Julius Evola. Septentrionis Lux


INTERPRETACIÓN METAFÍSICA DE LOS MITOS
septiembre 22, 2019, 5:56 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

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INTERPRETACIÓN METAFÍSICA DE LOS MITOS


A menudo nos topamos con interpretaciones de mitos hechos desde la literalidad de lo que se lee en ellos. Una primera lectura de los mismos induce, sin duda, a ello. Pero los mitos propios de diferentes Tradiciones Sapienciales presentan diferentes grados de interpretación, cada uno de ellos adecuado al tipo de hombre que accede a ellos. Los que saben del esoterismo que ellos contienen deben afanarse en interpretarlos de manera profunda: desde una perspectiva metafísica.

Se nos viene, como botón de muestra, lo acaecido, según nos explican las Eddas, entre Sigmund y Odín y la intervención del dios para facilitar la muerte del héroe. No debemos, al respecto, hacer reflexiones que pertenezcan a un plano diferente a las que debemos hacer alrededor de las influencias que hubiera podido tener la diosa Freya en las decisiones de Odín …y este plano debe ser el metafísico y no el humano. Fuera de comentarios mundanos acerca de presuntas ´calzonacerías´ del dios que hace caso de lo que le dice su mujer debemos ascender a un nivel interpretativo esotérico y, así, nosotros no tenemos por menos que recordar unos comentarios muy acertados que hace ya bastantes años nos realizó Enrique Ravello alrededor de la raza solar de los Tuatha de Dannan, de la que nos habla la tradición celta en “El libro de las invasiones”. A nosotros nos llamaba la atención el que una raza solar llevara asociada a su etnónimo el de ´Dannan´, ya que este término nos parecía remitir a divinidades de tipo demétrico-ctonio-matriarcal. Ravello nos hizo un símil, muy aclaratorio, con Shiva y kali. Kali baila alrededor de su consorte Shiva simbolizando, en realidad, a la shakti (energía cósmica) que con su accionar facilita el que el Principio (Shiva- o, según el enfoque, brahman) pase de potencia a acto (se actualice) y, de este modo, se manifieste; tal como puede actualizarse en el interior del hombre diferenciado el atman (la semilla divina) gracias a la activación de la dicha energía (denominada, en el seno del hombre, kundalini). Así, Dannan equivaldría a Kali (la shakti) y explicaría, de manera satisfactoria, la conquista de lo divino (partiendo de la activación de la shakti-kundalini-Dannan) por parte de esa raza solar (los Tuatha). Y, del mismo modo, Freya simboliza (en un plano no exotérico sino esotérico) esa shakti que actualiza a Odín para que se manifieste y, en el plano sensible de la realidad, tome decisiones y actúe. En este sentido deben interpretarse las influencias que Freya (o Hera) haya tenido sobre Odín (o Zeus) en las decisiones de éste.

Reiteramos que en un entorno de carácter meramente religioso y exotérico se contemplarían los mitos desde un punto de vista literal, pero en otro de carácter Tradicional resultaría inexcusable el no percibir el fondo principal de los dichos mitos que no es otro que el de naturaleza metafísica y esotérica.

Si, por ejemplo, Odín le rompe a Sigmund la espada nothung debemos ver el reflejo de la espiritualidad Tradicional para la cual el mundo de los hombres y el de los dioses no se halla irremisiblemente separado. Los hombres con sus ritos pueden interactuar con el mundo nouménico (de los dioses) y éste, por mor de los dichos ritos, manifestarse en el mundo sensible y, además, -en el caso del Iniciado- ser símbolo -esta manifestación nouménica- de los efectos suprasensibles reales que el hombre, como consecuencia de su accionar, puede experimentar en su fuero interno. Así comprenderemos cómo los dioses aparecen en la Ilíada enfrentándose entre ellos en el mismo campo de batalla en el que lidian los ejércitos aqueo y troyano y comprenderemos, asimismo, cómo el héroe Diomedes ataca –en el transcurso de esta guerra- a Afrodita y la hiere en una mano o cómo hiere, de una lanzada, al mismo Ares en un costado y obliga al dios sangrante a retirarse al Olimpo. Podríamos entender el enfrentamiento entre Diomedes y Ares como el del Héroe que ha arribado al Despertar al Principio Primero Inmanifiesto y que, por ello, se halla por encima incluso de la divinidad de un Ares que como dios forma parte del mundo (aunque sutil) manifestado. Se podría, igualmente, interpretar que hiriendo a Ares hiere la furia propia, por éste simbolizada, entendiéndose, así, el descondicionamento de las turbulencias mentales que el Iniciado debe lograr en su camino hacia la conquista de la Eterno e Imperecedero en su mismo ser. En los versos de la Ilíada dioses y héroes se interrelacionan e interactúan, como fiel reflejo de la cercanía ontológica que existía entre ambos, y los dioses toman partida por un bando o por el otro en el campo de batalla. Ello como consecuencia de que el hombre se ha transfigurado interiormente y se ha convertido en Héroe: ha despertado, activado y actualizado la divinidad aletargada que todos llevamos dentro …le habla y mira, por ello, de tú a tú al dios.

