Julius Evola. Septentrionis Lux


MARCHA AL TAGAMANENT Y RUTA DE LOS CAÍDOS (18-IX-2020)
octubre 20, 2020, 4:43 pm
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Tagamanent | Entre Montañas
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MARCHA AL TAGAMANENT Y RUTA DE LOS CAÍDOS (18-IX-2020)


“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero”. 

Hermann Hesse.



Marcha pateadora de la Centuria Totalitaria Rubicatus en la emblemática montaña del Tagamanent, situada en pleno Parque Natural del Montseny. La montaña tiene una altitud de 1056 metros de altitud sobre el nivel del mar; partimos desde la estación de Renfe de Sant Martí de Centelles, un lugar verdaderamente idílico rodeado de montañas y extraordinarios riscos con impresionantes caídas verticales. En total cerca de 25 km de caminata y con casi 700 metros de desnivel positivo acumulados.

Aunque hay varios senderos que llevan directamente hacia la cima de este impresionante cerro, escogemos concretamente el GR-5 cuya subida conduce por bosque interior hasta el Collet de Sant Martí y el Pla de la Calma.  Nosotros seguiremos siempre las indicaciones de este GR hasta el Collet de Sant Martí, justo a los pies de la cima del Tagamanent. El suelo arcilloso y empedrado, escalonado en muchos puntos y con grandes bloques de piedra obstaculizando en ocasiones el camino, da cierto atractivo a este sendero. Llegamos hasta la casa en ruinas de Puig-agudo, una antigua masía donde pese a su ruindad deja entrever su pasado esplendor: “Nada es tan bello como las ruinas de una cosa bella” (Auguste Rodin). Este tramo es un poco más abierto del bosque y nos permite vislumbrar perfectamente el cerro de Tagamanent, ante nosotros, aunque un poco lejano aún puesto que aún queda una distancia considerable hasta llegar a la cima. Vamos a hacer un pequeño inciso…

El nombre de Montseny proviene del latín Mont Signis (Montaña Señal) dado por los romanos en su aproximación por mar a la península; ya comentamos en anteriores entregas el carácter sagrado que Barcelona -Barcino- tenía para los antiguos romanos como Centro Sagrado o Axis Mundi, aunque secundario y subsidiario con respecto a la CIUDAD ETERNA -Roma- en particular y a la Tradición Primordial en general. El Montseny tiene tres espacios diferenciados, el Turó de l’home con 1.703 m. de altitud y Les Agudes con 1.703 m, por una parte (oeste), el Matagalls con 1.697m. y a poniente el altiplano de la Calma, con su cima más emblemática el espectacular Puig Drau de 1.344 m., zona esta última ya visitada por la Hermandad Totalitaria Barcino el verano del año pasado durante una jornada terriblemente calurosa. El Parque Natural del Montseny tiene más de 30.000 hectáreas distribuidas entre 3 comarcas: Osona, Vallés Oriental y La Selva, ubicadas entre las provincias de Barcelona y Gerona. El poblamiento en el Montseny data de tiempos prehistóricos, atestiguado por hallazgos de hachas, cuchillos de piedra, etc. encontrados a lo largo de la sierra. También hay varios megalitos, dólmenes, menhires, petroglifos esparcidos por todo el Parque Natural; hay que recordar que toda la comarca del Vallés tanto Oriental como Occidental, el Barcelonés, el Baix Llobregat, el Garraf, el Maresme, parece que incluso el Bages o parte del mismo, comprendían el territorio de los pueblos layetanos -Laiesken-, siendo Laie
algo así como el Centro Sagrado (Axis Mundi) ubicado según parece en la montaña sagrada de Mons Iovis (Montjuic), bien en su cima (donde ahora se encuentra el castillo), en la falda o inmediaciones, siendo Barkeno (rebautizado como Barcino por los romanos) la capital de todo el territorio layetano, pueblo de origen íbero según la mayoría de las fuentes, aunque algunos lo ubican dentro del mundo celta… Sea como fuere se trataba de un pueblo guerrero del que Roma tomó el testigo cuando aquél ya caminaba resueltamente hacia su ocaso: “Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan” (San Mateo, 9 14-17).

