Julius Evola. Septentrionis Lux


EL ANONIMATO
agosto 28, 2019, 3:12 pm
Filed under: Ética y valores, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

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EL ANONIMATO

 

“Permanecer solo deliberadamente, en una sociedad e la que cada día más, la conveniencia evidente sería hacerse gregario, es la forma de heroísmo que aquí os invito a abrazar.

 

HENRY DE MONTHERLANT, 1960

 

Si en una cosa se distinguen las modernas y subversivas sociedades democráticas de masas, de otras civilizaciones que las precedieron de carácter estas autoritario, totalista, orgánico y jerárquico, precisamente es en la disolución y aniquilamiento del principio de la personalidad. El hombre moderno, desprincipiado, sin valores ni referentes elevados, se ha convertido en un mero esclavo de las tendencias e impulsos animalescos y demoníacos que anidan en él y a los que hay que vencer para que se afirme una verdadera personalidad, ello después de arduos procesos de conquista y de transformación interior. Ante el mero Yo Egótico que en todos anida, debe prevalecer el Sí Interor, la Raza del Espíritu. A ese combate entre ambos principios que en todos reside, el Yo Egótico y el Sí Interior, en tradiciones como la Mitraica y la Zoroástrica (ambas de origen ario-persa) se le denominó Gran Guerra Santa, lucha y combate espiritual dentro de uno mismo. Ni que decir tiene que la concepción sarracena de la misma constituye una grotesca y diabólica parodia… El Hombre de la Tradición INSISTE (vivir hacia dentro, en torno a un centro y orden metafísicos, en torno al Principio Supremo); el moderno subhumano o “hombre-masa” de las podridas democracias mundialistas o sin mundializar, que lo mismo da, EXISTE, es decir vive hacia afuera, descentrado, desprincipiado, sin orden ni concierto, su vida es un completo caos que se refleja en cualquier acto de su miserable vida. Estamos hablando de dos tipos humanos radicalmente opuestos entre sí, completamente antitéticos. Por otro lado la diferencia fundamental que hay entre Persona e Individuo, ya que mientras la primera pertenecería a la parte espiritual, orgánica y jerarquizada del hombre, el segundo haría alusión a lo abstracto e informe, a lo puramente numérico, a aquello que carece de cualidades propias, el principio de la DIFERENCIA desaparece en él. Por ello para este criminal y repugnante Sistema todos somos meros “seres humanos”, desaparece el viril y aristocrático principio de la Diferenciación y en cambio aparece el subversivo y decadente principio de la “Igualdad”. Normal que una civilización así sea ante y sobre todo Materialista, término que procede de Mater (Madre), ya que para ella todos sus hijos son iguales, sin diferenciación e independientemente de los sexos, las cualidades o defectos de cada uno (democracia), mientras la civilización de Pater (Padre) encarnaba los principios de la Diferenciación, la Casta, la Raza, el Orden, la Aristocracia. Telurismo ginecocrático antítesis y negación de la Aristocracia y de la espiritualidad olímpica y solar.

 

 

Por otro lado existe también un doble aspecto del anonimato o de “impersonalidad” según el tipo humano y de civilización que encarnen uno u otro respectivamente. Por un lado el anonimato “por lo bajo”, de carácter catagógico, que es el del hombre-masa, multitudes de “hombres solos” que pululan atomizados por las grandes urbes a modo de gigantescas termiteras, sin rumbo ni concierto, despersonalizados y esclavizados, casi como zombis o muertos vivientes; por otro lado el anonimato “por lo alto”, de carácter anagógico, el del hombre de la Tradición y también el del hombre diferenciado del resto, que vive en la modernidad pero existencial y espiritualmente está  o se siente alejado de ella, que busca el decondicionamiento. El primer tipo de impersonalidad conduce al individualismo y a la masa anónima y sin alma, el segundo conduce al ser soberano, a la persona absoluta; para esto último Julius Evola reivindicaba el principio de la IMPERSONALIDAD ACTIVA: hacer lo que se tiene o lo que se debe de hacer, ser y vivir en torno a la IDEA, nuestra verdadera Patria, no buscar reconocimientos ni recompensas ni el aplauso. La “obra bien hecha” como decían las antiguas hermandades artesanales, o como rezaba la consigna templaria por excelencia, verdadero reflejo de la Impersonalidad Activa en el Medievo: NADA PARA MÍ SEÑOR, NADA PARA MÍ, SINO PARA MAYOR GLORIA DE TU NOMBRE…

 

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN!!!

 

Joan Montcau

 

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LIBROS: EL MISTERIO DEL GRIAL
agosto 26, 2019, 11:28 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Metapolítica, Tradición

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LIBROS: EL MISTERIO DEL GRIAL

 

“La búsqueda del Grial, es en esencia, una vicisitud interior. No se trata, como experiencia, de algo similar al éxtasis místico. Es, más bien, un poder primordial que llega a ser positivamente evocado. Quien sabe asumirlo es cualificado para los altos cometidos oscurecidos de la leyenda y que son, en realidad, su núcleo central”.

 

JULIUS EVOLA

 

Gran libro del Maestro Romano Julius Evola publicado en 1937, en plena Era del Fascismo en Europa y en la etapa ascendente del III Reich alemán, esta “ola de inquietud europea” (José Antonio) que Intentó en pleno Siglo XX la regeneración de una Europa que hoy parece encaminarse resueltamente hacia su definitivo ocaso.

 

El Grial más que un determinado objeto o “copa”, algo físico, se trata realmente de un símbolo de un centro espiritual que conecta directamente con la Tradición Primordial Nórdico-polar y la mítica Edad de Oro. Tiene por tanto un carácter Metahistórico y Metareligioso, además tiene más conexión con el principio guerrero que con el puramente contemplativo. Como señala Evola “es curioso que en todos los textos, los custodios del Grial o del lugar en el cual se manifiesta, no sean de los sacerdotes, sino de los caballeros, de los guerreros y, además, que aquel lugar venga descrito no como un templo o una iglesia, sino como una corte o como un castillo”.

 

A lo largo del libro, Evola detalla la influencia que su simbolismo tuvo en diversas corrientes de pensamiento y acción tradicional, especialmente durante la Edad Media y en el Renacimiento dentro del marco del Sacro Imperio Romano-Germánico, el I Reich, donde se intentó imponer la concepción gibelina, es decir la tentativa de realizar, organizar y unificar Occidente bajo el signo de un Imperio Sagrado, por encima de las arrogancias y pretensiones de un Papado fundamentalmente ENEMIGO (hoy lo estamos viendo a la perfección) de Europa y de la metafísica  imperial.

