Julius Evola. Septentrionis Lux


ASEVERACIONES ANTIEVOLUCIONISTAS
septiembre 30, 2019, 5:44 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Tradición

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ASEVERACIONES ANTIEVOLUCIONISTAS

Al margen de lo que expusimos en nuestro escrito “Contra el darwinismo” y de algunos aportes que aparecen en los comentarios sitos al pie del mismo (1) hemos creído conveniente exponer ciertas reflexiones, asertos y proclamas que, en contra de la impostura claramente subversiva que supone el darwinismo, elaboramos en disputa dialéctica con cierto apreciado compañero proevolucionista.

Quisimos dejarle claro que el Tradicionalismo y el evolucionismo son irreconciliablemente antagonistas.

Por ello escribimos que:

En el s. XIX, un hombre llamado Darwin, con intenciones nítidamente antitradicionales se inventó, echándole mucha imaginación, una teoría y la pretendió revestir de solidez científica. Aunque no existieran, en tal época, “apoyos” en materia de biología genética y/o molecular para darle consistencia a sus teorías éstas recibieron rápidamente todo tipo de apoyos incondicionales, ya que a los arietes de la subversión antitradicional les pareció un arma inigualable para acabar de demoler los restos que aún pudiesen quedar del otrora edificio Tradicional. Tras los apoyos a semejante fantasiosa teoría no se hallaba el amor a la ciencia (por cierto, en minúscula como profana que es) sino ansias deletéreas de acabar con cualquier atisbo de dignificación del hombre (que irremisiblemente ha de venir siempre de lo Alto).

Los hay muchos a los que, incluso aun sin molestarse en entrar en el análisis científico del evolucionismo, les viene bien esta teoría porque apunta a la línea de flotación de una concepción Superior de la existencia que ellos, por manera de ser (a veces casi innata y otras adquirida por las influencias nefastas de la modernidad), aborrecen y detestan.

Esos saltos cualitativos, que postula la impostura darwiniana, entre la no vida (átomos, moléculas,…) y la vida (bacterias,…) exigen de una imaginación total. Que de lo simple pueda surgir algo más complejo y cualitativamente diferente es algo que resulta inimaginable. Que de un ser vivo inferior pueda generarse otro más complejo hasta llegar al hombre es como esperar que una mente humana con coeficiente intelectual a nivel de idiotez o imbecilidad pueda acabar generando, realizando y/o elaborando lo que por naturaleza le es imposible: descubrimientos científicos, sistemas filosóficos,… En catalán hay un dicho que dice que “d´on no n´hi ha, no raja” (donde no hay no chorrea…) que vendría a traducirse con aquel “no le pidas peras al olmo”.

Las leyes de la termodinámica puede ser utilizadas para darle categoría de credibilidad indiscutible a las tesis evolucionistas pero estamos hartamente convencidos de que la energía no puede obrar milagros antinatura y no puede lograr que, por sus propios medios, el inválido realice un salto de pértiga estratosférico o lo inferior genere lo superior.  ¡Claro que la Tradición concibe la realidad de la energía y se sustenta en el papel primordial representado por los numens o fuerzas sutiles pero, obviamente, su enfoque es otro!

No podemos conformarnos en aceptar bovinamente permanecer en el lodazal de los bajos vuelos a los que nos lleva la aceptación de la superchería evolucionista.

El conocimiento, sin fisuras, de la Tradición y su adhesión a ella …ésta debe ser nuestra trinchera ante los embates destructivos y alienantes a los que nos quiere someter el infame y degradante mundo moderno que nos ha tocado padecer.

Para triturar el darwinismo podríamos considerar teorías como la de la entropía con su tendencia al caos -a la involución- y no a la mejora -evolución- cuando se habla de cambios.

