Julius Evola. Septentrionis Lux


ATANOR (Cuadernos de Pensamiento Tradicional), Ediciones Alternativa: “EL FLAUTISTA MÁGICO (MESIANISMO HITLERIANO Y NACIONAL-SOCIALISMO)”. Franco Cardini, 1978.
diciembre 5, 2020, 3:49 pm
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Il capitalismo è la vera minaccia per l'umanità": intervista a Franco  Cardini

Fotografía: Franco Cardini

ATANOR (Cuadernos de Pensamiento Tradicional), Ediciones Alternativa: “EL FLAUTISTA MÁGICO (MESIANISMO HITLERIANO Y NACIONAL-SOCIALISMO)”. Franco Cardini, 1978.

“El mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos“.

Mircea Eliade


  1. ¿Qué tipo de libro es?

   ATANOR fue una publicación bimestral del Círculo Cultural “La Antorcha” que apareció en Barcelona en la primera mitad de la década de los 80, dirigida por Ernesto Milá. La temática era de tipo totalmente tradicional: tradiciones sagradas, metapolítica, metafísica, simbolismo, etc. El número que tenemos entre manos concretamente es el número 2 y desconocemos cuántos llegaron a publicarse realmente, pero cuyo contenido todo él es de sumo interés; textos de René Guénon, de Julius Evola, de Ernesto Milá -uno dedicado al simbolismo del pez en el cristianismo primigenio y otro sobre la Tradición Primordial-, otros de George Gondinet y de Alex Voglino dedicados al gran J.J.R. Tolkien y a la literatura fantástica en general denunciando el demonismo moderno; pero vamos a centrarnos en el último capítulo de esta gran revista doctrinal (y muy artesanal, por cierto), el más extenso de todos ellos y sobre una temática rara vez interpretada desde el punto de vista de la Weltanschauung  tradicional que es lo que nos interesa a nosotros. Estamos hablando de Hitler y del Movimiento Nacional-socialista tan demonizados hoy por esta postmodernidad nihilista verdaderamente demoníaca, valga la redundancia.

   “El Flautista Mágico” fue un extenso texto que apareció en febrero de 1978 en el número 29 de la revista tradicionalista italiana “Intervento”, y que se reprodujo íntegramente con posterioridad en la revista francesa -también de temática tradicional- “Totalité”, número 14. El autor de dicho texto fue el historiador e intelectual tradicionalista Franco Cardini, donde se dedica a analizar el “otro” rostro del hitlerismo, aquel que generalmente nos es escamoteado, cuando no descaradamente tergiversado, manipulado y falsificado. Una interpretación del fenómeno nacional-socialista dentro de una óptica y perspectiva tradicional y metapolítica. Una brillante e intensa exposición en apenas 12 paginas.

  1. Resume su temática…

      El autor analiza ciertos aspectos del Nacional-socialismo histórico y de la figura de su fundador haciendo una exégesis tradicionalista de los mismos, discriminando lo que hubo tanto de positivo como de negativo, aseverando en que dicho Movimiento, “al margen de sus componentes progresistas y tecnocráticas, las cuales fueron por lo demás masivas y evidentes” dice Cardini, lo que realmente llamó –y llama- la atención del mismo fue el carácter radicalmente anti-moderno y anti-historicista en su capacidad mito-poética, en su dimensión y proyección míticas; y todo ello al margen de sus componentes obreristas o “de izquierda”, así como ciertas influencias de tipo jacobino de las que tampoco se salvaron otros movimientos nacional-revolucionarios de la época, dicho sea de paso; sin hablar de ciertas componentes ocultistas y pseudo-esotéricas que verdaderamente fueron puramente residuales frente a lo que cierto tipo de literatura-basura pretende afirmar. El autor, curiosamente, compara la revolución hitleriana en muchos aspectos con la revolución japonesa de la época Meiji: en el sentido que, al igual que esta, tendió a crear un cuerpo tecnológicamente avanzado e industrioso -en el sentido “occidental” del término digamos-, pero sobre un alma dirigida exactamente en sentido inverso, es decir una dirección programática y espiritualmente consciente hacia las antiguas tradiciones heroicas, hacia los Ancestros. Una revolución que conectaba con el “homo mythicus”, con el hombre del “illud tempus” tan odiado por la barbarie moderna. Ahora ya entendemos la verdadera razón del odio extremo que la Modernidad y la superstición democrática y progresista sienten por el nacional-socialismo hasta el punto de centrarse en la figura de su fundador y líder Adolf Hitler, elevándole al rango de “enemigo metafísico” por excelencia. Y es que la inmundicia democrática vio en todo ello lo que quizás ni los mismos seguidores del III Reich apenas consiguieron entrever durante la existencia histórica del mismo… En una sociedad cada vez más podrida y disoluta que vive de utopías a cual más absurda y sinsentido, el Mito puede tener la capacidad de movilizar, de “despertar”; de ahí su enorme peligro para el demonismo moderno abiertamente subversivo y anti-tradicional, anti-mítico por esencia. Como señala muy acertadamente el autor, el Mito puede tener la capacidad  de hacer escapar al hombre del deprimente y desesperante mundo de lo “real” y de lo cotidiano; decía decía René Alleau que “el ‘tiempo mítico’ transcurre paralelamente al ‘tiempo histórico’, pero con otro ritmo. Lo que llamamos ‘acontecimientos’ no son quizá más que múltiples advenimientos, internos y oscuros, que se vierten a la luz del día, cristalizados y formando de pronto una masa”. Y esto es lo que el mundo contemporáneo no perdona a Adolf Hitler, esa revitalización del Mito, del Rito, del Símbolo, ese intento de “retorno a los orígenes” (aunque a veces el mismo tuviera ciertos caracteres paródicos o caricaturescos), hasta el punto de convertirse en una figura enemiga de la historia y no digamos del historicismo; un personaje metahistórico desde el punto de vista simbólico, y ello en pleno siglo XX. Por otro lado si para el Sistema luchar contra el mismo con las ideas y sobre el plano político es imperdonable, intentar destruirlo con las divisiones panzer y con las Waffen-SS es ya el colmo, es el “pecado capital” por excelencia…