 

A lo largo del libro desfilan temas como el Ciclo Olímpico, el tema hiperbóreo, la tradición céltica y la misteriosa raza sagrada y solar de los Tuatha de Dannan, el Ciclo Artúrico, leyendas y mitos relacionados con el Grial (el Preste Juan, el Árbol del Imperio, el Señor Universal, el Rayo, la Lanza, el Rey Pescador, la Sede del Grial). Luego movimientos y organizaciones que de forma directa  o indirecta tuvieron relación con el Mito: templarios, cátaros, Fieles de Amor y la poesía trovadoresca en general, Dante y la Tradición Hermética, órdenes de constructores (inicialmente ligadas principalmente al templarismo y otras órdenes ascético-militares) y que finalmente acabaron degenerando en la moderna, aberrante y subversiva Masonería especulativa actual, germen de las revoluciones modernas antitradicionales y democráticas; finalmente los rosacruces…

 

Estos últimos, los rosacruces, cadenas iniciáticas que al parecer surgieron por todo Occidente tras la liquidación de los templarios en el Siglo XIV, al menos continuaron aunque fuera ya de forma subterránea, la conexión de Europa con la Tradición Primordial, pero con la Guerra de los Treinta Años se produce el derrumbe definitivo, la Paz de Westfalia de 1648 que supuso definitivamente la victoria de la subversión del “humanismo” renacentista (antecedente directo del liberalismo y del individualismo) y del protestantismo sobre los fundamentos reales y sagrados del Sacro Imperio (principio del fin de los Imperios español y alemán); era el establecimiento de la Modernidad con todas sus consecuencias y vertientes a cual más demoníaca (liberalismo, marxismo, anarquismo, evolucionismo, freudismo, etc), pseudo-civilización negadora y radicalmente opuesta de la Tradición cuyos gérmenes empezaron a asentarse en el Siglo XIV con la destrucción de la Orden del Temple.  Simbólicamente esos Rosacruces (nada que ver con el actual rosacrucianismo que constituye una grotesca y moderna parodia) según sus últimos textos del Siglo XVII “decidieron retirarse a la espera de tiempos mejores”, o como decían los gibelinos del Medievo cuando “el laurel vuelva a reverdecer…”

 

Libro en definitiva muy recomendable, en él se analiza uno de los grandes símbolos de la cultura occidental precristiana, su lectura apasionante nos ayudará a comprender el mundo actual en el que vivimos y cuáles han sido sus orígenes, así como ciertas fuerzas de poder que lo rigen y dominan en esta Edad Oscura o Kali-Yuga, la “Tierra Baldía” de la leyenda  artúrica, un mundo en el que los hombres diferenciados del resto de la masa se ven obligados a vivir (más  bien  sobrevivir), luchando (física, psíquica y espiritualmente) contra las potencias del caos y de la subversión para ganar así la Inmortalidad.

 

Joan Montcau

 



CURIOSIDADES ARQUITECTÓNICAS EN LA GRAN URBE: EL CASTILLO DE SANTA EULALIA
agosto 15, 2019, 11:33 am
Filed under: Historia, Tradición

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CURIOSIDADES ARQUITECTÓNICAS EN LA GRAN URBE: EL CASTILLO DE SANTA EULALIA

“Una de las mayores miserias espirituales de nuestro tiempo reside en la alienación en la que vivimos respecto a nuestro entorno urbano. El hombre occidental de nuestros días mantiene una relación abstracta y vacía con la ciudad en la que vive. Normalmente, sabe poco de su historia, y sobre todo del profundo conjunto de significados que, con gran frecuencia, se esconde en sus monumentos, en sus calles, en sus plazas, en sus fuentes, en sus iglesias, en sus edificios oficiales”.

Antonio Martínez, “En busca del alma secreta de la ciudad”. El Manifiesto.

Hospitalet de Llobregat es el segundo municipio de Cataluña en cuanto a número de habitantes y uno de los mayores de toda España en cuanto a densidad de población, también una de las mayores de Europa, y eso teniendo en cuenta que la capital -Barcelona- “nos robó” (tejemanejes de los politicastros liberales de la época, como siempre vamos…), cientos y cientos de hectáreas -1000 hectáreas aproximadamente entre 1920 y 1933- arrebatándonos así el acceso que hasta entonces teníamos hacia la montaña en su lado Norte (Sierra de Collserola, Finestrelles) y hacia el mar en su lado Sur (la famosa Marina de Hospitalet con su bello faro aún hoy en pie pero al que ya no se puede acceder, lugar hoy de horrendos y ruidosos polígonos industriales conocido como ‘Zona Franca’). El nombre originario de Hospitalet, por documentos escritos ya del Siglo X, fue Provençana y que entonces prácticamente doblaba en territorio al Hospitalet actual, extendiendo sus dominios hasta la ya citada Sierra de Collserola (hoy convertida en Parque Natural, uno de los mayores parques metropolitanos del mundo con cerca de 9000 hectáreas repartidas entre tres comarcas: el Barcelonés, el Baix Llobregat y el Vallés Occidental), y el Río Llobregat (bautizado por los romanos como Rubricatus, el Río Rojo, ello por el tono marrón sanguina de sus aguas debido a las arcillas que conforman su lecho); Provençana proviene del nombre latino de Provius o Proventius. El nombre de “l’Hospitalet”, en catalán “el pequeño hospital”, proviene del hospital de pobres —un albergue en el que se practicaba la beneficencia y se acogía a los viajeros, al parecer fundado y dirigido inicialmente por la Orden monástico-militar de los Hospitalarios— que se construyó a finales del siglo XII junto a la Torre Blanca. Esta casa estaba junto al Camino Real, la antigua Vía Augusta, alejada de la Iglesia de Santa Eulalia de Provençana, junto al límite con Cornellá. El pueblo se consolidó a partir del siglo XIII en torno al hospital y no alrededor de la iglesia de Provençana.

