Julius Evola. Septentrionis Lux


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La falange, un movimiento mítico-poético y heroico-viril
noviembre 14, 2009, 3:02 pm
Filed under: Janus Montsalvat, Metapolítica, Política

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“Nosotros tenemos que volver a ordenar a España desde las estrellas”.

Cuando aquel gran caudillo hispánico que fue José Antonio Primo de Rivera, síntesis de trovador y de señor feudal, pronunció esta bella frase en uno de sus magníficos discursos -y que en este mundo pestilente, sub-humano y groseramente materialista y anti/contra-espiritual causaría una mezcla de asombro, extrañeza, risa y repugnancia-, no hacía nada más que encuadrar la doctrina falangista dentro de lo que los antiguos germánicos denominaban GOTTELSWELTANSCHAUUNG, “Visión Divina del Mundo”, por ello los líderes históricos de la Falange primigenia afirmaban que su doctrina “es inmortal porque es la expresión de la Justicia Divina en el Siglo” (Manuel Hedilla, discurso 24-XII-1936).

Simbólicamente, José Antonio nos quería dar a entender que el falangismo no era la creación más o menos genial de determinados personajes históricos, sino la emanación por irradiación (Simbolismo del Principio Supremo manifestado), más o menos potente, de un Centro espiritual metafísico y metahistórico.

Cuando José Antonio afirmaba que su Falange histórica -nacida quizás por razones meramente políticas y coyunturales- terminara confundiéndose con la “Falange Eterna”, es decir, con el mítico y legendario “Reino del Grial” del Medievo gibelino -centro iniciático que conserva el legado de la Tradición Primordial y al que sólo acceden los elegidos-, simbólicamente ello significaba que el color azul (en el simbolismo esotérico de los colores, el azul significa la Verdad Divina manifestada a los hombres) de su Movimiento acabara asimilándose con el de la Patria Celeste residencia de los Dioses y donde los mejores “hacen guardia sobre los luceros”. Precisamente el azul fue el color simbólico de Hiperbórea, Patria mítica de nuestros ancestros y Centro Supremo de la Humanidad en la Edad de Oro.

El Haz de Cinco -número simbólico del hombre primordial- Flechas Solares señalan el Camino que lleva a las estrellas, así como la doble puerta solar representadas en el Yugo -la salida y puesta del Sol- nos señalan el origen mítico, metafísico y metahistórico de la doctrina falangista. La Rosa prendida en el Haz, otro símbolo falangista, simboliza el renacimiento espiritual -el alumbramiento del “Sí interior” contra el “Yo egótico”-, el despertar del Hombre Interior -con razón Antonio Medrano habla de que lo que se trata en realidad es de INSISTIR (vivir hacia adentro, en torno a un Centro metafísico simbolizado por el Corazón) más que de EXISTIR (vivir hacia afuera, descentrado y desorientado, muy típico del hombre-masa de la Modernidad)-: el nacimiento del Hombre Nuevo. Mientras el mundo moderno, ya en plena fase de disolución y descomposición diabólicas, siga existiendo , la Revolución de la Falange siempre estará pendiente…

A continuación reproduciremos una serie de textos de la Falange Histórica -verdadera muestra de falangismo metafísico y solar- que nos señalan ese simbólico “Camino hacia las estrellas” -“Creemos en la aurora, en las estrellas y en los trigos” decía el falangista Utrera Molina- al que sólo tienen acceso los mejores, es el DEVA-YANA de la tradición indo-aria, la “Vía de los Dioses”:

“España es para nosotros el fragmento más entrañable de este Cosmos, una parte bien lograda en el Universo, que quiere vivir y realizar la armonía divina, repitiendo rítmicamente la Naturaleza del todo, en la gran traslación imperial hacia la unidad de destino, y en la rotación y revolución nacional de su conciencia irrenunciable. Ni la Patria es indiferente al Orden Universal, ni las Artes pueden ser indiferentes al Orden de la Patria”.

Rafael Sánchez Mazas, 1940.

“En la amanecida inmortal de España, crecerán espigas de sangre, se amasará con ellas el pan nuevo que será pan de sangre; y cuando nuestros hijos coman de ese pan sobre la mesa de la Patria, arrojados fuera los cobardes y los sacrílegos, la generación de nuestros hijos será la generación Nacionalsindicalista invencible y activa; porque toda la tierra de España, palmo a palmo, está teñida de nuestra sangre, que es trigo eterno y semilla fecundadora; y nosotros tenemos la dura y gloriosa misión de abrir el surco, de sembrar y de morir; y bajaremos a la tumba con el ademán impasible y el rumor alegre de las canciones viejas”.

Antonio Díaz Rodríguez, 1938.

“La conciencia de pertenecer a un pueblo elegido, está presente en la interpretación de nuestra guerra como Cruzada y de España como pueblo llamado a salvar al hombre moderno del abismo en el que se haya caído”.

