Julius Evola. Septentrionis Lux


EL MISTERIO DEL ALEMÁN DE CORAO
agosto 30, 2021, 10:32 am
Filed under: Sin categoría

 EL MISTERIO DEL ALEMÁN DE CORAO

“El pensar es un misterio; el hablar es un misterio; el hombre, un abismo.”

Jaime Balmes

“¡El misterio! Sí, un misterio profundo nos envuelve. Cuanta más luz, más misterio.”

Thomas Carlyle

   Viendo hoy ese fabuloso complejo arquitectónico y sagrado que es la Basílica de Covadonga dentro del gran conjunto monumental del Santuario de la Cueva Sagrada (1), lugar éste de resonancias míticas para nuestra gloriosa historia patria, muy pocos reparan o han reparado en la gran y fascinante personalidad que se esconde detrás de esa auténtica Obra Magna construida a caballo entre el último cuarto del Siglo XIX y principios del XX: Roberto Frassinelli y Burnitz (Luisburgo, Baden-Wurtenberg, 1811 — Corao, 1887), apodado y conocido en su tiempo como “el alemán de Corao”…

   Cerca de la Santa Cueva y el conjunto monacal se alza la Basílica de Santa María la Real de Covadonga, ideada e inicialmente planificada por Roberto Frassinelli y levantada entre 1877 y 1901 por el arquitecto Federico Aparici y Soriano, dicha construcción es de estilo neorrománico y construida íntegramente en piedra caliza rosa. En cuanto a la sugestiva figura que tenemos entre manos, existen muy pocos datos biográficos sobre él, siendo también las fotografías del personaje escasas, algo que suele ocurrir con frecuencia entre aquellos personajes que pese a haber surgido con la Modernidad, NO SON ni forman parte espiritual y existencialmente hablando de la misma, no son fácilmente encajables en ella. Se sabe del personaje en cuestión que se trató de un hombre fuera de lo común, personalidad altamente polifacética; fue dibujante, bibliófilo, anticuario, naturalista, arqueólogo -fue el gran descubridor del Dolmen de Abamia-, experto montañero, amante de la poesía teniendo al gran poeta romántico Hölderlin (2) como uno de sus favoritos; también de la arquitectura sagrada, especialmente la medieval, además poseía grandes conocimientos de griego y latín; tenía al parecer también grandes conocimientos sobre química, anatomía, zoología, botánica, fisiología y cirugía, además de una personalidad a la vez enigmática, rodeada de misterio y no exenta de un gran carisma según atestiguaron quienes le conocieron en su tiempo: “Es un personaje único, singular, parcialmente desconocido; un perfecto ejemplo de morador del No-mundo, esto es: de personaje fronterizo, heterodoxo, cuya vida transita a mitad de camino entre la leyenda y el hecho histórico, real y contrastable, y cuya principal característica ‒su pertenencia al No-mundo‒ le llevó en un momento dado a dar la espalda a su tiempo, a los hombres y mujeres de su época, para ir a dar con sus huesos hasta un paraje agreste, recóndito, en busca no sabemos muy bien de qué, aunque debamos confesar que de algún modo lo intuimos…” (Marcos Polvoranca)

   Cuenta el político e historiador Alejandro Pidal y Mon que le conoció (3): «Su verdadero teatro eran los Picos de Europa, Peña Santa, la Canal de Trea, los gigantescos Urrieles asturianos. En ellos se perdía meses enteros, llevando por todo ajuar un zurrón con harina de maíz y una lata para tostarlo al fuego de la hierba seca, su carabina y cartuchos. Vino no bebía, bebía agua en la palma de la mano; carne sólo la del rebeco que abatía con certero disparo de su escopeta y cuya asadura tostaba sobre la misma lata del mismo fuego. Dormía entre las últimas matas de enebro; se bañaba al amanecer en los solitarios lagos de la montaña y al regresar de la penosa excursión a los Picos, se refrescaba revolcándose desnudo sobre la nieve…» (4). Los datos biográficos que de Roberto Frasinelli nos constan son que en su juventud estudió en la Universidad de Tubinga, entre 1831 y 1833. Se sabe también que en su juventud coqueteó con ciertos círculos revolucionarios de ideas románticas como por ejemplo la «Sociedad de Jinetes del Fuego», participando en las revueltas de Frankfurt de 1833. Condenado por sus actividades políticas en 1836, finalmente, decide trasladarse a España en 1844 y en la que permanecería definitivamente hasta su muerte 33 años después; fue a partir de ese momento cuando su personalidad sufrió una auténtica catarsis, una transformación hasta verse impulsado en la necesidad de erigir un templo como veremos; parece ser que la visión y el contacto con Covadonga y de todo el simbolismo sagrado y toda la carga histórica que hay tras de ella, le acabaron metamorfoseando… Una vez en España hizo de marchante para anticuarios y bibliófilos alemanes. Parece ser que fue por entonces cuando empezó a interesarse por la arquitectura sagrada del Medievo, especialmente por el prerrománico y el románico, además de entablar una gran amistad con el Obispo Sanz y Forés (Obispo de Oviedo, 1868-82), que pronto se convertiría en uno de sus principales valedores. Visitó muchos Monasterios especialmente por Asturias hacia los años 40 del Siglo XIX. En 1854 tras contraer matrimonio se retiró a la aldea de su esposa, Corao, próxima a Covadonga -su particular Axis Mundi-, y donde residió hasta su muerte. Se sabe también que entre 1859 y 1876 prestó su colaboración como dibujante para diversos proyectos arqueológicos. A grandes rasgos estos son los pocos apuntes biográficos que constan del personaje; lo más interesante desde nuestro punto de vista es lo que viene a continuación…


   Roberto Frasinelli realizó los diseños de la Basílica de Santa María la Real de Covadonga de estilo neorrománico, contrastaban con el proyecto original del arquitecto Ventura Rodríguez de diseño clasicista y que contaba con el apoyo del Cabildo. En su construcción, iniciada en 1877, al no tener los conocimientos de arquitectura necesarios (carecía de tal título, era autodidacta), tuvo que ceder su puesto al arquitecto Federico Aparici y Soriano que en líneas generales respetó su proyecto original; sin embargo sí que pudo dirigir las obras de la Cripta. Pero la Basílica no fue sólo una de sus inspiraciones más destacadas; también diseñó el Camarín de la Cueva -desmantelado por la chusma roja en 1938 durante la Cruzada (para variar…)-, o el de la Capilla del Campo de Collado.

