Julius Evola. Septentrionis Lux


La Cuestión Greco-Romana desde la Tradición
septiembre 14, 2015, 9:17 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

Se presupone que en cada época existe un espíritu, que, influyendo en la capa social estructura, da forma e involucra prejuicios a la hora de comprender la realidad. Además de las predisposiciones del individuo, estas fluctuaciones sociales pueden ser, a pesar de puntos de vista que no atendemos, tanto positivas como negativas. Consideramos justas unas estructuraciones las cuales calificadas como Tradicionales, darían tanto a la sociedad como al individuo, las herramientas y los caminos para un desarrollo a todo nivel, por supuesto insertando en éste el Espiritual. Por el contrario, valoramos toda forma o falta de ésta en el significado moderno de la palabra, que suponga una acotación de la Realidad.

En esta antitética modalidad o “espíritu social”, causada y causante por dinamismos en los que no entraremos a comentar, se podría incluir sin duda alguna la época actual. Esto es por la negación, en precepto, de verdades y virtudes que no solo por comparación con otros ciclos o épocas, sino por mera lectura de las circunstancias, se divisan como carentes.

Si existe de manera general una falta parcial, aún esencial en la actualidad, de lo que comprendería un estudio holístico de los eventos, se podrá afirmar que el hombre insertado en la actualidad, al hacer cierto estudio, no tendrá en cuenta lo que su visión no encierra. Esto es lo que sucede al revisar cierta hermenéutica de la Filosofía Greco-Romana, en la cual incluiremos Misterios o aspectos más allá de lo ideológico insertados en escritos del ciclo al que nos referimos. Así, veremos prominente no sólo el fallo de cierto historicismo filosófico, sino también la degradación de conceptos y herramientas expuestas a marcos y prejuicios modernos.

Esto, no sólo ocurre en nociones noéticas rebajadas a marcos morales o éticos a lo sumo como es el caso de la Dialéctica, sino también en exégesis de Mitos. El academicista entenderá estos últimos como figuraciones simbólicas, lo cual puede contener en cierta manera un sentido, pero difícilmente se propone una Cosmogonía como camino particular a recorrer en orden inverso por el Iniciado; es decir, desde lo emanado hasta lo que Plotino llamaría, no por cualidad numérica sino por antítesis a lo múltiple, lo Uno. Es justamente lo que el Mito brinda y lo que lo hace vivo, la disposición de utensilios que en primera instancia y dada nuestra situación, podremos leer en textos, como la Teogonía del Papiro de Derveni, Eudemia, de Jerónimo y Helánico de los Misterios Órficos o la del Poeta Hesíodo pero que tras ello, deberíamos si encontramos la disposición violenta como visceral, de recrear introspectivamente. Es ésta, afirmamos, la última instancia particular del Hombre.

No sólo en interpretaciones Míticas o Filosóficas, sino también en concepciones Antiguas las cuales son deformadas, o más bien desenraizadas por la secularidad del ambiente contemporáneo, a meros conceptos proyectados en lo racional. Propondremos la comprensión de lo que los antiguos calificaban como Areté. Ésta suele ser presentada como un criterio de excelencia, como una virtud de dominio de uno mismo. No negamos tal visión, es más, la reafirmamos hasta su absoluto categórico, pero la vemos como Idea latente de realización y Actualización humana, propuesta y por hacer, por tanto a ser vivida y no, a lo sumo, recordada o tenida en cuenta de manera “consciente” y forzada. Esta diferencia que parece un mero límite entre un conceptualismo académico, o un intento de integración intelectual –no Intelectivo- y la experiencia, práctica y por último maestría de noción modélica, es un dualismo radical. Dualismo entre lo que vemos como Ontológico y que Es, y lo demás. Tal vez, sea momento de redescubrir planteamientos que se esconden para el que sepa Leer lo leído en estos textos a los que nos referimos y dejar de pensar en el cabalgar al tigre y hacerlo. Sirva esto como recordatorio.

Sancho Moncayo

 

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2 comentarios so far
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La visión moderna de la antigüedad greco-romana es excesivamente racionalista y pobre, pasan por alto una enorme cantidad de hechos y prácticas sociales, filosóficas y culturales de la sociedad antigua: los misterios de Eleusis, la sociedad pitagórica, la visión dionisíaca de la vida, la tragedia de la existencia, la fuerza de lo oculto, la muerte de los dioses y su resurrección, etc… todos estos hechos y paradigmas que la antigüedad en el Uno infinito e idéntico a sí mismo, que tan provechosa carrera hizo a lo largo de la historia griega, es ignorado de la forma mas descarada para imponer un marco racionalista y escéptico, haciendo del mundo griego nuestro predecesor en la búsqueda de la ciencia y la dominación de la naturaleza. No niego que esto sucediera en las últimas etapas del mundo antiguo, pero el cristianismo y las religiones orientales infundieron nueva vida a las figuras, arquetipos y héroes que habían ido perdiendo fuelle a lo largo de la historia. Un verdadero conocimiento del pasado será logrado con una nueva caracterización del conocimiento histórico iluminado por la Tradición.

Comentario por Fortuna87

Ciertamente se nos ha querido vender esa imagen preiluminista, racionalista, humanista y democrática de la antigua Grecia que nada tiene que ver con las esencias y con el origen del mundo griego. En nada comulga con el espíritu de los pueblos aqueos o de los dorios (bien encarnados en lo espartano) portadores de un tipo de Espiritualidad solar, olímpica, mayestática, heroica y viril y con unos rasgos anímicos que entendían de la nobleza, del valor, de la fidelidad, de la lealtad, del espíritu de entrega y sacrificio, de la rectitud, de la austeridad, de la gravedad y de la autodisciplina. Estamos hablando de sociedades jerarquizadas que tenían en el plano Trascendente de la realidad la guía de su razón de ser.
Tal como sucedió en los estertores de la antigua Roma los últimos avatares del mundo griego estuvieron impregnados de decadencia en todos los planos de la existencia y el contacto con el cristianismo produjo una revitalización del hecho Trascendente (al que cierto racionalismo y una determinada filosofía especulativa habían golpeado duramente) y también produjo, por el otro lado, una suelta de los componentes espurios que traía consigo el judeocristianismo; componentes a los que igualmente contribuyó el mundo romano a disolver a favor de la admisión, por parte de ese cristianismo primigenio ajeno a la raíz genuina del homo europaeus, de lo jerárquico, de lo guerrero y de una concepción cósmico-metafísica múltiple alejada del árido monoteísmo de origen desértico del que era portador ese judeocristianismo. Debemos, pues, ya no hablar de judeocristianismo sino de helenocristianismo o de catolicismo.
Sea como fuere el fermento deletéreo de la religión venida de Palestina continuó existiendo, aunque en forma larvada, y acabó emergiendo con especial virulencia en determinadas épocas hasta hacerse predominante: lo hizo en el Papado y el güelfismo durante las “Querellas de las Investiduras” -del medievo- contra el Sacro Imperio Romano Germano y sus partidarios los gibelinos, se sacó la careta con la irrupción del protestantismo y acabó de eclosionar a partir del Concilio Vaticano II o en la Teología de la Liberación.
Saludos

Comentario por septentrionislux




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