Julius Evola. Septentrionis Lux


ATANOR (Cuadernos de Pensamiento Tradicional), Ediciones Alternativa: “EL FLAUTISTA MÁGICO (MESIANISMO HITLERIANO Y NACIONAL-SOCIALISMO)”. Franco Cardini, 1978.
diciembre 5, 2020, 3:49 pm
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Il capitalismo è la vera minaccia per l'umanità": intervista a Franco  Cardini

Fotografía: Franco Cardini

ATANOR (Cuadernos de Pensamiento Tradicional), Ediciones Alternativa: “EL FLAUTISTA MÁGICO (MESIANISMO HITLERIANO Y NACIONAL-SOCIALISMO)”. Franco Cardini, 1978.

“El mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los comienzos“.

Mircea Eliade


  1. ¿Qué tipo de libro es?

   ATANOR fue una publicación bimestral del Círculo Cultural “La Antorcha” que apareció en Barcelona en la primera mitad de la década de los 80, dirigida por Ernesto Milá. La temática era de tipo totalmente tradicional: tradiciones sagradas, metapolítica, metafísica, simbolismo, etc. El número que tenemos entre manos concretamente es el número 2 y desconocemos cuántos llegaron a publicarse realmente, pero cuyo contenido todo él es de sumo interés; textos de René Guénon, de Julius Evola, de Ernesto Milá -uno dedicado al simbolismo del pez en el cristianismo primigenio y otro sobre la Tradición Primordial-, otros de George Gondinet y de Alex Voglino dedicados al gran J.J.R. Tolkien y a la literatura fantástica en general denunciando el demonismo moderno; pero vamos a centrarnos en el último capítulo de esta gran revista doctrinal (y muy artesanal, por cierto), el más extenso de todos ellos y sobre una temática rara vez interpretada desde el punto de vista de la Weltanschauung  tradicional que es lo que nos interesa a nosotros. Estamos hablando de Hitler y del Movimiento Nacional-socialista tan demonizados hoy por esta postmodernidad nihilista verdaderamente demoníaca, valga la redundancia.

   “El Flautista Mágico” fue un extenso texto que apareció en febrero de 1978 en el número 29 de la revista tradicionalista italiana “Intervento”, y que se reprodujo íntegramente con posterioridad en la revista francesa -también de temática tradicional- “Totalité”, número 14. El autor de dicho texto fue el historiador e intelectual tradicionalista Franco Cardini, donde se dedica a analizar el “otro” rostro del hitlerismo, aquel que generalmente nos es escamoteado, cuando no descaradamente tergiversado, manipulado y falsificado. Una interpretación del fenómeno nacional-socialista dentro de una óptica y perspectiva tradicional y metapolítica. Una brillante e intensa exposición en apenas 12 paginas.

  1. Resume su temática…

      El autor analiza ciertos aspectos del Nacional-socialismo histórico y de la figura de su fundador haciendo una exégesis tradicionalista de los mismos, discriminando lo que hubo tanto de positivo como de negativo, aseverando en que dicho Movimiento, “al margen de sus componentes progresistas y tecnocráticas, las cuales fueron por lo demás masivas y evidentes” dice Cardini, lo que realmente llamó –y llama- la atención del mismo fue el carácter radicalmente anti-moderno y anti-historicista en su capacidad mito-poética, en su dimensión y proyección míticas; y todo ello al margen de sus componentes obreristas o “de izquierda”, así como ciertas influencias de tipo jacobino de las que tampoco se salvaron otros movimientos nacional-revolucionarios de la época, dicho sea de paso; sin hablar de ciertas componentes ocultistas y pseudo-esotéricas que verdaderamente fueron puramente residuales frente a lo que cierto tipo de literatura-basura pretende afirmar. El autor, curiosamente, compara la revolución hitleriana en muchos aspectos con la revolución japonesa de la época Meiji: en el sentido que, al igual que esta, tendió a crear un cuerpo tecnológicamente avanzado e industrioso -en el sentido “occidental” del término digamos-, pero sobre un alma dirigida exactamente en sentido inverso, es decir una dirección programática y espiritualmente consciente hacia las antiguas tradiciones heroicas, hacia los Ancestros. Una revolución que conectaba con el “homo mythicus”, con el hombre del “illud tempus” tan odiado por la barbarie moderna. Ahora ya entendemos la verdadera razón del odio extremo que la Modernidad y la superstición democrática y progresista sienten por el nacional-socialismo hasta el punto de centrarse en la figura de su fundador y líder Adolf Hitler, elevándole al rango de “enemigo metafísico” por excelencia. Y es que la inmundicia democrática vio en todo ello lo que quizás ni los mismos seguidores del III Reich apenas consiguieron entrever durante la existencia histórica del mismo… En una sociedad cada vez más podrida y disoluta que vive de utopías a cual más absurda y sinsentido, el Mito puede tener la capacidad de movilizar, de “despertar”; de ahí su enorme peligro para el demonismo moderno abiertamente subversivo y anti-tradicional, anti-mítico por esencia. Como señala muy acertadamente el autor, el Mito puede tener la capacidad  de hacer escapar al hombre del deprimente y desesperante mundo de lo “real” y de lo cotidiano; decía decía René Alleau que “el ‘tiempo mítico’ transcurre paralelamente al ‘tiempo histórico’, pero con otro ritmo. Lo que llamamos ‘acontecimientos’ no son quizá más que múltiples advenimientos, internos y oscuros, que se vierten a la luz del día, cristalizados y formando de pronto una masa”. Y esto es lo que el mundo contemporáneo no perdona a Adolf Hitler, esa revitalización del Mito, del Rito, del Símbolo, ese intento de “retorno a los orígenes” (aunque a veces el mismo tuviera ciertos caracteres paródicos o caricaturescos), hasta el punto de convertirse en una figura enemiga de la historia y no digamos del historicismo; un personaje metahistórico desde el punto de vista simbólico, y ello en pleno siglo XX. Por otro lado si para el Sistema luchar contra el mismo con las ideas y sobre el plano político es imperdonable, intentar destruirlo con las divisiones panzer y con las Waffen-SS es ya el colmo, es el “pecado capital” por excelencia…

   Según Franco Cardini, si algún día desaparecieran como por ensalmo las pruebas históricas sobre la figura de Hitler, éste bien podría transformarse, a modo de leyenda, en una especie de “mito solar” o más bien en una especie de Sabio mágico-chamánico al estilo del Merlín del Ciclo del Grial. Incluso llega a decir que en su experiencia totalitaria al frente del III Reich por él fundado, fue más la de un verdadero “Rey Mago” que la de un guerrero o jefe político; es más, bajo su sistema político nos podemos encontrar con una especie de remedo de la antigua tripartición funcional común en las antiguas civilizaciones indoeuropeas, una Sociedad de Castas. En la cúspide la Primera Casta centrada en el Führer y en su misión, que el autor califica de “chamánico-sacerdotal”, la Segunda Casta el elemento guerrero y militar con la “Orden Negra” SS a la cabeza; finalmente la Tercera Casta, el elemento productivo con un “Frente del Trabajo” superador del concepto de “clase social”, con una economía totalmente subordinada al plano político al contrario de lo que ocurre en el liberalismo burgués y en las plutocracias de las que el actual y apocalíptico Nuevo Orden Mundial es la quintaesencia

   Cuando la Modernidad odia a Hitler y a todo lo que él representaba y le rodeaba, realmente lo que odian como dice Cardini, es que él comprendió como nadie que la humanidad necesita mitos movilizadores; por otro lado fue tal el consenso que tuvo en vida, incluso hasta la muerte, que ningún otro político moderno jamás conseguirá ni soñando. Le acusarán de todo tipo de maldades habidas y por haber, pero lo que realmente el Sistema teme y odia es al personaje que predicó como ninguno la fraternidad patriótica, del fin necesario de los egoísmos privados, de la belleza del trabajo y de la “obra bien hecha”, del verdadero Arte, del sacrificio del interés común, el amor por la Naturaleza a la que hay que respetar y no violar de forma tan vil y criminal como hace la democracia, del carácter constructivo de las virtudes cívicas, la prédica y la práctica de la austeridad, del amor por el Servicio y por el Sacrificio, la lucha por una vida sana y exenta de vicios envilecedores y esclavizantes; ESTO ES LO QUE REALMENTE ODIA EL SISTEMA… “La fascinación, negativa o no, que Adolf Hitler ejerce aún es extraña. La atroz primavera hitleriana. Fue la esperanza de vida no realizada. La vieja inteligencia racionalista, la que se obstina en calificar de irracional y criminal la revuelta actual de las jóvenes generaciones, odia sobre todo en Adolf Hitler la última ilusión mítica, la cruel juventud perdida” (Franco Cardini).

  1. ¿Quién es su autor?

   Franco Cardini, tradicionalista, antiguo militante del “Movimiento Social Italiano”. Historiador y gran medievalista.

  1. ¿Es parcial o imparcial en el tema que trata?

   Es parcial puesto que parte desde la Cosmovisión tradicional del mundo, muy crítico con algunos aspectos del Nacional-socialismo histórico, pero extrae del mismo todo lo que tuvo de positivo desde el punto de vista tradicional que no fue poco.

  1. Detalles de la edición…

   Ya lo comentamos más arriba. El artículo que nos trae es de 1978, la revista en concreto –ATANOR- creemos que de 1984 más o menos, ya que no aparece la fecha. Editada en Barcelona.

  1. Desacuerdos, anécdotas a su alrededor y relación personal con el mismo…

   Desacuerdos prácticamente ninguno.

  1. ¿Por qué lo elegiste para leer?

   Poco hay de decente o de legible desde el punto de vista comentado, es decir una visión del hitlerismo a la luz de la Tradición, porque al fin y al cabo como dice Cardini “la esencia del nacional-socialismo sigue siendo Adolf Hitler…”

  1. Valoración del texto

   Altamente positivo y muy recomendable desde nuestro particular punto de vista.

  1. ¿Para quién está enfocado este texto?

   Para todo “Hombre de la Tradición”, un hombre que “vive” en la Modernidad pero sin formar espiritualmente parte de la misma. Formarse y avanzar: “Es necesario alternar la reflexión y la acción, que se completan y corrigen la una con la otra. También para avanzar se necesitan las 2 piernas: la acción y la reflexión…” (Antonio Gaudí)

  1. ¿A quién lo recomendarías?

   A todo aquel interesado por el fenómeno hitleriano y que quiera justamente interpretarlo desde una perspectiva metapolítica, más allá de la odiosa política mundana que todo lo corroe y convierte en mercancía averiada.

Joan Montcau



ACCIÓN LITERARIA DÜNEDAIN – CONCILIOS A DISTANCIA. Presentación de “Pandemia y Confinamiento” por Gonzalo Rodríguez
septiembre 14, 2020, 4:57 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Tradición
PANDEMIA Y CONFINAMIENTO - Librería Castilla Comic

ACCIÓN LITERARIA DÜNEDAIN – CONCILIOS A DISTANCIA | El Cadenazo

ACCIÓN LITERARIA DÜNEDAIN – CONCILIOS A DISTANCIA

Presentación de “Pandemia y Confinamiento” por Gonzalo Rodríguez

Segundo Concilio a Distancia y se desató la locura… presentación en 10 minutos y conversación entre amigos… hay perlas para enmarcar… os dejamos con las palabras del autor sobre la experiencia en su blog LA FORJA Y LA ESPADA:

“El grupo «Acción Literaria Dünedain» es un club «secreto»… Los «libros prohibidos» y la disidencia anti moderna están en el frontispicio de su subversión. Y de manera «selecta» se entra en él y participa. Hemos tenido el Honor…

Para hablar de nuestro libro «Pandemia y confinamiento: el retorno de los dioses fuertes». Pero para hablar también de otras muchas cosas: Burzum, Manowar, el separatismo en Cataluña, el Estoicismo, la Tradición Sapiencial, Tolkien, la necedad posmoderna y el nihilismo…

Aquí os dejamos la conversación… Abstenerse acólitos de la «corrección política» y el espíritu «pequeño burgués».