   Según Franco Cardini, si algún día desaparecieran como por ensalmo las pruebas históricas sobre la figura de Hitler, éste bien podría transformarse, a modo de leyenda, en una especie de “mito solar” o más bien en una especie de Sabio mágico-chamánico al estilo del Merlín del Ciclo del Grial. Incluso llega a decir que en su experiencia totalitaria al frente del III Reich por él fundado, fue más la de un verdadero “Rey Mago” que la de un guerrero o jefe político; es más, bajo su sistema político nos podemos encontrar con una especie de remedo de la antigua tripartición funcional común en las antiguas civilizaciones indoeuropeas, una Sociedad de Castas. En la cúspide la Primera Casta centrada en el Führer y en su misión, que el autor califica de “chamánico-sacerdotal”, la Segunda Casta el elemento guerrero y militar con la “Orden Negra” SS a la cabeza; finalmente la Tercera Casta, el elemento productivo con un “Frente del Trabajo” superador del concepto de “clase social”, con una economía totalmente subordinada al plano político al contrario de lo que ocurre en el liberalismo burgués y en las plutocracias de las que el actual y apocalíptico Nuevo Orden Mundial es la quintaesencia

   Cuando la Modernidad odia a Hitler y a todo lo que él representaba y le rodeaba, realmente lo que odian como dice Cardini, es que él comprendió como nadie que la humanidad necesita mitos movilizadores; por otro lado fue tal el consenso que tuvo en vida, incluso hasta la muerte, que ningún otro político moderno jamás conseguirá ni soñando. Le acusarán de todo tipo de maldades habidas y por haber, pero lo que realmente el Sistema teme y odia es al personaje que predicó como ninguno la fraternidad patriótica, del fin necesario de los egoísmos privados, de la belleza del trabajo y de la “obra bien hecha”, del verdadero Arte, del sacrificio del interés común, el amor por la Naturaleza a la que hay que respetar y no violar de forma tan vil y criminal como hace la democracia, del carácter constructivo de las virtudes cívicas, la prédica y la práctica de la austeridad, del amor por el Servicio y por el Sacrificio, la lucha por una vida sana y exenta de vicios envilecedores y esclavizantes; ESTO ES LO QUE REALMENTE ODIA EL SISTEMA… “La fascinación, negativa o no, que Adolf Hitler ejerce aún es extraña. La atroz primavera hitleriana. Fue la esperanza de vida no realizada. La vieja inteligencia racionalista, la que se obstina en calificar de irracional y criminal la revuelta actual de las jóvenes generaciones, odia sobre todo en Adolf Hitler la última ilusión mítica, la cruel juventud perdida” (Franco Cardini).

  1. ¿Quién es su autor?

   Franco Cardini, tradicionalista, antiguo militante del “Movimiento Social Italiano”. Historiador y gran medievalista.

  1. ¿Es parcial o imparcial en el tema que trata?

   Es parcial puesto que parte desde la Cosmovisión tradicional del mundo, muy crítico con algunos aspectos del Nacional-socialismo histórico, pero extrae del mismo todo lo que tuvo de positivo desde el punto de vista tradicional que no fue poco.

  1. Detalles de la edición…

   Ya lo comentamos más arriba. El artículo que nos trae es de 1978, la revista en concreto –ATANOR- creemos que de 1984 más o menos, ya que no aparece la fecha. Editada en Barcelona.

  1. Desacuerdos, anécdotas a su alrededor y relación personal con el mismo…

   Desacuerdos prácticamente ninguno.

  1. ¿Por qué lo elegiste para leer?

   Poco hay de decente o de legible desde el punto de vista comentado, es decir una visión del hitlerismo a la luz de la Tradición, porque al fin y al cabo como dice Cardini “la esencia del nacional-socialismo sigue siendo Adolf Hitler…”

  1. Valoración del texto

   Altamente positivo y muy recomendable desde nuestro particular punto de vista.

  1. ¿Para quién está enfocado este texto?

   Para todo “Hombre de la Tradición”, un hombre que «vive» en la Modernidad pero sin formar espiritualmente parte de la misma. Formarse y avanzar: «Es necesario alternar la reflexión y la acción, que se completan y corrigen la una con la otra. También para avanzar se necesitan las 2 piernas: la acción y la reflexión…» (Antonio Gaudí)

  1. ¿A quién lo recomendarías?

   A todo aquel interesado por el fenómeno hitleriano y que quiera justamente interpretarlo desde una perspectiva metapolítica, más allá de la odiosa política mundana que todo lo corroe y convierte en mercancía averiada.

Joan Montcau



CRISTIANISMO Y TRADICIÓN PRIMORDIAL. DEL SACRO IMPERIO GIBELINO A LA CONTRA-IGLESIA DE JUDAS.
mayo 10, 2020, 11:00 pm
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Cristo, mito solar | El CulturazoLa Bitácora Liberal: CRISTO: Entidad Solar

CRISTIANISMO Y TRADICIÓN PRIMORDIAL. DEL SACRO IMPERIO GIBELINO A LA CONTRA-IGLESIA DE JUDAS.

La opinión que sobre el Cristianismo tuvieron los dos grandes Testigos de la Tradición en el siglo XX -Julius Evola y René Guénon-, sufrió algunas variaciones a lo largo de sus vidas; no en el caso del Maestro francés que siempre vio en el mismo una emanacion de la Tradición Primordial, pero sí del Maestro italiano, apodado como «El Último Gibelino» o también «El Último Romano», que pasó de su inicial y virulento anticristianismo de «Imperialismo Pagano» (1928), en una etapa de su vida que él mismo definió como «especulativa» (entre 1923 y 1930 más o menos), a posturas mucho más conciliatorias y hasta simpatizantes con «cierto Cristianismo» en otras obras de su madurez, como por ejemplo fue «Máscara y Rostro del Espiritualismo Contemporáneo» (1932, ya en su etapa netamente tradicionalista cuando dirigía «La Torre»), una crítica radical y una condena absoluta de todo tipo de doctrinas pseudo-espirituales surgidas con la Modernidad -o la actual post-modernidad con la basura mundialista, contra-iniciática y contra-tradicional de la «New Age», quintaesencia de todas esas manifestaciones subversivas y aberrantes pretendidamente «espirituales»(1)-. En este último libro precisamente Evola dedica todo un capítulo, extenso y muy brillante, sobre el Cristianismo a la luz de la Tradición, haciendo especial hincapié en el Catolicismo Gibelino por el que él ciertamente toma partido y con el que claramente se identifica, es decir el Catolicismo del Medievo, de las Cruzadas, del Sacro Imperio, del Ciclo del Grial, de las Órdenes caballerescas, de las hermandades de constructores, de los trovadores, etc; la completa y absoluta antítesis del actual pseudo-cristianismo pusilánime, progre amanerado y humanitario-pacifista de la Contra-Iglesia que alumbró el pérfido y criminal Concilio Vaticano II del que luego hablaremos; dicho sea de paso, ya René Guénon vio en la siniestra figura de Judas Iscariote la personificación y manifestación de la Contra-Iniciación y de la Contra-Tradición -es decir de la infiltración y de la subversión demoníaca- en el seno del Cristianismo primigenio, y hoy aparentemente triunfante en la nueva Iglesia post-conciliar con su «Novus Ordo Missae», casi como una especie de brazo «espiritual» y «religioso» de lo que el «Nuevo Orden Mundial» sionista y ultraliberal-capitalista es a nivel político-socio-económico; esto se confirma viendo las manifestaciones, afirmaciones y comportamientos, además de las múltiples payasadas, del actual Papa de Roma Francisco Bergoglio, un auténtico pelele y peón al servicio del actual globalismo mundialista y multicultural (reedición del viejo mito de la «Torre de Babel»): el Reinado del Anticristo profetizado en el Evangelio ya lo tenemos a la vista, y ello ya en todos los órdenes de nuestra existencia terrena, incluido ya el plano «religioso» como hemos visto…

