Julius Evola. Septentrionis Lux


MARCHANDO POR LA “MONTAÑA DEL GRIAL” (2-5/II/2020)
febrero 23, 2020, 11:44 pm
Filed under: Espiritualidad, Joan Montcau, Tradición

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MARCHANDO POR LA “MONTAÑA DEL GRIAL” (2-5/II/2020)

 

“Se puede afirmar, por ejemplo, que el Grial es un “misterio” nórdico; pero tan sólo a condición de entender por “nórdico” a algo sumamente más profundo y más comprensivo que “alemán” o aún “indogermánico”, algo que en vez remita a la tradición hiperbórea, la cual hace una misma cosa con la misma tradición primordial del presente ciclo. En realidad, justamente desde esta tradición se pueden deducir todos los temas principales de las leyendas en cuestión”.

 

JULIUS EVOLA

 

Antes de entrar en materia, unas palabras sobre el simbolismo de la montaña que nos trae -Montserrat- a modo de introducción: Para algunos personajes representativos del Romanticismo y del Clasicismo alemán (von Humboldt, Goethe, Schiller, Wagner), Montserrat era identificada con la Montaña del Santo Grial, con el Montsalvat simbólico de la leyenda. Lo mismo ocurrió con el famoso Jefe de la Orden Negra SS del III Reich Heinrich Himmler, de ahí la visita que hizo personalmente a Montserrat en Octubre de 1940, en plena II Guerra Mundial con una Alemania en esos momentos victoriosa y triunfante, fascinado como estaba -como tantos otros en la Alemania Nacionalsocialista- con la herejía cátara y las elucubraciones de un Otto Rahn (1), una auténtica subversión -el catarismo y la herejía albigense- de tipo lunar y femenino-demoníaca en gran medida precursora del güelfismo y del protentantismo que acabaron demoliendo el fabuloso edificio de la Cristiandad Medieval y su Sacro Imperio (2).

 

Independientemente de que el Santo Grial fuera o no un objeto “histórico” o “físico” (más bien Metahistórico y Metafísico), el simbolismo del mismo entronca directamente con la Tradición Primordial; el Grial sería el depósito de la Sabiduría Divina, y su conquista o acceso a la misma equivaldría a la conquista del “Oro Filosofal” de la Tradición Hermética, a la Rubedo de la Alquimia: ESPIRITUALIZAR LA MATERIA, MATERIALIZAR EL ESPÍRITU. De ahí que hayan “varios” Griales y que hayan sido varios objetos identificados como tales. Independientemente de la localización geográfica o temporal del mismo, todos ellos se corresponden a una misma imagen o visión del mundo. Lo mismo podríamos decir de la Montaña Sagrada; todas las montañas en mayor o menor medida son una imagen del CENTRO DEL MUNDO (simbolismos de Verticalidad, Orden, Jerarquía, Totalidad, Ascensión). Así pues estamos ante dos “Símbolos Fundamentales de la Tradición Primordial y de la Ciencia Sagrada” (René Guénon): La Montaña y la Copa Sagrada. AXIS MUNDI (Eje del Mundo) y RECEPTÁCULO DE LA TRADICIÓN, simbolizando éste a la Cueva, lugar de nacimiento de los Héroes divinos y solares (Cristo, Mitra, Horus, Attis, Dionisio, Orfeo, Krishna), también la Cueva de las iniciaciones prehistóricas. La cueva o caverna al igual que la montaña, es un arquetipo universal directamente relacionado con un nuevo nacimiento (o “renacimiento”), el nacimiento espiritual aparte del puramente físico y corpóreo. El mismo altar de los templos e Iglesias cristianas simboliza también a la cueva o derivaciones de la misma: gruta, catacumba o cripta (recordemos por cierto la impresionante Cripta del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat que también visitamos)… Hechos unos cuantos apuntes simbólicos, a continuación entramos ya en las marchas y caminatas propiamente dichas…

 

Escogimos un albergue (albergue Abad Oliba) que hay cerca del Monasterio de Montserrat para una estancia de tres días con sus respectivas noches. Apenas nos llevamos comida puesto que lo fundamental en la estancia no era comer sino caminar, marchar, buscar; alejarse del “mundanal ruido” como decía nuestro gran poeta y místico del Siglo de Oro Fray Luis de León, e intentar alcanzar otros estados superiores de conciencia y decondicionarse en la medida de lo posible del mundo profano y profanador, empresa harto complicada y extremadamente difícil en estos tiempos nauseabundos que corren.

