Julius Evola. Septentrionis Lux


¿ABANDERAR MEDIDAS MORALISTAS?
septiembre 21, 2019, 5:55 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Tradición

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Calvino: el protestantismo como sublimación del moralismo.

 

¿ABANDERAR MEDIDAS MORALISTAS?

 

El mundo moderno conoció una etapa de hermético materialismo y otra posterior  (anterior a la actual postmoderna pero no sin desconexión con ella) de corte luciferino, en la que ese materialismo empezó a verse fisurado y de las fisuras inferiores emergieron y penetraron todo tipo de corrientes antitradicionales, pseudoespirituales y contrainiciáticas. En la primera dicha etapa (materialización) este último riesgo no acontecía pero tampoco se le daba oxígeno y posibilidad de manifestación a ninguna tentativa Metafísica. En la segunda etapa (luciferina) los efectos deletéreos -por la irrupción de fuerzas ínferas- se aceleraron sobremanera pero las fisuras acontecidas en el estrato inferior del caparazón materialista también se dieron en la parte superior del mismo, por donde es posible una irrupción de fuerzas de lo Alto -anagógicas- que pueden ser asumidas por aquellas personas aptas para ello. Los hay quienes defienden posturas prohibitivas de corte moralista como las más idóneas para poner coto a la actual caída libre por la que se precipita nuestra ya de por sí decrépita civilización Occidental. Si esas medidas nos abrieran el camino a un ´ritorno a Camelot´ (a una Restauración del Orden Tradicional) nosotros también nos alinearíamos con ellas, pero no si esas prohibiciones no nos van a llevar más que a mediocridades, precedentes, pequeño-burguesas de corte moralista, pues esto representaría pretender retroceder desde la actual fase terminal del kali-yuga a una fase no tan terminal del mismo kali-yuga, a sabiendas de que si este retroceso temporal fuera posible la siguiente, más que previsible, consecuencia sería, por inercias cósmicas, la del volver a entrar en la actual fase crepuscular de la Edad de Hierro, alargando así aún más la duración del mundo moderno.

No creemos, en la línea de lo expuesto, que con la defensa de religiosidades de corte lunar, exclusivamente devocionales, saturadas de restricciones morales y de prohibiciones superlativas válidas para un tipo de hombre esclavo (muy propio del mundo semita y totalmente ajeno a lo más entrañable del hoy enajenado hombre indoeuropeo) se nada para aspirar a Restaurar la Tradición, sino todo lo contrario. Se hace, p. ej., casi imposible ´cabalgar el tigre´ (1) (en el plano interior del que trata esta doctrina) en el seno de sociedades cerriles en lo moral: herméticas ante cualquier posibilidad Iniciática ya sea debido a simple moralismo burgués o ya sea por rigorismo religioso lunar.

 

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara @hotmail.com

 



“EL QUIJOTE” Y CERVANTES

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EL QUIJOTE” Y CERVANTES

 

Yerra quien sostenga que es ridiculizar el idealismo de los caballeros andantes lo que D. Miguel de Cervantes pretende al escribir “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Sencillamente quiso transmitirnos que ese arquetipo y los valores que lo definían parecían haber entrado en desuso (para la forma de entender la vida del autor de El Quijote habían entrado en desuso por desgracia).

“El Quijote” es una crítica de en lo que se estaba convirtiendo, poco a poco, la sociedad de entonces: en una sociedad sanchopancista (según la óptica de Cervantes: utilitarista, sin idealismos, pragmática) en la que no cabían unos ideales caballerescos de otro tiempo; que, por otra parte, no podían haber sido nunca denostados por un D. Miguel (amante de la milicia) que en su vida demostró ser una especie de Quijote.


     El Quijote se había vuelto loco leyendo libros de caballería porque asimiló unos ideales y un modo de vida que chocaban (sobre todo el modo de vida) dramática y traumáticamente con la época en la que le había tocado vivir. El protagonista murió cuerdo cuando volvió a la conciencia de la irreversibilidad de la pragmática época en la que le había tocado vivir y, por unos instantes, se sustrajo al mundo ideal que había hecho suyo y se conformó, por lo irremediable, con la cruda realidad.  

 

     Hay, un poco en la misma línea, quien sostiene que nuestro autor había adherido al humanismo de Erasmo de Rotterdam. El “eramismo” de Cervantes sólo lo puede concebir una mentalidad embebida por el burguesismo propio del mundo moderno. Cervantes era todo lo contrario: seguramente, incluso, un Iniciado en el Conocimiento de Realidades Superiores. Era lo contrario a un humanista: en lugar de colocar lo humano en el centro de la vida el Iniciado (como Hombre de la Tradición que es) sitúa lo que es más que humano (lo Sobrenatural) como centro del existir; sobre la metafísica encerrada en El Quijote es aconsejable leer toda la simbología que encierran sus capítulos. A tal respecto es de gran interés la lectura del nº de la edición de “La Puerta” (Ediciones Obelisco), de 1.990, dedicado a la España del Siglo de Oro, cuyos tres primeros capítulos están consagrados a esta obra magna de Cervantes: “Morir loco y vivir cuerdo” (E. H.), “Dulcinea del Toboso” (C. del Tilo) y “La grande aventura de la cueva de Montesinos” (Juli Peradejordi).

    

     Eduard Alcántara

eduard_alcantara @hotmail.com



LA IDEA Y LA VISIÓN DEL MUNDO FRENTE A LAS IDEOLOGÍAS
septiembre 13, 2019, 8:41 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Metapolítica, Política y tradición, Tradición

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Foto de Julius Evola

 

LA IDEA Y LA VISIÓN DEL MUNDO FRENTE A LAS IDEOLOGÍAS

 

“Éstas son algunas orientaciones esenciales para la lucha en la que se va a combatir, escritas sobre todo con especial atención para la juventud, a fin de que ésta recoja la antorcha y la consigna de quienes aún no han renunciado, aprendiendo de los errores del pasado, sabiendo discriminar y prever todo lo que se ha experimentado y que aun hoy se experimenta en cuanto a situaciones contingentes. Lo esencial es no descender al nivel de los adversarios, no limitarse a seguir simples consignas, no insistir en demasía sobre lo que depende del pasado y que, aun siendo digno de ser recordado, no tiene el valor actual e impersonal de una idea-fuerza; en fin, no ceder a las sugestiones del falso realismo politiquero, problema éste de todos los “partidos”. Ciertamente, es necesario que nuestras fuerzas tomen parte también en la lucha política y polémica del cuerpo a cuerpo, para crearse todo el espacio posible en la situación actual. Pero más allá de esto, es importante y esencial que se constituya una élite, que, con aguerrida intensidad, definirá, con un rigor intelectual y una intransigencia absolutos, la idea en función de la cual es preciso unirse, y afirmará esta idea sobre todo en la forma del hombre nuevo, del hombre de la resistencia, del hombre erguido en las ruinas. Si nos es dado superar este período de crisis y de orden vacilante e ilusorio, sólo a este tipo de hombre corresponderá el futuro. Pero incluso aunque si el destino que el mundo moderno se ha creado, y que ahora lo arrolla todo, no pudiera ser contenido, gracias a tales premisas las posiciones interiores permanecerán intactas: en cualquier circunstancia, lo que deberá ser hecho será hecho, y perteneceremos así a esa patria a la que ningún enemigo podrá nunca ocupar ni destruir”.

Julius Evola, “Orientaciones”.

 

En los años 60 del pasado Siglo, el gran Gonzalo Fernández de la Mora que llegó a ser, y muy brillante, Ministro de Obras Públicas en 1970-74, ya en el ocaso definitivo del Estado del 18 de Julio, publicó un libro titulado “El Crepúsculo de las Ideologías” (1965); se trataba de una crítica total a las ideologías modernas a las que consideraba realmente como pseudoideas, puros artificios falsos y sin alma (la pura esencia de la democracia en definitiva). La alternativa pues no estaba en la tecnocracia (entonces imperante en el tardofranquismo, por desgracia), sino en la ideocracia. El hombre obra por ideas “racionales” (decía él), los “creadores” de las ideologías propiamente dichas no son los tecnócratas (algo más siniestro hay en todas estas creaciones modernas, añadimos nosotros), sino los que se esfuerzan por someter la vida política, social, cultural, etc. de un pueblo o civilización determinados a la soberanía de unas ideas falsas, artificiales y pretendidamente rigurosas y exactas, o “científicas” como son los casos de las aberraciones marxista y plutocrática. De hecho el autor ya habló de la confluencia de ambas ideologías imperantes tras la finalización de la II Guerra Mundial (el libro recordemos que estaba escrito en plena Guerra Fría Comunismo/Capitalismo, 1965) y que forzosamente desembocarían en una especie de “pensamiento dominante”, esto con más de 50 años de antelación… Tras el hundimiento de la URSS pasamos a nivel mundial del “pensamiento dominante” al actual y tiránico “pensamiento único”, es decir, la fusión y síntesis de lo peor y de lo más bajo de ambas ideologías “metafísicamente iguales” e igualmente de perversas …

Racionales o no, como Evola o el recientemente fallecido Stéfano delle Chiaie, seguimos creyendo como estos dos grandes Maestros que la IDEA (con mayúsculas) es nuestra verdadera Patria. SEMPER FIDELIS.

 

Joan Montcau

 



LA TRAGEDIA DE NIETZSCHE
septiembre 10, 2019, 5:39 pm
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento, Espiritualidad, Metafísica

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LA TRAGEDIA DE NIETZSCHE

 

La tragedia de Nietzsche estriba en haber ignorado el hecho Trascendente. Su Superhombre es aquel ser humano que se ha conseguido desprender de todo tipo de limitaciones, ataduras, ligazones, morales, miedos, fobias y filias, sentimientos, pasiones,… En este momento, una vez limpia y vacía el alma de apegos y condicionamientos, podría aspirar a ir ´copándola´ de Ser para experimentar una auténtica Transubstanciación interna, para Renacer -Palingénesis- a otra naturaleza verdaderamente Superior, pero como Nietzsche no concibe lo Metafísico su Superhombre se encuentra -tras haber ´vaciado´ su alma- sin puntos de referencia, sin soportes. No tiene puntos de referencia Superiores ni tiene los puntos de referencia inferiores de los que se ha conseguido desapegar y sin los cuales se ha quedado como sin suelo bajo los pies. Se encuentra, pues, en tal situación, ante la nada, ante un vacío que le empuja a una situación dramática.

Nietzsche no concibió el hecho Trascendente …esa dimensión metafísica y Superior que anida, aletargada (y a la espera de ser despertada por un tipo de hombre diferenciado que se niegue a ser arrastrado por la inercia existencial del mundo moderno) en el interior del ser humano: el Espíritu. El hombre indoeuropeo y su predecesor arcaico-boreal tienen un origen sacro y el darle la espalda a esto es propio de la modernidad (en sus sucesivas fases: incluyendo la fideísta en la cual sólo se mira a lo Alto cual pasivo creyente pero no cual Héroe capaz de conquistar la Inmortalidad a través del Despertar de lo eterno –Atman– que anida en él). Al judeocristianismo Nietzsche acertadamente lo atacó como semilla del nihilismo que ya en su época se vivía pero no lo hizo para rescatar las esencias divinas del hombre indoeuropeo sino (y tampoco es asunto baladí) para ayudarle a sacudirse miedos, complejos, sentimientos de culpa y el estigma del pecado que había convertido al homo europaeus en un ser mediatizado, empequeñecido y acomplejado. El siguiente paso que debería de haberse planteado el gran filósofo alemán debería de haber sido este: una vez descondicionados –ataraxia o apatheia– de ataduras mentales y existenciales se debería bregar en pos de la transustanciación interior –metanoia– y del conocimiento de los planos suprasensibles y sutiles de la realidad e incluso, después, aspirar a la gnosis del Principio Supremo Inmanifestado e Indefinible (el ´motor inmóvil´ aristotélico) que se halla en el origen del mundo manifestado (del cosmos); gnosis que sólo será posible si se ha conseguido actualizar -Despertar- ese Principio Primero –Brahman– en uno mismo: así se habrá llegado no sólo al status ontológico de los dioses sino a ser más que un dios (pues las divinidades no son más que esas fuerzas –numens– que forman parte del entramando sutil del cosmos). La culminación de este proceso -la Gran Liberación- representaría el retorno del hombre a su origen sacro perdido con el fin de la Edad de Oro que nos narró un Hesíodo y con la irrupción del mundo moderno (cuya etapa más oscura es el presente kali-yuga; y más aún la fase crepuscular de ésta, por las que estamos transitando).

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara @hotmail.com

 

 

 



EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA

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EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA

“La soledad es una fuerza que te aniquila si no estás preparado para superarla, pero que te lleva más allá de tus posibilidades si sabes aprovecharla para tu propio beneficio”.

Reinhold Messner

“Un extraño encanto se desprende de la montaña que, al atardecer, tiene la belleza del otoño”.

Gaston Rébuffat

“La ciudad es un corral de hombres”.