En el arriba mencionado capítulo del libro de Julius Evola, titulado «paréntesis sobre el Catolicismo esotérico y sobre el tradicionalismo integral», Evola expone la multitud de símbolos que aparecen en los textos evangélicos totalmente acordes con la Tradición Primordial Nórdico-Polar (o boreal) susceptibles de una interpretación iniciática, simbólica y alegórica. El mismo Catolicismo ya nos habla de una revelación primigenia, viril y patriarcal hecha al género humano antes de que sobreviniera el «Diluvio Universal» (la catástrofe que puso fin a la Edad de Oro y que provocó la dispersión de los pueblos, finalización de la Edad del Ser. Hoy estaríamos precisamente en las antípodas: la diabólica pseudo-civilización de la Materia y del mero ESTAR; la Edad de Hierro hoy en su medianoche…)

El nacimiento del niño divino de una Madre Virgen, el que dicho nacimiento se produjera en «una cueva», el mismo hecho de nacer «fuera» de la ciudad como si de un bárbaro se tratara, rodeado de pastores, animales y en plena naturaleza, el que naciera un 25 de Diciembre, en el Solsticio de Invierno (DIES NATALIS SOLIS INVICTUS en la antigua Roma); la visita y los presentes de los «Tres Reyes Magos», la entrega por éstos de dichos presentes (oro, incienso y mirra) al niño divino por los que el mismo se convierte o transforma en Rey, Sacerdote y Profeta (atributos del Rey del Mundo); el símbolo de «caminar sobre las aguas», hablar en parábolas (lenguaje simbólico), la transformación del agua en vino, caminar y meditar sobre «el desierto», subir al «monte» y hablar desde el «monte» (la Montaña uno de los grandes símbolos de la Ciencia Sagrada y de la Tradición Primordial, símbolo del Eje del Mundo); el simbolismo de «la espada» restauradora del Orden y de la Justicia («Yo no he venido a traer la paz al mundo, sino espada…»), el principio de «no resistencia al Mal» (fórmula equiparable al «Cabalgar el Tigre», la Vía de la Mano Izquierda), la conquista de la verdadera espiritualidad «por asalto» ( “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”), cuando Cristo afirma «no os acongojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?» (anti-fatalismo, el hombre diferenciado no está necesaria ni atávicamente atado, ligado y/o influido por los Ciclos de la Decadencia, éstos pueden influir pero no necesariamente condicionar a los hombres verdaderamente diferenciados); la elección de sus 12 discípulos precisamente también sobre la cima de un «monte» (el 12 otro de los grandes símbolos tradicionales especialmente en todo el mundo indoeuropeo); ser tentado por el diablo también sobre la cima de un monte; ser revestido de un «manto real» para luego ser «desnudado», ser crucificado en la cima de un «monte» -nuevamente aparece el simbolismo de la Montaña- entre otras «dos cruces» (la Cruz, símbolo Metahistórico donde los haya…); ser «coronado de espinas», la lanzada al corazón de cuya herida manan «agua y sangre», acompañado del «oscurecimiento del cielo» (los tres colores simbólicos y ascensionales de la Tradición Hermética: NEGRO-BLANCO-ROJO); el «abrirse la tierra», el «descenso a los Infiernos» para visitar, como Eneas, a «los muertos»; la Resurrección «al tercer día» y la «ascensión a los cielos»; el bautismo de «agua» (nacimiento espiritual) y de «fuego» (iluminación, renacimiento); cuando Cristo le responde a Pilatos «no tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera concedido por lo Alto» (reconocimiento espiritual del poder o autoridad temporal, gibelinismo); los «cuarenta días» con sus respectivas noches de meditación y ayuno en el desierto, al igual que otras cuarenta horas de permanencia en el interior del sepulcro antes de la Resurrección; resucitar en domingo «a la salida del sol»; la adopción del simbolismo «del pez» por los primeros cristianos como símbolo identitario, uno de los símbolos de la Tradición Primordial en la mitología indo-aria; venir «al final de los tiempos» y tras derrotar a las huestes del Anticristo «regir a las naciones con cayado de hierro» (simbolismo de Autoridad, Totalidad y Jerarquía. Imperio Sagrado), y así un largo etc… Como señala René Guénon en su bello libro «El Rey del Mundo», todos estos símbolos entre otros muchos, nos manifiestan la perfecta conformidad del Cristianismo con respecto a la Tradición Primordial.

Es pues con este Catolicismo trascendente y viril muy por encima de «cierto Catolicismo vulgar, práctico, restringido a un lugar, tiempo y a un número determinado de hombres, que tiene siempre más o menos el semblante y las características de una secta» (V. Gioberti), por el que Julius Evola simpatizó y al que apoyó en su madurez (2). Precisamente Evola condenó la deriva cada vez más modernizante y plebeyizante que abiertamente abrazó la Iglesia a raíz del nefasto Concilio Vaticano II (1962-65); condenó las doctrinas subversivas que del mismo emanaron así como a los dos Papas que las propulsaron (Juan XXIII y Pablo VI), diciendo que ambos deletéreos y repulsivos personajes «inclinaron la balanza hacia un caos desastroso». Denunció el carácter mundano, grotescamente plebeyo y democratizante de esos dos fantasmones que abrieron de par en par las puertas de la Iglesia a las fuerzas de la subversión y del caos, las mismas fuerzas disolutas que hoy ya controlan el poder mundial a cara descubierta y con el beneplácito e incluso aplauso de cierto mamarracho y charlatán de feria argentino que hoy ostenta el Papado (3)… Precisamente años después (1972) el infame de Pablo VI manifestó quejoso que «el humo de Satanás ha entrado en los Templos»… A tal situación nos ha llevado la tan cacareada entonces «desmedievalización» -esa era una de las consignas de la canalla modernista infiltrada y que se acabó imponiendo-, y el ‘aggiornamento’ de la Iglesia a raíz del nefasto Concilio de marras, aunque los males ya venían de muy atrás.