 

No relataremos de forma pormenorizada las rutas que llevamos a cabo los días 3, 4 y 5 de febrero, sino que haremos una descripción general de las mismas, como si hubiese sido realmente una gran marcha por etapas.

 

Llegamos a Montserrat el día 2, pero decidimos tomarlo como un día de descanso, relajación y meditación. Cuatro libros en el interior de nuestra mochila para leer e interiorizarlos: el Nuevo Testamento, “Manual del Jefe” de Corneliu Codreanu, “Diario de la Cárcel” también de Codreanu y “El Mito de Europa” de Adinolfi. Lectura de pasajes del Evangelio y del Manual de Jefe después de cenar y antes de acostarse, puesto que el día 3 comenzaba la Marcha.

 

El día 3 por la mañana hicimos una pequeña ruta por el bello pueblo de Monistrol, visitamos primeramente el Museo del Cremallera, instalado el mismo en la antigua estación hoy reconvertida en Museo. Posteriormente visionamos la Iglesia del pueblo (originariamente del S. X, estaba cerrada), de tipo renacentista. Fue destruida (para variar nuevamente…) durante la Cruzada por la chusma roja, reconstruida por el Estado del 18 de Julio tras Victoria de las Fuerzas Nacionales acaudilladas por el Generalísimo Francisco Franco. Recorrimos posteriormente la parte antigua del pueblo hasta llegar a la Ermita del Ángel (S. XVII), no sin antes pasar por el Paseo de la Canaleta, en el recorrido hay restos de muralla del Siglo XIV y un acueducto del XVI. Esa zona fue testigo de la Primera Guerra Carlista (1833-40), la primera gran Cruzada de la España contemporánea contra los Hijos de las Tinieblas (léase Liberalismo). Un poco más arriba y llegando ya a la plaza nos encontramos con el “Palau Prioral”, una construcción representativa del gótico civil catalán encargada por el Prior de la Abadía de Montserrat en el S. XIV.

 

Ya por la tarde recorrimos dos Vía Crucis, el de la “Santa Cova” y el “dels Degotalls”, prácticamente ambos en solitario puesto que al ser un día laborable y estar nublado no se vio prácticamente un alma más aparte de las nuestras, mejor que mejor… Entre ambos trayectos hicimos una pequeña visita a la Cripta del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat (también cerrada), así como al precioso, marcial y viril monumento que preside la plazoleta y que nos muestra a un guerrero carlista Caído en combate en actitud moribunda pero portando consigo la Sagrada Bandera. De vuelta al albergue una cena ligera y lectura del “Diario de la cárcel” de Codreanu y de unos pasajes del “Apocalipsis de San Juan”, muy necesario hoy interiorizar dicho texto sagrado en estos tiempos finales y crepusculares que estamos viviendo; seguidamente el sueño reparador. El día 4 se antojaba muy duro…

 

El día 4 hicimos dos rutas, la primera y de muy fuerte ascenso serpenteante -la Miranda de Fra Garí- y que nos encamina hacia una balconada con una fuerte pendiente y caída vertical, hay unas barandas de madera que permiten a uno asomarse sin riesgo de caídas; también hay un banco adosado a la pared pétrea en el que nos podemos sentar para disfrutar de las impresionantes vistas y echar algún que otro bocado. Dicho sendero está en un ramal del “Camino de San Miguel” a la derecha una vez nos adentramos por dicho camino iniciándolo desde la plaza, metros más arriba pasando por la estación del funicular de Sant Joan y muy cerca del camping (cerrado en invierno). Durante el trayecto y antes de coger el sendero ascendente, varias estatuas y esculturas de singular atractivo, pero lo que más nos atrajo fue un obelisco de la OJE colocado con motivo de una Marcha Mariana del año 1966; evidentemente el acrónimo OJE se ha borrado “misteriosamente” de la talla…

 

