Julius Evola. Septentrionis Lux


EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA
septiembre 11, 2019, 5:30 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Historia, Metapolítica, Política, Política y tradición, Tradición

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EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA

 

Vayan estos apuntes para aclarar ciertas confusiones que sostienen algunos con respecto a la actitud que adoptó Julius Evola frente a los dos más definidos períodos del fascismo italiano. Sépase, empezando por el final (esto es, por la segunda etapa del fascismo), que Evola se jugó la vida en unión de todos aquellos que sostuvieron y defendieron a la República Social Italiana. Estuvo clandestinamente en Nápoles y en Roma con la intención de organizar la resistencia contra los badoglianos aliadófilos que habían depuesto a Mussolini el 25 de julio de 1.943 a raíz de la reunión del Gran Consejo Fascista. Salvó el pellejo de milagro –gracias a las tretas de distracción llevadas a cabo por su madre- cuando salía por la misma puerta de su casa, en Roma, por la que habían entrado en su busca agentes de los servicios secretos británicos…

Más que a las medidas de tipo económico-social adoptadas por la República de Saló (y a la legislación que ésta aprobó en Verona) es a la jerarquía que dichas medidas (que no vamos a entrar ahora a valorar) alcanzan en la R.S.I. a lo que Evola se opone, pues él defiende, por ejemplo, la idea de que una organización estatal no debe, como de manera paradigmática sucedió, definirse en su autodenominación por lo que jerárquicamente debe de estar sometido a lo Espiritual, esto es, no debe definirse por lo Social (República Social Italiana), pues lo Social debe de estar sometido a lo político igual que lo político debe de estar sometido a lo Metafísico.

Pese a todo esto Evola se alineó con la R.S.I. al considerarla como la representante del ´frente del honor´ ante la deshonra representada por la otra Italia que había traicionado en plena guerra a sus hermanos de armas (el III Reich). El honor, la fides y la lealtad (como valores inherentes a la Tradición) sustanciaban a la R.S.I. y por ello Evola se alineó incondicionalmente con ella.

No se piense, por otro lado, que Evola se adhiere incondicionalmente a la Italia fascista del ventennio. Nunca fue miembro del Partido Nacional Fascista y critica con dureza los compromisos que el Régimen mantiene ya sea con el Vaticano o ya sea con la mentalidad y los hábitos que informan lo burgués y frívolo del comportamiento de ciertos jerifaltes (p. ej., esto último, desde la revista La Torre por él dirigida y que fue rápidamente clausurada por las autoridades). Atisba un conato interesante –de parte de esta Italia del ventennio fascista- cuando se reivindica el pasado de la antigua Roma, pero se decepciona al comprobar que esta mirada al pasado glorioso de Roma no pasa de lo superficial (lo folclórico, lo artístico, lo exclusivamente arqueológico,…) y no es capaz de percibir la esencia metapolítica y metafísica que constituyó su médula y su razón de ser. No por esto Evola cejó en ningún momento (a través de algunos de sus libros y muchos de sus artículos) en su empeño por intentar reconducir al Régimen hacia las fuentes genuinas de la Tradición.

Vayan, a continuación, unos extractos de nuestro escrito “Julius Evola, un hombre de acción” (1) en los que ya hablábamos de situaciones y posiciones protagonizadas por nuestro autor en el período histórico-político al que estamos aludiendo y que guardan estrecha conexión con algunos de los apuntes vertido líneas arriba:

“A este ´Evola hombre de acción´ lo podemos ver, desde una sección de la revista La Torre que él fundara y dirigiera en 1.930, denunciando sin cortapisas cualquier atisbo de decadencia y corrupción observado en el seno de la dirigencia política de la Italia del ventenio fascista. No hubo el menor refreno a la hora de airear los modos aburguesados y las prácticas contrarias a la buena ética que se observaban, por ejemplo, en la vida social de esta alta clase dirigente política. Por ello, no es de extrañar, que, finalmente, estos sectores denunciados empezaran a presionar para que fuera clausurada la revista (hecho que aconteció a los pocos meses de su fundación) y tampoco es de extrañar que uno de los directamente aludidos en estas implacables críticas –Mario Carli- acudiera en busca del protagonista del presente escrito con ánimos de agredirle físicamente; aconteciendo, en cambio, que el que salió malparado fue el Sr. Carli, el cual recibió con su propio garrote, arrebatado por Evola, un serio correctivo en el rostro y hasta la rotura de sus anteojos…”