En un estudio muy interesante (4) sobre los orígenes del Cristianismo primigenio del tradicionalista J. M. d’ Ansembourg, no sólo respalda la tesis de René Guénon sino que la refuerza; es decir, la teoría de que el Cristianismo de los orígenes no fue ni quiso ni se constituyó inicialmente como una religión, más bien se trató de una doctrina y de un Movimiento mistérico e iniciático, al igual que su gran rival en los primeros siglos de nuestra era y que también luchó por la primacía en el seno del Imperio Romano: el Mitraísmo. El Cristianismo primigenio se trataría pues de una organización -una Orden más bien-, cerrada y reservada, en la que al principio no todos eran admitidos indistintamente sino sólo los que poseían las cualificaciones necesarias para recibir la iniciación con validez. La prueba irrefutable según Guénon y el mismo autor arriba mencionado, de que el Cristianismo de los orígenes no fue una religión propiamente dicha, es que carecía de libros legislativos que regularan la sociedad como así ocurre en los odiosos, oscuros y telúricos monoteísmos judío y musulmán. No hay nada parecido en él a la Torá judía o la ley coránica. El «Nuevo Testamento» carece pues de ese carácter legislativo que caracterizan a los otros dos monoteísmos del desierto. Los ritos cristianos originarios eran al principio totalmente iniciáticos y reservados. La pregunta es ¿en qué momento y a qué causa se debió ese cambio y transformación, pasar de ser una Orden metafísica e iniciática a convertirse en una religión accesible a todos?

Se sabe que en el interior de la Orden había varios grados antes de alcanzar la «iluminación crística». Se sometía a diversas pruebas al nuevo candidato mediante un severo examen de admisión, superadas las pruebas o dicho «examen de admisión» el aspirante recibía los títulos de Cristiano y de Catecúmeno («enseñado», «discípulo») después de un ritual (imposición de manos, soplo del Espíritu Santo, etc). Después había tres grados: el de Escuchante o Auditor, el «Prosternado» y finalmente los «Competentes», éstos últimos también llamados «Illuminandi»», es decir los que alcanzaban la Iluminación mediante el Bautismo, precedido éste por rigurosos ayunos de continencia y abstinencia. Así que por tanto el Bautismo era en sus orígenes una ceremonia sagrada que sólo se daba en la edad adulta y, como hemos visto, después de arduos procesos de purificación tanto interior como exterior y de iniciación. Eran los «nacidos dos veces», el nacimiento espiritual después y superior al nacimiento puramente físico y corporal. En líneas generales y muy brevemente, hemos visto que el Cristianismo primigenio era muy exigente en cuanto a la elección de sus candidatos y a la calidad de sus miembros. No era una religión exotérica y accesible a todos a los que se bautiza a diestro y siniestro prácticamente nada más salir del claustro materno y de forma indiscriminada.

Según pues la tesis tanto de Guénon como de d’ Ansembourg, los escritos neo-testamenrarios por tanto no iban dirigidos «a todo el mundo», sino a una comunidad elegida y preparada, a los fieles verdaderamente cualificados, a los «Perfectos»…

En cuanto a la transformación del Cristianismo primigenio de una Orden iniciática y mistérica a una religión exotérica o «abierta a todos», René Guénon no vio en ello un accidente o una desviación, sino que ello tuvo un carácter verdaderamente PROVIDENCIAL, ya que con ello se evitó que Occidente cayera ya en aquel momento en un estado, que al fin y al cabo, podría compararse a estos tiempos terminales y crepusculares en los que vivimos con el advenimiento de una pseudocivilización enteramente materialista, totalmente antitradicional, demoníaca y sin alma; así pues habría que hablar entonces de un RESTABLECIMIENTO y de un REENDEREZAMIENTO; a tal respecto Guénon nos dice: «Si se considera cuál era, en aquella época, el estado del mundo occidental, es decir del conjunto de países que comprendía el Imperio Romano, uno puede fácilmente darse cuenta de que si el Cristianismo no hubiera descendido al dominio exotérico, este mundo, en su conjunto, hubiera quedado rápidamente desprovisto de toda tradición; ya que las existentes hasta entonces, como la tradición grecorromana que predominaba de forma natural entonces, habían alcanzado un grado tan elevado de degeneración que indicaba que su ciclo de existencia estaba a punto de terminar»… Tenemos el ejemplo del fallido intento restaurador desde la propia paganidad tardía, del gran Emperador Juliano II (331-363 de nuestra Era, apodado por los cristianos como «El Apóstata»), observamos que las posibilidades restauradoras y el ciclo vital de las antiguas doctrinas pre-cristianas habían finiquitado o estaban ya en su ocaso. Aunque como dice el mismo Guénon, es indiscutible que pese a la degeneración y descomposición de las viejas tradiciones del mundo grecorromano, sin duda debió de seguir existiendo durante un tiempo aunque en ámbitos cada vez más reducidos y sin apenas influencia para con respecto al resto de la sociedad, «una élite que no sólo comprendía todavía su propia tradición desde el punto de vista exterior, sino que además, continuaba recibiendo la iniciación de los viejos misterios». Pero ya aclara más adelante que la tradición hubiera podido mantenerse así durante un cierto tiempo más o menos extenso, pero en un contexto cada vez más restringido y cada vez más menguante…

Es difícil saber en qué momento preciso se produjo ese «descenso exotérico», esa transformación en una religión y en una forma tradicional dirigida a todos sin distinción. Lo que está claro es que ya durante el reinado del Emperador Constantino I el Grande (272-337 de nuestra Era; fundador también de la II Roma) y del Concilio de Nicea I (325 de nuestra Era), ya era un hecho consumado dicha transformación, de tal manera que dicho Concilio «sancionó» u oficializó ese descenso del Cristianismo al plano exotérico. No obstante el mismo Evangelio es muy claro en esto: «de la multitud de los llamados pocos son los elegidos…»

Terminamos con una reflexión con la que Julius Évola cierra el capítulo dedicado al Cristianismo en su citado libro, reflexión con la cuál nos identificamos plenamente: «Un Catolicismo que se eleve al nivel de una tradición verdaderamente Universal, Unánime y Perenne, donde la Fe pueda integrarse en una realización metafísica, el Símbolo en Vía del Despertar, el Rito y el Sacramento en acción de poder, el Dogma en expresión de un Conocimiento absoluto e infalible porque no es una expresión humana y como tal viviente en seres desligados del vínculo terrestre mediante una exaltación mística, donde el pontificado revista su función mediadora original, un Catolicismo de tal índole podría suplantar a cualquier ‘espiritualismo’ presente o futuro». ASÍ SEA.

