Julius Evola. Septentrionis Lux


EL PEZ SIN CABEZA Y COLA, SÍMBOLO DE LA BARCELONA SUBVERSIVA Y ANTITRADICIONAL
marzo 3, 2019, 12:43 am
Filed under: Espiritualidad, Tradición

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“Al hablar de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales”.

De la guerra” (1832), Carl Von Clausewitz

 

EL PEZ SIN CABEZA Y COLA, SÍMBOLO DE LA BARCELONA SUBVERSIVA Y ANTITRADICIONAL

 

“El pez de oro” (en este caso el oro de los tontos como decían los hermetistas de antaño), así es como popularmente se conoce a este engendro de metal, monumento friki  construido para el deleite del turismo basura que desde hace décadas asola a nuestra ciudad y que suele alucinar con cualquier mamarrachada o esperpento que se les presente delante de sus narices. Se trata de una obra del arquitecto canadiense Frank Gehry. El pez, que flota sobre el Mar Mediterráneo, de hecho se encarama al mismo, mide 56 metros de largo y 35 de alto. Lo más curioso de dicha construcción con forma de pez, son su ausencia de cola y de cabeza… Según la rumorología el pez fue un encargo de los masones de la ciudad; nada de extrañar  teniendo en cuenta que el pez es uno de los grandes símbolos de la Tradición Primordial y de la Ciencia Sagrada, y precisamente la Masonería especulativa y anti-tradicional, que “curiosamente” surgió en torno al Siglo XVIII en la pérfida Albión, ha sido y sigue siendo uno de los motores fundamentales en la destrucción de Europa, y opera siempre al modo de una imagen invertida en un espejo, parodiando, falsificando y caricaturizando todo lo que venga del mundo de la Tradición de nuestros Ancestros.

Construido dicho monumento con un acero de color bronce, cuando el sol incide directamente sobre el pez, se pone dorado. Como una joya (su parodia más bien). Como un icono de la ciudad ya consolidado en referencia “identitaria”, por eso puede considerarse como uno de los símbolos representativos de la Barcelona post-moderna, post-ollímpica y ciertamente en estos tiempos que corren, pre-apocalíptica, no hay nada más que darse una vuelta por la capital y acabar pillando una depresión de caballo, ya que el caos y la barbarie están más que a la vista: manteros a mansalva, gentuza trapicheando en cualquier esquina, carteristas a tutiplén, drogatas y borrachuzos por cualquier lado, rameras a patadas, bujarronas en cantidades astronómicas, la peste sarracena pululando como Pedro por su casa, y un largo etc. La Barcelona “colaucada” ha superado con creces en nivel de inmundicia y degradación a sus predecesores, que ya es mucho decir…

Moviéndonos en el terreno de los símbolos, el pez con su cabeza y cola cortadas podría simbolizar el final más o menos cercano de la actual era astrológica en la que estamos, la Era de Piscis, que curiosamente también coincide con el final (o su fase final más bien, la Edad Más Oscura) del Kali-Yuga o Edad de Hierro, el final de los tiempos del Apocalipsis. Por otro lado recordar que el pez fue uno de los símbolos identitarios de los primeros cristianos; como reza el Evangelio: “Vengan en pos de Mí, y Yo los haré pescadores de hombres. (Mateo 4:19)”. Hay que señalar que el pez, no sólo fue el símbolo identitario  -uno de ellos más bien- de los primeros cristianos, ya que su elección pudo ser casual o causal, sino que también ha sido uno lo los grandes símbolos de la tradición indo-aria, ya que el pez simboliza el Conocimiento y la Sabiduría sagradas que navegan sobre lo informe, lo caótico, lo desordenado, es decir de las aguas (asimiladas a lo tenebroso, oscuro e infernal), posibilitando así la inauguración de un Nuevo Ciclo ascensional, de un Orden Nuevo gracias a los gérmenes que porta el mismo en potencia. Como decía el escritor y poeta alemán Novalis: “El espíritu de Dios flota sobre las aguas y una isla celestial se hará visible primero cual morada de los nuevos hombres, cual cuenca de la vida eterna sobre las olas que refluyen”. El pez también era sagrado para la mitología greco-romana, donde se celebró el significado simbólico de cambio y transformación, Iniciación y Renacimiento. Esto lo vemos en el mito de Afrodita y Eros cuando se convirtieron en peces con el fin de escapar de la feroz Tifón. En el mundo nórdico antiguo y las culturas europeas, los peces tenían un significado de la capacidad de adaptación, la determinación y el flujo de la vida, era esa capacidad de adaptación que tiene el pez lo que les fascinaba.  Todo esto nos permite entrar en otro tema: si el pez como hemos señalado anteriormente era una manifestación del Principio Supremo en todas las tradiciones sagradas, sobre todo en las de carácter indoeuropeo, el pez sin cabeza y cola que se construyó en Barcelona (expresión del Antiarte por excelencia), sólo puede ser su contrafigura paródica e infernal, su opuesto metafísico, simbolizando así la ruptura del hombre y de dicha ciudad  antaño sagrada con la Tradición y con lo Alto, la ruptura con el Cordón Dorado que nos unía a los Dioses. Cuando se da la espalda a nuestros Ancestros y Dioses Fundadores  cualquier mal ya es posible, la locura, la imbecilidad y la necedad se ciernen sobre un pueblo de forma desesperada e imparable,  aunque sea bajo la vomitiva figura de una nauseabunda verruga con patas…

 

JOAN MONTCAU


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