   Frassinelli solía pasar largas jornadas retirado en solitario en una cueva, meditando. En el interior de dicha cueva sólo tenía como mobiliario una mesa de piedra que él mismo talló con sus propias manos. Curiosamente, hay ciertos paralelismos con otra figura de carácter mítico y metahistórico también de origen alemán: el legendario fundador de los rosacruces en la segunda mitad del Siglo XIV, Christian Rosenkreutz. La vida de este personaje parece más simbólica que real; cuenta la leyenda que éste también se retiró a una cueva a meditar y que también sabía tallar la piedra, es ahí donde Christian adquirió la iluminación, igual que le ocurriría a nuestro San Ignacio de Loyola en la Cueva de Manresa casi dos siglos después. El mismo nombre de Christian Rosenkreutz tiene un carácter simbólico, haciendo alusión más a una experiencia interior, a un grado de iniciación (Rosa + Cruz) como el mismo nombre indica, que a un personaje real (aunque no fuera descartable que el mismo tuviera también una verdadera existencia histórica). Nos sigue contando la leyenda que Christian también residió durante un tiempo en España, es indudable que las sincronías y ciertos paralelismos entre ambas figuras, una real y otra, quizás, meramente simbólica, son más que evidentes. Ernesto Milá apunta al hecho de que Roberto Frassinelli, en un determinado punto de su existencia, decidió llevar el estilo de vida y la práctica que la leyenda atribuía a aquel mítico fundador de un movimiento iniciático y doctrinario continuadores subterráneos del gibelinismo, herido de muerte tras la liquidación de los templarios y del que los rosacruces cogerían el testigo, aunque con un accionar ya más “oculto”. Señala René Guénon que los Rosacruces, entre su misteriosa aparición con la figura mítica de Chistian Rosenkreutz al frente en la segunda mitad del Siglo XIV, hasta la Paz de Westfalia de 1648 que pondría fin a la Guerra de los Treinta Años -y que iba a significar el principio del fin del Sacro Imperio Romano-Germánico-, en cierto modo aseguraron, aunque de una manera ya más encubierta y tenue, el contacto de Occidente con la Tradición Primordial, con el Centro del Mundo; a partir de entonces, y tras la invasión de las fuerzas subversivas que en lo sucesivo arrasarían por completo a Europa, los verdaderos rosacruces desaparecen por completo de la escena política, deciden retirarse o replegarse hacia posiciones más interiores, a las “catacumbas”… Siendo el rosacrucismo esencialmente una doctrina, una práctica y una experiencia totalmente iniciáticas, sin embargo había tres símbolos a los que rendían culto y que los ponían en contacto con la práctica católica más ortodoxa: los símbolos del Grial, la Cruz y la Rosa, y el Sagrado Corazón. Tratándose la “experiencia rosacruz” de una Vía Iniciática y de una experiencia interior (pasar del “hombre viejo” al “hombre nuevo”, de ahí el símbolo de la apertura de la Rosa en el centro de la Cruz), y por lo tanto con caracteres de verdadera intemporalidad, no es extraño que hayan surgido figuras históricas separadas en el tiempo y en el espacio y sin embargo con tantas simetrías o coincidencias entre ellos: “El Reino inaccesible e intangible del Grial es una realidad también en la forma, según la cual el mismo no está vinculado a ningún lugar, a ninguna organización visible y a ningún reino terrestre. El mismo representa una Patria, a la cual se pertenece por un nacimiento diferente del corporal, que tiene el sentido de una dignidad espiritual e iniciática. Este reino une en una cadena infrangible a hombres que pueden también aparecer como dispersos por el mundo, por el espacio, por el tiempo, por las naciones, hasta el límite de aparecer como aislados y de no conocerse recíprocamente” (Julius Evola).

   Roberto Frassinelli acabaría falleciendo en 1887, su cuerpo fue sepultado en un lugar de poder y con una gran carga a la vez mítica, simbólica y mística: en el cementerio de la iglesia de Santa Eulalia de Mérida, en la localidad de Abamia (5), datada en el Siglo XII pero se tiene constancia de un templo anterior del Siglo VIII, según la leyenda construido por el mítico Rey Don Pelayo tras iniciar la Reconquista de España. Lo cierto es que durante varios siglos -500 años- los restos mortales del Rey Don Pelayo, primer rey de Asturias y los de su esposa, la Reina Gaudiosa, estuvieron sepultados también en esta iglesia hasta su traslado a la Santa Cueva de Covadonga por el Rey de Castilla y León, Alfonso X el Sabio. El alemán “morador del No-mundo”, poseedor ya de por sí de una gran carga y aureola míticas, acabaría integrándose de lleno en uno de los grandes Mitos (con mayúscula) forjadores de nuestra Identidad y de nuestra Patria: Don Pelayo y Covadonga.

   Pese a que en su momento los méritos artísticos de Roberto Frassinelli fueron reconocidos por la Academia de Historia y por la de Bellas Artes, y habiendo sido una de las figuras más importantes de la cultura asturiana del Siglo XIX., su figura hoy es prácticamente desconocida incluso para la gran mayoría de los asturianos, paradójico teniendo en cuenta que Asturias fue el escenario de las mayores inquietudes y desvelos del alemán de Corao, y a cuya sacralidad se entregaría en cuerpo y alma; pero eso a él le hubiera importado muy poco. Una de las características fundamentales de toda apertura hacia la trascendencia y hacia el ascesis, una vez que se ha superado -trascendido- la condición puramente humana y material, y se ha llegado a cierto grado de decondicionamiento, precisamente es el de la “impersonalidad activa”NON NOBIS DOMINE, NON NOBIS, SED NOMINI TUO DA GLORIAM (“Señor, no nos des gloria, no a nosotros, sino a tu nombre”. Consigna templaria). Hacer lo que tiene que ser hecho, buscar la obra bien hecha, huir del reconocimiento, del aplauso, de la aprobación los demás, de la odiosa palmadita en la espalda tan común hoy en esta sociedad disoluta y podrida; fieles al precepto clásico “Nada de más”, huir como de la peste de todo lo superfluo, pomposo o fatuo, abominar de todos los pseudovalores  -a cual más aberrante-, de la modernidad permaneciendo en el “No-mundo”. Sin duda, pese a los escasos datos biográficos que hay sobre este personaje tan enigmático, ciertos datos, sincronías y episodios de su vida nos llevan a la conclusión de que todo parece indicar que estamos ante “el perfil de un rosacruz clásico” (Ernesto Milá) (6).

FUERZA HONOR TRADICIÓN

Joan Montcau

NOTAS:

(1) El elemento central del Santuario es la Santa Cueva, donde se encuentra la Capilla-Sagrario con la imagen de la Virgen de Covadonga y la tumba de Don Pelayo, el Caudillo guerrero que iniciaría la Reconquista de nuestra sagrada Patria frente a la invasión sarracena. Según la tradición, en este lugar se habrían refugiado don Pelayo y sus hombres durante la Batalla de Covadonga.


(2) Puede que la imagen que mejor lo describa sea el famoso óleo de Caspar David Friedrich, el gran pintor del romanticismo alemán apodado “el místico del pincel”-, óleo que nos muestra a un hombre de espaldas ante un paisaje rocoso difuminado por una niebla tan tupida como inquietante, tenebrosa. No podemos ver su cara, ni la expresión de sus ojos ante la temible belleza que se le aparece enfrente, pero sí podemos adivinar en su gesto una actitud de impasibilidad, de viril desafío ante lo que se le avecina, y una gran y resuelta rectitud con la que materializa su voluntad de superarlo, mantenerse firme ante la adversidad “inasequible al desaliento”.


(3) Alejandro Pidal y Mon (Madrid, 26 de agosto de 1846-Madrid, 19 de octubre de 1913), amigo del personaje que tratamos, fue un político y académico español. Fue ministro de Fomento en 1884, en un Gobierno de Cánovas del Castillo, miembro y director de la Real Academia Española, numerario de la Real Academia de la Historia, presidente del Congreso de los Diputados y embajador de España ante la Santa Sede. Fue uno de los más ardientes defensores de la llamada Unidad Católica de España. En 1881 fundó el partido Unión Católica.