Igualmente podríamos objetar, en otro orden de cosas, el que el evolucionismo no nos explica de dónde provienen los quarks. Existen un punto retroactivo en el darwinismo en el que se llega a un callejón sin salida y este callejón se halla en el origen del cosmos: ¿de dónde provienen esos quarks? Quizás los evolucionistas deberían admitir la teoría del Diseño Inteligente defendida por algunos científicos y que se hallaría en el origen de todo, pero, claro, admitirlo sería admitir que existe otra realidad de orden metafísico que no contemplan los darwinistas; que existe un Principio Primero Eterno, Inmanifestado, Incalificable e Indefinible. Sería admitir que el cosmos no proviene de la materia, sino de lo Inmaterial: de lo Trascendente. Sería admitir la existencia de un plano de la Realidad de carácter Suprasensible, además de inasible e inmesurable con las herramientas de las ciencias profanas y fenomenológicas. Sólo las Ciencias Tradicionales, Sapienciales y Sagradas, a través de la Iniciación, pueden/podían llegar a la Gnosis de esas Realidades Suprasensibles y del mismo Principio Supremo. Ellas entienden/entendían de lo Inmanifestado y del mundo sutil o nouménico, mientras que las profanas sólo entienden del fenoménico, sensitivo o superficial. Ni que decir tiene que para analizar e investigar a este último sí que son, dichas ciencias profanas, adecuadas; pero no para entender de una Realidad Superior que se les escapa y para cuya comprensión resultan inútiles, inoperantes y muestran su incompetencia e impotencia.

Hay que combatir sin ambages teorías que al concedernos un origen material nos abocan a la sumisión ad aeternum a ese materialismo que se encuentra en la base de todos los males existenciales por los que pasa nuestro decrépito mundo. Sólo el Espíritu puede elevarnos por encima de las prisiones y las servidumbres con las que nos atenaza la materia; y admitir la presencia (larvaria, eso sí) en nuestro interior del Espíritu sólo se puede hacer si consideramos nuestro origen no como un origen material sino Espiritual: si consideramos que procedemos del Principio Primero por emanación de éste y por ello compartimos con el mismo su Eternidad (nuestra heroica labor será la de intentar Despertarla).

¡Rechacemos el materialismo en cualquiera de sus formas! ¡Rechacemos los subproductos y excrecencias del mundo moderno! ¡Rechacémoslos ya sean de orden político, económico, filosófico, “científico” o cultural (pseudocultural, sería más apropiado decir)! ¡Rechacemos, entre ellos, a un darwinismo que tanto ha hecho por aplastar los escasos vestigios que, en su época, pudieran quedar de Tradición!

El darwinismo ha sido una de las armas más efectivas que la modernidad ha utilizado en contra de la Tradición y ha sido, por ello, una de las principales causas de los destrozos existenciales que vivimos en la actualidad. ¿Qué le queda al hombre al que el evolucionismo le ha decapitado su función Superior: la Trascendente? Pues sólo le queda la mente o psique para que ésta, cuando no tiene la suprema guía del Espíritu, acabe campando por el caos que le es consustancial. A este hombre se le ha abocado al abismo actual por habérsele mutilado lo Absoluto. Él es el producto de los daños irreparables que han provocado teorías deletéreas como la evolucionista. Los paradigmas de la Tradición son los que nos sitúan en el adecuado camino de oposición raigal y total al pútrido estado de cosas originado por el señorío del deletéreo mundo moderno. Hay que pugnar por soltar todo el lastre alienador que nos han ido colocando sobre nuestras espaldas tantos años de estudio -en este esclavizador Sistema Educativo- y de nefastas influencias de los mass media. Resulta  difícil decir no a aquello que teníamos tan asimilado desde que éramos tan jóvenes: nos hablaron de evolucionismo en la escuela, en el Instituto, seguramente también en la Universidad recibimos una buena dosis anestesiante de esta disolvente pseudoteoría, quizás después (llevados por una cierta pasión a lo que con tanto ahínco nos habían inculcado) nos echamos al coleto lecturas sobre las bondades del darwinismo,… ¿¡Quién sabe si incluso nuestra vida laboral está directa o indirectamente relacionada con el evolucionismo!? ¿¡Quién sabe, asimismo, si hemos creado, entusiásticamente, escuela explicándoles a congéneres nuestros los vericuetos “científicos” del evolucionismo!? Debe resultar muy difícil explicarles ahora a estos nuestros prosélitos que lo que, debido a la ascendencia que teníamos sobre ellos, se creyeron a pies juntillas es una auténtica falsedad provocadora, además, de gran parte de los derrumbes que padece el desangelado mundo por el que transitamos.

Hagamos un acto supremo de valentía y rompamos con esta teoría de mercadillo que nos hace descender de las bestias cuando, por el contrario, fácilmente nos apercibimos que es hacia las bestias hacia donde vamos. Nos estamos animalizando a marchas forzadas. Somos cada vez más primarios y esclavos del submundo pulsional. Somos cada vez más groseros y menos sutiles. No evolucionamos, sino que claramente involucionamos.