Fuerza y Honor!”

ALD: Cultura – Tradición – Verdad

Enlace:

«DÜNEDAIN» ES UN CLUB SECRETO…



LA SABIDURÍA DEL CRISTIANISMO, varios autores. Prólogo, selección y notas de Sara Boix Llaveria.
septiembre 11, 2020, 10:36 am
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La Sabiduría Del Cristianismo - Kemik Guatemala | Kémik

“Puro como el más fino oro, firme como una roca, completamente límpido como el cristal: así ha de ser tu corazón”.

A. Silesio

“Dios se hizo hombre para que el hombre pueda hacerse Dios”.

San Atanasio

TÍTULO Y AUTOR:

LA SABIDURÍA DEL CRISTIANISMO, varios autores. Prólogo, selección y notas de Sara Boix Llaveria.

1 ¿Qué tipo de libro es?

Estamos ante una recopilación de citas de sabios y santos de todas las épocas del Cristianismo, aunque haciendo especial énfasis en los místicos renanos, los pensadores de línea platónica, los hesicastas o la teosofía germánica (que no teosofismo, parodia grotesca y antitradicional de la degenerada y chiflada Helena Blavatsky), pero también de nuestros grandes místicos del Siglo de Oro, aquella esperanza primaveral -un verdadero Ciclo Heroico- truncada por la Modernidad…

Este maravilloso librito, una verdadera guía existencial y un verdadero cuaderno de bitácora para estos tiempos terminales que vivimos, está dividido en tres partes simbólicas: IRRADIACIÓN, REFLUJO, UNIÓN. Como dice el compilador de la presente obra, ésta se estructura en los tres capítulos mencionados describiendo el inmenso círculo que surge del Principio Supremo, de la misma Divinidad, y que al mismo regresa. En dicha obra por tanto se tratan diversos temas, desde la naturaleza Divina a la virtud humana. Del Macrocosmos al Microcosmos, del Hombre Primordial a la Caída que supuso el “Pecado Original”, hasta llegar a la actual existencia infrahumana previa al “final de los tiempos” y al inminente y nuevo “Diluvio Universal” que ya se presiente en el ambiente de este mundo caótico, enfermizo y demoníaco.

IRRADIACIÓN hace alusión a la manifestación y expansión del mensaje crístico en el mundo. En este capítulo se tratan temas como la Santa Trinidad, el Cosmos, el Mal y su manifestación en “el mundo”, la Existencia, el alma caída, el pecado y el error, la muerte y el Más Allá.

REFLUJO simbólicamente hace alusión a un movimiento de descenso de la marea -utilizando el simbolismo marino, al fin y al cabo Cristo fue “pescador de hombres” y el pez uno de los grandes símbolos de la Tradición Primordial-, movimiento de descenso que nos hace apreciar el arrecife, descenso que hace aparecer ante nuestros ojos esta gran manifestación de la Tradición Primordial ya en plena Edad Oscura y que es el Cristianismo. En este capítulo se centra más en la doctrina sapiencial propiamente dicha. Se tratan temas como el Arrepentimiento y el Perdón, Gnosis e Inteligencia, Acción, Voluntad y Sometimiento a Dios, Amor, Virtud, Vía Contemplativa y Vía Activa, Vicisitudes del Camino, etc.

UNIÓN es un capítulo donde ya se hace alusión a temas como la Extinción, la Salvación, la Redención y el Paraíso, la Unión y Deificación -“el hombre ha de ser plenamente divino”, nos decía Ángelo Silesio-, la Consumación… Estamos pues ante una antología que nos ofrece un extraordinario y rico panorama de la espiritualidad cristiana, en su verdadera manifestación mistérica, iniciática y sapiencial, un Cristianismo que nada tiene que ver con las sandeces de un tal Bergoglio ni con las perversas pseudo-doctrinas que surgieron a raíz del satánico Concilio Vaticano II (potencialmente criminal para con nuestra Patria, por cierto), dos muestras del mundo en descomposición y disolución en el que estamos viviendo: “Yo he vencido al mundo…” nos dijo Cristo; evidentemente hablaba del mundo de la Mentira, de la Maldad, dominado por “razas de víboras y de serpientes”. Solve et Coagula.

2.- Resume su temática

Una recopilación de textos cristianos de todas las épocas y ramas de la espiritualidad cristiana, aunque principalmente del Catolicismo y de la Ortodoxia.

La compiladora de este “pequeño libro de sabiduría” lanza una tesis muy sugestiva: la de considerar al Cristianismo ya desde su más remoto albor como una verdadera doctrina iniciática, ya que como afirma la misma, el esoterismo ya está presente en el mensaje divino de la Revelación, en las propias palabras de Cristo en el Evangelio y en la doctrina esencialmente interiorizante del Cristianismo, ello en contraste con el repugnante y horripilante legalismo de otros monoteísmos del desierto como el judío o el musulmán, a cual más repelente y alejado de la verdadera Espiritualidad Primordial y donde el hombre es un mero esclavo al servicio de los caprichos de un Dios perverso, vengativo y cruel, un hombre esclavo de sus instintos y sin ninguna posibilidad de verdadero acceso a la trascendencia, de adquirir verdadero Conocimiento o de una Iniciación que le lleve del “hombre viejo” al “hombre nuevo”, al Hombre de la Tradición en definitiva. “Y os habéis vestido del nuevo {hombre,} el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó” (Colosenses 3:10).

3.- ¿Quién es su autor?

Son muchos y muy variados los autores de todas las citas que aparecen en el libro. Como ya hemos señalado las labores de recopilación, selección, notas y prorrogo corren a cargo de Sara Boix Llaveria.

4.- ¿Es parcial o imparcial en el tema que trata?

Totalmente parcial puesto que parte en particular de la tradición cristiana y por ende, en la Tradición Primordial y Sapiencial en general.

5 Detalles de la edición

Editorial Olañeta, año 2010. Colección “LOS PEQUEÑOS LIBROS DE LA SABIDURÍA”.

6.- Desacuerdos, anécdotas a su alrededor y relación personal con el mismo.

Desacuerdos ninguno. Conservo esta joya como una verdadera Guía Existencial. Un verdadero manual donde se compendian y sintetizan de maravilla las dos formas de realización tradicional: La Vía de la Contemplación y la Vía de la Acción.

7.- ¿Por qué lo elegiste para leer?

Un tema para mí de particular interés, y más hoy en día en que el Cristianismo digamos “oficial”, está ayuno de verdadera doctrina sapiencial. Las cosas que se aferran a lo Absoluto, nunca pierden el atractivo aunque sea de una minoría. La Iglesia “oficial” se mundanizó hasta extremos ridículos, grotescos y diabólicos, hoy incluso algunos de sus representantes son meros peones, voceros y siervos de la tiranía mundialista y sus perversas pseudo-doctrinas, olvidando con ello lo que nos dijo el Maestro: “YO HE VENCIDO AL MUNDO…”

8.- ¿Cuál es tu valoración del libro como tal?, ¿y su temática?

Muy alta y muy positiva. Obra más que aconsejable.

9.- ¿Para quién está enfocado este libro?

Para todo aquel que busque algo distinto, diferente y superior a todo lo que nos rodea en este mundo en plena caída por la pendiente.

10.- ¿A quién lo recomendarías??

A todo aquel que quiera vivir en sí mismo esas los grandes Vías de la Tradición a las que hemos hecho alusión en el apartado número 6. “El hacer justo y correcto frente al desorden activista” (Antonio Medrano) de la presente humanidad profana y profanadora. El Arte de Vivir en un mundo en crisis en definitiva.

Juan Moreno Cañas



 LA CORONA Y EL ORTO, autor José Antonio Villalobos.
septiembre 7, 2020, 2:06 pm
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La Corona Y El Orto. Poemas Épicos Tradicionales: Amazon.es: Villalobos, José Antonio: Libros

TITULO Y AUTOR:

LA CORONA Y EL ORTO, autor José Antonio Villalobos.

 

1.- ¿Qué tipo de libro es?

 

Se trata de un libro de poemas épicos tradicionales. A lo largo del mismo se dedican poesías a grandes figuras históricas como Carlomagno, Alejandro Magno, Platón; a personajes míticos y metahistóricos como Arturo, Merlín, Cristo, Buda, San Jorge, Hércules, Teseo, Parsifal, Sigfrido, Osiris; poemas reivindicatorios de grandes civilizaciones tradicionales tanto de Occidente como de Oriente: la Hélade, la Romanidad clásica, el Medievo gibelino y su Sacro Imperio Romano-Germánico, nuestro glorioso Siglo de Oro Hispánico, Egipto, la India aria, el Japón y la China imperiales; figuras paradigmáticas y sagradas como el Samurai, el Kshatriya, el Hidalgo Castellano, el Caballero Templario, el Faraón egipcio, el Emperador Sagrado, el Rey-filósofo, incluso el noble guerrero Piel-roja; se reivindican grandes símbolos de la Tradición Primordial como Hiperbórea, el Árbol del Imperio, el Santo Grial, el Dragón, el Toro, el León, el Águila, el Sol, el Norte… El libro comienza con dos buenos poemas dedicados a aquel gran conflicto mítico ocurrido “in illo témpore”, el combate y la lucha entre las Fuerzas de la Luz y las de las Tinieblas, conflicto que a lo largo de los Ciclos ha tenido sus plasmaciones a nivel histórico -recordemos sin ir más lejos en épocas relativamente recientes las dos guerras mundiales o la Cruzada española-, y que sin duda volverá a reproducirse según todos los textos sagrados “al final de los tiempos” o al final de la actual Edad Oscura, poniendo fin a la misma e inaugurando una nueva Edad Áurea y Ascensional. Los títulos de los dos poemas citados son “La Rebelión y caída de Lúcifer” y “La Rebelión de los titanes contra los Dioses Olímpicos”. Siguiendo esta misma tónica y esquema dualista desde el punto de vista espiritual, metafísico y metahistórico, hay otros tres bellos y vibrantes poemas dedicados a la lucha del Imperio Español del Siglo de Oro y del Sacro imperio Romano-Germánico contra las modernas fuerzas de la disolución mundial durante la Guerra de los Treinta Años: “ACERCÁBASE EUROPA A LA MITAD DEL SIGLO XVII. FINALIZABA LA TERRIBLE GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS (1648, Paz de Westfalia. Triunfo definitivo en Europa de subversión moderna). EL SOL SE PONÍA EN UN SANGRIENTO OCASO PARA EL SACRO IMPERIO DE OCCIDENTE Y PARA LA PODEROSA ESPAÑA…” Las fuerzas de la disolución y de la desintegración que se desencadenaron sobre Europa desde el Siglo XIV en adelante (güelfismo, humanismo, protestantismo, etc), habían conseguido resquebrajar y finalmente romper aquellos dos grandes diques de contención a nivel mundial que fueron aquellos dos grandes imperios solares y sagrados. El camino hacia hacia el actual Nuevo Orden Mundial ya estaba allanado… Los tres poemas citados arriba se titulan: “Monumento a la Contrarreforma”, “El Hidalgo Castellano y el Espejo Mágico del Palacio del Sol” y “El Fantasma Imperial del Palacio abandonado de Viena”. “FUERA DE ESTE PALACIO, LOS HOMBRES DESCONOCEN LA GRAN IDEA, LAS IDEAS PURAS, CUYAS IMÁGENES: CRISTALIZADOS REFLEJOS DETENIDOS POR LA MANO DEL ARTE PODEROSA, HABITAN ESTE HERMÉTICO PALACIO IMPERIAL ABANDONADO AL TIEMPO EN CAMPOS SOLITARIOS, DESTERRADO CUAL COLOSO PROSCRITO DE LA CIUDAD DE VIENA DEGRADADA, YA MUY DISTANTE DE DIOS, YA NO SOSTENIDA POR LAS ÁUREAS GARRAS POTENTÍSIMAS Y HERÁLDICAS, SAGRADAS, DEL ROMANO-GERMÁNICO LEÓN GIBELINO…”