Una vez bajamos de Fra Garí emprendemos el camino hacia Sant Jeroni, el punto más alto de la montaña de Montserrat (1.237 m). En lugar de hacerlo desde el ya citado Camino de San Miguel, ya que más arriba estaba cortado como consecuencia de unos desprendimientos recientes, lo hacemos desde el Camino Viejo de Sant Jeroni, mucho más duro y costoso, cientos y cientos de escalones (más de 1000 según nos informan) median hasta el mirador de Sant Jeroni. El camino es agotador pero el premio final, las espectaculares panorámicas que se observan desde la cima y mirador de Sant Jeroni, hacen que haya valido la pena tanto esfuerzo. Podremos divisar los Pirineos, el Montseny, Collserola y Sant Llorenç de Munt con la ayuda de una Rosa de los Vientos gigante que hay en el centro del mirador circular. El trayecto de bajada lo haremos por el Camino Nuevo de Sant Jeroni que nos lleva primero al mirador de la “Serra de les Paparres”, seguidamente al “Pla de les Tarántules” (972 m), y ya muchos metros más abajo a la ermita de San Miguel primero y a la Cruz y mirador de San Miguel después.

 

Ya de vuelta al albergue después de un día tan agotador, una buena ducha y unas cuantas lecturas para finalizar la jornada. Terminamos de leer el “Diario de la cárcel” del gran Héroe y Mártir rumano. Es impresionante el idealismo, el fanatismo totalitario y la viril espiritualidad de aquel joven incomparable, y ello en unos momentos tan dantescos para él (fue salvajemente asesinado en 1938), para su Movimiento y para su Patria. Corneliu Zelea Codreanu Mártir del Genio Europeo PRESENTE!!! Después de las oraciones de rigor, el sueño reparador; mañana nos espera también una dura jornada y que cerrará el ciclo de los tres que nos habíamos fijado.

 

El día 5 es ya el día en el que finaliza nuestra estancia en la Montaña Sagrada, por ello decidimos emprender nuestro regreso descendiendo por la “Canal dels Matxos”, fuerte sendero descendente que nos lleva directos al pueblo de Monistrol. El camino en alguno de sus tramos está equipado con grapas y cables para facilitarnos así los correspondientes descensos. El uso de las manos se hace necesario en varios tramos de esta canal.

 

Una vez llegamos a un llano junto a la carretera, en una ladera se encuentra una Abadía de monjas benedictinas, el Monasterio de Sant Benet de Montserrat, el edificio actual fue construido en 1954, de tipo neorrománico, está situado en el municipio de Marganell, en una ladera de la montaña de Montserrat, cerca de la Colonia Puig, sobre un acantilado que domina el camino de Monistrol de Montserrat.

 

La Colonia Puig está frente al Monasterio pero en el otro lado de la carretera, se trata de un antiguo hotel de lujo abandonado desde finales de los 80 del pasado siglo, durante nuestra Cruzada se transformó en un hospital de sangre dependiente del Gobierno demomarxista de la criminal República judeomasónica, felizmente abatida y liquidada por el genio militar del Invicto Caudillo. Allí se acogían a militares republicanos y civiles gravemente heridos, la mayoría criminales y chusma fanatizada por el demonismo rojo-separatista. Finalizada la Cruzada y con la “alegría primaveral” (tal como reza el sagrado himno de la Falange) que acompañaría a la instauración del Nuevo Estado con la Victoria del sufragio de las armas nacionales, el hotel volvió a abrir sus puertas. Como todo edificio en estado ruinoso y con mucha historia detrás, también un halo de misterio acompaña al complejo arquitectónico hoy en estado ruinoso: ruidos, imágenes espectrales, psicofonías, eso según los testimonios de algunos chiflados que alucinan con cualquier extraña gilipollez que se presente ante sus ojos cortos de miras y sus averiados cerebros saturados de marihuana y escasos de neuronas….

 

Dos datos curiosos: queda constancia de un banquete que acogió dicho hotel en 1955 para celebrar el décimo aniversario de las motocicletas Montesa. El otro dato curioso es que en dichas estancias estuvo Alejandro Finisterre, poeta, inventor, editor y creador del futbolín, que resultó herido en Madrid y fue trasladado al hotel para acelerar su recuperación por los problemas respiratorios que arrastraba. Amante del deporte, pero gravemente afectado en sus piernas por las heridas de la guerra, observando además que los niños ingresados no tenían nada con lo que jugar, el Sr. Finisterre se alió con un carpintero de Monistrol para crear, en el mismo hotel, el primer futbolín español, sin duda uno de mejores inventos para la diversión de los chavales (y no tan chavales…), y hoy prácticamente desaparecido en esta infame y repulsiva sociedad afeminada e idiotizada hasta la náusea. Hoy parece un invento casi prehistórico en medio de tarados robotizados y sin alma. Finisterre se exilió tras la finalización de la Cruzada y cuando regresó a España ya en los años 60, cual sería su sorpresa cuando observó con sus propios ojos que su invento de antaño ahora era algo así como un “juego nacional” extendido por todo el territorio patrio. Curiosidades de la vida sin duda, y del destino…

