Julius Evola. Septentrionis Lux


ASEVERACIONES ANTIEVOLUCIONISTAS
septiembre 30, 2019, 5:44 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Tradición

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ASEVERACIONES ANTIEVOLUCIONISTAS

Al margen de lo que expusimos en nuestro escrito “Contra el darwinismo” y de algunos aportes que aparecen en los comentarios sitos al pie del mismo (1) hemos creído conveniente exponer ciertas reflexiones, asertos y proclamas que, en contra de la impostura claramente subversiva que supone el darwinismo, elaboramos en disputa dialéctica con cierto apreciado compañero proevolucionista.

Quisimos dejarle claro que el Tradicionalismo y el evolucionismo son irreconciliablemente antagonistas.

Por ello escribimos que:

En el s. XIX, un hombre llamado Darwin, con intenciones nítidamente antitradicionales se inventó, echándole mucha imaginación, una teoría y la pretendió revestir de solidez científica. Aunque no existieran, en tal época, “apoyos” en materia de biología genética y/o molecular para darle consistencia a sus teorías éstas recibieron rápidamente todo tipo de apoyos incondicionales, ya que a los arietes de la subversión antitradicional les pareció un arma inigualable para acabar de demoler los restos que aún pudiesen quedar del otrora edificio Tradicional. Tras los apoyos a semejante fantasiosa teoría no se hallaba el amor a la ciencia (por cierto, en minúscula como profana que es) sino ansias deletéreas de acabar con cualquier atisbo de dignificación del hombre (que irremisiblemente ha de venir siempre de lo Alto).

Los hay muchos a los que, incluso aun sin molestarse en entrar en el análisis científico del evolucionismo, les viene bien esta teoría porque apunta a la línea de flotación de una concepción Superior de la existencia que ellos, por manera de ser (a veces casi innata y otras adquirida por las influencias nefastas de la modernidad), aborrecen y detestan.

Esos saltos cualitativos, que postula la impostura darwiniana, entre la no vida (átomos, moléculas,…) y la vida (bacterias,…) exigen de una imaginación total. Que de lo simple pueda surgir algo más complejo y cualitativamente diferente es algo que resulta inimaginable. Que de un ser vivo inferior pueda generarse otro más complejo hasta llegar al hombre es como esperar que una mente humana con coeficiente intelectual a nivel de idiotez o imbecilidad pueda acabar generando, realizando y/o elaborando lo que por naturaleza le es imposible: descubrimientos científicos, sistemas filosóficos,… En catalán hay un dicho que dice que “d´on no n´hi ha, no raja” (donde no hay no chorrea…) que vendría a traducirse con aquel “no le pidas peras al olmo”.

Las leyes de la termodinámica puede ser utilizadas para darle categoría de credibilidad indiscutible a las tesis evolucionistas pero estamos hartamente convencidos de que la energía no puede obrar milagros antinatura y no puede lograr que, por sus propios medios, el inválido realice un salto de pértiga estratosférico o lo inferior genere lo superior.  ¡Claro que la Tradición concibe la realidad de la energía y se sustenta en el papel primordial representado por los numens o fuerzas sutiles pero, obviamente, su enfoque es otro!

No podemos conformarnos en aceptar bovinamente permanecer en el lodazal de los bajos vuelos a los que nos lleva la aceptación de la superchería evolucionista.

El conocimiento, sin fisuras, de la Tradición y su adhesión a ella …ésta debe ser nuestra trinchera ante los embates destructivos y alienantes a los que nos quiere someter el infame y degradante mundo moderno que nos ha tocado padecer.

Para triturar el darwinismo podríamos considerar teorías como la de la entropía con su tendencia al caos -a la involución- y no a la mejora -evolución- cuando se habla de cambios.

Igualmente podríamos objetar, en otro orden de cosas, el que el evolucionismo no nos explica de dónde provienen los quarks. Existen un punto retroactivo en el darwinismo en el que se llega a un callejón sin salida y este callejón se halla en el origen del cosmos: ¿de dónde provienen esos quarks? Quizás los evolucionistas deberían admitir la teoría del Diseño Inteligente defendida por algunos científicos y que se hallaría en el origen de todo, pero, claro, admitirlo sería admitir que existe otra realidad de orden metafísico que no contemplan los darwinistas; que existe un Principio Primero Eterno, Inmanifestado, Incalificable e Indefinible. Sería admitir que el cosmos no proviene de la materia, sino de lo Inmaterial: de lo Trascendente. Sería admitir la existencia de un plano de la Realidad de carácter Suprasensible, además de inasible e inmesurable con las herramientas de las ciencias profanas y fenomenológicas. Sólo las Ciencias Tradicionales, Sapienciales y Sagradas, a través de la Iniciación, pueden/podían llegar a la Gnosis de esas Realidades Suprasensibles y del mismo Principio Supremo. Ellas entienden/entendían de lo Inmanifestado y del mundo sutil o nouménico, mientras que las profanas sólo entienden del fenoménico, sensitivo o superficial. Ni que decir tiene que para analizar e investigar a este último sí que son, dichas ciencias profanas, adecuadas; pero no para entender de una Realidad Superior que se les escapa y para cuya comprensión resultan inútiles, inoperantes y muestran su incompetencia e impotencia.