 

2 Resume su temática

 

Como indicamos arriba, se trata de una recopilación de poemas épicos que nos transportan a un mundo de grandeza heroica y sobrehumana, necesario en estos tiempos de demencia generalizada y de escoria subhumana encumbrada y enseñoreada encima orgullosa de su propia inmundicia y mediocridad (léase democracia…) Con la lectura de dichos poemas nos transportamos a un mundo mítico, glorioso, viril, un mundo dominado por la grandiosidad épica no apta para fantoches progresistas e imbéciles humanitario-pacifistas que hoy tanto abundan en esta Edad Crepuscular. El autor para titular su maravillosa obra poética, ha escogido dos símbolos de grandeza, esplendor y luminosidad, de solaridad y de Victoria sobre las potencias oscuras: la Corona y el Orto. La Corona simboliza la majestad, la Realeza Sagrada y Solar, el Imperio. El Orden y la Jerarquía divina frente al Caos y la Oscuridad. El Orto es el Amanecer, la llegada de la Buena Nueva, la salida del Astro Rey en el horizonte, es la Luz que triunfa sobre la negritud de la noche así como el Ave Fénix que resurge de sus cenizas. Estamos pues ante dos grandes símbolos de la Tradición que evocan lo mejor de la Espiritualidad Primordial, dos valores ABSOLUTOS que se manifiestan virilmente en un podrido mundo donde todo es “relativo” y totalmente carente de rectitud, humildad, bondad y belleza.

 

3 ¿Quién es su autor?

 

José Antonio Villalobos

 

4 ¿Es parcial o imparcial en el tema que trata?

 

Totalmente parcial por supuesto, ya que se trata de una obra totalmente tradicional

 

5.- Detalles de la edición Editorial Yatay, año 2000.

 

6.- Desacuerdos, anécdotas a su alrededor y relación personal con el mismo.

 

Desacuerdos ninguno; del autor poco más he leído.

 

7.- ¿Por qué lo elegiste para leer?

 

El título ya de por sí es sugerente y sumamente atractivo.

 

8.- ¿Cuál es tu valoración del libro como tal?, ¿y su temática?

 

Altamente positiva.

 

9 ¿Para quién está enfocado este libro?

 

Parafraseando a José Antonio Primo de Rivera, aconsejable para todos aquellos que vivan en este mundo -podrido, descompuesto, tenebroso-, pero teniendo su propio mundo aparte, en un lugar de su Corazón (Centro espiritual del Hombre de la Tradición)…

 

10.- ¿A quién lo recomendarías?

 

Como dice el Evangelio: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.

 

 

Joan Montcau

 



EL ALTAR DE HÉRCULES Y LA FUNDACIÓN MÍTICA DE LA CIUDAD DE BARCELONA

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EL ALTAR DE HÉRCULES Y LA FUNDACIÓN MÍTICA DE LA CIUDAD DE BARCELONA

“El pasado es un prólogo”.

William Shakespeare

“El mejor profeta del futuro es el pasado”.

Lord Byron

Cerca de 500 años antes de la fundación mítica de Roma (753 A.C.), según la mitología, Hércules, tras el cuarto trabajo de los 12 que le fueron impuestos en penitencia por haber asesinado a su mujer y sus hijos, se une a los argonautas liderados por Jasón en la búsqueda del Vellocino de Oro cruzando el Mediterráneo con nueve navíos. Una tormenta dispersó la flota cerca de la costa catalana, aunque consiguieron reagruparse todos salvo una nave. Jasón le ordenó a Hércules la búsqueda del noveno navío (Barca Nona), que encontró a orillas de la colina de Montjuïc (posiblemente la zona actualmente conocida por Can Tunis, antiguo barrio ubicado entre el Puerto de Barcelona y el Cementerio de Montjuic, demolido tras la ampliación del puerto en el 2004). Al parecer, a los tripulantes les fascinó tanto el lugar que con la ayuda de Hércules y Hermes fundaron una ciudad con el nombre de Barcanona sobre la cima del Mons Iovis (Monte de Júpiter, el actual Montjuic), Barcanona hopónimo pues de Barcelona. Esto en cuanto a la fundación mítica o legendaria de dicha ciudad. Dice también la leyenda que Hércules levantó un altar, bebió agua y una vez en la cima, tras observar fascinado toda la belleza que le rodeaba, decidió fundar una ciudad…

La fundación oficial e histórica de Barcelona lo fue en torno a los años 15 a. C. y el 10 a. C., durante el reinado del Emperador Augusto. El centro de irradiación, el “Axis Mundi” de la nueva ciudad romana, se ubicaría en un pequeño promontorio del llano de Barcelona cercano a la costa, el monte Táber (25 m altitud). El nuevo poblado recibió el nombre completo de Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino. El nombre de Barcino era una latinización de Barkeno, centro sagrado también para la tradición antecesora ibero-layetana (1). De hecho parece ser que los dos promontorios mencionados también fueron sagrados para los layetanos; recordemos, el Mons Iovis (fundación mítica por Hércules, Barcanona) y el Mons Táber (fundación histórica, Barcino), zona donde hoy están ubicadas las ruinas de un Templo dedicado a Augusto). Por otro lado resaltar que la ciudad de Barcelona, al igual que otras ciudades o centros sagrados del Mediterráneo como lo fueron Roma, Atenas o Jerusalén también están dominadas o asentadas sobre 7 cerros o colinas (2), curiosidades de la Geografía Sagrada…

Para acceder al llamado “Altar de Hércules” subimos por la parte sudoeste de la montaña, sin duda la parte más bella, boscosa y salvaje de la misma, y también -¡¡¡menos mal!!!- la menos turística y masificada. Según vamos subiendo y vamos dejando atrás los últimos edificios del casco urbano, nos damos de bruces con una bella edificación de origen militar conocida como “El Polvorín de Montjuic”; se trata de un edificio histórico que da nombre al Barrio del Polvorín -precisamente por donde hemos subido- construido en la segunda mitad del S.XVIII, hoy propiedad de la ciudad de Barcelona y convertido en un teatro. Dicha edificación se levantó concretamente en 1773 y construida por el Ejército tras la Guerra de Sucesión Española (1701-15).
Más arriba, ya en la vertiente noroeste de la Montaña Sagrada, se encuentra un precioso paraje junto a un complejo deportivo, estamos hablando de la Reserva Natural de la Foixarda, la única reserva natural de la ciudad.

Seguimos subiendo en dirección al Cementerio que también vale mucho la pena visitar, una verdadera y gigantesca Ciudad de los Muertos con un impresionante enjambre de calles en su interior y orientado hacia el Este (Ex Oriente Lux!!!), y en el que reposan también los restos mortales de varios Mártires y Héroes de nuestra Santa Cruzada de Liberación Nacional (1936-39), lugar por tanto de cultos marciales, viriles y totalitarios…

Antes de llegar al Cementerio, metros más abajo, nos encontramos con un valle con amplias vistas al mar Mediterráneo y al Delta del Llobregat, haciendo de extraordinario balcón natural. Sobre la explanada se hayan las ruinas o los restos de lo que algunos arqueólogos consideran como un antiguo santuario o complejo cultual prehistórico nórdico-atlántico, y según algunas leyendas se trataría por otro lado de las ruinas de un centro sagrado levantado por el mítico Hércules tras la fundación de la ciudad de Barcelona (3). Lo vergonzoso del asunto es que tratándose de unas ruinas antiquísimas, las mismas carezcan de ningún género de protección, ni siquiera los restos de un antiguo castillo que se encuentra poco más arriba, levantado al parecer sobre un asentamiento ibérico -layetano- y al lado de una antigua cantera ya explotada en época romana (hoy conocida como el Fossar de la Pedrera, y donde también el Estado del 18 de Julio enterró después de fusilar a cientos de canallas y criminales de guerra); estamos hablando del “Castell del Port”, una estructura defensiva de Barcelona muy relevante desde el siglo XI hasta la segunda mitad del siglo XV, estructura de la que sólo quedan también ruinas y una placa conmemorativa puesta por una entidad excursionista en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona con motivo del Milenario del “Barri del Port”.

Entre los restos de ese presunto “santuario prehistórico”, hay una gran roca en forma de altar con una inscultura o cazoleta en el centro presumiblemente para recoger el agua de la lluvia o del rocío y con canaletas, todo ello sin duda destinado para algún tipo de ritual o de cultos de libación. Lugar de obligada visita pues, y sobre el que la Hermandad Totalitaria Barcino, como si de unos nuevos augures se tratasen, consagraron de nuevo -esta vez en 2018- la ciudad de Barcelona como Hija directa de Roma que es, y tal como hiciera según la leyenda su mítico Fundador el Héroe Divino Hércules hace más de 3500 años.

Roma pues, fue la madre fundacional a partir de la cual surgieron otros centros tradicionales y sagrados que se fueron fundando por todo el dominio romano, siendo Barcino uno de ellos y el primero con lo que respecta a toda la península ibérica. Barcino no fue fundada como una urbe más al modo de Tarragona, Badalona o Mérida, sino como Centro Espiritual, como un espacio consagrado ritualmente, a la vez depositario, heredero y representante de la Tradición Primordial, aunque subsidiario o secundario como hemos visto de la Roma Eterna. El Divino Octavio Augusto, Imperator y Pontifex Maximus, ostentando a la vez el Poder Real y el Sacerdotal, fundó oficialmente Barcino como una Colonia romana, como una imagen a la vez de Roma y del Centro del Mundo; así que de la misma manera que en la cima del Capitolio se erigía el tabernáculum en honor y recuerdo al mítico Fundador de Roma (Rómulo), en Barcino se erigía la BARCA (Arce Sacrorum, Arca Sagrada, símbolo de la conservación, de la defensa y de la protección de la Tradición). En definitiva, el divino Augusto fundó Barcino sobre el Mons Táber análogamente a como Hércules fundó la BARCA sobre el Mons Iovis. De la misma manera que sobre la cima del Mons Táber se erigió un Templo en honor a Augusto del que hoy también sólo quedan ruinas, Hércules hizo otro tanto en una época mítica sobre el Mons Iovis, ruinas que careciendo hoy del nivel de protección que merecerían -y con mayor motivo- como en cambio sí tienen hoy las primeras, no por ello carecen ni mucho menos del valor y del interés (y no hablo del meramente “turistico”) de éstas últimas. Así pues nos encontramos ante dos fundaciones de Barcino (la mítica y la “oficial”), ante dos Tabernáculum o “Arcas Sagradas”, igualmente ambas emanaciones o imágenes del Centro del Mundo y de la Tradición Primordial. La BARCA que es la Ciudad de Barcino, pese a que su pueblo hoy envilecido haya perdido el espíritu y el contacto con sus verdaderos orígenes y con la sagrada memoria de sus divinos Ancestros (“Memoria Histórica” con mayúsculas, mejor dicho Metahistórica…), su simbolismo sigue permaneciendo intacto y al alcance de todos aquellos que aún posean cierta dimensión de la trascendencia y cierta visión mítica en esta era de tinieblas y de ocaso de la verdadera intelectualidad en la que vivimos. Por otro lado no hay que olvidar que la Ciudad de Barcino se levantó sobre otro centro espiritual y sagrado preexistente como ya hemos indicado alguna vez: Laye o Laie, centro espiritual, metafísico e iniciático de la región de Layetana (5); el mismo parece ser que estuvo asentado precisamente entre Mons Iovis y el Mons Táber. De hecho el arriba citado “Castell del Port” se levantó sobre los restos de asentamientos y silos layetanos como han señalado diversos historiadores y arqueólogos de nuestra ciudad.