Dentro de Hospitalet se encuentra uno de los barrios más populares y simbólicos de dicha ciudad: Santa Eulalia. En dicho barrio se encuentran una serie de curiosidades arquitectónicas y de símbolos de gran trascendencia. El camino, la actual Calle de Sta. Eulalia, es uno de los principales protagonistas de la historia del barrio y la ciudad. Es de época romana e iba desde Barcino (Barcelona) hasta Cornelianum (Cornellà) y el Delta, que era el puerto principal de la colonia romana, ya que muchos barcos fondeaban en los arenales del Delta. Lo podemos considerar el ramal costero de la sagrada Vía Augusta. Por los alrededores de la Ermita de Santa Eulalia de Provençana (Siglo XII, originalmente había una villa y templo romanos) estaba la señal de la milla 4 de este camino romano.

Algunos restos arqueológicos parecen indicar la existencia de una villa romana donde después se construyó la citada iglesia. El hallazgo más importante fue la de una escultura que representa un Cabeza de Medusa, que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico de Barcelona, cuando debiera estarlo en el de Hospitalet, en fin… Desde la antigüedad clásica griega, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion.

Aparte de la Cabeza de Medusa, la Vía Augusta, la bella Ermita románica (que también sufrió la ira y el salvajismo de la chusma marxista durante la Cruzada como tantos y tantos otros monumentos sacros, sometidos hoy a la perversa desmemoria histérica de los tarados y giliprogres de toda laya), citar también una antigua y bella masía hoy convertida en la Casa Gallega, pero que en el pasado fue también un local del Frente de Juventudes – aquella maravillosa y viril empresa falangista y formativa juvenil sin parangón en la España y Europa contemporáneas-, y entre algún que otro monumento de interés arquitectónico o artístico, destacar sobre todo el famoso “Castillo de Santa Eulalia”…

En la calle Blas Fernández Lirola, a la altura del nº 74, llama la atención una fachada en piedra amarillenta de Montjuïc que destaca de todo el resto de fachadas de la calle porque es la viva imagen de un “castillo medieval”. .. Realmente se trata de una construcción moderna del Siglo XX y tras la cual se esconde una historia de amor, amor no correspondido quizá, o un amor platónico y caballeresco que como tal nunca puede llegar a materializarse, de ello poco más se sabe.

El Sr. Blas Fernández Lirola, el constructor de esa curiosa a la vez que fascinante edificación y que acabaría dando su nombre a la calle, era un librero con establecimientos en la Calle Aribau y en el conocido mercado de Sant Antoni de la Ciudad Condal, cuando a principios de los años 30 decidió empezar la construcción de lo que se conocería más adelante como “El Castell de la Pepa” o , sencillamente, “El Castell” (el castillo). Este personaje misterioso que tenía fama de excéntrico y que estaba especializado en la venta de libros viejos y de época, al parecer estaba perdidamente enamorado de una jovenzuela (quizás la Pepa de marras…) y en su honor se dispuso a construir un castillo para regalárselo.

Así las cosas, el librero empezó poco a poco a levantar el edificio en la medida que daba el presupuesto. Presupuesto que estiraba aprovechando materiales de construcción provenientes de antiguos edificios derruidos del Eixample barcelonés (Plan Cerdá, obra faraónica ideada por el gran arquitecto Ildefonso Cerdá y sólo parcialmente ejecutada, ya que él quería grandes y amplios espacios verdes para su ciudad utópica e ideal), con los cuales conseguía unos materiales de gran calidad provenientes de las canteras de Montjuïc (ya en buena parte cerradas en el momento en que inició la construcción de su castillo), la montaña sagrada y mágica conocida por los antiguos romanos como Montjovis (Monte de Júpiter), y donde según la leyenda sobre su cima Hércules fundó la ciudad de Barcelona, convirtiendo a ésta en un “espacio sagrado”, en otro Axis Mundi, Centro Sagrado emanado de la Tradición Primordial aunque en este caso secundario o subsidiario al estar subordinado a la Roma Eterna… Esta forma de aprovechamiento también le permitió incorporar elementos estructurales, ornamentales y decorativos señoriales pre-modernistas provenientes de estos edificios, tales como la escalera, suelos e incluso alguna escultura, lo que proporcionaba a la vivienda un imponente aspecto medieval. Un verdadero reciclaje en toda regla en definitiva. Como rezaba un viejo himno totalitario muy español y muy azul: “de la entraña del pasado nace NUESTRA REVOLUCIÓN…”

De este modo, y tal como reza en la fachada del castillo, las obras se alargaron desde el 1935 hasta el 1945 (se supone que tales obras sufrieron un parón durante la Cruzada de Liberación Nacional de 1936-39), momento en el que se dio por finalizado un edificio de 3 pisos de unos 170 metros cuadrados de planta, con fachada “medieval” tanto a la calle como al patio interior, y donde las ventanas destacan por ser arcos ojivales y los dinteles de las puertas por ser arcos de herradura de inspiración románica. Todo un castillo de la Edad Media construido en el Hospitalet de pleno siglo XX, verdaderamente fascinante. Año 1945, el año de finalización de la construcción, pero también el año de la derrota de Europa por las potencias de la subversión mundial enemigas de todo lo bello, noble y grande, valores que este extraño monumento aún encarna en medio del caos y de la enorme fealdad de la urbe moderna y sus construcciones “funcionales” sin alma.