Démosle una patada, sin contemplaciones y definitiva, a las supuraciones elaboradas por Charles Darwin. Entonces nos hallaremos, sin duda, en el buen camino -o cerca del buen camino- para oponernos de raíz a este inmundo mundo moderno.

No hay síntesis posible entre Tradicionalismo y evolucionismo, sino que hay enfrentamiento, irreconciliabilidad absoluta y encono total y raigal. No se pueden hacer síntesis entre lo que arrastra al hombre a lo ínfero y lo que lo Eleva por encima de su misma condición humana.

Se deben descartar los subproductos de la modernidad y recorrer los caminos no averiados; aquellos caminos que nos colocarán en la antípoda del vermicular mundo moderno para, así, combatirlo con las armas adecuadas y no con unas armas del enemigo que acabarán hiriéndonos, si cabe, más todavía; quizás ya irremisiblemente.

(1) “Contra el darwinismo”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/19/contra-el-darwinismo/

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 

 



EL DIVORCIO Y LOS HIJOS
septiembre 29, 2019, 5:25 pm
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EL DIVORCIO Y LOS HIJOS

Seguramente una de las principales razones de los problemas psicológicos de todo tipo que aturden a nuestros infantes y adolescentes (y que, desgraciadamente, arrastrarán a lo largo de su existencia) tiene relación directa con ese total desbarajuste familiar que el mundo Occidental viene sufriendo desde hace décadas y que, por separaciones y/o divorcios, los dejan sin uno de los dos referentes paternos que deben tener para crecer psíquicamente y emocionalmente estables. (Dicho sea esto sin ningún ánimo de defender modelos de familiar burgués o, simplemente, paródicos.) La promiscuidad inherente al hombre-masa actual se refleja en esos cambios continuos de pareja con la que convivir; reflejo, a su vez, de la inestabilidad interior del hombre moderno que deja de valorar lo que valoraba hace un rato y que, a su vez, es presa de esa especie de consumismo por el cual se desea –al igual que adquirir otro coche u otra vivienda- tener una nueva pareja. A esto hay que añadir como causa de las separaciones matrimoniales ese egoísmo, provocado por el individualismo de la modernidad, que antepone, en el adulto, las querencias y los caprichos propios ante la responsabilidad de la crianza de la progenie en su entorno familiar natural. Todo esto mejor comprendido en el contexto de la hegemonía del ´hombre fugaz´ -que preveía Evola para la actual fase de decadencia (la del ´Quinto Estado´)- y que se caracteriza por la necesidad continua de cambio compulsivo (en este caso de pareja). Exculpamos, cómo no, a tanta gente adulta que es víctima, sin desearlo, de divorcios y separaciones que han sido promovidos o queridos por sus convulsas parejas. ¡Auténtica sangría, ésta, padecida por tantos niños que difícilmente podrán evitar el no arrastrar, a lo largo de sus vidas, alguna secuela!

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



LA NATALIDAD. LA PROCREACIÓN
septiembre 29, 2019, 5:06 pm
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LA NATALIDAD. LA PROCREACIÓN

 

En el seno de un Mundo Tradicional no existiría polémica alrededor del tema del mayor o menor índice de natalidad. Somos seres humanos, vivimos en este mundo (el microcosmos) y no podemos ir en contra de nuestra componente física: en contra de la biología. Como Tradicionalistas aspiramos a sacralizar lo físico y no a evadirnos de ello (esto sería más propio del vedântino evasionista). Si fuésemos estrictamente seguidores de ese tipo de “metafísica pura” que predispone a una suerte de ‘fuga con respecto a la realidad sensible’ seguramente seríamos bastante poco dados a apoyar la procreación, pero, por contra, la Tradición conoce tanto del (utilizando nomenclatura hermético-alquímica) solve (espiritualizar el cuerpo) como del coagula (corporizar el espíritu), por lo cual no considera la vida como “un valle de lágrimas”, no desprecia lo físico-corporal, sino que concibe el cuerpo como el templo del Espíritu.

En el Mundo de la Tradición no se correría ese peligro (el que sí se da en el mundo moderno) de que una alta tasa de natalidad fuese sinónimo de desarrollo de lo cuantitativo-amorfo-despersonalizado-gregario-masificado-individualista-atomizado-catagógico en detrimento de lo cualitativo-vertical-Espiritualizador-diferenciado-jerárquico-orgánico-anagógico. No se correría este riesgo sino que lo cuantitativo-horizontal se vería atravesado (como en el simbolismo de la cruz) e impregnado por lo cualitativo-vertical.