«MUERTE al mundo, RENACIMIENTO en la pureza y PERFECCIÓN en la vida corporificada en Dios!!!» (J. M. d’ Ansembourg). O dicho de otro modo según la Tradición Hermética: ESPIRITUALIZAR LA MATERIA, MATERIALIZAR EL ESPÍRITU.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

NOTAS:

(1) Hoy dentro de toda esta inmundicia que conocemos como «Nueva Era» (parodia satánica de la Parusía crística), han ganado mucho terreno ciertas «corrientes» de chiflados y de enfermos mentales como el «Veganismo», el «Animalismo», el «Contactismo», el «Feminismo», el «Ecologismo», el «Abortismo» (un verdadero y horrendo asesinato «ritual» convertido casi como en una nueva religión en sí misma e impuesta a nivel planetario), el «Homosexualismo», etc, etc, etc; todo ello reflejo del nivel de descomunal desquiciamiento y de descomposición de la sociedad e instituciones, influenciando en gran medida en todos los aspectos, manifestaciones y sectores de esta pseudocivilización terminal y crepuscular. Y es que el Mal también tiene su lado grotesco, irónico y caricaturesco que es lo que en el fondo caracteriza a todo este tipo de manifestaciones repugnantes. Para el presente artículo hemos utilizado la versión revisada y ampliada que Julius Evola publicó en 1971 de su libro «Máscara y Rostro del Espiritualismo Contemporáneo», tan sólo 3 años antes de su muerte.

(2) A este respecto muy interesante la figura y la obra del gran pensador y teólogo católico-gibelino el italiano Attilio Mordini, por desgracia prácticamente desconocido en España. Católico tradicionalista, defensor del gibelinismo y radicalmente opuesto a todo tipo de modernismo y de «aggiormamento», ha llegado a ser apodado como «»El Evola Católico». Recomendamos especialmente de dicho autor, «El Católico Gibelino» y «El Templo del Cristianismo».

(3) Simbólicamente el «Sumo Pontífice» es un «hecedor de puentes», es decir el mediador entre el mundo celeste y el terrestre, lo divino y lo humano. Tras el comentado proceso de subversión y de involución sufrida por tal Institución, hoy ese «puente» simbólico ya no lo es entre el Cielo y la Tierra, sino entre esta última y el Infierno, ya predicho en el Evangelio y particularmente en el Apocalipsis de San Juan: «surgirán falsos cristos y falsos profetas que seducirán a los mismos elegidos…»

(4) «La tesis de René Guénon sobre los orígenes del Cristianismo».



RUTA TOTALITARIA POR LA «OTRA BARCELONA» (11-I-2020).
febrero 9, 2020, 3:33 pm
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RUTA TOTALITARIA POR LA «OTRA BARCELONA» (11-I-2020).

 

“Veo mi camino, pero no sé adónde conduce. Es no saber adónde voy lo que me inspira para recorrerlo”.

 

Rosalía de Castro

 

Gran jornada la del sábado 11 de Enero. Ruta por los alrededores de la catedral de Barcelona, admirando su rico simbolismo, sus estatuas y monumentos, escudos, etc. Se visitó también el precioso Belén ubicado en el Museu Marès y de corte totalmente tradicional, nada que ver con la basura satánica que la endemoniada y tortilleril verruga con patas (la «alcaldesa» de la Barcelona putrefacta) instaló en la Plaza de San Jaime, un verdadero y diabólico insulto a los barceloneses de bien (cada vez menos a medida que el Mal avanza) y a la Catolicidad. Otra manifestación más a imagen microcósmico de la eterna lucha entre las Fuerzas de la Luz y las de la Tinieblas en el plano macrocósmico.

Entre todas las leyendas fundacionales de nuestra ciudad, tal como nos relató magistralmente nuestro guía totalitario J.G., seguramente la que mejor ha llegado hasta nuestros días es la que atribuye la fundación de Barcelona a Hércules, el Héroe divino y solar de la Tradición Romana. Sin duda esta es la que más casa con nuestra Weltanschauung (Visión de Mundo) uránica y «nórdica»: la barca que se extravía, la nona, es en la que se encuentra el propio Héroe y la expedición de la cual formaba parte ésta en principio no era para fundar una nueva ciudad, si no que esta no era otra que la de Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. Hércules, tras embarrancar dicha barca en la costa, ascendió a la cima del Monte de Júpiter (el actual Montjuic) y se quedó maravillado de dicha colina y valles que la rodeaban, es entonces cuando decidió fundar una ciudad bautizándola como Barcanona, la barca novena y de aquí el nombre de Barcelona. De hecho muy cerca del actual cementerio de la Montaña Sagrada están los restos de un misterioso asentamiento, y en el mismo hay una gran roca con una inscultura o cazoleta conocida tradicionalmente como «El Altar de Hércules»…

Sea como sea, la popularidad de Hércules sigue siendo tal que aún hoy se pueden observar en las calles de la ciudad numerosas esculturas y fuentes, así como la existencia de una calle que lleva su nombre en el corazón de la ciudad. Esta popularidad no le debe de hacer mucha gracia a otro personaje que durante siglos compitió por ser el fundador de Barcelona, Aníbal Barca. Aquí estamos nuevamente ante un tema de «elección de tradiciones» como dijo Julius Evola en su inmortal obra «Los Hombres y Las Ruinas»: según la Tradición prototípica que se escoja como cosmovisión, así será el alma y la personalidad de un pueblo, sociedad o Estado determinados: mientras el mito «herculiano» es de carácter solar, ascético-guerrero, antidemocrático y aristocrático; el mito «anibaliano» (válgase la expresión) sería su antítesis, es decir lunar, ginecocrático, femenino-demoníaco y telúrico. La Luz del Norte contra la Luz del Sur, dos tipos de espiritualidad total e irreconciliablemente opuestas y antitéticas. La Aristocracia Sacral emanada de la Tradición Primordial en toda su pureza, y la promiscuidad materialista y panteísta antesala de la superstición progresista, igualitaria y democrática, la Modernidad en definitiva. La elección de la Hermandad Totalitaria está muy clara pues…

Finalmente visita al Museo de Historia de la ciudad, un viaje simbólico por la Barcelona ancestral, mítica y legendaria, la Barcelona anterior a la llegada del demonismo y de la peste modernista, progresista y democrática. La Barcelona layetana, la romana, la visigótica y la medieval, sucesión de tradiciones igualmente viriles y heroicas. Vale la pena visitar dicho Museo, una estancia que se nos antojó corta, todo ello en familia y con un guía de lujo. Para los más pequeños se efectuó una gincana cultural, aunque como suele ser costumbre en este tipo de eventos, los más mayores disfrutaron tanto o más que sus hijos, no faltando alguna que otra «trampa» para poder alzarse con la victoria final… Y es que el alma totalitaria no está exenta a veces de ese aire entre juvenil y pícaro que caracteriza a nuestra cosmovisión antidemocrática del mundo que hoy se bate casi en retirada ante el avance de las ruinas y de las tinieblas de la Edad Más Oscura. SEMPER FIDELIS!!!