Hay que combatir sin ambages teorías que al concedernos un origen material nos abocan a la sumisión ad aeternum a ese materialismo que se encuentra en la base de todos los males existenciales por los que pasa nuestro decrépito mundo. Sólo el Espíritu puede elevarnos por encima de las prisiones y las servidumbres con las que nos atenaza la materia; y admitir la presencia (larvaria, eso sí) en nuestro interior del Espíritu sólo se puede hacer si consideramos nuestro origen no como un origen material sino Espiritual: si consideramos que procedemos del Principio Primero por emanación de éste y por ello compartimos con el mismo su Eternidad (nuestra heroica labor será la de intentar Despertarla).

¡Rechacemos el materialismo en cualquiera de sus formas! ¡Rechacemos los subproductos y excrecencias del mundo moderno! ¡Rechacémoslos ya sean de orden político, económico, filosófico, “científico” o cultural (pseudocultural, sería más apropiado decir)! ¡Rechacemos, entre ellos, a un darwinismo que tanto ha hecho por aplastar los escasos vestigios que, en su época, pudieran quedar de Tradición!

El darwinismo ha sido una de las armas más efectivas que la modernidad ha utilizado en contra de la Tradición y ha sido, por ello, una de las principales causas de los destrozos existenciales que vivimos en la actualidad. ¿Qué le queda al hombre al que el evolucionismo le ha decapitado su función Superior: la Trascendente? Pues sólo le queda la mente o psique para que ésta, cuando no tiene la suprema guía del Espíritu, acabe campando por el caos que le es consustancial. A este hombre se le ha abocado al abismo actual por habérsele mutilado lo Absoluto. Él es el producto de los daños irreparables que han provocado teorías deletéreas como la evolucionista. Los paradigmas de la Tradición son los que nos sitúan en el adecuado camino de oposición raigal y total al pútrido estado de cosas originado por el señorío del deletéreo mundo moderno. Hay que pugnar por soltar todo el lastre alienador que nos han ido colocando sobre nuestras espaldas tantos años de estudio -en este esclavizador Sistema Educativo- y de nefastas influencias de los mass media. Resulta  difícil decir no a aquello que teníamos tan asimilado desde que éramos tan jóvenes: nos hablaron de evolucionismo en la escuela, en el Instituto, seguramente también en la Universidad recibimos una buena dosis anestesiante de esta disolvente pseudoteoría, quizás después (llevados por una cierta pasión a lo que con tanto ahínco nos habían inculcado) nos echamos al coleto lecturas sobre las bondades del darwinismo,… ¿¡Quién sabe si incluso nuestra vida laboral está directa o indirectamente relacionada con el evolucionismo!? ¿¡Quién sabe, asimismo, si hemos creado, entusiásticamente, escuela explicándoles a congéneres nuestros los vericuetos “científicos” del evolucionismo!? Debe resultar muy difícil explicarles ahora a estos nuestros prosélitos que lo que, debido a la ascendencia que teníamos sobre ellos, se creyeron a pies juntillas es una auténtica falsedad provocadora, además, de gran parte de los derrumbes que padece el desangelado mundo por el que transitamos.

Hagamos un acto supremo de valentía y rompamos con esta teoría de mercadillo que nos hace descender de las bestias cuando, por el contrario, fácilmente nos apercibimos que es hacia las bestias hacia donde vamos. Nos estamos animalizando a marchas forzadas. Somos cada vez más primarios y esclavos del submundo pulsional. Somos cada vez más groseros y menos sutiles. No evolucionamos, sino que claramente involucionamos.

Démosle una patada, sin contemplaciones y definitiva, a las supuraciones elaboradas por Charles Darwin. Entonces nos hallaremos, sin duda, en el buen camino -o cerca del buen camino- para oponernos de raíz a este inmundo mundo moderno.

No hay síntesis posible entre Tradicionalismo y evolucionismo, sino que hay enfrentamiento, irreconciliabilidad absoluta y encono total y raigal. No se pueden hacer síntesis entre lo que arrastra al hombre a lo ínfero y lo que lo Eleva por encima de su misma condición humana.

Se deben descartar los subproductos de la modernidad y recorrer los caminos no averiados; aquellos caminos que nos colocarán en la antípoda del vermicular mundo moderno para, así, combatirlo con las armas adecuadas y no con unas armas del enemigo que acabarán hiriéndonos, si cabe, más todavía; quizás ya irremisiblemente.

(1) “Contra el darwinismo”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/19/contra-el-darwinismo/

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 

 


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