Julius Evola. Septentrionis Lux


LA ETAPA TRADICIONALISTA DE EVOLA: INFLUENCIAS

La etapa ya meramente Tradicionalista de Julius Evola, la etapa definitiva tras el paso por las dos anteriores -la vanguardista y la filosófica (1)- que podríamos considerar como preparatorias de ésta, abarca desde el inicio de la década de los años ’30 hasta la defunción de nuestro gran intérprete de la Tradición el 11 de junio de 1.974.

La configuración definitiva de la cosmovisión Tradicional del maestro romano tiene influencias definitivas, de manera especial, en tres autores: René Guénon, J.J. Bachofen y Hermann Wirth.

Del francés Guénon Evola hace suya la caracterización de dos categorías existenciales y vitales a las que en diferentes épocas ha adherido el hombre, cuales son ‘El Mundo de la Tradición’ y ‘el mundo moderno’. La visión que del mundo y de la existencia es propia de cada una de ellas se constituirá en el eje a partir del cual el maestro italiano hará girar los diferentes estudios que realice a lo largo de estas definitivas cuatro décadas y media de su vida. La antítesis representada, por un lado, por un tipo de hombre (El Hombre de la Tradición (1)) que consagra todo su existir y que lo hace en el seno de unas comunidades que hacen lo propio (Mundo Tradicional) y, por otro lado, por otro tipo de hombre (el hombre moderno) y por otro tipo de sociedad cuyos lazos con lo Alto se han roto y cuyos accionares se ven abocados al más rudo materialismo (mundo moderno), le aportarán, dicha antítesis, a Evola las claves definitivas para ajustar el punto de mira de todos sus análisis y estudios.

Del suizo J. J. Bachofen sacará buen rédito de sus trabajos acerca de la morfología de dos tipos de culturas y civilizaciones antagónicas que se habrían ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad: unas de corte patriarcal, que entiende de lo aristocrático, de lo diferenciado, de la forma, de lo jerárquico y de un tipo de espiritualidad viril, apolínea, solar y olímpica y, otras, en cambio, de tipo matriarcal, que entiende de lo ginecocrático, igualitario, de lo promiscuo e indiferenciado y de los cultos de carácter telúrico, ctonio y lunar. Cabe, en otro orden de cosas, señalar que el autor suizo se hace acreedor de un cierto evolucionismo que Evola no comparte, pues sitúa en los orígenes del discurrir humano por el tiempo a las sociedades de carácter matriarcal que habrían sido, felizmente en determinados períodos, sustituidas -en un sentido evolutivo-por otras de carácter patriarcal, cuando, contrariamente a este planteamiento, el maestro italiano sitúa en los orígenes (y de acuerdo a las diferentes tradiciones y textos sacro-sapienciales) a las comunidades de tipo patriarcal (en la Edad de Oro o Satya-yuga) y, posteriormente a éstas – como resultado de un proceso involutivo, de caída-, a las sociedades de naturaleza matriarcal.

Del holandés Hermann Wirth Evola muestra mucho interés por sus investigaciones arqueológicas, ya que a través de los hallazgos efectuados por el investigador neerlandés (en los que el elemento rúnico no es precisamente baladí) se demuestra que si bien el origen de los pueblos indoeuropeos habríase de ser situado en la escandinava cultura de Ertebolle-Ellenberk, estos pueblos son herederos de otros protoindoeuropeos cuyas huellas se remontan todavía más al norte. Es así que Evola retrotrae su hogar originario a los míticos (2) Thule o Hiperbórea de la tradición grecolatina, al Aryanem Vaejo del Avesta iranio o a ese Monte Meru del que hablan los Vedas …a esa, pues, tierra que habría estado situada en las latitudes más septentrionales del Planeta y en la que habría acontecido la Edad de Oro o Satya-yuga (o Krita-yuga): la Tradición Primordial.

Las aportaciones de estos tres autores le resultan al maestro romano capitales a la hora de su desarrollo de una metafísica de la historia, de una morfología del Mundo de la Tradición y de otra del mundo moderno.

 

NOTAS:

  • Algunos de los principales rasgos definitorios de este tipo de hombre se pueden seguir en nuestro libro “El Hombre de la Tradición” (Editorial EAS).
  • “La etapa filosófica de Evola: influencias”: https://septentrionis.wordpress.com/2017/07/21/la-etapa-filosofica-de-evola-influencias/
  • El carácter mítico de ese hogar originario de la Edad de Oro seguramente reviste un carácter también real, tal, como por ejemplo, pensamos que queda demostrado tras la lectura de la obra del autor indio Bal Gangadhar Tilak “El hogar ártico de los Vedas” (Editorial Retorno).