Esperamos en breve efectuar otra excursión a esta zona de gran atractivo y extraña belleza, admirar sus olvidadas y orilladas ruinas, y conmemorar de nuevo el rito fundacional de la ciudad del mítico Hércules en el altar orientado hacia el Mar Mediterráneo y hacia la desembocadura del río Rubricatus (Río Rojo) que es como los romanos bautizaron al actual río Llobregat.

BARCINO AB HERCULEA CONDITA (inscripción de la fachada gótica del Ayuntamiento de Barcelona, Siglo XV). Roma llamaba a los barceloneses “barcinonensis” o “faventinos”, es decir “favorecidos por los Dioses”, y la ciudad era llamada PIA FAVENTIA: “la favorecida por los Dioses por sus Cultos Religiosos”. ASÍ SEA.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

NOTAS:

(1) Algunas referencias a un asentamiento “ibérico” llamado “Laie” o “Laiesken” parecen legendarias; la inscripción Laiesken encontrada en algunas monedas probablemente haría referencia al nombre de todo el territorio layetano (comarcas del Barcelonés, Baix Llobregat, Vallés Oriental y Occidental, Maresme, incluso podría que hasta el Bages), no de un poblado. Sin embargo como dice el historiador de la ciudad Estanislau Roca, “la larga historia entre ciudad y montaña devino compulsa, sometida entre el amor y el odio. Por su singularidad, como un símbolo de relación entre el cielo y la tierra, así como por sus condiciones de defensa, y de amplia visión y dominio territorial propiciaron que, en Montjuïc, los íberos establecieran el primer asentamiento humano importante del que se tiene constancia (hay muchas pruebas arqueológicas en tal sentido). Y es de suponer que, por las dificultades de establecer el comercio en la montaña y por los problemas de comunicación y transporte debido al accidentado relieve, se construyera más tarde la ciudad romana del Táber. El asentamiento ibérico de Montjuïc se fue romanizando y convivieron dos Barcelonas, la Barcino del Táber y la Laye de Montjuïc, hasta que se abandonó esta última. A partir de entonces, y durante largo tiempo, Montjuïc fue una montaña lejana que acogió poco más que actividades agrícolas y un cementerio judío al que debe su nombre”. Esto último es una de las versiones que tanto gustan a cierto tipo humano totalmente antitradicional; es absurdo pensar que un insignificante cementerio de determinado colectivo racial o cultural acabe dando nombre a una montaña de tamañas resonancias simbólicas, míticas y metahistóricas. Nuevamente volvemos a hacer hincapié en la teoría de la ELECCIÓN DE LAS TRADICIONES, los que nos honramos de ser Hijos de Roma, de aquella gran civilización patriarcal, viril y solar, o los que se consideran más bien como los hijos bastardos de la Luz del Sur (los partidarios del presunto “Montjuïc judío” curiosamente son los que hoy abrazan en masa la causa criminal del separatismo y de la Antiespaña pura y dura…) Lo que está claro es que, como dice Ernesto Milá en su monumental “Guía de la Barcelona Mágica”, no parece que hubieran grandes problemas entre los romanos y los iberos layetanos, quizás porque ya éstos estaban muy influenciados por Grecia y la cultura helena, a diferencia de otros pueblos ibéricos de la península con los que Roma tuvo que lidiar.

(2) Las 7 colinas de los 4 centros sagrados -Axis Mundi- del Mediterráneo son las siguientes:
-Atenas: Las 7 colinas más importantes son Licabeto (la más elevada dentro de la ciudad), Acrópolis, Filopappos y Tourkovounia. Otras colinas menores incluyen el Arditós, Strefi, Ninfeon o Mouseion.
-Jerusalén: Las 7 colinas son: 1- “Escopus”, 2-“Nob”, 3-“el Monte de la Corrupción” o “el Monte de la Ofensa” o “el Monte de la Destrucción”, 4- El original “Monte Sión”, 5-la colina Suroeste también llamada “Monte Sión”, 6- el “Monte Ofel”, y 7- “La Roca”
-Las 7 colinas de Roma son:: El Aventino, el Celio, el Palatino, el Capitolio, el Quirinal, el Viminal, y el Esquilino.
-Barcelona: Las colinas son -además del Mons Táber-, Monterols, Putxet, Creueta del Coll, Carmel, Rovira y Peira. Mons Iovis cuando la “fundación mítica” de Hércules era prácticamente una isla. La Isla, otra de las imágenes simbólicas del Centro o Eje del Mundo en la Tradición Primordial y Sapiencial.

(3) Por otro lado señalar que también hay otro paquete legendario que dice que fueron los cartagineses quienes fundaron Barcelona, y que precisamente dicho nombre provendría de la familia cartaginesa de los Barca… Dos Concepciones del Mundo pues totalmente opuestas en cuanto a los orígenes legendarios de la ciudad de Barcelona. La Luz del Norte encarnada por Roma, y la Luz del Sur encarnada por Cartago. Lo cierto es que ha sido la “Vía Romana” la que más ha prevalecido en el inconsciente colectivo barcelonés y la que ha gozado de siempre de mucha más popularidad. Además la ciudad está plagada de monumentos, estatuas, referencias, etc a Hércules, a Hermes, a Júpiter; sin duda el eco de un pasado ancestral. Entramos aquí de nuevo en un nuevo tema de “ELECCIÓN DE LAS TRADICIONES” como indicamos más arriba, es decir que así será el carácter, el desarrollo y el quehacer de un pueblo, de una sociedad, de una civilización, de un Estado, etc según prevalezca una u otra Concepción del Mundo. Espiritualidad solar y apolínea frente a un tipo de espiritualidad descompuesta, demétrica, telúrica, titánico-demoníaca, matriarcal. Por suerte Roma aplastó a Cartago, la Luz triunfó sobre el Caos y las Tinieblas de esa repugnante civilización semítica y antieuropea.

(4) Según Josep M. Gracia en dicho estudio (“Barcelona. La Ciudad de las Aves”), los layetanos contrariamente a lo que se suele afirmar, se tratarían realmente de un pueblo celta y no íbero. Estarían organizados en torno a un soberano que ostentaba o aunaba en sí mismo tanto la Autoridad Espiritual como el Poder Temporal; dicho pueblo habría descendido de los Alpes y tenían por símbolos o atributos la Lanza o Punta de Lanza -otro símbolo representativo del EJE DEL MUNDO- (como se observa en numerosas cercas que se conservan y como figura todavía en las banderas de algunos municipios que estuvieron bajo su dominio). El autor recalca ese origen nórdico quedando constancia en la actual Saint-Germain-en-Laye, en la región de Íle-de-France. Precisamente esta región, o el centro de ella, cuya capital es actualmente París, fue conocida antiguamente como Sylva Ledia, es decir “el bosque sagrado de Laia”… Estamos pues, como vemos, en un terreno verdaderamente apasionante y digno de estudiar con verdadera devoción. Íberos (más o menos helenizados a la llegada de los romanos como dice Ernesto Milá) o celtas (como afirma Josep M. Gracia), lo cierto es que esos pueblos layetanos forman parte de nuestra herencia arquetípica, ancestral, sagrada y mítica.

(5) Aquí entramos en otra sugestiva hipótesis de trabajo también apuntada por el autor de “Barcelona. La Ciudad de las Aves”: Laia se trataría de una Diosa solar (como la Isis egipcia o la Atenea griega) símbolo de la Sabiduría Divina, la Poetisa y la Augur por excelencia; el autor apunta que el culto a Santa Eulalia (Santa Patrona de Barcelona cuya festividad se celebra el 12 de febrero) sería una cristianización del culto a Laia surgido pues en la Romanidad tardía (principios del Siglo IV de nuestra era). Según la leyenda Santa Eulalia nacida en Barcino, concretamente en Sarriá, era una joven cristiana caracterizada por su verbo bello y poético, por su “buen hablar” y sabiduría pese a sus orígenes humildes. Al no querer renegar de su condición cristiana, fue martirizada para que renegara de su fe sin conseguirlo. Según dicha leyenda los restos mortales de la Santa y Mártir “fueron devorados por las aves”, según nuevamente el autor esto indicaría la función oracular, mistérica e iniciática vinculada al “canto de las aves”, fundamental en el rito de los augures a la hora de fundar una ciudad sobre la cima de un monte, considerada la Montaña como la perfecta imagen del “Templo Primordial”, así como del carácter “angélico” y celestial que de las aves se tiene en la Weltanschauung tradicional.

Precisamente en la Bandera o Estandarte de Santa Eulalia aparecen una Cruz de San Jorge roja bordada sobre un campo de color blanco, que históricamente ha sido considerado como la “señal de la ciudad”, además del busto de la Santa en el aspa del estandarte. Por un lado ya hemos señalado en otras ocasiones que la Cruz es uno de los grandes símbolos por antonomasia de la Tradición Primordial; por otro lado el color rojo va asociado a la Iluminación, la Iniciación (la Rubedo alquímica). En cuanto al color blanco, en todas las tradiciones se designa a los centros espirituales como lugares simbólicamente “blancos”, muy a menudo como “islas blancas” (en el sentido de lugar cercado, consagrado, espacio ritualizado), es decir como reproducciones del Axis Mundi. El blanco es el color de la pureza y de la autoridad espiritual, del Conocimiento, del “descenso” de lo celeste en nuestro mundo. Thule, Atlantis, Avalon eran denominadas las “islas blancas”, el Monte Meru de la Tradición indoaria era conocido también como “monte blanco”, así mismo la ciudad Alba Longa fundada por el hijo de Eneas y que fue la antecesora de Roma, era la “ciudad blanca”, así como la colina donde fue fundada (monte Albano) se conoció como la “montaña blanca”, y así sucesivamente. La “blancura” pues siempre ha ido ligada a la emanación o instauración de un centro espiritual y sagrado dependiente de la Tradición Primordial. Como concluye el autor con unas frases que reproducimos a continuación: “la BARCA fundada por Hércules y que fue Barcelona -y que seguramente en muchos sentidos ocultos a la fría mentalidad moderna todavía es-, se conservó intacta y actualizada en la Santa y Mártir Eulalia, la bien hablada Patrona y Heredera de la Ciudad de las Aves”. Barcino, la “Ciudad Blanca”. Así pues Laie, Barca-nona, Barcino, Santa Eulalia; distintas fases sagradas de un mismo proceso a la vez Mítico, Metahistórico e Histórico que llaman a la Puerta de todos aquellos que estemos en la disposición de abrirla…

