Julius Evola. Septentrionis Lux


RELACIONES HOMBRE/MUJER
septiembre 24, 2019, 10:24 am
Filed under: Ética y valores, Eduard Alcántara, Tradición

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RELACIONES HOMBRE/MUJER

 Hace ya un tiempo que se ha pasado de ese moralismo pequeño-burgués, de puras apariencias (y de “guardar las formas” por el qué dirán) y es que heredero de toda una concepción judeocristiana del cuerpo/sexo como fuente de pecado y condenación eterna, se ha pasado, decíamos, al pansexualismo actual. Pansexualismo disolvente no sólo por su onmipresencia sino, también, por la deriva intrínseca que ha tomado la cuestión sexual hoy en día. La polaridad entre hombre y mujer ha ido perdiendo valencias: el hombre cada vez ha ido feminizándose más y la mujer masculinizándose al mismo tiempo. El hombre ha ido perdiendo sus atributos intrínsecos como los de la estabilidad emocional, la coherencia, un considerable autocontrol, la virilidad y la virtus (entendida como, parafraseándose a Evola, ´derechura de ánimo´) y en cambio ha entrado en mansedumbre en sus relaciones con la mujer (cede a todos sus caprichos y a sus cambios de humor repentinos e inconsistentes por temor al conflicto con ella). Paralelamente a esta feminización del hombre la mujer ha ido masculinizándose y perdiendo su dulzura, su coquetería (que ha derivado en provocación vulgar rayana con la condición de meretriz), su apego natural hacia el hogar y hacia el cuidado de los hijos. Así las cosas, la polaridad (la diferencia), repetimos, entre hombre y mujer se ha ido diluyendo y, consecuentemente, la atracción sexual entre ambos sexos ha ido disminuyendo …Ya sabemos que dos polos magnéticos se atraen si son de signo opuesto. El resultado de esto es la inapetencia sexual, son las disfunciones sexuales, es el aumento de la homosexualidad masculina y femenina o es el aumento, la proliferación y la exageración de prácticas anómalas (como el sadomasoquismo, el fetichismo,…) que buscan el potenciar una líbido que se halla alicaída por culpa de este parecerse, cada vez más, el hombre a la mujer.

Es propio del hombre no decaído el papel de dominador (como jefe natural -recuérdese su papel Tradicional de “pater” de familia) debido a su connatural estabilidad alrededor de la que encuentran asidero y serenidad la mujer y los hijos. Es propio de la mujer no caída querer sentirse dominada debido al carisma que la coherencia del hombre le supone. Es significativo observar cómo, actualmente, el hombre ha hecho dejadez de sus funciones y atributos naturales y al no ser ya dominador ha decepcionado a una mujer que al no encontrar en su pareja al hombre Tradicional ha usurpado el papel de éste y ha pasado de dominada a dominadora y no ha dudado, incluso, en ningunear y humillar a su pareja no sólo en privado sino hasta en público. En el ámbito íntimo (sexual) ha pasado de sumisa a dominátrix y el hombre de dominador a sumiso. La mujer caída ve en el hombre caído a alguien a quien puede manejar a antojo como si de una marioneta se tratase …le ha perdido el respeto y atenta continuamente contra su dignidad. No siente ninguna pasión por este individuo sin personalidad y manejable. Se ha visto defraudada por lo que siempre una mujer no decaída esperó del hombre. Debido a esta desilusión con mucha frecuencia lo abandona por otro hombre, a la espera (¡inútil espera!) de encontrar en otro al hombre de verdad que no encontraron en éste.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com


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