F. Javier Conde, 1942.

“La concepción falangista tiene un perfil ardiente y heroico. Es dura. Hombres ganados con transigencias, con tácticas suaves no nos sirven. Habladles claro, sed resueltos y violentos en vuestras palabras y en vuestras obras (son las “negaciones absolutas y las afirmaciones soberanas” de las que hablaba el gran Donoso Cortés y no la bazofia humanitario-pacifista que predica la Gran Prostituta. Perdón por el inciso). No ocultéis a nadie vuestra misión. Hay que batirse con nobleza de cara: el que tenga miedo, que lo diga. Que llegue a todos por vosotros un estilo y una manera de ser. NO aguantéis a nadie; no hagáis concesiones, odiad las medias tintas, las transigencias y las retiradas. Vuestros primeros hombres han de responder a estas condiciones y estar formados en este espíritu; preferid uno eficaz a muchos medianos”.

José Antonio Girón, 1943. Hacia una Nueva Aristocracia.

“Las grandes capitales” y “los grandes capitales” -super-urbanismo y gran capitalismo- siguen siendo los enemigos de la humanidad labradora. El labrador se juega con esfuerzo heroico su cosecha, a las vueltas del tiempo, en la rueda del año. Pero en esta ruleta de las cuatro estaciones, en este tablero al cual pone su vida el labrador, la Ciudad y la Banca tienen los ceros. El campo es una víctima de los tahúres de la Ciudad y de la Banca”.

Rafael Sánchez Mazas. “Esquema de una política de aldea”, 1935.

“Cuando el Estado se encuentra en la sima, cuando las instituciones están podridas, abandonadas o deshechas, cuando la situación nacional es deplorable, cuando un pueblo, como pasaba en España (y pasa ahora, añadimos nosotros), ha renunciado a su destino cobardemente; cuando un pueblo, como sucedía con el nuestro, se ha dejado arrebatar todas sus instituciones sin un tiro de defensa; cuando un pueblo se declara vencido, está postrado, entonces el empujón que le renueva, la violencia que le saca de quicio, la revolución que le perturba, sólo le puede lanzar por el camino ascensional de la grandeza”.

Dionisio Ridruejo, 1938.

“Entrar en la Falange equivale a entrar en un orden religioso. En una formación dinámica de cuerpo y alma… Todo en nosotros se ha supeditado al mantenimiento de un frente moral. Nuestras ideas sobre la Patria, la conducta, la economía, el estilo, la historia, la política, la sociedad, el hombre, han dependido únicamente de unos imperativos morales. Esta moral no consiste en una moral utilitaria, ni palabrera, ni patriótica, ni nostálgica, ni sentimental, ni llorona, sino en una moral religiosa de fraternidad y de justicia (como decía Évola, hay que diferenciar entre la “pequeña moral”, vomitiva y despreciable, de la plebe, de la “gran moral” de los señores). Parte la Falange de una CONCEPCION TOTAL DEL MUNDO Y DEL HOMBRE, de una concepción clásica y cristiana, que asumímos por entero en sus imperativos de hoy frente a la realidad histórica. Es una manera de concebir a Dios, al Mundo, al Cielo y a la Tierra, al Espíritu y al Cuerpo, a la Idea y a la Acción, por una convinción inseparable de que la vida humana debe ser regulada por una sabiduría que la trasciende, por fines que la trascienden, y, en primer lugar, por una sabiduría divina, por un Dios ordenador, sin el cual no concebimos la Naturaleza ni la Historia”.

Rafael Sánchez Mazas, 1933.

“La revolución que queremos consiste en volver a la auténtica jerarquía de los valores, en saber, sencillamente, que por encima de nosotros está la Patria y por encima de la Patria está Dios, en saber que el hombre no puede ser esclavo del hombre ni del dinero, que sobre la verdad económica existe la verdad teológica y que la verdad teológica nos dice que no es justo que haya quien se muera de hambre, mientras otros disfrutan de todos los lujos. En una palabra, la revolución que nosotros queremos es la revolución de las ideas, que, al fin y al cabo, es la única que marca rumbo y huella en la marcha de los pueblos”.

José Luis de Arrese, 1940.

“Nuestra revolución es la del espíritu contra la materia. De la armonía contra el número. De la calidad contra la cantidad. De los cuerpos sociales contra las colectividades puramente numéricas. De la nación viva contra la patria sin alma”.

José Antonio. 1935.

 

 

Como veis, camaradas, la selección de sólo unos cuantos textos de la Falange histórica -la verdadera-, nos muestran el abismo doctrinal, metafísico y existencial que separan a ésta de todas las Pseudo-falanges que surgieron posteriormente y hasta nuestros días, y no digamos de esa gentuza “abierta a la izquierda” y “políticamente correcta” que ni siquiera han tenido el ESTILO -algo sagrado para la Falange primigenia- a la hora de elegir unas siglas; evidentemente nos estamos refiriendo a esa caricatura paródica, grotesca y diabólica que es la FEA (siglas de Falange Española… “Auténtica”).

SEMPER FIDELIS.