A finales de los años 40, Lirola, que según parece no llegó a vivir en el edificio, cedió el mismo al Ayuntamiento de L’Hospitalet con el fin de que fuese destinado a usos culturales. El edificio fue aceptado por el consistorio, el cual, en reconocimiento, puso su nombre a la calle en que se había construido, es decir Blas Fernández Lirola, aunque popularmente es más conocida por “la calle del castillo”. El alcalde de entonces, Enrique Jonama, Jefe Local de la Falange hospitalense, decidió convertirlo en una escuela de bellas artes, ello al menos hasta 1952. En la actualidad el castillo de Santa Eulalia está siendo utilizado como almacén (o eso dicen) del Museo de l’Hospitalet. Un uso que, por desgracia, pudiera ser efímero habida cuenta de los intensos rumores que apuntan a su abandono por parte del Ayuntamiento (al cual pertenece) y que, debido a que no está protegido oficialmente, ni catalogado como patrimonio de la ciudad de ningún modo (está excluido del Plan Especial de Protección del Patrimonio Artístico, la “PEPPA”, malditas ironías del destino…), sumadas a las conocidas tendencias patrimonicidas, antihistóricas y antiartísticas (por otro lado generalizado en cualquier nauseabunda plutocracia) del consistorio, en manos como está de politicastros de la peor especie y calaña, un nido de separatistas, progres, podemitas y sociatas de baja estofa, pudiera ser el fin del edificio tal y como lo conocemos. Esperemos que su destino sea análogo al verdadero castillo de Hospitalet, el Castell de Bellvís de La Torrassa y que a punto estuvo de ser demolido de haber sido por la asquerosa chusma mencionada, menos mal que gracias a la oposición y movilización vecinal finalmente el mismo se salvó de la demolición y hoy ha pasado a ser Bien Cultural de Interés Nacional. Los Hombres de la Tradición seguiremos buscando el “alma secreta” de nuestras ciudades, las que no tienen un origen puramente moderno, aquellas de origen mítico, remoto o legendario (y en España abundan de forma aplastante), y hoy la mayoría convertidas en junglas atomizadas de asfalto, ruido y barbarie democrática, porque como dijo Marco Furio Camilo (446-365 a. C), militar y político romano de ascendencia patricia:

“NUESTRA CIUDAD FUE FUNDADA RELIGIOSAMENTE; LOS DIOSES MISMOS DESIGNARON EL LUGAR Y SE ESTABLECIERON CON NUESTROS PADRES. POR ARRUINADA QUE ESTÉ, AÚN ES LA MORADA DE NUESTROS DIOSES NACIONALES”.

SEMPER FIDELIS!!! FUERZA HONOR Y TRADICIÓN!!!

Joan Montcau

 



MARCHANDO ENTRE DOS PARQUES NATURALES, EL MONTBAIG Y EL GARRAF
agosto 3, 2019, 10:21 am
Filed under: Sin categoría

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MARCHANDO ENTRE DOS PARQUES NATURALES, EL MONTBAIG Y EL GARRAF

Iniciamos la ruta desde la estación de RENFE Molí Nou, en la localidad de Sant Boi de Llobregat, muy cerca de la Colonia Güell. La Colonia Güell es una pequeña colonia industrial situada en el término municipal de Santa Coloma de Cervelló (Barcelona). Está considerada uno de los referentes para estudiar la arquitectura de Antonio Gaudí y es también uno de los conjuntos modernistas y atractivos turísticos más importantes de una Cataluña que cada vez camina más hacia la deriva, en manos como está de tanto descerebrado, traidor y renegado; la misma fue declarada en 1991 Bien de Interés Cultural. Dentro de dicho conjunto histórico, destacar principalmente la bella Cripta inacabada de Gaudí y las ruinas de la misteriosa Torre Salvana, más conocida como “el Castillo del Inferno”, inicialmente del Siglo X, de tipo románico. Dicho castillo sufrió diversas reformas hasta su definitivo abandono en el Siglo XVIII, desgraciadamente hoy terreno de pasto para chiflados varios, gilipollas satanistas, tarados que ven ovnis hasta en la sopa, drogatas, perroflautas con o sin lacito amarillo, depende de la gravedad y del tipo de subnormalidad que padezcan (siendo ya de por sí grave la enfermedad mental de esos contrahechos eunocoides), etc…

Entre las localidades de Sant Boi de Llobregat y de Santa Coloma de Cervelló, pasamos por un barrio enormemente emblemático y a la par, muy desconocido u ocultado hoy en cuanto a su verdadero origen. Se trata del barrio de Ciutat Cooperativa de Sant Boi; el mismo se construyó en torno a la zona ya citada de Molí Nou, según la propuesta rompedora -de inspiración netamente falangista- del Ayuntamiento franquista de la época, que buscaba, con la mentalidad de la misma, el bienestar de los trabajadores y de sus respectivas familias. El proyecto en concreto rompía con el concepto de ciudad dormitorio alrededor de las grandes áreas metropolitanas. La Ciutat Cooperativa debía de ser más humana, con comodidades y servicios y donde las relaciones de vecindad hicieran posible la solidaridad, la cohesión, el hermanamiento. El 31 de octubre de 1965 tuvo lugar el acto de entrega de llaves, hacía pocos días que las obras se habían terminado. Un pueblo más, en definitiva, de los cientos que se crearon durante la Era de Franco y que hoy siguiendo la “logica” estúpida y criminal de la perversa Ley de Desmemoria Histérica, habrían de ser demolidos…

Continuamos la ruta dejando a nuestra derecha la Colonia Güell, ascendemos directamente ya hacia dentro de los límites del Parque Afro-Forestal del Montbaig-Montpedrós, una inclinada pista forestal que discurre entre huertos y cultivos y que nos lleva directos hasta la cima de Can Cartró (338 m), Can Cartró es la montaña más alta de Sant Boi de Llobregat y el punto más alto de su término municipal. En la cima de la montaña, hasta 1915, existió el Pi de Can Cartró. Un majestuoso pino piñonero al parecer que desapareció en 1915 a causa de un rayo y, según las crónicas de principios del siglo XX, el mismo hacía de referencia de los marineros que llegaban al puerto de Barcelona. En dicha cima hay una gran Cruz, “La Creu de Can Cartró”.

Bajamos de dicha montaña por un sendero boscoso hasta acceder a un llano donde también se haya una cruz del término, “Creu del Coll de Querol”, punto de confluencia de varios senderos. Cogemos el sendero de la derecha que conduce primero hacia la cima del Turó del Tabor (344 m), espléndidas vistas desde la misma, divisándose toda la sierra y al fondo el mar.

Continuamos hacia la Penya del Moro (467 m) y seguidamente ya hacia Begues, ya dentro de los límites del Parque Natural del Garraf, caminos muy pedregosos y accidentados pero en los que uno se deleita viendo ruinas de masías, invadidas hoy por la flora y el verdor del bosque y antaño estructuras imponentes, desde luego más imponentes que nuestros tobillos ya ligeramente castigados y un tanto doloridos del gran kilometraje y desnivel acumulados…

Una vez entrados ya en el término municipal de Gavá, llegamos a una explanada que está en la falda montaña del castillo que la corona, en dicha explanada se encuentra la bella Ermita de La Mare de Déu de Bruguers o sencillamente Ermita de Bruguers, se trata de un edificio originalmente románico del Siglo XIII en el pueblo de Bruguers, a medio camino de los núcleos de Begues i Gavá (comarca del Baix Llobregat) incluida en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña. El color rojizo de las piedras con la que se construyó así como el de las montañas que la rodean, recuerdan o rememoran el nombre que originalmente dieron los romanos al río que riega la comarca: RUBRICATUS (Llobregat), el Río Rojo, el color de las iniciaciones y de la iluminación del hermetismo occidental (la Rubedo alquímica). Justo al lado de dicha ermita comienza un Vía Crucis que asciende por la montaña.

