Julius Evola. Septentrionis Lux


TAL DÍA COMO HOY (24 DE SEPTIEMBRE) DE 1.410: EPISODIO DEL ENFRENTAMIENTO ENTRE LUZ DEL NORTE Y LUZ DEL SUR
septiembre 24, 2015, 4:39 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Historia, Metafísica, Tradición
      Como tenemos por uno de nuestros intereses el de la historia le hemos echado hoy (24 de septiembre) un vistazo (como hacemos con cierta asiduidad) a las efemérides y, tras esto, aprovechando que tal día como hoy del año 1.410 el regente del entonces Reino de Castilla, el infante Fernando (futuro rey de la Corona de Aragón, como Fernando I, tras el Compromiso de Caspe -1.412), tomó la ciudad de Antequera (en la actual provincia de Málaga), que formaba parte, por aquel entonces, del reino nazarí (sarraceno) de Granada (último reducto islámico en la Península Ibérica), aprovechando, decíamos este hecho histórico, recordaremos que la Reconquista, por parte de las huestes cristianas, de una Península Ibérica que a partir del siglo VIII había caído bajo el dominio del islam hay que enmarcarla en el contexto de una lid que tiene su epicentro en lo metapolítico y en lo metafísico, pues se trata de un episodio agonal entre la Luz del Norte y la luz del sur, entre un cristianismo bastante despojado de su inicial naturaleza judeocristiana y un islam fiel representante del talante y las esencias de las Religiones del Libro. Se trata de la lucha entre un cristianismo que había hecho suyo buena parte del legado espiritual del mundo precristiano europeo y un islam de impronta raigal semita. Se trata del enfrentamiento entre ese cristianismo que a partir de su entronización como religión oficial del Imperio Romano (fines del s. IV, con el emperado Constantino “el Grande”) había soltado su inicial lastre igualitarista, humanitarista, pacifista, pusilánime y subversivo para con el poder político para, por contra, aceptar lo jerárquico y entender de la necesidad de la existencia del estamento guerrero (posturas que se vieron reforzadas tras el contacto con los pueblos germánicos que invadieron, hacia finales del s. V, el Imperio Romano occidental), se trata, comentábamos, del enfrentamiento entre este cristianismo desjudaizado y un islam totalmente alógeno al más genuino palpitar del homo europaeus Tradicional. Se trata del combate entre un cristianismo que ya antes de su romanización se había enriquecido con el aporte heleno de una metafísica que entendía, más que de un universo, de un pluriverso (como diría Santiago de Andrés) en el que entre la divinidad suprema asumida como tal y el hombre aceptaba toda una serie de entes intermedios escalonados jerárquicamente según su mayor o menor proximidad a esa divinidad suprema y, por otro lado, un islam que entre Allah y el hombre no concebía (ni concibe) más que un vacío metafísico total y una separación insalvable. Se trata de un cristianismo en el que entre Dios y el hombre situaba al hombre-dios (el Cristo o Xristos) como puente que acercaba ontológicamente a ambos y, en la otra trinchera, un islam que ante la imposibilidad del creyente de acercarse a su dios sólo le quedaba (y le queda) el someterse, en forma humillada, a él. Se trata de un cristianismo que en el Alto Medievo entendió de justas, torneos y cruzadas desterrando su inicial impronta pacifista. Se trata de un cristianismo que ya había dejado de lado el arrianismo que durante buena parte del Reino visigodo (que se deshizo con la invasión islámica) había sido religión oficial …que ya había, pues, superado ese resabio del cristianismo semítico primigenio según el cual no había modo de acercamiento entre Creador y criatura, pues el arrianismo no concebía a Cristo como Hijo de Dios sino tan sólo como hombre, por lo que el puente entre lo Alto y el hombre no existía. Se trata, pues, de un cristianismo trinitario (el de los visigodos del Rey D. Rodrigo) que al estar, en el momento de la invasión musulmana de la Península Ibérica (711), en guerra civil contra resabios (más o menos encriptados) del viejo arrianismo visigodo se encontró con la desagradable sorpresa de ver cómo sus propios hermanos de sangre (el bando visigodo oponente witiziano) tejían pactos militares (que resultaron fatales para la existencia del Reino Visigodo) con el enemigo sarraceno, pues ambos aliados (musulmanes y witianos-“arrianos”) compartían esa concepción religiosa semítica (propia de la luz del sur) según la cual el hiato ontológico entre la divinidad y los hombres resulta insalvable; ambos aliados compartían ese árido monoteísmo consustancial a las llamadas Religiones del Desierto (árido monoteísmo para el que no existe hierba -vida metafísica- entre lo Supremo y lo terreno). Fueron pocos los invasores musulmanes (las huestes de Tariq y Muza apenas alcanzaban los 10.000 combatientes) pero ese “arrianismo” larvado que aún existía entre los witizianos provocó la conversión al islam de buena parte de la población peninsular; conversión favorecida por ese librarse de ser presa de impuestos abusivos en caso de no convertirse a la fe de Mahoma.
     Las mesnadas del infante Fernando que recobraron Antequera traían consigo ese tipo de espiritualidad, tan cercano a la Luz del Norte, que concibe la posibilidad heroica de la divinización del hombre escalando por los peldaños iniciáticos que, en otro plano, el exoterismo cristiano “europeizado” presenta en forma de potestades, arcángeles, querubines,… y que el precristiano presentaba en las figuras de dioses representantes de jerarquías diferentes y en las figuras de héroes que habían realizado en sí lo divino. Contendían, aquellas huestes castellanas, contra las últimas resistencias (ese mentado reino nazarí de Granada) que aún pugnaban porque no desapareciera la religiosidad de la luz del sur en nuestro solar hispano.
     Seguramente puede resultar inconsistente el denominar ‘cristianismo’ a la espiritualidad propia de las gentes de los reinos de Asturias, León, Castilla, Aragón, Navarra, los condados catalanes y otros más que batallaron contra los mahometanos… Lo de ‘cristianos’ puede resultar tan sólo un decir, algo tan solo nominal, pero bien haya servido para mejor entender a qué hechos históricos hemos hecho mención.
     EDUARD ALCÁNTARA
     eduard_alcantara@hotmail.com