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



LA ETAPA FILOSÓFICA DE EVOLA: INFLUENCIAS
julio 21, 2017, 1:44 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Julius Evola

Tras una primera etapa vanguardista-dadaísta en la que un joven Evola adhiere a corrientes artísticos que pretenden romper con los cánones morales y de comportamiento consustanciales a un modo de vida burgués el maestro italiano se adentra en otra etapa diferente -la filosófica, durante los años 20 de la pasada centuria- en la que por la vía de las herramientas propias de la filosofía busca configurar un tipo de hombre soberano de sí mismo: “el gran autarca”, en sus propias palabras; un tipo de hombre liberado de las ataduras psíquicas y físicas propias que subyugan al hombre común. Para delinearlo dará especial importancia a los aportes, sobre todo -pero no únicamente- de tres filósofos: Friedrich Nietzsche, Otto Weininger y Carlo Michelstaedter.

De Nietzsche hará suyo ese impulso por superar la alicorta moral burguesa utilitarista y la moral del esclavo que representa el judeocristianismo, incapacitantes, ambos, a la hora de pretender dar a luz a un tipo de hombre descondicionado de frustraciones, de dogmas acomplejantes como el del pecado original, de sentimientos de culpabilidad, de pavores, de vida mediocre y pragmática …de dar a la luz al ‘señor de sí mismo’; expresión que rescata Evola del taoísmo.

Del austríaco Weininger valora, de manera especial, su libro “Sexo y carácter”, en el que realiza una más que acertada caracterización sobre las diferencias psíquicas existentes entre ambos sexos. Evola acabará, posteriormente en su definitiva etapa Tradicional, otorgándole a la Espiritualidad marcada por lo que él denomina como ‘luz del norte’ la denominación de ‘Espiritualidad solar y viril’, debido al insoslayable aspecto activo que supone la búsqueda del descondicionamiento, del conocimiento de los planos Superiores de la realidad y del Despertar a lo Eterno e Inmutable. Por el contrario tildará de ‘religiosidad femenina y lunar’ a esa otra manera de mirar hacia lo Alto que calificará como propia de la ‘luz del sur’ y que no concibe más que la fe y la creencia -pasivas ambas- en lo Trascendente.

Del italiano Michelstaedter tomará buena nota de lo expuesto por éste en su obra “La persuasión y la retórica”, en la cual escribe que la ‘retórica’ supone aquella tendencia a resignarse y adaptarse a los patrones morales y de comportamiento que imponen los convencionalismos sociales; el ‘homo vulgaris’ denunciado por Evola sería fiel a este patrón de la ‘retórica’. En cambio, la ‘persuasión’ es la actitud que lleva a la auto-posesión, a no depender de ningún factor externo, a no estar sometido a nada ajeno a uno, a convertirse -en definitiva- en ese ‘señor de sí mismo’ del que se hablaba líneas arriba. La persuasión, nos dice Michelstaedter, se logra viviendo cada momento como si fuese el último por tal de superar ese miedo a la muerte que llevará a -citando nuevamente a Evola- ‘un tipo de hombre diferenciado’ a superar miedos y pavores incapacitantes que impiden la consecución de lo que el maestro romano denominó un ‘tipo de hombre descondicionado’.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



PROGRESISTAS
julio 19, 2017, 10:41 am
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Metapolítica

Son hoy inmensa mayoría las que quieren ser calificados como de ‘progresistas’. Ser progresista es lo que vende. Ser progresista es ser alguien “avanzado”, alguien que (así se cree) busca la mejora de sus congéneres y de la sociedad en la que vive. No todos de entre esta mayoritaria masa de progresistas asumen también el que se los denomine ‘progres’, pues este término queda como más escorado hacia posiciones políticamente de izquierdas y resulta que bastantes de los que no le hacen ascos a la denominación de ‘progresistas’ se identifican con la derecha liberal y, por ello, no suelen sentirse cómodos con el vocablo ‘progres’.

Pocos se arriesgan a rechazar el ser considerados como progresistas pues aun cuando a unos pocos no les agradase dicho término lo asumirían porque de no admitirlo para sí correrían el riesgo de ser tachados de lo que se considera su antónimo, esto es, de retrógrados …o de carcas o de reaccionarios u oscurantistas. ¿Quién sería capaz de cargar con semejante baldón? ¿Quién quiere ser condenado al ostracismo si alguien le define con semejante léxico? ¿Quién quiere recibir los anatemas de los políticamente correctos y ser silenciado por éstos? ¿Quién quiere que, por este motivo, sus opiniones sean vilipendiadas o ignoradas y censuradas de antemano?

Se le tiene tanto miedo a que caigan sobre uno esas denominaciones incapacitantes que pocos osan poner en tela de juicio o simplemente poner a estudio las reales connotaciones de lo que representa el progresismo.