Ascendemos por un sendero rocoso que inicialmente hace de balconada hasta adentrarnos en el interior de la montaña misma, pero primeramente pasamos por la Roca Foradada, de aquí a la imponente y misteriosa Cueva de Bruguers, y ya mucho más arriba llegamos al Castillo Eramprunyà que corona la cima de la montaña de enfrente. Según vamos ascendiendo tenemos unas excelentes vistas del Prat, Gavà, Castelldefells y toda Barcelona. Encima de la Cueva de Bruguers, coronando la cima hay una cruz, para llegar a ambas nos encontramos un canal de fuerte subida equipado con un cable de acero para ayudarnos en al ascenso. Un último esfuerzo y ya estamos en el interior de la citada cueva donde nos encontramos la imagen de la Virgen de Bruguers, así como diferentes objetos, ofrendas que la gente ha ido dejando, disfrutando de las formas curiosas que ha hecho la erosión en el interior de la cueva y de las vistas que tenemos desde allí. Cumplidos ambos objetivos nos dirigimos hacia las ruinas del imponente castillo originariamente del Siglo X. Los restos del castillo de Eramprunyá están ubicados en la cima de una montaña adyacente a la que se puede llegar cresteando (400 m) entre acantilados con magníficas vistas del Delta del Llobregat y parte del Garraf. Dicho castillo fue construido como parte del sistema defensivo de la frontera entre Al-Ándalus y el Imperio carolingio y como sede de control político y económico y militar en la zona entre el Garraf y el Llobregat, fue propiedad de los condes de Barcelona. Hasta hace unos años su entrada era libre, hasta que las gamberradas, guarradas y salvajadas de la chusma obligaron a vallar todo el recinto e impedir así su libre acceso, desde entonces las rutas son guiadas y con cita previa. Una vez cumplidos todos los objetivos marcados, iniciamos el descenso hasta llegar a la localidad de Viladecans en busca de un merecido refrigerio. Ruta más que recomendable en definitiva, ella entre pistas forestales varias, bosques, fuertes riscos y barranqueras y como vimos, caminos de suave escalada equipados.

FUERZA, HONOR Y TRADICIÓN!!!

Joan Montcau



LAS RUINAS DEL PASADO
julio 31, 2019, 9:51 pm
Filed under: Ética y valores, Espiritualidad, Tradición

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LAS RUINAS DEL PASADO

“Las huellas que subsisten -tan sólo en piedra la mayoría de los casos- de algunas grandes civilizaciones de los orígenes ocultan a menudo un sentido raramente comprendido. Ante lo que queda del mundo grecorromano más arcaico, y aún más allá, de Egipto, de Persia o de China, hasta los misteriosos y mudos monumentos megalíticos esparcidos por los desiertos, los montes y los bosques, como últimos vestigios visibles e inmóviles de mundos sepultados y desapa…recidos -y, como límite, en la dirección opuesta de la historia, hasta ciertas formas de la Edad Media europea-, ante todo ello, uno llega a preguntarse si la milagrosa resistencia al tiempo de estos testimonios, dejando de lado la favorable ayuda de circunstancias externas, no contiene además un significado simbólico”.

JULIUS EVOLA. “CIVILIZACIONES DEL TIEMPO Y CIVILIZACIONES DEL ESPACIO”.

La estética de las ruinas, el vestigio del pasado se convierte en el símbolo de la transitoriedad, de la permanencia, del ocaso. Aquello que fue y ya no es, de su antiguo esplendor sólo ruinas quedan, de ahí a veces su inquietante belleza y poder casi atávico de seducción y de atracción, ellas nos dicen mucho más que las palabras vacías, insustanciales y sin alma de los modernos y viles bocazas de la democracia y su charlatanería fácil sólo apta para esclavos. En un mundo donde el Espíritu ha desaparecido o se ha retirado, o mejor dicho escondido, sólo los “buscadores de Tradición” nos deleitamos ante las mismas. Como decía el Maestro romano: “La oposición entre las civilizaciones modernas y las civilizaciones tradicionales puede expresarse del siguiente modo: las civilizaciones modernas son devoradoras del espacio, mientras que las civilizaciones tradicionales fueron devoradoras del tiempo”. La democracia, el mundialismo, el multiculturalismo y demás escorias modernas, buscan realmente la ruptura del hombre no sólo con el entorno, con las Leyes del Cosmos y de la Naturaleza, sino sobre todo con el Pasado, cuando real y fundamentalmente eso es lo que somos, PASADO…

No seguimos a los antiguos, buscamos lo que ellos buscaron. Amamos el misterio, lo recóndito, lo inaccesible, lo intemporal, la identidad, lo intangible, lo inmutable, lo remoto… El hombre sin Pasado?????, el moderno subhumano masificado sin Tradición, sin valores y sin referentes elevados es en definitiva el mismo,

Joan Montcau



EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA

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EL ESPÍRITU DE LA MONTAÑA

“La soledad es una fuerza que te aniquila si no estás preparado para superarla, pero que te lleva más allá de tus posibilidades si sabes aprovecharla para tu propio beneficio”.

Reinhold Messner

“Un extraño encanto se desprende de la montaña que, al atardecer, tiene la belleza del otoño”.

Gaston Rébuffat

“La ciudad es un corral de hombres”.

Wenceslao Fernández Flórez

Frente a la suciedad, el ruido y la barbarie de las modernas megalópolis, junglas de cristal, asfalto y de máquinas cada vez más inhumanas; frente a la atomización de inmensas masas de subhumanos y de seres anónimos y vacíos que deambulan como muertos vivientes por las gigantescas termiteras en que se han convertido las actuales ciudades sin alma del globalismo plutocrático, mundialista y multikultureta, nosotros reivindicamos como nuestro verdadero hábitat natural y existencial la Montaña, Ella es nuestro Templo y nuestro AXIS MUNDI (Eje o Centro del Mundo), punto de unión entre lo Celeste y lo Terrestre, entre lo Invisible y lo Visible, símbolo personificado de la Verticalidad, la Totalidad, de lo Absoluto. Ella personifica la Ética y el Estilo de nuestra GOTTELWELTANSCHAUUNG (visión divina del mundo), la unión de la Acción y de la Contemplación (que como decía José Antonio la una sin la otra es pura barbarie). Para nosotros la Montaña es Mito, Rito y Símbolo, también alegría, voluntad, espíritu de sacrificio y de superación, el furor de vivir frente al odioso y despreciable seguidismo burgués del hombre-masa de la ciudad moderna (aunque también del hombre rural con mentalidad urbanícola). La ciudad, hoy convertida en un auténtico Infierno, para nosotros no es sólo un espacio profano y profanado, desacralizado y demoníaco donde el Espíritu se ha alejado, la “Tierra Oscura y Baldía” de las leyendas del Santo Grial, sino también un lugar espiritual y metafísicamente lejano donde los hombres diferenciados, aquellos que aún nos consideramos Hijos de la Tradición, buscamos “cabalgar el tigre”, mantenernos en pie y avanzar sobre las ruinas de un mundo crepuscular. Las dos Vias de Realización del Hombre: LA VÍA DE LA MANO DERECHA Y LA VÍA DE LA MANO IZQUIERDA. La Montaña y la Ciudad, dos formas de buscar el perfeccionamiento interior y la Iniciación en un tiempo histórico y cíclico terminal y apocalíptico donde los verdaderos Maestros espirituales y las verdaderas organizaciones iniciáticas y tradicionales se han retirado o simplemente desaparecido, donde las religiones se han convertido en simples mascaradas cuando no en burdas patrañas y parodias grotescas de lo sagrado. Como decía Cristo :”Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza (Mateo 11, 12)”. Conquistar el Reino del Espíritu por asalto… LA MONTAÑA NOS UNE!!! ✋⚡🔥🗻

Joan Montcau

 



PRÓLOGO a “LA CABALLERÍA ESPIRITUAL. Un ensayo de psicología profunda”.
julio 12, 2019, 1:46 pm
Filed under: Ética y valores, Eduard Alcántara, Espiritualidad, Metafísica

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PRÓLOGO a “LA CABALLERÍA ESPIRITUAL. Un ensayo de psicología profunda”.

 

Al prologar la presente obra nuestra intención no va a ser la de repetir lugares comunes con lo expresado por el autor. Las jugosas reflexiones, los muy necesarios consejos que ofrece para subsistir y existir dignamente y en armonía con uno mismo y la visión del hombre y del mundo que refleja en estas páginas tampoco tenemos necesidad de reiterarlos en este nuestro prólogo. Y no lo vamos a hacer por tres razones:

Una, porque no pretendemos desvelar, con antelación a su lectura, los contenidos del trabajo de Carlos X. Blanco.

Dos, porque no necesariamente tenemos que identificarnos al 100% con los postulados basilares del pensamiento de nuestro autor, aunque sí recomendemos encarecidamente la lectura de su libro por comulgar con casi todo lo que en él se nos transmite.

Tres, porque lo sustancioso de esta obra nos da pie a extraerle muchas citas de enjundia para reflexionar sobre ellas y para cotejarlas con el prisma de nuestra personal cosmovisión.

 

Basamos nuestra manera de concebir el mundo y la existencia en la Tradición. Por ello adherimos al Tradicionalismo, así con mayúsculas. Adherimos, pues, a una forma de entender y de vivir el mundo y la existencia que ha empujado al hombre, en determinados momentos de su historia, a encauzar todo su quehacer cotidiano hacia fines Elevados, Suprasensibles, Metafísicos,… y le ha llevado, en consecuencia, a configurar unos tejidos sociales, culturales, económicos y políticos guiados e impregnados hasta la médula por dichos valores Superiores y dirigidos a la aspiración de la consecución de un Fin Supremo, Trascendente.

Adherir al Tradicionalismo presupone aspirar a conformar un Hombre de la Tradición. No creemos que los consejos expuestos por el sr. Blanco, a lo largo del libro que tenemos la honra de prologar, tengan el de configurar un tipo de hombre disímil al Hombre Tradicional, pues bregar (tal como pretende, encomiablemente, nuestro autor) por evitar que el hombre sucumba a las disoluciones inherentes a nuestro disolvente y alienante mundo moderno es, a la postre, no otra cosa que pugnar por convertirlo en un Hombre de la Tradición. Y para que éste no acabe siendo algo así como un concepto etéreo y quimérico sino un ser con entidad la persona que aspire a construirlo en sí debe ser fiel a las que, en tiempos no disolutos, fueron sus más genuinas raíces y su más sacro origen, pues de faltar éstos su asunción se tornará irremisiblemente irrealizable. En este sentido Carlos X. Blanco no en vano nos señala, en su obra, que “en los mitos de pueblos más diversos se expresa esta necesidad de volver hacia atrás” y que “el hombre es un animal desarraigado, y por ese mismo motivo trascendental, necesita tener raíz”. Asimismo nos dice que “crear también consiste en seguir fielmente un Arquetipo que el tiempo, el olvido, la futilidad del día a día ha podido dejar enterrado.” El no romper con las raíces es una necesidad ineludible que nos es introducida por el autor con lo que él denomina como “la estrategia de pulgarcito” …ilustrativa imagen para que entre nuestros orígenes más genuinos y remotos y nosotros vayamos siempre dejando un camino de piedrecitas que se constituya en nuestro particular cordón dorado.

 

Las raíces que deberá hacer crecer el hombre que se niegue a ser vapuleado por la barbarie de la modernidad estarán impregnadas por el halo de lo sagrado, que siempre fue consustancial al Mundo de la Tradición. Pero lo sacro no debe ser percibido como algo extrínseco a uno sino intrínseco a nuestro propio ser. El problema estriba en que aunque forma parte de nosotros (es el Atman, de la tradición hinduista: “el Santo Grial habita dentro de sus corazones y en las profundas simas del alma”, nos enseña Carlos X. Blanco), aunque, decíamos, lo sacro forma parte del alma lo está en forma aletargada y no en acto, contrariamente a lo que acontecía en la Tradición Primordial (en la Edad de Oro, de la que nos hablaba el griego Hesíodo). Despertarlo es el resultado del tránsito por un arduo, metódico y concienzudo camino que en ciertas tradiciones se conoció con el nombre de Iniciación. Despertar el Espíritu que atesoramos es sacarlo de ese estado de ignorancia (o avidja, en término propio al hinduismo) en que él mismo se halla con respecto a su misma esencia. Despertarlo nos llevará no sólo a Conocer a ese Principio Supremo que se halla en el origen del Cosmos sino también a hacernos uno con Él. En tal sentido nos resultan sumamente interesantes asertos de nuestro autor como aquél que dice que “conocer, como ya advirtiera el gran Platón, es ante todo rescatar”; rescatar a atman del olvido y la autoignorancia.

