Julius Evola. Septentrionis Lux


LIBROS: LA MUERTE DE ARTURO

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LIBROS: LA MUERTE DE ARTURO

 

Porque el amor en ese tiempo no era como el amor es hoy en día”.

Thomas Malory

 

En el año 1485 se publicó este gran clásico de la literatura griálica, escrito por Thomas Malory 1399/1405-1471) supuestamente durante su estancia en la cárcel. En realidad se trataba de la unificación en un sólo tomo -subdividido en 21 libros o capítulos- de un total de ocho novelas que Malory escribió sobre el tema, presumiblemente la mayoría de ellas o la totalidad escritas durante su tiempo de presidio. Estamos ante la gran epopeya de la literatura inglesa a partir de la recopilación de viejas fuentes francesas y británicas a las que su autor agregó ideas, valores y conceptos fruto ya de su propia cosecha. El autor -o compilador más bien- finalizó su obra en 1469 y falleció dos años después, en 1471 aún preso y sin conseguir ver en vida su obra magna publicada; 14 años pasaron hasta llegar a ello.

En realidad la identidad del escritor inglés es enigmática, la versión más aceptada es que se trataría de un caballero que acabó encarcelado durante la guerra civil inglesa, la “Guerra de las Dos Rosas” que enfrentó a las casas reales de York y de Lancaster entre los años 1455 y 1487. Habiendo tomado partido por la derrotada causa Lancaster, fue encarcelado a principios de los años sesenta del Siglo XV. Parece ser que logró escapar de presidio varias veces y otras tantas apresado, para morir finalmente en marzo de 1471 entre rejas. Aunque también se ha llegado a especular de que realmente Thomas Malory fuera un sacerdote -encarcelado pues por el mismo motivo arriba indicado-, ello por la descripción que él hace de sí mismo en su obra, aunque esto no está generalmente aceptado. Sea como fuere estamos ante otro de los grandes enigmas y misterios de un Medievo que ya tocaba a su fin tras la victoria del “teocratismo güelfo” sobre el gibelinismo caballeresco e imperial, victoria que poco a poco iría demoliendo las bases y los fundamentos reales y metafísicos de aquella gran ecúmene europea que era el Sacro Imperio Romano-Germánico. Estamos ante la primera gran revolución subversiva y disolutoria en Occidente que abriría las puertas del demonismo moderno anti y contra-tradicional; del Güelfismo y la consiguiente desacralización del poder temporal y político (algo inconcebible en el mundo indoeuropeo) que vendría traído de su mano, al humanismo renacentista ya sólo había un paso. El proceso de involución y de desintegración de dicha ecúmene europea, y que llegaría a su punto culminante tras la Guerra de los Treinta Años (1618-48) con la Paz de Westfalia (derrota de la Catolicidad europea en definitiva), ya había sido iniciado lenta pero firmemente…

Decía Julius Evola que desde un punto de vista histórico, los textos fundamentales y más característicos referidos al simbolismo del Santo Grial hacen pensar en el afloramiento o la emanación de una corriente subterránea en un momento determinado de la historia de Occidente, para luego ocultarse o hacerse “invisible” de nuevo, es decir en términos espirituales y metafísicos lo que equivaldría a la “pérdida del Grial”, paralela ésta al “oscurecimiento de lo divino” (el Ragnarök de la mitología nórdico-germánica), que es precisamente lo que ocurrió en Occidente a partir del Siglo XIV en adelante y en el que hoy, Siglo XXI, en cuya fase terminal nos encontramos. Tal afloramiento de textos sobre el Grial lo fueron en un relativo corto espacio de tiempo dentro de la larga etapa conocida como Edad Media (convencionalmente Siglos V-XV), esto ocurrió concretamente entre los siglos XII y XIII -prácticamente en el corazón de dicha Edad-, para luego desaparecer como por ensalmo u obedeciendo a una consigna; lo cierto es que en el Siglo XIII abruptamente deja de hablarse de dicha temática. No deja de ser curioso que es precisamente esta etapa de apenas 200 años la época del esplendor del gibelinismo imperial y de las grandes Órdenes ascético-militares y caballerescas con la de los Templarios a la cabeza, de las Cruzadas, del movimiento trovadoresco (los Fieles de Amor, los Minnesänger), de las grandes cofradías iniciáticas de constructores, de los grandes místicos de la Catolicidad (San Bernardo de Claraval, San Francisco de Asís, Santa Hildegarda de Bingen, Maestro Eckhart). A principios del Siglo XIV se produce un repunte de dicha temática, el tema no es baladí ya que fue precisamente a principios de tal Siglo cuando se produjo la persecución, exterminio y disolución de la Orden del Temple, verdadera aristocracia espiritual del Sacro Imperio, consecuencia ello de la profunda animadversión sacerdotal y güelfa hacia todo tipo de espiritualidad olímpica, viril y aristocrática, hacia toda búsqueda de verdadera trascendencia y conocimiento (aún quedaba mucho para el claudicante Concilio Vaticano II). Con todo y con esto aún no se produjo la ruptura definitiva de Occidente con la Tradición Primordial puesto de otras fuerzas, aunque esta vez de manera más soterrada y oculta, cogieron el testigo a la fenecida Orden del Temple e intentar remontar la caída por la pendiente.

Esta reanudación o reactivación de la temática del Grial que tuvo lugar en los Siglos XIV y XV tras cierta etapa de rebozo y de velo a finales del Siglo XIII, lo hizo pero ya con las formas cambiadas; las obras que aparecieron en esos Siglos que ya marcaron el ocaso del Medievo carecían del simbolismo profundamente metafísico y espiritual de las obras de la primera etapa, tenían una componente más religioso-moralista que gnóstica y sapiencial; como dijo Evola “formas estereotipadas que entraron en rápida decadencia”; y es precisamente aquí donde queremos enmarcar la obra de Thomas Malory que se publicaría precisamente en las postrimerías del Siglo XV, una etapa donde podemos encontrar ya la génesis de la superstición modernista, finales de la Baja Edad Media e inicios del denominado por los modernos como “Renacimiento”…

El Ciclo del Grial que se inició en Siglo XII con las obras de Robert de Boron fundamentalmente, pasando por las de Chrestien de Troyes, Wolfran von Eschenbach, von Scharffenberg principalmente y entre otros muchos, en cierto modo concluyen a modo de recapitulación con esta gran obra que tenemos ahora entre manos: LA MUERTE DE ARTURO. Estamos hablando de una etapa histórica donde la Edad Media -la Edad del Medio– se identificó plenamente y a punto estuvo de convertirse y de identificarse con la Edad del Centro (metahistórico, metafísico).

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

 

 


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