Finalizado el inciso, continuamos con la marcha… Una vez visitadas las ruinas de la masía, reemprendemos la caminata firme y decididamente hacia la cima. Nuevamente nos introducimos en el bosque siguiendo el ascendente sendero muy pedregoso y en ocasiones agrietado que nos enfila hacia la propia falda del Turó, un llano donde hay paneles informativos y mapa de la zona. En todo el turó o cerro se encuentran restos de muralla y extraordinarios miradores. Seguimos subiendo hasta dar con un camino en forma de cornisa que va vadeando la montaña hasta coronarla, pero no sin antes llegar a un pequeño llano en forma de balconada y con gigantescas moles de piedra desperdigadas por la zona, diríase que nuestros ojos lo que contemplaban eran grandes megalitos no puestos ahí precisamente por el azar: “La piedra, símbolo de lo perdurable, lo imperecedero, en muchas culturas símbolo de poder divino, representa hoy día al símbolo del ser. Su dureza y duración impresionaron a los hombres desde siempre, quienes vieron en la piedra lo contrario de lo biológico, sometido a las leyes del cambio; la decrepitud y la muerte, pero también lo contrario; al polvo, la arena y las piedrecillas, aspecto de la degradación” (Juan Eduardo Cirlot). La Piedra es el Altar por excelencia, la materialización del rayo celeste, símbolo de lo perdurable y de lo perenne, de ahí que desde la prehistoria los rituales de iniciación se efectuaran en zonas pétreas o en cuevas, convirtiéndose los iniciados o re-nacidos (segundo nacimiento, el espiritual) simbólicamente en seres “nacidos de la piedra”: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (San Mateo 16,13-20). Nosotros mismos como dijera el gran Paracelso “guardamos en nuestro interior todas las estrellas del firmamento y todas sus influencias”;
nos viene ahora a la memoria una extraordinaria cita de José Antonio Primo de Rivera de una gran carga y belleza poética, simbólica y espiritual: “Nosotros queremos volver a ordenar a España desde las estrellas”: volver a conectar el Más Acá con el Más Allá, el Microcosmos con el Macrocosmos, conexión rota por el demonismo moderno anti-mítico y anti-cósmico por definición.

Una vez subidos en alguno de estos bloques de piedra la panorámica de la Sierra es alucinante. Desde ahí se observan perfectamente el Sui (1.319 m) y el Puig Drau (1.344 m), dos bellas montañas que desde nuestra posición y a pesar de estar el cielo bastante nublado, su silueta se recorta perfectamente en un cielo nuboso que amenaza lluvia, ello prácticamente desde que partimos desde la barroca estación de tren en Sant Martí de Centelles.

Llegamos a la cima dándonos de bruces con la iglesia de Santa María de Tagamanent; dicha iglesia fue considerada antiguamente una parroquia rural y más tarde como Santuario Mariano. De tipo románico originalmente de finales del Siglo X, el citado templo fue cambiando de propietarios entre condes y abades a lo largo de su historia; es a partir del Siglo XV cuando el templo empezó a sufrir varias modificaciones y añadidos hasta llegar a nuestros días. Por desgracia cuando llegamos al punto no pudimos acceder al interior del Templo puesto que estaba cerrado, pero desde fuera pudimos observar la humilde sencillez casi espartana del interior de la iglesia: un pequeño altar y la imagen de la Santa Virgen con el Niño Divino. Toda la cima del cerro es una atalaya colindante con los contrafuertes del macizo del Montseny desde donde se pueden apreciar unas vistas inmejorables -y más en un día casi otoñal y nuboso-, formando frontera con la comarca de Osona, además caminando entre los restos y ruinas de un antiguo castillo al parecer también del Siglo X.