 

Entre la nobleza sacro-rectora de una sociedad Tradicional resulta comprensible que haya elementos que opten por controlar el número de su particular progenie o el de renunciar totalmente a ésta para dedicarse en pleno a su transformación ontológica en vistas no sólo al arribo a la Gnosis y vivencia de lo Trascendente sino también en vistas de erigirse en faro que ayude a los más a ordenar sus existencias guiados siempre por los dictados de lo Alto. Seguramente entre determinados individuos excepcionales pueda no ser incompatible el Iniciarse con el dedicar tiempo a su descendencia.

 

En otro orden de cosas el tema de la inmigración masiva está poniendo en peligro la misma existencia del homo europaeus. Dado lo grave de la situación pensamos que la depauperada tasa de natalidad que este homo presenta (frente a la elevada de esas masas de inmigrantes) conduce a su extinción y a la imposibilidad material de que en un futuro pudiese regenerarse psíquica y Espiritualmente; sin menoscabo de que algunos de nuestros semejantes pueda renunciar a la procreación en beneficio de una dedicación casi plena a tareas de regeneración.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



LA RAZA HIPERBÓREA ROJA Y LOS ROJOS ATLANDES
septiembre 29, 2019, 4:41 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

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LA RAZA HIPERBÓREA ROJA Y LOS ROJOS ATLANDES

 

Se ha venido a hablar, en diversas fuentes, de ‘Raza hiperbórea roja´. Este adjetivo tiene una connotación simbólica relacionada con el significado que dicho color adquiere en la tradición hermético-alquímica, pues en la etapa del rubedo (fase al rojo) el Iniciado ha llegado a la Gnosis de lo Absoluto Incondicionado y se ha hecho Uno con el Principio Inmutable. En esta situación existencial se hallaba el Hombre Hiperbóreo.

El adjetivo ´rojo´ pasa de ser una cualidad Espiritual del Hombre Boreal, Solar y Áureo a convertirse, incluso, en una característica física en el hombre que, aún perteneciente a la Edad de Oro, se ha trasladado a una morada noratlantídea: a una especie de subsede polar. Así es que a los noratlantes se les ha llamado ´los hombres rojos´. Desde este enclave muchos de ellos emigraron hacia el este (sur de Europa, norte de África) y oeste (América) creando nuevas civilizaciones en las que habrían dejado, p. ej., su impronta arquitectónica en construcciones como las pirámides (de semejantes proporciones) que se rastrean tanto en Egipto, en la actual Bosnia, en la península de Crimea o en el mundo guanche (pirámides de Güimar, en Tenerife) como en las civilizaciones maya o aztecao. No en vano, las crónicas de los conquistadores castellanos de las Islas Canarias describen a los guanches como pelirrojos y no en vano, también, así son descritos muchos de los antiguos libios y muchos egipcios (faraones y no, cuyas momias así lo atestiguan).

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



REFLEXIONES ACERCA DE LA MORAL

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REFLEXIONES ACERCA DE LA MORAL

Vayan, a continuación, una serie de reflexiones que en torno al tema de la moral hemos vertido en debates diversos.

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El hedonismo es una de las manifestaciones del mundo moderno: materialista y que sólo conoce de lo ínfero e irracional y del plano sensitivo. Como ignora los planos de la Realidad Suprasensible y Trascendente engorda al máximo la única realidad que conoce: la material. De ahí esa concupiscencia desbordada y ese pansexualismo que lo impregna todo. La Tradición no queda, no obstante, encorsetada por dogmas sociales ni morales sino que prefiere la ética (del honor, del valor, de la fides,…). Bien es cierto que si ese corsé puede ahogar a una minoría apta para superar la condición meramente humana sí resulta necesario (dicho corsé) para la mayoría que no es capaz de autogobernarse y autocontrolarse.

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La gente conservadora (de mentalidad pequeñoburguesa) no se mueve más que por prohibiciones y dogmas que intentan poner barreras a su debilidad interior. Las religiones de nuestro entorno no conocen de la vía Iniciática, esto es, de la posibilidad real de transmutarse interiormente y llegar a ser dueños de uno mismo: de autodominarse, de descondicionarse con respecto a todo aquello que aliena y subyuga interiormente. Es por esto que dichas religiones pueden tener fieles muy creyentes pero débiles en su interior (al igual que lo son los no creyentes) a los que no se les permite, por ejemplo, el sexo casual y extramatrimonial. Si, por alguna circunstancia, se topan con él acaban esclavizándose al mismo como cualquiera otro de sus congéneres descreídos.

