Julius Evola. Septentrionis Lux


TEMPLO DEL TIBIDABO, UNA MORADA FILOSOFAL DEL SIGLO XX
septiembre 1, 2018, 10:21 pm
Filed under: Espiritualidad, Janus Montsalvat, Metafísica, Tradición

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Barcelona se extiende en un amplio llano limitado por las desembocaduras de los ríos Besós y Llobregat (Baetulo y Rubricatus para los romanos). La ciudad por el lado opuesto al mar, se encarama en las pequeñas montañas culminadas por la Sierra de Collserola, hoy Parque Natural con más de 8000 hectáreas y que engloba varios municipios. Su punto más alto (518 metros) es ocupado por una pequeña ermita edificada en el año 1886, que aún se conserva al lado de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, Templo Expiatorio de España como reza en su frontispicio, concluida en el año 1961 después de pasar por múltiples avatares

  El Tibidabo es un mirador excepcional de la ciudad de Barcelona, es la montaña más alta de la Sierra de Collserola y por tanto de la ciudad, siguiéndole Mont Jovis, Monte de Júpiter, más conocido popularmente como Montjuic (173 metros). Existe una leyenda que da una explicación mitológica al nombre de la ciudad. Según la misma, Hércules se unió a los argonautas tras acabar con su cuarto trabajo para ayudarles a buscar el Vellocino de Oro, pero al pasar cerca de la actual costa catalana una tormenta dispersó las embarcaciones que formaban tal expedición, y al terminar faltaba la novena. Hércules la buscó y finalmente encontró los restos del naufragio de la Barca Nona (la novena embarcación) al lado de la actual Montaña de Montjuic. Hércules y los tripulantes habían encontrado tan acogedor el paraje que, ayudados por Hermes (Dios del comercio y de las Artes) decidieron fundar una ciudad a la que dieron el nombre de BARCANONA, concretamente la leyenda dice que Hércules ascendió hasta su cima y una vez admirado el bello paisaje decidió fundar dicha ciudad. Hay que señalar por otro lado que para los antiguos pueblos layetanos ambas montañas eran también sagradas, -se sabe que hubo asentamientos layetanos en las cimas de ambas montañas donde hoy están precisamente el Templo del que hablamos y el Castillo respectivamente (que vale la pena visitar también), mismamente el Tibidabo, era conocido como el “Cerro del Águila” (Pódium Aquilae)1 antes de la cristianización de su nombre ya tardíamente, sería en el Siglo XIV cuando los monjes jerónimos acabarían denominando a este cerro como Tibidadbo (del latín “te daré”, alusión evangélica a las tentaciones que sufrió Cristo por el demonio precisamente sobre la cima de un monte), nombre con la que se le conoce ya actualmente.
   Llama la atención dicha montaña hoy por el impresionante Templo construido sobre su cima, formidable edificio con aspecto de fortaleza y que parece desde lo lejos un Axis Mundi -Eje del Mundo-, una construcción del Siglo XX imponente y de impresionante belleza. Su autor fue uno de los grandes representantes del modernismo arquitectónico catalán, gran admirador del románico y del gótico, el gran Enrique Sagnier, un gran arquitecto de la época que vivió siempre con extrema austeridad y sencillez, al mismo tiempo que devoto católico.
Orígenes del actual Templo
En una escritura notarial fechada el 30-I-1876 consta que “doce caballeros” (un número repetitivo en todas las tradiciones de carácter solar e iniciático)2 compraron en común e indivisiblemente, dos fincas “en la cúspide del monte Tibidabo”, todos ellos estaban firmemente decididos en preservar dicha cima para el culto cristiano, no a la pura diversión, ni a ninguna secta, como parece que se había intentado, hay que recordar que por esas fechas Cataluña era un hervidero de sectas pseudoespirituales e incluso contrainiciáticas de tipo teosófico o espiritista entre otras. Lo cierto es que el ya el 30-V-1886 se empezó a construir en el punto más alto de la montaña una pequeña ermita que hoy aún se conserva adosada al templo superior. El 3-VII-1886 se bendijo el lugar, quedando por tanto en la cumbre una señal bien clara de cuál iba a ser su destino… El 28-XII-1902 el Cardenal Casañas, obispo de Barcelona, pone la primera piedra del futuro templo iniciándose por tanto la construcción del mismo, cuya cripta se inauguró en el año 1911, pero durante varios años las obras sufrieron un frenazo por diversos motivos, pues la Escolanía no se inauguraría hasta 1927. En julio de 1936 la cripta y la residencia sufrirían por parte de la chusma anarco-comunista (los mismos que hoy en día hablan cínica y satánicamente de “memoria histórica”) una destrucción casi total en su interior, además de los graves daños causados en el mosaico del tímpano, en las cabezas de varias estatuas y de la destrucción total de la gigantesca estatua del Sagrado Corazón, en bronce. La reconstrucción no se iniciaría hasta el año 1939, año en que la barbarie demoníaca fue derrotada tras finalizar la Santa Cruzada de Liberación con la victoria de las fuerzas acaudilladas por Francisco Franco. En el año 1961 se finaliza definitivamente la construcción del Templo y en 1966 Franco lo inaugura oficialmente ofreciendo la custodia. Es denominado oficialmente Templo Expiatorio de España tal como reza en el frontispicio del mismo aún hoy en día.
Características del Templo