Después de maravillarnos y de extasiarnos con toda la belleza que contemplaban nuestros ojos, iniciamos el camino de vuelta para dirigirnos hacia el restaurante Can Canal, ubicado casi en plena falda de las Cingles del Bertí, otro impresionante espacio natural montañoso protegido y que también visitamos el verano del año pasado. Empieza a llover, primero chispeando para luego ir ganando cada vez más en fuerza e intensidad; nos ponemos los ponchos y continuamos la marcha no sin antes desviarnos hacia un antiguo horno de cal donde hay una placa de mármol conmemorativa dentro de una especie de “cueva” artificial a modo de pequeño claustro que hay en el interior de la solitaria edificación, y a la que la Centuria Totalitaria Rubricatus quiso presentar honores y reverencias levantado un improvisado altar. En ella se recuerda a una devota familia católica (padre y dos hijos de 14 y 18 años respectivamente), asesinada salvaje y cobardemente por la canalla anarco-marxista en plena Cruzada, concretamente un 8 de Noviembre de 1936. Después de presentar nuestros respetos y honras hacia esos tres gloriosos patriotas y mártires Caídos por Dios y por España -¡¡¡PRESENTES!!!-, y dada la fecha del crimen nefando, también recordamos con brío el famoso Putsch de Múnich ocurrido exactamente en esa misma fecha 13 años antes, un mítico 8 de Noviembre de1923, y donde también varios camaradas y patriotas alemanes fueron salvajemente asesinados por la chusma democrática y por una República tan vil y criminal como la que padecía también España hasta la llegada del Movimiento Salvador del 18 de Julio. Unos y otros, quizás sin saberlo en ese momento, contribuyeron con su sangre y su sacrificio a la cimentación de la Gran Idea y a la Poesía por excelencia del Siglo XX, a una nueva y verdadera Resurrección del Mito y del Héroe en nuestra sagrada Europa, que en esos años inolvidables parecía resurgir de sus cenizas como el Ave Fénix.

Llegados al restaurante, a degustar las buenas carnes y vinos de la zona en un buen ambiente de sana camaradería y hermandad, aunque aún nos quedaba ruta por delante y el tiempo ya no acompañaba puesto que la lluvia empezaba a apretar por momentos…

Una vez repuestas la fuerzas y bien hidratados, nos dirigimos hacia la ermita románica de Sant Pere de Valldaneu, originariamente del Siglo XI aunque también sufrió modificaciones a lo largo de su historia. Visita al pequeño y solitario cementerio que está a unos metros de dicha ermita. De dicho cementerio cabe destacar principalmente una espectacular Cruz ornamentada de piedra en forma de Árbol de la Vida, y en cuyo frontispicio hay tallado un Sagrado Corazón entre laureles; justo en el centro de la Cruz lo que parece un Ave Fénix portando una estrella en su pico: el portador de la Buena Nueva al mundo… Enfrente de la Cruz también en piedra un libro abierto: “El gran libro, siempre abierto y que tenemos que hacer un esfuerzo para leer, es el de la Naturaleza, y los otros libros se toman a partir de él, y en ellos se encuentran los errores y malas interpretaciones de los hombres” (Antonio Gaudi). Estábamos contemplando un sencillo pero a la vez muy rico conjunto escultural simbólico e iniciático. Los cementerios hoy, en medio de este mundo en ruinas y claramente pre-apocalíptico, son unos de los pocos espacios sagrados que aún se mantienen en pie, en ellos uno puede buscar aún lo sacro, el misterio, el símbolo, el rito, el recogimiento, la soledad, el encuentro con uno mismo, el decondicionamiento; también nos encontraremos con verdadero Arte -en sus lápidas, estatuas, jardines, etc-, además contactar simbólicamente con los Ancestros. Los cementerios o necrópolis trazan la frontera simbólica o el espacio sagrado que hay entre el mundo de los vivos -hoy más bien muertos vivientes o zombis- y el mundo de los muertos. Es una Vía de acceso alegórica hacia los Antepasados, es decir el “Pitr-Yâna” de la tradición indoaria (Via de los Padres o Antepasados), fase “descendente” con respecto al “Deva-Yâna” (Vía de los Dioses) fase “ascendente” que al fin y al cabo es el primordial y principal objetivo de todo hombre verdaderamente diferenciado y decondicionado. “La Puerta de los Hombres” y “la Puerta de los Dioses” teniendo ambas su correspondencia respectiva con los Solsticios de Verano e Invierno, San Juan de Verano (San Juan Bautista) y San Juan de Invierno (San Juan Evangelista. Como dijo San Juan Bautista tras el Bautismo de Jesucristo en el río Jordán: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.(Juan 3:30)…

Después de las oraciones y charlas totalitarias de rigor, después de tan extraordinaria e instructiva jornada, rumbo nuevamente al punto de partida -la estación de tren-, y de ahí de nuevo a la odiosa, ruidosa y envilecida jungla de asfalto de la subhumanidad plutocrática, henchida de diabólico orgullo y de profunda pusilanimidad aterradora.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN


Joan Montcau


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