Janus Montsalvat



Elecciones y sufragio
febrero 19, 2009, 9:59 pm
Filed under: Ética y valores, Eduard Alcántara, Política

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El culmen, el cénit, la gran fiesta de los sistemas políticos partitocrácticos acontece cuando se celebran elecciones. Da igual que sean municipales, regionales o autonómicas, generales o presidenciales, lo único cierto es que en ellas la plutocracia que se disfraza de democracia se intenta cubrir de legitimidad.

En casi todo el orbe dominan las llamadas democracias liberales. Las mismas que dan cobertura a una versión del capitalismo: el liberal. Es por lo cual que constantemente estamos recibiendo información sobre la celebración de elecciones, del tipo que sean, en un país o en otro del mundo o en una u otra región determinadas de aquel o de este Estado.

En muchas ocasiones debemos pasar por el suplicio previo de las campañas electorales: ¡auténtico circo ambulante! Y con el circo llega el abrumador despilfarro de dinero: con frecuencia asciende a miles de millones el montante del pecunio que los mil y un partidos y coaliciones echan por la borda; claro es que unos pocos se gastan la mayor parte. Ingentes cantidades de dinero a menudo despilfarradas ante dantescos ejércitos de parados, mendigos o de humildes gentes. Pero, por lo que se ve, la puesta en escena del espectáculo circense es más importante que la dignidad que merecen estas desamparadas y necesitadas personas.

Por si éstos y otros muchos problemas innatos a la plutocracia tuvieran escasa importancia, los diferentes gobiernos y las administraciones en general se olvidan de ellos y sus miembros centran sus esfuerzos y atención en el buen funcionamiento de las precampañas y las campañas electorales y en la labor propagandística del partido al que pertenecen o que gobierna en ese momento.

En el caso de comicios regionales o autonómicos, por un lado, o generales, por otro, los parlamentos se disuelven y, en su lugar, se constituyen representaciones de los mismos, que funcionan a medio gas y únicamente cuando se las convoca; es el caso de la Diputación Permanente como sustituto de las Cortes españolas. La función legislativa se paraliza y de la ejecutiva casi se puede afirmar otro tanto. En definitiva, se produce durante estos períodos lo que se conoce como ‘vacío de poder’.

Es en estas fechas cuando los políticos se suelen acordar de que existe un pueblo, de que existen unas gentes que con sus votos les pueden encumbrar al poder o hacerles permanecer en él. Y es ahora cuando recorren plazas, mercados, pueblos y ciudades. Es ahora cuando estrechan la mano de ese pueblo, cuando le obsequia con flores, agasajos y promesas de todo género. Y es ahora cuando estos políticos dicen para sus adentros: ‘¡ahora es cuando me interesas, pueblo, ahora!’ Y es que para el Sistema político en vigor el valor de la persona es bien pobre: ‘un hombre= un voto’, o, si se prefiere,: ‘un hombre= un número’. Un número más en el seno de esa masa amorfa y despersonalizada que sumisa como un rebaño de ovejas sigue las directrices y las órdenes que el Sistema le da.

La misión principal de los políticos es, durante los días que dura el circo, la de intentar atraer hacia sus respectivas formaciones el voto del mayor número de ciudadanos. Pero, ¿cómo conseguir esto? Pues bien, primeramente insertando en los cerebros de sus futuribles votantes unas consignas y eslóganes gracias a la simple técnica consistente en repetirlos machaconamente; facilidad de la que gozan las agrupaciones políticas con fuertes posibilidades económicas. Y, en segundo lugar, mintiendo sin reparos, ya que saben a ciencia cierta que a la ciudadanía hay que, aparte de agasajarla impúdicamente, ofrecerle programas sugestivos, atrayentes y que la llenen de una ilusión de la que el mismo Sistema le ha hecho carecer; y así lo hacen, puesto que tienen, de antemano, consciencia de que, ya sea por ineptitud o intencionadamente, no los van a llevar a la práctica aun llegando a encaramarse al poder.

El partido o coalición que tras unos comicios electorales consigue formar gobierno sabe con certeza que si para cuando se celebre la próxima consulta electoral quiere volver a ser reelegido debe, entre otros cosas, conseguir elevar el nivel de vida de la ciudadanía realizando, por ejemplo, obras públicas que, como tales, el pueblo pueda valorar como positivas y, en consecuencia, le predisponga favorablemente para volver a otorgarle su confianza. Pero, claro, las grandes obras públicas, las que vertebran y pueden contribuir a dar consistencia a la economía de un país, las que potencian su infraestructura general, no se suelen poder concluir en los pocos años que transcurren entre una consulta electoral y la siguiente, ya que necesitan de una serie de trámites, requisitos y proyectos y, sobre todo, de mucho esfuerzo humano y técnico. Y como esta realidad no la ignora ningún gobierno que actúe en el seno de un sistema político liberal, sus energías se centran en la realización de pequeñas obras o servicios públicos: parques de recreo, zonas ajardinadas, hogares para jubilados, pavimentación o arreglo de calzadas,… Obras públicas que con ser deseables en cualquier comunidad, no deberían imposibilitar la ejecución de grandes obras públicas; como la construcción de hospitales, embalses, redes de comunicación, centrales de energía,.. No cabe duda de que este proceder habitual constituye otro punto en contra a la hora de valorar la idoneidad del sistema de elecciones periódicas, consustancial al liberalismo político.