¿y qué es el progresismo? Pues el progresismo no es otra cosa que la aceptación de las dinámicas sociales, políticas, culturales y morales que suceden desde que el mundo moderno (como antítesis del Mundo Tradicional) empezó a consolidarse en el discurrir de los tiempos. Es la asunción del devenir de la humanidad en los últimos siglos. Es, concretando, la aceptación de la tendencia a la amputación de una de las tres dimensiones que conforman el ser humano (formado por cuerpo, alma o mente y Espíritu): la amputación de su dimensión Trascendente. Es la aceptación del proceso de desarraigo del hombre, al cual la Revolución Industrial arrancó del campo y lo incrustó en el anonimato de las metrópolis; proceso que llevó a la disgregación en urbes diferentes de  unos clanes familiares que le otorgaban consistencia, base y organicidad a las comunidades. Es la aceptación de que el hombre haya sido convertido en un engranaje más del mecanicista sistema de producción y consumo, en el conjunto alienante de un mundo industrializado y mecanizado. Es la aceptación de la supresión de todos los cuerpos intermedios que en una sociedad de tipo Tradicional existían entre las estructuras estatales y la persona …cuerpos intermedios que integraban la vida del hombre en el conjunto de la comunidad y que hacían de ésta un todo orgánico, vertebrado y estructurado. Es la aceptación, por la anterior deriva inorgánica, de la transformación de la persona en individuo intercambiable por otro individuo cualquiera por el hecho de no diferenciarse en nada el uno con respecto al otro, pues ya ha perdido su pertenencia a un oficio determinado, a una institución concreta, a una cofradía en especial, a una hermandad determinada o a un gremio o corporación específicos (no hay ya pertenencia ni función que valgan: el individuo-átomo ha sido despersonalizado y enajenado y ahora fácilmente podrá ser utilizado, explotado, lobotomizado y programado como el Establishment crea oportuno para aumentar sus réditos o sus oscuros planes mundialistas). El progresismo es, en definitiva, la aceptación de la degradación del hombre.

¡Hagamos un mínimo de reflexión!: ¿Es todo esto lo que queremos defender? ¿Seguimos entestados en declararnos progresistas y defender, a capa y espada, el progresismo? ¿Debe ser el progresismo el Sancta Sanctorum incuestionable de nuestros tiempos modernos? ¿A la puesta en marcha y consolidación de estos procesos disolventes, que se acaban de enunciar, se los considera ‘progresar’? ¿Estamos realmente progresando y evolucionando o, en realidad, estamos involucionando?

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



ENTREVISTA A EDUARD ALCÁNTARA


Hace unos pocos años se nos realizó, de parte de Editorial Eas, una entrevista que hasta ahora había quedado inédita. Dado que los contenidos de nuestras respuestas responden, como no podía ser de otra manera, a nuestra concepción Tradicional de la existencia hemos decidido su publicación:

 

PREGUNTA:

Estimado Sr. Alcántara, la educación pública está envuelta por un dogma invulnerable que presupone ciegamente una línea de progreso positiva, causando así la despreocupación y confianza por la educación de las nuevas generaciones, de la que debiera encargarse el Estado muy adecuada y honestamente. ¿Podría hablarnos de la realidad del ámbito educativo en España, teniendo en cuenta su cercanía al mismo? ¿Por qué patrones generales se rige, por ejemplo, la asignatura de “Historia” y/o “Filosofía” oficialmente?

RESPUESTA:

Vivimos en una época en la que sólo se habla de derechos (que, por otro lado, el Establishment casi nunca cumple) y a duras penas se hace mención a los deberes y obligaciones. El deber presupone esfuerzo y éste resulta casi incomprensible – a la vez que poco menos que algo denostado- en especial para las generaciones más jóvenes que sólo conocen de la vida fácil en la que sus deseos les suelen ser satisfechos sin la contrapartida del haber hecho merecimientos para obtenerlos. Exigirles esfuerzos y el cumplimiento de sus deberes choca, pues, con su fofo carácter no forjado y los resultados se plasman, ¡cómo no!, en el ámbito educativo con una deficiente asimilación de los contenidos (ya de por sí rebajados en su dificultad) trabajados en clase. Nuestro mundo hedonista es laxo y nuestros alumnos son un fiel reflejo de esa laxitud.