“Nuestro hombre de acción vivió como gran protagonista buena parte de la convulsión política que se desata en Italia como consecuencia de la reunión del Gran Consejo Fascista del 25 de julio de 1.943 en la que se depone de sus cargos y, posteriormente, se arresta a Benito Mussolini. Evola se convierte, tras ello, en uno de los principales personajes encargados, en Roma, de intentar hacer volver a Italia a la situación política anterior al 25 de julio. Pero Evola, no sin atravesar peligros, deberá abandonar el país para, tras varias escalas, arribar a Rastenburg, en los límites de la Prusia Oriental, donde se hallaba el cuartel general de Hitler –la conocida como “guarida del lobo”-, donde, junto a algunos de los más fieles e irreductibles representantes del ilegalizado Partido Nacional Fascista (Preziosi, Pavolini, Farinacci,…), empieza a organizar una especie de gobierno en el exilio y a proclamarlo en Italia a través de la radio. Es en este lugar donde todos aquellos recibirán (junto a Vittorio Mussolini –hijo del Duce-) al Benito Mussolini que acababa de ser liberado de su prisión en Los Abruzzos por el intrépido SS Otto Skorzeny. Evola y aquellos irreductibles son los que, en Rastenburg, se reunirán con el recién liberado para preparar la instauración de la República Social Italiana –conocida también como República de Saló- en el Norte de Italia y para actuar de forma clandestina en el resto de la Península con objeto de reorganizar el defenestrado fascio. A Evola se le encomiendan decisivas funciones en una Roma que volverá a tener que abandonar en el momento de su ocupación por las fuerzas armadas aliadas, en una huida en las que las peripecias empiezan en su mismo domicilio familiar en el momento en que agentes secretos británicos acuden al mismo para arrestarlo y él consigue escapar (gracias a las maniobras de distracción protagonizadas por su anciana madre) por la misma puerta por la que aquellos habían entrado y cuyas peripecias continúan al atravesar, primero, las líneas del ejército estadounidense y, después, las del francés hasta unirse a columnas del ejército alemán en retirada hacia el norte del país.”

(1) https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/28/julius-evola-un-hombre-de-accion/

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com


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Mussolini había leído obras de Evola. Sin ir más lejos “Sintesi della dottrina della raza” (en castellano traducida como “La raza del Espíritu”) se la leyó durante el trayecto en tren que le llevó, en una de sus visitas a las tropas italianas (durante la IIGM) al Frente del Este.

Comentario por vitamilitiaest

“Nuestro hombre de acción vivió como gran protagonista buena parte de la convulsión política que se desata en Italia como consecuencia de la reunión del Gran Consejo Fascista del 25 de julio de 1.943 en la que se depone de sus cargos y, posteriormente, se arresta a Benito Mussolini. Evola se convierte, tras ello, en uno de los principales personajes encargados, en Roma, de intentar hacer volver a Italia a la situación política anterior al 25 de julio. Pero Evola, no sin atravesar peligros, deberá abandonar el país para, tras varias escalas, arribar a Rastenburg, en los límites de la Prusia Oriental, donde se hallaba el cuartel general de Hitler –la conocida como “guarida del lobo”-, donde, junto a algunos de los más fieles e irreductibles representantes del ilegalizado Partido Nacional Fascista (Preziosi, Pavolini, Farinacci,…), empieza a organizar una especie de gobierno en el exilio y a proclamarlo en Italia a través de la radio. Es en este lugar donde todos aquellos recibirán (junto a Vittorio Mussolini –hijo del Duce-) al Benito Mussolini que acababa de ser liberado de su prisión en Los Abruzzos por el intrépido SS Otto Skorzeny. Evola y aquellos irreductibles son los que, en Rastenburg, se reunirán con el recién liberado para preparar la instauración de la República Social Italiana –conocida también como República de Saló- en el Norte de Italia y para actuar de forma clandestina en el resto de la Península con objeto de reorganizar el defenestrado fascio. A Evola se le encomiendan decisivas funciones en una Roma que volverá a tener que abandonar en el momento de su ocupación por las fuerzas armadas aliadas, en una huida en las que las peripecias empiezan en su mismo domicilio familiar en el momento en que agentes secretos británicos acuden al mismo para arrestarlo y él consigue escapar (gracias a las maniobras de distracción protagonizadas por su anciana madre) por la misma puerta por la que aquellos habían entrado y cuyas peripecias continúan al atravesar, primero, las líneas del ejército estadounidense y, después, las del francés hasta unirse a columnas del ejército alemán en retirada hacia el norte del país.
Los últimos días de la IIGM en suelo europeo hallamos a nuestro autor en Viena. En colaboración con la Anhenerbe (departamento dependiente de las SS) está estudiando archivos de sociedades secretas subversivas. En una especie de reto al Destino propio de un shatriya Evola nunca acudía a los refugios antiaéreos en momentos de bombardeos aéreos enemigos. En uno de éstos las heridas que recibe le dejan paralítico de por vida de cintura para abajo. Pero este fuerte contratiempo no significará para Evola renunciar a su condición de ´hombre de acción´, puesto que tras 3 años de convalecencia en hospitales suizos vuelve a Italia dispuesto a unirse “al resto del ejército” (1). Y son sus actividades con el “resto del ejército” (en el que encontramos a gente como Giorgio Amirante o al General Graziani) las que le llevarán, en 1950, medio año a la cárcel y las que provocarán su enjuiciamiento bajo la acusación de “intento de reconstrucción del Partido Fascista”; juicio del que saldrá absuelto.

(1) Esta expresión la utilizó Evola en el transcurso de una conversación que, tras su regreso de Suiza, mantuvo en Bologna (antes de su llegada a Roma) con su amigo Clemente Rebora; un poeta que se convirtió al catolicismo y se integró en la orden de los padres rosminianos”.
(https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/28/julius-evola-un-hombre-de-accion/)

Comentario por vitamilitiaest




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