Julius Evola. Septentrionis Lux


ASCENSO A SANT PERE MÁRTIR (09-I-2021)
enero 23, 2021, 11:51 am
Filed under: Sin categoría
Defensa antiaèria de Sant Pere Màrtir | Consorci de Turisme del Baix  Llobregat
ANDATORI: 09-mar-2013
ASCENSO A SANT PERE MÁRTIR (09-I-2021) | El Cadenazo

ASCENSO A SANT PERE MÁRTIR (09-I-2021)

«Sube montañas no para que el mundo pueda verte, sino para que puedas ver el mundo».

David McCullough.

«Las montañas son el principio y el fin de todos los paisajes naturales».

John Ruskin.

«Más allá del hielo, del Norte y de la muerte…está nuestra vida, nuestra felicidad».

Federico Nietzsche

Decía Julius Evola que cuando los símbolos cobran vida, los significados profundos se manifiestan, y precisamente eso es para nosotros cualquier ruta emprendida y/o planificada: un Símbolo, un Rito: “Allí hay siempre lugares y momentos -no son corrientes, pero lo hay- en los cuales el elemento físico y el metafísico se interfieren, y lo exterior se adhiere a lo interior. Y son como «cierres del circuito»: la luz que, por un instante, como en el punto de tales cierres, surge de ellos, es ciertamente la de una vida absoluta” (Julius Evola).

Primera marcha del nuevo año que acaba de comenzar de la Centuria Pateadora Montañas Nevadas, y ello bajo un día frío, lluvioso y con mucho viento; nuestro objetivo esta vez era la montaña sagrada que se encuentra a caballo entre tres municipios, a saber Barcelona, Esplugues de Llobregat y Sant Just Desvern: Sant Pere Mártir, antiguamente denominado como Puig d’Ossa o Monte de Ursa como se lo llamaba en el Siglo X; está a 399 metros de altitud sobre el nivel del mar; una magnífica atalaya desde donde divisar el Valle de Sant Just, los macizos del Ordal y el Garraf, además del Delta del Llobregat. En la cima en el Siglo XVII la Orden de los Dominicos levantó una ermita en honor de San Pedro, siendo abandonada definitivamente a finales del Siglo XVIII transformándose posteriormente en una fortificación militar, dado el lugar privilegiado y estratégico en el que estaba ubicada. Hubo un destacamento militar en la zona prácticamente desde la Guerra de los Segadores (1640-52) hasta la Cruzada de 1936-39, pasando por la Guerra de Independencia contra la chusma revolucionaria gabacha (que fueron los que destruyeron la ermita en 1808) y las Guerras Carlistas del XIX. La cumbre de esta montaña que en cierto modo es como una puerta a Barcelona, es un lugar de observación ideal por el dominio visual de la entrada en Barcelona,

puesto que domina el paso de las vías de comunicación entre el río Llobregat y Barcelona. Se sabe que en la zona sobre la que se construyó la ermita -de la que hoy sólo quedan unas pocas ruinas-, y la posterior torre de telecomunicaciones, hubo un asentamiento ibero-layetano; nada de extrañar puesto que toda la Sierra de Collserola es abundante en los mismos; a destacar principalmente los asentamientos layetanos de la Peña del Moro (Sant Just Desvern) y de Can Oliver (Cerdanyola del Vallés).

Ascética y Milicia; esas ruinas que coronan la cima representan simbólica pero también históricamente como hemos visto, la unión de lo espiritual y de lo castrense, Ermita y Fuerte Militar; por ello es una de las grandes montañas identitarias de los patriotas barceloneses, ya que como dijera José Antonio “tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida». Orden, Hermandad, Fratría, Männerbünde…

Se inició la marcha hacia las 07:00 horas, emprendiendo la ruta inicialmente 6 camaradas e adentrándonos por el Parque de Cervantes en dirección hacia Finestrelles, que es donde cogimos uno de los senderos que va serpenteando prácticamente hasta llegar a la zona de miradores de Sant Pere Mártir. El Parque de Cervantes en concreto, está ubicado en la zona donde antes se encontraba un torrente que transportaba el agua que descendía desde la cima de Sant Pere Mártir; el parque fue inaugurado en plena Era de Franco, año 1965; de abundante y muy variada vegetación y arbolado, además de tener muy bellas estatuas como por ejemplo “La Serenidad”, preciosa escultura del año 1964 trabajada en mármol blanco y obra de Eulalia Fábregas de Sentmenat; dicha escultura fue colocada con ocasión de la celebración de los “25 AÑOS DE PAZ” (1939-64) del Estado del 18 de Julio. Hay también un monolito con placa conmemorativa del año 1965 dedicada al gran escritor regeneracionista Ángel Ganivet. Nunca nos cansaremos de repetirlo, y lo haremos una vez más: la gigantesca Obra de Estado de aquel régimen -sin parangón en toda la historia de la Europa contemporánea-, fue tal, en todos los órdenes y de tales proporciones que después de más cuarenta años de tiranía y barbarie demo-plutocrática, debería avergonzar a cualquier politicastro sistémico ya sea representativo tanto de lo que llaman “derecha” como de lo que llaman “izquierda”, al fin y al cabo ambos las dos caras de la misma moneda mundialista y netamente antitradicional…