Wenceslao Fernández Flórez

Frente a la suciedad, el ruido y la barbarie de las modernas megalópolis, junglas de cristal, asfalto y de máquinas cada vez más inhumanas; frente a la atomización de inmensas masas de subhumanos y de seres anónimos y vacíos que deambulan como muertos vivientes por las gigantescas termiteras en que se han convertido las actuales ciudades sin alma del globalismo plutocrático, mundialista y multikultureta, nosotros reivindicamos como nuestro verdadero hábitat natural y existencial la Montaña, Ella es nuestro Templo y nuestro AXIS MUNDI (Eje o Centro del Mundo), punto de unión entre lo Celeste y lo Terrestre, entre lo Invisible y lo Visible, símbolo personificado de la Verticalidad, la Totalidad, de lo Absoluto. Ella personifica la Ética y el Estilo de nuestra GOTTELWELTANSCHAUUNG (visión divina del mundo), la unión de la Acción y de la Contemplación (que como decía José Antonio la una sin la otra es pura barbarie). Para nosotros la Montaña es Mito, Rito y Símbolo, también alegría, voluntad, espíritu de sacrificio y de superación, el furor de vivir frente al odioso y despreciable seguidismo burgués del hombre-masa de la ciudad moderna (aunque también del hombre rural con mentalidad urbanícola). La ciudad, hoy convertida en un auténtico Infierno, para nosotros no es sólo un espacio profano y profanado, desacralizado y demoníaco donde el Espíritu se ha alejado, la “Tierra Oscura y Baldía” de las leyendas del Santo Grial, sino también un lugar espiritual y metafísicamente lejano donde los hombres diferenciados, aquellos que aún nos consideramos Hijos de la Tradición, buscamos “cabalgar el tigre”, mantenernos en pie y avanzar sobre las ruinas de un mundo crepuscular. Las dos Vias de Realización del Hombre: LA VÍA DE LA MANO DERECHA Y LA VÍA DE LA MANO IZQUIERDA. La Montaña y la Ciudad, dos formas de buscar el perfeccionamiento interior y la Iniciación en un tiempo histórico y cíclico terminal y apocalíptico donde los verdaderos Maestros espirituales y las verdaderas organizaciones iniciáticas y tradicionales se han retirado o simplemente desaparecido, donde las religiones se han convertido en simples mascaradas cuando no en burdas patrañas y parodias grotescas de lo sagrado. Como decía Cristo :”Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza (Mateo 11, 12)”. Conquistar el Reino del Espíritu por asalto… LA MONTAÑA NOS UNE!!! ✋⚡🔥🗻

Joan Montcau

 



TE DARÉ, TE DARÉ…
abril 26, 2019, 10:18 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Espiritualidad, Tradición

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TE DARÉ, TE DARÉ…

“Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: “AL SEÑOR TU DIOS ADORARÁS, Y SOLO A ÉL SERVIRÁS.…”

Mateo 4:9

Abajo cumbre del Tibidabo (en latín “te daré…”), la montaña más alta de Barcelona capital, 512 metros de altitud; denominada por los antiguos romanos Podium Aquilae (el águila, ave solar por excelencia y símbolo del Sacro Imperium), lugar sagrado anteriormente también para los antiguos layetanos, y luego la definitiva cristianización del nombre, TE DARÉ… Sucesión de tradiciones, ello hasta la ruptura que supuso para la Barcelona tradicional y gremial la llegada de la Modernidad (que no modernismo, movimiento artístico en donde una de sus grandes joyas representativas precisamente está sobre su cima: la Basílica del Tibidabo, Templo Expiatorio de España). TE DARÉ, TE DARÉ… sin duda el Diablo en el famoso episodio evangélico de las “tentaciones del desierto” hace dos mil años, ya prefiguraba a los actuales charlatanes democráticos con sus falsas promesas y palabrería vacía e insustancial, sucias patrañas a las que las masas idiotizadas se entregan acrítica y dócilmente, vendiendo por tanto su alma a las fuerzas del caos y de la desintegración, e hipotecando el futuro de las generaciones venideras: “FRENTE A UNA MUCHEDUMBRE, LOS MEDIOCRES SON LOS MÁS ELOCUENTES” (Eurípedes de Salamina)…

JOAN MONTCAU



EN PIE…

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“Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos“.

Dante Alighieri

«El poder del símbolo es más grande que el de los hombres».

Olimpiodoro

EN PIE…

En la Italia fascista de 1930 empezó a aparecer una extraordinaria publicación marcada por una nueva corriente de pensamiento: “LA TORRE”, que tendría en el gran Guido de Giorgio (1890-1957, alpinista, tradicionalista católico, experto en simbolismo occidental y representante de una corriente de pensamiento que se denominó “Fascismo Sacro”, que veían en la Roma antigua como el gran mito movilizador y como la idea-fuerza del Orden Nuevo, Roma era la Luz de Occidente para ellos), como a uno de sus principales inspiradores. Evola, gran admirador de Guido de Giorgio, definió a éste como “un iniciado en estado salvaje, de vida austera y costumbres espartanas, obsesionado con la idea de purificación, bajo el dominio de una cierta mística de carácter ascético, desde la aversión profunda al mundo moderno, hacia las ciudades, símbolo de mediocridad y sede de la nivelación caótica y democrática”, de hecho Guido murió a la edad de 67 años retirado y en la soledad de las montañas piamontesas, tal era su aversión al odioso mundo de la subhumanidad democrática con sus junglas de asfalto, atomización y brutal materialismo característicos , máquinas, ruido y suciedad . Pensador poco conocido y cuya obra literaria no fue muy amplia (su monumental “La Tradición Romana” no fue publicada en Italia hasta 1973, es decir 16 años después de su muerte acaecida en 1957), profundizaría dicho autor en el concepto de Tradición, cosmovisión opuesta totalmente a los decadentes y disolutos tiempos actuales de la Modernidad profana y profanadora. “Su indiferencia hacia el mundo moderno era tal que se había retirado a los montes, sentidos por aquél como su propio ambiente natural” (Julius Evola).

En “LA TORRE” se pretendía o se quería reunir a los pocos que eran capaces de una rebelión frente a la actual pseudo-civilización tiránica, parodia grotesca de auténtica civilización que es la Modernidad y sus infernales pseudo-valores, anti-mítica y anti-espiritual por esencia; crear algo así como una especie de vanguardia intelectual, guerrera y metafísica al servicio del Orden Nuevo, con Roma como mito fundacional y como exportadora de la Nueva Idea al resto de Europa: “Roma se erige como ese símbolo perenne e inmortal de la Tradición universal, el eje del mundo, entre el Este y el Oeste, la síntesis absoluta, armonizando opuestos, generando esa unidad orgánica simbolizada en el Silencio, como Unidad Superior de lo Divino. Roma cae y vuelve a levantarse, aparece como la luz de Occidente, que nunca muere y siempre resurge de sus cenizas para salvar a Occidente” (Guido de Giorgio). Hay que decir que para este autor -todo lo contrario que para Julius Evola y otros como el también italiano Pio Filippani Ronconi-, no hay una ruptura entre “paganismo” y “cristianismo” en lo que respecta al fondo del mensaje tradicional, sino más bien una “continuidad”: “Para restaurar las vías que conducen a lo divino, se encuentra en la Tradición Romana, bajo la égida de los cuatro grandes símbolos cósmico-tradicionales de Jano y el Fascio Litorio, culminado en la continuidad del cristianismo de la cruz, la fuente renovadora del mensaje tradicional, que no se plantea, en ningún caso, como una ruptura con respecto a la norma tradicional de la Roma primitiva, más bien es un nuevo impulso ante la degeneración de las fuentes espirituales previas al advenimiento del cristianismo, corrompidas y sumidas en la exterioridad, presa de la idolatría y vaciadas de todo su simbolismo originario”. La eterna polémica, el cristianismo como “vampiro” y “asesino” del mundo antiguo, o bien como vivificador e inspirador de una nueva Roma y de un nuevo Ciclo Heroico (al fin y al cabo eso fue el Medievo gibelino y su Sacro Imperio Romano-Germánico)…

La elección de una torre como símbolo de la nueva corriente de pensamiento no fue casual, ya que el mismo no sólo representaba al “refugio” o al lugar de residencia de una mayor o menor mística, sino que en mayor medida representaba un puesto de resistencia, de combate, de lucha y de afirmación superiores (hoy sin duda el mejor símbolo para aquellos núcleos “que representen la salvaguarda de lo permanente” y que siguen defendiendo lo Absoluto frente a los embates de las hordas democráticas). El carácter heroico y viril, solar y aristocrático, de la nueva corriente de pensamiento era clara, por ello no hay mejor reivindicación para el mundo en ruinas que tenemos en ciernes y del que poco o nada merece ya ser salvado, en el que pocas “torres” van a quedar firmes ante el vendaval que se avecina, que el título de un famoso boletín de determinada fuerza paramilitar falangista de antaño y ya periclitada, y con el que hemos encabezado este pequeño artículo: EN PIE!!!, y ello frente al actual mundo del caos y de las tinieblas encarnados en los modernos totalitarismos del “pensamiento único” y de lo “políticamente correcto” que hoy se nos imponen con fuerza arrolladora y aplastante, el mundo de la anti-Tradición sin fronteras encarnado por el Nuevo Orden Mundial y sus acólitos o tontos útiles…

Joan Montcau

 



RAMON LLULL Y LA VÍA DE LA ACCIÓN

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                   RAMON LLULL Y LA VÍA DE LA ACCIÓN*

 

No otro propósito nos trae que el de escudriñar en lo basilar del pensamiento y del accionar de Ramon Llull, intentar adentrarnos en el conocimiento del genuino motor que movía los quehaceres y las inquietudes de este ilustre mallorquín de ascendencia catalana y tratar de establecer los perfiles concretos que adquirió su manera de entender la existencia y el cosmos …y resulta que tras haber estado navegando por su obra y su vida no creemos que podamos pecar de temerarios si -haciendo un paralelismo con el gran intérprete de la Tradición Julius Evola (1)- establecemos que (echando precisamente mano de unos términos acuñados por el mismo maestro italiano) su ´ecuación personal´ respondió a dos vectores principales: un impulso irrenunciable hacia el hecho Trascendente y, aunque pueda resultar chocante, un hallar en la ´vía de la acción´ la manera y el camino a seguir en pos de esa Trascendencia. Señalamos que puede resultar, para muchos, chocante el que establezcamos para R. Llull esa ´vía de la acción´ en lugar de una ´vía de la contemplación´ a tenor de que, verbigracia, ingresó en la Orden de los Terciarios Franciscanos y no lo hizo en una orden de caballería o en razón de que precisamente una de sus obras lleva por título  Llibre de contemplació. Pero podríamos enfrascarnos en dilucidar el porqué optó por el ingreso en dicha orden y, de este modo, quizás lo aparente pueda resultarnos precisamente así, ´aparente´, y no sustancial y/o primordial. Y es que, como primera consideración, seguramente su ingente obra doctrinal no hubiera podido llegar a la dimensión a la que llegó si nuestro excelso personaje hubiera sido un caballero andante (caballería terrenal) o un caballero-asceta (caballería celestial), pues las ocupaciones propias del caballero le hubieran absorbido tal tamaña cantidad de tiempo que su producción escrita se habría tenido que ver reducida en sumo grado.

El que su vida transcurriera, a menudo, en monasterios se explica igualmente por necesidades como la de aprender latín, filosofía y gramática, cosa que fue posible con los monjes cistercienses del monasterio de La Real de Palma de Mallorca.

Nosotros adherimos a la certidumbre de que existen dos maneras de encarar lo Trascendente y Superior: una sería la ´vía de la acción´ y otra la ´vía de la contemplación´. La primera es la ´vía del héroe´, pues es la vía de la búsqueda de la conquista de la Inmortalidad que se emprende por parte de aquél que no se conforma con prolongar por siempre su estado ordinario de conciencia sino que pugna por acceder a otros estados Superiores y Metafísicos de conciencia, pugna por su palingénesis o transformación interior y pugna por arribar al Conocimiento de los planos Superiores de la Realidad. Esta ´vía heroica de la acción´ es principalmente una vía de realización interior pero puede verse acompañada (como soporte y como trampolín) por una acción exterior que bien puede ser la propia de la milicia, ya sea con el ejercicio propio de las armas o ya sea con la aplicación a la vida cotidiana de los preceptos, la actitud y los valores propios del estamento militar, esto es, aplicando en el quehacer rutinario el espíritu de superación de las adversidades, el espíritu de lucha y de sacrificio, el esfuerzo, la camaradería, el valor, el honor, la fidelidad, la disciplina, el respeto a la jerarquía,… Se establece un paralelismo entre el combate externo del milites del Espíritu con el combate en pos de la metanoia (transustanciación interna) que el mismo milites está llevando a cabo en su interior. El mismo fragor del combate exterior puede ayudar al combate interior, pues el apego extremo hacia el propio compuesto físico-psíquico que el hombre ordinario experimenta a lo largo de su existencia se ve -aun en este tipo de hombre común- aflojado en el clímax de la batalla y el hombre que ha optado por la ´vía heroica´ de su transformación interior puede prolongar y/o fijar este aflojamiento de vínculos con la realidad ordinaria para ir descondicionándose de todo aquello que mediatiza, liga, ata y esclaviza (las ´circunstancias´ de las que hablaba Ortega y Gasset sumadas al psiquismo del individuo) y para ir adentrándose en los planos sutiles y metafísicos de la realidad. Se tenga, no obstante, siempre presente que el fin último de Héroe de la Tradición es el de ir más allá hasta incluso de ese mundo sutil -pero que forma parte de la manifestación- para hacerse uno con el Uno; esto es con lo Inmanifestado, con el Principio Primero y Supremo que se halla en el origen y más allá del mundo manifestado (en definitiva, coronar el Despertar del que, p. ej., nos habla el budismo).