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

 



IDIOVARIACIONES MOTIVADAS POR LA ´RAZA DEL ALMA´. BRAQUICEFALIAS CANTÁBRICAS
octubre 5, 2019, 6:46 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Julius Evola, Metafísica

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IDIOVARIACIONES MOTIVADAS POR LA ´RAZA DEL ALMA´. BRAQUICEFALIAS CANTÁBRICAS

 

Julius Evola postulaba la realidad de las idiovariaciones ocurridas en el idioplasma (núcleo) motivadas por el actuar de la ´raza del alma´, tanto en sentido negativo como en sentido positivo (dependiendo de cuáles sean esos valores actuantes de la raza del alma). Por ello se puede encaminar uno a plasmar, p. ej., caracteres físicos propios del tipo nórdico (hiperbóreo) o, por el contrario, alejados de él. Santiago Andrés comentó en una conferencia cómo sin influencias exógenas (sin mezclas habidas con gentes foráneas) las gentes cantábricas habían pasado de la dolicocefalia mayoritaria o una braquicefalia más que considerable en el transcurso de unos pocos cientos de años (creemos recordar que comentó que esto había sucedido desde el medievo hasta el s. XVIII). La observación craneal de los restos de cráneos en estas dos etapas demuestra el misterioso cambio, que sólo puede tener una explicación acaecida en los valores de la raza del cuerpo. Los cántabros prestos a la Reconquista (dolicocéfalos) habrían pasado, ya en la Edad Moderna, a una cierta vida de ensimismamiento en sus aldeas ancladas en esos valles que atraen a la reclusión semibucólica y habrían acabado saturados de esos sentimientos aldeanos que provocan esa morriña casi depresiva cuando se alejan de sus tierras. Braquicefalia coincidente con la de los alpinos (Suiza, Austria,…) acreedores de un tipo de vida aldeana y distendida que han visto cómo sus cráneos se han hecho como más acordes con el sedentarismo (más cuadrados y con aspecto de más pesados) a diferencia de aquellos cráneos dolicocéfalos casi aerodinámicos (alargados hacia atrás) propios de hombres con espíritu de empresa y aventuras. Esto lo decimos sin menoscabo de que entre las poblaciones alpinas europeas no haya habido (pues, de hecho, sí lo ha acaecido), en tiempos ya milenarios, cruzas con razas uralo-altaicas y/o mongoloides; une especie de inmigración procedence de esos enclaves orientales, en forma de cuña, partió en dos el orbe europeo (orbe este de extracción indoeuropea).

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



LA IGLESIA DE JUDAS
mayo 9, 2019, 10:08 pm
Filed under: Espiritualidad, Julius Evola, Metafísica, Religiones, Tradición

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LA IGLESIA DE JUDAS

«El cinismo es una traición intelectual».

Norman Cousins.

«Y si nos volvemos hacia las contingencias de tiempos más recientes, sobre todo a las figuras de los dos últimos pontífices, Juan XXIII y Paulo VI, en medio de un clima de renovación y modernización, con la creciente aversión hacia el «integrismo» católico y a los llamados «residuos medievales», parece inclinar la balanza hacia un caos desastroso».

Julius Evola

Cinismo, hipocresía, villanía, bellaquería, todo eso y mucho más es lo que hoy por hoy es la Iglesia, su abandonismo, espíritu renunciatorio y cobarde voluntad de suicidio son verdaderamente espeluznantes; en eso ha quedado reducida la antaño viril, aristocrática y guerrera Catolicidad, sustituida por un extraño y repugnante mejunje de bazofia humanista, multiculturalismo autodestructivo y mundialismo barato, además de una complicidad con el poder plutocrático y subversivo sin precedentes. Decía Julius Evola anunciando ya en los años sesenta del pasado Siglo el proceso suicida de esta Iglesia que ha querido «coger el tren de los tiempos» que la Modernidad marcan, que con ello quiso quizás popularizarse, abrirse a las masas pensando que con ello sería mejor vista, tolerada y recibida, pero el resultado ha sido totalmente el opuesto. En realidad las cosas que más atraen y que más se fortalecen tanto interior como exteriormente, son aquellas que se aferran a lo Absoluto, a los Principios Eternos que nunca cambian y permanecen, aquello que no es democrático, ni progresista, ni igualitario, ni masificante; todo lo contrario es decadencia, destrucción y muerte, y esto se verá muy prontito. Se trataría más de INSISTIR (vivir hacia adentro, en torno a una Guía y Norte existenciales), que del mero EXISTIR (vivir hacia afuera, desprincipiado y al servicio de los poderes dominantes y de las modas tan pasajeras como demónicas) como hace la Iglesia actual mundana y mundanizada hasta la náusea.

Como decía José Antonio «Vivamos en el mundo. Pero tengamos nuestro mundo aparte en un rincón del alma». Las doctrinas e instituciones que se apegan hacia un Centro espiritual, metapolítico y metafísico verdadero, son el mayor enemigo de la actual tiranía mundialista y multikultureta que el Sistema impone por doquier. «Un catolicismo que se eleve al nivel de una tradición verdaderamente universal, unánime y peremne, en la que pueda integrarse en una realización metafísica en la vía del despertar, el símbolo, el rito y el sacramento en acción de

poder, el dogma en expresión de un conocimiento absoluto e infalible, que no sea una expresión humana y como tal viviente en seres desligados del vínculo terrestre mediante una exaltación mística, donde el pontificado revista su función mediadora originaria, un catolicismo de tal índole podría suplantar a cualquier «espiritualismo» presente o futuro. Pero observando la realidad ¿no es quizá un sueño?» (Julius Evola).

JOAN MONTCAU



EN PIE…

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“Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos“.

Dante Alighieri

«El poder del símbolo es más grande que el de los hombres».