En lo que nos toca a la parte hospitalense (área metropolitana Barcelona-Sur) de Totalitalium/Barcino, añadir que Santa Eulalia también es la Patrona de Hospitalet de Llobregat, ciudad que como símbolos identitarios además del estandarte heráldico de la Santa (cruz roja sobre fondo blanco), también tiene la “Cabeza de Medusa”, una pieza de mármol circular hallada en los restos de una antigua villa romana probablemente del Siglo I ó II de nuestra era, se cree que debía formar parte de un conjunto funerario más complejo, siendo algo así como una especie de medallón para alejar los malos augurios; todo esto se descubrió durante unas obras públicas que se efectuaron a finales del Siglo XIX, curiosamente muy cerca de la ermita románica del Siglo XII que se levantó en honor de la Santa Patrona y que aún permanece en pie pese a los sacrilegios y diversos destrozos que sufrió durante la Cruzada de 1936-39 por parte de la chusma demoníaca: Santa Eulalia de Provençana. Precisamente Provençana era como los romanos denominaban a Hospitalet de Llobregat, que por entonces extendía sus dominos hasta la Sierra de Collserola (conocida entonces como la Sierra Oscura), el río Llobregat (Rubricatus) y el Mar Mediterráneo. Por otro lado muy cerca pasa uno de los ramales de la antigua Vía Augusta que vertebraba la ciudad y que la atravesaba de punta a punta, es más, concretamente en esta zona la misma es conocida como “Carretera de Santa Eulalia”, nombre que además también ha dado al barrio donde se ubica dicha ermita; casualidades o CAUSALIDADES del destino… Barcino, Vía Augusta, Santa Eulalia; nuevamente Mito, Leyenda e Historia se unen una vez más en un mismo conjunto simbólico, metahistórico y metafísico, esta vez en la despreciaba y maltratada Hospitalet de Llobregat. En próximas entregas ya hablaremos con más detenimiento de los orígenes romanos de esta ciudad hoy víctima de decenios de olvido desde el punto de vista histórico y arqueológico, de brutal arrasamiento demo-plutocrático y desmedulamiento especulativo, y de unas más que estudiadas desmemorias, ocultamientos y ninguneos acerca de nuestro más o menos remoto y ancestral pasado.

 

 

 



 “ICONOGRAFÍA Y SIMBOLISMO DEL CORAZÓN DE JESÚS”. Louis Charbonneau-Lassay. Editorial Olañeta, 1983. 
mayo 22, 2020, 3:53 pm
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TÍTULO Y AUTOR:

 

“ICONOGRAFÍA Y SIMBOLISMO DEL CORAZÓN DE JESÚS”. Louis Charbonneau-Lassay. Editorial Olañeta, 1983.

 

 

1 ¿Qué tipo de libro es? Es un libro de simbolismo cristiano, concretamente de uno de sus símbolos más característicos y también generalmente más incomprendidos: el símbolo del Sagrado Corazón de Jesús. A modo introductorio decir que el simbolismo del Corazón tuvo un carácter solar y viril en todas las tradiciones tanto de Oriente como de Occidente, el Corazón como imagen del “Centro del Mundo” -Axis Mundi-, una imagen a nivel microcósmico de lo que el Sol, el Astro-Rey, lo es a nivel macrocósmico. Como reza el adagio hermético “como es arriba es abajo”: al Sol del Cielo le correspondería el Sol del cuerpo humano como Centro Espiritual del mismo (adormecido y que es preciso despertar, de ahí el simbolismo de la Rosa+Cruz, de los rayos que parten del mismo como Centro Manifestado, etc). En la Tradición Egipcia el Corazón era representado en forma de vaso o cáliz, es decir de receptáculo de la Sabiduría Divina; aquí entraríamos de lleno en las leyendas del Santo Grial y del Ciclo Artúrico que caracterizaron y dieron empaque al gran Medievo Gibelino con la Orden de los Templarios a la cabeza (precisamente también devotos del simbolismo en cuestión como veremos), pero esto ya para otra ocasión…  «El poder del símbolo es más grande que el de los hombres» decía Olimpiodoro, ello porque el símbolo es la imagen sensible de una realidad suprasensible, metafísica, metahistórica y metapolítica, y esto lo sabe tan bien la subversión moderna y democrática que ha sabido rodearse también de símbolos aunque los mismos tengan a su vez un carácter siniestro, paródico, caricaturesco, diabólico; el Símbolo a fin de cuentas es el motor del mundo y de la historia. Su carácter “mediador” -“pontifical”- entre dos mundos, entre lo humano y lo suprahumano o divino, o en su defecto o antítesis entre lo humano y lo infrahumano o infernal. Julius Evola, René Guénon o Guido di Giorgio escribieron extraordinarios tratados sobre simbolismo. Los trabajos sobre simbolismo occidental de Evola y de Giorgio, o la recopilación “Simbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” de Guénon, verdaderamente extraordinarios y que aconsejamos. Ahora entraremos en materia sobre el presente libro en cuestión…

 

2 Resume su temática.

 

El autor hace un estudio sobre los orígenes del símbolo del Sagrado Corazón de Jesús antes de que éste se hiciera popular sobre todo a partir del siglo XVII. Se centra principalmente en unos extraños grafittis grabados a cuchillo que aparecieron en el Castillo de Chinon (Francia) atribuidos a los Templarios presos en los dramáticos días de la destrucción de la Orden del Temple (Siglo XIV). Entre ellos aparece el símbolo de un corazón irradiante. Según el autor probablemente se trataría de la representación más antigua del Corazón divino en el mundo. A este capítulo le siguen diversos estudios sobre la iconografía del Corazón de Jesús en las imágenes e insignias llevadas por los ejércitos contrarrevolucionarios de la Vendée en el Siglo XVIII. También diversas representaciones de dicho simbolismo entre los Siglos XIV y XVIII principalmente; destacamos una que aparece en el Museo Episcopal de Vich (Barcelona) en un molde para hostias, precisamente también del siglo XIV, resaltando el autor con ello el carácter “providencial” y precursor del Catolicismo español en cuanto a la representación de dicha iconografía, muy cercana en el tiempo como vemos a los grabados del Castillo de Chinon.

 

3 ¿Quién es su autor?

 

Louis Charbonneau-Lassay (1871-1946), arqueólogo, historiador, escritor, iconógrafo, grabador, experto en heráldica y numismática, y coleccionista de objetos antiguos. Practicó todas estas actividades como una extensión de su búsqueda espiritual y realización metafísica. Católico tradicionalista y gran experto en simbolismo cristiano. Monumental su “Bestiario de Cristo”, un estudio de simbología animal en el Cristianismo, una obra única en su género que también fue publicada por esta misma editorial (Olañeta) en dos grandes tomos. Louis perteneció a dos Hermandades iniciáticas que se originaron en la Baja Edad Media, concretamente en el Siglo XV cuando ya el germen de Modernidad empezaba a instalarse en su seno con el advenimiento de la aberración humanista, antecedente directo de la actual subversión democrática después de un largo proceso de involución y de descomposición de siglos. Estas dos Hermandades u Órdenes fueron la “Fraternidad de los Caballeros del Divino Paráclito” y la “Estrella Interna” que realmente era el Círculo Interior de la primera. La Estrella Interna estaba formada por sólo 12 miembros que se transmitían la filiación y la iniciación de padres a hijos, estamos pues hablando de verdaderas “cadenas iniciáticas”. Ambas Órdenes sufrieron en su propia carne la hecatombe que supuso la revolución burguesa y masónico-liberal de 1789, fueron prácticamente exterminadas y la mayoría de sus miembros asesinados por la canalla liberal. La cadena iniciática estuvo a punto de interrumpirse de no ser por la supervivencia del último caballero de la Estrella Interna, un anciano de 80 años, que logró in extremis asegurar la transmisión iniciando a un pequeño número de caballeros, los cuales, a lo largo del siglo XIX intentaron resucitar ambas Órdenes, así hasta llegar al siglo XX cuando Louis Charbonneau-Lassay fuera investido. Su domicilio había sido comandería de la Orden de los Hospitalarios y conservaba casi intacta su estructura originaria: un amplio salón decorado con una chimenea con la cruz de Malta, el jardín de tipo claustral y las ventanas góticas, hacían de la mansión un lugar fuera del tiempo donde Louis vivió como un verdadero asceta. Durante la II Guerra Mundial, en la Francia ocupada de 1940-44, su domicilio se convirtió en residencia de oficiales alemanes. Sus nuevos huéspedes se sorprendieron por la autoridad del sabio cuya colección trataron con respeto y admiración, especialmente entre la oficialidad de las SS, quizás por eso de las “afinidades electivas”… Si se nos permite un inciso, citaremos de paso al gran escritor también francés y nacionalsocialista Alphonse de Chateaubriant (1877-1951), fundador en 1940 del semanario fascista “La Gerbe”. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro del Comité Central de la “Legión de Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo”, una organización fundada en 1941 por Fernand de Brinon y Jacques Doriot para reclutar voluntarios dispuestos a luchar junto a los alemanes en Rusia. En 1945, huyó a Austria salvando su vida por los pelos, donde vivió bajo el alias de Dr. Alfred Wolf (Lobo…) hasta su muerte en un monasterio en Kitzbühel. Alphonse de Chateaubriant, devoto católico y tradicionalista, también perteneció a “La Estrella Interna”, nuevamente entramos en el terreno arriba indicado de las “afinidades electivas”. Existe una ley mental que es la siguiente: lo semejante atrae a lo semejante o, en otras palabras, lo igual atrae a lo igual… Ignoramos si tras la catástrofe que supuso la Derrota de Europa de 1945 ambas Órdenes consiguieron sobrevivir en el tiempo, aunque una de las características de la fase más oscura y demoníaca de la Edad de Hierro -en la que ya estamos de pleno-, es la desaparición de la escena de los verdaderos Maestros y de las verdaderas iniciaciones, aunque ello no quiere decir que una minoría o verdadera élite siga trabajando en el silencio “de las catacumbas”.

 

4 ¿Es parcial o imparcial?

 

Parcial ya que es un libro de simbolismo cristiano y escrito por un verdadero experto del mismo.

 

  1. Detalles de la edición.

 

Editorial Olañeta, especializada en temas sobre la Tradición Primordial y todo lo referente a la Sabiduría Perenne. Este libro concretamente es de 1983, el volúmen consta de 123 páginas, con bellas ilustraciones y grabados al boj hechos de mano del propio autor y ampliamente comentadas por el erudito.

 

6 Desacuerdos

 

Prácticamente ninguno, quizás lo único su intento de exculpar al Papado de la destrucción de la Orden del Temple, horrendo crimen que como algunos autores señalaron, supuso el triunfo del güelfismo en el seno de la Catolicidad y el inicio del “Ocaso de Occidente”, en cuya fase terminal y más crepuscular nos encontramos hoy…

 

7 ¿Por qué lo elegiste para leer?

 

Me interesa todo lo relacionado con el simbolismo, puesto que el símbolo en sí condiciona el desarrollo de una Idea a la vez Metapolítica y Metafísica.

 

8 ¿Cuál es tu valoración del libro?, ¿y su temática?

 

El libro muy bueno, y su temática ya no sólo desde el punto de vista histórico, sino simbólico y espiritual, es fundamental.