Esta ´vía del héroe´ -la ´vía de la acción´- es para nosotros la que hemos de considerar como la propia de nuestro personaje de estudio, por más que Ramon Llull no acabara por ser un hombre de ´encomienda´ sino un hombre -en determinados momentos de su vida- de ´monasterio´. La encomienda representaría esa ´vía de la acción´ , pues en las encomiendas hallamos a esos ´medio monjes medio soldados´, a esos milites del Espíritu, que entre los miembros de su élite compaginaban la lid en el campo externo de batalla con la lid -según expresión evoliana- sub specie interioritatis (en el campo interno de batalla) …compaginaban pues la guerra con la Iniciación; compaginaban el combate armas en mano con el combate en pos de su transformación ontológica (por la integración de su yo en el Ser Imperecedero que portamos en nuestro interior y que ha de ser despertado de su letargo; de su ignorancia o, en sánscrito, avidja). El porqué consideramos a nuestro personaje ilustre como un hombre volcado a la ´vía de la acción´ y no a la ´vía de la contemplación´ será trasunto del que nos ocuparemos adelante.

Pues bien, señalábamos con anterioridad que adherimos a la certidumbre de que existen dos maneras de encarar lo Trascendente y Superior, una sería la ´vía de la acción´ y otra la ´vía de la contemplación´. Si ya hemos configurado los rasgos distintivos de la primera nos hemos ahora de ocupar de desentrañar la segunda y de aclarar lo que, a nuestro modo de entender, son confusiones respecto a ella. Con este propósito hemos de señalar que la ´vía de la contemplación´ es, bajo nuestro manera de concebirla, equivalente a ´la vía pasiva´, en contraste con aquella otra  ´vía de la acción´ propia del Héroe de la Tradición (2). La concebimos como mera manera de encarar a lo Superior y/o Absoluto a través de la simple fe (fideísmo), de la devoción y de la espera pasiva a que las plegarias, los ayunos y la humildad tengan a bien el ser recompensados por la gracia de Dios venida desde arriba, pues no se concibe el que uno pueda (tal como sí acaece en la ´vía de la acción´) ascender para Conquistar la Inmortalidad con la valía de que uno dispone a través de los heroicos procesos -metódicos, constantes y arduos- Iniciáticos. La ´vía de la contemplación´ no admite la posibilidad de ´Conquistar el Reino de los Cielos´ por los propios medios, derribando, si cabe, la puerta de acceso a él, sino que, por el contrario, sólo admite, en pasiva espera, que la gracia divina descienda sobre el que persiste en creer en lo divino, aun cuando dicha fe no suponga ningún cambio ontológico (en el ser constitutivo del creyente), pues, repetimos, los cambios transustanciadores necesitan del trabajo metódico interior conocido como Iniciación y precisa de técnicas de concentración y de visualización mentales constantes, metódicas y rigurosas. En el plano de la metanoia y a la alétheia (literalmente ´desocultamiento del ser´, el cual se mantenía como tapado: aletargado) las letanías y las oraciones no sirven en nada a aquel que, como el simple hombre religioso, no conoce más que de lo exotérico, de lo devocional y del ritualismo vacío de contenido operativo y transformador. No sirven de nada a aquel que ignora que en ocasiones pueden ser utilizadas -letanías y oraciones- a la manera de los mantras de los que nos habla el hinduismo y el budismo y cuya pronunciación (oral o mental) puede ayudar al acercamiento al plano sutil de la realidad, ya que los dichos mantras son un reflejo y una evocación de los diferentes ritmos inherentes a las fuerzas sutiles que forman el entramado del cosmos y que lo revisten de equilibrio y de armonía.

La ´vía de la contemplación´, pues, no abre el acceso a la gnosis del mundo Superior y no hace factible el segundo nacimiento o renacimiento al plano Espiritual de la realidad; condición conquistada que sería la propia del ariya (vocablo pali). No hace posible la transformación del creyente. No le descondiciona en lo más mínimo. No le hace posible el superar sus debilidades, sus ataduras psíquicas y físicas, sus fobias y sus complejos. No le convierte en el ´señor de sí mismo´ que propone el taoísmo, en el ´gran autarca´ (Evola dixit) que no depende de nada exterior a sí y que se ha convertido en dominador de sus sentimientos, de sus pasiones, de sus emociones, de sus pulsiones y de sus instintos. Tan solo le ayuda a fortalecer su fe y devoción hacia lo Sacro.

La ´vía de la contemplación´ tendría sus centros neurálgicos, y más que simbólicos, en el monasterio, mientras que en contraste a éstos la ´vía de la acción´ sentaría sus reales en la encomienda (enclave de las órdenes ascético-guerreras). En el orbe en el que, al menos nominalmente, allá por el Medievo -en el que vivió Ramon Llull-  situamos la Cristiandad el monasterio sería deudor de esa ´luz del sur´ (la vía pasiva) de la que muy gráficamente nos habló Julius Evola, mientras que la encomienda no fue ajena a la ´Luz del Norte´ (la ´vía activa´) que también nos presentó el gran intérprete y maestro italiano de la Tradición.

Utilizando análogas referencias opondríamos la caballería sagrada a las figuras del clérigo y del monje como representantes la primera de un tipo de Espiritualidad Solar y los segundos de una religiosidad de corte lunar. Y utilizaríamos la figura del Sol y de la luna por ser el Sol un astro con luz propia y la luna otro al que la luz tan solo le llega por reflejo. La luz propia del Sol simbolizaría la Espiritualidad que el Iniciado puede llegar a hacer suya en su interior, mientras que la luz refleja de la luna representaría esa imposibilidad, que pesa sobre el mero creyente, de emprender caminos de transustanciación interior; imposibilidad que le aboca irremisiblemente a conformarse con imaginarse cómo será la naturaleza de lo Sacro, sin posibilidad de ni acercarse a vislumbrar la esencia del mundo Suprasensible y Metafísico.

 

Ese retiro, para dedicarse a la meditación, de R. Llull a una cueva del mallorquín Monte Randa sin duda nos ayuda a trazar un bosquejo sobre la vía por la que más que seguramente optó el sabio isleño, pues la meditación siempre ha sido uno de los pilares básicos sobre los que se asienta el conjunto de técnicas propias de cualquier vía Iniciática (´vía de la acción´ interior) en Tradiciones de aquí y de allá, a Occidente y a Oriente.

Que el retiro fuese a un monte también nos resulta harto significativo, pues la montaña siempre ha simbolizado el eje que une Tierra y Cielo y esa unión tan sólo puede hacerse efectiva si se sigue un tipo de Espiritualidad Solar …ésa que de consumarse abre las puertas a la Conquista Heroica de la Eternidad; abre las puertas del Cielo impulsándonos desde la Tierra (´Espiritualiza la materia´, según expresión cara al hermetismo alquímico).

Tampoco resulta superfluo el que dentro del Monte Randa fuera en una cueva donde se retirara a meditar, pues la cueva simboliza al corazón que se halla en el interior del cuerpo al igual que aquélla se encuentra dentro de la montaña y el corazón en todas las Tradiciones Sapienciales ha sido considerado como el receptáculo del Espíritu, mientras que, por contra, p. ej., el cerebro ha sido considerado como la sede del psiquismo, de lo emocional, de los sentimientos y del pensamiento. (En contra de la asignación en el corazón que el mundo moderno le ha otorgado a los sentimientos el Mundo de la Tradición los situó, repetimos, -y con toda lógica- en el cerebro.) ¡Qué mejor lugar, pues, el elegido por Llull para encaminarse en pos de la activa búsqueda del Espíritu que el de la cueva!; ¡y además la cueva situada en un monte!

 

Anótese que hemos hablado de ´Espiritualizar la materia´… y recordamos esto por no ser asunto banal en el estudio que nos ocupa, ya que, contrariamente a lo defendido por la Tradición, la religiosidad pasiva y exotérica (circunscrita, pues, a la fe, a la devoción, a la moral, al dogma, a la ritualidad vacía y, en definitiva, a trasuntos meramente externos) siempre ha tenido una clara deriva antifísica. Una deriva de desprecio hacia lo material, lo físico y, en definitiva, hacia el cuerpo. Ha considerado al cuerpo simplemente como generador de pecado y en casos de maniqueísmo extremo (v. gr. entre los cátaros) como obra y creación del ángel rebelde contra Dios: del ángel caído debido a su “soberbia” y a su “codicia”; del ángel que tenía vetado el acceso a tronos más elevados dentro de los mundos celestiales (todo esto en la línea de la denegación al hombre de la posibilidad de acceder a planos Superiores de la Realidad Sacro-metafísica; denegación que siempre han postulado las ´vías pasivo-contemplativas´ so pena de acusar de sacrilegio a quien osare plantearse la Conquista de la Inmortalidad y el igualarse a Dios -o más aún superarlo y hacerse uno con el Principio Eterno, Indefinible, Incondicionado y Supremo).

Por contra la Espiritualidad activa Solar propia de la ´luz del norte´ siempre consideró al cuerpo como una especie de templo del Espíritu y no como motor de pecado, pues el sentimiento de pecado le es ajeno y carente de sentido para aquél que emprende un camino de realización interior para el que la moral y el dogma en ocasiones se convierten en un obstáculo y siempre son concebidos como condicionamientos a superar de cara a acercar al Héroe Iniciático a logros Espirituales. Además, no hay que dejar de tener presente el que en ocasiones ciertas disciplinas Iniciáticas echaban mano de lo que para muchas formas de religiosidad eran fuentes  pecaminosas, como podían ser el uso de drogas, alcohol -vino- o sexo en lo que se conoce como ´vía de la mano izquierda´ (en ciertas tradiciones de Oriente, como el tantrismo), ´vía húmeda´ (en la tradición hermético-alquímica) o ´cabalgar el tigre´ (en la tradición extremo-oriental). El objetivo de esos peligrosos usos era convertir tales “venenos” (para el hombre común) en  ´remedios´, esto es, ayudar al Iniciado a despegar de su estado de conciencia ordinario para acercarlo a estados superiores de conciencia (empezando por la del mundo de las fuerzas sutiles).

El Mundo de la Tradición (luz del norte: ´vía de la acción´) consideraba a todo el cosmos como el resultado de la manifestación, por emanación, del Principio Supremo y Primero (del Motor Inmóvil aristotélico) y por esta convicción sacralizó todo el mundo manifestado (el sutil y también el físico) y supo de que el dicho Principio Supremo (Brahman, en sánscrito) también anidaba -eso sí, en forma aletargada que precisaba ser Despertada-  en el seno del ser humano (el Atman de la tradición hinduista). El Despertarlo era el fin que había que perseguir con tesón (pero sin ansia, pues el deseo produce agitación y la agitación anula la templanza que necesita la mente para descondicionarse y liberarse de ataduras), perseguir, decíamos, con tesón si se estaba dispuesto a emprender esa lid interna que no es otra que la de la ´vía de la acción´ propia del Héroe.

Contrariamente a esto las formas religiosas lunares propias de la pasiva ´luz del sur´ vinieron, en la mayoría de sus variantes, a considerar el universo como fruto de la creación (´creacionismo´ frente al ´emanacionismo´ propio del Mundo Tradicional) ex nihilo (de la nada) por parte de Dios, por lo que el cosmos y por ende los hombres no compartirían ontológicamente nada con su Creador: no compartirían esa semilla divina  (o ´átomo crístico´, recordando la expresión utilizada por los Rosacruces) que Despertada por la ´vía activa´ de la Iniciación  elevaría al hombre a la condición de Héroe Inmortal y -según esas religiones lunares- debido a esta imposibilidad de transformación interior no quedaría otra opción que la pasiva de creer en el Hecho Trascendente y remitirse con resignación a la devoción, a la sumisión a Dios, a la plegaria, a la recitación de letanías, al cumplimiento de los dogmas religiosas y de la moral y a la espera del descenso de la gracia divina (por cuanto el ascenso le estaría vetado al hombre que es pasto de la pasiva ´vía de la contemplación´). Ésta es la suerte a la que se debe plegar el clérigo y el monje (el hombre del púlpito eclesial y el del convento y el monasterio) y no la que se presentaba al hombre de la encomienda (al caballero sacro).

Ramon Llull, en la postura opuesta a despreciar el cuerpo -sino, al contrario, de utilizar la fuerza y actuar en este mundo- exigió ante el Papa Nicolás IV la convocatoria de una cruzada para recuperar, del dominio turco, Tierra Santa e igualmente en su obra Liber de Fine -1.305- intentó convencer de lo mismo al Papa Clemente V y siguió defendiendo esta postura ante este mismo Papa en el Concilio de Vienne, convocado en 1.311. Para Llull resulta, pues, irrenunciable la utilización de ´la vía de la acción´ (en este caso externa). No nos extrañaría que para él el combate que se hubiese entablado de haberse aprobado sus insistentes propuestas de organizar esas cruzadas fuese el medio ideal para propiciar esos estados alterados de la conciencia ordinaria -de los que hemos hablado párrafos arriba- que se suscitan en el fragor de la batalla y que para el Iniciado pueden resultar un aldabonazo que le catapulte hacia estados Superiores de conciencia …para el Iniciado de entre esas élites de las órdenes ascético-militares (de unas, como especialmente la del Temple, más que de otras) a las que nuestro personaje bregó por unificar (como “Orden del Espíritu Santo”) bajo la égida y dirección de un  Rex Bellator, órdenes entre las que se hallaban la del Temple, la de los Caballeros Teutónicos, la de los Caballeros de San Juan (o de la Orden de Malta de los Caballeros  Hospitalarios) y las de las órdenes exclusivas de la Península Ibérica.