(4) Nos viene ahora a la memoria unas palabras que Julius Evola escribió en su libro autobiográfico “El Camino del Cinabrio” sobre la moral espartana de Guido de Giorgio, uno de sus grandes referentes y que también colaboró con él tanto en la aventura de “El Grupo de Ur” como de “La Torre”, definido por el propio Evola como un «iniciado en estado salvaje»; su desprecio por el mundo moderno, que lo sentía como algo profundamente ajeno a él, era tal que se retiraba a la soledad de las montañas teniéndolas como su propio hábitat natural. Con el excepcional Guido de Giorgio, nuevamente parafraseando a Marcos Polvoranca, estaríamos ante otro caso de un hombre perteneciente al “No mundo”…


(5) “En la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, bajo una modesta losa de pizarra, reposan los restos de Roberto Frassinelli. No siempre estuvieron allí. Hasta 1977, los escasos iniciados que se internaban en aquel paraje fantasmal para rendir un tributo casi secreto a un personaje que había muerto dejando tras de sí una larga serie de enigmas, tenían que alejarse unos pasos del templo para adentrarse entre la agreste vegetación de un cementerio medio abandonado y rebuscar el sepulcro que acogía sus cenizas. El traslado de sus huesos fue el inicio de un ‘movimiento’ de recuperación de su figura y su legado que llegó a su momento álgido en 1987, cuando, con motivo del centenario de su muerte, se celebró una exposición que arrojó no poca luz sobre la vida y el legado de quien fuera una de las figuras más importantes de la cultura asturiana del XIX. Después, volvió el silencio” (Miguel Barrero, “Roberto Frassinelli, el alemán que descubrió Covadonga”).

(6) Ernesto Milá, “El Misterio Gaudí”. Precisamente en este extraordinario libro, el autor también recalca las sincronicidades y paralelismos que el gran arquitecto español Antonio Gaudí tuvo con Frassinelli, figura esta que Milá trata de pasada en su libro; el autor llega a la conclusión que “siendo la experiencia rosacruz una vivencia esencialmente interior, es hasta normal que quienes la han experimentado sean vidas paralelas”. Antonio Gaudí, como Frassinelli, también en su juventud simpatizó con movimientos revolucionarios e incluso con la masonería, fue arquitecto (“trabajaba la piedra”, como el mítico Christian Rosenkreutz), escasos datos biográficos en su vida, principalmente de su juventud, escapadas y meditaciones en la naturaleza (montaña, cuevas, bosques, etc), el impulso por levantar un templo o edificio sagrado; todo ello hasta sufrir una verdadera catarsis, una radical transformación interior que le lleva a retirarse del mundanal ruido; generalmente todo esto suele ser la norma de todos aquellos que optan en un momento de sus vidas por una “vía autónoma a la trascendencia”, y la Tradición Sapiencial fija dos tipos de vías de realización para ello: la Vía de la Mano Derecha y la Vía de la Mano Izquierda. Los casos de Frassinelli, Gaudí, Guido de Giorgio, -sin olvidarnos del mítico Christian Rosenkretz- entre los citados en este artículo, sin duda podríamos adscribirlos a la Vía de la Mano Derecha; pero no queremos terminar sin mencionar a otra gran figura del arte español del Siglo XX y que podríamos adscribir sin ningún género de dudas a la Vía de la Mano Izquierda: Salvador Dalí, gran admirador por cierto de Antonio Gaudí y devoto de Santina (la Virgen de Covadonga). Lo que en unos es ascesis, desapego, introspección; en otros en cambio es excentricidad, vivir en el “mundanal ruido” pero sin verse arrastrado por él y sus terribles destrucciones (físicas, espirituales y existenciales): sin duda ésta es la más peligrosa y la más difícil de seguir en esta fase crepuscular y terminal de la Edad Oscura donde “los Dioses se han retirado”…




Prólogo a PANDEMIA Y CONFINAMIENTO. EL RETORNO DE LOS DIOSES FUERTES
agosto 28, 2021, 9:23 pm
Filed under: Sin categoría
pandemia y confinamiento el retorno de los dios - Comprar Libros nuevos sin  clasificar en todocoleccion - 211896301

Vaya, a continuación, el prólogo que tuvimos a bien redactar para el libro “Pandemia y confinamiento. El retorno de los dioses fuertes”, que escribió Gonzalo Rodríguez y que fue editado por Editorial Eas.

PRÓLOGO a “PANDEMIA Y CONFINAMIENTO. EL RETORNO DE LOS DIOSES FUERTES”

     Gratamente recibimos el ofrecimiento de escribir la introducción a estas anotaciones y reflexiones elaboradas por Gonzalo Rodríguez. Y la gratitud hacia este ofrecimiento nos viene por partida doble. Por un lado, por la alta estima personal que le tenemos al interdicto y por el otro debido a que conociendo su trayectoria intelectual sabemos de antemano que lo que haya redactado seguro que no nos va a resultar baladí sino, muy por el contrario, sustancioso en lo que respecta a la concepción que se debe tener del hombre y casi diríamos que vital en la situación anómala de confinamiento en el marco de la cual están escritos por Gonzalo estas líneas.

     En efecto, no nos equivocamos al pensar el cariz de lo que encontraríamos al empezar a leer este diario del confinamiento. Ya desde sus primeros trazos se nos empezaron a activar luces unas tras otras y todas fieles a un coherente hilo argumental, que no es otro que el hilo del argumento de la vida que merezca ser llamada vida. Vida como misión. Vida como camino a lo largo del cual bregar por despertar en el interior de uno lo que por ser más-que-vida nos libera de una condición meramente vegetativa y esclava de las inercias pulsionales imperantes en esta anomalía representada por el mundo moderno.

     Gonzalo, pese a postular una concepción Superior de la vida y de la existencia, no se despega nunca de lo mundano. Está hecho de una madera incompatible con posturas evasionistas. Perderse en lo metafísico y abjurar de lo físico no va con él. Tiene claro que para conquistar lo sobrehumano hay que lidiar en el terreno de lo humano. No duda en que el ring en el que combatir para asaltar el Cielo se halla en la Tierra. No hesita en que la vida es el cuadrilátero en el que pelear en pos del Despertar a lo Trascendente.

Y como, aunque no deje de mirar hacia Arriba, no se descuelga de lo de aquí abajo nos impele a no olvidar los vínculos que tenemos con la familia y con los amigos y a aprovechar, por ello, los días de reclusión forzosa para comunicarnos con ellos y ofrecerles y brindarles, si se considera conveniente, nuestro apoyo y nuestro afecto. Y es que con una mente egoísta, huraña, insolidaria y, en definitiva, embrutecida no se puede aspirar a nada Superior. La espiritualización del alma resulta una quimera si ésta se halla saturada de torvos pensamientos y de malos y míseros sentimientos. A su vez el evitar caer en el individualismo egótico propio de nuestros tiempos atomizados nos debe animar a reforzar nuestros vínculos familiares y comunitarios.

     Por ello Gonzalo nos aconseja que: “…a través de redes y teléfonos, mantenernos en contacto y sentirnos unidos a amigos, familiares, conocidos y seres queridos” y nos recuerda, asimismo, que “llegarán momentos de desaliento. Y para cuando estos lleguen, los más duros y enteros, tendrán que ayudar a los más debilitados. Esto es así…” Lo cual nos debería animar a enfundarnos la armadura, montar en nuestro rocín, empuñar lanza, ceñir espada y convertirnos en caballeros andantes como aquellos que en el luminoso Medievo recorrían los caminos en busca de desfacer entuertos y ayudar a los más débiles.