Vídeo: Julius Evola, intérprete de la Tradición
septiembre 24, 2015, 9:54 am
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Metapolítica, Política y tradición, Tradición

Recordamos el vídeo que hace unos años elaboramos con la intención de hacer más directamente visibles algunos de los puntales de las enseñanzas perennes de la Tradición que tan magistral y certeramente supo legarnos Julius Evola. Como peculiaridad podríamos señalar el que ninguna de las citas que en él aparecen pertenecen a ningún libro del maestro romano sino que han sido extractadas de artículos de los muchos que él escribió:

 



La Cuestión Greco-Romana desde la Tradición
septiembre 14, 2015, 9:17 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

Se presupone que en cada época existe un espíritu, que, influyendo en la capa social estructura, da forma e involucra prejuicios a la hora de comprender la realidad. Además de las predisposiciones del individuo, estas fluctuaciones sociales pueden ser, a pesar de puntos de vista que no atendemos, tanto positivas como negativas. Consideramos justas unas estructuraciones las cuales calificadas como Tradicionales, darían tanto a la sociedad como al individuo, las herramientas y los caminos para un desarrollo a todo nivel, por supuesto insertando en éste el Espiritual. Por el contrario, valoramos toda forma o falta de ésta en el significado moderno de la palabra, que suponga una acotación de la Realidad.

En esta antitética modalidad o “espíritu social”, causada y causante por dinamismos en los que no entraremos a comentar, se podría incluir sin duda alguna la época actual. Esto es por la negación, en precepto, de verdades y virtudes que no solo por comparación con otros ciclos o épocas, sino por mera lectura de las circunstancias, se divisan como carentes.

Si existe de manera general una falta parcial, aún esencial en la actualidad, de lo que comprendería un estudio holístico de los eventos, se podrá afirmar que el hombre insertado en la actualidad, al hacer cierto estudio, no tendrá en cuenta lo que su visión no encierra. Esto es lo que sucede al revisar cierta hermenéutica de la Filosofía Greco-Romana, en la cual incluiremos Misterios o aspectos más allá de lo ideológico insertados en escritos del ciclo al que nos referimos. Así, veremos prominente no sólo el fallo de cierto historicismo filosófico, sino también la degradación de conceptos y herramientas expuestas a marcos y prejuicios modernos.

Esto, no sólo ocurre en nociones noéticas rebajadas a marcos morales o éticos a lo sumo como es el caso de la Dialéctica, sino también en exégesis de Mitos. El academicista entenderá estos últimos como figuraciones simbólicas, lo cual puede contener en cierta manera un sentido, pero difícilmente se propone una Cosmogonía como camino particular a recorrer en orden inverso por el Iniciado; es decir, desde lo emanado hasta lo que Plotino llamaría, no por cualidad numérica sino por antítesis a lo múltiple, lo Uno. Es justamente lo que el Mito brinda y lo que lo hace vivo, la disposición de utensilios que en primera instancia y dada nuestra situación, podremos leer en textos, como la Teogonía del Papiro de Derveni, Eudemia, de Jerónimo y Helánico de los Misterios Órficos o la del Poeta Hesíodo pero que tras ello, deberíamos si encontramos la disposición violenta como visceral, de recrear introspectivamente. Es ésta, afirmamos, la última instancia particular del Hombre.

No sólo en interpretaciones Míticas o Filosóficas, sino también en concepciones Antiguas las cuales son deformadas, o más bien desenraizadas por la secularidad del ambiente contemporáneo, a meros conceptos proyectados en lo racional. Propondremos la comprensión de lo que los antiguos calificaban como Areté. Ésta suele ser presentada como un criterio de excelencia, como una virtud de dominio de uno mismo. No negamos tal visión, es más, la reafirmamos hasta su absoluto categórico, pero la vemos como Idea latente de realización y Actualización humana, propuesta y por hacer, por tanto a ser vivida y no, a lo sumo, recordada o tenida en cuenta de manera “consciente” y forzada. Esta diferencia que parece un mero límite entre un conceptualismo académico, o un intento de integración intelectual –no Intelectivo- y la experiencia, práctica y por último maestría de noción modélica, es un dualismo radical. Dualismo entre lo que vemos como Ontológico y que Es, y lo demás. Tal vez, sea momento de redescubrir planteamientos que se esconden para el que sepa Leer lo leído en estos textos a los que nos referimos y dejar de pensar en el cabalgar al tigre y hacerlo. Sirva esto como recordatorio.

Sancho Moncayo

 



Nuestro foro: TRADITIO ET REVOLUTIO
septiembre 5, 2015, 1:49 pm
Filed under: Tradición

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