Vemos, nos reiteramos, a Ramon Llull como hombre de la ´vía de acción´ y muy cercano, por tanto, al espíritu de la encomienda y no lo vemos como adherente a esa ´vía de la contemplación´ que apenas manifiesta interés por actuar en este mundo debido al mismo desprecio que le tiene al plano físico de la existencia. Ya hemos mencionado las razones prácticas que le hicieron entrar en el monasterio cisterciense de La Real y el porqué acabó ingresando, como monje, en la orden de los terciarios franciscanos …un porqué que podríamos completar con la más que probable necesidad de no levantar sospechas ante la Iglesia de Roma para, de este modo, poder desarrollar sus genuina vocación de transformación Iniciática (vía, la Iniciática, condenada y perseguida desde la sede pontificia) y quién sabe si poder desarrollar proyectos Espirituales de mayor calado y envergadura como podría ser el de Iniciar en la via remotionis a toda una serie de discípulos y hacerlos, así, también partícipes de la ´vía heroica´ de acción interior con el propósito de que la cadena Iniciática tuviera continuidad  a partir y a través de estos discípulos. (Otro objeto de estudio sería el de intentar vislumbrar si la Iniciación le vino a nuestro eximio personaje por vía autónoma -debido a sus especiales aptitudes Espirituales- o le fue transmitida por algún maestro.) No resultaría descabellado pensar que ese Colegio de Miramar que como proyecto luliano fue construido gracias a los medios facilitados por quien había tenido como preceptor al mismísimo R. Llull y ahora era rey de Mallorca, Jaime II, no fuera exclusivamente lo que sin duda externamente era, una escuela de misioneros y traductores, sino que encriptadamente fuera un centro de transmisión Iniciática, lo cual podría explicar la enorme cantidad de obras hermético-alquímicas firmadas con la rúbrica de Ramon Llull; autoría de la que dudan muchos estudiosos de la obra luliana y de la tradición alquímica. Pensamos que lo prolífico de nuestro egregio personaje no haría inverosímil el que pudiera haber llegado a redactar todos estos libros, pero creemos que resulta más verosímil adjudicar algunas de estas obras a la pluma de discípulos Iniciados suyos. ¡Quién sabe si hasta el mismo monarca de Mallorca -como preceptuado que fue por Llull- no pudiera hallarse entre estos discípulos Iniciados y que por este motivo habría puesto toda la carne en el asador para hacer realidad el proyecto de Llull de que fuera constituida ese Colegio de Miramar, en Mallorca…!

     El que, a raíz de la fundación de esa hipotética escuela Iniciática, la mencionada cadena o linaje Iniciáticos pudiera haber sido una realidad y tener tintes de ser algo más que una posibilidad puede albergar ciertos visos de confirmación si nos atenemos a lo que nuestro autor escribe en una obra hermético-alquímica (Ars magica, la cual trataremos avanzado este ensayo y que apareció con su firma): De esta manera tú puedes ver y conocer, magistralmente, si en ti se encuentra el espíritu Hagiógrafo, que según sea la naturaleza del precedente linaje, así será el que le sucede por recto linaje.

 

Los hay que siguen poniendo en tela de juicio esa faceta alquimista de R. Llull, tal vez debido a que desconocen lo esencial que resulta el esoterismo en nuestro autor o tal vez a que han aceptado la versión, digamos, oficial de la Iglesia, consistente en negar el esoterismo de Llull, pues lo haría incompatible con su consideración de ´beato´ que le fue otorgada por la misma Iglesia.

El Llull alquimista corrobora nuevamente a nuestro autor como alguien que se ha definido diáfanamente por la ´vía heroica de la acción interior´. En el Mundo de la Tradición la estructuración de la sociedad respondía a una funcionalidad jerarquizada en cuya cúspide piramidal hallamos al soberano y a la casta sacro-rectora. Bajo ésta se encuentra la casta estrictamente guerrera y en la parte de abajo la productiva. Con el crepitar del Mundo Tradicional se produce una escisión en el seno del primer estamento y surgen, así, el rector o dirigente político desacralizado y el sacerdote adherente a la ´vía pasiva-contemplativa´. En el Medievo estalló una pugna que acabó en guerra abierta (“La Guerra de las Investiduras” entre el Sacro Imperio Romano-Germánico y sus repúblicas y reinos aliados -gibelinos- y el Papado y sus repúblicas aliadas -güelfos) entre quienes representaron y protagonizaron un Ciclo Heroico (el griego Hesíodo nos había hablado de los Ciclos Heroicos, en el s. VIII a. C., en su  Los trabajos y los días) de Restauración del Orden Tradicional y de la unificación de las escindidas funciones sacra y dirigente fidelizada en la figura del Emperador (gibelinos) y quienes se oponían a él (güelfos) y pretendían estructurar el organigrama social colocando en la cúspide de la pirámide al clero (estamento inexistente en el Mundo Tradicional), bajo éste a los reyes desacralizados conjuntamente con la aristocracia meramente guerrera, un peldaño más abajo al resto de la milicia y en la base de este cuerpo geométrico al estamento productor (campesinos, artesanos, operarios de talleres,…). Pues bien, al hilo de este conflicto fue extraño quien en Europa no tomó partido por un bando o por otro. Aquéllos que no eran ajenos a la via transformationis de la Iniciación tomaron amplio partido por la causa gibelina y los que no concebían más que la forma religiosa, fideísta y pasiva de concebir la Trascendencia granjearon mayoritariamente sus simpatías hacia el bando güelfo. La Iniciación no fue ajena a varios de los emperadores del Sacro Imperio… El carácter de jefes militares propio de estos emperadores los hacía proclives a la ´vía de la acción´ (también interior) frente a la ´vía de la contemplación´ seguida por el Papado y por el clero. En este contexto no nos ha de extrañar que el arte hermético-alquímico fuera denominado por muchos de sus principales exponentes como Ars Regia (3), haciéndose casi  subrepticiamente, de este modo, una asociación entre la función regia, rectora o dirigente y lo Sacro. A la asunción del papel sacro por parte del Emperador siempre se opuso un Papado (y los güelfos con éste) que se rebeló con inquina ante cualquier intento de arrebatarle el monopolio de ´las cosas del Cielo´.

El Llull hermetista es alguien que debe ser encasillado en la ´vía del héroe´, en la ´vía  interior de la acción´ y en un tipo de Espiritualidad Solar que responde a la ´Luz del Norte´. Es alguien a quien nosotros podríamos aplicar el prototipo de gibelino. No deberíase obviar que, por tradición familiar, es muy cercano a la caballería (su padre fue un caballero de los que bajo la estela del gran Jaime I ´el conquistador´ reconquistaron la isla de Mallorca) …y se trata de alguien que demuestra esta cercanía en uno de sus proyectos más ansiados: el de unificar las principales órdenes ascético-guerreras de la Cristiandad para hacer más efectiva la lucha contra esa manifestación de la ´luz del sur´ representada por la lunaridad religiosa fideísta del Islam (etimológicamente ´sumisión´, a Allah) (4). Recordemos al Hijo Bendito de Dios, quien nos llama a una Guerra Santa, escribe Ramon Llull en su obra Blanquerna. Guerra Santa que hay, obviamente, que tener presente en su consideración de Cruzada (´vía de la acción exterior´: Pequeña Guerra Santa) pero también, y principalmente debido a las coordenadas existenciales de nuestro autor, en su dimensión de Gran Guerra Santa (´vía de la acción interior´). (5)

Esta querencia por la ´vía de la acción´ (la ´vía del shatriya´ o guerrero, según la tradición hinduista), en este caso exterior, la expresa descarnadamente R. Llull en su  Libro del Orden de Caballería, con un tono muy combativo, en el que se aconseja la conversión de los infieles musulmanes a palos y con la espada, al mismo tiempo que con la prédica. Son éstas inclinaciones impropias de aquél que se retira del mundo, se evade de él y renuncia a actuar para cambiarlo por hallarse en la línea de aquellos maniqueísmos que, fieles a la ´vía pasiva y contemplativa´, aborrecen del mundo físico y caen en evasionismos extremos.

Hasta el mismo sistema filosófico-teológico implementado por nuestro ilustre autor a raíz de la redacción de su  Ars Magna está regido por la inclusión del código caballeresco. Y son igualmente los valores del caballero -del guerrero- los que en forma de acción (interior) y autodisciplina deben aplicarse y son requeridos para la (echando mano de una expresión del hermetismo alquímico) Gran Obra de la transformación interior en que consiste la Iniciación. (6)

 

La ortodoxia exotérica de la Iglesia muy a menudo mostró sus reticencias sobre el vero fondo de la obra luliana. Un fondo cuyo eje estriba en la divinización del ´hombre diferenciado´ (según locución evoliana) y un fondo que ya el Gran Inquisidor mallorquín Nicolau Eimeric pareció atisbar acusando a Llull de nigromante en su tratado Fascinació de los lul.listas -escrito con posterioridad a la muerte de Llull- y cuya acusación se ve ratificada en otra obra del mismo cariz intitulada Directorio de los inquisidores en la que se acusa a nuestro hombre de haber obtenido sus obras “mediante arte diabólica” (7) Ambos tipos de acusaciones eran lugar común cuando el blanco de la diana era sospechoso de practicar la alquimia. La Iglesia llegó incluso al extremo de condenar formalmente el pensamiento de R. Llull, tal como hizo, entre otros, el Papa Pablo IV en el s. XVI, razón por la cual su canonización quedó en suspense.

 

En aquella pugna política y metafísica que durante buena parte de la Edad Media protagonizaron gibelinos y güelfos apareció, entre sectores simpatizantes o claramente militantes del gibelinismo, frecuentemente un vocablo que utilizado en el seno de determinados fenómenos literarios (o más que literarios) o por organizaciones de claro perfil esotérico comportó una especial significación: el término ´amor´. Lo utilizaron trovadores o lo utilizaron, también, Fieles de Amor. A éstos, p. ej., perteneció un Dante que bajo el paraguas de la literatura transmitió al lector avezado toda una serie de ideas de cariz esotérico en las que la palabra ´amor´ significaba ´filia por la búsqueda Iniciática de la Verdad´ (´vía de la acción´) a la vez que era la inversión del término ´Roma´ o, dicho de otro modo, la contraposición al mero exoterismo y al simple fideísmo (´vía de la contemplación´) que emanaba de la sede pontificia sita en la ciudad de Roma. No pensamos que, vista la trayectoria que de Ramon Llull estamos describiendo, resulte, p. ej., casual el título de sus libros  Llibre d´amic e amat  (“El libro del amigo y del amado”) y Arte amatoria.

En el mentado trabajo a cargo de E. Milà titulado El fenómeno Rosa+Cruz. Datos Históricos sobre la Rosa+Cruz se puede leer que Ramon Llull obtuvo, en buenas artes alquimistas, oro en el transcurso de una transmutación metálica realizada en La Torre de Londres y que las monedas que con el metal precioso se acuñaron aún circulan entre los coleccionistas bajo la denominación de ´lulios´ o ´nobles de la rosa´ …de lo que extractamos, por un lado, la corroboración de la elección, por parte de nuestro brillante autor, de la ´vía activa´ de transmutación interior representada por el alquimismo-hermetista y, por otro lado, la, para nuestro entender, no casual denominación de ´nobles de la rosa´, evocativo de la carga simbólica esotérico-metafísica que siempre ha poseído la ´rosa´ (v. gr., como símbolo de la manifestación del cosmos a partir del Principio Primero y Supremo, pues los pétalos abiertos de esa flor se pueden fácilmente asociar con la dicha manifestación) y muy coincidente con el nombre de otra organización secreta de tinte definidamente Iniciático que se dio a conocer hacia fines del Medioevo y que se habría, voluntariamente, retirado de Europa, definitivamente, al final de la Guerra de los Treinta Años (cerrada en 1.648 con el Tratado de Westfalia) por haber considerado, la dicha organización Iniciática, que el resultado del fin de dicho conflicto bélico le había supuesto el estoque definitivo a cualquier resabio del Orden Tradicional que pareció emerger en el Medievo en el seno de determinadas organizaciones, instituciones y realidades políticas (como el S.I.R.G. o los Templarios) …estamos hablando de la Orden Rosacruz. Y es que de forma más que segura tanto Llull como los rosacruces representaron eslabones de una especie de cadena mágica que por ello compartía una determinada simbología sacra.

 

Hemos ya comentado la posibilidad de que existiera una especie de escuela Iniciática luliana auspiciada por nuestro autor, ¡quién sabe -como también hemos comentado- si en el mismo Colegio de Miramar! Hay muchos tratados alquímico-herméticos que cuentan con la rúbrica de Llull. Postulamos que lo más probable es que muchos de ellos sean de su autoría y que los que quizás no lo sean cuentan, indudablemente, con su sello e impronta porque o bien pueden pertenecer a autores de su -de acuerdo a la hipótesis que hemos dejado caer- supuesta escuela Iniciática o bien pueden ser autoría de profundos conocedores de la obra hermético-alquímica de nuestro insigne personaje. Sea como fuere se dejó un legado de enorme calado en el campo de esta ciencia sacra. Podríamos, p. ej., comentar aspectos de su Ars Magica …y lo haríamos empezando por su mismo título, ya que un concepto tan vulgarizado, desprestigiado, trivializado y tergiversado como el de la ´magia´ Llull lo consideró en su sentido original, genuino y esotérico cual el de ´ciencia sacra operativa´. ´Operatividad´ que sólo es posible hacer realidad en una asimilada  concepción ´activa´ del Hecho Trascendente´, pues la ´magia´ obedece a la intención, en un primer estadio, de operar cambios ontológicos en la persona que la practica a través de una serie de rigurosas técnicas Iniciáticas descondicionadoras y, en segunda instancia, de propiciar la  activación y/o reconducción de fuerzas sutiles existentes en el interior del ser humano. El llegar a la gnosis de lo que se halla en el origen incluso de estas fuerzas sutiles (numens) culminaría, en un tercer episodio, todo este recorrido heroico (8). Es, pues, la alquimia un tipo de ´magia´, entendiendo ésta -en una expresión cara a J. Evola- como ´ciencia del Espíritu´ (9).

