Julius Evola. Septentrionis Lux


ENTREVISTA REALIZADA PARA LA REVISTA “EL SINARQUISTA”

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ENTREVISTA REALIZADA PARA LA REVISTA “EL SINARQUISTA”

Le gusta definirse laboralmente como maestro de escuela, más que como profesor. Se dedica profesionalmente a la docencia desde hace más de tres décadas. Este hispano catalán tiene entre sus principales vocaciones la del estudio de la metafísica y la historia …disciplinas ambas que cuando entran en interrelación le llevan también a interesarse por temas relacionados con la metapolítica y, por ende, también de política.

 

1.- ¿Cómo nació tu inquietud como militante?

Se suele emplear aquella expresión de “tener madera de…” para hacer referencia a las cualidades innatas que uno posee hacia determinada disciplina, habilidad, trabajo o afición. Pues bien, creo que debe existir cierto impulso quasi inconsciente e innato a acabar adhiriendo hacia ciertas posturas políticas, ideológicas o cosmovisionales que sale a flote y que pasa, pues, al plano de la conciencia cuando encuentra una señal visible o a alguien que con sus enseñanzas lo haga salir a la superficie. Es así como siendo un bachiller uno se topó con aquella foto en el libro de historia que le pareció especialmente atractiva aun cuando el texto que tras ella se desarrollaba no dejaba en buen lugar a su contenido. Recuerdo, concretando, una del Desfile de la Victoria del 19 de mayo de 1.939, en Madrid, celebrando el triunfo del Bando Nacional en la Guerra Civil Española, en la que se veía a Franco presidiéndolo. Esta imagen hizo aflorar otra, también perteneciente a otro libro de texto de historia, que aún se hallaba más perdida en mi inconsciente por haberla visto 3 años antes. Se trataba de una concentración perteneciente a uno de los congresos de Nüremberg en la década de los años 30 de la pasada centuria. Uno había visto fotos de desfiles y de acciones bélicas de ejércitos, contemporáneos a aquellos, estadounidenses, británicos, franceses o soviéticos pero no habían producido ningún impacto positivamente sugerente. El saltar de las fotos a escudriñar en los textos fue un paso lógico. En quioscos y librerías uno se hacía con lo que encontraba, aunque ciertamente nuestras ideas y nuestra historia eran falseadas en esas publicaciones.

 

2.- ¿Cuál consideras que es tu “escuela de Formación”

Llegó un momento en el que tuve conocimiento sobre dónde hallar material objetivo y digno de leer y así se fue formando e informando con aquellas Ediciones Nothung, Nuevo ArteThor o la Dirsa relacionada con el desparecido diario El Alcázar. Son los inicios de los años 80 y en compañía de un amigo del barrio, y años atrás también compañero de colegio, que compartía las mismas inquietudes de uno íbamos frecuentando locales como el de CEDADE o el de Fuerza Nueva, haciéndonos con sus revistas y boletines y escuchando la voz experta e instructiva de camaradas más avezados. Coincidiendo con la autodisolución de la Fuerza Nueva de Blas Piñar se constituyó, en la que había sido su misma sede barcelonesa, una organización política que tomó su nombre de la Patria y Libertad chilena de la década de los ’70. Allí confluyeron ex militantes del extinto Frente la Juventud, de la sección juvenil de Fuerza Nueva (Fuerza Joven) con ex militantes de alguna otra organización y con otros de estrenada militancia. Entre los primeros militantes de Patria y Libertad (P&L) existía prácticamente el mismo porcentaje de adherentes al nacionalsindicalismo, al nacionalsocialismo y a posiciones nacionalrevolucionarias.

P&L pronto tuvo su revista, formato periódico, homónima, cuya alma mater era Ernesto Milà, quien entre los artículos que incluía no escatimaba la presencia de textos Tradicionalistas, entre los cuales destacaban los referidos a la obra del italiano Julius Evola. Éstos me cautivaron de forma especial. Despertaron, de forma casi instantánea, un impulso interior, sin duda latente en mí, hacia lo Trascendente. La metafísica que mostraba Evola no quedaba desgajada de nuestro acontecer en este mundo terrenal sino que bregaba por impregnarlo, por sacralizarlo, por Restaurar, en los disolventes momentos por los que desde hace siglos atraviesa nuestra civilización, el Orden Tradicional perdido. A diferencia de otros intérpretes de la Tradición perenne Evola no se abstraía, ante los avatares de nuestro mundo, en la metafísica pura inmovilizante sino que apostaba por luchar contra el desorden imperante y contra el Establishment establecido. Para nosotros quedó claro que el Tradicionalismo no se ceñía a una especie de metafísica autista con respecto a nuestra corporeidad y a nuestra existencia en este mundo sino a la lucha por sacralizar nuestra cotidianidad y las instituciones que deberían regir una comunidad liberada del imperio de la materia; materia esta que la tenía subyugada desde mucho tiempo atrás.

El mismo Ernesto Milà fue el artífice de la aparición de una editorial, Ediciones Alternativa, que editó cuadernillos de temas Tradicionalistas, en general, y los primeros libros de Julius Evola, en particular, a los que accedimos por primera vez.

 

3.- Cómo ves el futuro de la educación básica en España

De seguir por los derroteros actuales lo veo con pesimismo. La cultura del esfuerzo está demodé: no sólo ésta no se fomenta desde las instituciones regentes del Sistema Educativo sino que incluso desde el seno de muchas familias surge la queja ante exigencias de estudio o de deberes hacia los alumnos que los progenitores contemplan como abusivas …el clima social general no es favorable a templar y disciplinar la mente del alumno y la mayoría de las familias no son ajenas a esta dinámica de distensión anímico-existencial. La exigencia de que el alumno memorice un mínimo de contenidos va a la baja y el desarrollo insuficiente de las capacidades intelectuales es una lógica consecuencia de ello.

Por otro lado, en consonancia con la atomización y compartimentalización excluyente propia de las sociedades modernas la educación queda, a menudo, recluida en las aulas y muy desconectada con la realidad circundante en la que se desarrolla la vida comunitaria, por ello la educación se pierde a menudo si no en la mera teorización sí en un proceso de enseñanza-aprendizaje al que el alumno le cuesta bastante  identificar (en especial a tempranas edades) con las vivencias experimentadas en su entorno no escolar. El grupo-clase debería pisar con cierta frecuencia el barrio en el que el centro escolar se halla situado y realizar trabajo de campo en la panadería, en el supermercado, en el centro de salud,… Ello porque la escuela no debe estar disociada del entorno social en la que se encuentra sino formar un todo orgánico con él, tal como debería acontecer en cualquier sociedad no escindida, rota, compartamentalizada y atomizada como la actual.

A estos problemas en España y en la mayor parte de Occidente se añade otro de no menor peso: el de una inmigración descontrolada, que llega a borbotones y que inunda las aulas de alumnos ajenos a nuestra cultura, lengua, maneras de hacer e idiosincrasia. Arriban niños de religiones diversas, con ritmos de trabajo muy por debajo de los propios de estas latitudes y que, para más inri, desconocen o no dominan, con un mínimo de solvencia, la lengua castellana. La dinámica de trabajo del grupo-clase se ve entorpecida y ralentizada al extremo para que el docente intente hacer comprender al alumno inmigrante un mínimo de los contenidos y actividades que se están llevando a cabo. Por si esto fuera poco, en el caso de regiones como la catalana, la valenciana, la balear, la vasca o la gallega estos niños recién llegados a nuestro país se topan con el añadido de la lengua vernácula propia que se utiliza como vehicular en prácticamente todas o en buena parte de las asignaturas impartidas. Las llamadas ‘aulas de acogida’ existentes hasta hace varios años en los centros escolares y en las cuales se le enseñaba al alumno inmigrado, en primer lugar, los fundamentos del idioma han desaparecido para mayor gloria de la absurda e irreal ideología igualitarista dominante que considera discriminación el hacer, entre las personas, distingos de cualquier tipo y que ha obligado, por ello, a no sacar a ningún alumno, en ningún momento del horario escolar, fuera del aula en que se desempeña el grupo-clase …en la línea de lo que se ha venido a llamar como ‘la escuela inclusiva’.

 

4.- ¿Qué entienden ustedes por Hispanidad y su futuro?

El español es un pueblo antropológicamente europeo que en un momento dado de su periplo histórico amplió sus fronteras allende los mares hasta tal punto de convertirse en imperio. Tan español era un paisano de la Corona de Aragón, de la de Castilla o Navarra como otro del Virreinato de la Nueva España, de la Nueva Granada, del Perú o de la primigenia Capitanía del Río de la Plata que acabó convirtiéndose en virreinato. Las estructuras e instituciones políticas, administrativas y culturales en América no fueron más que una prolongación de las existentes en la Península Ibérica. América no se concibió como una colonia, con factorias comerciales al estilo inglés u holandés, a la que explotar sino como un territorio en el que extender la Cristianitas Hispánica civilizadora. Así pues, el Imperio Español, al igual que lo había sido el Romano, fue un imperio Civilizador al contrario del inglés o el holandés que lo fueron explotadores y depredadores. Sólo una quinta parte de las riquezas obtenidas en América cruzaban el Atlántico en dirección a la Península (el quinto real que le correspondía al monarca), el resto cristalizó en la fundación de cientos de ciudades con unos trazados urbanos muy racionales, en la creación de numerosas universidades y colegio mayores (1) -cuando Inglaterra fundó la primera universidad en sus Trece Colonias americanas, la de Harvard, ya hacía más de 100 años que existían las universidades de Santo Domingo, de Méjico y de Lima-, de hospitales, de acueductos,… La moneda imperial, el real de a ocho, se convirtió en la moneda de uso global para los intercambios comerciales, hasta el punto que los ingleses, o incluso los rusos, si querían comerciar con la mismísima China tenían que hacerlo con nuestra moneda, acuñada en lo que entonces era el Alto Perú (perteneciente al Virreinato del Perú) y hoy es Bolivia, pues los chinos no le otorgaban fiabilidad ni a la libra esterlina al compararla con nuestra moneda.; moneda que fue la de curso legal de los Estados Unidos hasta el año 1.857…

Cuando el Imperio Español implosionó en las primeras décadas del s. XIX los restos de España quedaron desperdigados por toda América y en la Península Ibérica. La masonería quintacolumnista al servicio de Inglaterra tuvo un papel crucial en esta voladura. Numerosos criollos y algunos recién llegados de España antepusieron sus intereses comerciales (a menudo lindantes con el contrabando; como ocurrió de modo determinante, p. ej., entre los porteños de Buenos Aires) a los generales del Imperio y, casi siempre a lomos de la masonería, vieron la puerta abierta al libre comercio, con la codiciosa y expoliadora Inglaterra, si dinamitaban el Imperio.

El Imperio se disgregó políticamente pero se debe bregar para que se mantenga en el plano cultural y en el axiológico, luchando por la recuperación de los valores que le fueron propios y, porqué no, sin abandonar nunca la idea de una futura -aunque hoy en día resulte quasi quimérica- restauración de su unidad perdida. De, por el contrario, mantener una postura pasiva, la ruptura que dio lugar a una veintena de países puede seguir aquella inercia centrífuga y originar, a su vez, nuevas rupturas en el seno de los países de habla hispana que acabe en una miríada de microestados; todo ello alentado e incentivado por los Club de Bieldeberg, Comisión Trilateral, Banco Mundial o personajes como George Soros que a base de apoyar financieramente y en el terreno cultural a movimientos indigenistas y/o marxistas favorables a separatismos varios

-estos segundos al socaire del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla- pergeñan una agenda de control mundial sabedora de que su dominio planetario será tanto más efectivo cuanto más pequeños y, por tanto, débiles sean los Estados a los que sojuzgar. Este peligro de atomización de los actuales Estados de cultura hispana lo sufre el continente americano y lo sufre la España peninsular con sus separatismos galopantes (el catalán y el vasco a la cabeza, aunque éstos no son los únicos).

Sólo un gran proyecto reunificador de lo que fue el Imperio Español puede ilusionar y erigirse en mito movilizador de tal manera que represente un impulso mayor que el de las fuerzas que pugnan por una disgregación cada vez más acentuada. Este proyecto, casi utópico a día de hoy, no contradice otro, del mismo calibre casi quimérico, como el de la unificación de una Europa Tradicional. De los temarios de matemáticas hace décadas que desapareció la Teoría de Conjuntos pero nos sirve ella para reivindicar a España como lo que debería ser la intersección operativa de esos dos conjuntos constituidos por la América Hispana y Europa. Interesección que haría de puente y enlace catalizador entre ambos conjuntos geopolíticos y que deberían actuar como uno solo.

 

5.- ¿Cómo definirías tu estilo de pensar y actuar?

Si tengo que definirme en mi cosmovisión y en los valores que desde hace ya muchos años tomé por bandera diría que lo hago como Tradicionalista, pues es en la Restauración de la Tradición, al modo como nos la interpretó de manera especial Julius Evola, en la que creo que se debe poner todo el empeño para algún día poder vivir de arreglo al orden natural de las cosas y hacerlo gracias al accionar de un Hombre Reintegrado en sus tres componentes: El Espíritu, el alma y el cuerpo. El Espiritual quedó cercenado con el triunfo de la modernidad materialista y el anímico perdió, por este motivo, sus referentes conformadores que le venían de lo Alto y empezó, así, a desentenderse de valores como el del honor, la valentía, la lealtad, la fidelidad, la franqueza, el espíritu de sacrificio, la voluntad o la camaradería. Ello acabó también incluso afectando al componente corporal que quedó a merced de vicios, bajos instintos y tóxicodependencias y empezó incluso a padecer la somatización de un alma hosca y ruin en forma de rostros innobles, torvos, que reflejaban personalidades taimadas, rencorosas y egoístas.

Sólo este arquetipo de Hombre de la Tradición puede voltear totalmente el desorden de cosas existente y acabar de forma permanente con las estructuras sociopolíticoeconómicas imperantes para sustituirlas por otras de signo opuesto regidas por los principios de jerarquía, autoridad, organicidad y comunitarismo e impregnadas por la Fuerza de lo Sacro.