Emprender la vía Iniciática es el único camino que puede llevar al hombre a Conocer. Conociéndose a uno mismo conocerá todos los arcanos del mundo manifestado, porque en nosotros también se hallan todas esas fuerzas sutiles que “estructuran” y armonizan el cosmos. Así, el sr. Blanco escribe que “La vieja sabiduría ya lo decía: en nosotros llevamos un mundo infinito. Somos un microcosmos”. En nuestro interior cohabitan  todos los enigmas del mundo. En este sentido rescatamos pensamientos de nuestro autor como aquél de que “en mí está Todo” o aquél otro de que “todo habita en nosotros”. En la misma línea nos recuerda aquella sentencia del poeta griego Píndaro: “Aprende a ser el que eres”. Y nos señala que “toda transformación verdadera no supone más que un auto-conocimiento. El oráculo de Apolo en Delphos decía: Conócete a ti mismo”. Despertar lo sagrado que hay en nosotros dará sus frutos y, así, ese “seréis como dioses”, que dice el Sr. Blanco, tendrá pleno sentido.

Esa vía de remoción interna que supone la Iniciación huirá del ruido dispersor y buscará el silencio. No sentirá grima ante la soledad, pues ésta le ayudará en su camino de perfección. Nos impele a ello el autor de esta obra con ese “no huyas del silencio”. De la soledad, por el contrario, huye nuestro desnortado hombre moderno (al cual el Sr. Blanco se ha propuesto tender puentes liberadores), pues aquélla le hace toparse con su vacío existencial: “La soledad –dice- resulta insoportable”.

 

Lo primero por lo que bregará la via remotionis será por descondicionar al hombre con respecto a todo aquello que lo obnubila, lo aliena, lo atormenta, lo esclaviza, lo altera, lo ciega y lo encadena, pues sólo con la mente calma podrá aventurarse en la gnosis de los planos metafísicos de la Realidad y en la identificación ontológica de la persona con ellos.

A este proceso de descondicionamiento lo denominó ‘obra al negro’ o nigredo la tradición hermético-alquímica. También habló de él como de ennegrecimiento o putrefacción, pues de lo que se trata es de pudrir (de eliminar) o, al menos, de dominar todo aquello que aturde a la psique. Carlos X. Blanco parece invitar a transitar por la vía iniciática cuando refiriéndose a su ocurrente Maestro Viajero dice que “cuando partió para dejarnos, todos sus discípulos hemos asumido nuestro traje de peregrinos, y adoptamos como verdadera Casa el camino”. Nuestro autor, igualmente, nos pone en bandeja muchas reflexiones que encajan como anillo al dedo en el meollo del nigredo, pues le podemos leer que “los demonios comenzaron a hacerse más visibles, nítidos. Las neurosis, los complejos, las preocupaciones, todo aquello que tenga que ver con la inseguridad. El Viaje es destructivo en gran medida. Consiste en acabar con todo ese género de basura”. En igual sentido nos comenta que “allá abajo también se agitan monstruos desconocidos, seres adormecidos que pueden un día despertarse y llevarnos con ellos hacia lo más profundo”. También nos escribe que “las zancadillas nos las ponen esos demonios ocultos que trasguean con nuestra existencia” y que “el héroe de verdad es aquel que va a lo más profundo de la Oscuridad. Y después, vuelve” …pues ese bajar a “lo más profundo de la oscuridad” recuerda a la imagen de ‘bajar a los infiernos’, para confrontar en ellos a ese submundo irracional y subconsciente al que se debe domeñar para no sucumbir a su vorágine.

Pero no se trata “tan solo”, por un lado, de pavores, de demonios, de traumas y de miedos o de, por otro lado, pulsiones, pasiones desaforadas, sentimientos exacerbados, emociones cegadoras e instintos subyugantes de lo que el alma/mente ha de liberarse sino que también debe hacerlo con respecto a los paradigmas conceptuales, a los prejuicios incapacitantes, a los falsos mitos, al racionalismo, a los subproductos pseudointelectuales y pseudocientíficos o al método analítico-fenomenológico-dispersador (y no al sintético-unitario-holístico) que la modernidad le ha insuflado. El Sr. Blanco nos brinda pensamientos que a nosotros nos parecen brillantes a la hora de denunciar estas bloqueadoras inoculaciones que la mente sufre sin cesar. Cuanto mayor se hace uno mayor es, también, la dosis de inoculación recibida. Por ello nuestro autor nos dice: “¡Fíjate en los niños, esos seres que también pueden observar durante horas las más insignificantes criaturas del jardín, o las más diminutas estrellas del firmamento! Ellos todavía no han aprendido conceptos para matar su atención y curiosidad”. Y en la misma línea escribe que “la piedra que apartamos en el camino con la punta de nuestra bota, contiene mayor complejidad, infinitamente mayor “densidad” para nuestro entendimiento que todos los armazones conceptuales que el hombre de ciencia construya para entenderla y explicarla”. También le leemos que “los más antiguos pensadores supieron poseer algo más que una mente analítica y calculadora” o que “la verdadera Ciencia, me dijo el Maestro Viajero, no es patrimonio del racionalista estrecho actual que se empeña por hacer encajar los fenómenos en sus esquemas pre-establecidos, en sus niveles de análisis. La verdadera Ciencia, como ya afirmó Aristóteles, no otra cosa es salvo Admiración y búsqueda de lo Universal”.