Así pues, lejos de cualquier pasiva manera de entender la Espiritualidad R. Llull trabajó esta ´vía de la acción´ propia del hermetismo alquímico.

Deteniéndonos en su Ars magica, aparte de los lógicos abundantes lugares comunes del simbolismo alquímico (10), nos topamos con muchos conceptos que merecen, al menos, unos comentarios por nuestra parte. Y los merecen tras leer:

    Sabe, hijo mío, que hay muchos hombres por el universal mundo que se desvían de la obra por falta de ingenio, ya que no entienden filosóficamente las causas de donde vienen los efectos que la naturaleza muestra a todo buen entendimiento, pues están muy ciegos y alejados de lo que ven cada día. Lo entienden corporalmente, con lo que se decepcionan mucho cuando se esfuerzan con total ceguera en identificar, de forma mecánica, la naturaleza y sus secretos escondidos con las obras mundanas.

     Estas reflexiones de Llull enlazan con lo que ya hemos comentado en este nuestro ensayo acerca de las contrapuestas cosmogonías emanacionista (la propiamente Tradicional) y creacionista. La primera propia de la Luz del Norte y la segunda de la ´luz del sur´. La primera propia de la ´vía de la acción´ y la segunda inherente a la ´vía pasiva de la contemplación´. La primera (el emanacionismo), recordemos, incluía las premisas necesarias para recorrer la ´vía Solar del Héroe´, pues hacía del hombre portador de Espíritu (atman), aunque fuese en estado de latencia; un Espíritu que compartía con el Principio Supremo del cual él y la totalidad del cosmos habían emanado. La segunda (el creacionismo), por contra, cercenaba esta heroica vía de realización interior al considerar una ruptura -un hiato ontológico- entre Creador y criatura, pues esta última había sido creada ex nihilo (de la nada) -al igual que la totalidad del universo- por lo que el hombre no compartiría (de acuerdo a esta postura paradigmática del tipo de religiosidad lunar) esencia con la Trascendencia creadora.

Y, concretamente, enlazan estas reflexiones de Llull con el ´emanacionismo´ propio de la concepción cosmogónica del Mundo de la Tradición, ya que si la totalidad del mundo manifestado procede, por emanación, del Principio Primero Eterno (del Motor Inmóvil aristotélico) procede de él la dimensión sutil y, por ende, el plano físico-sensible de la realidad. Por lo cual las ciencias modernas o profanas que se detienen, y no van más allá, del estudio, de la observación, del análisis y de la experimentación de los fenómenos exteriores-físicos y de esta dimensión física del mundo manifestado son ciencias amputadas, alicortas y meramente fenomenológicas y superficiales, pues no alcanzan a constatar el que los hechos físicos que son su único objeto de estudio responden a causas de tipo sutil, nouménico, suprasensible y, en definitiva, metafísico. Frente a esta constatación mutilada de que está irremediablemente aquejada la ciencia moderna profana se levanta la Tradicional ciencia sagrada cuyos planteamientos holísticos poseen una visión integral y hacen derivar lo fenomenológico de lo sutil y Superior por ser lo físico un reflejo de lo metafísico; por ser, en otras palabras, ´lo de abajo´ como ´lo de arriba´: o el microcosmos como un espejo del macrocosmos. (11)

 

René Guénon utilizaba la expresión ´intuición intelectual´ a la hora de explicar cuál el único método viable para el Conocimiento de la Realidad Superior. Debemos considerar la dicha ´intuición intelectual´ como sinónimo de ´Iniciación´. Las Ciencias Sacras no se pueden disociar de los procesos Iniciáticos. En Ramon Llull y en su Ars magica vemos corroborada cuál es la única vía posible para aprehender la gnosis de lo Superior:

Este saber es necesario para la causa en cuestión, que va más allá de todos los cursos de la naturaleza, pero no la puedes ver ni realmente poseer en forma ni en materia sin operación alguna; sin embargo, la puedes obtener y muy bien entender por medio del Espíritu Hagiógrafo, recurriendo al fin de la naturaleza, que ha conducido su materia hasta la perfección, y buscando ciertas experiencias demostrativas, reguladas por la doctrina intelectiva adquirida por la virtud antes mencionada.
Dicha doctrina permite ver las causas que son invisibles a los sentidos.

 

En línea consecuente con los anteriores párrafos, que de su Ars magica hemos reproducido y comentado, hallamos otro en el que se dice:

Por esta figura se demuestra cómo el entendimiento investiga espiritualmente lo que la naturaleza muestra del todo corporalmente y se indica en qué lugar empieza su perfección, a entender cuál es la esencia de la composición. Pues todos los filósofos nos han demostrado, por gran excitación, que el oro está situado en el lugar donde se encuentra el instrumento final y perfectivo, y que ha sido creado por la naturaleza a modo de ejemplo.

La naturaleza entendida como la dimensión física de la realidad representa, pues, para Llull -y en la línea con lo que la Tradición enseña- un símbolo y un reflejo de un orden Superior y constituye un soporte precioso para aquél que, habiéndose adentrado en la ´vía de la acción interior´, aspira al Conocimiento de las Verdades Metafísicas. La belleza que nos brinda la naturaleza es un reflejo y un símbolo de la armonía y perfección del mundo Sacro Superior (12). Así el oro alquímico constituiría un símbolo de la Realidad Suprema y Trascendente y su “obtención” sería un indicativo de la realización Espiritual absoluta del Héroe que se aventuró a recorrer los senderos de la propia transmutación. El oro es asimismo un símbolo del Sol y éste a su vez lo es del Motor Inmóvil Eterno y Primero.

 

En su ya aludido trabajo Ernest Milà (El fenómeno Rosa+Cruz. Datos Históricos sobre la Rosa+Cruz) comenta que aunque se quiera negar la autoría luliana de los tratados alquímicos que cuentan con su rúbrica lo que resulta incontrovertible e incontestable es que los libros que nadie pone en tela de juicio que hayan sido escritos por él rezuman hermetismo de manera muy recurrente. Asimismo Milà nos señala el cómo está su vida rebosante de unas alegorías y un simbolismo muy recurrentes en la tradición hermético-alquímica, como, v. g., cuando se nos explica un supuesto hecho en la vida del sabio mallorquín según el cual cuando su existencia era todavía disipada se enamoró de una dama genovesa, Ambrosia de Castello, que en determinado momento le mostró su pecho descompuesto: pútrido. Esta visión habría provocado tal shock en Llull que le movió a darle un giro copernicano a su existencia, a dejar los ´asuntos de faldas´ y a peregrinar a Santiago. E. Milà nos recuerda el simbolismo que tiene la ´putrefacción´ en el lenguaje hermético, que no es otro que el ínsito al ´ennegrecimiento´ u ´obra al negro´ (nigredo), esto es, que más que de la anulación y/o eliminación se trata del dominio -por parte del que ha emprendido la ´vía de la acción interior heroica´- de todo aquel conglomerado de sentimientos descontrolados, de pasiones desaforadas, de emociones desestabilizadoras, de instintos pulsionales, de apegos, de traumas, de complejos y de pavores que atan, esclavizan, subyugan y alienan al hombre. No cabe, pues, duda de que más que de la verosimilitud que pueda tener este supuesto episodio de la vida de nuestro autor de lo que se trata es de resaltar su carácter simbólico …simbolismo que, en lenguaje hermético-alquímico, nos da las claves que nos hablan del tránsito de Ramon Llull por los vericuetos Iniciáticos de la transmutación interior.

En el mismo ensayo Ernest Milà escribe que: Nuevamente encontramos un episodio en la vida de Llull en el que es imposible dilucidar la parte que corresponde a la realidad y lo que existe de simbólico. Un esclavo árabe de su propiedad se reveló; blasfemó de Cristo e hirió a Llull. Luego se suicidó. Existen muchas leyendas y alegorías herméticas que tienen como protagonista a un “esclavo fugitivo”, tenido como símbolo del espíritu sometido a la tiranía de la materia. La rebelión del esclavo supone el intento de liberación del espíritu y su muerte es, de hecho, su triunfo, el equivalente al “opus nigrum” hermético, la primera fase de la obra filosofal.

Al margen de esta, de acuerdo con otros relatos alquímicos similares,  adecuada interpretación que Milà nos ofrece también podríamos interpretar este episodio en el sentido de que el esclavo rebelde bien podría representar a ese yo inferior que se resiste a ser dominado por el ´hombre heroico´, pese a lo cual (tras ese duro encuentro agonal entre el héroe y las fuerzas catagógicas que intentan arrastrarlo hacia lo bajo e impedir que venza y emerja victorioso) el dicho esclavo es vencido (cual sucede con el esclavo de R. Llull muerto por suicidio) y el Héroe, entendamos, de este modo habrá superado todo tipo de ligaduras y condicionamientos y estará, ahora pues, presto a adentrarse en el conocimiento de los planos Suprasensibles de la realidad y en la activación y el control de las fuerzas sutiles que atesora en su interior (estará, en definitiva, preparado y dispuesto para transitar por la albedo u o ´obra al blanco´).

 

Resulta incontestable, pensamos tras todo lo expuesto, la vinculación de nuestro egregio autor con la obra hermético-alquímica y, por ende (a la luz incluso de las prioridades y del trajinar de la vida de nuestro autor descritos en este nuestro trabajo), su vinculación con la tradición Iniciática propia de todo aquél que ante la ´vía pasiva de la contemplación´ fideísta, devocional, moral, dogmática, meramente exotérica, sacerdotal, clerical, ´del convento´, ´del monasterio´, de la ´luz del sur´ y de la religiosidad lunar opta, en cambio, por la búsqueda del Conocimiento de lo Superior, por el encuentro ontológico con lo Absoluto, por el esoterismo, por la Metafísica, por la transustanciación interior, por convertirse a la nobleza del ´nacido dos veces´ (ariya), por priorizar al shatriya-sacro, al asceta-milites de la encomienda, opta por la ´Luz del Norte´, por la Espiritualidad Solar, por la ´vía interior del Héroe´ y, en definitiva y tal como señalamos en el mismo título de nuestro ensayo, opta nuestro Ramon Llull por la ´vía de la acción´.

 

NOTAS:

 

*No le colocamos la tilde a ´Ramon´ para respetar la ortografía catalana de acuerdo a la cual dicha vocablo no la lleva; lo hemos querido así por ser Ramon Llull hijo de catalanes arribados a Mallorca para luchar -a las órdenes de Jaime I el conquistador– contra los musulmanes. Si hubiésemos echado mano a la traducción de este nombre propio al castellano no hubiésemos hablado de ´Ramón´ (esta vez sí con tilde) sino de ´Raimundo´ (Lulio) por el que se conoció -y aún se le conoce- a nuestro egregio personaje en el ámbito geográfico de lengua castellana.

Cierto es que nos hemos visto tentados a referirnos a él en su nombre en latín, Raimundus Lulius, como firmaba sus obras escritas en esta lengua. Y nos hemos visto tentados a ello por el peso preponderante de esta lengua en el Medievo en el que él vivió, por todo lo que supone ella como lengua madre para todas las románicas y por su carácter ecuménico (que no cosmopolita) en el sentido de vehículo de una idea Imperial Sacra.

 

(1) A la hora de sopesar la posible valencia metafísica de la obra de un personaje y/o autor o de una época, de un período histórico o de una institución determinados consideramos como un preciso y a la vez excelso punto de referencia las enseñanzas Tradicionales tal como Julius Evola nos las ha legado. Además, tanto en la obra como en la vida del maestro transalpino es insoslayable la componente shatriya o guerrera como vía genuina de entender la vida enfocada siempre a la Trascendencia y como vía para intentar la tarea heroica de Restauración del Orden Tradicional y para la recomposición del hombre mutilado de su dimensión Superior. Por este motivo encontramos harto significativo el que Evola cite a Ramon Llull, en más de una ocasión, como autor a tener bien presente. Lo cita, v. gr., en el prefacio a su “La Tradición hermética” afirmando que …entre las propias filas de los católicos -al menos ´católicos´ nominalmente- desde Ramón Llull y Alberto Magno hasta el abate Pernety, encontramos figuras enigmáticas de Maestros herméticos (Ediciones Martínez Roca, ed. de 1.975). También lo cita en la nota nº 6 de la pág. 151 del mismo libro: Lull dice que el negro está hecho de Sol y Luna: indica una unión tan indisoluble de los dos que luego ya no podrán separarse jamás. Son muchas más las referencias que en la citada obra de Evola se hace de nuestro autor de estudio, como ésta que hemos encontrado en una edición en lengua portuguesa: Apontemos (…) as freqüentes referências (sobre todo hermético-simbólicas) as vinho (vino) nos textos mais recentes, a partir de Raimundo Lúlio (edición en Lisboa. Ediçôes 70, 1.979, págs. 153-4).

