Julius Evola. Septentrionis Lux


HERMENÉUTICA POLÍTICA
noviembre 27, 2016, 4:07 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Metapolítica, Política

Sancho Moncayo, uno de los foristas de nuestro foro Traditio et Revolutio, nos hace llega las siguientes reflexiones:

“La pregunta política es; ¿Cómo podemos plantear un nuevo paradigma resolutivo de la situación?

Dugin habla de una cuarta teoría política, pero la dialéctica es moderna. Su superación es la desviación del Comunismo, el Liberalismo y la Tercera Vía hacia la multipolaridad.

Sin embargo, a día de hoy y de manera empírica sólo vemos dos tendencias; la fuertísima tendencia liberal y el ya terminal conservadurismo que absolutizando podría razonablemente declarar como modernidad.

Ambos, y de nuevo, a día de hoy, están basados en un Idealismo mutilado, en una metafísica conceptual. Por suerte también ambos desgraciados por semilla a su perecer:

El primero, el liberalismo, siembra como Idea la concepción lineal del tiempo, el progreso, el materialismo filosófico y teísmo antropocéntrico, junto al credo humanista-social implicando valores como la igualdad o los derechos innatos. Su pliegue y lo que lo corroe en la naturaleza es la realidad desigual, la conciencia y el espíritu como oposición a lo mental y racional, la trascendencia vocacional congénita a un grupo de hombres, el orden y la armonía. El segundo, el conservadurismo, siembra como Idea arquetipos validados por su antigüedad, por la supuesta relación con una moralidad, por un romanticismo y miedo a la exposición llevando a cabo de manera integral una restauración, una revolución. Su ácido sulfúrico es la actividad y acción, la temporalidad de los valores que proponen por estar huérfanos de toda eternidad. El liberalismo tiende al caos informe, el conservadurismo al caos formal. Es justo en este momento donde el hombre capaz debe plantearse, además de la verdadera asunción del abismo para aspirar a la libertad, el desatarse de la ideología. La metafísica como sistema mitológico ha muerto, la reconducción implica el asentar por ello la defunción de las ideologías modernas -sean o no contrarias en apariencia-, pues se trata en ambos casos de una exégesis, de una lectura alegórica embustera y desleal, al primer Idealismo que fue oficializado por Platón y el cual tuvo cierta legitimación en otros tiempos. Dar valor implica vigor, lucidez, sagacidad, y Heidegger con su hermenéutica da pistas de como ver y dar sentido a todo: “Toda interpretación, para producir comprensión, debe ya tener comprendido lo que va a interpretar.” El problema pues, para quien se lo plantee, es dilucidar que hay comprender, que hay que comprender para interpretar, que ES el principio y génesis. Sin caer en fábulas uno deberá abordar esta premisa olvidando la entidad, el sí mismo Kantiano, la mismidad, la quididad, la alteridad Platónica, Aristotélica y Cusana respectivamente, y por supuesto todo teísmo sea deísta, antropocentrista, o incluso ateísta. Todo genio configurativo de lo anterior se ha devaluado a cero. El imperativo es pues no sólo superar la ideología del hombre -idealismo liberal-, o superar a la metodología pretérita -idealismo continuista-, ambas como credo, sino formalizar a partir de una comprensión del mundo, del universo, del cosmos. La Weltanschauung provocada por la dimensión de la realidad integro-transversal, a través de una inmanencia trascendente, o lo que es lo mismo, por la capacidad esencial de una existencia, presente y eterna aquí y ahora, dada por si misma y su contrario, la propia muerte.

Sancho Moncayo”

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Alexander Duguin hace una lectura “holocomprensiva” de la modernidad bajo la estela de Heidegger, pero también Evola tendrá una importancia vital en su obra. Es importante remarcar que si leemos a Duguin desde Heidegger y/o Evola su voluntad “cuaternaria” por cerrar las pugnas entre las fuerzas ideológicas re-ordenadoras del mundo resultaría sin embargo un último subproducto teórico de la “modernidad” y la “metafísica” (en el sentido que Heidegger da a la metafísica como despliegue estructural de la modernidad). Sin embargo Duguin puede “con-tener” una doble lectura, y por tanto, una “doble comprensión” exotérica y esotérica (¿he ahí una forma de diléctica platónica? por este lado “tomaría” su caracter cusano). Pienso que su obra “La Cuarta Teoría Política” pende también de ese doble sentido esotérico y exóterico. Por un lado, desde la perspectiva politológica filosófica, fenomenológica y”cientifica” se trataría de una lectura de la superación de la superación, una reformulación dialéctica, a través de “un regreso” o “reacción” que se convertiría en “progreso” para la totalidad (ello, en efecto, resulta y resuena muy Hegeliano, idealista, y más aun “idealista de izquierdas”). Su teoría se identificaría, por tanto, con ese resorte moderno y totalmente metafísico, académico y “negativo”. Por otro lado Duguin adhiere al tradicionalismo y sus estudios, como muy bien ha manifestado en muchas de sus obras. La teoría (e influencia) de los arquetipos aparece con relativa frecuencia en sus escritos, y es por ello que la voluntad cuaternaria de su Cuarta Teoría respondería “más bien” a la necesidad por el despliegue del arquetipo de la cuaternidad (ahora me estoy remitiendo a Jung y su estudio del arquetipo de la totalidad bajo el juicio de la cuaternidad): la modernidad precisa de un cierre “político” para que del caos re-surga el ordén. Es sólo otra posible propuesta de lectura. Muy buen Texto.

Comentario por R. Barreiro




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