Olimpiodoro

EN PIE…

En la Italia fascista de 1930 empezó a aparecer una extraordinaria publicación marcada por una nueva corriente de pensamiento: “LA TORRE”, que tendría en el gran Guido de Giorgio (1890-1957, alpinista, tradicionalista católico, experto en simbolismo occidental y representante de una corriente de pensamiento que se denominó “Fascismo Sacro”, que veían en la Roma antigua como el gran mito movilizador y como la idea-fuerza del Orden Nuevo, Roma era la Luz de Occidente para ellos), como a uno de sus principales inspiradores. Evola, gran admirador de Guido de Giorgio, definió a éste como “un iniciado en estado salvaje, de vida austera y costumbres espartanas, obsesionado con la idea de purificación, bajo el dominio de una cierta mística de carácter ascético, desde la aversión profunda al mundo moderno, hacia las ciudades, símbolo de mediocridad y sede de la nivelación caótica y democrática”, de hecho Guido murió a la edad de 67 años retirado y en la soledad de las montañas piamontesas, tal era su aversión al odioso mundo de la subhumanidad democrática con sus junglas de asfalto, atomización y brutal materialismo característicos , máquinas, ruido y suciedad . Pensador poco conocido y cuya obra literaria no fue muy amplia (su monumental “La Tradición Romana” no fue publicada en Italia hasta 1973, es decir 16 años después de su muerte acaecida en 1957), profundizaría dicho autor en el concepto de Tradición, cosmovisión opuesta totalmente a los decadentes y disolutos tiempos actuales de la Modernidad profana y profanadora. “Su indiferencia hacia el mundo moderno era tal que se había retirado a los montes, sentidos por aquél como su propio ambiente natural” (Julius Evola).

En “LA TORRE” se pretendía o se quería reunir a los pocos que eran capaces de una rebelión frente a la actual pseudo-civilización tiránica, parodia grotesca de auténtica civilización que es la Modernidad y sus infernales pseudo-valores, anti-mítica y anti-espiritual por esencia; crear algo así como una especie de vanguardia intelectual, guerrera y metafísica al servicio del Orden Nuevo, con Roma como mito fundacional y como exportadora de la Nueva Idea al resto de Europa: “Roma se erige como ese símbolo perenne e inmortal de la Tradición universal, el eje del mundo, entre el Este y el Oeste, la síntesis absoluta, armonizando opuestos, generando esa unidad orgánica simbolizada en el Silencio, como Unidad Superior de lo Divino. Roma cae y vuelve a levantarse, aparece como la luz de Occidente, que nunca muere y siempre resurge de sus cenizas para salvar a Occidente” (Guido de Giorgio). Hay que decir que para este autor -todo lo contrario que para Julius Evola y otros como el también italiano Pio Filippani Ronconi-, no hay una ruptura entre “paganismo” y “cristianismo” en lo que respecta al fondo del mensaje tradicional, sino más bien una “continuidad”: “Para restaurar las vías que conducen a lo divino, se encuentra en la Tradición Romana, bajo la égida de los cuatro grandes símbolos cósmico-tradicionales de Jano y el Fascio Litorio, culminado en la continuidad del cristianismo de la cruz, la fuente renovadora del mensaje tradicional, que no se plantea, en ningún caso, como una ruptura con respecto a la norma tradicional de la Roma primitiva, más bien es un nuevo impulso ante la degeneración de las fuentes espirituales previas al advenimiento del cristianismo, corrompidas y sumidas en la exterioridad, presa de la idolatría y vaciadas de todo su simbolismo originario”. La eterna polémica, el cristianismo como “vampiro” y “asesino” del mundo antiguo, o bien como vivificador e inspirador de una nueva Roma y de un nuevo Ciclo Heroico (al fin y al cabo eso fue el Medievo gibelino y su Sacro Imperio Romano-Germánico)…

La elección de una torre como símbolo de la nueva corriente de pensamiento no fue casual, ya que el mismo no sólo representaba al “refugio” o al lugar de residencia de una mayor o menor mística, sino que en mayor medida representaba un puesto de resistencia, de combate, de lucha y de afirmación superiores (hoy sin duda el mejor símbolo para aquellos núcleos “que representen la salvaguarda de lo permanente” y que siguen defendiendo lo Absoluto frente a los embates de las hordas democráticas). El carácter heroico y viril, solar y aristocrático, de la nueva corriente de pensamiento era clara, por ello no hay mejor reivindicación para el mundo en ruinas que tenemos en ciernes y del que poco o nada merece ya ser salvado, en el que pocas “torres” van a quedar firmes ante el vendaval que se avecina, que el título de un famoso boletín de determinada fuerza paramilitar falangista de antaño y ya periclitada, y con el que hemos encabezado este pequeño artículo: EN PIE!!!, y ello frente al actual mundo del caos y de las tinieblas encarnados en los modernos totalitarismos del “pensamiento único” y de lo “políticamente correcto” que hoy se nos imponen con fuerza arrolladora y aplastante, el mundo de la anti-Tradición sin fronteras encarnado por el Nuevo Orden Mundial y sus acólitos o tontos útiles…

Joan Montcau

 



Libro: «Evola frente al fatalismo»
marzo 9, 2019, 12:58 am
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Julius Evola, Metafísica, Tradición

Editorial Eas ha publicado recientemente esta nuestra obra, en la que figura un sustancioso prólogo a cargo de Gonzalo Rodríguez y una muy interesante introducción debida a Santiago de Andrés:

https://editorialeas.com/shop/hesperides/evola-frente-al-fatalismo-por-eduard-alcantara/

 



Conferencia: «Julius Evola y el espíritu heroico»
agosto 17, 2018, 10:10 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Julius Evola, Metafísica, Tradición

Adjuntamos el enlace a esta conferencia nuestra impartida hace algún tiempo, la cual fue filmada en vistas a unos encuentros celebrados en Guadalajara (Méjico):

https://drive.google.com/file/d/1eXt0LnLeimMPhp5IoWMAjc5qEB6li8I_/view?usp=sharing



LA ETAPA TRADICIONALISTA DE EVOLA: INFLUENCIAS

Resultado de imagen de René Guénon, J.J. Bachofen y Hermann Wirth.Resultado de imagen de J.J. BachofenResultado de imagen de René Guénon, J.J. Bachofen y Hermann Wirth.

La etapa ya meramente Tradicionalista de Julius Evola, la etapa definitiva tras el paso por las dos anteriores -la vanguardista y la filosófica (1)- que podríamos considerar como preparatorias de ésta, abarca desde el inicio de la década de los años ’30 hasta la defunción de nuestro gran intérprete de la Tradición el 11 de junio de 1.974.

La configuración definitiva de la cosmovisión Tradicional del maestro romano tiene influencias definitivas, de manera especial, en tres autores: René Guénon, J.J. Bachofen y Hermann Wirth.

