Julius Evola. Septentrionis Lux


ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL PENSAMIENTO DE RENÉ GUÉNON
octubre 19, 2019, 11:36 am
Filed under: Espiritualidad, Tradición

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Nuestro apreciado Javier Martín nos ha hecho llegar unas reflexiones que, a pesar de que él no había redactado en formato artículo, nosotros no hemos querido dejar sin la merecida difusión y hemos, por ello, decidido el publicarlas:

ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL PENSAMIENTO DE RENÉ GUÉNON

Guénon niega (“Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes”) la identidad racial de occidentales e hindúes o iranios, aduciendo que la identidad lingüística sólo apunta a un préstamo o asunción de lengua ajena. Claro que, por otro lado, incurre en “la madre de todas las contradicciones” cuando se contradice al alabar la obra de Tilak, quien demuestra el origen polar e identidad racial de todos los indo-europeos… Guénon (como buen masón) siente animadversión hacia todo lo occidental -como si de algo “bárbaro” e inferior se tratase- al tiempo que sobrevalora todo lo “oriental” (semitismo incluido, también como buen masón).

Sabido es que para Guénon la “tradición heroica” resulta algo extraño y sospechoso; lo regio se reduce a mera autoridad temporal; la Bhagavad-gītā remite, al decir del autor francés, a una concesión más o menos incomprensible a una casta inferior (los shatriya, guerreros) por parte de los legítimos detentadores de la tradición (los bráhmana, por supuesto); incluso su concepto de “tradición primordial” sufre de una total distorsión, pues todo lo más se remite a la Edad de Plata o segundo ciclo.

Ya puestos, añadiremos que la defensa de Guénon del cristianismo (a nivel teórico, no en la práctica ni en sus confesiones a sus allegados -documento confidencial inédito-), “religión” plebeya completamente refractaria desde sus orígenes a todo esoterismo e iniciación (por más que Guénon se empeñe en creer en un cierto “esoterismo cristiano” que termina remitiendo al hermetismo -tradición perfectamente pre-cristiana y muy iniciática- a tenor sobre todo de las fraternidades de constructores medievales herederas de tradiciones anteriores y que por imperativos históricos utilizaban el cristianismo como cobertura exterior, al igual que sin ir más lejos el propio gibelinismo), ha terminado por conducir a sus seguidores (los de Guénon), sobre todo a los de “estricta observancia”, a la confusión y a un callejón sin salida del que la única alternativa viene ser la “conversión” a religiones foráneas como el Islam o la resignación a una “fe” en la “salvación” propugnada por el catolicismo (la afiliación a la masonería o lo que hoy día detenta esa denominación, contradictoria en esencia con el propio catolicismo, ni siquiera la podemos tomar seriamente en consideración).

La aseveración de los “pensadores” cristianos de que el mismo o “lo es todo”, en el sentido de que representa la “revelación” definitiva que anula todo lo demás, o por el contrario “no es nada”, no representa ningún dilema para un Tradicionalista que se precie. Para los guenonianos se presenta un inconveniente añadido, a saber, que si fuese la “revelación definitiva” también debería obviamente ser la última, y resultaría difícil, por ejemplo, justificar la existencia del Islam, a no ser que consideremos que éste “no es nada”. Guénon osciló bastante con todo esto, llegando incluso a expresar su inquietud por (citando un solo ejemplo) la presencia determinante del “asno” tanto en los evangelios como en la católico-medieval “fiesta del asno”, habida cuenta de que el susodicho representa las fuerzas disolventes, ligado en la tradición al Seth egipcio. Claro que los católicos han pretendido por todos los medios

soslayar todo esto, y utilizar la obra de Guénon como una cómoda ratificación de la “fe” de su infancia, cuya regalada “salvación”, incomprensible desde el lado esotérico, les evita toda incomodidad de un compromiso interior realizador.

A diferencia de Guénon, cuyo anti-occidentalismo le llevó a propugnar una (re)cristianización de Occidente a fin de “salvar lo que todavía pudiese ser salvado”, juzgamos, con Evola y otros autores afines, mucho más realista y consecuente con su espíritu la idea de una (re)romanización de Europa, es decir, la conformación de la misma en el orden de un Sacro-Imperio metafísicamente centrado. Por supuesto con la consideración, todavía más realista, de que “tras los últimos derrumbes la situación general ha tomado ya un curso irreversible” y de que “el fracaso colectivo está ya asegurado, el individual no”.

 

Javier Martín

 


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