

     Las cifras macroeconómicas pueden ser indicativo del engorde de los grandes consorcios comerciales, de trusts, cárteles, monopolios y de la usurocracia apátrida mientras, paradójicamente, las condiciones sociales y económicas de la inmensa mayoría de la población y el tejido productivo de un país se van al garete.

     En América latina pasará lo mismo en la medida en que sus gobiernos sean títeres totales de los poderes internacionales. Sus economías son de ´libre mercado´ y esto las incluye dentro del capitalismo mundial y las sitúa en situación de riesgo (más o menos próximo); los corralitos (como en la Argentina de De la Rúa en 2.001) se pueden, sin duda, repetir.”

     A modo de epílogo le comentábamos a nuestro amigo queEl neoliberalismo es igual a globalización y ésta a postmodernidad. Es la fase que Evola definió como la del Quinto Estado, la del hombre fugaz, del hombre-masa gregario. Es la Edad del Paria, sin raíces y sin tradición, propia de nuestros tiempos. Es la fase crepuscular de la ya de por sí oscura edad del Kali-yuga , Edad de Hierro o Edad del Lobo. Estamos, pues, en la última fase de la etapa más decadente del actual ciclo humano o mânvantara . Nos hallamos ante tanto grado de decadencia (crisis económicas, de valores, políticas,…) que dudamos que el actual estado de cosas pueda sobrevivir demasiado tiempo.”

     Eduard Alcántara

     eduard_alcantara@hotmail.com

Anuncios


NUMEN-NUMINA
julio 18, 2015, 10:52 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Tradición

Antes de afirmar el que los numina (plural de numen) se hallen más allá del mundo sensible habríamos de matizar el que el situar un mundo Metafísico más allá de un mundo físico implica una dualidad a la que la Tradición no debe asociarse y que, en ocasiones, acaba siendo propia de religiosidades en las que el mundo físico ha sido desacralizado al defenderse un hiato ontológico entre lo sensible y lo Suprasensible; aconteciendo, pues, una solución de continuidad entre lo profano y lo sagrado. Más bien, por contra, habría que hablar, por un lado, de un continuidad y, por otro lado, de casi una superposición. Y de más que de dos realidades habría que concebir una sola realidad compuesta de diferentes planos: el material, el Suprasensible condicionado y el Suprasensible Incondicionado. El percibir unilateral y exclusivamente un solo plano o, en cambio, el poder percibir también otro/s dependerá del estado en el que se halle el ser de cada cual. Para el común de los mortales, cuyo ser se encuentra inmerso y enfangado en el plano ordinario de conciencia no habrá más que esa aprehensión unilateral: únicamente verá ante sí la dimensión sensitiva del cosmos. En cambio, para todo aquél cuyo ser, tras un proceso iniciático, haya renacido a planos Superiores de la realidad se brindará la posibilidad de “asir” tanto la dimensión física como la Metafísica de la realidad, así como de aprehender ambas en su intrínseca interconexión; hallando, de este modo, las causas de lo sensible en lo Suprasensible. El “ojo” del inicado vislumbrará en cada elemento y en cada manifestación del plano fenomenológico un símbolo del plano nouménico reportándole, pues, en todo momento, una visión sacra (que no sólo intuirá sino que “verá” con toda nitidez) de todo aquello que contempla.

Podemos definir a los numina como potencias presentes y como lo que la vertiente exotérica de todas las mitologías representó en forma de divinidades antropomórficas.