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Ernesto Giménez Caballero reivindicó, en cierta ocasión, “la revolución de las vírgenes” en un mundo en el que el concepto de virginidad había ya caído en desuso y había, incluso, sido ridiculizado. Nunca criticaremos la no virginidad por cuestiones morales sino por cuestiones de orden más bien axiológico (emparentadas con la fidelidad) o de profilaxis social (estabilidad del matrimonio como basamento de cualquier comunidad que se precie).

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Ante la ‘moral del pecado’ consustancial a las religiones de la Biblia el Mundo de la Tradición levantó la ética del honor.

La moral del musulmán no dista mucho de la del judío creyente o de la del judeocristiano. Las llamadas Religiones del Desierto beben de las mismas fuentes existenciales.

La moral sólo es válida para la masa que no es capaz de autogobernarse interiormente y necesita, por ello, de dogmas y reglamentaciones que no la dejen desbocarse. En la Tradición la minoría capaz de autodominarse no necesitaba de códigos morales prescriptivos y, además, éstos le podían suponer un obstáculo para forjar la transustanciación interna que necesita de un previo descondicionamiento total (también con respecto a la moral). Lo que puede, en un Orden Tradicional, estar prohibido para la masa no lo debe estar para la minoría espiritualmente apta.

La moral originaria está indisolublemente unida a la religión. Sin embargo en nuestro mundo laico existen otras morales de corte social; y hasta político (la moral del pensamiento único políticamente correcto).

La moral judeocristiana es la moral del sentimiento de culpa autoflagelante, masoquista, humillador y acomplejador que deriva del dogma antitradicional del pecado original. Alguien que se siente pecador y culpable jamás concebirá la idea de que en su seno anide una semilla de la Espiritualidad que es posible Despertar arribando, así, a su Transformación ontológica. A este ser humillado sólo le cabe creer en Dios y no aspirar a ser como Él o aún más que Él (a ser uno con el Principio Primero Eterno e Incondicionado que se halla en el origen y más allá del mundo manifestado). La Iniciación no se concibe en la mente de estos seres acomplejados.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



CUATRO MANERAS DE ENCARAR LO MISTÉRICO Y CUATRO GRUPOS HUMANOS CORRESPONDIENTES
septiembre 29, 2019, 3:29 pm
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CUATRO MANERAS DE ENCARAR LO MISTÉRICO Y CUATRO GRUPOS HUMANOS CORRESPONDIENTES

  Si hubiésemos de realizar un esfuerzo “taxonómico” acerca de las diferentes maneras de encarar lo mistérico que diversos grupos humanos han mostrado a lo largo de su historia (antes de caer -si es que han caído- en esa especie de amputación de su dimensión no sensitiva provocada por la deletérea irrupción, primero, y hegemonía, después, del mundo moderno) deberíamos referirnos, básicamente, a cuatro categorías:

-La olímpico-solar-hiperbórea sería (a razón de su mayor cualificación metafísica) la primera.

-La lunar, telúrica, ctonia, sacerdotal o matriarcal sería la segunda.

-La totémico-chamánica la tercera.

-La animista, por último, sería la cuarta.

La olímpico-solar (la 1ª) o bien entiende el hecho de vivir, en su original sede áurea hiperbórea, en un estado de conciencia Superior y en sintonía con el plano Trascendente de la realidad o bien, supo y puede saber, en lid heroica, de la posibilidad de actualizar en sí (en tiempos y estados de conciencia ya alejados de los de la Edad de Oro) el Principio Divino que aletargado anida en el interior del hombre caído (esta conquista al menos se dio -y se puede dar- entre sus miembros más cualificados espiritualmente y, a la vez, más voluntariosos).

La lunar, telúrica, ctonia, sacerdotal o matriarcal (la 2ª) se refiere a la incapacidad de acceder al Conocimiento de las Verdades metafísicas y a la incapacidad de culminar procesos de transformación interior que alejen al ser de la atracción alienadora producida por el compuesto psico-físico y lo abran al magnetismo de lo Alto. Sólo la fe, la piedad y la devoción hacia lo Trascendente se conciben como vía de “vivir” lo Trascendente.