 

9 ¿Para quién está enfocado este libro?

 

Para los “buscadores de Tradición” en un mundo hoy totalmente ayuno de ella.

 

10 ¿A quién lo recomendarías?

 

A todos aquellos que comprendan que un verdadero movimiento político y cultural alternativo y anti-Sistema, nada es si no bebe de las fuentes que emanan de la Tradición sapiencial y de su áurea Cosmovisión. Como decía Julius Evola realmente “LA IDEA ES NUESTRA VERDADERA PATRIA”.

 

 

FUERZA HONOR TRADICIÓN

 

Joan Montcau

 



 “JERARQUÍA TRADICIONAL Y HUMANISMO MODERNO”, de Julius Evola, “LA TORRE”.
mayo 18, 2020, 4:56 pm
Filed under: Espiritualidad, Joan Montcau, Metafísica

Julius Evola – La Torre | JULIUS EVOLA - RENE GUENON EBOOKS ...e ...

 

TITULO Y AUTOR:

 

“JERARQUÍA TRADICIONAL Y HUMANISMO MODERNO”, de Julius Evola, “LA TORRE”.

 

 

1 ¿Qué tipo de libro es?

 

Realmente se trata de un extenso artículo escrito en 1930 por Julius Evola en la revista por él fundada y dirigida: “La Torre”.

 

2 Resume su temática.

 

Julius Evola desgrana en la primera parte del mismo las diferencias abismales, irreconciliables y fundamentales, que caracterizan a las cosmovisiones tradicional y moderna. Mientras la Visión del Mundo de la Tradición es vertical, viril, totalista y apolínea, por contra la Visión del Mundo de la Modernidad es la completa antítesis y negación de los valores que encarnan y se manifiestan en la primera. Si una civilización tradicional se caracteriza por valores como la Autoridad, la Jerarquía, el predominio del elemento viril y masculino (entendido desde un punto de vista espiritual y trascendente), la ascesis guerrera, el elemento solar y diurno, la austeridad, etc; una civilización de tipo moderno se caracteriza por anti-valores, principios catagógicos, descendentes e involutivos: igualdad, promiscuidad orgiástica, predominio del elemento telúrico y femenino-demoníaco, disolución del principio de la personalidad, culto a lo lunar y nocturno, desprecio a todo tipo de verdadera trascendencia y ascética, primitivismo, etc. En la segunda parte Evola distingue dos etapas claramente diferenciadas dentro del proceso de subversión y de degeneración: la etapa que él califica de LUCIFERINA y una segunda (en la que ya hoy estamos claramente inmersos) que define como DEMONÍACA… La primera etapa, la LUCIFERINA, sería aquella fase de negación pura y simple de la divinidad, de la espiritualidad y de todo acceso o búsqueda de la verdadera trascendencia, se trataría de “cortar” -válgase la expresión- el “Cordón Dorado” o el hilo sagrado que por un lado nos une a nuestros sagrados Ancestros y de éstos al mundo celeste. Este proceso que inicialmente se inició en Occidente de forma muy tenue, sibilina, comienza hacia el Siglo XIV, acelerándose cada vez más hasta llegar al odioso Siglo de las Luces, del enciclopedismo y de las revoluciones burguesas y liberales de los siglos XVII al XIX. Estamos pues ya en una fase totalmente materialista y ya “madura” para el advenimiento e implantación de la segunda etapa de la subversión antitradicional… La etapa DEMONÍACA comenzaría ya con el siglo XX, es la etapa en la que comienzan a aparecer todo tipo de sectas y movimientos de carácter claramente ya no anti sino contra-tradicional; se caracterizan por hacer gala de un tipo de “espiritualidad” totalmente subversiva, paródica, grotesca, caricaturesca: espiritismo, teosofismo, antroposofismo, neo-templarismo, neo-paganismo, y un largo etc (hasta llegar a la actual “Nueva Era”, el summum de toda esa bazofia). El objetivo de todos estos movimientos, sectas o pseudoreligiones es claro, acelerar el proceso de caída por la pendiente de la humanidad. En términos simbólicos esta “etapa demoníaca” equivaldría a las “grietas en la gran muralla”, la penetración en nuestro mundo de las fuerzas demoníacas tras la rotura de ese simbólico “dique de contención” que nos mantenía a salvo de las potencias infernales. Es la Edad Oscura, la Edad de Hierro en cuya fase terminal nos encontramos ya. Así pues la etapa LUCIFERINA sería pues una etapa de “petrificación”, de “materialización” del ser humano, mientras la segunda etapa ya lo sería de desintegración y de disolución. El hombre a roto los hilos que le unían a las fuerzas de lo alto, y ahora es un pelele manejado, poseído y cabalgado por las fuerzas de lo bajo…

 

3 ¿Quién es su autor?

 

Julius Evola, el Último Romano para unos, o el Último Gibelino para otros (o ambos para nosotros…)

 

4 ¿Es parcial o imparcial?

 

Total y absolutamente parcial puesto que parte de una Cosmovisión y de unos valores que son la más completa y absoluta negación de la putrefacción moderna y de la basura democrática en cualquiera de sus manifestaciones. Como decía nuestro gran Donoso Cortés “frente a las negaciones absolutas, LAS AFIRMACIONES SOBERANAS”.

 

5 Detalles de la edición

 

Editado en forma de librito por la ya extinta Ediciones Alternativa, en los años 80.

 

6 Desacuerdos

 

Ninguno.

 

7 ¿Por qué lo elegiste para leer?

 

En los primeros 80, en los círculos “neo-fascistas” españoles este autor italiano era aún poco conocido.

 

8 ¿Cuál es tu valoración del libro como tal?, ¿y su temática?

 

No soy partidario de hacer puntuaciones (muy típico del espíritu moderno que aquí se condena en su totalidad). Su temática muy interesante para comprender cuál es la verdadera génesis de la Modernidad y todo lo que de tenebroso y de diabólico hay y se esconde tras ella.

 

9 ¿Para quién está enfocado este libro?

 

Para todo Hombre de la Tradición.

 

10 ¿A quién lo recomendarías?

 

A todo aquél que tenga un visión Metapolítica y Metahistórica.

 

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

 

Joan Montcau



CRISTIANISMO Y TRADICIÓN PRIMORDIAL. DEL SACRO IMPERIO GIBELINO A LA CONTRA-IGLESIA DE JUDAS.
mayo 10, 2020, 11:00 pm
Filed under: Espiritualidad, Joan Montcau, Julius Evola, Metafísica, Tradición

Cristo, mito solar | El CulturazoLa Bitácora Liberal: CRISTO: Entidad Solar

CRISTIANISMO Y TRADICIÓN PRIMORDIAL. DEL SACRO IMPERIO GIBELINO A LA CONTRA-IGLESIA DE JUDAS.

La opinión que sobre el Cristianismo tuvieron los dos grandes Testigos de la Tradición en el siglo XX -Julius Evola y René Guénon-, sufrió algunas variaciones a lo largo de sus vidas; no en el caso del Maestro francés que siempre vio en el mismo una emanacion de la Tradición Primordial, pero sí del Maestro italiano, apodado como “El Último Gibelino” o también “El Último Romano”, que pasó de su inicial y virulento anticristianismo de “Imperialismo Pagano” (1928), en una etapa de su vida que él mismo definió como “especulativa” (entre 1923 y 1930 más o menos), a posturas mucho más conciliatorias y hasta simpatizantes con “cierto Cristianismo” en otras obras de su madurez, como por ejemplo fue “Máscara y Rostro del Espiritualismo Contemporáneo” (1932, ya en su etapa netamente tradicionalista cuando dirigía “La Torre”), una crítica radical y una condena absoluta de todo tipo de doctrinas pseudo-espirituales surgidas con la Modernidad -o la actual post-modernidad con la basura mundialista, contra-iniciática y contra-tradicional de la “New Age”, quintaesencia de todas esas manifestaciones subversivas y aberrantes pretendidamente “espirituales”(1)-. En este último libro precisamente Evola dedica todo un capítulo, extenso y muy brillante, sobre el Cristianismo a la luz de la Tradición, haciendo especial hincapié en el Catolicismo Gibelino por el que él ciertamente toma partido y con el que claramente se identifica, es decir el Catolicismo del Medievo, de las Cruzadas, del Sacro Imperio, del Ciclo del Grial, de las Órdenes caballerescas, de las hermandades de constructores, de los trovadores, etc; la completa y absoluta antítesis del actual pseudo-cristianismo pusilánime, progre amanerado y humanitario-pacifista de la Contra-Iglesia que alumbró el pérfido y criminal Concilio Vaticano II del que luego hablaremos; dicho sea de paso, ya René Guénon vio en la siniestra figura de Judas Iscariote la personificación y manifestación de la Contra-Iniciación y de la Contra-Tradición -es decir de la infiltración y de la subversión demoníaca- en el seno del Cristianismo primigenio, y hoy aparentemente triunfante en la nueva Iglesia post-conciliar con su “Novus Ordo Missae”, casi como una especie de brazo “espiritual” y “religioso” de lo que el “Nuevo Orden Mundial” sionista y ultraliberal-capitalista es a nivel político-socio-económico; esto se confirma viendo las manifestaciones, afirmaciones y comportamientos, además de las múltiples payasadas, del actual Papa de Roma Francisco Bergoglio, un auténtico pelele y peón al servicio del actual globalismo mundialista y multicultural (reedición del viejo mito de la “Torre de Babel”): el Reinado del Anticristo profetizado en el Evangelio ya lo tenemos a la vista, y ello ya en todos los órdenes de nuestra existencia terrena, incluido ya el plano “religioso” como hemos visto…

En el arriba mencionado capítulo del libro de Julius Evola, titulado “paréntesis sobre el Catolicismo esotérico y sobre el tradicionalismo integral”, Evola expone la multitud de símbolos que aparecen en los textos evangélicos totalmente acordes con la Tradición Primordial Nórdico-Polar (o boreal) susceptibles de una interpretación iniciática, simbólica y alegórica. El mismo Catolicismo ya nos habla de una revelación primigenia, viril y patriarcal hecha al género humano antes de que sobreviniera el “Diluvio Universal” (la catástrofe que puso fin a la Edad de Oro y que provocó la dispersión de los pueblos, finalización de la Edad del Ser. Hoy estaríamos precisamente en las antípodas: la diabólica pseudo-civilización de la Materia y del mero ESTAR; la Edad de Hierro hoy en su medianoche…)