Si a pesar de todos los intentos de un partido por mantenerse en el poder, sucumbe ante la fuerza electoral de otro, este otro, al representar, en mayor o menor grado, una opción ideológica distinta considerará, seguramente, como contrarios o disonantes con su línea política muchos de los aspectos de la obra realizada desde el ejecutivo saliente, por lo cual procederá, si no a destruirlos, a ponerles trabas para obstaculizar su adecuado funcionamiento o mantenimiento. Con lo que nos encontramos con que es francamente difícil que cualquier proyecto serio salga adelante y tenga, además, un carácter duradero.

Otro hándicap con el que nos topamos al analizar a la partitocracia es el de la falta real de alternativas políticas existente entre los diferentes partidos o coaliciones de mayor influencia, pues sabemos que triunfe uno u otro la obra de gobierno no va a variar sustancialmente; aunque externamente a algunos les pueda parecer lo contrario. Y es que partidos conservadores, demócratacristianos, liberales o socialdemócratas acaban aplicando, en economía, los mismos criterios del capitalismo liberal, o los primeros, en el plano moral, acaban respetando las leyes, por ejemplo, abortistas aprobadas por gobiernos ‘progresistas’ anteriores y a las que sus programas políticos se oponían.

¿Y por qué ocurre esto? Pues bien, son, o pueden ser, múltiples las causas y van desde la sumisión al Gran Capital financiero y multinacional en la que caen todos los gobiernos de los regímenes de tipo liberal-capitalista, pasando por el consenso remendón que se suele establecer entre las fuerzas de los distintos gobiernos y de sus mal llamadas oposiciones en torno a muchos temas y acabando por el denominado ‘pragmatismo’ en el que los políticos del Sistema suelen caer cuando forman parte del poder ejecutivo; olvidándose así de cuestiones ideológicas que no harían más que complicarles la existencia cómoda y facilona a que han conseguido llegar.

Hablábamos algunas líneas más arriba de los partidos más influyentes, si no social sí electoralmente, y sería bueno pararse a analizar cuáles son los motivos principales de esa supremacía. Y llegaríamos a la conclusión de que dichas causas se encuentran, sobre todo, en el monopolio que ejercen sobre la mayoría de los medios de comunicación y en las grandes sumas de dinero que manejan en las campañas electorales. Y es que es de perogrullo que al Sistema le interesa que las formaciones políticas que más ciegamente, sea por motivos ideológicos o por intereses económicos, le apoyan acaparen el poder que lo sustente y fortalezca y, por esta razón, uno de sus principales tentáculos, la Banca, las financia; dándoles grandes facilidades a la hora de concederles los préstamos necesarios. Por si esto fuera poco, la capacidad de presión del capital financiero sobre los medios de ‘información’ explica la parcialidad y partidismo de que éstos hacen gala constantemente; además, hemos de tener en cuenta de que la totalidad de los principales medios de comunicación se encuentran en manos de gente totalmente identificada con el régimen político vigente.

Las llamadas Cartas Magnas o Constituciones que recogen los postulados ideológicos básicos en los que se sustentan los diversos estados liberales propugnan en algunos de sus primeros artículos, si no en el primero, los principios de la ‘igualdad y el pluralismo político’ y nosotros, a razón de lo expuesto en el párrafo anterior, no podemos por menos que preguntarnos: ¿se verifican, de algún modo, dichos principios ante el evento de unos comicios electorales? Es obvio que la respuesta, por evidente, sobra.

Otro aspecto que se ha de someter a consideración es el de la escasa representatividad real que tienen los partidos políticos en general y los diputados, congresistas o senadores, en particular. Y es que resulta que, en muchas ocasiones, los elegidos por una circunscripción electoral no tienen nada que ver con ella, porque: o bien no son naturales de la zona por la que se presentan para ser elegidos; o bien no residen en ella; o bien desconocen sus problemas, sus preocupaciones y sus aspiraciones. Simplemente, el partido les asigna la circunscripción que más le interesa…

Dejando de lado a los votables y ocupándonos de los partidos, hay que tener presente que el gobierno que se forma a raíz de celebrarse unas elecciones no representa más que a la gente que ha votado al grupo político al que pertenecen sus miembros, esto es, no representa más que a una mayoría de ciudadanos o bien a una minoría mayoritaria., pero nunca a la totalidad del pueblo. Claro que incluso esto es pura teoría, pues, como vimos con anterioridad, cuando el nuevo Ejecutivo ya ha cumplido su objetivo principal, que es el de haberse constituido como tal gracias al voto popular, pasará a ignorar intencionadamente las promesas que su partido vociferó durante la campaña electoral; resultando, por tanto, que ni los electores que le depositaron su confianza en las urnas se verán representados por dicho gobierno.