     Quizás algunos de nosotros esté sobrellevando bien este confinamiento, pero tal vez algunos de nuestros seres allegados no. Quizás para algunos de nosotros esta reclusión nos esté ayudando para dedicarle más tiempo a intentar Ser, pero tal vez algunos de los nuestros se encuentre a solas con su mero y anodino existir y por ello, al darse de bruces con un sí mismo vacío de lo permanente, pueden recibir como agua de mayo nuestro apoyo, comprensión y consideración. Y si, de paso, podemos hacer algo por intentar abrirles los ojos a realidades que se hallen por encima de las meramente materiales nuestra intervención habrá sido de un valor intasable.

     Al que no ignora lo permanente puede haberle venido muy bien este período de abultada cuarentena. Puede que le haya servido para dedicarle más tiempo a la mirada interior, puede que haya aligerado la saturación que sufre la mirada exterior para poder empezar a in-sistere (ser hacia el interior) cada vez más y a ex-sistere (ser hacia el exterior) cada vez menos. No nos extraña, pues, que Gonzalo comente que “a veces pienso que algunos echaremos de menos el tiempo de recogimiento obligado que supone el confinamiento”. 

     Es en esta línea en la que nuestro estimado cofrade toledano nos comenta que “…el argumento primero de la vida, siempre fue el mismo: (…) luchar por mantener nuestro “centro interior” (…) Ser “capitanes de nosotros mismos””. Como defendía ese simpar paladín de la Tradición que fue Julius Evola se trata de bregar para aspirar a ser “señores de sí mismo”, para convertirse en “el gran autarca” que no está sometido a los inputs alienantes que le llegan de fuera y que se rige por sí mismo porque ha alcanzado la verdadera Libertad: la que no conoce de ataduras de ningún tipo. La que no está mediatizada ni por pulsiones compulsivas ni por bajos instintos ni por emociones exacerbadas ni por pasiones descontroladas ni por emociones embargadoras.

     Al que no se comporta habitualmente como un ente atomizado, individualista, desarraigado y sin vínculos espirituales, sociales y/o comunitarios la sensación de soledad no le habrá embargado en ningún momento a pesar de que tal vez haya pasado este período excepcional sin compañía, pues siempre se sentirá en comunión con los suyos: con esa especie de orden no oficializada pero sí implícita que reúne a los que comparten con él la Idea o, como comentaba el profesor Javier Barraycoa no hace mucho, con la congregación de la Iglesia de la que se siente miembro o con los que se identifican, al igual que él, con ciertos posicionamientos sociopolíticos. El mismo profesor comentaba entonces, por ello, que él podía estar aislado pero no solo.

     En otra entrada de su diario del confinamiento Gonzalo Rodríguez señala las tribulaciones extremas que provoca el ver la muerte tan de cerca y en tanta cuantía como acontece a causa de este infame virus. La sociedad intenta cerrar los ojos ante ella. No estamos preparados para su indeseada irrupción. Le damos la espalda. Gonzalo es por ello que nos dice que “la muerte existe, pero a veces, se nos olvida… Así de alelados y distraídos vamos por la vida.” La vida sólo es tal en contraste con su opuesto: la muerte. Ésta representa un tránsito inevitable entre aquella y lo que acontezca después.

      Ante el pavor que provoca su mero pensar en ella no estaría mal hacer lo que hacían los samuráis del Japón Tradicional: pensar que cada día de su existencia podía ser el último …pensar que en ese mismo día en el que estaban viviendo les podía sobrevenir la muerte. En la misma línea, y como anécdota harto ilustrativa, nos llamó la atención el “mobiliario” que tiene ante la mesa de su despacho el escritor Fernando Sánchez Dragó: un ataúd, para así, teniendo en todo momento presente la posibilidad de que la muerte llame a su casa, no apegarse en exceso a la vida, pues apegarse a ella significa desapegarse de lo que es más-que-vida, significa alejarse irremisiblemente de lo Eterno e Imperecedero. Ese ataúd le parece estar recordándole, continuamente, aquello del memento mori (recuerda que morirás) que un siervo le susurraba al oído al general romano victorioso que desfilaba en loor de gloria y multitudes por las calles de Roma, con la intención de evitar que la vanidad y el ego desmedidos le apartaran de sus atribuciones de servidor de Roma y de su conciencia de que el fin último de la vida se halla en lo Absoluto.

     A cada reflexión de Gonzalo se nos van abriendo puertas que nos invitan a entrar en órdenes de ideas que, desgraciadamente, en el vivir cotidiano y ordinario, no solemos tener lo presentes que deberíamos, pero que gracias a nuestro autor podemos colocar en un puesto preeminente en nuestro orden de prioridades…más aun aprovechando situaciones anómalas como ésta del confinamiento que para muchos representa como una dispensa especial de tiempo extra para poder colocarlos -dichos órdenes de ideas- en un primer plano.

     Una de dichas enjundiosas reflexiones de nuestro autor es la que reza que “las raíces amargas dan frutos dulces; y maduramos y crecemos más en el dolor, que en el gozo”.

     Podemos ver en ello ideas como las expuestas por el alemán Ernst Jünger cuando nos muestra cómo en momentos extremos, casi al borde de la muerte, se desatan una serie de fuerzas elementales que eliminan las barreras de lo racional y las inercias pequeñoburguesas en el ser humano y pueden posibilitar, por ello, -añadimos nosotros- la usurpación protagonizada por un sustrato todavía inferior al indeseado status anterior o, por el contrario, pueden dar paso al enseñoramiento de fuerzas que eleven al ser humano.

     No sin relación con ello podríamos poner sobre el tapete las certidumbres que expuso Evola a propósito de que es más favorable para encarar un camino de realización interior un entorno gris y despersonalizado como el de las ciudades y sus bloques de cemento que el de un bello y florido jardín sazonado con hermosas fuentes, pues éste embriaga y ahoga al hombre en los sentidos y aquel por el contrario no propicia el despliegue de éstos …y es condición inalienable el dominio de lo sensual para mantener la mente-alma serena con el objeto de que así esté en disposición de adentrarse en los vericuetos que conducen al renacimiento del hombre a una realidad Superior.

     Otro de los sustanciosos comentarios que nos hace llegar nuestro fráter Gonzalo es el de que el oscuro paisaje postpandemia que se otea en el horizonte “…será también un tiempo maduro y oportunidad para el regreso de los “dioses fuertes””. Y es que no habrá cabida para las medias tintas ni para los pusilánimes. Si queremos hacerle frente al estado de descomposición acelerado al que nos abocamos habrá que adoptar una actitud resulta, diáfana, contundente y sin componendas y habrá que tomar por bandera aquella reivindicación del decimonónico Donoso Cortés de postular sin ambages “negaciones radicales y afirmaciones soberanas”. Los “dioses fuertes” de Gonzalo son un maravilloso reclamo para desterrar de un plumazo todo este ‘pensamiento líquido’ propio de esta desquiciada postmodernidad para la cual todo es relativo (no ya sólo los productos de la mente sino el mismo orden natural), todo es cuestionable, la realidad es la que uno desee en un momento dado y la verdad es la que uno haga suya según capricho, moda o tendencia (la llamada ‘postverdad’).

     No sólo el pensamiento es ‘líquido’ también hasta las identidades se vuelven líquidas y, así, uno no es lo que la naturaleza le indica ser sino lo que desea ser o lo que siente ser, en amplio abanico de opciones sexuales o hasta concibiendo una panoplia tal que incluye especies animales varias o hasta identidades (vegetales, inanimadas,…) situadas fuera del reino animal…

     ¡Que los ‘dioses fuertes’ restauren el pensamiento fuerte y las Verdades Eternas!