El nacimiento del niño divino de una Madre Virgen, el que dicho nacimiento se produjera en “una cueva”, el mismo hecho de nacer “fuera” de la ciudad como si de un bárbaro se tratara, rodeado de pastores, animales y en plena naturaleza, el que naciera un 25 de Diciembre, en el Solsticio de Invierno (DIES NATALIS SOLIS INVICTUS en la antigua Roma); la visita y los presentes de los “Tres Reyes Magos”, la entrega por éstos de dichos presentes (oro, incienso y mirra) al niño divino por los que el mismo se convierte o transforma en Rey, Sacerdote y Profeta (atributos del Rey del Mundo); el símbolo de “caminar sobre las aguas”, hablar en parábolas (lenguaje simbólico), la transformación del agua en vino, caminar y meditar sobre “el desierto”, subir al “monte” y hablar desde el “monte” (la Montaña uno de los grandes símbolos de la Ciencia Sagrada y de la Tradición Primordial, símbolo del Eje del Mundo); el simbolismo de “la espada” restauradora del Orden y de la Justicia (“Yo no he venido a traer la paz al mundo, sino espada…”), el principio de “no resistencia al Mal” (fórmula equiparable al “Cabalgar el Tigre”, la Vía de la Mano Izquierda), la conquista de la verdadera espiritualidad “por asalto” ( “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”), cuando Cristo afirma “no os acongojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?” (anti-fatalismo, el hombre diferenciado no está necesaria ni atávicamente atado, ligado y/o influido por los Ciclos de la Decadencia, éstos pueden influir pero no necesariamente condicionar a los hombres verdaderamente diferenciados); la elección de sus 12 discípulos precisamente también sobre la cima de un “monte” (el 12 otro de los grandes símbolos tradicionales especialmente en todo el mundo indoeuropeo); ser tentado por el diablo también sobre la cima de un monte; ser revestido de un “manto real” para luego ser “desnudado”, ser crucificado en la cima de un “monte” -nuevamente aparece el simbolismo de la Montaña- entre otras “dos cruces” (la Cruz, símbolo Metahistórico donde los haya…); ser “coronado de espinas”, la lanzada al corazón de cuya herida manan “agua y sangre”, acompañado del “oscurecimiento del cielo” (los tres colores simbólicos y ascensionales de la Tradición Hermética: NEGRO-BLANCO-ROJO); el “abrirse la tierra”, el “descenso a los Infiernos” para visitar, como Eneas, a “los muertos”; la Resurrección “al tercer día” y la “ascensión a los cielos”; el bautismo de “agua” (nacimiento espiritual) y de “fuego” (iluminación, renacimiento); cuando Cristo le responde a Pilatos “no tendrías ningún poder sobre mí si no se te hubiera concedido por lo Alto” (reconocimiento espiritual del poder o autoridad temporal, gibelinismo); los “cuarenta días” con sus respectivas noches de meditación y ayuno en el desierto, al igual que otras cuarenta horas de permanencia en el interior del sepulcro antes de la Resurrección; resucitar en domingo “a la salida del sol”; la adopción del simbolismo “del pez” por los primeros cristianos como símbolo identitario, uno de los símbolos de la Tradición Primordial en la mitología indo-aria; venir “al final de los tiempos” y tras derrotar a las huestes del Anticristo “regir a las naciones con cayado de hierro” (simbolismo de Autoridad, Totalidad y Jerarquía. Imperio Sagrado), y así un largo etc… Como señala René Guénon en su bello libro “El Rey del Mundo”, todos estos símbolos entre otros muchos, nos manifiestan la perfecta conformidad del Cristianismo con respecto a la Tradición Primordial.

Es pues con este Catolicismo trascendente y viril muy por encima de “cierto Catolicismo vulgar, práctico, restringido a un lugar, tiempo y a un número determinado de hombres, que tiene siempre más o menos el semblante y las características de una secta” (V. Gioberti), por el que Julius Evola simpatizó y al que apoyó en su madurez (2). Precisamente Evola condenó la deriva cada vez más modernizante y plebeyizante que abiertamente abrazó la Iglesia a raíz del nefasto Concilio Vaticano II (1962-65); condenó las doctrinas subversivas que del mismo emanaron así como a los dos Papas que las propulsaron (Juan XXIII y Pablo VI), diciendo que ambos deletéreos y repulsivos personajes “inclinaron la balanza hacia un caos desastroso”. Denunció el carácter mundano, grotescamente plebeyo y democratizante de esos dos fantasmones que abrieron de par en par las puertas de la Iglesia a las fuerzas de la subversión y del caos, las mismas fuerzas disolutas que hoy ya controlan el poder mundial a cara descubierta y con el beneplácito e incluso aplauso de cierto mamarracho y charlatán de feria argentino que hoy ostenta el Papado (3)… Precisamente años después (1972) el infame de Pablo VI manifestó quejoso que “el humo de Satanás ha entrado en los Templos”… A tal situación nos ha llevado la tan cacareada entonces “desmedievalización” -esa era una de las consignas de la canalla modernista infiltrada y que se acabó imponiendo-, y el ‘aggiornamento’ de la Iglesia a raíz del nefasto Concilio de marras, aunque los males ya venían de muy atrás.

En un estudio muy interesante (4) sobre los orígenes del Cristianismo primigenio del tradicionalista J. M. d’ Ansembourg, no sólo respalda la tesis de René Guénon sino que la refuerza; es decir, la teoría de que el Cristianismo de los orígenes no fue ni quiso ni se constituyó inicialmente como una religión, más bien se trató de una doctrina y de un Movimiento mistérico e iniciático, al igual que su gran rival en los primeros siglos de nuestra era y que también luchó por la primacía en el seno del Imperio Romano: el Mitraísmo. El Cristianismo primigenio se trataría pues de una organización -una Orden más bien-, cerrada y reservada, en la que al principio no todos eran admitidos indistintamente sino sólo los que poseían las cualificaciones necesarias para recibir la iniciación con validez. La prueba irrefutable según Guénon y el mismo autor arriba mencionado, de que el Cristianismo de los orígenes no fue una religión propiamente dicha, es que carecía de libros legislativos que regularan la sociedad como así ocurre en los odiosos, oscuros y telúricos monoteísmos judío y musulmán. No hay nada parecido en él a la Torá judía o la ley coránica. El “Nuevo Testamento” carece pues de ese carácter legislativo que caracterizan a los otros dos monoteísmos del desierto. Los ritos cristianos originarios eran al principio totalmente iniciáticos y reservados. La pregunta es ¿en qué momento y a qué causa se debió ese cambio y transformación, pasar de ser una Orden metafísica e iniciática a convertirse en una religión accesible a todos?

Se sabe que en el interior de la Orden había varios grados antes de alcanzar la “iluminación crística”. Se sometía a diversas pruebas al nuevo candidato mediante un severo examen de admisión, superadas las pruebas o dicho “examen de admisión” el aspirante recibía los títulos de Cristiano y de Catecúmeno (“enseñado”, “discípulo”) después de un ritual (imposición de manos, soplo del Espíritu Santo, etc). Después había tres grados: el de Escuchante o Auditor, el “Prosternado” y finalmente los “Competentes”, éstos últimos también llamados “Illuminandi””, es decir los que alcanzaban la Iluminación mediante el Bautismo, precedido éste por rigurosos ayunos de continencia y abstinencia. Así que por tanto el Bautismo era en sus orígenes una ceremonia sagrada que sólo se daba en la edad adulta y, como hemos visto, después de arduos procesos de purificación tanto interior como exterior y de iniciación. Eran los “nacidos dos veces”, el nacimiento espiritual después y superior al nacimiento puramente físico y corporal. En líneas generales y muy brevemente, hemos visto que el Cristianismo primigenio era muy exigente en cuanto a la elección de sus candidatos y a la calidad de sus miembros. No era una religión exotérica y accesible a todos a los que se bautiza a diestro y siniestro prácticamente nada más salir del claustro materno y de forma indiscriminada.

Según pues la tesis tanto de Guénon como de d’ Ansembourg, los escritos neo-testamenrarios por tanto no iban dirigidos “a todo el mundo”, sino a una comunidad elegida y preparada, a los fieles verdaderamente cualificados, a los “Perfectos”…

En cuanto a la transformación del Cristianismo primigenio de una Orden iniciática y mistérica a una religión exotérica o “abierta a todos”, René Guénon no vio en ello un accidente o una desviación, sino que ello tuvo un carácter verdaderamente PROVIDENCIAL, ya que con ello se evitó que Occidente cayera ya en aquel momento en un estado, que al fin y al cabo, podría compararse a estos tiempos terminales y crepusculares en los que vivimos con el advenimiento de una pseudocivilización enteramente materialista, totalmente antitradicional, demoníaca y sin alma; así pues habría que hablar entonces de un RESTABLECIMIENTO y de un REENDEREZAMIENTO; a tal respecto Guénon nos dice: “Si se considera cuál era, en aquella época, el estado del mundo occidental, es decir del conjunto de países que comprendía el Imperio Romano, uno puede fácilmente darse cuenta de que si el Cristianismo no hubiera descendido al dominio exotérico, este mundo, en su conjunto, hubiera quedado rápidamente desprovisto de toda tradición; ya que las existentes hasta entonces, como la tradición grecorromana que predominaba de forma natural entonces, habían alcanzado un grado tan elevado de degeneración que indicaba que su ciclo de existencia estaba a punto de terminar”… Tenemos el ejemplo del fallido intento restaurador desde la propia paganidad tardía, del gran Emperador Juliano II (331-363 de nuestra Era, apodado por los cristianos como “El Apóstata”), observamos que las posibilidades restauradoras y el ciclo vital de las antiguas doctrinas pre-cristianas habían finiquitado o estaban ya en su ocaso. Aunque como dice el mismo Guénon, es indiscutible que pese a la degeneración y descomposición de las viejas tradiciones del mundo grecorromano, sin duda debió de seguir existiendo durante un tiempo aunque en ámbitos cada vez más reducidos y sin apenas influencia para con respecto al resto de la sociedad, “una élite que no sólo comprendía todavía su propia tradición desde el punto de vista exterior, sino que además, continuaba recibiendo la iniciación de los viejos misterios”. Pero ya aclara más adelante que la tradición hubiera podido mantenerse así durante un cierto tiempo más o menos extenso, pero en un contexto cada vez más restringido y cada vez más menguante…

Es difícil saber en qué momento preciso se produjo ese “descenso exotérico”, esa transformación en una religión y en una forma tradicional dirigida a todos sin distinción. Lo que está claro es que ya durante el reinado del Emperador Constantino I el Grande (272-337 de nuestra Era; fundador también de la II Roma) y del Concilio de Nicea I (325 de nuestra Era), ya era un hecho consumado dicha transformación, de tal manera que dicho Concilio “sancionó” u oficializó ese descenso del Cristianismo al plano exotérico. No obstante el mismo Evangelio es muy claro en esto: “de la multitud de los llamados pocos son los elegidos…”

Terminamos con una reflexión con la que Julius Évola cierra el capítulo dedicado al Cristianismo en su citado libro, reflexión con la cuál nos identificamos plenamente: “Un Catolicismo que se eleve al nivel de una tradición verdaderamente Universal, Unánime y Perenne, donde la Fe pueda integrarse en una realización metafísica, el Símbolo en Vía del Despertar, el Rito y el Sacramento en acción de poder, el Dogma en expresión de un Conocimiento absoluto e infalible porque no es una expresión humana y como tal viviente en seres desligados del vínculo terrestre mediante una exaltación mística, donde el pontificado revista su función mediadora original, un Catolicismo de tal índole podría suplantar a cualquier ‘espiritualismo’ presente o futuro”. ASÍ SEA.

“MUERTE al mundo, RENACIMIENTO en la pureza y PERFECCIÓN en la vida corporificada en Dios!!!” (J. M. d’ Ansembourg). O dicho de otro modo según la Tradición Hermética: ESPIRITUALIZAR LA MATERIA, MATERIALIZAR EL ESPÍRITU.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

NOTAS:

(1) Hoy dentro de toda esta inmundicia que conocemos como “Nueva Era” (parodia satánica de la Parusía crística), han ganado mucho terreno ciertas “corrientes” de chiflados y de enfermos mentales como el “Veganismo”, el “Animalismo”, el “Contactismo”, el “Feminismo”, el “Ecologismo”, el “Abortismo” (un verdadero y horrendo asesinato “ritual” convertido casi como en una nueva religión en sí misma e impuesta a nivel planetario), el “Homosexualismo”, etc, etc, etc; todo ello reflejo del nivel de descomunal desquiciamiento y de descomposición de la sociedad e instituciones, influenciando en gran medida en todos los aspectos, manifestaciones y sectores de esta pseudocivilización terminal y crepuscular. Y es que el Mal también tiene su lado grotesco, irónico y caricaturesco que es lo que en el fondo caracteriza a todo este tipo de manifestaciones repugnantes. Para el presente artículo hemos utilizado la versión revisada y ampliada que Julius Evola publicó en 1971 de su libro “Máscara y Rostro del Espiritualismo Contemporáneo”, tan sólo 3 años antes de su muerte.