   Para un observador atento, el conjunto arquitectónico que se haya en esa mágica cima que preside la ciudad de Barcelona, el exterior de la cripta aparece como una fortaleza y el templo superior a lo lejos da un aspecto a una ciudad fortificada, parece el mágico castillo de las leyendas del Santo Grial, un Camelot del Siglo XX, además el color blanco azulado de la piedra con la que se construyó el templo superior refuerza más esa impresión, sobre todo cuando los rayos del sol se proyectan sobre el mismo. Dicho conjunto arquitectónico está dividido en tres partes 3, la Cripta, de carácter modernista con toques neorrománicos,  el Templo Superior, de estilo neogótico, y finalmente el Cristo triunfante y victorioso que corona la cima del monumento, de bronce y pintado con una pintura especial anticorrosiva de color dorado para que se permitiera su adecuada visibilidad tanto de día como cuando es iluminado por la noche, tenemos pues los tres elementos de la Obra Alquímica, Nigredo (Cripta), Albedo (Basílica o Templo Superior) y Rubedo (Christus Philosophorum que corona la cima del complejo arquitectónico).
   La Cripta tiene aspecto de la entrada en una cueva 4, en una gruta, su piedra basta y amarronada da esa impresión, parece como una apertura en el seno de una montaña. Hay que recordar que la cueva para el hombre primordial no solo fue su primer hogar, sino que también y sobre todo centros de culto y de iniciación, eran “nacidos de la Piedra” puesto que su “segundo nacimiento”, el espiritual, el verdadero al fin y al cabo, se había producido precisamente en el interior de la cueva, simbolizando la victoria de la Luz sobre las Tinieblas, un Segundo Nacimiento en el vientre de la Madre Tierra.
   En este ideal de expiación y de perfección, el valle es símbolo del pecado, frente al monte que se presenta como una aproximación a Dios, al Principio Supremo. Además, algo mejor que la tierra del llano, es la misma piedra, aunque oscura (Nigredo), de la montaña. Sigue en perfección la piedra grisáceo-oscuro de la Cripta, sillares trabajados de un modo basto. Sus arcos romano-bizantinos, sin desbastar, con apariencia tosca, nos hablan mucho más de Tierra y poco de Cielo, el ideal de lucha contra las tendencias oscuras e infernales (Nigredo) está presente en la construcción, el elemento terrestre predomina aún sobre el elemento celeste. Sobre la Cripta o Templo Inferior, se erige el templo gótico o Templo Superior, sus flechas son ágiles y sencillas como ha de ser toda verdadera espiritualidad, su piedra blanca-azulada (haciendo todo ello alusión a la Patria Celeste, la Vía de los Dioses, el Deva-Yana), ordenada, expresa un ideal de purificación, de limpieza interior, de introspección, de “insistir” (vivir hacia dentro de uno mismo, en torno a un Centro metafísico simbolizado por el Corazón, el Sol del cuerpo humano), frente al mero “existir” (vivir desnortado, descentrado sin principios, algo que vemos a diario entre los hombres-masa de la barbarie moderna y contra-espiritual). Finalmente, coronando el gigantesco monumento, tenemos la estatua del Sagrado Corazón de Jesús con los brazos abiertos igual que en la Cruz (símbolo primordial de los 4 elementos), haciendo de puente entre el Cielo y la Tierra (Pontifex Maximus) , entre en mundo del Más Acá y el mundo del Más Allá. La fachada de la Cripta logra a la perfección la transición desde la montaña salvaje hasta el templo de líneas perfectamente geométricas. El conjunto es una fusión entre la Naturaleza -Monte-, el esfuerzo del hombre por su superación y perfeccionamiento -Templo- y el Hombre-Dios -estatua del Sagrado Corazón-, ordenado todo el conjunto arquitectónico en una jerarquización hacia el Principio Supremo, hacia la Divinidad. Toda la Obra refleja la Ascensión y Purificación de lo meramente humano hacia su divinización (espiritualizar la materia, materializar el espíritu). En definitiva, estamos ante un monumento excepcional construido sobre una montaña ya simbólica, vale la pena visitarlo tanto el templo como sus alrededores, y sobre todo no perder detalles en los bellos mosaicos que hay en el interior de la Cripta, curiosos símbolos que a más de uno le llamará la atención…
NOTAS:
  1. En cuanto al simbolismo del águila, bella ave rapaz símbolo de conquista espiritual y del Imperium, ver el siguiente artículo que escribió Julius Evola sobre el simbolismo del águila: https://juliusevola.blogia.com/2006/091106-s-mbolos-y-mitos-de-la-tradici-n-occidental-i-.-el-aguila.php
     2. El número doce es una constante en todos los centros o doctrinas    tradicionales o dependientes de la Tradición Primordial, a este respecto René Guenon escribió:  Esta constitución se encuentra reproducida en lo que se llama el “consejo circular” del Dalai Lama, formado por doce grandes Namshans; y se la encuentra también, además, hasta en algunas tradiciones occidentales, como por ejemplo los doce caballeros de la Tabla Redonda. Añadiremos aún que los doce miembros del círculo interior del Agarta, desde el punto de vista del orden cósmico, no representan simplemente los doce signos del Zodiaco, sino más bien los doce Adityas, que son otras tantas formas del sol, en relación con estos mismos signos zodiacales. Y añade aún una nota sobre los doce Adityas representados por el Sol de doce rayos, mientras que la liturgia católica atribuye a Cristo el título de Sol Justitiae, siendo los doce apóstoles de la tradición cristiana los doce rayos “enviados” (conforme a la etimología de la palabra griega Apóstoles) por el “Sol espiritual” que es Cristo. En conclusión de todo esto, podemos afirmar, no solo que los centros espirituales diversos que corresponden a las diferentes tradiciones son las emanaciones de un centro único y supremo que corresponde a la gran Tradición primordial, sino también que el número de los doce apóstoles es una señal, entre muchas más de la perfecta conformidad del centro espiritual cristiano con el centro espiritual universal”.
 