Ante toda la zarabanda electoralera que tenemos que padecer continuamente nos surgen, como reflexión final, preguntas como éstas: ¿qué entenderá la mayoría de los votantes sobre temas tan complejos como los del funcionamiento de la macroeconomía o sobre estrategia militar y geopolítica para, en unas elecciones generales, optar por la opción política que mejor pueda tratarlos? ¿Debe de tener el mismo valor y peso el voto ejercido por una persona honrada, cabal o instruida que el de un ignorante, un ‘pasota’, un ímprobo, un estafador, un explotador, un delincuente o un deficiente psíquico? ¿Acaso, tal como afirmaba Corneliu Z. Codreanu en su libro ‘Guardia de Hierro’, la categoría de, por ejemplo, mejores pintores la determina, por sufragio, el pueblo o lo hacen los maestros, especialistas y críticos pictóricos? ¿Es que, afirmaba igualmente, al oficial de un ejército lo eligen por votación los soldados o lo hace otro oficial u otros oficiales que detenta/n una graduación superior a la suya y que, por tanto, tiene/n la legitimidad, los conocimientos y la experiencia necesarios para determinar quien es apto para ascender de escalafón?…

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara @hotmail.com



Las autonomías, metástasis de la Nación.
febrero 18, 2009, 8:49 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, La Rata Negra, Política

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Uno de los más cacareados logros de la transición española, es el llamado estado autonómico.Un estado que, a la vista de los resultados podemos sin miedo calificarlo de absoluto fracaso.

En 1977 solo catalanes y vascos aspiraban a la plena autonomía, realidad alejada de las demás regiones españolas. Era un autonomismo suave, un regionalismo, salvo el vasco, no separador, más preocupado de la faceta cultural ylinguística, que política, social y económica. El famoso “ café para todos” de Suarez, dio alas a oportunistas políticos, que vieron una extraordinaria via para sus ansias de poder y control, exacerbando hasta el paroxismo, inventadas reivindicaciones y agravios regionales.

Esta cuadrilla de oportunistas sin escrúpulos, supo jugar sus bazas, y, aprovechándose de los complejos de UCD  y con el consentimiento de la jefatura del estado, lograron poner en marcha el famoso y malhadado estado autonómico.

Desde entonces, todos los partidos nacionales en el poder, han sido cómplices de esta deriva hacia el abismo, creando un estado inviable, tanto política como económicamente.

Estas son, a grandes rasgos, las ventajas de tan loado sistema:

En 1975, habia en España, un millón de funcionarios, hoy en nuestra Nación, hay cerca de 3 millones de funcionarios, con la paradoja, que antaño, no habia tecnologías, ni medios, para agilizar y acercar la administración a los ciudadanos.

Desde los albores de este sistema autonómico, el despilfarro, nepotismo y corrupción, ha sido una verdadera plaga. Da igual gobierne la izquierda o derecha, los casos son múltiples y sería reiterativo enumerarlos.

El estado, está vacio de competencias, y apenas tiene decisión propia o capacidad de maniobra ante los mandarinatos regionales, solo preocupados por malgastar el dinero de todos y ocupar, cada vez más y más, parcelas de la sociedad.

La desafección a la idea nacional, fuente de soberania y solidaridad, es una de sus más logradas metas, creando en varias regiones españolas, odio e inquina a España, Patria común de todos, y reitero, fuente de soberanía.

La ruptura de lazos sentimentales, sociales, solidarios entre regiones, es otra constatación del fracaso del modelo, llegando al penoso extremo, de negar el agua de todos, una regiones a otras, con la ridiculez de “blindar cuencas acuíferas”.

La creación de castas parasitarias provinciales, tan solo dedicadas a exacerbar diferencias y obviar nexos múltiples de unión compartida en siglos.

La creación de 17 estados con leyes, parlamentos, asesores, lenguas, mercados, banderas, televisiones, policias,etc, etc, etc. Suponiendo para el ciudadano, una onerosa carga fiscal y un soterramiento de sus derechos.

 

Como podemos apreciar, y sin querer extendernos mucho, las ventajas brillan por su ausencia, no así los problemas, el despilfarro y la mentira.

 

En consecuencia podemos decir sin ningún tapujo, que este es un estado inviable, condenado al fracaso más absoluto, si no se toman con rapidez medidas para corregirlo, pudiéndonos llevar a corto plazo a la balcanización de la que fue la nación más antigua de Europa.