(2) A este respecto muy interesante la figura y la obra del gran pensador y teólogo católico-gibelino el italiano Attilio Mordini, por desgracia prácticamente desconocido en España. Católico tradicionalista, defensor del gibelinismo y radicalmente opuesto a todo tipo de modernismo y de “aggiormamento”, ha llegado a ser apodado como “”El Evola Católico”. Recomendamos especialmente de dicho autor, “El Católico Gibelino” y “El Templo del Cristianismo”.

(3) Simbólicamente el “Sumo Pontífice” es un “hecedor de puentes”, es decir el mediador entre el mundo celeste y el terrestre, lo divino y lo humano. Tras el comentado proceso de subversión y de involución sufrida por tal Institución, hoy ese “puente” simbólico ya no lo es entre el Cielo y la Tierra, sino entre esta última y el Infierno, ya predicho en el Evangelio y particularmente en el Apocalipsis de San Juan: “surgirán falsos cristos y falsos profetas que seducirán a los mismos elegidos…”

(4) “La tesis de René Guénon sobre los orígenes del Cristianismo”.



LA AMBIVALENCIA DE LOS SÍMBOLOS 
abril 24, 2020, 5:28 pm
Filed under: Metafísica, Tradición

Los Símbolos y su Significado: Animales Tótem simbolo y significado.

 

LA AMBIVALENCIA DE LOS SÍMBOLOS

 “El universo no es sino un vasto símbolo de Dios”.
Thomas Carlyle
   Los símbolos del mundo tradicional tienen varios significados y lecturas, de carácter positivo, ascendente y anagógico por un lado, de signo descendente, negativo y catagógico por el otro. Así por ejemplo, el León, El Toro, el Águila y el Lobo entre otros, animales que ya tuvieron un carácter sagrado en nuestra Patria entre íberos y celtas, luego entre romanos y godos, dichos animales, repito, de carácter totémico generalmente en todo el mundo indoeuropeo, por un lado simbolizaban a la Realeza Sagrada, legítima, a la Aristocracia del Espíritu, a la Nobleza Guerrera. Por ejemplo en la tradición indoaria un Ciclo Cósmico era representado con la figura de un Toro, simbolizando el Dharma, el Orden Cósmico; cada pata del mismo representaba una Edad (Oro, Plata, Bronce y Hierro). El Águila siempre ha sido símbolo representativo del Imperio Sagrado (en Europa hasta fechas relativamente recientes), el León de la Monarquía Guerrera y Solar, el Lobo de la Nobleza Guerrera y de la Conquista Heroica, tanto espiritual como física, bello y majestuoso animal donde los haya y a la vez símbolo primigenio de la inmortal y divina Roma que en estos días -de obligado confinamiento en la podrida Hispania de hoy-, cumple el 2773 Aniversario de su Gloriosa Fundación.
    Por otro lado los símbolos comentados pueden tener un significado totalmente distinto, de carácter invertido, demoníaco y disoluto, como imágenes caricaturescas y groseras de los primeros. La soberbia, la perversión de la voluntad de dominio, la astucia diabólica, la furia homicida, el engaño, etc. Por poner un ejemplo cercano, el León fue uno de los símbolos de la criminal República demo-masónica de 1931-36 y de tan infausto recuerdo, a excepción, claro está, de algunos imbéciles y tarados a rabiar que tan gratamente recuerdan o hablan de semejante inmundicia. Por otro lado tenemos hoy a los dos leones situados en la puerta del Congreso de los Diputados de Madrid; de símbolo identitario de tipo heroico-viril a simbolito de la hez democrática…
   Claro que en estos tiempos apocalípticos por los que transcurrimos, hay atontados y mequetrefes de baja estofa que en vez de elegir como animales totémicos a los bellos ejemplares citados más arriba -algo totalmente lógico y comprensible en esa mercancía averiada con patas y con derecho a democrático voto-, eligen en cambio a animales de tal grandeza simbólica y representativa como es un grotesco burrito… En fin, pero esto ya es otra historia para otro momento.
FUERZA HONOR Y TRADICIÓN
 Joan Montcau


LIBROS: LA MUERTE DE ARTURO

La muerte de Arturo" - Sir Thomas Malory, editorial Siruela ...La muerte de Arturo eBook por Thomas Malory - 1230001170122 ...La búsqueda del Santo Grial | MysteryPlanet.com.ar

LIBROS: LA MUERTE DE ARTURO

 

Porque el amor en ese tiempo no era como el amor es hoy en día”.

Thomas Malory

 

En el año 1485 se publicó este gran clásico de la literatura griálica, escrito por Thomas Malory 1399/1405-1471) supuestamente durante su estancia en la cárcel. En realidad se trataba de la unificación en un sólo tomo -subdividido en 21 libros o capítulos- de un total de ocho novelas que Malory escribió sobre el tema, presumiblemente la mayoría de ellas o la totalidad escritas durante su tiempo de presidio. Estamos ante la gran epopeya de la literatura inglesa a partir de la recopilación de viejas fuentes francesas y británicas a las que su autor agregó ideas, valores y conceptos fruto ya de su propia cosecha. El autor -o compilador más bien- finalizó su obra en 1469 y falleció dos años después, en 1471 aún preso y sin conseguir ver en vida su obra magna publicada; 14 años pasaron hasta llegar a ello.

En realidad la identidad del escritor inglés es enigmática, la versión más aceptada es que se trataría de un caballero que acabó encarcelado durante la guerra civil inglesa, la “Guerra de las Dos Rosas” que enfrentó a las casas reales de York y de Lancaster entre los años 1455 y 1487. Habiendo tomado partido por la derrotada causa Lancaster, fue encarcelado a principios de los años sesenta del Siglo XV. Parece ser que logró escapar de presidio varias veces y otras tantas apresado, para morir finalmente en marzo de 1471 entre rejas. Aunque también se ha llegado a especular de que realmente Thomas Malory fuera un sacerdote -encarcelado pues por el mismo motivo arriba indicado-, ello por la descripción que él hace de sí mismo en su obra, aunque esto no está generalmente aceptado. Sea como fuere estamos ante otro de los grandes enigmas y misterios de un Medievo que ya tocaba a su fin tras la victoria del “teocratismo güelfo” sobre el gibelinismo caballeresco e imperial, victoria que poco a poco iría demoliendo las bases y los fundamentos reales y metafísicos de aquella gran ecúmene europea que era el Sacro Imperio Romano-Germánico. Estamos ante la primera gran revolución subversiva y disolutoria en Occidente que abriría las puertas del demonismo moderno anti y contra-tradicional; del Güelfismo y la consiguiente desacralización del poder temporal y político (algo inconcebible en el mundo indoeuropeo) que vendría traído de su mano, al humanismo renacentista ya sólo había un paso. El proceso de involución y de desintegración de dicha ecúmene europea, y que llegaría a su punto culminante tras la Guerra de los Treinta Años (1618-48) con la Paz de Westfalia (derrota de la Catolicidad europea en definitiva), ya había sido iniciado lenta pero firmemente…

Decía Julius Evola que desde un punto de vista histórico, los textos fundamentales y más característicos referidos al simbolismo del Santo Grial hacen pensar en el afloramiento o la emanación de una corriente subterránea en un momento determinado de la historia de Occidente, para luego ocultarse o hacerse “invisible” de nuevo, es decir en términos espirituales y metafísicos lo que equivaldría a la “pérdida del Grial”, paralela ésta al “oscurecimiento de lo divino” (el Ragnarök de la mitología nórdico-germánica), que es precisamente lo que ocurrió en Occidente a partir del Siglo XIV en adelante y en el que hoy, Siglo XXI, en cuya fase terminal nos encontramos. Tal afloramiento de textos sobre el Grial lo fueron en un relativo corto espacio de tiempo dentro de la larga etapa conocida como Edad Media (convencionalmente Siglos V-XV), esto ocurrió concretamente entre los siglos XII y XIII -prácticamente en el corazón de dicha Edad-, para luego desaparecer como por ensalmo u obedeciendo a una consigna; lo cierto es que en el Siglo XIII abruptamente deja de hablarse de dicha temática. No deja de ser curioso que es precisamente esta etapa de apenas 200 años la época del esplendor del gibelinismo imperial y de las grandes Órdenes ascético-militares y caballerescas con la de los Templarios a la cabeza, de las Cruzadas, del movimiento trovadoresco (los Fieles de Amor, los Minnesänger), de las grandes cofradías iniciáticas de constructores, de los grandes místicos de la Catolicidad (San Bernardo de Claraval, San Francisco de Asís, Santa Hildegarda de Bingen, Maestro Eckhart). A principios del Siglo XIV se produce un repunte de dicha temática, el tema no es baladí ya que fue precisamente a principios de tal Siglo cuando se produjo la persecución, exterminio y disolución de la Orden del Temple, verdadera aristocracia espiritual del Sacro Imperio, consecuencia ello de la profunda animadversión sacerdotal y güelfa hacia todo tipo de espiritualidad olímpica, viril y aristocrática, hacia toda búsqueda de verdadera trascendencia y conocimiento (aún quedaba mucho para el claudicante Concilio Vaticano II). Con todo y con esto aún no se produjo la ruptura definitiva de Occidente con la Tradición Primordial puesto de otras fuerzas, aunque esta vez de manera más soterrada y oculta, cogieron el testigo a la fenecida Orden del Temple e intentar remontar la caída por la pendiente.

Esta reanudación o reactivación de la temática del Grial que tuvo lugar en los Siglos XIV y XV tras cierta etapa de rebozo y de velo a finales del Siglo XIII, lo hizo pero ya con las formas cambiadas; las obras que aparecieron en esos Siglos que ya marcaron el ocaso del Medievo carecían del simbolismo profundamente metafísico y espiritual de las obras de la primera etapa, tenían una componente más religioso-moralista que gnóstica y sapiencial; como dijo Evola “formas estereotipadas que entraron en rápida decadencia”; y es precisamente aquí donde queremos enmarcar la obra de Thomas Malory que se publicaría precisamente en las postrimerías del Siglo XV, una etapa donde podemos encontrar ya la génesis de la superstición modernista, finales de la Baja Edad Media e inicios del denominado por los modernos como “Renacimiento”…

El Ciclo del Grial que se inició en Siglo XII con las obras de Robert de Boron fundamentalmente, pasando por las de Chrestien de Troyes, Wolfran von Eschenbach, von Scharffenberg principalmente y entre otros muchos, en cierto modo concluyen a modo de recapitulación con esta gran obra que tenemos ahora entre manos: LA MUERTE DE ARTURO. Estamos hablando de una etapa histórica donde la Edad Media -la Edad del Medio– se identificó plenamente y a punto estuvo de convertirse y de identificarse con la Edad del Centro (metahistórico, metafísico).

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau