Julius Evola. Septentrionis Lux


NUMEN-NUMINA
julio 18, 2015, 10:52 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Tradición

Antes de afirmar el que los numina (plural de numen) se hallen más allá del mundo sensible habríamos de matizar el que el situar un mundo Metafísico más allá de un mundo físico implica una dualidad a la que la Tradición no debe asociarse y que, en ocasiones, acaba siendo propia de religiosidades en las que el mundo físico ha sido desacralizado al defenderse un hiato ontológico entre lo sensible y lo Suprasensible; aconteciendo, pues, una solución de continuidad entre lo profano y lo sagrado. Más bien, por contra, habría que hablar, por un lado, de un continuidad y, por otro lado, de casi una superposición. Y de más que de dos realidades habría que concebir una sola realidad compuesta de diferentes planos: el material, el Suprasensible condicionado y el Suprasensible Incondicionado. El percibir unilateral y exclusivamente un solo plano o, en cambio, el poder percibir también otro/s dependerá del estado en el que se halle el ser de cada cual. Para el común de los mortales, cuyo ser se encuentra inmerso y enfangado en el plano ordinario de conciencia no habrá más que esa aprehensión unilateral: únicamente verá ante sí la dimensión sensitiva del cosmos. En cambio, para todo aquél cuyo ser, tras un proceso iniciático, haya renacido a planos Superiores de la realidad se brindará la posibilidad de “asir” tanto la dimensión física como la Metafísica de la realidad, así como de aprehender ambas en su intrínseca interconexión; hallando, de este modo, las causas de lo sensible en lo Suprasensible. El “ojo” del inicado vislumbrará en cada elemento y en cada manifestación del plano fenomenológico un símbolo del plano nouménico reportándole, pues, en todo momento, una visión sacra (que no sólo intuirá sino que “verá” con toda nitidez) de todo aquello que contempla.

Podemos definir a los numina como potencias presentes y como lo que la vertiente exotérica de todas las mitologías representó en forma de divinidades antropomórficas.

El Ser Supremo Incondicionado se manifiesta, primeramente, a través de fuerzas o numina que en momentos dados (en épocas y tradiciones diferentes) fueron caracterizados  –en modo mayoritario- de manera antropomórfica. Así el hombre empezó a hablar de dioses y de esta manera no sucedió que el vulgo devoto cayera en el olvido del hecho de la existencia de la Trascendencia, pues el Conocimiento del Ser Supremo y la Identificación con el mismo sólo están al alcance de unos pocos que ostentan una aptitud o unos impulsos proclives a la transformación real interior, pero la mayoría hubiera dado, por completo, la espalda a lo Espiritual si no se le hubiera hecho más fácil de ´entender´ y ´contemplar´ lo Trascendente gracias a la existencia de divinidades con forma; formas que se diferenciarán para cada etnia y/o cultura con el fin de que se adaptaran mejor a sus respectivos  parámetros existenciales, a sus sensibilidades y a sus idiosincrasias.” (https://septentrionis.wordpress.com/2010/05/25/el-emanatismo/)

En lo referente a que “a qué leyes responden estas potencias” deberíamos decir que a las de la analogía y la correspondencia entre (echando mano de fraseología hermético-alquímica) ‘lo que es abajo y lo que es arriba’; aunque, como ya hemos señalado, la dicotomía dualista entre ‘arriba y abajo’ no existe como tal, habría que hablar más bien de superposición; se trata de un recurso gráfico utilizado para favorecer la comprensión acerca de la existencia de dos planos de la realidad diferentes e interrelacionados. Con nuestros actos mundanos y desacralizados creamos una especie de saturación materialista del “circuito” que obstruye el armónico estar y discurrir de esos numina. Si aliviamos de materialismo y de sobrecargas psíquicas el “circuito” lo descongestionaremos y lo desobturaremos para que fluyan en equilibrio esas fuerzas metafísicas (numina) que, por un lado, a modo de cuerpo sutil se hallan en la base del buen funcionamiento fisiológico del cuerpo humano y que, por otro lado, forman el entramado Suprasensible del mundo manifestado. Si, por el contrario, no actuamos en este sentido decondiconador se verán negativamente afectados tanto los mecanismos humanos físicos y fisiológicos como el mismo equilibrio fenomenológico cósmico.