     Pero, ¿dónde buscar a ‘los dioses fuertes’? Pues Gonzalo nos responde:

     “Los “dioses fuertes” (…) siempre estuvieron allí. Nunca se fueron. Porque en realidad están en la sangre. En nuestras venas. Forman parte central, de nosotros mismos…”

     La feliz fórmula de los ‘dioses fuertes’ nos evoca la conjunción de dos arquetipos a seguir por, en expresión de Evola, ‘un tipo de hombre diferenciado’, a saber: el guerrero o shatriya en su atributo, entre otros, del de ‘fuerte’ y el Héroe, que no sería otro que el guerrero que ha culminado su proceso de renacimiento interior (la via remotionis) y ha, por ello, conquistado la divinidad. A estos ‘dioses fuertes’ corresponde fulminar esta postmodernidad líquida …y líquida lo es también asemejándola a un ácido corrosivo y disolvente.

     No otra es la ‘vía del Héroe’: es la que emprende el shatriya para rescatar del olvido y de la ignorancia (avidja) de ser lo que es, al atman o Principio Supremo y eterno que anida en su fuero interior; en nuestro fuero interior. Así el guerrero se habrá transformado en Héroe: en uno de esos ‘dioses fuertes’ que urge ver irrumpir en esta fase terminal del kali-yuga o edad de Hierro.

     Para el ‘tipo de hombre diferenciado’ al que, pocas líneas arriba, hemos hecho alusión no habrá ningún efecto derivado de esta situación de enclaustramiento forzoso que le suponga un obstáculo insalvable en su camino de encuentro con su divinidad ahora aletargada. Se podría aplicar el famoso aforismo nietzscheano de que “lo que no nos destruye nos hace más fuertes”. Es por lo que Gonzalo nos dice que “los psicólogos lo llaman crecimiento pos traumático. Y es hacer de las dificultades, desgracias, desengaños, errores, culpas y heridas; palancas de madurez, fortaleza y corazón”.

     Y es que hasta en las situaciones más extremas, cuando todo pueda parecer que está perdido no se debe desfallecer, pues en nuestras manos se halla nuestro destino:

     “La vida es ante todo nuestra actitud, carácter y personalidad”, nos recuerda nuestro cofrade. El rumbo de la vida lo vamos a marcar nosotros si nuestro fuste es el del guerrero indómito. No hay fatalismo que valga para aquel que aspira a ser Hombre de la Tradición. Él diseñará su propio camino, tal como hace el agua cuando va trazando su cauce (nada ni nadie se lo traza por ella) para constituirse en río. En esto consiste la verdadera libertad. No la formal sino la real y efectiva. Uno es libre para tener la capacidad y el poder de marcarse un rumbo en la vida y transitar por él. De lo contrario de nada sirven las libertades formales (inoperantes para cabalgar sin ataduras internas) con las que nos agasajan y lisonjan a modo de estupefaciente. El valor de la libertad reside en las obras que ella posibilita, en los frutos que pueda dar y no en entelequias que no son más que papel mojado si las situamos en esa especie de tablero de ajedrez que es la peripecia vital.

     Nunca desfallecer es, pues, una de las grandes enseñanzas que nos transmite Gonzalo. Ni en los momentos más críticos, pues éstos, al contrario de lo que el homo vulgaris u hombre común de nuestros tiempos podría pensar, nos pueden, por el contrario, catapultar en el camino emprendido en busca de nuestros tesoros internos.

     Seamos como el águila, que parece que tiene su ciclo vital periclitado a eso de los 40 años, con plumas viejas que apenas le posibilitan el vuelo, con un pico que se le ha curvado en exceso hacia abajo y le empieza, así, a dejar de ser funcional para desgarrar la carne de sus presas y con unas ya quebradizas y poco aptas para agarrar y sujetar a sus capturas. Podría, en esta situación, darse por vencida y dejar que la muerte le sobrevenga. Pero no. Remonta, penosamente, el vuelo para encaramarse a un lugar elevado, empieza a golpear brusca y dolorosamente su pico contra las rocosas paredes para que se le desprenda, hace lo propio con sus viejas uñas, espera un tiempo a que le crezca un renovado y eficiente pico y unas poderosas uñas, tras lo cual perderá su viejo plumaje y lo renovará por otro nuevo. Se habrá, en suma, renovado. Habrá renacido. Le pueden aguardar otros 30 años de vida. Tomemos, pues, ejemplo de ella y no nos dejemos abatir ni en los momentos más críticos. Hagamos del veneno un remedio. Convirtamos las situaciones más problemáticas y extremas en un revulsivo para autosuperarnos. Seamos guerreros indómitos en cualquier dantesco escenario. Cabalguemos el tigre para que éste no acabe devorándonos. Cabalgándolo lo agotaremos y lo acabaremos venciendo …venciendo al tigre de fuera y al tigre de dentro.

     No quisiéramos cerrar esta introducción sin hacer alusión a la deliciosa relación de libros recomendados por el autor. Sin duda se puede aplicar el dicho de ‘por sus obras los conoceréis’ a otro que podría ser ‘por sus lecturas los conoceréis’. Sean ensayos, sean doctrinas Sapienciales, sean novelas, estos 10 libros reflejan a la perfección cuáles son los ejes existenciales y vitales de Gonzalo: una concepción sacra de la existencia y el talante guerrero (agonal) que la vida precisa para, por un lado, no sucumbir a sus cantos de sirena y a los sinsabores que ella pueda deparar y, por otro lado, para aspirar a conquistar esa sacralidad.

Eduard Alcántara




MARCHANDO POR CAN PALOMERES (20-VIII-2021)
agosto 28, 2021, 10:01 am
Filed under: Sin categoría

MARCHANDO POR CAN PALOMERES (20-VIII-2021)

“La caverna iniciática representa para ciertas culturas tradicionales, la imagen o representación del mundo asociable o correlativo al Corazón y al Huevo Cósmico”.

René Guénon

“El hombre de las sociedades arcaicas tiene tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado o en la intimidad de los objetos consagrados. Esta tendencia es comprensible: para los ‘primitivos’ como para el hombre de todas las sociedades pre-modernas, lo sagrado equivale a la potencia y, en definitiva, a la realidad por excelencia”.