El Ser Supremo Incondicionado se manifiesta, primeramente, a través de fuerzas o numina que en momentos dados (en épocas y tradiciones diferentes) fueron caracterizados  –en modo mayoritario- de manera antropomórfica. Así el hombre empezó a hablar de dioses y de esta manera no sucedió que el vulgo devoto cayera en el olvido del hecho de la existencia de la Trascendencia, pues el Conocimiento del Ser Supremo y la Identificación con el mismo sólo están al alcance de unos pocos que ostentan una aptitud o unos impulsos proclives a la transformación real interior, pero la mayoría hubiera dado, por completo, la espalda a lo Espiritual si no se le hubiera hecho más fácil de ´entender´ y ´contemplar´ lo Trascendente gracias a la existencia de divinidades con forma; formas que se diferenciarán para cada etnia y/o cultura con el fin de que se adaptaran mejor a sus respectivos  parámetros existenciales, a sus sensibilidades y a sus idiosincrasias.” (https://septentrionis.wordpress.com/2010/05/25/el-emanatismo/)

En lo referente a que “a qué leyes responden estas potencias” deberíamos decir que a las de la analogía y la correspondencia entre (echando mano de fraseología hermético-alquímica) ‘lo que es abajo y lo que es arriba’; aunque, como ya hemos señalado, la dicotomía dualista entre ‘arriba y abajo’ no existe como tal, habría que hablar más bien de superposición; se trata de un recurso gráfico utilizado para favorecer la comprensión acerca de la existencia de dos planos de la realidad diferentes e interrelacionados. Con nuestros actos mundanos y desacralizados creamos una especie de saturación materialista del “circuito” que obstruye el armónico estar y discurrir de esos numina. Si aliviamos de materialismo y de sobrecargas psíquicas el “circuito” lo descongestionaremos y lo desobturaremos para que fluyan en equilibrio esas fuerzas metafísicas (numina) que, por un lado, a modo de cuerpo sutil se hallan en la base del buen funcionamiento fisiológico del cuerpo humano y que, por otro lado, forman el entramado Suprasensible del mundo manifestado. Si, por el contrario, no actuamos en este sentido decondiconador se verán negativamente afectados tanto los mecanismos humanos físicos y fisiológicos como el mismo equilibrio fenomenológico cósmico.

Escribíamos en “Evola frente al fatalismo” que “el plano nouménico de la realidad constituido por todo un entramado de fuerzas sutiles explica la armonía y el dinamismo del cosmos. Y en consonancia y en armonía con ese plano nouménico es como deben estar dinamizadas las fuerzas sutiles del ser humano, ya que si éstas no están armonizadas con sus análogas del resto del cosmos discurrirán a tal fuerte contracorriente que acabarán por desarmonizarse también entre ellas mismas (en nuestro interior). De aquí, pues, la importancia que en el Mundo de la Tradición se le dio siempre a la realización y correcta ejecución de los ritos sagrados. Ritos que tenían o bien la finalidad de hacer conocer a sus oficiantes cuál era la concreta dinámica cósmica de un momento dado, bien con tal de no actuar aquí abajo contrariamente a dicha dinámica (en batallas, empresas arriesgadas, en la elección del momento de la concepción de la propia descendencia o del momento más idóneo para contraer matrimonio o para coronar a un rey,…) o bien con tal de poder adoptar las medidas apropiadas para actuar a sabiendas de que se hará a contracorriente de ese plano Superior. O bien estos ritos se efectuaban con la intención de que fuesen operativos, esto es, de que tuviesen el poder de actuar sobre esa dimensión Superior para (en la medida en que fuera posible) modificar su dinámica y hacerla favorable –o menos antagónica- a las actuaciones que se quisieran llevar a cabo aquí abajo.” (https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/).

La ejecución de un rito sacro comporta la necesidad del empleo de “soportes” que acerquen el plano sensible al Suprasensible: sean fórmulas habladas en forma de frases o de mantras o sea la utilización de elementos, como el fuego, que por sus propias peculiaridades y características se hallen casi a caballo entre la dimensión física y la Suprafísica y evoquen, además, al Sol (en el caso del aludido fuego) como representación y símbolo del Principio Supremo Inmutable. Además, la ejecución de un rito sagrado implica una no desdeñable transustanciación previa (iniciación) de quien lo opera, pues sólo si se cumple este requisito se podrá aspirar a hacer interactuar las propias fuerzas sutiles activadas del oficiante (p. ej., kundalini) con las del resto del cosmos (shakti…).