Del francés Guénon Evola hace suya la caracterización de dos categorías existenciales y vitales a las que en diferentes épocas ha adherido el hombre, cuales son ‘El Mundo de la Tradición’ y ‘el mundo moderno’. La visión que del mundo y de la existencia es propia de cada una de ellas se constituirá en el eje a partir del cual el maestro italiano hará girar los diferentes estudios que realice a lo largo de estas definitivas cuatro décadas y media de su vida. La antítesis representada, por un lado, por un tipo de hombre (El Hombre de la Tradición (1)) que consagra todo su existir y que lo hace en el seno de unas comunidades que hacen lo propio (Mundo Tradicional) y, por otro lado, por otro tipo de hombre (el hombre moderno) y por otro tipo de sociedad cuyos lazos con lo Alto se han roto y cuyos accionares se ven abocados al más rudo materialismo (mundo moderno), le aportarán, dicha antítesis, a Evola las claves definitivas para ajustar el punto de mira de todos sus análisis y estudios.

Del suizo J. J. Bachofen sacará buen rédito de sus trabajos acerca de la morfología de dos tipos de culturas y civilizaciones antagónicas que se habrían ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad: unas de corte patriarcal, que entiende de lo aristocrático, de lo diferenciado, de la forma, de lo jerárquico y de un tipo de espiritualidad viril, apolínea, solar y olímpica y, otras, en cambio, de tipo matriarcal, que entiende de lo ginecocrático, igualitario, de lo promiscuo e indiferenciado y de los cultos de carácter telúrico, ctonio y lunar. Cabe, en otro orden de cosas, señalar que el autor suizo se hace acreedor de un cierto evolucionismo que Evola no comparte, pues sitúa en los orígenes del discurrir humano por el tiempo a las sociedades de carácter matriarcal que habrían sido, felizmente en determinados períodos, sustituidas -en un sentido evolutivo-por otras de carácter patriarcal, cuando, contrariamente a este planteamiento, el maestro italiano sitúa en los orígenes (y de acuerdo a las diferentes tradiciones y textos sacro-sapienciales) a las comunidades de tipo patriarcal (en la Edad de Oro o Satya-yuga) y, posteriormente a éstas – como resultado de un proceso involutivo, de caída-, a las sociedades de naturaleza matriarcal.

Del holandés Hermann Wirth Evola muestra mucho interés por sus investigaciones arqueológicas, ya que a través de los hallazgos efectuados por el investigador neerlandés (en los que el elemento rúnico no es precisamente baladí) se demuestra que si bien el origen de los pueblos indoeuropeos habríase de ser situado en la escandinava cultura de Ertebolle-Ellenberk, estos pueblos son herederos de otros protoindoeuropeos cuyas huellas se remontan todavía más al norte. Es así que Evola retrotrae su hogar originario a los míticos (2) Thule o Hiperbórea de la tradición grecolatina, al Aryanem Vaejo del Avesta iranio o a ese Monte Meru del que hablan los Vedas …a esa, pues, tierra que habría estado situada en las latitudes más septentrionales del Planeta y en la que habría acontecido la Edad de Oro o Satya-yuga (o Krita-yuga): la Tradición Primordial.

Las aportaciones de estos tres autores le resultan al maestro romano capitales a la hora de su desarrollo de una metafísica de la historia, de una morfología del Mundo de la Tradición y de otra del mundo moderno.

 

NOTAS:

 

(1) “La etapa filosófica de Evola: influencias”: https://septentrionis.wordpress.com/2017/07/21/la-etapa-filosofica-de-evola-influencias/

(2) El carácter mítico de ese hogar originario de la Edad de Oro seguramente reviste un carácter también real, tal, como por ejemplo, pensamos que queda demostrado tras la lectura de la obra del autor indio Bal Gangadhar Tilak “El hogar ártico de los Vedas” (Editorial Retorno).

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



LA ETAPA FILOSÓFICA DE EVOLA: INFLUENCIAS
julio 21, 2017, 1:44 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Julius Evola

Resultado de imagen de Friedrich NietzscheResultado de imagen de Otto WeiningerResultado de imagen de Carlo Michelstaedter.

Tras una primera etapa vanguardista-dadaísta en la que un joven Evola adhiere a corrientes artísticos que pretenden romper con los cánones morales y de comportamiento consustanciales a un modo de vida burgués el maestro italiano se adentra en otra etapa diferente -la filosófica, durante los años 20 de la pasada centuria- en la que por la vía de las herramientas propias de la filosofía busca configurar un tipo de hombre soberano de sí mismo: “el gran autarca”, en sus propias palabras; un tipo de hombre liberado de las ataduras psíquicas y físicas propias que subyugan al hombre común. Para delinearlo dará especial importancia a los aportes, sobre todo -pero no únicamente- de tres filósofos: Friedrich Nietzsche, Otto Weininger y Carlo Michelstaedter.

De Nietzsche hará suyo ese impulso por superar la alicorta moral burguesa utilitarista y la moral del esclavo que representa el judeocristianismo, incapacitantes, ambos, a la hora de pretender dar a luz a un tipo de hombre descondicionado de frustraciones, de dogmas acomplejantes como el del pecado original, de sentimientos de culpabilidad, de pavores, de vida mediocre y pragmática …de dar a la luz al ‘señor de sí mismo’; expresión que rescata Evola del taoísmo.

Del austríaco Weininger valora, de manera especial, su libro “Sexo y carácter”, en el que realiza una más que acertada caracterización sobre las diferencias psíquicas existentes entre ambos sexos. Evola acabará, posteriormente en su definitiva etapa Tradicional, otorgándole a la Espiritualidad marcada por lo que él denomina como ‘luz del norte’ la denominación de ‘Espiritualidad solar y viril’, debido al insoslayable aspecto activo que supone la búsqueda del descondicionamiento, del conocimiento de los planos Superiores de la realidad y del Despertar a lo Eterno e Inmutable. Por el contrario tildará de ‘religiosidad femenina y lunar’ a esa otra manera de mirar hacia lo Alto que calificará como propia de la ‘luz del sur’ y que no concibe más que la fe y la creencia -pasivas ambas- en lo Trascendente.

Del italiano Michelstaedter tomará buena nota de lo expuesto por éste en su obra “La persuasión y la retórica”, en la cual escribe que la ‘retórica’ supone aquella tendencia a resignarse y adaptarse a los patrones morales y de comportamiento que imponen los convencionalismos sociales; el ‘homo vulgaris’ denunciado por Evola sería fiel a este patrón de la ‘retórica’. En cambio, la ‘persuasión’ es la actitud que lleva a la auto-posesión, a no depender de ningún factor externo, a no estar sometido a nada ajeno a uno, a convertirse -en definitiva- en ese ‘señor de sí mismo’ del que se hablaba líneas arriba. La persuasión, nos dice Michelstaedter, se logra viviendo cada momento como si fuese el último por tal de superar ese miedo a la muerte que llevará a -citando nuevamente a Evola- ‘un tipo de hombre diferenciado’ a superar miedos y pavores incapacitantes que impiden la consecución de lo que el maestro romano denominó un ‘tipo de hombre descondicionado’.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com