Mircea Eliade

   Interesante ruta de varios miembros de la “Centuria Pateadora Montañas Nevadas” por el pasado minero de la parte norte de Malgrat (comarca del Maresme, Barcelona); siguiendo el camino que va vadeando la montaña hasta el Turó d’ en Serra (104 m), nos encontramos con varias entradas a unas minas ya inoperativas desde hace más de una centuria -pese a que su utilidad última fue la de ser refugios antiaéreos de la chusma durante nuestra Cruzada de 1936-39-, y en las que en teoría no se puede entrar dada su presunta peligrosidad, aunque las mismas están al aire libre sin que no haya nada que impida el acceso a su interior (sólo unos carteles informativos y/o explicativos), y sus entradas están perfectamente visibles a pie de camino. La caminata no es muy larga pero hay que superar un gran desnivel en muy poco espacio, encontrándonos a lo largo del camino con frondosos bosques. En dicha ruta no falta tampoco el misterio y cierto encanto ante un pasado ya en ruinas –la nostalgia y la irresistible atracción hacia lo remoto, hacia lo que ha sido presa del abandono y del olvido- , y la oscuridad de las profundas grutas perforadas en la montaña; de hecho no es posible aventurarse mucho en su interior sin una buena iluminación (carecíamos de linternas, puesto que íbamos un poco a la aventura), y aun así hay que extremar las precauciones teniendo en cuenta la gran irregularidad del suelo y los riesgos de desprendimientos que pudiera haber. Entrando en el terreno de los símbolos y de los mitos, la cueva siempre tuvo un carácter sagrado y simbólico en las culturas tradicionales: puesto que la Montaña era una imagen simbólica del Centro o Eje del Mundo, por lo tanto la Cueva que entra -penetra- en su interior, era, pues, una imagen simbólica del Corazón de ese Centro o Eje. La Cueva en las sociedades tradicionales y antiguas no sólo era considerada como la Casa y el Templo primordiales, sino también el lugar de las iniciaciones y resurrecciones, el lugar del Segundo Nacimiento (el espiritual, siendo el Primer Nacimiento el puramente físico, material), como también de los ritos de paso, de la caza y de la ascesis guerrera, de las reuniones sagradas del clan, así como los espacios para la representaciones de sus pinturas con caracteres sagrados y simbólicos. A tal respecto decía René Guénon que “el hombre renovado o iniciado logra mediante las pruebas, los ritos y el conocimiento mistérico vencer a la muerte y emerge así de las tinieblas (la oscuridad de la Cueva); trasciende la materia con un cuerpo nuevo, sublimado espiritualmente, y por ende purificado o libre de impurezas o apegos mundanos”. Es decir que una vez superados los “Pequeños Misterios” y romper las cadenas que lo mantienen atado en el primer estado, lugar de su nacimiento material, físico; una vez superada la puerta de los Ancestros –Pritriyana, “Vía de los Ancestros o Antepasados”-, poco a poco se va ascendiendo de la condición puramente humana, inicialmente cuasi animal, hasta alcanzar la supra-humanidad, el Devayana, la “Vía de los Dioses”: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13:24) (1).

   La historia de estas antaño minas de hierro, algunas de las cuales tienen cerca de 150 años de antigüedad, fue tan breve como ciertamente rodeada de cierta oscuridad (valga la redundancia), ya que la empresa (francesa) que las explotó sólo estuvo operativa apenas tres años, de 1911 a 1914. Nunca entendimos cómo es que se levantaron tan gigantescas infraestructuras y obras de ingeniería para su época, para tan poquísimos años de actividad. Se llegó a construir un teleférico para transportar el material de la montaña directamente a los barcos que echaban anclas junto a una plataforma marina. Aún quedan algunos testigos mudos, pocos, de aquella gran obra de ingeniería: la base de piedra que sustentaba la citada plataforma, restos de un puente entre cerros, la estación de carga o los raíles donde circulaban las vagonetas, casas en ruinas escondidas ante la exuberante maleza, restos de una infraestructura que bien pudieran ser de la estación del citado teleférico, ya que no hay ningún panel explicativo o informativo sobre el tema, etc. De hecho nos adentramos en lo que en su momento tuvo que ser una gran mansión, pero que hoy está en medio del bosque en estado totalmente ruinoso y lamentable; como ya hemos señalado alguna vez, las ruinas poseen una dimensión onírica, mágica, mítica, ancestral, porque son un espacio para la fantasía, la ilusión, la especulación imaginativa y las asociaciones simbólicas (lo que el genial pintor Salvador Dalí llamaría método “paranoico-crítico”…) Por otro lado, el abandonismo del Sistema plutocrático y del demonismo postmoderno a todo lo que suene a “lejano” o “antiguo”, o simplemente tenga cierto carácter de “intemporalidad” (por relativamente reciente que sea como es en este caso), a todo lo que no sea “rentable” para su odiosa, torticera, especulativa y materialista/consumista visión del mundo, es verdaderamente perverso y demencial. De hecho hasta los bosques estaban descuidados y llenos de basura, sobre todo en las partes más bajas y accesibles de la montaña, y no digamos las entradas a algunas de las minas que eran auténticos estercoleros, y eso que en teoría estábamos en un “espacio natural protegido” y en una reserva natural Red Natura 2000, además de formar parte de la Red Ecoepidemiológica del Mediterráneo Occidental, una zona donde llegan a convivir hasta 19 especies distintas de murciélagos que han llegado a colonizar las citadas minas, siendo grandes aliados en la lucha contra el temido mosquito tigre (lástima que no así también para con las ratas de dos patas…) Curiosamente, en algunas culturas tradicionales -sobre todo de Extremo Oriente, China y Japón por ejemplo-, el murciélago es símbolo también de renacimiento, así como de la profundidad y del viaje interior, ya que esta fascinante criatura mitad ratón mitad ave, vive en el vientre de la madre (la tierra), en la profundidad de la cuevas. Desde el vientre de las cuevas se desprende cada tarde, al anochecer para emprender su bello ceremonial de caza; de la matriz, del corazón de las montañas renace cada noche como si de un verdadero ritual de iniciación se tratara. En Europa generalmente ha simbolizado la noche, el misterio, el inframundo, predominando desgraciadamente el aspecto negativo de la criatura (la ya comentada ambivalencia de los símbolos tradicionales), teniendo en ello mucho que ver sobre todo las supersticiones vampíricas de la Europa del Este que se asociaban con este animal, así como también el carácter diabólico que a tales criaturas dio la Biblia hebrea considerándolas “aves inmundas” (2); no obstante durante el Medievo esta criatura era muy representada en las catedrales góticas, ello debido sin duda al gran amor que el hombre medieval sentía por el reino animal en general -fuente inagotable de valores y de referentes-, sirviendo y utilizándolo con maestría en sus construcciones y representaciones para simbolizar tanto virtudes y defectos humanos, como a las dos Cosmovisiones que se disputan el mundo y la humanidad desde la noche de los tiempos: las Fuerzas de la Luz y las Fuerzas de las Tinieblas; estas últimas terriblemente desatadas hoy, en estos tiempos terminales y crepusculares de fin de ciclo que corren…

   Desgraciadamente la entrada a este bello paraje está demasiado a la vista y es demasiado accesible, ya que está justo en la entrada de Malgrat de Mar por la N-II viniendo del sur. En total visualizamos un total de unas siete entradas, llegando a entrar ligeramente en tres o cuatro de ellas, pero evidentemente sin profundizar por falta de medios como hemos comentado más arriba; la verdad que la entrada se hacía agradable dado el frescor con el que se estaba en el interior, en contraste con el bochorno insoportable que hacía ese día tan caluroso como agotador.