Cada persona es el escenario de fuerzas sutiles -que conforman su fisiología sutil o ‘corporeidad oculta’- similares a las que rigen la armonía y el equilibrio cósmicos. La activación o no, en nuestro interior, o el buen o mal fluir de esas fuerzas sutiles dependerá obviamente de si existe accionar heroico transustanciador o si, por contra, tan solo se vegeta en una existencia meramente samsárica.

El Héroe, que es tal por haber logrado pasar de potencia a acto las fuerzas sutiles que anidan en su fuero interno, sin duda se manejará de forma distinta en su accionar exterior a como lo hace el homo vulgaris, pues los intereses de su ser en nada serán de corte materialista, mezquino, egoísta, libidinoso, concupiscente, utilitarista, positivista y/o individualista sino que ahora se regirá por esa ley dhármica de ‘hacer lo que debe ser hecho’, para, de este modo, contribuir a la armonía del universo; y se regirá de manera natural y espontánea como resultado de una naturaleza interna transmutada, y no como producto de procesos mentales-racionales previamente meditados.

Al igual que los numina y otras fuerzas sutiles (shakti, gunas,…) influyen en el mundano y cotidiano actuar del hombre, del mismo modo el comportamiento del hombre (aun del hombre no descondicionado), en correspondencia, también influye (para bien o para mal) en el fluir de esas fuerzas sutiles, por lo que parte del abundamiento de ciertas catástrofes naturales y de anormales alteraciones climáticas se debe explicar por los desajustes que tienen que ver con ese agitarse convulso e incontrolado del hombre vulgar hegemónico en el mundo moderno (y más aún en esta su etapa crepuscular).

En otro orden de cosas, pero en relación directa con el tema tratado en este escrito, acabaremos señalando que los ciclos cósmicos de los que hablan los textos sapienciales de la Tradición únicamente suponen “tendencias” y no marcan caminos inevitables y cerrados. No existe fatalismo sino condicionantes superables para un tipo de hombre diferenciado que si se adentra por la vía heroica de realización interior podrá llegar a estar en disposición de subvertir esas “tendencias” marcadas por el plano sutil de la realidad. (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/).

Traditio et Revolutio



EL IMPERIO ESPAÑOL
julio 8, 2015, 1:12 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Historia, Metapolítica, Tradición

No vamos, por supuesto, a verter análisis sobre los fundamentos y avatares de lo que fue el Imperio Español guiados por coordenadas propias de la modernidad …ésas que sólo “saben” vislumbrar “explotaciones” de seres humanos, de recursos naturales, supuestos afanes de codicia e imaginadas ansias de fama por parte de los principales forjadores del Imperio. Vamos, por contra a emitir una serie de apuntes y observaciones breves guiados por parámetros propios del Mundo de la Tradición.

Sea, así, recordado el que en nuestro escrito “El Imperium a la luz de la Tradición” (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/) señalábamos que a caballo entre finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna van siendo arrinconados, en Europa, los ideales Superiores supranacionales (que ya en la Baja Edad Media se vieron debilitados por las victorias del güelfismo sobre el gibelinismo en las Guerras de las Investiduras y por las pretensiones de monarcas como el francés Felipe el Hermoso -verdugo del Temple) y van siendo, esos ideales Superiores supranacionales, suplantados por otros impregnados por un egoísmo que redundará en favor de la aparición de los Estados nacionales.