Otra muestra de la enorme huella que ha dejado Ramon Llull es que el rumano Mircea Eliade -el gran estudioso de las Tradiciones- tampoco es ajeno a la importancia capital de su legado, tal como podemos leerle también en otra edición portuguesa, la de su libro “Herreros y alquimistas”: (…) a virtude primeira da Pedra reside na sua capacidade de transformar os metais em ouro (…) A idéia de que a Pedra precipita o ritmo temporal de todos os organismos e acelera o crescimento, encontra-se na Prática de Raimundo LÚLIO: ‘Na primavera, mediante o seu grande e maravilhoso calor, a Pedra comunica vida às plantas; se dela dissolveres na água a quantidade aproximada de um grão e se, tomando dessa água a porção necessária para encher a casca de uma avelã (llenar la cáscara de una avellana), regares com ela um tronco de videira, a tua capa estará em maio carregada de uvas maduras’. (Ferreiros e alquimistas. Trad. Roberto Cortes de Lacerda Rio, Zahar Editores, 1979. pág. 129).

     Que estas citas hagan referencia a la faceta hermético-alquímica de Llull no resulta, por lo que respecta al objeto de este nuestro ensayo, asunto baladí, tal como podremos comprobar a lo largo de nuestras líneas.

(2) Aunque para algunos autores -seguramente para el mismo Llull- el término ´contemplación´ pueda ir asociado al de meditación y trabajo de transformación interior nosotros le otorgamos una connotación pasiva y, por tanto, no operativa.

(3) Obsérvese la semblanza existente entre Ars Regia y Ars

Magna; título de la principal obra escrita por Llull, de clara reminiscencia hermético-alquímica.

(4) Los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico (S.I.R.G.) auspiciaron las órdenes ascético-militares y recibieron el apoyo de éstas en sus empresas y en su concepción Imperial. El emperador Federico II Hohenstaufen había abogado por la fusión de las tres principales órdenes ascético-militares ya antes de que lo hubiese hecho Ramon Llull en su, ya mentado anteriormente, proyecto de ´Orden del Espíritu Santo´ …¡como se ve a nuestro autor le movían semejantes querencias que las del S.I.R.G. y los gibelinos!

Para una comprensión de la idea ´Imperial´ y del sentido Tradicional del ´Imperium´ remitimos al capítulo IV  (“El Imperium a la Luz de la Tradición”) de nuestro libro “Reflexiones contra la modernidad” (Ediciones Camzo); capítulo que también puede leerse en: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/.

(5) No está de más señalar que de estas dos vertientes de la guerra santa (la interior y la exterior) ya hablaba la tradición irania antes de que dicha doctrina fuera apropiada por el Islam como préstamo tomado de aquélla tradición.

(6) Nótese la reminiscencia alquímica que posee el título de su      obra principal: Ars Magna; equivalente a la Gran Obra.

(7) Estos datos de corte inquisitorial han sido extraídos de un brillante ensayo escrito por Ernest Milà que lleva por título  El fenómeno Rosa+Cruz. Datos Históricos sobre la Rosa+Cruz: http://infokrisis.blogia.com/2008/083001-el-fenomeno-rosa-cruz-i-de-iv-datos-historicos-sobre-la-rosa-cruz.php

(8) Este camino de transformación interna (´vía de la acción interior´) no se debe concebir a la manera de compartimentos estanco, sino que normalmente los tres estadios relacionados pueden, a partir de cierto grado de realización, recorrerse de manera paralela, con una cierta alternancia y hasta compenetrándose. Es así que, echando mano de la terminología alquímica, la ´obra al negro´ (nigredo: descondicionamiento), la ´obra al blanco´ (albedo: activación de lo sutil o nouménico) y la ´obra al rojo´ (rubedo: Identificación ontológica con el Principio Primero Imperecedero) pueden ir dando sus frutos -en determinados estadios del proceso palingenésico- alternándose entre sí.

(9) Si Ramon Llull escribió el Ars magica Julius Evola, allá por los años ´20 de la pasada centuria, fue uno de los pilares del Gruppo di Ur, cuyos integrantes se afanaron en el estudio y la práctica de la metafísica práctica u operativa: entiéndase, la ´magia´. Sus trabajos se pueden leer en los volúmenes de Introduzzione alla magia quale scienzia dell´io (La magia como ciencia del Espíritu, en la edición en castellano a cargo de Ediciones Heracles).

(10)  Oh medida, de agua celeste (…)

Oh medida, cómo perpetuamente conviertes en oro todos tus metales. (…)

Oh medida, cómo haces coagular, lo que está disuelto 

                       cociendo sabes ajustar.

Por tanto digo que si no hay medida, de la piedra

                                          no saldrá provecho.

(11) La oposición entre ciencia profana y ciencia sagrada fue objeto de

                                        reflexiones nuestras que pueden leerse en Ciencia

                                       Sacra y Conocimiento:

                                       (https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/05/ciencia-sacra-y-

                                        conocimiento/).

(12) Son éstas concepciones Tradicionales que quisimos exponer

                                en el capítulo II (La naturaleza) de nuestro libro El  Hombre     

de la Tradición (Ediciones Camzo) y que también puede

ser leído en El Hombre de la Tradición (II): la natu-

raleza:

https://septentrionis.wordpress.com/2011/12/21/el-   

hombre-de-la-tradicion-ii-la-naturaleza/

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



LAS DOS ETAPAS O FASES DE UN MISMO PROCESO DE DESTRUCCIÓN
diciembre 30, 2018, 1:31 am
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento

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LAS DOS ETAPAS O FASES DE UN MISMO PROCESO DE DESTRUCCIÓN

 

El proceso de subversión mundial tiene dos fases claramente diferenciadas, la fase que podríamos llamar LUCIFERINA, etapa de rebelión a todo tipo de autoridad y jerarquía, etapa de plebeyización y masificación (hoy a la orden del día), es también etapa de brutal materialización (léase materialismo puro y duro), de “solidificación”; esta etapa históricamente correspondería al surgimiento de movimientos claramente antitradicionales y disolutorios desde el punto de vista espiritual como fueron el humanismo, el protestantismo, el denominado “Siglo de las Luces”, el despotismo ilustrado, el liberalismo burgués, la revolución industrial con la consiguiente destrucción del mundo gremial y artesanal, el capitalismo, el marxismo, anarquismo, evolucionismo, fases todas ellas de un mismo proceso de decadencia y de descomposición; a partir del Siglo XX, sobre todo tras la derrota de Europa de 1945 que supuso el triunfo absoluto de la aberración modernista y antitradicional, se inauguraría la segunda etapa o fase en la que ya estamos, la etapa ya claramente DEMONÍACA, estamos ya en el mundo de la Gran Parodia, de lo caricaturesco, de la inversión de valores y referentes (satanismo), de la ruptura total con lo Sagrado y del Cordón Dorado que nos unía al mundo de lo Alto, a nuestros Antepasados y Ancestros y que nos trae todo esto el alumbramiento de una auténtica subhumanidad, es la era de la Mentira en todos los niveles, de la falsificación en toda regla, del surgimiento de movimientos pseudo-espirituales e incluso contra-tradicionales (New Age, Contactismo, Veganismo, “ecologismos” y “animalismos” de baja estofa, Espiritismo en sus distintas modalidades a cual más vomitiva y repugnante, sionismo, Concilio Vaticano II con el alumbramiento de un pseudo-catolicismo mundialista y multikultureta con auténticos Papanatas agilipollados al frente, la locura yihadista islámica que podríamos considerar como una de las últimas aberraciones más extremas y enloquecidas de la anormalidad modernista…), todo esto nos conduce a un sólo y único camino con vistas a una humanidad de esclavos y de muertos en vida (la Era del Paria, el Quinto Estado, una subhumanidad igualada por lo bajo, por lo muy bajo, totalmente desprincipiada y desnortada, sin casta, sin raza, sin alma): EL NUEVO ORDEN MUNDIAL, la contrafigura paródica, grotesca e infernal del IMPERIO SAGRADO de la Tradición. Es final del Kali-Yuga según la tradición indo-aria, de la Edad de Hierro según la greco-romana, de la Edad del Lobo en la nórdico-germánica, la Edad Más Oscura, y en cuya fase más terminal estamos entrando ya, las próximas décadas van a ser la mar de inquietantes (e interesantes), veremos lo divertido que va a ser para todos estos imbéciles que siguen creyendo en las hasta la saciedad repetidas monsergas de “democracia”, “libertad”, “tolerancia”, “progreso”, “igualdad”, “fraternidad”, bla, bla, bla…

 

Joan Montcau



DOMINIQUE VENNER, EL ESTOICO
diciembre 27, 2018, 11:43 pm
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Metapolítica

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DOMINIQUE VENNER, EL ESTOICO

 

No va a ser éste lugar dedicado a trazos biográficos ni a reflexiones políticas sobre la figura de Venner. Otros ya han escrutado esos caminos con buenas dotes de síntesis y con brillantez y acierto analíticos. Nuestro cometido va a ser el de sopesar el accionar, los gestos y los escritos del político y pensador francés con el enfoque propio de los valores y cosmovisión de la Tradición, pues para nosotros el valor de Dominique Venner (D.V.) responde a que encarna un tipo de hombre y expresa unas ideas que se hallan en consonancia con un modo de existir y concebir el mundo que fue el propio del Hombre que protagonizó las Civilizaciones del Ser. Hablamos de ese Hombre Vertical que tenía como faro de su discurrir el faro de lo Trascendente e Inmutable. Hablamos de un Hombre opuesto a ese otro ‘hombre horizontal’ paridor de nuestro mutilado y desnortado mundo moderno y, a su vez, parido por éste …Un Hombre opuesto al ‘homo vulgar’ de las actuales ‘civilizaciones del devenir’ …Opuesto a este -parafraseando a Julius Evola- ‘hombre fugaz’ que arrastra su existencia por las miasmas del hedonismo, del materialismo, de la superficialidad, del fáustico devenir, de la inconsistencia, de la inconstancia y de la banalidad. Todo cuanto veamos en D.V. como cercano, acorde o evocador de ese Hombre Tradicional merecerá nuestra atención, pues nos ayudará a conformar un arquetipo que si es tomado como punto de referencia y punto de llegada (meta a alcanzar) por alguno de nuestros lectores sin duda servirá para que éstos tengan más asideros a los que agarrarse con firmeza para no dejarse arrastrar por las disoluciones alienantes del mundo moderno.

En la línea trazada, no nos interesará hablar de los pensamientos y posiciones doctrinales que podamos percibir como contaminados por los efluvios de la modernidad. No nos interesará detenernos donde veamos subproductos emanados de las corrientes filosóficas, de pensamiento o políticas que han acelerado la descomposición del Mundo de la Tradición o de lo que pudiera quedar -a menudo como reflejo sin alma- de él. No nos interesará, verbigracia, ese rechazo que desde la revista Europe-Action, que D.V. dirigió a principios de los años ’60, se hace de un autor como Joseph de Maistre porque se realiza desde la confusión provocada por el hecho de ser contra-revolucionario …pero contrarevolucionario con respecto a las ideas, a la legislación y a las instituciones propias de la Revolución Francesa o emanadas de ésta y no -tal como se mal interpreta desde dicha revista- con respecto al capitalismo y a las injusticias sociales que éste comporta. No nos interesará el posicionamiento antimonárquico -sin distinción ni matización algunas- de dicha publicación porque la monarquía en sí es rechazable en su forma liberal-parlamentaria pero no cuando se reviste -tal como sucedió en otra épocas- de la sacralidad que el mismo monarca ha actualizado en su interior a través de un duro y riguroso ascesis; sacralidad con la que impregnará su Regnum (si pugnamos por sustituir este deletéreo lodazal materialista no puede ser más que por su opuesta Civilización: la iluminada por lo Alto). No nos interesará la reivindicación de figuras como -durante la Revolución francesa- la del jacobino Louis-Antoine de Saint-Just ni, con posterioridad, la de los dirigentes de la Comuna de París de 1.871, pues si no se sabe ver en la Revolución iniciada, en Francia, en 1.789 el gran aldabonazo al triunfo definitivo del mundo moderno no se sabrán detectar los orígenes, las causas y los hitos más significativos que explican los males, las injusticias, las disoluciones y las fracturas de nuestro mundo. No nos interesará la defensa del laicismo hecha desde las páginas de Europe-Action, pues la oposición a un cristianismo que cada vez se asemejaba más (se rondaba el Concilio Vaticano II) al igualitarista, antijerárquico, salvífico y cosmopolitista de los orígenes no debe hacernos descender aún más peldaños en dirección al laicismo desacralizador sino que nos debe empujar a alejarnos de él (de ese cristianismo) superándolo -ascendiendo en peldaños- hacia formas y vías de genuina Espiritualidad que admitan posibilidades de realización interior para un tipo de ‘hombre diferenciado’ (Evola dixit) y que, fuera de universalismos que no conocen de las diferencias, se adecúen a la idiosincracia, al palpitar y a la manera de entender y de vivir el Hecho Trascendente propios de cada pueblo.