   Se puede continuar la ruta ascendente hasta hacer cima, cuyo cerro -Turó d’ en Serra- está coronado por una pequeña cruz de hierro, las vistas son verdaderamente impresionantes desde la cima. A la vuelta escogimos un sendero alternativo más cubierto y por bosque interior, sendero que nos devolvió directamente al punto de partida. En definitiva, pocos pero intensos kilómetros por una zona que verdaderamente vale la pena visitar, inspeccionar, estudiar y, por qué no, también simbolizar: “el simbolismo es el medio mejor adaptado a la enseñanza de las verdades de orden superior, religiosas y metafísicas, es decir, de todo lo que el espíritu moderno desdeña o rechaza” (R. Guénon); en definitiva, es el “arte de vivir” en medio de un mundo en crisis…

FUERZA HONOR TRADICIÓN

Joan Montcau

NOTAS:

  1. “Estos enclaves iniciáticos eran el lugar del nuevo nacimiento y de la regeneración. El adepto era recibido, moría en su vida material, abandonaba lo sensible para salir completamente transformado y lleno de una nueva vida, la vida del iniciado. Era una transformación de conciencia, una catarsis, una muerte simbólica y un renacimiento hacia un nuevo estado del ser” (Xavier Mosquera, “De la Cueva al Templo”). Por otro lado, René Guénon en su libro “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” dice que: “existe, pues, una relación estrecha entre la montaña y la caverna, en cuanto una y otra se toman como símbolos de los centros espirituales, como lo son también, por razones evidentes, todos los símbolos, “axiales” o “polares”, de los cuales uno de los principales es precisamente la montaña. Recordaremos que, a este respecto, la caverna debe considerarse situada bajo la montaña o en su interior, de modo de encontrarse igualmente sobre el eje, lo que refuerza aún el vínculo existente entre ambos símbolos, en cierto modo complementarios entre sí”. R. Guénon hace una curiosa interpretación sobre el famoso símbolo del “Sello de Salomón”, donde los dos triángulos opuestos representan igualmente dos principios complementarios, símbolo a la vez del Macrocosmos. Mientras el triángulo con el vértice hacia arriba simbolizaría la Montaña cósmica, el triángulo invertido simbolizaría la Cueva o Caverna.

 2.  Sobre simbolismo animal, muy interesante la inmortal obra del esoterista y gran simbolista cristiano, el francés Louis Charbonneau Lassay: “El Bestiario de Cristo”.



EL REINO DEL PARIA. EL QUINTO ESTADO O EL TOTALITARISMO MUNDIALISTA DE LA SUBHUMANIDAD DEMOCRÁTICA
agosto 24, 2021, 10:09 am
Filed under: Sin categoría
La alienación según Marx (Didacfilo) - Didactalia: material educativo

“Más allá de nuestra patria, hay otra PATRIA: la de todos los seres que se
salen de lo común”.

Henry de Montherlant

“Todo lo que está bien, todo el que hace algo bien o se esfuerza, es
siempre una minoría. Y los miembros de una minoría se sienten siempre en
exilio. Creo incluso que eso ni siquiera les molesta”.

Henry de Montherlant

“Si los dioses no aman sino a los que les demandan lo imposible, Dios no da
su bendición sino a aquellos que permanecen inquebrantables en lo
imposible”.

A. H.




   Según la doctrina tradicional e involutiva de las cuatro castas, el Primer Estado en existir fue el tradicional, aquel donde gobernaba la primera casta, la espiritual. En este Estado no existía división entre el poder espiritual y el temporal, tal como impondría después la doctrina telúrico-ginecocrática del Güelfismo, sino que ambos poderes estaban unificados en la persona del Monarca sagrado o del Emperador (1). Luego vino el Segundo Estado, típico ya de las castas guerreras degeneradas y en rebelión contra el principio sagrado y que tan sólo detentan el poder de la fuerza bruta: es lo que Evola denominaba TITANISMO, con una espiritualidad típicamente fálica y desacralizada. Históricamente este período coincidiría en el tiempo con las Monarquías absolutistas cada vez más alejadas de la trascendencia y del principio sagrado; el período que se inició con el infame y criminal monarca francés Felipe IV, apodado “El Hermoso”, -el inductor de la destrucción de la Orden de los Templarios a principios del Siglo XIV-, se cierra con la Revolución Francesa de 1789 y posterior ejecución del último Monarca absoluto Luis XVI. Con razón René Guénon marcó aquel hecho trascendental como fue el aniquilamiento en el Siglo XIV de aquella verdadera Aristocracia europea que fue la Orden del Temple, como el inicio del proceso de ruptura de Occidente con la Tradición Primordial, proceso que el citado metafísico francés vio culminado con la Paz de Westfalia de 1648 que pondría fin a la Guerra de los Treinta Años, pero ello con el resultado victorioso de las potencias subversivas y demoníacas (Humanismo, Protestantismo, etc.), dejando definitivamente herido de muerte al Sacro Imperio Romano-Germánico, y por extensión a toda la Cristiandad (como fue el caso también del Imperio Español).

   Después vino el Tercer Estado, el estado burgués fundado en el reino de la economía y la producción. Históricamente comienza con las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa (entre 1688 y 1789/99), en la que jugaron un papel importantísimo sectas subversivas y antitradicionales como la Masonería especulativa,  la “Orden de los Iluminados”, el rosacrucianismo (que no rosacrucismo), etc. Hay que añadir que las revoluciones burguesas ya se encontraban en germen en las doctrinas güelfa y antiimperial y en el protestantismo que destruyeron el Sacro Imperio Romano-Germánico, facilitando el nacimiento de las Monarquías Absolutas y desacralizadas, así como de los Estados nacionales independientes y deslegitimados espiritualmente, o lo que es lo mismo, la disolución de la Cristiandad.

   Con la Revolución Rusa de 1917, comienza el Cuarto Estado, el proletario, donde se impone el activismo desenfrenado y contranatura. En este Estado, el “trabajo”, entendido como una actividad enloquecedora y alienante, es impuesto como destino obligado a todas las personas sin distinción de castas, razas o sexos. Del trabajo que libera, purifica y forma (ORA ET LABORA), como en el mundo antiguo, se ha pasado al “trabajo” que esclaviza y corrompe típico del mundo moderno, y no digamos de la actual postmodernidad nihilista y transhumanista (infrahumana).

   Ahora, en esta fase final de la Edad del Hierro o Kali-Yuga, ha comenzado el Quinto Estado: el reino de los esclavos, de lo informe: lo que es igual a caos, destrucción, barbarie, animalidad y subhumanidad, imbecilidad, degeneración, finalmente disolución y desintegración (etapa en la que creemos que estamos ya…) Según la doctrina tradicional, si el Asceta es el supracasta, el que está por encima de las castas, el esclavo es el infracasta, el que está por debajo del sistema de castas y de todo orden y estructura jerárquicos: el INFIERNO. Si el Primer Estado encaminaba al hombre hacia lo alto, el Quinto Estado, que es la completa antítesis del primero, encamina al hombre hacia lo bajo, hacia las profundidades abismales e infernales.

   El Quinto Estado es un totalitarismo frío, desalmado, calculador, cruel y despiadado, ejercido sobre una masa amorfa de hombrecillos robotizados y aborregados por el consumismo (el hombre-masa). Una dictadura tiránica, camuflada de “democracia”, impuesta -inicialmente de forma sutil y sibilina, finalmente de forma totalmente descarada- sobre seres automatizados sin capacidad de lucha ni de revuelta. Para este hombre-masa todo funciona a la perfección, cree que todo está en “orden”, cree vivir en el mejor de los mundos posibles; él es incapaz de pensar, meditar, analizar o discernir, pero aspira a imponer su desalmada y satánica tiranía a lo poco sano que pueda quedar en la sociedad. El Sistema -el Gran Hermano- piensa, actúa y ve por él. Sólo una minoría, aquellos a los que Evola llamaba “Hijos del Destino” (2), se dan cuenta de esta farsa y de este despotismo demoníaco y globalizado ejercido sobre el hombre en nombre de la famosa trilogía masónica “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Son los que no se conforman con esta vida mediocre, barriobajera y sensual. Frente a una existencia puramente animalesca en la que todo se reduce a “trabajar”, consumir compulsivamente, fornicar y dormir -muy típico del subhumano democrático-, nosotros oponemos el lema ascético-castrense joseantoniano de “la vida no vale la pena vivirla sino es para quemarla al servicio de una empresa grande”.