En este contexto caracterizado por los aires antiimperiales hay que recordar que el Emperador Carlos (I de España y V de Alemania) fue, allá por la primera mitad del  siglo XVI, el último que intentó recuperar las esencias y el espíritu, ya mortecinos, del Sacro Imperio Romano Germánico. Al igual que no está de más reconocer en el imperio que España construye -arrancando de fines del siglo XV- a lo largo del s. XVI, el último con pretensiones espirituales (al margen de que, en ocasiones, pudiesen coexistir con otras de carácter económico) de entre los que Occidente ha conocido. Y esto se afirma en base a los principales impulsos que se hallan en la base de su política exterior, como los son, en primer lugar, su empeño en evitar la división de una Cristiandad que se veía seriamente amenazada por el crecimiento del protestantismo o, en segundo lugar, sus esfuerzos por contener los embates del Islam protagonizados por turcos y berberiscos o, en tercer lugar, su decisión de evangelizar a la población nativa de los territorios americanos incorporados a la Corona (aparte de la de otros territorios; como las Filipinas,…). Estos parámetros de la política exterior de España seguirán, claramente, en vigencia también durante el siglo XVII …y, desde luego denotan que el mascarón de proa que lideraba la mentalidad del Imperio Hispánico no había sido construido de burda materia y de intereses mezquinos y meramente comerciales sino de nobles ideales; dicho esto al margen de cuál era el tipo de espiritualidad vigente en la España de entonces y sin querer entrar en trasuntos como el de que si las formas cultuales de los pueblos amerindios que se encontraron los conquistadores españoles y que acabaron desapareciendo en beneficio del catolicismo eran Superiores a éste por contener presuntos ritos operativos o por atesorar, al menos, contenidos de este género (aunque ya caídos en un mero ritualismo inerme) o, por contra, comportaban un carácter aun inferior porque estarían impregnadas hasta la médula -esas formas cultuales amerindias- de una especie de frenesí de la sangre -como podría ser el caso azteca- o de creencias solares alejadas del carácter olímpico -inalterable- propio de la Tradición y, por contra, sumidas en la contingencia de un sol (reflejo, en este caso, alterado de lo Alto) que muere, resurge y vuelve a perecer, tal como se puede colegir de los cultos inherentes al Imperio Inca.

No se debe obviar que se habla de un imperio -el español- que se desarrolló en la Edad Moderna y que aunque conserva muchas inercias del espíritu del mejor Medievo navega por una época alejada de las coordenadas propias de la Tradición. A pesar de esto último resultan, reiteramos, muy ilustrativas -sobre cuáles eran sus impulsos principales- sus ansias evangelizadoras, pues éstas le alejan de objetivos generalizados y predominantes de orden crematístico-mercantilista. Desde los primeros viajes a América (aquéllos de Colón) en todas las naos y carabelas viajan monjes junto a soldados. Estaban organizados, pues, con ánimos, repetimos, evangelizadores: la religión primaba por encima de apetitos mundanos. También primaba el conseguir mayor gloria para el emperador o al rey dentro de esas relaciones que estructuraron el medievo en base  al principio de la fides.  Las expediciones casi suicidas que emprendieron muchos de los conquistadores son un reflejo de que el apego a la vida tenía muy poco valor en aquellos hombres. Quien ansía bienes materiales (oro, plata,…) ama a la vida terrena por encima de todo y no quiere perderla por nada ya que en ella quiere ver saciadas todas sus apetencias materiales y toda su lujuria. Estos hombres, sin embargo, eran capaces, verbigracia, de siendo sólo 400 (bajo Hernán Cortés) aventurarse en la conquista de un gran imperio como el azteca o tratándose únicamente de 180 hombres (comandados por Francisco Pizarro) hacerlo con otro de las dimensiones del inca y enfrentarse en la batalla de Cajamarca contra no menos de 30.000 guerreros del Inca Atahualpa… Quien se aventura a una muerte más que probable -casi segura- defiende valores que están por encima de la materia, de lo exclusivamente contingente y, en definitiva, de la mera vida.