Desde la óptica de la metafísica está, pues, fuera de lugar cualquier interpretación de los mitos que se sustente en criterios racionalistas, psicológicos, morales y, en definitiva, humanos.

 

Eduard Alcántara

Eduard_alcantara@hotmail.com

 


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Nos comenta nuestro amigo Álex Capua:

“Si nos centramos en el mundo homérico los dioses interactúan con los hombres y viceversa. Ambos están en la escena principal de cada acción y, por lo tanto, sus acciones están condicionadas por el equilibrio y el orden de la naturaleza. Por encima de la ley divina destaca el sino de la naturaleza que hay por encima de ellos. Partimos de la idea de que los dioses homéricos no crean este mundo, pues también ellos tienen un linaje, una naturaleza definida, un lugar en la propia naturaleza y un fin determinado. No habiendo hecho el mundo los dioses, no son responsables de él ni tienen ninguna obligación especial con él. Por esta razón, los dioses y el hombre son libres, poderosos, pero a la vez su libertad es un caldo de cultivo de peligros. Las relaciones entre ambos están entrelazadas y los dioses homéricos se expresan a través de los signos y de los presagios, así como de los sueños, fuente de interpretaciones para el hombre, y gracias a estos canales de comunicación, los héroes pueden aprender algo sobre la dirección de los acontecimientos en que se encuentran. Sin embargo, hay que subrayar que la ayuda divina, en algunos momentos, es momentánea, poco de fiar o lo signos y/o señales son confusas o parciales. Esto se debe a que el conocimiento de los propios dioses es imperfecto o bien, también, que el hombre no posea en todo momento el discernimiento absoluto. Estos son roles muy habituales en el mundo homérico, pues tanto los dioses como el hombre no presentan plenos conocimientos, sino que son testigos de los acontecimientos que se van desarrollando a lo largo de la guerra de Troya siendo el presente la única certeza real y absoluta de lo que está sucediendo. Es cierto que los dioses poseen un conocimiento superior, pero hay ejemplos en los que pierden el ángulo o la visión total del campo de sus acciones. Un ejemplo sería cuando Deméter desconoce quién rapta a su hija Perséfone y gracias a la ayuda del hombre consigue reencontrarse con ella.
No tenemos que obviar que el hombre también ha influido en conflictos divinos, como es el caso del mito de la manzana de la Discordia.
En síntesis, el hombre teje junto a los dioses las vicisitudes del destino, teniendo una relación recíproca, cambiando el rumbo de la historia intrínseca relacionada con la esfera espiritual y esotérica. Aquí podemos finiquitar que el hombre tiene una alianza con los dioses directamente y que no debe temerlos, sino canalizarlos bajo una óptica interior, transformadora y esotérica, como es el caso de Ulises, un pequeño Zeus que tuvo que encauzar su vida del Caos al Orden. No obstante, debemos recordar que el hombre es mortal y que está situado entre los dioses y la naturaleza, pues la esfera divina es la de la existencia indeleble, la de su naturaleza y la del fluir incesante. A esto hay que sumar que los dioses pueden romper “la baraja” permitiéndose la destrucción de otra civilización, como es el caso del mito de Pirra y Deucalión o la caída de Troya, pues con la caída de Troya se convierte en el símbolo de la caída de la civilización micénica, pues el hombre rompe con su naturaleza y con la de los dioses. Un ejemplo ilustrativo sería el caso de Áyax Telamonio (Áyax el Grande), la antítesis de Ulises. Sin embargo, cabe recordar que en el mito de la manzana de la Discordia, Paris hace de juez, elige a Afrodita como la más bella entre todas las diosas y su decisión resulta determinante para la caída de Troya y todo lo que ha ocurrido es acorde con el sino en el cual el hombre también es responsable y participa en el entramado del universo con sus decisiones, bien reflejado en la expresión “como es arriba es abajo” ¿O acaso pensáis que sin la manzana de la discordia no hubiera existido la guerra de Troya? ¿Qué hubiera sucedido si en vez de elegir Paris a Afrodita hubiera elegido a Atenea o a Hera? ¿El rumbo de la historia habría cambiado?”

Comentario por septentrionislux

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