   El Quinto Estado del que hablaba Evola en uno de sus últimos escritos, era lo que René Guénon llamaba “el Reino de la Cantidad” o también “la Gran Parodia”: Orwell, en su genial novela “1984” describió un futuro dominado por una dictadura totalitaria y global ejercida por un “Gran Hermano”: el “Nuevo Orden Mundial” del que tanto se habla con un descaro e impunidad verdaderamente aberrantes en nuestros días. Un “Orden” donde sólo habrá un “pensamiento único”, donde sólo se hará lo “políticamente correcto”. Acaba de comenzar el Reinado de la CONTRAINICIACION o de la CONTRATRADICIÓN profetizado por los famosos “protocolos de los Sabios de Sión” -la “República Universal”-, texto aparecido a finales del siglo XIX, escrito, según parece, en el Congreso Sionista de Basilea en 1987. Hasta ahora los “Protocolos” se han cumplido a rajatabla. Citando nuevamente a Evola, dichos protocolos quizás sean falsos en cuanto a su presunta autoría, pero de lo que no cabe duda es de que son AUTÉNTICOS en cuanto a su aplicación milimétrica y exacta desde su misteriosa “aparición” más causal que “casual”, y desde luego dicha conspiración satánica va mucho más allá de la simple paranoia conspirativa de cierto antisemitismo banal y generalmente corto de miras, que tiende a focalizar simplemente sobre un cierto sector o rama de la subversión toda la culpabilidad y el accionar de las que sólo en parte son responsables, dejando así el camino libre para su deletéreo accionar al resto de las fuerzas subversivas.


   El hombre del Quinto Estado es un hombre sin ideales, sin principios. Sin metas lejanas, cuya única aspiración es vivir de la “mejor” manera posible -puramente material, cuando no meramente animal- y prolongar la “vida” lo más que se pueda y de hacerla cada vez más placentera y adocenada (nauseabunda para el Hombre de la Tradición, su perfecta y diametral antítesis). Es un mundo donde el individualismo, en su sentido más repugnante, lo ha invadido todo. Un mundo donde la Belleza, la Verdad, la Inteligencia, la Bondad, ni existen ni dicen ya nada a la mayoría de hombrecillos aborregados por el Sistema y sus medios de información, o mejor dicho, imbecilización de masas. ¿Qué vamos a esperar de un mundo donde un degenerado sexual, un pederasta, un criminal o un asqueroso borracho pueden llegar a ser Jefes de Estado y dirigir poderosos ejércitos? ¿Qué vamos a esperar de un mundo donde su mayor religión –el Catolicismo- está representada por un fantoche y una auténtica piltrafa humana mundialista? Este es el mundo del revés, del sinsentido y del absurdo. Un mundo que se ha alejado de forma irremediable en esta etapa crepuscular del CENTRO y del ORIGEN. Es sólo cuestión de tiempo de que este auténtico Reinado de la Bestia Apocalíptica que es la actual postmodernidad nihilista y transhumanista, acabe liderado por la siniestra figura profetizada en el Evangelio de San Juan, que sería la culminación de la Revolución Anticrística y del Reinado de la Contrainiciación hace siglos iniciada.

   Nos encaminamos, camaradas, hacia una sociedad cada vez más cerrada y totalitaria, egoísta, salvaje, pérfida, criminal y primitiva. Una sociedad automatizada, controlada y vigilada por una oscura y tenebrosa minoría: la CONTRAINICIACIÓN de la que hablaban Julius Evola y René Guénon y anunciada con más de cien años de antelación por los famosos –y prohibidos, muy comprensiblemente por cierto- “Protocolos de los Sabios de Sion”.

   Y es ahora, camaradas, más que nunca, cuando tenemos que hacer realidad la consigna evoliana, mil veces repetida pero no por ello menos real o actual, de “mantenerse en pie en medio de este mundo de ruinas” porque se trata menos de tener “vida” –como hace el voluble y atolondrado hombrecillo moderno cabalgado y poseído por fuerzas oscuras-, que de tener una VIDA SUPERIOR.

¡¡¡NO RENDIRSE JAMÁS!!!

¡¡¡ABAJO EL NUEVO ORDEN MUNDIAL!!!


Joan Montcau



NOTAS:

1) En el mundo antiguo, y sobre todo en el mundo indoeuropeo, no existía división entre los poderes, es decir, el político y el espiritual. El dualismo es típico de religiones y razas ya decadentes inspiradas en la “Luz del Sur”, oscura, telúrica, ginecocrática, muy alejadas ya de la espiritualidad primordial (3). El Güelfismo ha jugado en Occidente un papel totalmente antitradicional al romper la unidad entre ambos poderes –temporal y espiritual- e imponer la sacerdotalidad antiviril y antiheroica por encima de las castas ascético-guerreras. De esta visión del mundo decadente y demónica, surgirá por involución el nefasto mundo moderno, desacralizado y desacralizador. Es un proceso descendente: del Sacro Imperio Romano Germánico, se pasó, por culpa de esta aberración que abrió las puertas al humanismo y al protestantismo, a las Monarquías absolutistas y desacralizadas, éstas a su vez dieron paso a los estados burgueses y al nauseabundo liberalismo. Después vinieron los estados proletarios o comunistas. Finalmente el Reino del Caos y del Desorden más absoluto: El Quinto Estado. La Era Totalitaria del Paria o del Hombre-masa.

2) Según Evola, los “Hijos del Destino” son los portadores de una fuerza que puede y debe realizarse, y más allá de lo cual todo, empezando por su propia persona, su mismo placer, su misma tranquilidad, debe ser subordinado y sacrificado.

3) La “Luz del Norte” correspondería a las castas ascético-guerreras que
representaban la unión de la Acción y de la Contemplación. La “Luz del Sur”
a la casta sacerdotal, enemiga de la sabiduría iniciática y del conocimiento. A la primera corresponde un tipo de espiritualidad luminosa, solar, viril y heroica; a la segunda un tipo de espiritualidad completamente opuesta, lunar, oscura, telúrica, matriarcal y antiheroica. A tal respecto, en su genial obra “Introducción a Julius Evola”, Philippe Baillet comenta: “la Luz del Norte”, expresión de la espiritualidad propiamente real de la Edad de Oro en oposición a la “Luz del Sur”, luz de la Edad de Plata de la que se puede avanzar que fue la edad de la preponderancia de los sacerdotes y de la magia sacerdotal. Todas las corrientes tanto orientales como occidentales, portadoras de la Luz del Norte, se caracterizan por la insistencia sobre el simbolismo solar, “en todas partes -afirma Evola- en que el sol continúa estando concebido en su aspecto de pura luz, como una “virilidad incorpórea” sin historia y sin generación o, en la línea de esta significación olímpica, la atención se concentra sobre la naturaleza luminosa y celeste de las estrellas fijas… subsiste la espiritualidad más alta y más pura, más original”. Por el contrario, “cuando el centro está constituido por el principio masculino-solar concebido en tanto que vida, pues asciende y declina, que tiene un invierno y una primavera, una muerte y un renacimiento, como los dioses de la vegetación, mientras que lo idéntico, lo inmutable está representado por la madre universal se encuentra ya una civilización de decadencia, en la segunda era, colocada bajo el signo acuoso o lunar”. Es la diferencia fundamental entre Apolo, el Sol en sí y Helios, el Sol bajo la ley de los ascensos y descensos”.