 

Continuamos la marcha y es ahora cuando vienen los tramos más entretenidos del camino. Descensos en roca equipados con grapas y cableados varios como dijimos más arriba. Ya en Monistrol, concretamente en el bar de la parada del ferrocarril “Aeri de Montserrat”, a degustar una suculenta y deliciosa paella además de un buen vino, y después de vuelta al infierno urbanícola, ahora eso sí, con energías renovadas. SEMPER FIDELIS!!!

 

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

 

Joan Montcau

 

 

NOTAS:

 

(1) Evola en su “Misterio del Grial y la Tradición Gibelina del Imperio”(1937) despachó al Catarismo con unas cuantas palabras no muy benévolas: mezcla de Cristianismo de los orígenes (la visión de Evola del Cristianismo de los orígenes era nefasta), de maniqueísmo (ídem de lo mismo) y de Budismo degenerado. Para Evola los verdaderos detentadores de ese Grial simbólico no fueron los cátaros tal como afirmaba Otto Rhan, sino los templarios. Ambos movimientos encarnaban cosmovisiones y espiritualidades opuestas y antitéticas. El Catarismo sería una emanación de la Luz del Sur, telúrica, lunar, ginecocrática. El Templarismo sin embargo lo sería de la Luz del Norte, uránico-viril, aristocrática, solar. Así que la “Cruzada contra el Grial” de la que tanto hablaba Otto Rhan realmente fue la que se llevó a cabo y acabó con la Orden del Temple a principios del Siglo XIV, que supuso el triunfo del güelfismo a la corta o a la larga, y no la que acabó con la aberración cátara en el Siglo XIII tal como afirmaba ese pseudoespiritualista de pacotilla con pretensiones de convertirse en una especie de gurú de las SS (pese a tener sangre judía, por cierto…). Los dos libros que Otto Rahn dedicó al tema y que fueron una especie de “best-sellers” en la Alemania hitleriana, eran desde el punto de vista tradicional y metafísico pura basura. Hablamos de “La Cruzada contra el Grial” y de “La Corte de Lucifer” (dicen que Himmler los tuvo en muy alta estima…). No es de extrañar que hoy esos dos bodrios -junto con “El Mito del Siglo XX ” de A. Rosenberg, otro libelo antitradicional-, sean considerados hoy como auténticos “libros sagrados” por los modernos “neopaganos hitleristas” de baja estofa infectados como están de repugnante veganismo, de animalismo, de puro panteísmo naturalista y de anticristianismo primario. Parece ser que Himmler ordenó distribuir gratuitamente entre los oficiales de alta graduación de las SS ejemplares de esos libros y que el propio Himmler portaba un ejemplar de la Corte de Lucifer cuando visitó Montserrat.

 

(2) Frente a las afirmaciones de Otto Rahn de que entre los fundadores del Temple hubo según él algún cátaro, o de que los templarios se negaron a participar en la Cruzada contra los albigenses por cierta afinidad ideológica, doctrinal o espiritual con ellos, Ernesto Milá es categórico, la primera afirmación es total además de manifiestamente falsa, el Templarismo no tuvo absolutamente nada que ver con el Catarismo, eran como hemos dicho más arriba dos tipos de espiritualidad totalmente opuestas e irreconciliables. En cuanto a la segunda afirmación de Rahn es simplemente una verdad a medias, que a veces es muchísimo peor que una mentira; la verdad es que el Temple no actuó militarmente contra el Catarismo porque en la regla y estatutos de la Orden tenían prohibido luchar contra otros cristianos (aunque fueran herejes como es en este caso), PERO SÍ la apoyaron logísticamente. Aconsejamos la lectura a este respecto del libro “Guía de Los Cátaros: Ruta Herética de España, Francia y Andorra”, de Ernesto Milá.

 


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