Aunque no haya necesariamente que asignar a D.V., sino a la generalidad de la revista Europe-Action, estos posicionamientos ideológicos lastrados por excrecencias del mundo moderno lo cierto es que él fue director de la misma y no le podemos hacer escurrir el bulto con respecto a su responsabilidad a la hora de asumirlos. Pero de todos modos, repetimos, lo que nos interesa reivindicar en torno a la figura de nuestro personaje se halla en otras coordenadas bien alejadas de las expuestas en el párrafo anterior.

A nosotros nos interesa reivindicar a ese D.V. que no sin profundas motivaciones elige la catedral de Nôtre Dame como el escenario de su inmolación, pues lo hace al rastrear en ella un enclave de culto casi inmemorial que la liga con un pasado en el que los ancestros concebían la existencia como si de un continuo ritual sacro se tratase …ritual gracias al cual quedaba sacralizado todo el accionar humano. No en vano la catedral parisina se alza en el mismo enclave en el que los romanos levantaron el templo de Júpiter y, antes, los galos honraban al dios Lug (1) …Y es que hablar de nuestros ancestros, reivindicar nuestra identidad a través del rescate de nuestro orígenes y hacerlo, al mismo tiempo, mutilando al hombre de la dimensión Trascendente, que fue su eje vertebrador, significarían un total y absurdo contrasentido.

Es en esta línea en la que Fernando José Vaquero Oroquieta nos trae a colación un editorial escrito por D.V., titulado “La memoria de un impulso heroico”, en el que nos dice Vaquero Oroquieta que partiendo del hecho incuestionable de la decadencia de la civilización europea, Dominique Venner se plantea la eterna cuestión de, en estas precisas circunstancias, “¿qué hacer?”. D.V. toma partido en la alternativa que presentan, a su juicio, las dos posibles respuestas: que denomina, respectivamente, «la solución sistémica» y la solución espiritual. Correspondería a la primera “imaginar otro sistema político y social a través de una revolución. La segunda es una transformación de los hombres por la propagación de otra visión de la vida, otra filosofía espiritual. Es lo que hizo el estoicismo en la Roma imperial.

D.V se sumaría, pues, a esa línea postulada ya antes por otros, como la del caso del rumano Corneliu Zelea Codreanu cuando manifestaba su convicción de que sin la prioridad por la que bregar, que no es otra que la de forjar un ‘hombre nuevo’, cualquier cambio sistémico, que llevara a la abolición de la liberal-plutocracia y a la implantación de un orden tradicional vertebrado, resultaría efímero, pues el tipo de hombre surgido como consecuencia de tantos años de fomento del individualismo, del egoísmo, del consumismo y del materialismo en breve tiempo intentaría subvertir los cambios politicos logrados y maquinaría en pos de la restauración del status capitalista; en el que sus impulsos compulsivos hacia el consumo y su egoísmo incompatible con un ordenamiento social orgánico volverían a tomar carta de libertad y desarrollo ilimitado.

 

Como se ha señalado nuestro autor se refería en “La memoria de un impulso heroico” al “estoicismo en la Roma Imperial”. Venner se sentía muy identificado, existencialmente, con esta corriente filosófica para la cual la templanza, el autocontrol, el dominio de sí mismo y la indiferencia ante todo aquello que no es sustancial en la vida son logros del alma –mente- que la mantienen alejada de los disturbios y turbulencias que acontecen a nuestro alrededor y que pueden distorsionar la psique del común de los mortales. Se trata de lograr permanecer impasible ante lo accesorio y ante lo que turba y perturba al hombre común. Los Séneca o los Marco Aurelio pueden ser un perfecto modelo existencial a seguir. De hecho estos logros descondicionadores de la mente constituyen la médula del nigredo (u ‘obra al negro’) de la tradición hermético-alquímica …y es que sólo a partir de la putrefacción y de la limpieza de escorias psíquicas –del subconsciente y lo irracional- puede aspirarse a la calma psíquica frente a los vaivenes y desequilibrios que acosan al ser humano en el seno de este enloquecido y desnortado mundo del devenir.

 

Georges Feltin-Tracol nos recuerda en un texto titulado  Dominique Venner o la fundación del porvenir” que En su texto del 23 de abril de 2013 ”¡Salud, Caballero rebelde!”, interrogándose ante el soberbio grabado de Albrecht Dürer “El Caballero, la Muerte y el Diablo”, Dominique Venner concluía que “la imagen del estoico caballero me ha acompañado a menudo en mis rebeliones. Es cierto que soy un corazón rebelde y que nunca he dejado de rebelarme contra la fealdad invasora, contra la bajeza promovida como una virtud y contra las mentiras elevadas al rango de verdades. Nunca he dejado de sublevarme contra todos aquellos que han querido la muerte de Europa, de nuestra civilización milenaria, sin la cual yo no sería nada.

De lo que se trata, pues, no es de mantener pasividad ante lo que acaece y, sobremanera, ante lo que corroe y aliena sino de ‘golpear sin odio’, esto es, actuar sin alterarse interiormente. Nada más alejado de posturas pasivas y de apoliticismo (2), pues en Venner vemos igualmente un identificarse con la figura del guerrero, del caballero andante, del samurái, del shatriya de la sociedad de castas indoaria, con la ‘vía de la acción’. Y es tal así que el mismo Georges Feltin-Tracol nos sigue diciendo que D. V. en “El corazón rebelde” insistía en la figura del samurái y su última metamorfosis histórica, el kamikaze, el combatiente de asalto que, en nombre de sus principios, se sobrepasa una vez más. “Morir como un soldado, con la ley de su parte, exige menos imaginación y audacia moral que morir como un rebelde solitario, en una operación suicida, sin más justificación íntima que la orgullosa certeza de ser el único en poder cumplir lo que debe ser llevado a cabo.

Siento que tengo el deber de actuar mientras tenga todavía fuerza para ello.” 

El altruismo heroico, combatiente y radical, defendido por Dominique Venner, se concreta en un acto decisivo que trasciende todo una obra de escritura y de reflexiones para alcanzar los antiguos preceptos de los romanos, en particular los del estoico Séneca para quien “bien morir es escapar al peligro de mal vivir. ”

Este convencimiento de cumplir lo que debe ser llevado a cabo y del deber de actuar se hallan en consonancia con aquella máxima indoaria de hacer lo que debe ser hecho y de la que nosotros en cierta ocasión señalábamos que El hombre diferenciado debe hacer lo que debe ser hecho, independientemente de cuáles puedan ser los resultados obtenidos; independientemente de si llega a conseguir unos fines concretos o no. Independientemente de si arriba a ciertas metas o no las alcanza.

Es en esta línea en la que en nuestro ensayo “Evola frente al fatalismo reproducíamos una cita autoría de un encriptado grupo de personas que allá por los años ´70 de la pasada centuria redactaron una serie de interesantes escritos que bebían del legado Tradicional transmitido por Julius Evola y que firmaban sus escritos como “Los dioscuros“. Cita en la que decían que “nosotros encendemos tal llama, en conformidad con el precepto ariya de que sea hecho lo que debe ser hecho, con espíritu clásico que no se abandona ni a vana esperanza ni a tétrico descorazonamiento”.

Los textos sapienciales del hinduismo señalan que tal manera de actuar haciendo lo que en cada momento debe ser hecho -sin hacerlo buscando algo a cambio- adecuan al hombre con el “dharma”, esto es, con la ley cósmica-natural que se altera cada vez que alguien no obra como debe obrar (3).

 

En la nota en la que anunciaba su decisión sacrificial D.V. declaraba que cuando tantos hombres se hacen esclavos de su vida, mi gesto encarna una ética de la voluntad. (…) Me sublevo contra la fatalidad. Con esta afirmación nuestro autor da un gran salto hacia atrás en el tiempo para enlazar directamente con el Hombre de la Tradición, para el cual no existían condicionantes ni determinismos de signo fatalista que coartaran su libertad. El hombre era dueño de su destino. Él con su proceder lo determinaba. Saltaba, pues, Venner, por encima de la noche oscura del mundo moderno y de sus medios de esclavizar la voluntad del hombre. El Hombre de la Tradición es un Hombre Liberado interiormente y no determinado fatalmente ni por -a diferencia de lo que sucede a día de hoy- un determinado Sistema de Enseñanza ni por -siguiendo a Hegel- una especie de Razón Universal ni por un Hado o Destino que todo lo tendría irremisiblemente prefijado ni por el dios todopoderoso, omniscente y omnipresente de las Religiones del Libro (4).

Posturas que Guillaume Faye corrobora como propias de D.V. cuando en una entrevista sobre nuestro protagonista (5) afirma que éste defendía la idea de que los dioses no deciden, porque el pagano (6) es un hombre libre. El opuesto absoluto del pagano es el seguidor del Islam, es decir, de la sumisión. Y señala, en el mismo sentido, de que no hay que dejar la muerte en las manos del destino, sino de la elección.

     Y en la misma línea se expresa Adriano Erriguel cuando escribe, en un artículo que lleva por nombre “El sol blanco de Dominique Venner”, que el suicidio de Venner debe explicarse como la decisión de ser dueño del propio destino. O José Javier Esparza cuando, en el escrito “Dominique Venner y el destino de Europa”, dice que cualquier movimiento de conciencia puede transformar la sociedad materialista que hoy conocemos, pues -añadimos nosotros- no se trata tan solo -¡que ya es mucho!- de no ser coartados por ningún condicionamiento que impida recorrer ese camino de transformación interior propio del Iniciado de las grandes Tradiciones sino que, asimismo, se trata, de no concebir como fatal ningún status quo como el que política, social, económica y “culturalmente” impera a día de hoy, sino que, al contrario, se conciba la posibilidad de derrocarlo y sustituirlo por otro que permita la realización -espiritual, social, política, laboral,…- de cada miembro de la sociedad al máximo de lo que sus aptitudes le permitan. Por lo cual no únicamente debe ser rechazado el fatalismo en el plano personal e interior sino también en el social y exterior.

Mi gesto encarna una ética de la voluntad –anunció D.V. para explicar su autosacrificio. Es la voluntad que se impone ante cualquier obstáculo, contratiempo y condicionante que resultaría insalvable para el homo vulgaris débil, sin pulso y vencido que ha excretado la modernidad.

En similar orden de cosas D.V. nos transmite en su escrito “El sentido de la muerte y de la vida” que la muerte voluntaria proclama la soberanía que uno ejerce sobre sí mismo.

   

      Julius Evola tipificó con gran nitidez dos formas diferentes y contrapuestas de vivir y concebir la existencia y el mundo manifestado. Las presentó, de forma gráfica, como las guiadas la una por ‘la luz del norte’ y la otra por ‘la luz del sur’. La primera representa la propia del Mundo de la Tradición y entiende de lo diferenciado, lo jerárquico, del honor, el valor, la fides,… La segunda, por contra, corresponde a un tipo humano, que ya inoculado por el virus del mundo moderno, adhiere al igualitarismo, al gregarismo, a la promiscuidad, al tejemaneje, al espíritu mercantil,… Venner en su obra “El blanco sol de los vencidos” sitúa frente a frente a estos dos tipos humanos yuxtapuestos y lo hace en el contexto de ese Norte y ese Sur que acabaron enfrentándose en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos (1.861-64). Nos cita al por entonces Gobernador de Carolina del Sur James H. Hammond cuando afirmó que No han existido sobre la tierra dos naciones, que estuvieran separadas de forma distinta y hostil como nosotros. Ni Cartago y Roma, ni Francia e Inglaterra, en ningún momento. También a Mary Chesnut, esposa de un senador de Carolina del Sur quien anotó en su diario que nos hemos separado por incompatibilidad de caracteres. D. V. habla de dos mundos ajenos el uno al otro. Se trata lo que determinadas corrientes geopolíticas han denominado como la alteridad existente, a lo largo de la historia, entre ‘potencias continentales’ y ‘talasocracias mercantiles’. Las primeras apostarían por el afán civilizador y las segundas por el meramente monetario; entre las primeras, verbigracia, la Antigua Roma y entre las segundas Cartago (de fenicia afiliación). Venner nos explica, en este libro, cómo el Norte encuentra como justificación a su sed de acaparar riquezas la argumentación calvinista que responde al silogismo de que el Señor bendice la riqueza. Nos recuerda que se forja en el Sur una tradición aristocrática y agraria, en oposición a la tradición burguesa y mercantil del Norte y que estas diferencias se acentuaron a mediados del siglo XVII, con la llegada (al Sur) de nuevos emigrantes de noble cuna, los “Cavaliers”. Estos barones huían de Inglaterra tras la ejecución de Carlos I Estuardo. Mientras que el Norte se enriqueció en el curso del decenio siguiente con los “Cabezas Redondas”, los “niveladores”, antiguos partidarios de Cromwell y adversarios de los “Cavaliers” que la restauración de los Estuardo sobre el trono de Inglaterra expulsó a su vez. Basta reemplazar a los “Cavaliers” por los carlistas y los Cabezas Redondas por los isabelinos para imaginar los sentimientos que los colonos del Sur podían alimentar respecto a los del Norte y recíprocamente.

Al plantador del Sur (…) se opone el puritano de Nueva Inglaterra. Este hombre de Dios ha firmado un contrato con el Cielo para triunfar sobre la tierra. A cambio del rigorismo de su existencia, espera de Jehová que favorezca sus negocios.

     Nos cita, asimismo, a Michel Chevalier, quien en sus “Lettres sur l’Amerique du Nord(publicadas en 1.836), asevera que el yankee y el virginiano son dos seres muy dispares.    