Definiéndonos como Tradicionalistas podremos gozar de los referentes necesarios para poder reivindicar, y tomar como referencia axiológica y cosmovisional, los diferentes Ciclos Heroicos (parafraseando al griego Hesíodo) que, en el discurrir de la Edad de Hierro de la que hablaba el mundo clásico o del Kali-yuga al que hace referencia la tradición hinduista, se han ido sucediendo …sean aquéllos, p. ej., los referidos a la mayor parte de la historia de la Antigua Roma o los de la Saga del Grial/Ciclo Artúrico o los del Sacro Imperio Romano Germánico o los del mismo Imperio Español e incluso los que surgieron en la Europa de entreguerras y que fueron aplastados por las armas con el estertor de la II Guerra Mundial.

Uno lucha a diario por ser consecuente con valores como los referenciados líneas atrás y por encender la llama de la Espiritualidad que anida en nuestro interior. Nuestros escritos reivindican esta visión del mundo y de la existencia y pretendemos que nuestra cotidianidad no la contradiga o la contradiga cada vez lo menos posible. Ni la lucha externa ni la interna se pueden permitir cuartel.

 

 

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Universidades_y_colegios_virreinales_en_Hispanoam%C3%A9rica

https://laamericaespanyola.wordpress.com/2016/10/10/universidades-en-la-america-espanola/

 



VISITA A LA IGLESIA DE SANT MARTÍ DEL CLOT (27-II-2020)
marzo 19, 2020, 12:20 pm
Filed under: Espiritualidad, Religiones

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VISITA A LA IGLESIA DE SANT MARTÍ DEL CLOT (27-II-2020)

 

“El arte sagrado ayuda al hombre a encontrar su propio centro, ese núcleo que ama a Dios por naturaleza.

La belleza de lo sagrado es un símbolo o una anticipación, y a veces un medio, del gozo que sólo Dios procura”.

FRITHJOF SCHUON

“Ahógate en esa nada y hallarás en ella sagrado asilo para cualquier tormenta”.

MIGUEL DE MOLINOS

Visita a la Iglesia del Clot -originariamente Sant Martí del Clot, en honor al legendario soldado-obispo de origen romano (1)-, otro bello edificio católico que sufrió los ataques y la ira de la chusma roja (fue incendiado y destruido) durante la Cruzada, en el año 1936 concretamente. El edificio religioso fue obra del arquitecto Pere Falqués, en siglo XIX. Acabada nuestra Cruzada se construyó el nuevo templo que hoy está en pie, de fachada clasicista y con tres arcos -símbolo de la Divina Trinidad- de medio punto en su entrada principal. El templo en cuestión se inauguró en los años 40; una fiebre sagrada reconstructiva de todo lo sacro y religioso acompañó a nuestra Patria tras la Revolución Nacional iniciada en aquella fecha sagrada que fue el 18 de Julio de 1936 (SEMPER FIDELIS!!!). El nacionalismo místico religioso del Estado del 18 de Julio fundado por el Genio Inmortal de Francisco Franco, desde el primer momento se comprometió no sólo a reconquistar nuestra sagrada Patria palmo a palmo, sino a reconstruirla de abajo arriba y de cabo a rabo. Este nuevo templo es hijo de aquella Cruzada Victoriosa y de aquella fascinante revolución totalitaria.

En la plazoleta que hay frente a la iglesia, se erige un bello monumento en memoria del gran Canónigo Francesc Rodó i Salas (1816-1902), obra de Frederic Marés. La escultura le representa junto a un niño, en una imagen que recuerda el incesante trabajo educativo del Canónigo quien había sido rector de la parroquia del Clot durante más de treinta años. Fue en ese largo tiempo cuando se ganó la estima de sus vecinos y feligreses, quienes agradecían su labor benéfica con los más desfavorecidos, obreros y niños fundamentalmente. Un concepto sagrado de la Justicia Social emanado del Evangelio caracterizó toda su vida, nada que ver con la basura marxistoide de los “curas obreros” que el satánico Concilio Vaticano II alumbró -o les preparó el camino-, y que a la larga nos convertiría en el desierto espiritual que hoy es Occidente.

La estatua inicial de 1919 era de bronce (desconocemos su autor), pero tampoco se libró del odio y del salvajismo de las hordas demoníacas. El monumento de hoy en día data de 1954, cuando la difícil situación económica de la ciudad empezaba a mostrar los primeros síntomas de mejora gracias a “la política firmemente social del Nuevo Estado, de fuerte sabor popular y de apretado verticalismo sindical” como dijera el gran José Luis de Arrese (2). Curiosamente el monumento a Rodó, había sido el primero de los muchos trabajos que Frederic Marés había realizado para Barcelona, quien por entonces ya se postulaba como uno de los artistas favoritos del Estado del 18 de Julio. La nueva escultura, con el mismo aspecto y la misma situación que la original, solo difería por el material en el que había sido construida: la piedra, mucho más barata que un bronce que escaseaba.

A continuación entramos en el interior del templo como siempre deleitándonos con las bellas imágenes, cuadros, estatuas, etc.; pero fue un fresco que había sobre un altar que se encuentra antes de llegar al Altar Mayor del templo el que más nos fascinó, en concreto se ubica en el margen izquierdo una vez entramos en el interior del templo por su puerta principal. En él nos muestra a un Cristo sobre la Cruz, pero un Cristo Victorioso y Triunfante, en Majestad, no doliente, sufriente y humillado como tanto gusta a la plebe y a los afeminados cuellotorcidos llevados por una vía devocional muy propia de la “Luz del Sur” -anti-apolínea y ginecocrática por definición-; imágenes por cierto muy típicas ya del Barroco y contrapuestas al Pantocrátor del arte medieval.

La palabras del alfabeto griego Alfa y Omega, el Principio y el Fin, sobre el madero horizontal de la Cruz. Cristo rodeado por una Legión de Santos, de Mártires y de Ángeles. Todo este conjunto sagrado sobre un fondo oscuro, negro como el azabache. El simbolismo de la Cueva y de la Edad Sombría (Kali-Yuga) se manifiestan en este fresco. La Cueva como Templo Primordial representando la oscuridad del caos presta a alumbrar al Hijo Divino. La Edad Sombría u Oscura cuyo final vendrá con la Segunda Venida de Cristo y su legión de Ángeles Vengadores; un holocausto de SANGRE y FUEGO (colores alquímicos que también lo son de nuestra Sagrada Bandera Patria) pondrán fin a esta Era Crepuscular y Demoníaca, un mundo ya terminal que se precipita por momentos a las profundidades del abismo infernal. Al lado del altar hay un bello retrato de Nuestra Señora la Virgen de Montserrat con la Montaña Sagrada de fondo. VISITA INTERIORA TERRAE RECTIFICANDO INVENIES OCCULTUM LAPIDEM (V.I.T.R.I.O.L.). Visita el interior de la Tierra y rectificando encontrarás la Piedra Oculta. Esa “Piedra Oculta” es la Santa Sabiduría, la Tradición Sapiencial, la Verdad, la Espiritualidad Primordial, es el verdadero Santo Grial…

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

(1) Lo religioso y lo militar, las dos formas más enteras y serias de entender la vida, como dijo José Antonio. España ha dado muchísimos ejemplos en tal sentido a lo largo de su sagrada Historia.

San Martín según la leyenda fue un guerrero romano que mientras patrullaba a lomos de su caballo mientras ejercía sus labores de vigilancia, encontró a un pobre mendigo tiritando y muerto de frío; conmovido por la escena que estaba presenciando decidió compartir parte de su capa con el pobre hombre rasgando la misma con su espada (nuevamente el simbolismo de la espada esta vez como restauradora del Orden y de la Justicia). Por la noche mientras dormía, en un sueño se le apareció Jesucristo con la parte de la capa que San Martín había dado al mendigo, siendo así como decidió finalmente abandonar el sagrado oficio de las armas y entregarse de lleno a la Buena Nueva, al Cristianismo que iba a inaugurar un nuevo Ciclo Heroico en Occidente tras el derrumbamiento de la Romanidad. Es así como inició una larga trayectoria que culminaría con su transformación en obispo de Tours (Francia). San Martin adquirió gran popularidad y acabó dando nombre a muchas poblaciones cristianas. Entre ellas al pueblo de Sant Martí de Provençals -la Calle del Clot fue durante mucho tiempo la calle principal de dicho pueblo-, hoy convertido en el populoso barrio de la gran metrópoli barcelonesa y cuya iglesia principal según también la leyenda fue visitada por el propio guerrero-obispo.

(2) José Luis de Arrese fue en dos ocasiones Ministro Secretario General del Movimiento (1941-45 y 1956-57), además de Ministro de la Vivienda (1957-60). Arquitecto de profesión y Vieja Guardia de la Falange Histórica, también fue escritor e ideólogo del Movimiento Nacional-sindicalista, y uno de los doctrinarios fundamentales del Estado del 18 de Julio, del denominado “primer franquismo” fundamentalmente. Tres Leyes Fundamentales del Régimen salieron -más o menos retocadas a posteriori- de su pluma: la Ley de Cortes (1942), el Fuero de los Españoles (1945) y la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (1958). También influyó en ciertos retoques que sufrió la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (1947) de la mano del propio Franco que tenía muy alta estima por el gran doctrinario falangista.

 



MARCHANDO POR LA “MONTAÑA DEL GRIAL” (2-5/II/2020)
febrero 23, 2020, 11:44 pm
Filed under: Espiritualidad, Joan Montcau, Tradición

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MARCHANDO POR LA “MONTAÑA DEL GRIAL” (2-5/II/2020)

 

“Se puede afirmar, por ejemplo, que el Grial es un “misterio” nórdico; pero tan sólo a condición de entender por “nórdico” a algo sumamente más profundo y más comprensivo que “alemán” o aún “indogermánico”, algo que en vez remita a la tradición hiperbórea, la cual hace una misma cosa con la misma tradición primordial del presente ciclo. En realidad, justamente desde esta tradición se pueden deducir todos los temas principales de las leyendas en cuestión”.

 

JULIUS EVOLA

 

Antes de entrar en materia, unas palabras sobre el simbolismo de la montaña que nos trae -Montserrat- a modo de introducción: Para algunos personajes representativos del Romanticismo y del Clasicismo alemán (von Humboldt, Goethe, Schiller, Wagner), Montserrat era identificada con la Montaña del Santo Grial, con el Montsalvat simbólico de la leyenda. Lo mismo ocurrió con el famoso Jefe de la Orden Negra SS del III Reich Heinrich Himmler, de ahí la visita que hizo personalmente a Montserrat en Octubre de 1940, en plena II Guerra Mundial con una Alemania en esos momentos victoriosa y triunfante, fascinado como estaba -como tantos otros en la Alemania Nacionalsocialista- con la herejía cátara y las elucubraciones de un Otto Rahn (1), una auténtica subversión -el catarismo y la herejía albigense- de tipo lunar y femenino-demoníaca en gran medida precursora del güelfismo y del protentantismo que acabaron demoliendo el fabuloso edificio de la Cristiandad Medieval y su Sacro Imperio (2).

 

Independientemente de que el Santo Grial fuera o no un objeto “histórico” o “físico” (más bien Metahistórico y Metafísico), el simbolismo del mismo entronca directamente con la Tradición Primordial; el Grial sería el depósito de la Sabiduría Divina, y su conquista o acceso a la misma equivaldría a la conquista del “Oro Filosofal” de la Tradición Hermética, a la Rubedo de la Alquimia: ESPIRITUALIZAR LA MATERIA, MATERIALIZAR EL ESPÍRITU. De ahí que hayan “varios” Griales y que hayan sido varios objetos identificados como tales. Independientemente de la localización geográfica o temporal del mismo, todos ellos se corresponden a una misma imagen o visión del mundo. Lo mismo podríamos decir de la Montaña Sagrada; todas las montañas en mayor o menor medida son una imagen del CENTRO DEL MUNDO (simbolismos de Verticalidad, Orden, Jerarquía, Totalidad, Ascensión). Así pues estamos ante dos “Símbolos Fundamentales de la Tradición Primordial y de la Ciencia Sagrada” (René Guénon): La Montaña y la Copa Sagrada. AXIS MUNDI (Eje del Mundo) y RECEPTÁCULO DE LA TRADICIÓN, simbolizando éste a la Cueva, lugar de nacimiento de los Héroes divinos y solares (Cristo, Mitra, Horus, Attis, Dionisio, Orfeo, Krishna), también la Cueva de las iniciaciones prehistóricas. La cueva o caverna al igual que la montaña, es un arquetipo universal directamente relacionado con un nuevo nacimiento (o “renacimiento”), el nacimiento espiritual aparte del puramente físico y corpóreo. El mismo altar de los templos e Iglesias cristianas simboliza también a la cueva o derivaciones de la misma: gruta, catacumba o cripta (recordemos por cierto la impresionante Cripta del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat que también visitamos)… Hechos unos cuantos apuntes simbólicos, a continuación entramos ya en las marchas y caminatas propiamente dichas…

 

Escogimos un albergue (albergue Abad Oliba) que hay cerca del Monasterio de Montserrat para una estancia de tres días con sus respectivas noches. Apenas nos llevamos comida puesto que lo fundamental en la estancia no era comer sino caminar, marchar, buscar; alejarse del “mundanal ruido” como decía nuestro gran poeta y místico del Siglo de Oro Fray Luis de León, e intentar alcanzar otros estados superiores de conciencia y decondicionarse en la medida de lo posible del mundo profano y profanador, empresa harto complicada y extremadamente difícil en estos tiempos nauseabundos que corren.

 

No relataremos de forma pormenorizada las rutas que llevamos a cabo los días 3, 4 y 5 de febrero, sino que haremos una descripción general de las mismas, como si hubiese sido realmente una gran marcha por etapas.

 

Llegamos a Montserrat el día 2, pero decidimos tomarlo como un día de descanso, relajación y meditación. Cuatro libros en el interior de nuestra mochila para leer e interiorizarlos: el Nuevo Testamento, “Manual del Jefe” de Corneliu Codreanu, “Diario de la Cárcel” también de Codreanu y “El Mito de Europa” de Adinolfi. Lectura de pasajes del Evangelio y del Manual de Jefe después de cenar y antes de acostarse, puesto que el día 3 comenzaba la Marcha.

