Julius Evola. Septentrionis Lux


La enajenación de Europa
febrero 1, 2009, 6:19 pm
Filed under: Inmigración, La Rata Negra

Resultan difíciles de comprender -y es un atentado a la lógica- la permisividad, complacencia y autismo de los dirigentes europeos para con la marea islámica que nos asfixia. Llevamos décadas consintiendo, en aras a una supuesta tolerancia y respeto al diferente, la aceptación entre nosotros de gentes con unas costumbres, religión y cosmovisión metafísica no sólo alejadas de nuestros parámetros sociales, culturales y éticos, sino enemigas declaradas de éstos.

Los enemigos que las enarbolan no dudan en combatir y atacar nuestras formas de vida.
Progres de salón, multiculturalistas de opereta y políticos suicidas han creado, con la complacencia de medios de comunicación, unas sociedades cobardes y avergonzadas de nuestras raíces e incapaces de defenderse de esta invasión sarracena.


Es imposible -y el que no quiera verlo, no lo vea- convivir con una cultura en la que prima la sumisión a una visión teocrática (sacerdotal-lunar) de la sociedad y el nulo respeto a un hombre al que se debería de considerar como portador de valores eternos y no como a un animal sojuzgado y condicionado.

Lenta, pero constantemente, se ha cedido en sus demandas y una política aberrante de inmigración ha logrado introducir el caballo de Troya en nuestras ciudades.
Nos desprecian y no lo ocultan. Tampoco se privan, al igual que los nacionalistas aldeanos y paletos, en hacernos culpables de su atraso y ya empieza a cansar su retahíla de agravios contra Occidente; un Occidente que les acoge y respeta su “PECULIAR” forma de entender la vida.


Los papanatas de la Alianza de Civilizaciones nos pedirán comprensión y respeto hacia los que nos desprecian, odian y matan. Respeto que ellos se pasan por el forro en sus países; en los cuales está prohibido levantar una sola Iglesia, cuestionar sus regímenes políticos y en los que a nadie se le ocurra hacer la más leve crítica contra su religión, ni sus leyes. Unas leyes que no olvidemos incluyen la lapidación de adúlteras, la amputación de miembros a los ladrones, la pena de muerte a la apostasía y un amplio catálogo de aberraciones varias. Estamos en guerra.

Una guerra que no podremos ganar si no plantamos cara, decididamente y con valor, a sus pretensiones de una Europa mestiza y multicultural. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre sin miedos ni complejos: el Islam no es tolerancia como nos dicen los estúpidos políticos y medios a su servicio, sino que el tan cacareado Islam es muerte al no creyente y un elemento corrosivo en nuestra Europa.
“Los islamistas son una minoría”, nos dicen para tranquilizarnos. ¡Mentira!: tal vez sólo una minoría cometa atentados, pero una mayoría de los musulmanes, que tan alegremente acogemos, los defiende, comprende y comparte su cosmovisión.
Tampoco nos ayudan a nuestro bienestar: es una trola eso de que sin ellos nuestras sociedades, supuestamente de bienestar, quebrarían. Lo cierto es que es imposible asumir los costes sociales de una inmigración desmesurada. Costes que estamos empezando a pagar en paro, prestaciones sociales y conflictos entre comunidades.

No nos engañemos, tenemos al enemigo dentro, cada vez más fuerte y crecido por la cobardía de nuestros gobiernos; incapaces de ver más allá de las próximas elecciones y anestesiando a nuestros pueblos con la cansina canción de paz, tolerancia y respeto. Ellos son responsables, ellos no los padecen, ellos son los traidores a Europa y se llaman Blair, Chirac, Zapatero, Berlusconi,…

     La Rata Negra

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