Escribíamos en “Evola frente al fatalismo” que “el plano nouménico de la realidad constituido por todo un entramado de fuerzas sutiles explica la armonía y el dinamismo del cosmos. Y en consonancia y en armonía con ese plano nouménico es como deben estar dinamizadas las fuerzas sutiles del ser humano, ya que si éstas no están armonizadas con sus análogas del resto del cosmos discurrirán a tal fuerte contracorriente que acabarán por desarmonizarse también entre ellas mismas (en nuestro interior). De aquí, pues, la importancia que en el Mundo de la Tradición se le dio siempre a la realización y correcta ejecución de los ritos sagrados. Ritos que tenían o bien la finalidad de hacer conocer a sus oficiantes cuál era la concreta dinámica cósmica de un momento dado, bien con tal de no actuar aquí abajo contrariamente a dicha dinámica (en batallas, empresas arriesgadas, en la elección del momento de la concepción de la propia descendencia o del momento más idóneo para contraer matrimonio o para coronar a un rey,…) o bien con tal de poder adoptar las medidas apropiadas para actuar a sabiendas de que se hará a contracorriente de ese plano Superior. O bien estos ritos se efectuaban con la intención de que fuesen operativos, esto es, de que tuviesen el poder de actuar sobre esa dimensión Superior para (en la medida en que fuera posible) modificar su dinámica y hacerla favorable –o menos antagónica- a las actuaciones que se quisieran llevar a cabo aquí abajo.” (https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/).

La ejecución de un rito sacro comporta la necesidad del empleo de “soportes” que acerquen el plano sensible al Suprasensible: sean fórmulas habladas en forma de frases o de mantras o sea la utilización de elementos, como el fuego, que por sus propias peculiaridades y características se hallen casi a caballo entre la dimensión física y la Suprafísica y evoquen, además, al Sol (en el caso del aludido fuego) como representación y símbolo del Principio Supremo Inmutable. Además, la ejecución de un rito sagrado implica una no desdeñable transustanciación previa (iniciación) de quien lo opera, pues sólo si se cumple este requisito se podrá aspirar a hacer interactuar las propias fuerzas sutiles activadas del oficiante (p. ej., kundalini) con las del resto del cosmos (shakti…).

Cada persona es el escenario de fuerzas sutiles -que conforman su fisiología sutil o ‘corporeidad oculta’- similares a las que rigen la armonía y el equilibrio cósmicos. La activación o no, en nuestro interior, o el buen o mal fluir de esas fuerzas sutiles dependerá obviamente de si existe accionar heroico transustanciador o si, por contra, tan solo se vegeta en una existencia meramente samsárica.

El Héroe, que es tal por haber logrado pasar de potencia a acto las fuerzas sutiles que anidan en su fuero interno, sin duda se manejará de forma distinta en su accionar exterior a como lo hace el homo vulgaris, pues los intereses de su ser en nada serán de corte materialista, mezquino, egoísta, libidinoso, concupiscente, utilitarista, positivista y/o individualista sino que ahora se regirá por esa ley dhármica de ‘hacer lo que debe ser hecho’, para, de este modo, contribuir a la armonía del universo; y se regirá de manera natural y espontánea como resultado de una naturaleza interna transmutada, y no como producto de procesos mentales-racionales previamente meditados.

Al igual que los numina y otras fuerzas sutiles (shakti, gunas,…) influyen en el mundano y cotidiano actuar del hombre, del mismo modo el comportamiento del hombre (aun del hombre no descondicionado), en correspondencia, también influye (para bien o para mal) en el fluir de esas fuerzas sutiles, por lo que parte del abundamiento de ciertas catástrofes naturales y de anormales alteraciones climáticas se debe explicar por los desajustes que tienen que ver con ese agitarse convulso e incontrolado del hombre vulgar hegemónico en el mundo moderno (y más aún en esta su etapa crepuscular).

En otro orden de cosas, pero en relación directa con el tema tratado en este escrito, acabaremos señalando que los ciclos cósmicos de los que hablan los textos sapienciales de la Tradición únicamente suponen “tendencias” y no marcan caminos inevitables y cerrados. No existe fatalismo sino condicionantes superables para un tipo de hombre diferenciado que si se adentra por la vía heroica de realización interior podrá llegar a estar en disposición de subvertir esas “tendencias” marcadas por el plano sutil de la realidad. (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/).

Traditio et Revolutio

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