Delenda est Autonomias

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara @hotmail.com



Tesis sobre los musulmanes
febrero 17, 2009, 9:52 pm
Filed under: Economía y consumo, La Rata Negra, Política, Religiones
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En tanto la población musulmana permanezca alrededor, o por debajo del 2% de la de cualquier país, ésta será vista por la población local como una mínoría amante de la paz, y no como una amenaza hacia los demás ciudadanos. Éste es el caso de lo que ocurre en:
Estados Unidos: 0,6% de musulmanes
Australia: 1,5% de musulmanes
Canadá: 1,9% de musulmanes
China: 1,8% de musulmanes
Italia: 1,5% de musulmanes
Noruega: 1,8% de musulmanes
Con una población que alcance entre el 2% y el 5%, los musulmanes comienzan con el proselitismo entre otras minorías étnicas y grupos descontentos del lugar, a menudo con reclutamientos considerables en cárceles y entre las bandas callejeras. Esto está ocurriendo en:
Dinamarca: 2,0% de musulmanes
Alemania: 3,7% de musulmanes
Reino Unido: 2,7% de musulmanes
España: 4,0% de musulmanes
Tailandia: 4,6% de musulmanes
A partir del 5% de población musulmana, estos ejercen una influencia desorbitada con respecto al porcentaje de población que representan. Por ejemplo, insistirán en la introducción de los alimentos halal (limpios de acuerdo a los preceptos islámicos), asegurándose de esta manera empleos de manipuladores de alimentos reservados a los musulmanes. Empezarán las presiones sobre las cadenas de supermercados para que muestren alimentos halal en sus estanterías – junto con las correspondientes amenazas si no se cumplen estos requisitos. Esto está ocurriendo en:
Francia: 8,0% de musulmanes
Filipinas: 5,0% de musulmanes
Suecia: 5,0% de musulmanes
Suiza: 4,3% de musulmanes
Holanda: 5,5% de musulmanes
Trinidad y Tobago: 5,8% de musulmanes
Llegados a este punto, trabajarán para que la autoridad gubernamental les permita que ellos mismos se regulen bajo la Sharia, la Ley Islámica (dentro de sus ghettos). El objetivo último de los islamistas es establecer la Sharia en todo el mundo.
Cuando los musulmanes se aproximan al 10% de la población, tienden a aumentar la anarquía como un medio de quejarse sobre sus condiciones de vida en el país. En París ya hemos visto las revueltas imparables con quema de coches y de mobiliario urbano. En esta situación, cualquier acción no musulmana ofende al Islam, y resulta en insurrecciones y amenazas, como las de Amsterdam tras la oposición a las viñetas de Mahoma y películas sobre el Islam. Estas tensiones se ven a diario, particularmente en los sectores musulmanes de:
Guyana: 10,0% de musulmanes
India: 13,4% de musulmanes
Israel: 16,0% de musulmanes
Kenia: 10,0% de musulmanes
Rusia: 15,0% de musulmanes
Tras alcanzar el 20%, las naciones pueden esperar disturbios espeluznantes, formación de milicias jihadistas, asesinatos esporádicos, y la quema de iglesias
Etiopía: 32,8% de musulmanes
Con un 40% de musulmanes, las naciones experimentan masacres generalizadas, ataques terroristas crónicos, y guerra ininterrumpida de milicias, como las de:
Bosnia: 40,0% de musulmanes
Chad: 53,1% de musulmanes
Líbano: 59,7% de musulmanes
Los países que alcanzan un 60% de población musulmana experimentan persecuciones sin límite de los no-creyentes de todas las demás religiones (incluyendo a los musulmanes no ortodoxos), limpiezas étnicas esporádicas (genocidios), el uso de la Ley de la Sharia como arma, y el establecimiento de la Jizya, el impuesto sobre todos los infieles, como está ocurriendo en:
Albania: 70,0% de musulmanes
Malasia: 60,4% de musulmanes
Qatar: 77,5% de musulmanes
Sudan: 70,0% de musulmanes
A partir del 80% deben esperarse intimidaciones y jihad violenta sobre la población no islámica, algún tipo de limpieza étnica dirigida por el Estado, e incluso algún genocidio, a medida que estas naciones expulsan a los pocos infieles que van quedando, y se dirigen hacia el objetivo de un Estado 100% musulmán, tal y como se ha experimentado ya, o está en vías de consecución en:
Bangla Desh: 83,0% de musulmanes
Egipto: 90,0% de musulmanes
Gaza: 98,7% de musulmanes
Indonesia: 86,1% de musulmanes
Irán: 98,0% de musulmanes
Irak: 97,0% de musulmanes
Jordania: 92,0% de musulmanes
Marruecos: 98,7% de musulmanes
Pakistan: 97,0% de musulmanes
Palestine 99,0% de musulmanes
Siria: 90,0% de musulmanes
Tajikistan: 90,0% de musulmanes
Turquía: 99,8% de musulmanes
Emiratos Árabes: 96,0% de musulmanes
Alcanzar el 100% marcará el comienzo de la Paz de “Dar-es-Salaam” (el Paraíso de la Paz Islámico). Aquí, se da por supuesta la existencia de la paz, porque todo el mundo es islámico, las Madrás son las únicas escuelas, y el Corán la única palabra, como ocurre en:
Afganistán: 100% de musulmanes
Arabi Saudita 100% de musulmanes
Somalia 100% de musulmanes
Yemen: 100% de musulmanes
Desgraciadamente, la paz nunca se alcanza, puesto que en estos estados con el 100% de musulmanes, aquellos más radicales intimidan y vomitan odio, y satisfacen sus ansias asesinando a los musulmanes menos radicales, por una variedad de razones.
“Antes de cumplir los nueve años, ya había aprendido la doctrina básica de la vida árabe: Era yo contra mi hermano; yo y mi hermano contra nuestro padre; mi familia contra mis primos y el clan; el clan contra la tribu; la tribu contra el mundo, y todos juntos contra los infieles” ( Leon Uris “El Peregrinaje / The Haj” )
Es importante entender que en algunos países, con bastante menos que el 100% de población musulmana, como en Francia, la minoría musulmana vive en ghettos, dentro de los cuales constituyen el 100%, y en los que viven bajo la Ley de la Sharia. La policía nacional no osa entrar en esos ghettos. No hay Tribunales, ni escuelas nacionales, ni establecimientos religiosos no musulmanes. En estas situaciones, los musulmanes no se integran en la comunidad en general. Los niños asisten a las Madrás (escuelas musulmanas), y sólo estudian el Corán. Incluso relacionarse con un infiel es un crímen castigable con la muerte. Por lo tanto, en algunas áreas de ciertas naciones, los imanes y los extremistas musulmanes ejercen más poder que el que la media nacional de penetración de la población podría indicar.
Mil quinientos millones de musulmanes representan hoy el 22% de la población mundial. Pero su tasa de nacimientos eclipsa a la de los cristianos, hinduístas, budistas, judíos y todos los demás creyentes. Los musulmanes superarán el 50% de la población del mundo al final de este siglo.
Una de las formas de parar la quinta columna que representa el islam en los países europeos, es manifestar un mensaje claro y rotundo sobre el origen cristiano de la identidad europea. Y exigir reciprocidad a los países musulmanes en materia de libertad religiosa y construcción de templos cristianos. Si no se hace así los islámicos lo entienden como una debilidad y aprovechan para penetrar y difundir el islamismo en las naciones europeas. Entre responsabilidades nuestras está defender nuestra tierra y el legado de nuestros antepasados. Así que, A LAS ARMAS CUANTO ANTES!!!