Una vez pasamos por el área de miradores que se encuentra en la Plaza Mireia, cogemos la pista forestal que nos conduce al Turó d’ En Ramoneda (197 m); en el mismo hay un búnker de nuestra Cruzada de Liberación Nacional que aunque está sin señalizar, es relativamente fácil acceder a él pese a que en gran parte está oculto entre la maleza. De hecho, toda esta zona está muy bunkerizada, la mayoría fueron construidos por el bando rojo durante la Cruzada, aunque después de la Victoria sirvieron para combatir a las hordas guerrilleras, principalmente anarquistas por estas zonas. Pese a que la lluvia no hacía más que ir en aumento (lo mismo que el fuerte viento), y aunque calados hasta los huesos, continuamos la marcha ascendente en dirección hacia la bella y llamativa construcción modernista conocida como “Casa de les Aigües” que se encuentra en la falda de montaña, pasando por la gran pasarela que empalma con el recorrido de una antigua conducción de distribución de agua, recorrido conocido hoy como el “Camí de les Aigües”; hoy reconvertido en un amplio y llano sendero de cerca de unos 10 Km de distancia que hace de balconada, en cierto modo punto de unión entre las comarcas

del Baix Llobregat y del Barcelonés. Las vistas a través del mismo de la ciudad de Barcelona y del mar Mediterráneo son verdaderamente espectaculares, ideal pues para caminantes, corredores y ciclistas. Por suerte el día no acompañaba para todos estos, y mucho menos para los odiosos urbanícolas…

Llegamos al “Mirador dels Xiprers”, que domina parte de la llanura de Barcelona, el Delta del Llobregat y las montañas que lo rodean. Entre la oscuridad de una mañana tormentosa, aún se pueden tener vistas de la ciudad y del Monte de Júpiter sobre este gran y solitario altozano pétreo, rodeado de bellos cipreses como bien indica el nombre de este mirador, que junto con el silbido del viento daban a la zona un aspecto verdaderamente fantasmagórico: “El lobo seguía aullando de una extraña manera, y un resplandor rojizo comenzó a moverse por entre los cipreses, como siguiendo el sonido” (Bram Stoker). Comenzaba el verdadero ascenso a la cima de Sant Pere Mártir y por la tartera, camino muy empinado y resbaloso debido a la fuerte lluvia, aunque el viento en contra tampoco ayudaba nada a nuestro ascenso hacia la cumbre; aunque teníamos al lobo simbólico -animal de poder por excelencia-, como tótem, como guía, como poder transformador…

Muy cercanos a la cima se adhirieron al grupo otros dos camaradas de Esplugues de Llobregat, dirigiéndonos todos hacia las ruinas de la antigua ermita, pero no sin hacer antes un pequeño alto en el camino justo en el mirador que hay sobre una batería antiaérea también de la época de nuestra Cruzada, otro testimonio de un enfrentamiento mítico entre dos concepciones totales del mundo y de la existencia; “Las Dos Ciudades” de las que habló el cardenal barcelonés Enrique Plá y Deniel en su carta pastoral el 30-IX-1936, en plena Guerra Santa y justo un día antes de la exaltación del Caudillo Francisco Franco a la Jefatura del Estado Nacional: “El comunismo y el anarquismo identificados con la ideología que dirige al desdén, la aversión hacia Dios Nuestro señor; y en contra la heroicidad y el martirio han florecido” (Enrique Plá i Deniel). Junto a dicha batería antiaérea y muy cerca de las instalaciones de una torre de telecomunicaciones -como hemos mencionado más arriba- que se levantó entre 1959 y 60, todos los camaradas brindamos con un buen vino antes de reemprender la marcha hacia las ruinas de la antigua ermita-fortín.

Llegamos a las ruinas y concretamente nos detuvimos en el punto exacto donde estuvo erigida, en dicho punto se encuentra una placa explicativa de aluminio instalada por la “Centro Excursionista Espluga Viva” en el 2005; en la misma -rodeada de cipreses- se recuerda al pequeño santuario de Santa Catarina dedicado a San Pedro, levantada en el primer tercio del Siglo XVII cuando el sol del Imperio Español y del Sacro Imperio Romano-Germánico iniciaba su ocaso, ocaso del que sería tristemente testigo también ese pequeño santuario poco más de un siglo después. En los años 20 del pasado siglo, hubo un proyecto de reconstrucción de dicha ermita-santuario. De hecho, se convocó un concurso para ello y se hizo una maqueta, hasta se hizo la simbólica ceremonia de la colocación de la primera piedra en junio de 1926, pero finalmente dicho proyecto no llegó nunca a término. No nos marchamos sin recordar las palabras de Cristo al apóstol que precisamente ha acabado dando nombre a esta montaña sagrada, rememorando así la ceremonia simbólica que tuvo lugar en 1926: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra

quedará atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los Cielos”» (Mt. 16, 13-19).

La continua lluvia y el fuerte viento, finalmente nos obligó a acortar la ruta en un principio prevista para ser mucho más larga, por lo cual emprendimos el regreso bajando hacia el Turó del Temple primero y hacia el Valle de San Justo después hasta llegar al punto de encuentro y partida. Corta pero intensa marcha bajo un día muy intempestivo, pero el principal objetivo se cumplió con creces: “Lo importante no es llegar sino ir” (Robert Louis Stevenson).

FUERZA HONOR Y TRADICIÓ

Joan Montcau


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