La totémico-chamánica (la 3ª) entiende del tótem, genio o demon (y aspirar a evocarlo) común a la tribu a la que se pertenece y tiene relación directa con el pitra-yana o ´vía de los antepasados´, que no es otra que aquella vía que -dentro del ciclo de la generación, devenir o samsara– le espera al alma o mente del común de los mortales que no la ha espiritualizado en nada durante su periplo terrenal. El tótem, genio o demon se definiría por un tipo concreto de fuerzas (que se suelen simbolizar en algún animal concreto y en sus particularidades más definitorias) vinculadas al plano de la vida en su componente sutil que le dan una impronta concreta a la dicha tribu o a los “clanes” que la conforman: una impronta más dada a la contemplación de lo misterioso, otra más inclinada a los impulsos guerreros,…

En cambio la animista (la 4ª) se queda, a nuestro modesto entender, en la concesión de alma (´espíritu´, erróneamente, denominan sus adeptos) a toda una serie de objetos inanimados y de seres vivos: piedras, árboles,…

Si tuviéramos que relacionar estas categorías con grupos antropológicos, sin entrar en detalles ni en posibles interferencias que el mundo modeno haya provocado, diríamos que:

La olímpico-solar (la 1ª) sería la originaria de pueblos indoeuropeos, protoindoeuropeos y preindoeuropeos (como los que han sido definidos como blanco-boreales o paleoboreales por su origen primigenio circumboreal).

La lunar, telúrica y fideísta (la 2ª) sería la propia de pueblos semitas.

La totémico-chamánica (la 3ª) la connatural a pueblos mongoloides.

La animista (la 4ª) más propia de los pueblos negroides.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



PARAÍSO MUSULMÁN VS PARAÍSO JOSÉ ANTONIO
septiembre 24, 2019, 5:46 pm
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PARAÍSO MUSULMÁN VS PARAÍSO JOSÉ ANTONIO

 

      Pueblos como los semitas -y otros afines o semitizados  por el accionar de ciertas religiones- han hecho gala siempre de un telurismo lunar que conlleva un sensualismo muy impregnado en sus entrañas. Así han concebido, cual es el caso del Islam, un paraíso erótico y sensual al que accederán aquéllos que mueran combatiendo por Allah. El devoto integrista no entiende de posibles mensajes esotéricos encriptados tras la descripción de un tal paraíso y se toma dicha descripción al pie de la letra: siete palacios de jade, con siete harenes cada uno y setenta y siete huríes en cada uno de ellos de las que podrá disfrutar en estado de erección eterna a la edad permanente de 33 años… ¿Se inmolarían estos integristas terroristas si en lugar de un paraíso erótico acorde con su idiosincracia se les ofreciera otro al estilo del que nos describía, hace 76 años, José Antonio Primo de Rivera?: Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “No quiero el Paraíso, sino el descanso” –decía–. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descanso. El Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas.” 

 

La concepción que se tiene del más allá es fiel reflejo de la cosmovisión que se defiende, de la que se procede por herencia ancestral y en la que se vive y se siente.

Los pueblos más carnalizados son restringidos, en su tendencia innata a la promiscuidad y al desenfreno, por estrictos dogmas y severas prohibiciones. Sólo así se les impide caer en el más absoluto deterioro moral y social. Así acontece en el contexto, p. ej., de las aludidas gente semitas. Esas fuertes y restrictivas subjeciones morales encuentran su desahogo psicológico compensatorio en la promesa de paraísos hipersensuales como el prometido por el Corán para el inmolado batallando por la fe enseñada por su profeta Mahoma.

En contraste con ello el paraíso imaginado por José Antonio representa una continuidad con ese entender la vida como milicia de la que hablaba el fundador de la Falange. El arquetipo del guerrero, del shatriya, no sólo prevalece, para quien con él se identifica o para las sociedades que lo hacen suyo, en la tierra sino que continúa en el Cielo. Hablamos de un paraíso difícil, de brega, de un paraíso en el que el alma del difunto se irá encontrando con una serie de pruebas ante las que sucumbirá o triunfará para o bien continuar sumido en el sâmsara  o devenir (pitra-yana  o ‘vía de los antepasados’) o bien alcanzar la total Liberación y la conquista de la Eternidad (deva-yana  o ‘vía de los dioses’). (1)

 

(1) Para ampliar el conocimiento acerca del entramado de ambas vías de ultratumba se puede consultar nuestro trabajo “La ilusión reencarnacionista”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/la-ilusion-reencarnacionista/

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com