La Orden vs el partido político
febrero 8, 2009, 11:03 am
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Política

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Escribimos estas líneas ante los requerimientos que alguien nos ha realizado a propósito de valorar el papel que podría desempeñar una Orden en nuestros días y de establecer los objetivos que, en caso de existir,  debería de perseguir.

Nos empeñamos en ello sentando la base de que la orden  se hallaría en las antípodas del partido político. De que la orden encaja en el Mundo tradicional de la misma manera  que el partido poítico lo hace en el mundo moderno. De que la orden vertebra y el partido político divide. De que la primera cohesiona y da sentido a una comunidad dada y, en cambio, el segundo enfrenta a los miembros de la sociedad en la que actúa y a las banderías que crean él y el resto de partidos políticos. De que la orden encarna y defiende una determinada cosmovisión y el partido repesenta a una ideología política. De que  dicha visión del mundo abanderada por la orden es de corte Superior  (Trascendente) y, en cambio, la ideología que caracteriza al partido acostumbra a ser de naturaleza materialista. De que la orden mira de elevar a la persona hacia lo Absoluto y, por contra, el partido aspira a la postre, únicamente, a pretender satisfacerle sus necesidades más primarias. Que la línea, pues, que traza la orden es vertical y la que delinea el partido es horizontal.

Que la orden quiere entender del Ser y el partido se circunscribe al existir. Que las miras de la primera son ascendentes mientras que las del segundo son descendentes, pues la primera pretende -con el fin de encararlo hacia lo Alto- la liberación del hombre con respecto a todo lo que lo condiciona y esclaviza y, por el contrario, el resultado del accionar del segundo acaba encadenando aún más al individuo a lo bajo; esto es, a las pulsiones del consumismo inherente al modo de vida que promueve la modernidad y a los bajos instintos disolventes del hedonismo que tiene su razón de existir en ella.  Que la orden aprecia la calidad y el elitismo y el partido aspira a la exaltación de las masas y a erigirse en adalid de la cantidad (del número de  votos obtenidos depende o no su éxito). Que la orden será cosa de minorías (las constituidas por aquellas personas que sepan autogobernarse) y el partido abrirá sus puertas a cualquiera (independientemente de sus aptitudes, cualidades y valores). Que la orden abogará por la noble finalidad del desarrollo interior de sus miembros y que al partido sólo le interesarán mezquindades como que éstos le aporten su dinero (en forma de cotas o de donaciones) o, en algunos casos, sus influencias y en otros casos, su participación como meros instrumentos para cumplir una simple función mecánica (p. ej., las ‘pegadas de carteles’ en campañas electorales,…). Que la orden exige a sus integrantes y que el partido les promete. Que la orden sólo entiende de servicio y que el partido entiende de servirse. Que la orden aspira a convertirse en la fuerza animadora y el aliento vital de unidades supranacionales (el Imperium) que tengan como polo la Idea –lo Absoluto- y el partido no duda en provocar la dinamitación de cualquier unidad política si esto le revierte beneficios –cotas de poder-. O que la orden se estructura en base a un principio de jerarquía y que el partido oculta sus turbios procederes bajo una aparición de funcionamiento democrático y haciendo un dogma del igualitarismo.