   Por otro lado señalar que según el Evangelio Cristo eligió a sus doce discípulos sobre la cima de una montaña…
 
3.  En cuanto al simbolismo del número Tres, Julius Evola escribió:  “Por lo que se refiere al simbolismo perenne del número tres, en relación con el dogma católico de la Trinidad, no podemos hacer nada mejor que reproducir el siguiente fragmento de uno de nuestros artículos: “Los rasgos de ésta última son múltiples en el seno de la Iglesia católico romana. No nos corresponde mencionarlos aquí. Citemos solamente, por ejemplo, la Trinidad, vestigio de la cosmogonía homérica -“cualquier cosa se divide en tres”, dijo el famoso poeta griego-, reflejo de la tríada sagrada de los Arios, supervivencia de la doctrina hindú de la trimurti, reminiscendia del “Shamroch” o guirnalda con tres reflejos de los druidas. La concepción del “dios de las tres formas” o de “tres dioses en un solo ser” es igualmente propia de la mitología nórdica (Odín, Ladur y Hoenir) y de la religión egipcia”.
 
4.   La cueva o caverna es un arquetipo universal directamente relacionado con el nuevo nacimiento (o “renacimiento”) del ser humano en esta vida, y por lo tanto es un símbolo iniciático de primer orden. Zeus, Hércules, Orfeo, Cristo, Mitra y tantísimos otros nacieron o fueron iniciados en cavernas por maestros y escuelas que las tienen como lugar de encuentro, enseñanza, meditación y ceremonia. También en Oriente la cueva aparece vinculada al simbolismo de la iniciación a los misterios y al renacimiento en sentido espiritual. Homologada al crisol de los alquimistas, la caverna es el lugar del “nuevo nacimiento” iniciático.

J.M.C.

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