 

Superar la nigredo, descondicionarse de las ataduras que se le van tejiendo a la mente, convierten al Iniciado en El Gran Autarca del que, allá por los años ’20 de la anterior centuria, nos habló el italiano Julius Evola. Ese hombre al que el sr. Blanco pugna por ayudar ya habría salido, a estas alturas del camino andado, del lodazal al que el mundo moderno sumerge al común de los mortales. “Construir un ser pleno es hacerse autárquico”, nos dice el autor de este libro. Y es que hacerse autárquico supone no depender de ninguna atadura interior alienante y/o incapacitante ni tampoco de circunstancias exteriores (estrechos convencionalismos sociales, morales coercitivas,…). Hacerse autárquico equivale a asemejarse al ‘señor de sí mismo’ del que hablaba el taoísmo; justo la figura opuesta al esclavo producto de nuestro mundo moderno. Ahonda, nuestro autor, en la misma idea cuando nos señala que “la garantía de toda supervivencia, no requerir de nadie y no crearse necesidades superfluas. Estas pulsiones, evidentemente, si son superfluas no son necesidades”.

 

Muchos son los Tradicionalistas que opinan que este camino de realización interior necesita, sí o sí, de la guía de un maestro espiritual. Así, p. ej., lo postulaba el francés René Guénon. Por el contrario, el ya citado Julius Evola sostenía la convicción de que, aunque en la mayoría de los casos se precisaba de ese maestro, en otros casos excepcionales existían  personas que (por sus especiales potencialidad espiritual y voluntad) no precisaban de él y podían apostar por una ‘vía autónoma de realización espiritual’. Nos parece que difícilmente se puede ilustrar mejor esta última convicción que cuando el sr. Blanco escribe que “este autodescubrimiento de la Verdad es como el caminar. Puedes tomar un bastón. Incluso a algunos les resultará imprescindible. Pero no es estrictamente necesario si cuentas con dos buenas piernas”. O cuando aduce que “los Caminos y los Felices Encuentros deben ser buscados por uno mismo”.

 

No es éste lugar donde seguir desarrollando el meollo de las fases que suceden al nigredo de la tradición hermético-alquímico. Sólo delinearemos, a grandes trazos, que tras aquélla sobrevendría la albedo u ‘obra al blanco’, en la que el hombre descondicionado en la etapa anterior y con la mente/alma ya calma podrá acceder al Conocimiento, y actualización en sí, de la fuerzas sutiles (metafísicas) que no sólo forman parte de la totalidad del cosmos sino también de uno mismo. Tras la albedo vendría la rubedo u obra al rojo, en la que la meta a alcanzar sería la de Despertar ese atman o Principio Eterno que atesora en su fuero interno.

 

La búsqueda de lo Eterno, de lo Imperecedero, es la búsqueda del Ser. Las culturas y/o civilizaciones Tradicionales eran las Civilizaciones del Ser. Su desaparición lo fue a costa de esta anomalía que es el mundo moderno y sus civilizaciones del devenir, en las que el factor tiempo y su vorágine lo enloquece todo e impide vivir la eternidad y recrear y vivificar mitos formadores que aluden a illo tempore. La materia ha suplantado al Espíritu y el ‘demon de la economía’, con su engranaje envolvente de producción-consumo, anega toda la existencia humana. De forma brillante el sr. Blanco nos dice al respecto que “La civilización devino en barbarie en cuanto se inventó el reloj.

El mundo de hoy, basado en el Mercado y en el culto a la Técnica, es un mundo que ha enloquecido.

Abundan los que se toman sus horas de placer y ocio como una mera prolongación de su horario de oficina. Se habla de rentabilizar su tiempo y de aprovecharlo. La Edad Media contaba con una más exacta comprensión del tiempo. El tiempo del campesino y del monje se subordinaba a la negación misma del tiempo, esto es, la Eternidad”. También denuncia que “Han montado un mundo de prisas y relojes con el único fin de destruirnos”.

Estas civilizaciones del devenir, para las que la primacía se la lleva el factor tiempo, cae, por pura lógica, en el historicismo (la historia de la humanidad como mera sucesión, a lo largo del vector tiempo, de hechos acaecidos sin ningún tipo de referencia mítica formadora). La concepción lineal de la historia lleva aparejada la idea de progreso continuo. El hombre moderno piensa que una suerte de fatalidad, ante la que ha perdido la libertad, conduce a la humanidad a cada vez mayores cotas de progreso (siempre entendidas, por él, en un sentido material: de acumulación de riquezas). A nuestro entender el hombre sufre una regresión desde unos orígenes sacros a esta postración actual que padece y que lo ha dejado inmerso en el más burdo materialismo. Carlos X. Blanco nos confirma que “culturas dignas, modos de vida nobles, sanos y hermosos, han sucumbido en el altar del Progreso” y que “El Progreso es el enemigo irreconciliable de la Dignidad y de la Espiritualidad”.

 

Son muchas otras las problemáticas y los temas tratados por el autor de esta obra. El lector es el que tiene que ir sumergiéndose en ellos a través de su lectura. No es tarea nuestra el repasarlos todos en estas líneas; no es el cometido de un prólogo y no hay espacio en él para ello. Encontrará, el dicho lector, mucha luz para el buen alumbrar de su camino existencial. Se trata de no verse abocado a un simple vegetar, a un latir anodino o a un convulsionarse o agitarse sin rumbo y con desazón; Carlos X. Blanco ayudará mucho, con el contenido de sus páginas, para evitarlo.

 

De entre tantas tan sustanciosas citas como hay en este libro queremos concluir este prólogo con un par más de ellas, por cuanto

señalan al binomio Espíritu/Tradición como las claves de bóveda que, como puntos de referencia insoslayables, deben erigirse en los puntales que rescaten a nuestro actual desasosegado hombre moderno. A saber:

 

“(…) tales estrechuras de una psicología estímulo-respuesta quedan relegadas a su condición de juguetes. Juguetes conceptuales y experimentales de unos sabios que han perdido (…) todo sentido espiritual de aquel ser que verdaderamente deberían estudiar: el ser espiritual.”

 

“(…) ciencia no es Conocimiento. Cualquiera puede saber de esos obreros de laboratorio, vestidos con bata blanca: especialistas en naderías, ignoran de forma feroz la Historia, desprecian la Tradición. (…) hay también en la Tradición el hermoso legado del saber de nuestros predecesores, la bella lección de humildad que nos reporta saber que otros meditaron verdades eternas con mucho mayor tino y mucha mayor hondura de lo que podamos hacer nosotros”.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com