 

Tras estas pinceladas deberíamos añadir que no tan sólo una comunidad Tradicional debería de tener su médula en una orden (1) sino que incluso cualquier aspiración a Restaurar un Orden Tradicional debería de empezar por constituir una orden que se erigiría en el primer y más valioso motor encarador de dicho intento.

Que esto debía ser de este modo lo comprendió de forma muy diáfana aquel que fue gran defensor del Sacro Imperio Romano Germánico y de la idea que éste representaba y a quien, por esta razón, se le ha también conocido como ‘el último gibelino’, que no era otro que Julius Evola. Éste dedicó buena parte de los empeños de su vida en  constituir una orden que agrupara a aquellas personas que hubiesen llegado a un notable enseñoreamiento de sí mismos (que hubiesen, como mínimo, alcanzado altas cotas de autodominio interior) con el fin, en primer lugar, de potenciar las vías iniciáticas emprendidas por dichas personas, en segundo lugar, de convertirla en punta de lanza en la lucha por acelerar la disolución del mundo moderno y, en tercer lugar, de constituirla en el soporte basal en el que se apoyaría el nuevo Mundo Tradicional reencontrado y  restaurado. Estos empeños de Evola fueron ya por nosotros comentados con ocasión de nuestro escrito “Evola, un hombre de acción”, en el que recordábamos que:

A lo largo de la década de los ’30 y durante los primeros ’40 nuestro hombre de acción recorre un buen número de países de Europa tras un objetivo preferente, que no es otro que el de crear una red secreta en la que se implicarían las más aptas personas defensoras y/o difusoras de la cosmovisión propia del Mundo de la Tradición; algunas de ellas muy enfrascadas en las vicisitudes políticas del momento. Este propósito de Evola obedecía a su intención de que aquel saber ancestral, sacro y eterno que él afanaba por transmitir no quedase en papel mojado y tuviera quien lo conservase con ánimo, ¡por qué no!, de poder transplantarlo algún día al plano de las efectivas realizaciones políticas de una futura Europa; de poder plasmar la Tradición en el ideal del Imperium (2). Esta aludida red secreta obedecía a la idea de la constitución de una Orden que sería la garante de ese legado sapiencial y sagrado y la rectora de ese anhelado Imperium.

A pesar de los trágicos avatares acontecidos con motivo de la Segunda Guerra Mundial Evola nunca cedió en este empeño de constitución de una Orden. Es por ello que, transcurrido mucho tiempo, bien avanzados los años ’60, incluso tenía ya elegida la que según su criterio podría ser una persona muy apta (por su acendrado sentido del honor y de la fidelidad y por su talante aristocrático) para convertirse en la figura rectora de esta Orden. Era en el príncipe Valerio Borghese en quien pensó para dirigir la que Evola denominaba Corona Férrea; esto es, la Orden. Desgraciadamente, el fallido golpe de Estado dirigido por Borghese en 1.970 frustó este recurrente proyecto de Evola.”

 

El principio jerárquico que, atendiendo a criterios de autosuperación y transformación interiores, jalona la estructura de arriba abajo de en este ente –la orden- habido o por haber, no otro sostén tuvo o debe de tener que el sostén de valores tales como el de la

 

fidelidad y la lealtad hacia los superiores de mayor rango; valores aplicables, igualmente, para con los conmilitones de igual rango, entre los cuales fue o  será, también, cualidad insoslayable la del espíritu de camaradería.

A tenor de lo hasta ahora expuesto y en vista de que uno de los objetivos que perseguiría la orden, inmersa en estos avatares convulsos que corren en nuestros días, sería el de dedicar buena parte de sus empeños en precipitar la caída del actual desorden establecido, se puede fácilmente colegir que el modelo de orden al que nos estamos refiriendo es aquel que aúna en sí la ‘

 

vía de la acción‘ con la ‘vía del Espíritu’. O, lo que es lo mismo, lo guerrero con lo ascético. Dicho en palabras de José Antonio Primo de Rivera, en dicha orden se concebiría al hombre como ‘mitad monje, mitad soldado”.

Quede, para acabar, también clara la idea de que la mencionada

 

‘vía de la acción’ no tiene tan sólo las más evidente faceta externa de actuar en el medio exterior sobre el que se pretende influir, sino que también implica la acción en el interior del hombre que busca, como última meta, su transfiguración ontológica y el Conocimiento de lo Absoluto; acción interior que constituye, pues, el vehículo necesario para hacer viable la citada ‘vía del Espíritu’.

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(1) Como, por otro lado, ha sucedido, de manera evidente, en determinados períodos históricos como el del medieval Sacro Imperio Romano Germánico, durante buena parte del cual la Orden del Temple pudo cumplir esta función y, en todo caso, aspiró, en muy alta medida, a ello.

   (2) Ideal cuyas fuentes formativas y cuyas plasmaciones históricas fueron ya por nosotros tratadas en nuestro artículo El Imperium a la luz de la Tradición”.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com