 

El día 3 por la mañana hicimos una pequeña ruta por el bello pueblo de Monistrol, visitamos primeramente el Museo del Cremallera, instalado el mismo en la antigua estación hoy reconvertida en Museo. Posteriormente visionamos la Iglesia del pueblo (originariamente del S. X, estaba cerrada), de tipo renacentista. Fue destruida (para variar nuevamente…) durante la Cruzada por la chusma roja, reconstruida por el Estado del 18 de Julio tras Victoria de las Fuerzas Nacionales acaudilladas por el Generalísimo Francisco Franco. Recorrimos posteriormente la parte antigua del pueblo hasta llegar a la Ermita del Ángel (S. XVII), no sin antes pasar por el Paseo de la Canaleta, en el recorrido hay restos de muralla del Siglo XIV y un acueducto del XVI. Esa zona fue testigo de la Primera Guerra Carlista (1833-40), la primera gran Cruzada de la España contemporánea contra los Hijos de las Tinieblas (léase Liberalismo). Un poco más arriba y llegando ya a la plaza nos encontramos con el “Palau Prioral”, una construcción representativa del gótico civil catalán encargada por el Prior de la Abadía de Montserrat en el S. XIV.

 

Ya por la tarde recorrimos dos Vía Crucis, el de la “Santa Cova” y el “dels Degotalls”, prácticamente ambos en solitario puesto que al ser un día laborable y estar nublado no se vio prácticamente un alma más aparte de las nuestras, mejor que mejor… Entre ambos trayectos hicimos una pequeña visita a la Cripta del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat (también cerrada), así como al precioso, marcial y viril monumento que preside la plazoleta y que nos muestra a un guerrero carlista Caído en combate en actitud moribunda pero portando consigo la Sagrada Bandera. De vuelta al albergue una cena ligera y lectura del “Diario de la cárcel” de Codreanu y de unos pasajes del “Apocalipsis de San Juan”, muy necesario hoy interiorizar dicho texto sagrado en estos tiempos finales y crepusculares que estamos viviendo; seguidamente el sueño reparador. El día 4 se antojaba muy duro…

 

El día 4 hicimos dos rutas, la primera y de muy fuerte ascenso serpenteante -la Miranda de Fra Garí- y que nos encamina hacia una balconada con una fuerte pendiente y caída vertical, hay unas barandas de madera que permiten a uno asomarse sin riesgo de caídas; también hay un banco adosado a la pared pétrea en el que nos podemos sentar para disfrutar de las impresionantes vistas y echar algún que otro bocado. Dicho sendero está en un ramal del “Camino de San Miguel” a la derecha una vez nos adentramos por dicho camino iniciándolo desde la plaza, metros más arriba pasando por la estación del funicular de Sant Joan y muy cerca del camping (cerrado en invierno). Durante el trayecto y antes de coger el sendero ascendente, varias estatuas y esculturas de singular atractivo, pero lo que más nos atrajo fue un obelisco de la OJE colocado con motivo de una Marcha Mariana del año 1966; evidentemente el acrónimo OJE se ha borrado “misteriosamente” de la talla…

 

Una vez bajamos de Fra Garí emprendemos el camino hacia Sant Jeroni, el punto más alto de la montaña de Montserrat (1.237 m). En lugar de hacerlo desde el ya citado Camino de San Miguel, ya que más arriba estaba cortado como consecuencia de unos desprendimientos recientes, lo hacemos desde el Camino Viejo de Sant Jeroni, mucho más duro y costoso, cientos y cientos de escalones (más de 1000 según nos informan) median hasta el mirador de Sant Jeroni. El camino es agotador pero el premio final, las espectaculares panorámicas que se observan desde la cima y mirador de Sant Jeroni, hacen que haya valido la pena tanto esfuerzo. Podremos divisar los Pirineos, el Montseny, Collserola y Sant Llorenç de Munt con la ayuda de una Rosa de los Vientos gigante que hay en el centro del mirador circular. El trayecto de bajada lo haremos por el Camino Nuevo de Sant Jeroni que nos lleva primero al mirador de la “Serra de les Paparres”, seguidamente al “Pla de les Tarántules” (972 m), y ya muchos metros más abajo a la ermita de San Miguel primero y a la Cruz y mirador de San Miguel después.

 

Ya de vuelta al albergue después de un día tan agotador, una buena ducha y unas cuantas lecturas para finalizar la jornada. Terminamos de leer el “Diario de la cárcel” del gran Héroe y Mártir rumano. Es impresionante el idealismo, el fanatismo totalitario y la viril espiritualidad de aquel joven incomparable, y ello en unos momentos tan dantescos para él (fue salvajemente asesinado en 1938), para su Movimiento y para su Patria. Corneliu Zelea Codreanu Mártir del Genio Europeo PRESENTE!!! Después de las oraciones de rigor, el sueño reparador; mañana nos espera también una dura jornada y que cerrará el ciclo de los tres que nos habíamos fijado.

 

El día 5 es ya el día en el que finaliza nuestra estancia en la Montaña Sagrada, por ello decidimos emprender nuestro regreso descendiendo por la “Canal dels Matxos”, fuerte sendero descendente que nos lleva directos al pueblo de Monistrol. El camino en alguno de sus tramos está equipado con grapas y cables para facilitarnos así los correspondientes descensos. El uso de las manos se hace necesario en varios tramos de esta canal.

 

Una vez llegamos a un llano junto a la carretera, en una ladera se encuentra una Abadía de monjas benedictinas, el Monasterio de Sant Benet de Montserrat, el edificio actual fue construido en 1954, de tipo neorrománico, está situado en el municipio de Marganell, en una ladera de la montaña de Montserrat, cerca de la Colonia Puig, sobre un acantilado que domina el camino de Monistrol de Montserrat.

 

La Colonia Puig está frente al Monasterio pero en el otro lado de la carretera, se trata de un antiguo hotel de lujo abandonado desde finales de los 80 del pasado siglo, durante nuestra Cruzada se transformó en un hospital de sangre dependiente del Gobierno demomarxista de la criminal República judeomasónica, felizmente abatida y liquidada por el genio militar del Invicto Caudillo. Allí se acogían a militares republicanos y civiles gravemente heridos, la mayoría criminales y chusma fanatizada por el demonismo rojo-separatista. Finalizada la Cruzada y con la “alegría primaveral” (tal como reza el sagrado himno de la Falange) que acompañaría a la instauración del Nuevo Estado con la Victoria del sufragio de las armas nacionales, el hotel volvió a abrir sus puertas. Como todo edificio en estado ruinoso y con mucha historia detrás, también un halo de misterio acompaña al complejo arquitectónico hoy en estado ruinoso: ruidos, imágenes espectrales, psicofonías, eso según los testimonios de algunos chiflados que alucinan con cualquier extraña gilipollez que se presente ante sus ojos cortos de miras y sus averiados cerebros saturados de marihuana y escasos de neuronas….

 

Dos datos curiosos: queda constancia de un banquete que acogió dicho hotel en 1955 para celebrar el décimo aniversario de las motocicletas Montesa. El otro dato curioso es que en dichas estancias estuvo Alejandro Finisterre, poeta, inventor, editor y creador del futbolín, que resultó herido en Madrid y fue trasladado al hotel para acelerar su recuperación por los problemas respiratorios que arrastraba. Amante del deporte, pero gravemente afectado en sus piernas por las heridas de la guerra, observando además que los niños ingresados no tenían nada con lo que jugar, el Sr. Finisterre se alió con un carpintero de Monistrol para crear, en el mismo hotel, el primer futbolín español, sin duda uno de mejores inventos para la diversión de los chavales (y no tan chavales…), y hoy prácticamente desaparecido en esta infame y repulsiva sociedad afeminada e idiotizada hasta la náusea. Hoy parece un invento casi prehistórico en medio de tarados robotizados y sin alma. Finisterre se exilió tras la finalización de la Cruzada y cuando regresó a España ya en los años 60, cual sería su sorpresa cuando observó con sus propios ojos que su invento de antaño ahora era algo así como un “juego nacional” extendido por todo el territorio patrio. Curiosidades de la vida sin duda, y del destino…

 

Continuamos la marcha y es ahora cuando vienen los tramos más entretenidos del camino. Descensos en roca equipados con grapas y cableados varios como dijimos más arriba. Ya en Monistrol, concretamente en el bar de la parada del ferrocarril “Aeri de Montserrat”, a degustar una suculenta y deliciosa paella además de un buen vino, y después de vuelta al infierno urbanícola, ahora eso sí, con energías renovadas. SEMPER FIDELIS!!!

 

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

 

Joan Montcau

 

 

NOTAS:

 

(1) Evola en su “Misterio del Grial y la Tradición Gibelina del Imperio”(1937) despachó al Catarismo con unas cuantas palabras no muy benévolas: mezcla de Cristianismo de los orígenes (la visión de Evola del Cristianismo de los orígenes era nefasta), de maniqueísmo (ídem de lo mismo) y de Budismo degenerado. Para Evola los verdaderos detentadores de ese Grial simbólico no fueron los cátaros tal como afirmaba Otto Rhan, sino los templarios. Ambos movimientos encarnaban cosmovisiones y espiritualidades opuestas y antitéticas. El Catarismo sería una emanación de la Luz del Sur, telúrica, lunar, ginecocrática. El Templarismo sin embargo lo sería de la Luz del Norte, uránico-viril, aristocrática, solar. Así que la “Cruzada contra el Grial” de la que tanto hablaba Otto Rhan realmente fue la que se llevó a cabo y acabó con la Orden del Temple a principios del Siglo XIV, que supuso el triunfo del güelfismo a la corta o a la larga, y no la que acabó con la aberración cátara en el Siglo XIII tal como afirmaba ese pseudoespiritualista de pacotilla con pretensiones de convertirse en una especie de gurú de las SS (pese a tener sangre judía, por cierto…). Los dos libros que Otto Rahn dedicó al tema y que fueron una especie de “best-sellers” en la Alemania hitleriana, eran desde el punto de vista tradicional y metafísico pura basura. Hablamos de “La Cruzada contra el Grial” y de “La Corte de Lucifer” (dicen que Himmler los tuvo en muy alta estima…). No es de extrañar que hoy esos dos bodrios -junto con “El Mito del Siglo XX ” de A. Rosenberg, otro libelo antitradicional-, sean considerados hoy como auténticos “libros sagrados” por los modernos “neopaganos hitleristas” de baja estofa infectados como están de repugnante veganismo, de animalismo, de puro panteísmo naturalista y de anticristianismo primario. Parece ser que Himmler ordenó distribuir gratuitamente entre los oficiales de alta graduación de las SS ejemplares de esos libros y que el propio Himmler portaba un ejemplar de la Corte de Lucifer cuando visitó Montserrat.

 

(2) Frente a las afirmaciones de Otto Rahn de que entre los fundadores del Temple hubo según él algún cátaro, o de que los templarios se negaron a participar en la Cruzada contra los albigenses por cierta afinidad ideológica, doctrinal o espiritual con ellos, Ernesto Milá es categórico, la primera afirmación es total además de manifiestamente falsa, el Templarismo no tuvo absolutamente nada que ver con el Catarismo, eran como hemos dicho más arriba dos tipos de espiritualidad totalmente opuestas e irreconciliables. En cuanto a la segunda afirmación de Rahn es simplemente una verdad a medias, que a veces es muchísimo peor que una mentira; la verdad es que el Temple no actuó militarmente contra el Catarismo porque en la regla y estatutos de la Orden tenían prohibido luchar contra otros cristianos (aunque fueran herejes como es en este caso), PERO SÍ la apoyaron logísticamente. Aconsejamos la lectura a este respecto del libro “Guía de Los Cátaros: Ruta Herética de España, Francia y Andorra”, de Ernesto Milá.

 



RUTA TOTALITARIA POR LA “OTRA BARCELONA” (11-I-2020).
febrero 9, 2020, 3:33 pm
Filed under: Espiritualidad, Julius Evola, Tradición

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RUTA TOTALITARIA POR LA “OTRA BARCELONA” (11-I-2020).

 

“Veo mi camino, pero no sé adónde conduce. Es no saber adónde voy lo que me inspira para recorrerlo”.

 

Rosalía de Castro

 

Gran jornada la del sábado 11 de Enero. Ruta por los alrededores de la catedral de Barcelona, admirando su rico simbolismo, sus estatuas y monumentos, escudos, etc. Se visitó también el precioso Belén ubicado en el Museu Marès y de corte totalmente tradicional, nada que ver con la basura satánica que la endemoniada y tortilleril verruga con patas (la “alcaldesa” de la Barcelona putrefacta) instaló en la Plaza de San Jaime, un verdadero y diabólico insulto a los barceloneses de bien (cada vez menos a medida que el Mal avanza) y a la Catolicidad. Otra manifestación más a imagen microcósmico de la eterna lucha entre las Fuerzas de la Luz y las de la Tinieblas en el plano macrocósmico.

Entre todas las leyendas fundacionales de nuestra ciudad, tal como nos relató magistralmente nuestro guía totalitario J.G., seguramente la que mejor ha llegado hasta nuestros días es la que atribuye la fundación de Barcelona a Hércules, el Héroe divino y solar de la Tradición Romana. Sin duda esta es la que más casa con nuestra Weltanschauung (Visión de Mundo) uránica y “nórdica”: la barca que se extravía, la nona, es en la que se encuentra el propio Héroe y la expedición de la cual formaba parte ésta en principio no era para fundar una nueva ciudad, si no que esta no era otra que la de Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. Hércules, tras embarrancar dicha barca en la costa, ascendió a la cima del Monte de Júpiter (el actual Montjuic) y se quedó maravillado de dicha colina y valles que la rodeaban, es entonces cuando decidió fundar una ciudad bautizándola como Barcanona, la barca novena y de aquí el nombre de Barcelona. De hecho muy cerca del actual cementerio de la Montaña Sagrada están los restos de un misterioso asentamiento, y en el mismo hay una gran roca con una inscultura o cazoleta conocida tradicionalmente como “El Altar de Hércules”…

Sea como sea, la popularidad de Hércules sigue siendo tal que aún hoy se pueden observar en las calles de la ciudad numerosas esculturas y fuentes, así como la existencia de una calle que lleva su nombre en el corazón de la ciudad. Esta popularidad no le debe de hacer mucha gracia a otro personaje que durante siglos compitió por ser el fundador de Barcelona, Aníbal Barca. Aquí estamos nuevamente ante un tema de “elección de tradiciones” como dijo Julius Evola en su inmortal obra “Los Hombres y Las Ruinas”: según la Tradición prototípica que se escoja como cosmovisión, así será el alma y la personalidad de un pueblo, sociedad o Estado determinados: mientras el mito “herculiano” es de carácter solar, ascético-guerrero, antidemocrático y aristocrático; el mito “anibaliano” (válgase la expresión) sería su antítesis, es decir lunar, ginecocrático, femenino-demoníaco y telúrico. La Luz del Norte contra la Luz del Sur, dos tipos de espiritualidad total e irreconciliablemente opuestas y antitéticas. La Aristocracia Sacral emanada de la Tradición Primordial en toda su pureza, y la promiscuidad materialista y panteísta antesala de la superstición progresista, igualitaria y democrática, la Modernidad en definitiva. La elección de la Hermandad Totalitaria está muy clara pues…

Finalmente visita al Museo de Historia de la ciudad, un viaje simbólico por la Barcelona ancestral, mítica y legendaria, la Barcelona anterior a la llegada del demonismo y de la peste modernista, progresista y democrática. La Barcelona layetana, la romana, la visigótica y la medieval, sucesión de tradiciones igualmente viriles y heroicas. Vale la pena visitar dicho Museo, una estancia que se nos antojó corta, todo ello en familia y con un guía de lujo. Para los más pequeños se efectuó una gincana cultural, aunque como suele ser costumbre en este tipo de eventos, los más mayores disfrutaron tanto o más que sus hijos, no faltando alguna que otra “trampa” para poder alzarse con la victoria final… Y es que el alma totalitaria no está exenta a veces de ese aire entre juvenil y pícaro que caracteriza a nuestra cosmovisión antidemocrática del mundo que hoy se bate casi en retirada ante el avance de las ruinas y de las tinieblas de la Edad Más Oscura. SEMPER FIDELIS!!!

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

 



PRÓLOGO A “LOS PROTOCOLOS DEL SACRO IMPERIO”

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   PRÓLOGO A “LOS PROTOCOLOS DEL SACRO IMPERIO”

 

Nos resulta tarea inaplazable la de sentar las bases de un proyecto de Europa que supere, hasta en sus más nimios supuestos, el conglomerado agónico y servil en que se ha convertido buena parte de nuestro continente y en el que se han, asimismo, sumido, esas tierras extraeuropeas habitadas por gentes de matriz indoeuropea. Por ello encontramos, además de muy acertado en sus planteamientos, muy oportuna la elaboración de estos Protocolos.

En su elaboración se han tocado, a nuestro parecer, todas las teclas que se debían de tocar: desde las bases socio-políticas en que deberá asentarse esa nueva Europa, que no soslaya cuál será su organización territorial-administrativa, pasando por la geoestrategia que deberá hacer propia, continuando por hasta cuál será la heráldica que deberá representarlo y acabando por tratar la que deberá ser su posición en el tema de la Trascendencia.

Compartimos el espíritu, la letra y el contenido de estos Protocolos y nos adherimos a ellos en todos los ámbitos tratados. Y como no se trata de resultar reiterativos con respecto a lo desarrollado en los mismos nos hemos hecho el propósito de centrarnos, especialmente, en una cuestión: la Espiritual. Y lo hemos decidido así por considerar ésta como la basilar si es que uno pretende plantearse una regeneración sustancial, real y digna de ser considerada como algo más que un simple parche puesto al estado paupérrimo y desolador en el que halla subsumida la gens europoide y al estado degradado de todas sus (en ocasiones no tan suyas) creaciones políticas, jurídicas, sociales, económicas, “culturales”,…

Hemos de tener siempre bien diáfana la idea de que toda institución, estructura y/u organización política, jurídica, social, económica y toda deriva cultural son siempre la consecuencia de una determinada manera de contemplar, entender, percibir y vivir la existencia. Son siempre el fruto de una determinada visión del mundo y de la vida. Son, en definitiva, el producto de una cosmovisión concreta. Pueden ser la consecuencia (tal cual acontece en estos destartalados, desangelados e inorgánicos tiempos agónicos y terminales por los que estamos transitando) de atisbar, sentir y vivir la existencia bajo supuestos de corte positivista, utilitarista, reduccionista, relativista y materialista o, por el contrario, pueden ser el reflejo de una concepción Superior del hombre y de la existencia, que no se ve -por tanto- amputada en su dimensión Trascendente y que postula valores eternos e inmutables.

Si la Europa desnortada, atribulada y alienante que pretendemos subvertir es la del triunfo de la Materia no queda otra que alzar la bandera del Espíritu para voltearla íntegramente. Ninguna alternativa que no contemple al hombre como portador no sólo de un compuesto psíquico-físico sino también de una dimensión Trascendente no debemos considerarla como auténtica e integral alternativa sino como parcheamiento que no hará más que alargar la situación decrépita y crepuscular que estamos padeciendo pero que en ningún caso habrá dado con las claves que explican el porqué del estado de decadencia y postración coetáneos. Podemos, labor titánica por otro lado, conseguir cambiar el actual armatoste político por otro que nos resulte orgánico, jerárquico y antiigualitarista. Podemos, aunque de conseguirse resultaría admirable, reemplazar las relaciones y los engranajes sociales actuales basados en criterios económicos por otros de índole comunitario y gremial-corporativo. Podemos, asimismo, sustituir el sistema capitalista-financiero por otro basado en el trabajo y la producción y no en la usura y en la especulación. Podemos, en definitiva, llevar a cabo una revolución en estos tres órdenes (político, económico, social), pero ésta acabará languideciendo debido a que nunca habrá traspasado el dominio de lo material y del plano mundano de la existencia. Al no estar anclada en una cosmovisión metafísica de la vida y de la existencia la revolución irá deshaciéndose como un terrón de azúcar en un vaso de agua, pues el hombre que la habrá hecho triunfar, el hombre que (por la lucha de otros) de ella se beneficie o el hombre que herede sus frutos no vivirá cada cotidiano actuar suyo como una especie de rito que lo aúne con lo Superior y Sacro, pues la revolución no habrá partido de premisas Espirituales, sino que su adhesión a los logros de la Revolución sólo partirá de su voluntad y ésta puede variar como lo hace aquella voluble psique autónoma que no está subordinada a una dimensión Superior a ella cual es la del Espíritu. El Espíritu es permanente, eterno e inmutable y, por ello, el alma-psique supeditada a aquél está informada por valores permanente y no fluctuantes. Y permanentes y no fluctuantes será la voluntad que en ella anide, así como la adhesión y la fidelidad a los principios de la revolución. Una mente autónoma, sin cordón umbilical que la une al Espíritu, irá cayendo, con mayor o menor celeridad, en la inercia del egoísmo, del individualismo y del consumismo y estos “ismos” acabarán dando al traste con aquel tipo de ordenamiento social orgánico y comunitario conquistado por la Revolución incompleta que se olvidó del plano de lo Trascendente, y acabarán desembocando, de nuevo, en un sistema capitalista que se alimenta de ellos (de los dichos “ismos”).

Debe quedar, pues, claro que tanto en el Hombre nuevo que sea el propio de ese Sacro Imperio como en la concepción, vertebración y constitución de este último se debe establecer una jerarquización irrenunciable que tiene en su cúspide al Espíritu, por debajo de éste al alma-psique o mente en el hombre y al elemento cultural en el Imperio y en el plano inferior el cuerpo en el ser humano y la organización económica y social en el dicho Imperio.

 

Tras haber repasado estas premisas creemos llegado el momento de relacionarlas con lo redactado en estos Protocolos a los que se nos ha concedido el privilegio de prologar.

 

Así, en el Protocolo I, titulado “Proclama para el despertar de Europa”, se realiza la siguiente declaración de principios …opinamos que la misma representa la clave de bóveda de cualquier ulterior desarrollo y/o enumeración de principios:

“Nosotros somos herederos de una Idea perenne y multisecular que trasciende los tiempos”.

No puede, por menos, que venirnos a la mente aquel aserto que Julius Evola incluía en el capítulo VIII de “Orientaciones” cuando afirmaba que “es en la Idea donde debe ser reconocida nuestra verdadera patria.”

Con ello debe expresarse la asunción de que todo ordenamiento humano y todo discurrir en este mundo debe asentarse siempre en la certidumbre de la existencia de un Principio Supremo (la Idea) eterno e inmutable que se halla en el origen de todo el mundo manifestado y en la certidumbre de que el cosmos que de dicho Principio emana se halla constituido y compenetrado por unas fuerzas sutiles y sacras (macrocosmos) que lo vertebran y armonizan y que cualquier construcción política aquí abajo (en el microcosmos) debe ser fiel reflejo del orden (el Ordo del que se hablaba en el Medievo o el Rita del hinduismo) que rige allá en lo alto (en el macrocosmos), por lo cual el Imperium debe ser considerado, desde la óptica de la Tradición, como la forma más fidedigna de implantar, en el plano terrenal, el Orden de los mundos celestes. Un tal Imperium, así, debe recibir el atributo de Sacro.

Así mismo comentábamos que todo discurrir en este mundo debe asentarse siempre en la certidumbre de la existencia del mencionado Principio Supremo, por lo cual el hombre debe ritualizar y sacralizar todo acaecer de su cotidianidad ya que su accionar debe estar en consonancia y en sintonía con el equilibrio y la armonía que rigen lo Alto.

Por igual motivo se deben sacralizar todo tipo de celebraciones (estacionales, agrícolas,…), pues son recuerdo y recreación de los tempos de formación del mundo manifestado y de los ritmos cósmicos. La ritualización de esas celebraciones contribuye a la armonía, al equilibrio y a la interconexión de todo el entramado cósmico.

Volviendo al concepto de la Idea reseñado en este primer Protocolo escribíamos en cierta ocasión, con el propósito de aunarlo con la institución del Imperium, que “la Idea (en el sentido Trascendente) sería el eje alrededor del cual giraría todo un entramado armónico. Una Idea que a lo largo de la historia de la humanidad ha ido revistiéndose de diferentes maneras. Una Idea que -rastreando la historia- toma, por ejemplo, cuerpo en lo que simbolizaba la antigua Roma. Y Roma representará a dicha Idea de forma muy fidedigna. La Idea encarnada por Roma aglutinará a su alrededor multitud de pueblos diversos que, conservando sus especificidades, participarán de un proyecto común e irán dando cuerpo a este concepto de orden en el microcosmos que representa la Tierra. Estos pueblos dejarán de remar aisladamente y hacia rumbos opuestos para, por contra, dirigir sus andaduras hacia la misma dirección: la dirección que oteará el engrandecimiento de Roma y, en consecuencia, de la Idea por ella representada. De esta manera Roma se convertirá en una especie de microcosmos sagrado en el que las diferentes fuerzas que lo componen actuarán de manera armoniosa al socaire del prestigio representado por su carácter sacro (por el carácter sacro de Roma). Así, el grito del Roma Vincis coreado en las batallas será proferido por los legionarios con el pensamiento puesto en la victoria de las fuerzas de lo Alto; de aquellas fuerzas que han hecho posible que a su alrededor se hayan unido y ordenado todos los pueblos que forman el mundo romano, como atraídos por ellas cual si de un imán se tratase.” (1)

Como sea que en nuestra cita se ha hecho directa alusión a la antigua Roma como buen paradigma de esta idea sacra imperial no estará por menos, con el objeto de ir afinando y perfilando mejor pormenores de esta concretización histórica del Imperium, que acabemos reproduciendo otros desarrollos que de ello hicimos:

“Roma aparece, se constituye y se desarrolla en el seno de lo que multitud de textos Tradicionales definieron como Edad de Hierro, Edad del Lobo o Kali-yuga. Edad caracterizada por el mayor grado de caída espiritual posible al que pueda arribar el hombre: por el mayor nivel de oscurecimiento de la Realidad Trascendente. Roma representa un intento heroico y solar por restablecer la Edad Áurea en una época nada propicia para ello. Roma nada contracorriente de los tiempos de dominio de lo bajo que son propios de la Edad de Hierro. Es por ello que, tras el transcurrir de su andadura histórica, cada vez le resultará más difícil que la generalidad de sus ciudadanos sea capaz de percibir su esencia y la razón metafísica de su existencia (las de Roma). Por ello -para facilitar estas percepciones sacras- tendrá que encarnarlas en la figura del Emperador; el carácter sagrado del cual -como sublimación de la naturaleza sacra de Roma- ayudará al hombre romano a no olvidar cuál es la esencia de la romanidad: la del Hecho Trascendente. Una esencia que conlleva a la sacralización -a través de ritos y ceremonias- de cualquier aspecto de la vida cotidiana, de cualquier quehacer y, a nivel estatal, de las instituciones romanas y hasta de todo el ejercicio de su política.

Con la aparición de la figura del Emperador Roma traspasa el umbral que separa su etapa republicana de la imperial. Este cambio fue, como ya se ha señalado, necesario, pero ya antes de dicho cambio (en el período de la República) Roma representaba la idea de Imperium, por cuanto la principal connotación que, desde el punto de vista Tradicional, reviste este término es de carácter Trascendente y la definición que del mismo podría realizarse sería la de una unidad de gentes alrededor de un ideal sacro. Por todo lo cual, tanto la República como el Imperio romanos quedan incluidos dentro de la noción que la Tradición le ha dado al vocablo Imperium.

Así las cosas la figura del Emperador no podía no estar impregnada de un carácter sagrado que la colocase al nivel de lo divino. Por esto, el César o Emperador estuvo siempre considerado como un dios que, debido a su papel en la cúspide piramidal del Imperio, ejercía la función de ´puente´ o nexo de unión entre los dioses y los hombres. Este papel de ´puente´ entre lo divino y lo humano se hace más nítido si se detiene uno a observar cuál era uno de los atributos o títulos que atesoraba: el de Pontifex; cuya etimología se concreta en ´el hacedor de puentes´. De esta manera el común de los romanos acortaba distancias con un mundo del Espíritu al que ahora veía más cercano en la persona del Emperador y al que, hasta el momento de la irrupción de la misma -de la figura del Emperador-, empezaba a ver cada vez más alejado de sí: empezaba a verlo más difuso debido al proceso de caída al que lo había ido arrastrando el deletéreo kali-yuga por el que transitaba.

Los atributos divinos del Emperador respondían, por otro lado, al logro interno que la persona que encarnaba dicha función había experimentado. Respondían a la realidad de que dicha persona había transmutado su íntima naturaleza gracias a un metódico y arduo trabajo interior que se conoce con el nombre de Iniciación. Este proceso puede llevar (si así lo permiten las actitudes y aptitudes del sujeto que se adentra en su recorrido) desde el camino del desapego o descondicionamiento con respecto a todo aquello que mediatiza y esclaviza al hombre, hasta el Conocimiento de la Realidad que se halla más allá del mundo manifestado (o Cosmos) y la Identificación del Iniciado con dicha Realidad. Son bastantes los casos, que se conocen, de emperadores de la Roma antigua que fueron Iniciados en algunos de los diferentes Misterios que en ella prevalecían: de Eleusis, mitraicos,… Así podríamos citar a un Octavio Augusto, a un Tiberio, a un Marco Aurelio o a un Juliano.
La transustanciación interna que habían experimentado se reflejaba no sólo en las cualidades del alma potenciadas o conseguidas sino también en el mismo aspecto externo: el rostro era fiel expresión de esa templanza, de ese autodominio y de ese equilibrio que habían obtenido y/o desarrollado. Así, el rostro exhumaba gravitas y toda la compostura del emperador desprendía una majestuosidad que lo revestían de un hálito carismático capaz de aglutinar entorno suyo a todo el entramado social que conformaba el orbe romano. Asimismo, el aura espiritual que lo impregnaba hacía posible que el común de los ciudadanos del Imperio se sintiese cerca de lo divino. Esa mayoría de gentes, que no tenía las cualidades innatas necesarias para emprender las vías iniciáticas que podían hacer posible la Visión de lo metafísico, se tenía que conformar con la contemplación de la manifestación de lo Trascendente más próxima y visible que tenían a su alcance, que no era otra que aquélla representada por la figura del Emperador. El servicio, la lealtad y la fides de esas gentes hacia el Emperador las acercaba al mundo del Espíritu en un modo que la Tradición ha definido como de ´por participación´.” (2)

 

Este recorrido y análisis por la Roma antigua debe ser completado y compenetrado por otro. Así, la concretización histórica del Imperium se podrá cotejar en más de un caso y ayudará a tener un conocimiento más completo acerca de cuáles pueden ser los ejes y los modelos que contribuyan a que el Sacro Imperio perseguido por estos Protocolos sea concebido y entendido de la manera más fidedigna posible. Por estos motivos no vamos a privarnos de recordar lo que en su día expusimos acerca del Sacro Imperio Romano Germánico que floreció en la Edad Media y que “que nació con la vocación de reeditar al fenecido, siglos antes, Imperio Romano y convertirse en su legítimo continuador” (no en vano se apela, en el artículo 15º del Capítulo II del Protocolo II, al “milenario anhelo de unidad, nacido ya con el Sacro Imperio medieval”):

“El título de ´Sacro´ ya nos dice mucho acerca de su fundamento principal. También, en la misma línea, es clarificador el hecho de que el emperador se erigiera en cabeza de la Iglesia; unificando además, de esta manera, en su cargo las atribuciones o funciones política y espiritual.

De esta guisa el carisma que le confiere su autoridad espiritual (amén de la política) concita que a su alrededor se vayan uniendo reinos y principados que irán conformando esta idea de un Orden, dentro de la Cristiandad, que será el equivalente del Orden y la armonía que rigen en el mundo celestial y que aquí, en la Tierra, será representado por el Imperium.

La legitimidad que su carácter sagrado le confiere, al Sacro Imperio Romano Germánico, es rápidamente reconocida por órdenes religioso-militares que, como es el caso de la del Temple, son dirigidas por una jerarquía (visible u oculta) que conoce de la Iniciación como camino a seguir para experimentar el ´Segundo Nacimiento´, o palingénesis, que no es otro que el nacimiento al mundo del Espíritu. Jerarquía, por tanto, que tiene la aptitud necesaria para poder reconocer dónde se halla representada la verdadera legitimidad en la esfera espiritual: para reconocer que ella se halla representada en la figura del emperador; esto sin soslayar que la jerarquía templaria defiende la necesidad de la unión del principio espiritual y la vía de la acción –la vía guerrera- (complementariedad connatural a toda orden religioso-militar) y no puede por menos que reconocer esta unión en la figura de un emperador que aúna su función espiritual con la político-militar.

Para comprender aún mejor el sentido Superior o sagrado que revistió el Sacro Imperio Romano Germánico se puede reflexionar acerca de la repercusión que tuvo el ciclo del Santo Grial en los momentos de mayor auge y consolidación de dicho Imperio. Una repercusión que no debe sorprender a nadie si nos atenemos a los importantes trazos iniciáticos que recorren la saga griálica y a cómo se aúnan en ella lo guerrero y lo sacro en las figuras de unos caballeros que consagran sus vidas a la búsqueda de una autorrealización espiritual simbolizada en el afán mantenido por hallar el Grial” (3)

En el Artículo 3º del Capítulo I del Protocolo V se nos recuerda que “El Sacro Imperio se mantuvo como entidad predominante en Europa durante mil años hasta que en 1806 fue disuelto por Napoleón contra toda legitimidad.” (4)

 

En el Protocolo I se explica que “la Idea no es propiedad de ningún régimen político sino de una Fuerza independiente del tiempo”. Y no se piense que se habla en abstracto, que se lanzan ocurrentes sentencias para rodear esta obra de cierto halo dilettante. No es así. Esa Fuerza no es otra que la que hace de la Tradición algo vivo y cargado de un sentido Superior. Es por ello que en el Protocolo VI, dedicado a “Religión y Espiritualidad”, se propugna una “religiosidad que contempla el Mundo como expresión de una Fuerza sagrada, de un Espíritu que es increado, absoluto y eterno, de un Dios Incognoscible al cual veneramos sin temor pero con respeto.”

Así, Julius Evola nos legó esta definición: “En su significado verdadero y vivo, Tradición no es un supino conformismo a todo lo que ha sido, o una inerte persistencia del pasado en el presente. La Tradición es, en su esencia, algo metahistórico y, al mismo tiempo, dinámico: es una fuerza general ordenadora en función de principios poseedores del carisma de una legitimidad superior -si se quiere, puede decirse también: de principios de lo alto-, fuerza que actúa a lo largo de generaciones, en continuidad de espíritu y de inspiración, a través de instituciones, leyes, ordenamientos que pueden también presentar una notable variedad y diversidad”. (5)

¿Y de dónde proviene esta Fuerza? Pues de lo Alto. Entiéndase, pues, que “las esencias del Mundo Tradicional emanan de de lo Alto; de lo que eleva al Hombre y lo transforma realmente por dentro, liberándolo de las ataduras y condicionamientos que más lo esclavizan: pasiones, egos engordados, impulsos incontrolados, pulsiones incontrolables, sentimentalismos turbadores del ánimo, bajos instintos,… Una alternativa auténtica al materialismo (verdadero meollo del Sistema) no puede pensarse si no es en base a una cosmovisión de corte metafísico; esto es, Tradicional.” (6)

Nos ha parecido muy acertada esa fórmula que, en el Protocolo I, habla de “Hombres contra el tiempo”, porque de ella se extraen múltiples enseñanzas, como la de que ese Hombre va ineludiblemente ligado a las Civilizaciones del Ser y no a las Civilizaciones del Devenir. El Sacro Imperio es el Imperio del Ser. Es el Imperio penetrado hasta el tuétano por la Luz del Espíritu. Es el Imperio asentado en lo Inmutable, Eterno e Imperecedero. Es el Imperio que insufla valores eternos a todos los que forman parte de él. Las Civilizaciones del Devenir, por el contrario, se sustentan en la perecedera materia, en los cambiantes impulsos de la psique y en los arrebatos pasajeros …son, pues, civilizaciones inestables que aunque parezcan todopoderosas, por lo asfixiantes y represivas que resultan, no son más que gigantes con pies de barro.

De esa fórmula también se extraen enseñanzas como la de que son Hombres Integrales los que emergerán al albor del Sacro Imperio. Son Hombres que serán señores de sí mismos y que enarbolarán valores tales como el de la lealtad, la fidelidad, el espíritu de servicio y sacrificio, el heroísmo, el equilibrio interior, la gravedad (tal como, p. ej., entendían la gravitas los antiguos romanos), la derechura interna, el honor o, más aún, el pundonor.  Finiquitarán, pues, esos hombres esclavos de sus pasiones desaforadas, de sus impulsos exacerbados, de sus emociones incontroladas y de sus bajos instintos. Se acabarán esos hombres vulgares, propios de los tiempos crepusculares en los que nos agitamos vermicularmente, carentes de personalidad y que se mueven por los innumerables estímulos externos a que son sometidos y que los convierten en presa fácil del más alienante consumismo, del más obsesivo pansexualismo y del más monstruoso materialismo. Ese hombre fugaz y variable ya no encontrará lugar alguno en el seno del Sacro Imperio.

A ese hombre fugaz lo pretendimos situar y definir cuando, hace un tiempo, comentábamos que “si la Edad de Oro equivale al Mundo de la Tradición Primordial y puede ser calificada como la Edad del Ser y de la Estabilidad (de ahí su mayor duración) las restantes edades comportan la irrupción de un mundo moderno que puede, a su vez, ser denominado como mundo del devenir y del cambio (de ahí la cada vez menor duración de sus sucesivas edades). En verdad, no en balde, se puede constatar que en los últimos 50 años la vida y las costumbres han cambiado mucho más de lo que habían cambiado en los 500 años anteriores. Los traumáticos conflictos generacionales que se sufren, hoy en día, entre padres e hijos no se habían dado nunca en épocas anteriores (al menos con esta intensidad) debido a que los cambios en gustos, aficiones, hábitos y costumbres se sucedían con más lentitud. Los cambios bruscos, frenéticos y continuos propios de nuestros tiempos han dado lugar a lo que Evola definió como ‘el hombre fugaz’. Hombre fugaz que es el propio de la fase crepuscular por la que atraviesa la presente Edad de Hierro, caracterizada (esta fase) no ya por la hegemonía del Tercer ni del Cuarto Estado o casta (léase burguesía y proletariado) sino por la del que, con sagacidad premonitaria, Evola había previsto, pese a no haber vivido, como preponderancia del Quinto Estado o del financiero o especulador propio del presente mundo globalizado, gregario y sin referentes de ningún tipo. Este sujeto hegemónico en el Quinto Estado equivaldría al paria de las sociedades hindúes que no es más que aquél que ha sido infiel, innoble y disgresor para con su casta y ha sido expulsado del Sistema de Castas para convertirse en alguien descastado y sin tradición ni referentes. El hombre fugaz no se siente jamás satisfecho, vive en continua inquietud y convulsión. Su vacío existencial es inmenso y nada le llena. Intenta distraer dicho vacío con superficialidades, por ello su principal objetivo es poseer, tener y consumir compulsivamente. Cuando consigue poseer algo enseguida se siente insatisfecho porque ansía poseer otra cosa diferente, de más valor económico o de mayor apariencia para así poder impresionar a los demás. Y es que el mundo moderno es el mundo del tener y aparentar, en oposición del Mundo Tradicional que lo es del Ser. Este hombre fugaz se mueve por el ‘aquí y ahora’, pues lo que desea lo desea inmediatamente, no puede esperar. Su agitación no le permite pensar en el mañana.” (7)

Es ante este despojo, cual es el hombre fugaz, ante el que se erige el Hombre Integral. Ese hombre que es capaz de gobernarse a sí mismo porque no depende de los inputs que le pretenden inocular desde afuera. Ese hombre que es consciente, tal como se afirma en el Protocolo I, de que “nuestra fuerza creadora reposa en nosotros y que de nosotros depende dominar la vida” …y no ser dominados por ella.

 

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En la conclusión del primer Protocolo se nos recuerda esa sentencia vertida por Nietzsche (8) que rezaba así: “Mirémonos de frente: Somos hiperbóreos”.  Y es que resulta esencial ser conscientes de que nuestro Sacro Imperio no será nunca un imperio cosmopolita ni mundialista sino un Imperio cimentado en un hombre concreto, el hombre descendiente de los indoeuropeos de antaño. De los indoeuropeos que vivieron acorde a los parámetros propios del Mundo de la Tradición y que eran portadores de una manera determinada de concebir el Hecho Trascendente que en poco o nada se asemejaba a la que sostenían (y sostienen) otros grupos antropológicos para los cuales no vemos propio el tipo de Imperio Sacro objeto de nuestro estudio y objeto del proyecto presentado en el trabajo que estamos teniendo a bien prologar.

No se trata, en consecuencia, de aspirar a edificar un Imperio sobre una basa inconcreta. No se trata de construir un Imperio sobre el hombre abstracto que el liberal-individualismo ha excretado. No sobre un hombre vaciado de contenido, sin identidad ni referentes. No sobre un hombre intercambiable por cualquier otro del Planeta. No sobre un individuo atomizado sino sobre un hombre concreto, con cara y ojos. Así, leemos en el artículo 14º del Capítulo II del 2º Protocolo que “el Sacro Imperio (…) busca integrar a los pueblos europeos en un solo concepto sagrado sobre la base de la Tradición ancestral y de la identidad étnica.”

Los indoeuropeos de antaño eran, a su vez, los descendientes de los hiperbóreos (o pueblos boreales) aludidos por Nietzsche.

Para una óptima comprensión, de parte del lector, de este origen hiperbóreo de las gentes indoeuropeas no creemos que esté de más el reproducir algunos fragmentos de nuestro “Prólogo a Rivolta contro il mondo moderno”, tales como los que siguen:

“El mito y las tradiciones y textos sacros nos hablan de un cataclismo, en forma de inhóspita glaciación, que asoló de manera especialmente cruda las latitudes septentrionales de la Tierra. Se trataría del final del benigno -climáticamente hablando- período interglacial propio del geológico pleistoceno. Dichos textos correlacionan -y hacen derivar- esa catástrofe con una caída espiritual de nivel que se habría, pues, reflejado, exteriormente, en la irrupción de esas terribles heladas. Como consecuencia de ellas los hombres boreales hubieron de abandonar su hogar circumpolar y desplazarse hacia el sur, estableciéndose en tierras del norte de Europa y, posteriormente (una vez ya finiquitado el pleistoceno y, por tanto, discurriendo el holoceno -la etapa geológica postglacial por la que, a día de hoy, seguimos transitando) descendiendo hacia el centro de la Península Escandinava, dando, entonces, origen al urheimat -o lugar originario-indoeuropeo. A partir de este momento ya sí se puede hablar de este tronco antropológico y de su correspondiente lengua (el indoeuropeo originario). Este pueblo se desplaza algo más hacia el sur de la actual Suecia dando forma, ya en el llamado Neolítico, a la cultura de Ertebolle-Ellenberck, que es considerada como la vagina gentum de los pueblos indoeuropeos, esto es, la cultura y el enclave a partir de los cuales estos pueblos se irán diversificando y desplazando hacia destinos geográficos diversos. Así, también hacia el sur de la actual Suecia florecería la ‘cultura de los vasos de embudo’, para posteriormente, continuando con estos flujos de poblaciones indoeuropeas, constituirse -hacia zonas no alejadas del Mar del Norte y, sobre todo, del mar Báltico- la ‘cultura de los vasos globulares’ y, tras ésta, la de la ‘cerámica cordada’; también conocida como la del ‘hacha de doble filo’. Siguiendo, desde su original enclave escandinavo, esa diagonal de la que nos habla Evola llegan a tierras de la actual Ucrania y, aquí, aparece la ‘cultura de los Kurganes’ o de los ‘túmulos’ (por ser en lo alto de éstos donde se depositaban en urnas las cenizas de los fallecidos). Posteriormente arribarán donde hoy en día se halla Irán y se constituirá la cultura irania, de cuya concepción del Hecho Trascendente representa insuperable testimonio su libro sagrado: el Avesta; del cual ya mencionamos su descripción estacional, fenomenológica y/o climática del hogar en el que se vivió la Edad de Oro y que no pudo ser otro que el polar y circumpolar de nuestro planeta …certidumbre que también se corrobora en los Vedas de esa India que igualmente alcanzaron después las gentes indoeuropeas; o, ya allí, indoarias.

El por algunos denominado como ‘el último gibelino’ -Evola- nos sigue explicando que desde aquellas tierras del norte de Europa, desde las que tuvo lugar este movimiento migratorio en diagonal que llega hasta la India, también acaeció, con posterioridad, un segundo flujo en dirección norte-sur encarnado en los aqueos y dorios que encontramos en los orígenes de la civilización griega o en los latinos que fundaron Roma. Asimismo nos habla de que, desde ese emplazamiento del norte europeo, aconteció, bastante después, la tercera y última emigración, también en sentido norte-sur, que sería la de los pueblos germánicos que acabaron, a partir del s. V d. C., invadiendo el Imperio Romano occidental: visigodos, francos, ostrogodos, lombardos, vándalos, suevos,…” (9)

Que el Sacro Imperio está indisociablemente ligado a un concreto tipo antropológico se reafirma en Protocolo VI cuando, en su cuarto artículo, se lee que “creemos en la Tradición Indoeuropea que nos habla del concepto de lo divino y trascendente, nos enseña nuestros principios éticos, nuestras costumbres sociales y nuestros ritos y ceremonias familiares o públicos.”

 

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En la “Exhortación final” al Protocolo I se nos advierte que si aspiramos a constituir el Sacro Imperio “es tiempo de poner la economía al servicio de la política”. Sólo en la antítesis al Mundo de la Tradición, cual es el mundo moderno, se ha podido la economía erigir en la rectora de la sociedad. La política se ha sojuzgado a ella. El demon de la economía lo anega todo. Las castas que en el Mundo Tradicional se hallaban situadas en las franjas inferiores de la pirámide social se han ido arrogando el papel rector en el mundo moderno. Primero, con la irrupción del capitalismo, fueron los mercaderes los que violentaron el natural ordenamiento jerárquico Tradicional. Más tarde les tocó el turno, al menos sobre el papel, a los proletarios, los cuales, en buena parte del orbe, implantaron regímenes comunistas (o, para ser más exactos, ‘dictaduras del proletariado’). Hoy en día son los financieros, especuladores, usureros y accionistas de las grandes multinacionales los que, a menudo en la sombra, se han erigido en amos y señores del actual mundo globalizado (10).

La sociedad de clases que engendró el liberalcapitalismo ya no estructuraba la sociedad según las diferentes funciones que en ella se desempeñaban sino que lo hacía bajo el criterio estrictamente económico, por lo que esta función económica la copó en su totalidad. Ya no sucedía pues, tal cual era lo consutancial al orden estamental, que el cuerpo social se estructurase en orden a las funciones sacro-dirigente, guerrera y productiva.

Es debido a esta anomalía por lo que se habla en el Artículo 3º del Capítulo I del segundo Protocolo de este proyecto de “La supresión tajante de la sociedad de clases, basada en el poder adquisitivo de los individuos y su reemplazo por una sociedad de rangos, basada en el valor de cada persona en su servicio a la comunidad.”

 

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Si, después de todo lo dicho, aún a alguien no le ha quedado clara cuál es la jerarquía de valores que debe guiar el establecimiento del Sacro Imperio en la mencionada “Exhortación final” de este primer Protocolo se nos habla de “Convergencia de las ideas nobles, de los espíritus libres, de los corazones puros, de los movimientos rebeldes ante este sistema de cosas, hacia un mundo de justicia y libertad, de renacimiento espiritual, de diversidad étnica y cultural en armonía. Ese mundo podemos construirlo si sabemos unir a Europa con vocación imperial.”

 

Tras los desarrollos que hemos llevado a cabo queda diáfana la idea de que no se trata de desechar el actual armatoste demoliberal y partitocrático para sustituirlo por algo sin referentes previos, sino que la plutocracia tiene su radical alternativa en formas políticas, económicas y sociales que no deben ser una reedición de otras que hayan existido en otras épocas pero que sí deben compartir semejante cosmovisión y mismos valores que las que rigieron en el Mundo de la Tradición. Por esto se debe ser revolucionario no en el sentido que la modernidad le ha otorgado a este vocablo sino en el de “re-volvere”, retornar a las bases existenciales y axiológicas de la Tradición, tal como se lee en el Artículo 6º del capítulo I del Protocolo II:

“Nos definimos como revolucionarios y con ello queremos decir que pretendemos re-volver el sistema, es decir, volver a poner todas las cosas en su lugar natural y racional.”

 

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Nos resulta grato que en el Protocolo V dedicado a “Heráldica y Vexilografía del Imperio” se elija el águila bicéfala como símbolo imperial, pues su simbolismo tiene esa dimensional terrenal de, tal como se nos explica, “dominar de oriente a occidente” pero también atesora otra de carácter metafísico, parangonable a la caracterización de la importante deidad romana del Janus bifronte, uno de cuyos rostros representaba el solsticio de invierno o renacimiento del Sol Invictus y el otro el solsticio de verano en el que el dicho Sol Invictus se hallaba (y se halla) en su máximo apogeo; siempre teniendo presente que el Sol Invictus simbolizaba, a su vez, el Principio Espiritual.

También nos resulta harto significativo que como emblema se proponga colocar la mencionada águila bicéfala, negra, “sobre escudo blanco que campea en medio de una bandera o estandarte rojo” (artículo 4º del quinto Protocolo), ya que, en un nivel interpretativo de lectura Superior, tal como se nos recuerda en este artículo, “son también estos colores los de la Alquimia tradicional”. (11)

 

A vueltas con el simbolismo del águila bicéfala seguimos leyendo, en este mismo Protocolo, que “representa por otra parte la potéstas y la auctóritas, es decir, los poderes político y espiritual del Imperio en la línea del gibelinismo medieval”. Tal como era inherente al “Sacro Imperio Romano Germánico, cuya cúspide jerárquica, en la figura del Emperador, aunaba las funciones sacra y temporal (política) como es propio de cualquier ordenamiento Tradicional en el que, por este motivo, el gobernante también ejerce de Pontifex o ´hacedor de puentes´ entre lo terrestre y lo celestial; entre sus súbditos y la Trascendencia.” (12)

En la separación de ambas funciones acaecieron los primeros pasos de la caída que desde el Mundo Tradicional el hombre ha ido padeciendo hasta llegar al marasmo existencial actual: “(…) Esta segunda caída o involución espiritual supuso un mayor alejamiento del hombre con respecto a lo Trascendente y vino aparejada con la separación entre los principios espiritual y temporal y, en consecuencia, entre la autoridad espiritual y la temporal o política. Desaparecieron, pues, la realeza y la aristocracia sacras y de la separación de los atributos espirituales y los temporales aparecieron dos castas autónomas: la sacerdotal (1ª casta) y la regio-aristocrático-guerrera (2ª casta). Esta aristocrático-guerrera quedó desacralizada y la sacerdotal, a su vez, renunció a la vía activa propia del guerrero y perdió, de esta manera, no sólo la vocación hacia la acción exterior sino también la vocación hacia una acción interna que es la única capaz de hacer factible el acometer cualquier intento de transustanciación interior. Renunció, pues, la casta sacerdotal a la Iniciación y, consecuentemente, a la Visión y Conocimiento de lo Absoluto. La casta sacerdotal o bramánica pasó a ocupar la cima de la pirámide social y el poder político quedó delegado en una casta aristocrático-guerrera desacralizada que quedó subordinada a aquélla.” (13)

Por mantenir unidos los atributos sacro y temporal bregó, en una época ya tardía pero como un intento heroico de Restauración del Orden Tradicional, el bando gibelino y por separar ambos se esforzó el güelfo en ese conflicto medieval que tuvo al Sacro Imperio Romano Germánico como adalid del primero y al Papado y a sus aliados como portaestandartes del segundo. El triunfo del güelfismo desacralizó al poder político y, a la postre, a las sociedades por él regidas. Los procesos posteriores ahondan en este alejamiento con respecto al plano Superior de la existencia y conocen del humanismo antropocéntrico renacentista, del racionalismo, de la Ilustración, de las revoluciones liberales y de la irrupción de la democracia capitalista liberal, del comunismo y del actual gregario, nihilista y relativista (hasta la náusea) mundialismo de la Aldea Global postmoderna.

 

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A lo largo de este prólogo ha sido nuestro empeño el de afirmar la convicción de que este proyecto Sacro Imperial, inaplazable en estos tiempos de zozobra general que padecemos, debe tener su fundamento en una concepción Trascendente de la existencia. El Imperio será Sacro o no será. Hemos querido aprovechar estas líneas para trazar y delinear algunos de los principios, algunas de las esencias y algunas de las concretizaciones históricas de la Tradición y/o del Imperium, así como algunos de los procesos de decadencia que han llevado desde un Orden Tradicional hasta el presente estado de paroxismo y de resquebrajamiento generalizados. Nuestra posición en pos de bases Espirituales para articular el Imperium se ha visto refrendada sistemáticamente a lo largo de estos Protocolos. Véase, en este sentido, y como colofón a estas nuestras líneas, lo expresado en el Artículo 4º del sexto Protocolo cuando se nos habla de “una religiosidad que nos impulsa a buscar la Verdad desde el misterio de los orígenes hasta el sentido de la vida y nuestra razón de ser en el Universo”; ”misterios de los orígenes” que no son otros que los de nuestros ancestros hiperbóreos que en illo tempore (la Edad de Oro o, de acuerdo a la tradición indoaria, Satya-yuga) fueron portadores de un tipo de Espiritualidad Solar (14) …y “razón de ser en el Universo” que no es otra, por un lado, que la de la conquista heroica de lo Eterno en cada uno de los que puedan, por aptitud y por voluntad, aspirar a ello (o la de la ritualización sacral de cada quehacer cotidiano en aquellos congéneres para los que no esté al alcance la transformación de su ser interior) y “razón de ser en el Universo”, por otro lado, que debe ser la de la de la Restauración de la Tradición perdida: la de la Restauración, en definitiva, del Sacro Imperio.

 

 

 

 

 

 

 

NOTAS:

  1. “El Imperium a la luz de la Tradición”. Capítulo IV de “Reflexiones contra la modernidad”. Ediciones Camzo.  https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/
  2. Íbidem
  3. Cit.
  4. “A medio camino entre el imperio español (“El Imperio Español”: https://septentrionis.wordpress.com/2015/07/08/el-imperio-espanol/) y otros de corte eminentemente antitradicional (por lo mercantilista de los mismos), como el caso del imperio británico (que alcanzó su máxima expresión en el s. XIX) o del conocido como imperialismo ´yanqui´ (tan vigente en nuestros días), podríamos situar al de la Francia napoleónica. Y no sólo lo situamos a medio camino por una evidente razón cronológica, sino que también lo hacemos porque a pesar de haber perdido cualquier orientación de carácter espiritual (el laicismo consecuente con la Ilustración y la Revolución Francesa fue una de las banderas que enarboló), a pesar de ello, decíamos, más que motivaciones de naturaleza económica (como es el caso de los citados imperialismos británico y estadounidense), fueron metas políticas las que  ejercieron el papel de motor de su impulso conquistador. Metas políticas que no fueron otras que las de exportar, a los países que fue ocupando, las ideas (eso sí, deletéreas y antitradicionales) triunfantes en la Revolución Francesa.”
  5. “Los hombres y las ruinas”, Julius Evola. Ediciones Heracles.
  6. “El Tradicionalismo y Julius Evola”: https://septentrionis.wordpress.com/2011/02/23/el-tradicionalismo-y-julius-evola/
  7. “Evola frente al fatalismo”. Capítulo III de “Reflexiones contra la modernidad”. Ediciones Camzo.
    https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/
  8. No querríamos desaprovechar la ocasión para fijar nuestra posición acerca de la obra del filósofo alemán, pues este ejercicio pensamos que puede contribuir a delimitar y configurar, eliminando ciertos equívocos que se pudiesen tener, cuál debe ser el tipo de hombre sobre el cual sustentar el Sacro Imperio y al cual éste debe tener por empeño “engendrar”. Así, decíamos en cierta ocasión que “la tragedia de Nietzsche estriba en haber ignorado el hecho Trascendente. Su Superhombre es aquel ser humano que se ha conseguido desprender de todo tipo de limitaciones, ataduras, ligazones, morales, miedos, fobias y filias, sentimientos, pasiones,… En este momento, una vez limpia y vacía el alma de apegos y condicionamientos, podría aspirar a ir ´llenándola´ de Ser para experimentar una auténtica Transubstanciación interna, para Renacer -Palingénesis- a otra naturaleza verdaderamente Superior, pero como Nietzsche no concibe lo Metafísico su Superhombre se encuentra -tras haber ´vaciado´ su alma- sin puntos de referencia, sin soportes. No tiene puntos de referencia Superiores ni tiene los puntos de referencia inferiores de los que se ha conseguido desapegar y sin los cuales se ha quedado como sin suelo bajo los pies. Se encuentra, pues, en tal situación, ante la nada, ante un vacío que le empuja a una situación dramática.”——————“Nietzsche no concibió el Hecho Trascendente …esa dimensión metafísica y Superior que anida, aletargada (y a la espera de ser despertada por un tipo de hombre diferenciado que se niegue a ser arrastrado por la inercia existencial del mundo moderno) en el interior del ser humano: el Espíritu. El hombre indoeuropeo y su predecesor arcaico-boreal tienen un origen sacro y el darle la espalda a esto es propio de la modernidad (en sus sucesivas fases: incluyendo la fideísta en la cual sólo se mira a lo Alto cual pasivo creyente pero no cual Héroe capaz de conquistar la Inmortalidad a través del Despertar de lo eterno –Atman– que anida en él). Al judeocristianismo Nietzsche acertadamente lo atacó como semilla del nihilismo que ya en su época se vivía pero no lo hizo para rescatar las esencias divinas del hombre indoeuropeo sino (¡y tampoco es poco!) para ayudarle a sacudirse miedos, complejos, sentimientos de culpa y el estigma del pecado que había convertido al homo europaeus en un ser mediatizado, empequeñecido y acomplejado. El siguiente paso que debería de haberse planteado el gran filósofo alemán debería de haber sido éste: una vez descondicionados –ataraxia o apatheia– de ataduras mentales y existenciales hemos de ir en busca de la transustanciación interior –metanoia– y del conocimiento de los planos Suprasensibles y sutiles de la realidad e incluso, después, hemos de ir en busca de la gnosis del Principio Supremo Inmanifestado e Indefinible (el ´motor inmóvil´ aristotélico) que se halla en el origen del mundo manifestado (del cosmos); gnosis que sólo será posible si hemos conseguido actualizar -Despertar- ese Principio Primero –Brahman– en nosotros mismos: así habremos llegado no sólo a la categoría de dioses sino a ser más que un dios (pues las divinidades no son más que esas fuerzas –numina– que forman parte del entramando sutil del cosmos). La culminación de este proceso -la Gran Liberación- representaría el retorno del hombre a su origen sacro perdido con el fin de la Edad de Oro, que nos narró un Hesíodo, y con la irrupción del mundo moderno (cuya etapa más oscura es el presente kali-yuga; y más aún la fase crepuscular de ésta, por las que estamos transitando).”

    9. “Prólogo a Rivolta contro il mondo moderno”: https://septentrionis.wordpress.com/2017/09/25/prologo-a-rivolta-contro-il-mondo-moderno/

    10. Sobre este proceso de caída y destrucción total de cualquier residuo de Sociedad Tradicional y en el que la economia domina tiránicamente a la política ya comentamos hace algunos años que: “(…) a partir de entonces y a lo largo de esta ‘edad contemporánea’ la 3ª casta se adueñará del poder, salvo en  los períodos en los que la 4ª casta (sudras) –la de la ‘mano de obra’- dirija (por lo menos aparentemente) los regímenes políticos comunistas e imponga el llamado Cuarto Estado. Bien es cierto que, tras la caída del comunismo en la Europa Oriental a fines de la década de los ’80 del siglo pasado, hay quien ha considerado, acertadamente, que el clásico mundo del liberal-capitalismo burgués (Tercer Estado impuesto por la 3ª casta) ha sido sustituido por un tipo de vida aún más colectivista, gregaria, amorfa, uniformizada y desarraigada que la impuesta por el marxismo y en la que ya cualquier referente ideológico ha sido enterrado. El único impulso, y referente, que actúa es el económico y las actividades que, avasalladoramente, se imponen son la producción y el consumo desaforados. Mundo sin referentes al igual que sucedía, en la India Tradicional, con aquellos individuos que se hallaban fuera y por debajo del sistema de castas (los ‘sin casta’ o parias) y que le habían dado la espalda a cualquier norma formadora y a cualquier tipo de raigambre: los ‘sin tradición’ y ‘sin linaje’. Individuos que por sus disolventes o deshonrosas conductas habían sido expulsados de sus respectivas castas: ‘los desterrados’. Evola predijo de manera magistral este devenir y al tipo de sociedad que del mismo se derivara la definió como la de la hegemonía del Quinto Estado; y que, sin duda, corresponde al actual modelo planetario de globalización y de homogeneización alienante y desenraizadora.” (“Los Ciclos Heroicos”. Capítulo II de Reflexiones contra la modernidad”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/

    11. Sobre las tres fases de las que habla la tradición alquímica comentábamos en cierta ocasión, a propósito de la tesis doctoral elaborada por un amigo nuestro, que:

    “El ´más allá celestial´ es asimilable al mundo Superior y es al que se accede una vez el Iniciado ha dominado sus vínculos y pulsiones condicionadores -primarios, psíquicos: sentimentales, emocionales, pasionales,…- y se ha convertido en ´señor de sí mismo´; en el Gran Autarca que apuntaba Julius Evola allá por los años ´20 de la pasada centuria. Una vez superado lo cual (una vez superada la ´obra al negro´ o nigredo de que nos habla la tradición hermético-alquímica) el Iniciado accede, de forma definitiva, al conocimiento del plano sutil metafísico de la Realidad y es capaz, incluso, de activarlo en su fuero interno (sería el equivalente a la ´obra en blanco´ o albedo). Más aún, tras estos logros, puede aspirar a la Gnosis de lo Inmanifestado que se halla más allá incluso del plano sacro-sutil de la realidad y puede, paralelamente, aspirar a Despertar en su mismo interior ese Principio Supremo y Primero Inmanifestado Eterno e Indefinible que anida en él y aspirar, así, a Espiritualizar e Inmortalizar su alma (´obra al rojo´ o rubedo), que ya fue purificada de escorias psíquicas y condicionadoras tras la superación de la nigredo.” (“Reseña de La tradición guerrera de la Hispania céltica”:https://septentrionis.wordpress.com/2014/02/22/resena-de-la-tradicion-guerrera-de-la-hispania-celtica-de-gonzalo-rodriguez/)

    12. “Evola frente al fatalismo”. Capítulo III de “Reflexiones contra la modernidad”, Ediciones Camzo: https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/

    13. “Los Ciclos Heroicos”. Capítulo II de Reflexiones contra la modernidad”, Ediciones Camzo: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/

  9. Con el objeto de no airear términos sin dotarlos de contenido queremos comentar que cuando manejamos el de Solar lo hacemos en el sentido en el que en su día escribimos para hablar de los primordiales indoeuropeos:

“Raza portadora de un tipo de espiritualidad y de una cosmovisión solar-uránica, olímpica (inmutable, serena, sobria), viril, patriarcal, ascendente, vertical, jerárquica, diferenciadora, ordenada y ordenadora, heroica (en el ámbito del carácter y en el sentido del que lucha por reconquistar la divinidad, la inmortalidad que se encontraba en estado latente, casi olvidada, en su interior),… Representativa, dicha cosmovisión, de lo que Evola definió como Luz del Norte.”

Para más ahondar en el significado de este concepto (‘Luz del Norte’) también, en ocasiones, lo hemos tratado confrontándolo a su vez con su opuesto: el de una ´luz del sur´ de cuyos nefastos influjos deberíamos ser ajenos:

“La denominada como ´luz del norte´ vendría asociada a conceptos como el de la jerarquía, la diferencia, lo vertical, lo solar, lo estable, lo inmutable, lo eterno, lo imperecedero, lo patriarcal y a valores como el honor, el valor, la disciplina, el heroísmo, la fidelidad,… Y, por el contrario, la calificada como ´luz del sur´ abanderaría conceptos como el del igualitarismo, lo uniforme y amorfo, lo horizontal, lo lunar, lo inestable, lo mutable, lo caduco, lo perecedero, lo matriarcal, lo sensual, lo instintivo, lo hedonista, lo concupiscente,…”

Incluso, circunscribiéndonos a un plano psíquico o anímico “podríamos decir que la Luz del Norte contemplaría a aquél que rebosa autocontrol, equilibrio, serenidad, sobriedad, coherencia, prudencia, templanza, medida, discreción, calma,…, mientras que la Luz del Sur iluminaría a los individuos tendentes a lo disoluto y disolvente, al desenfreno, a la inestabilidad, al desequilibrio, a la jarana, a la embriaguez, al desorden referente a hábitos y modo de vida,…” (“Septentrionis Lux”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/08/)

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 

 

 

 

 



FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS
noviembre 2, 2019, 12:56 am
Filed under: Espiritualidad, Tradición

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FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 

«La muerte no nos roba a los seres amados. Al contrario, nos los guarda y los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente».

 

  1. Mauriac

 

¿Qué celebramos la ACIMJI-Barcino el 1 de Noviembre? Como ocurre con la mayor parte de las celebraciones en España, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, es una fiesta eminentemente religiosa. No sólo en España sino en la mayor parte de países de tradición cristiana, el primero de noviembre es un día en el que se homenajea a los Santos, a nuestros sagrados Ancestros y Antepasados, ya sean conocidos y desconocidos. En el fondo se rinde un culto sacro y viril, a la vez que sobrio, humilde y silencioso (virtudes que hoy brillan por su ausencia en este mundo de locos y de tarados), a nuestra PATRIA, la Tierra de los Padres, la correa transmisora de la Tradición, el Deva-Yana (la Vía de los Dioses)…

 

Los Celtas conmemoraban el “Samhain”, una fiesta pagana que consistía en la transición hacia un nuevo año, la apertura del otro mundo —el espiritual—, pues marcaba el fin del verano y de las cosechas para dar inicio a la estación oscura (curiosamente la zona que visitaremos en el pasado era conocida como la “Sierra Oscura”…) —por el frío y crudo invierno—. Se creía que durante esa noche la línea entre el mundo espiritual y terrenal se desvanecía, ya que era la única noche en la cual a los espíritus se les permitía caminar entre los mortales. La Patria del Más Allá se manifestaba libre y sin ataduras, aunque por un corto espacio de tiempo en la Patria del Más Acá, la manifestación de los Invisible en el mundo de lo Visible.

 

Comenzamos la ruta con la visita a dos bellos cementerios de Hospitalet de Llobregat; primero el de Las Planas, dentro del gran parque monumental y de carácter iniciático que lleva el mismo nombre, hoy degradado y terreno de pasto de subhumanos de tipo diverso; continuamos seguidamente con el de Sants, junto a la carretera de Collblanc; este cementerio supera sin duda en cuanto a belleza artística y arquitectónica se refiere al primero. Luego nos encaminamos hacia la montaña de Sant Pere Mártir, conocida antiguamente como Monte Orsa, su cima está a unos 400 metros sobre el nivel del mar, pero la panorámica que hay sobre la misma es extraordinaria. Las vistas sobre Barcelona, el Mar Mediterráneo, el Valle de Sant Just, los macizos del Ordal y el Garraf, y el Delta del Llobregat, las comarcas del Baix Llobregat y del Barcelonés, buena parte del Vallés Occidental, e incluso en los días de buena visibilidad, el enorme y misterioso macizo de Montserrat, la Montaña Mágica por excelencia. En la comentada cima se encuentran las ruinas de una antigua ermita de la Orden de los Jerónimos del Siglo XVII, muy cerca de la misma también hay una línea de búnkeres, testigos todos ellos de un enfrentamiento mítico entre dos concepciones del mundo y de la existencia en la Cruzada de 1936-39 alguno de ellos aún en fase de excavación; también hay indicios de un antiguo asentamiento íbero-layetano. La cima de esta montaña precisamente resalta por el carácter estratégico que tuvo durante centurias hablando en términos militares. La Guerra de los Segadores, la Guerra de la Independencia, las Guerras Carlistas, la Cruzada, etc, regaron de sangre sus sagradas tierras. Hasta tal punto fue así que la comentada ermita acabó transformándose en un fortín militar entre los Siglos XVIII-XIX del que hoy tan sólo quedan ruinas, el símbolo de un mundo periclitado, también de los restos de un pasado heroico demolido por la Modernidad -ya claramente triunfante en los Siglos XVII-XVIII-, con su concepción telúrico-demoníaca y eunocoide, estrecha, materialista y niveladora del hombre, convertido hoy éste en un zombi o piltrafa robotizada en su mayoría.

 

Para los camaradas de la ACIMJI-Barcino, el Tibidabo (Podium Aquilae), Montjuic (Mons Iovis) y ésta, son nuestras tres montañas rituales de la ciudad de Barcelona por excelencia, nuestro triángulo sagrado y mágico, tres enclaves con idéntico pasado layetano y romano, tres puntos de referencia enormemente cultuales.

 

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

 

Joan Montcau

 



LA PUERTA 
octubre 29, 2019, 8:47 pm
Filed under: Espiritualidad, Joan Montcau, Metafísica, Tradición

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LA PUERTA

 

“Mira que estoy a la puerta y llamo” .

 

Apocalipsis 3, 20

 

 

La puerta se nos muestra como un lugar de acceso a una realidad superior, es todo un Arquetipo, en este caso de carácter femenino por lo que tiene de “penetración”, al contrario del Muro, símbolo de carácter masculino por lo que tiene de “contención”, de “separación” de dos mundos. Pero este paso de acceso, de “penetración”, siempre tiene los dos sentidos, como todo Símbolo es ambivalente, puede tener varios significados, unos de carácter positivo y otros negativo, de forma que también se puede realizar en sentido inverso. Por un lado el símbolo de traspasar una puerta puede significar el paso a un mundo superior, a otro estado de conciencia y de decondicionamiento, a un Orden Nuevo de la realidad y también espiritual.

 

Por otro lado la apertura de una puerta (simbólicamente hablando) puede significar absolutamente todo lo contrario, la penetración en nuestro mundo de las potencias del caos y de la oscuridad, la entrada en nuestro mundo de las fuerzas infernales. La llegada de la Modernidad, su implantación tiránica en el mundo de forma global y con todas sus perversiones y destrucciones, es todo un Símbolo de lo que ocurre cuando se abren las puertas a la Subversión, ello consciente o inconscientemente, el resultado siempre es el mismo. Ocurrió con Occidente en la etapa que discurre entre los Siglos XIV-XVII, génesis de la actual aberración modernista (güelfismo, humanismo, protestantismo, liberalismo, etc), ocurrió con la Catolicidad tras el odioso Concilio Vaticano II (1962-65, aunque la decadencia venía de atrás…), ocurrió con el Estado del 18 de Julio mucho antes de la maldita Tra(ns)ición y de la muerte del Caudillo. Una cosa que enseña sobremanera la Historia (con mayúscula) es que con la Subversión no se pacta, se la combate. Abrir las puertas a la misma no es señal de bondad o de fortaleza, sino de debilidad, de degeneración extrema y de traición.

 

Jano, el dios de doble faz de los romanos, era el Guardián de las Puertas en la antigua Roma. Simbología análoga tienen en el Cristianismo los dos San Juan, San Juan de Verano y San Juan de Invierno, las Dos Puertas Solsticiales… De todas formas toda gran civilización porta en sí las semillas de su propia autodestrucción (Grecia, Roma, Egipto, Medievo, etc.), de la misma manera que toda tiranía o civilización caricaturesca como la actual, porta en sí los gérmenes de un nuevo renacer. De la misma manera que la Modernidad ha abierto las puertas al Mal, ese “núcleo que represente la salvaguarda de lo permanente” y que lucha por mantenerse en pie y de avanzar sobre las ruinas de esta pseudo-civilización paródica e infernal, abre las puertas simbólicas a lo Alto, pudiendo constituirse en germen de un nuevo renacer, de un nuevo ciclo ascencional y áureo. SEMPER FIDELIS.

 

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

 

 

Joan Montcau

 



ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL PENSAMIENTO DE RENÉ GUÉNON
octubre 19, 2019, 11:36 am
Filed under: Espiritualidad, Tradición

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Nuestro apreciado Javier Martín nos ha hecho llegar unas reflexiones que, a pesar de que él no había redactado en formato artículo, nosotros no hemos querido dejar sin la merecida difusión y hemos, por ello, decidido el publicarlas:

ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL PENSAMIENTO DE RENÉ GUÉNON

Guénon niega (“Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes”) la identidad racial de occidentales e hindúes o iranios, aduciendo que la identidad lingüística sólo apunta a un préstamo o asunción de lengua ajena. Claro que, por otro lado, incurre en “la madre de todas las contradicciones” cuando se contradice al alabar la obra de Tilak, quien demuestra el origen polar e identidad racial de todos los indo-europeos… Guénon (como buen masón) siente animadversión hacia todo lo occidental -como si de algo “bárbaro” e inferior se tratase- al tiempo que sobrevalora todo lo “oriental” (semitismo incluido, también como buen masón).

Sabido es que para Guénon la “tradición heroica” resulta algo extraño y sospechoso; lo regio se reduce a mera autoridad temporal; la Bhagavad-gītā remite, al decir del autor francés, a una concesión más o menos incomprensible a una casta inferior (los shatriya, guerreros) por parte de los legítimos detentadores de la tradición (los bráhmana, por supuesto); incluso su concepto de “tradición primordial” sufre de una total distorsión, pues todo lo más se remite a la Edad de Plata o segundo ciclo.

Ya puestos, añadiremos que la defensa de Guénon del cristianismo (a nivel teórico, no en la práctica ni en sus confesiones a sus allegados -documento confidencial inédito-), “religión” plebeya completamente refractaria desde sus orígenes a todo esoterismo e iniciación (por más que Guénon se empeñe en creer en un cierto “esoterismo cristiano” que termina remitiendo al hermetismo -tradición perfectamente pre-cristiana y muy iniciática- a tenor sobre todo de las fraternidades de constructores medievales herederas de tradiciones anteriores y que por imperativos históricos utilizaban el cristianismo como cobertura exterior, al igual que sin ir más lejos el propio gibelinismo), ha terminado por conducir a sus seguidores (los de Guénon), sobre todo a los de “estricta observancia”, a la confusión y a un callejón sin salida del que la única alternativa viene ser la “conversión” a religiones foráneas como el Islam o la resignación a una “fe” en la “salvación” propugnada por el catolicismo (la afiliación a la masonería o lo que hoy día detenta esa denominación, contradictoria en esencia con el propio catolicismo, ni siquiera la podemos tomar seriamente en consideración).

La aseveración de los “pensadores” cristianos de que el mismo o “lo es todo”, en el sentido de que representa la “revelación” definitiva que anula todo lo demás, o por el contrario “no es nada”, no representa ningún dilema para un Tradicionalista que se precie. Para los guenonianos se presenta un inconveniente añadido, a saber, que si fuese la “revelación definitiva” también debería obviamente ser la última, y resultaría difícil, por ejemplo, justificar la existencia del Islam, a no ser que consideremos que éste “no es nada”. Guénon osciló bastante con todo esto, llegando incluso a expresar su inquietud por (citando un solo ejemplo) la presencia determinante del “asno” tanto en los evangelios como en la católico-medieval “fiesta del asno”, habida cuenta de que el susodicho representa las fuerzas disolventes, ligado en la tradición al Seth egipcio. Claro que los católicos han pretendido por todos los medios

soslayar todo esto, y utilizar la obra de Guénon como una cómoda ratificación de la “fe” de su infancia, cuya regalada “salvación”, incomprensible desde el lado esotérico, les evita toda incomodidad de un compromiso interior realizador.

A diferencia de Guénon, cuyo anti-occidentalismo le llevó a propugnar una (re)cristianización de Occidente a fin de “salvar lo que todavía pudiese ser salvado”, juzgamos, con Evola y otros autores afines, mucho más realista y consecuente con su espíritu la idea de una (re)romanización de Europa, es decir, la conformación de la misma en el orden de un Sacro-Imperio metafísicamente centrado. Por supuesto con la consideración, todavía más realista, de que “tras los últimos derrumbes la situación general ha tomado ya un curso irreversible” y de que “el fracaso colectivo está ya asegurado, el individual no”.

 

Javier Martín

 



¡¡¡VIVA LA MUERTE!!!
octubre 5, 2019, 1:22 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica

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¡¡¡VIVA LA MUERTE!!!

 

“LA NOSTALGIA ES EL VÍNCULO SAGRADO QUE EXISTE ENTRE EL CORAZÓN Y LA PATRIA”

 

Rudolf Kinau, “Camaradas”. 1943.

 

Obsérvese esta escultura de mármol muy misteriosa y enigmática que se encuentra en un famoso cementerio de la provincia de Barcelona fundado en 1775. La escultura representa a la muerte, en forma de un esqueleto alado, dando un beso en la frente de un hombre joven y atlético (símbolo de la Juventud Intemporal), imagen que puede evocar tanto el éxtasis en el rostro del fallecido al dejar este mundo (acceso a la Patria del Más Allá), como la tristeza por renunciar a la existencia en la flor de la vida (abandonar la Patria del Más Acá), una verdadera obra de arte que cuadra a la perfección con la Weltanschauung del Fascismo. La Muerte como la “más leal Compañera” como reza uno de los grandes Himnos de la Legión Española (VIVA LA MUERTE!!! su grito de guerra); la Muerte como parte de nuestra vida terrena y a la vez Vía de Acceso hacia la Eternidad para unos y el Infierno para otros, porque muchos son los llamados y pocos los escogidos” (Mateo 22: 14).

 

Dicen que la Muerte nos acaba igualando a todos (concepción plebeyizante e igualitaria); completamente falso, no es lo mismo morir como un león que como una rata de alcantarilla. Como decía Platón “las almas vulgares carecen de destino”, y en el mundo crepuscular de la actual subhumanidad democrática abundan por doquier la vulgaridad y la maldad. Esa especie de “democracia de la salvación post-mortem” de la que hacen gala ciertas doctrinas pseudo-espirituales y anti-tradicionales claramente subversivas, son una de tantas emanaciones de la “Luz del Sur” ginecocrática y telúrico-demoníaca opuestas a la verdadera sacralidad viril, apolínea y solar.

 

Joan Montcau

 



CEMENTERIOS
octubre 4, 2019, 9:22 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Espiritualidad

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CEMENTERIOS

 

“Sepulturero, es hermoso contemplar las ruinas de las ciudades, pero es más hermoso todavía contemplar las ruinas de los hombres.”

CONDE DE LAUTRÉAMONT

 

“El lugar lógico para encontrar una voz de otros tiempos es un cementerio de otros tiempos.”

HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT

 

 

 

En las modernas ciudades, muchas hoy verdaderas megalópolis con sus horrorosas construcciones “funcionales” y sin alma, los cementerios (las Ciudades de los Muertos) son quizás uno de los pocos lugares donde hoy se puede disfrutar de silencio, de tranquilidad, de cierta paz. Pero también en ellos hay lugar para el Arte y la Belleza, algo que cada vez empieza a brillar más por su ausencia en las ciudades de los “vivos”; recorrer el interior de uno de ellos, observar y meditar sobre el variado simbolismo que hay en sus lápidas, muros, templetes, etc., es algo así como una “ruta iniciática”, un peregrinaje al interior de uno mismo.

 

En las lápidas, como mínimo, aparecen el nombre y la fecha de nacimiento y muerte de la persona. Pero a menudo hay mucho más, y ahí están los símbolos para el que quiera verlos, estudiarlos, intentar al menos comprenderlos y una vez ello vivenciarlos, ya que el símbolo es una imagen visible de una Idea Suprasensible…

 

Muchas tumbas también llevan símbolos con significados específicos, lo que puede indicar la edad del fallecido (joven o anciano), su ocupación laboral, religión, las organizaciones a las que perteneció, el servicio militar u otros significados.

 

Vamos a hacer una pequeña relación de símbolos que nos podemos encontrar en cualquier cementerio, así como su significado:

 

ANCLA: A veces un oficio o rama de la Milicia. También simbolizar un principio de Orden y de Estabilidad sobre el Caos.

 

ÁNGEL: Mensajero entre Dios y el Hombre. Un Intermediario sacro que hace de puente simbólico entre ambos.

 

VELA: Símbolo de la Vida Eterna.

 

CADENA CON ESLABÓN PERDIDO: Círculo familiar roto, pérdida de un familiar querido.

 

CORONA: Victoria o la Victoria sobre la Muerte. Cruz y Corona: Jerarquía, Autoridad, Aristocracia del Espíritu.

 

PUERTA: Entrada al cielo. Transición de la Vida Terrena a la Vida Celeste.

 

MANOS: Varias posiciones. Juntas, despedida o matrimonio; orando, para la vida eterna; apuntar hacia arriba, camino al cielo; apuntar hacia abajo, la mano de Dios.

 

RELOJ DE ARENA: El tiempo se ha agotado, el tiempo corre rápidamente. El tiempo como “imagen móvil” de la Eternidad.

 

ANTORCHA: La conquista de la Vida Eterna. Acción y Contemplación.

 

BOLA: Ciclo de la vida, la eternidad. También símbolo del Macrocosmos.

 

UN LIBRO ABIERTO: Las Sagradas Escrituras, pero también simbolizaría el libro por antonomasia: EL LIBRO DE LA VIDA, “del cual todos los libros de los hombres son pálidos reflejos” (Antonio Gaudí).

 

MARIPOSA: Símbolo del Renacimiento o del “Nacido Dos Veces” (nacimiento espiritual después del físico). Al pasar por diferentes estados (oruga, crisálida y mariposa) se relacionaría con la vida, la muerte y la resurrección. La amplia gama de colores de las mariposas simbolizaría la Multiplicidad dentro de la Unidad, la manifestación del Principio Supremo.

 

CALAVERA: Simboliza el final de la vida terrena. La calavera con alas o con huesos simboliza el alma que ha abandonado el cuerpo y se dirige hacia la otra vida, hacia la Patria Celeste. La Calavera también simboliza la muerte del Hombre Viejo y el nacimiento del Hombre Nuevo.

 

EL HUSO Y LAS TIJERAS: Simboliza el hilo de la vida que se puede cortar en cualquier momento.

 

LA ESFERA Y LAS ALAS: Simbolizan el proceso de la vida y de la muerte que gira incesantemente como la esfera.

 

EL OLIVO: Simboliza la paz. “Pax Triumphalis”.

 

EL ROBLE: Simboliza el valor militar.

 

EL LAUREL: Simboliza la gloria.

 

EL CIPRÉS: La costumbre de utilizar cipreses en los cementerios es antiquísima, encontrándonos que las antiguas civilizaciones griega y romana ya lo plantaban y atribuían toda una simbología alrededor de la muerte. La forma ascendente y frondosa del tronco hacia la copa de este árbol encaminaba (según la mitología) las almas de los difuntos hacia los cielos. Al ser un árbol de hoja perenne simboliza también la Inmortalidad.

 

ADORMIDERA: Símbolo pagano del sueño eterno.

 

La relación de símbolos podría ser mucho más larga y extensa, hay que tener en cuenta que en su mayoría pertenecen a esa “Religio Perennis” o Tradición Primordial que marcan el origen del actual Manvantara (Ciclo Humano), muy próximo a su final por cierto…

 

Los cementerios incluso en las gigantescas junglas de asfalto, hierro, cemento y cristal, son “espacios sagrados”, pequeños oasis en medio del inmenso desierto espiritual que es la ciudad moderna. Si el cementerio simboliza la Ciudad de los Muertos, la moderna, ruidosa e infernal urbe del hombre-masa simboliza la Ciudad de los Muertos en vida, de una pseudo-civilización sin alma…

 

Joan Montcau