Julius Evola. Septentrionis Lux


ANIMALES DE PODER: SIMBOLISMO DEL JABALÍ
septiembre 2, 2021, 3:07 pm
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ANIMALES DE PODER: SIMBOLISMO DEL JABALÍ 

“El símbolo del jabalí representa en todo su esplendor a todo lo relacionado con las características de nuestro lóbulo izquierdo y las facetas masculinas de nuestra vida. El jabalí utiliza la línea recta en sus desplazamientos por las montañas y valles. No teme absolutamente a nada y no es amante de dar rodeos, siempre utiliza el recorrido más corto y directo. Es un animal que confía en su fuerza y potencia, por lo que nunca modificará su rumbo”.

J. McClue

   Estamos ante uno de los animales salvajes más admirados y cuyo simbolismo ha influenciado al hombre ya desde la Prehistoria, especialmente entre todos los pueblos indoeuropeos. Un verdadero tótem como símbolo y arquetipo del animal salvaje por su gran tamaño, fiereza y fuerza, que acompañaba siempre a los héroes y dioses a los que daba consejos, intuiciones y presagios. Los pueblos prehistóricos sentían una verdadera fascinación por este poderoso mamífero, era para los mismos tal su importancia simbólica, que era profusamente representado en su arte rupestre y con el cual confeccionaban amuletos con algunas de sus partes, como una forma alegórica de adquirir o absorber la fuerza, la bestialidad barbárica y el arrojo, la ira y el furor sagrado de este bello animal salvaje, además de alimentarse con su carne y utilizar sus duras pieles; por ejemplo con el colmillo del jabalí existía la creencia de que aumentaba la fuerza física y espiritual de su portador. Entre los pueblos germánicos y escandinavos su carne era especialmente apreciada como símbolo de abundancia, festividad y hospitalidad, y entre los celtas la carne de jabalí era el plato preferido para sus fiestas de la victoria, además de considerarse como un alimento de Inmortalidad que ayudaba a abrir las puertas del Más Allá. En prácticamente todos los mitos heroicos griegos, el protagonista se enfrenta o mata a un jabalí en un momento dado (Hércules, por ejemplo, en uno de sus 12 Trabajos); y entre las tribus germánicas era muy común la representación de jabalíes en sus espadas, armaduras o escudos, así como también entre los legionarios romanos o, mismamente en nuestra península ibérica entre el los íberos o los godos. Incluso en países de Extremo Oriente como Japón o China, el jabalí era también asociado a valores aristocráticos, totalistas, jerárquicos y viriles. Hasta en nuestros días suele aparecer como símbolo  guerrero e identitario en algunas fuerzas especiales de modernos ejércitos por sus cualidades y virtudes, como es el caso, por ejemplo, de las COE, la BRIPAC o la Legión en el caso de España (1).

   En el mundo celta el jabalí representaba a la aristocracia sagrada, al igual que en la tradición indoaria donde era representado como uno de los 10 avatares de Vishnu; el jabalí era considerado un animal “solitario” que vivía entre bosques y montañas, en lugares recónditos e inhóspitos, lo que le confería un carácter simbólico de “primordialidad”, como un reflejo simbólico del Hombre Primordial de la Edad de Oro (los Hamsa) antes de la Caída y consiguiente pérdida de la espiritualidad primigenia, así como de la Naturaleza inviolada y no profanada; por ello los mismos druidas -la casta espiritual de los celtas-, se denominaban a sí mismos como “jabalíes” (2), ya que éstos vivían retirados en los bosques, en cuevas o grutas, mimetizados con la floresta, la selva, la roca y el arbolado (como luego ocurriría con el glorioso ascetismo medieval). Por otro lado, en la tradición indoaria, procedente directamente de la Tradición Primordial, el actual ciclo de manifestación de nuestro mundo es designado como “El Ciclo del Jabalí Blanco”, y la residencia polar de la Edad de Oro del presente Manvantara -Hiperbórea, la Tierra del Sol o de la Luz-, como “La Tierra del Jabalí”.

   Al igual que otros animales con una gran carga de poder simbólico entre los pueblos indoeuropeos, el cristianismo por el contrario -inicialmente al menos-, consideró al jabalí como una criatura salvaje sucia y demoníaca, sin embargo durante la Edad Media católica, considerada por René Guénon como la edad de oro de Occidente, dicho animal así como las cabezas de los mismos, eran figuras muy comunes representadas en esa verdadera “Ciencia Heroica” que fue la Heráldica. Cuando este bello animal era representado íntegramente, representaba cualidades y valores como los de sabiduría, coraje, valentía, arrojo en el combate, gallardía; en cambio cuando sólo se representaba su cabeza, solía representar, por ejemplo, hospitalidad; o también que el portador de armas era un afamado o distinguido cazador. Hasta algunos Santos de la Iglesia Católica han estado asociados al simbolismo del jabalí, como San Ciro de Tarso que es representado montado sobre uno, o San Antonio, que según la leyenda utilizó a uno de ellos para despistar  a los demonios y así poder él robar las brasas del infierno para devolver el fuego a la tierra y a los campesinos. Incluso llegó a ser asociado como uno de los símbolos del Bestiario de Nuestro Señor Jesucristo y de su Resurrección: «Qué satisfacción encontrarte completamente cambiado; ver que el león tiene ahora la dulzura de un joven ternero; que Jesucristo habita en el jabalí, que conserva toda la ferocidad para con el mundo, pero que se ha convertido en cordero para con Dios: ya no eres el jabalí del bosque, te has convertido en el jabalí de la siega» [LOUIS CHARBONNEAU-LASSAY, citando a San Paulino de Nola, senador romano de origen galo, posteriormente convertido al Cristianismo llegando a ser Obispo de Nola, y hoy uno de los grandes Santos de la Iglesia Católica].

   Por el contrario, la actual postmodernidad y la peste demoplutocrática y urbanícula imperantes, odian y abominan de todos los valores que representa el jabalí y que son la completa antítesis de las modernas sociedades de masas aborregadas y de esclavos (3): la libertad, la audacia, la valerosidad, el desafío, el espíritu de lucha y fuerza, su naturaleza tenaz e intrépida, la rápida reacción hacia situaciones adversas, la potencia destructora cuando se le agrede o ataca; las virtudes del mundo guerrero en definitiva… Hoy, que en nuestros bosques europeos cada vez van quedando menos ejemplares salvajes ante el avance del infierno plutocrático y especulativo, así como de la loca y criminal estupidización de la chusma subhumana invasora, reivindicamos los valores áureos, sacros, viriles y solares antaño asociados a esta bella criatura salvaje e indómita, y aún visible y relativamente abundante en los bosques de nuestra Patria; valores fundamentales -radical y totalmente antidemocráticos-, a la hora de construir una verdadera Visión del Mundo, una Hermandad o Fratría rectamente orientada y un radical y a la vez revolucionario Orden Nuevo, pero esencialmente de un HOMBRE NUEVO. Como dice el refrán castellano, y que muy bien podrían constituirse en ejes ascensionales, anagógicos e inspiradores de todo Hombre de la Tradición“El soldado debe tener asalto de lebrel, huida de lobo y defensa de jabalí”.

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

NOTAS:

(1) El doctor Vicente Pozuelo Escudero, el que fuera médico personal durante algo más del último año de vida del Caudillo en 1974-75, se hace eco de una de las conversaciones que tuvo con el mítico y genial estadista español mientras lo atendía poco antes de su muerte. Hay que decir que Francisco Franco fue Jefe de la I Bandera de La Legión desde su fundación en Septiembre de 1920 hasta Junio de 1923, año que dejó el mando de la I Bandera:

“Le animaba extraordinariamente la tertulia. Un día me atreví a preguntarle:

-“Excelencia, ¿por qué en los desfiles lleva la Legión un borrego como mascota? No lo encuentro lógico”.

Respondió inmediatamente:

-“Inadmisible, en mi Bandera llevábamos un jabalí” (Vicente Pozuelo, Escudero, “Los últimos 476 de Franco”).

   Precisamente el jabalí formaba parte del escudo de armas de la mítica I Bandera de La Legión, el animal de poder que simbólicamente conduciría al futuro Caudillo de España y Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire al summum de la heroicidad sagrada y castrense.

(2)  “El jabalí cumpliría así una función mediática, sacerdotal (predominio de

los druidas, cuyos jefes se titulaban «grandes jabalíes blancos» sobre los guerreros),

como corresponde al hecho de ser una de las manifestaciones del dios Lug… estamos delante de un sacrificio sacramental en donde los fieles comulgan con el ser divino. Así pues, el guerrero que utiliza el jabalí como símbolo, está directamente conectado con los dos estamentos dirigentes de la sociedad: el religioso y el militar, constituyéndose, por lo tanto, cuerpos de ejército de «jabalíes», lo que equivale a decir, de dioses (Lug) guerreros” (Alfredo Erías Martínez, “La eterna caza del jabalí”).

(3) Y no digamos en el más inmediato presente con la vigente y cada vez más asfixiante tiranía plandémica covidiotil, donde son los “valores” de las ratas de alcantarilla y de los gusanos los que priman en medio de una sociedad enfermiza, idiotizada y en pleno proceso de desintegración diabólica.