    Del mismo D.V. escribe Javier Ruiz Portella, en el artículo “El aristócrata y el hombre de las pantuflas”, como de ese hombre con alma de aristócrata que pertenecía a la alta “aristocracia secreta”, como él la llamaba.

     En “El blanco sol de los vencidos”, D. V. habla de los grandes propietarios del Sur cual si de señores feudales se tratase; siempre guiados por esos principios propios al hombre de ‘la luz del norte’. Nos dice de ellos que los plantadores son puntillosos en su honor, dispuestos a pedir reparación por las armas.(…) Velan también sobre los granjeros y los “pequeños blancos” de su condado, administran justicia y socorren a los indigentes. Más aun que el “squire” inglés, entre sus granjeros, el plantador es el señor de su tierra. Un señor feudal sin soberano. (7)

El ya citado Javier Ruiz Portella escribe sobre los pareceres que D. V. tenía acerca de las dos maneras de concebir cuál es el motor del mundo, ya sea si se trata del parecer de los hijos de ‘la luz del norte’ o si se trata de los de ‘la luz del sur’: Venner, apoyándose en Max Weber, piensa que no son los intereses económicos los que determinan las ideologías, sino al revés, que son las ideologías, las religiones, los principios, los que determinan las formas económicas.

Es, pues, ese ‘demon de la economía’, al que denunciaba Evola, el que guía el pensamiento y el accionar del ‘hombre común’ de la modernidad. Ante el ‘homo oeconomicus‘ se alza, para Venner, el caballero y su ética del honor; se alzan el guerrero y el Héroe -que no sólo transita el mundo exterior sino también su vida interior con el objeto de realizarse espiritualmente.

Si seguimos caracterizando al hijo de ‘la luz del norte’ qué mejor que seguir echando mano el autor francés cuando en su artículo “El individualismo: origen último de la corrupción” plantea que si el interés personal es el único fundamento del pacto social, no se ve que es lo que podría prohibir que cada cual se aproveche de ello lo mejor que pueda, según sus intereses y sus apetencias, llenándose el bolsillo si su cargo le ofrece tal oportunidad.

Individualismo en hipertrofía mayúscula que contrasta con el sentido comunitario que caracterizó siempre, por contra, al ‘hijo de la luz del norte’, que era activo partícipe de los ‘cuerpos intermedios’ (hermandades, gremios, cofradías, órdenes,…) a los que pertenecía y los cuales vertebraban y estructuraban las sociedades Tradicionales orgánicas. Y en semejante orden de ideas nuestro autor nos hace ver, en este último escrito, que en Europa, desde la más remota Antigüedad, siempre había dominado la idea de que cada individuo era inseparable de su comunidad, clan, tribu, pueblo, polis, imperio, al que se encontraba unido por un vínculo más sagrado que la propia vida.

Y nos advierte de que estas agrupaciones orgánicas -que fueron las inherentes a la Tradición- han degenerado, en el mundo moderno, en conglomerados inorgánicos y desestructurados y en una suma de individuos reunidos para pasarlo bien o satisfacer lo que por su interés entienden.

 

Dominique Venner no es ajeno al plano Trascendente de la realidad. Desde el punto de referencia del llamado pensamiento Tradicional revisten especial interés sus apreciaciones al respecto. Nuestro autor no concibe un tipo de religión quasi abstracta (que no exhibe puntos de conexión con lo concreto, con la realidad antropológica de cada cultura), de corte cosmopolita, que pueda ser profesada aquí, allá y acullá, sin ninguna relación con el palpitar particular de cada pueblo. Pues, por contra, él defiende la convicción de que cada grupo humano tiene una manera diferente de percibir la existencia y el Hecho Trascendente. Y, a nuestro entender, se carga de razón al defender esta posición, pues, existen grupos humanos a los que su idiosincracia particular les hace identificarse con prácticas de corte animista, así como otros lo hacen con otras totémicas, otros con la mera creencia en lo Alto y, en cambio, otros son -o, al menos, fueron- capaces de emprender -sobre todo en sus miembros más dados a ello, por capacitación espiritual y por voluntad- capaces de emprender, decíamos, la vía interior que lleva al Conocimiento del plano Suprasensible de la Realidad e incluso a Identificarse ontológicamente con dicho plano. Este último grupo humano siempre concibió el cosmos como un todo armónico en el que fluyen fuerzas sutiles-metafísicas con las que se puede -y debe- interactuar. Otros grupos humanos, en cambio, conciben un vacío metafísico entre el Creador y las “criaturas”, por lo que creen imposible acceder a la Gnosis del dicho Creador por no existir los “peldaños metafísicos” intermedios –numina– que harían posible el acceso del hombre al mentado Creador. D. V. piensa, en este sentido, que Europa no podrá reencontrarse a sí misma, a sus raíces, a su esencia y a su Tradición a través de una religión, ya bimilenaria, que no encaja con el palpitar Espiritual del homo europaeus y que es extrapolable a cualquier latitud y rincón del planeta. Postula, Venner, por contra, que la esencia metafísica el europeo la debe indagar en otras fuentes. Y es por esto por lo que en “Las razones de una muerte voluntaria” afirma que no poseyendo una religión identitaria a la cual amarrarnos, compartimos desde Homero una memoria propia, depósito de todos los valores en los cuales podremos volver a fundar nuestro futuro renacimiento.

    Así se ha recogido en un artículo titulado “La muerte de Dominique Venner no es un fin sino un comienzo” (8). En él su autor detecta una ‘religión identitaria’ en otros pueblos, mientras en cambio, los europeos tienen una religión universal y afirma, por esto, que el cristianismo tiene una vocación universal.

Si para los pueblos indoeuropeos Tradicionales el hombre podía transmutarse interiormente a través de la Iniciación era porque concebían que como emanación que era -el hombre- del Principio Supremo y Eterno (y no creación ex nihilo de éste) compartía con el mismo su esencia imperecedera; la cual se trataba de activar. Y es que  en todas las culturas Tradicionales el hombre siempre se creyó descendiente de los dioses. Los clanes, las tribus, las “genes” creían tener en alguna divinidad a su antepasado más remoto. Los Iniciados, al ir más allá de la forma concreta y antropomórfica que se le otorgaba a la divinidad, concebían al hombre como emanación de un Principio Supremo y, en consecuencia, lo hacían partícipe y portador de la Esencia Inmutable y Sacra de dicho Principio.(9)

D.V. , en un escrito suyo ya reseñado con anterioridad (10), escribe que (…) esta indiscutida conciencia, de la que la Iliada nos ofrece la más antigua y poética expresión, tomaba formas diversas. Basta pensar en el culto a los ancestros a quienes la “polis” debía su existencia …Ancestros que solían ser identificados con dioses o con héroes divinizados.

 

La actitud del estoico ante la vida, con el que -ya lo hemos señalado- se identificaba el autor francés, es la de cierto distanciamiento interior, pues el estoico ha logrado una buena dosis de desapego con respecto a la vida; desapego fruto de un trabajo interno que el Mundo de la Tradición llamó Iniciación o al que, concretamente, el orbe clásico se refirió cuando hablaba de la consecución y gnosis de los ‘Pequeños Misterios’ y de los ‘Grandes Misterios’.  Desapego con respecto a los bienes materiales, a las ambiciones humanas, a las pulsiones más primarias, a los sentimientos desaforados o a las pasiones y emociones embriagadoras y cegadoras. Como a uno de los arquetipos de este tipo de hombre descondicionado nos presenta Venner al samurái, al cual nos recuerda que el “Hagakuré” -libro escrito por Yamamoto Tsunetomo– impelía a prepararse para la muerte mañana y noche y día tras día, como técnica de superación de un apego a la vida que conlleva a ese miedo a perderla que debe ser ajeno al samurái.

El estoico, para nuestro autor, responde a un comportamiento y una edificación interna que se hallan en las antípodas de aquellos que, como el hombrecillo moderno, deambulan en unas vidas que no son nada y que no tienen otro objetivo que vivir por vivir, cualquiera que sea su vacuidad. (11)

Este ‘hombre moderno’ atribulado y que se agita con convulsión es el fruto de una modernidad ante la cual un tipo de ‘hombre diferenciado’ se siente como un ‘exiliado en este mundo’ …se siente, tal como nos recuerda Venner, como se sentía Antoine de Saint-Exupéry cuando en su “Carta al general X, escrita en 1943, ya declaraba su aversión por el mundo que ante él se alzaba: «Odio mi época con todas mis fuerzas […]. El hombre está castrado, cortado de sus resonancias originales» (12); unas ‘resonancias originales’ que no pueden ser otras que las que vibran al son de la Trascendencia …y una dimensión Trascendente de la cual el hombre moderno ha sido amputado.

Ante el apego a la vida que desapega de lo que es ‘más-que-vida’ (el plano del Espíritu) y que, por otro lado, impide cualquier trazo de comportamiento heroico, Javier Ruiz Portella en su homenaje a la memoria de D.V. nos dice que basta que alguien sea capaz de jugarse la vida en un acto heroico para que ello choque profundamente a la chusma amorfa que nos rodea (esa chusma que nada tiene que ver, recordaba antes, con el pueblo que, cuando aún existía, se inclinaba ante los héroes). Pero hoy no. Hoy lo que más detesta el hombre-masa (el de arriba, el de abajo y el de en medio) es todo lo que pueda oler, así sea de lejos, a grandeza y heroicidad. (13)

Dominique Venner, en ese jugarse la vida, al poner fin a sus horas terrenales, lo hace con esa mentalidad inseparable del estoicismo, pues nos recuerda que cuando Catón de Útica, Séneca, Petronio y tantos más ponen voluntariamente fin a sus días, son fieles a la filosofía estoica que enseña a morirun estoicismo para el cual los motivos del autosacrificio no pueden separarse del concepto del honor, tal como comprobamos cuando afirma que La muerte voluntaria, atributo del Japón de los samuráis, puede traducirse en alta aspiración al honor y a la dignidad. O cuando añade que es imposible no sentir estima por el almirante von Friedeburg, último comandante en jefe de la Kriegsmarine, que se dio muerte después de haber sido obligado a firmar la capitulación de 1945. (14)

 

¡Que no nos abandone no sólo el legado escrito de Venner sino, más aún, el ejemplo de su sacrificio por un elevado ideal …el único por el que merece que consumamos nuestra vida!

 

 

NOTAS:

 

(1)En su nota de despedida, la misma mañana de su autosacrificio, nuestro autor francés señalaba que escojo un lugar altamente simbólico, la catedral de  Notre-Dame de París que respeto y admiro, esa catedral edificada por el genio de mis antepasados en sitios de culto más antiguos que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales.

(2)   Merece ser destacada la diferencia existente el apoliticismo nihilista e irresponsable inherente a la postmodernidad como forma de despreocupación ante los fenómenos del mundo de la política que nos intentan determinar (¡y de qué deletérea manera!) y el concepto de “apoliteia” que defiende Julius Evola en su obra “Cabalgar el tigre”, como aquella actitud que persigue un cierto distanciamiento ante los accionares disolventes del entramado político del mundo moderno. Un distanciamiento (tanto exterior como interior; guiado, éste último, por una especie de actitud estoica) que pretende el que no nos veamos influenciados por sus cáusticas influencias pero que, al mismo tiempo, no nos prive de la posibilidad de actuar, en un momento dado, desde dentro del mismo Sistema siguiendo la estrategia de intentar minarlo en sus fundamentos y de poner al descubierto sus contradicciones.

(3) “El deber”, capítulo IV de nuestra obra “El Hombre de la Tradición”. Ediciones Camzo.  También puede leerse en    https://septentrionis.wordpress.com/2012/10/04/el-hombre-de-la-tradicion-iv-el-deber/

(4) Ideas que hemos desarrollado ampliamente en “Evola frente al fatalismo”, capítulo III de nuestro libro “Reflexiones contra la modernidad”. Ediciones Camzo. También se puede acceder a su contenido en https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/.

(5) Traducida al castellano por Francisco Albanese.

(6) Sería conveniente descartar el término ‘pagano’ y sustituirlo por el de ‘precristiano’ o (fuera del área de expansión del cristianismo) el de ‘politeísta’ o, sencillamente, por el de ‘Hombre de la Tradición’, ya que el vocablo ‘pagano’ reviste connotaciones despectivas asignadas por el primigenio cristianismo y que tendrían que ver con lo rústico y primario; amén del hecho de que el “paganismo” de los últimos siglos del Imperio Romano Occidental involucionó en algo así como una especie de panteísmo

(7) Nosotros ya en su día intentamos mostrar los parabienes que, desde el punto de vista Tradicional, fueron propios de la Edad Media (en especial la Alta Edad Media) y los hicimos en un escrito que llevaba por título “Lanzas a favor del Medievo” (https://septentrionis.wordpress.com/2014/11/04/lanzas-a-favor-del-medievo/)

(8) Puede leerse en su totalidad en http://www.alertadigital.com/2013/06/04/la-muerte-de-dominique-venner-no-es-un-fin-sino-un-comienzo/

(9) Párrafo recogido en ciertas reflexiones nuestras que se pueden consultar en https://septentrionis.wordpress.com/2010/05/25/el-emanatismo/

(10) “El individualismo, origen último de la corrupción”

(11) Del escrito “El sentido de la muerte y de la vida”, Dominique Venner.

(12) Íbidem.

(13) “El sacrificio heroico y el sentir mayoritario”, Javier Ruiz Portella.

(14) “El sentido de la vida y de la muerte”, Dominique Venner.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com