     Desde la óptica mercantilista del mundo moderno se ha recriminado mucho el que España no actuara con un imperio bajo sus dominios de la misma manera que, a la sazón y posteriormente, lo hiciera Inglaterra. Se ha dicho que los ingleses supieron invertir las riquezas que en sus colonias extrajeron para mecanizar y modernizar sus fábricas e invertir en ellas y fortalecer, de esta manera, su pujante sistema económico capitalista y se ha señalado, en contraste con este actuar anglosajón, que los españoles no hicieron lo propio para modernizar su economía y, el que por esto, se industrializó más tarde y sus niveles productivos siempre caminaron bastante por debajo de los de los ingleses. Se le ha recriminado a España el haber gastado el oro y la plata extraídos en América en el sufragio de las numerosas guerras de religión que libró en Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII …y es que para la España de entonces lo que primaba eran las cuitas del Espíritu y no las cuestiones de la materia. Primaba hacer volver al redil de la catolicidad a aquellos príncipes alemanes que habían caído en el luteranismo y a aquellos holandeses rebeldes que también habían optado por el protestantismo pro mercantilista. Primaba poner freno al avance musulmán en el Mediterráneo (turcos y piratas berberiscos) y en la Europa oriental (turcos), abanderando, así, la defensa y la unidad de la Catolicidad, del Occidente. Primaban, en definitiva, las cuestiones de la fe por encima de cualesquiera otras.

Apuntamos todo esto sin detrimento de admitir las excepciones que se dieron en algunos casos en medio de tantos hombres como tomaron parte en la colonización de América. Las excepciones que incluyen esos tics güelfos mostrados en gente como un  fray Bartolomé de las Casas o en los casos de misiones jesuitas y dominicas que, por este mismo güelfismo, chocaron con unas autoridades españolas que defendían otra visión del mismo bastante opuesta. Las excepciones incluyen a algún desaprensivo que, víctima de la corriente descendente propia del mundo moderno, ansió riquezas y bienes materiales. Pero, en definitiva, se trata tan solo de eso: de excepciones.

Quede claro, con lo dicho, que no pretendemos idealizar el Imperio español como ajustado en toda regla a los contenidos esenciales de la Tradición, pues, p. ej., para nosotros no deberían haber sido los miembros del estamento religioso los que se hubiesen tenido que encargar de las tareas espirituales en América, ya que tildamos como ilegítimo, desde el punto de vista Tradicional, a dicho estamento. Defendemos que estas tareas deberían haberlas, p. ej., encarnado los miembros de órdenes ascético-militares como la de Santiago, pues el principio aristocrático y el espiritual deben ir unidos y ser representados por la élite rectora en cualquier ordenamiento genuinamente Tradicional. Élite que girando en torno del Rey sacro o del Emperador siempre han constituido la primera casta en cualquier sociedad Tradicional. Pero en descargo al Imperio Español es de recibo el reconocer el que a pesar de desarrollarse en el seno del discurrir del mundo moderno y, más específicamente, de la Edad Moderna de la que habla la historiografía oficial -con todas las caídas que ello supone-, es de reconocer, decíamos, el mérito que constituye el que nos encontremos con realidades como la de que los virreyes en la América colonial debían cumplir el requisito de pertenecer a órdenes religioso-militares (sin duda los valores de los que, por esta pertenencia lograda, esos virreyes estarían impregnados distarían mucho de hacerles albergar miras básicamente mercantilistas) y es de reconocer, también, el que tampoco resulta usual que de algún monarca español de aquel entonces se puedan hacer, hoy en día, cábalas sobre la posibilidad de que fuera Iniciado en Realidades de tipo Suprasensible, tal, como por ejemplo, se hace en torno de la figura de Felipe II (de cuyo sentido profunda y vividamente Trascendente de la existencia no se puede dudar); este monarca se rodeó de otros personajes de quienes también se han realizado similares conjeturas, bien respaldadas en claras evidencias, como es el caso del arquitecto Juan de Herrera -constructor del monasterio de El Escorial.

     Sintomático todo ello de las prioridades que guiaron a aquel imperio.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com