Si a los alumnos se les imbuye de la idea de que vivimos en la mejor de las sociedades posibles, de que el nuestro es el mundo más evolucionado y de que, por contra, el pasado equivalía a retraso cultural y político poco interés pueden tener hacia la historia de su comunidad y/o de la entidad política y/o étnica a la que pertenecen y menos aún hacia la de otras comunidades que le son más o menos ajenas; aunque, paradójicamente, se existe (desde las instancias político-culturales) un incomprensible y aun oscuro interés de ensalzar, entre el alumnado, la historia de pueblos, culturas y etnias totalmente ajenos a la idiosincracia, valores y concepción del mundo que fueron los nuestros característicos. Resulta difícil saber si estos procederes responden a la convicción, por parte de sus mentores, de que en efecto la historia de otros pueblos disímiles al nuestro resulta más loable que la nuestra propia (y, por ello, más digna de ser enseñada a lo largo de las diferentes etapas educativas) o, en cambio, si dichos procederes son fruto de oscuros, negros e inconfesables intereses, maniobras y planes que pretenden cercenar nuestras raíces y nuestra esencia más genuina para convertirnos, definitivamente, en materia fácilmente dúctil y manipulable de cara a los intereses y a las estrategias de este mundo globalizado que va abocando al género humano a una situación mental de encefalograma plano. Quizás dichos procederes respondan a una suerte de enfermizo y suicida etnomasoquismo que ha ido creciendo al calor de la ideología dominante tras el triunfo de la Revolución Francesa y que ha hecho triunfar lo pusilánime, lo igualitario y los valores mercantiles y denosta lo jerárquico, el heroísmo, la concepción trascendente de la existencia, lo viril, guerrero y heroico y, por todo ello, abomina de lo más álgido de nuestra historia …cuyos momentos y hechos más memorables se alumbran en el seno -y a causa- de esos valores a los que anatemiza la ideología dominante.

El área -o asignatura- de Historia viene dada con una hipertrofia de contenidos de orden socio-económico, demográfico, comercial,… que suele hastiar hasta la exasperación al alumnado y le aleja de cualquier tipo de interés por esta disciplina. En cambio, se le ocultan hazañas, momentos épicos, personajes de gesta que despertarían el interés por la historia pero que al Sistema le supondría un grave inconveniente …el inconveniente de que el alumnado contrastara pasados episodios, valores y personajes dignos de encomio con la miseria humana preponderante hoy en día, con la medianía, la bajeza, la ruindad y la mediocridad del proceder de nuestros actuales congéneres en general y de nuestros dirigentes en particular y que, asimismo, contrastara con los antivalores que desgraciadamente rigen hoy en la actualdad. Y es que quien desconoce la historia suele ser más dócil por ser más acrítico, pues sólo conoce del mundo insulso, materialista y consumista en el que se ha criado y desconoce otras posibilidades, otros valores, otra forma de vertebrar la sociedad, otras maneras de entender la vida y otro tipo de instituciones políticas con las que comparar el paroxismo reinante.

El liberalismo, como ideología dominante, también ha seleccionado a su conveniencia el temario de asignaturas como la de Filosofía, difundiendo entre los estudiantes aquellas corrientes de pensamiento que le son más cercanas, o bien aquéllas en las que encuentra sus fundamentos y sus orígenes: racionalismo, enciclopedismo, Ilustración, idealismo, positivismo, empirismo, existencialismo o hasta el marxismo hallan amplio eco en los planes de enseñanza. A estas corrientes de pensamiento habría que añadir otras tales como el evolucionismo o el psicoanálisis que han sido presentadas como ciencias pero que no son más que deletéreas formas de pensamiento. Cuando se echa mano a la filosofía clásica el Sistema sabe qué filones (corrientes y autores) explotar y sabé, igualmente, qué visión sesgada o, peor aun, manipulada ofrecer al alumnado …no oculta -porque no puede-, p. ej., a un Platón pero se cuida muy mucho de penetrar en la esencia de su filosofía, pues ésta resulta de un total contraste y de una irreductible oposición a la ideología que lo sustenta (que sustenta al Sistema político e ideológico actual).

PREGUNTA:

España sufre un problema de confusión (entre otros) sobre los terminos “tradicionalismo” (de carácter carlista) con el “Tradicionalismo” o el Mundo de la Tradición. ¿Podría explicarnos por qué motivo uno no tiene nada que ver con el otro? ¿Cuáles son las diferencias más sustanciales a grandes rasgos?

RESPUESTA:

En efecto existe, y para intentar evitar ese confusionismo es por lo que nosotros siempre hemos tenido la costumbre de escribir con ´T´ la Tradición entendida como reflejo en el plano físico -aquí abajo, en el microcosmos- de la Realidad Metafísca -lo Alto, el macrocosmos, lo Trascendente- (lo mismo, con mayúscula, que escribimos la adhesión a esta cosmovisión: el Tradicionalismo) y, en cambio, con ´t´ cualquier tipo de tradición entendida como acerbo conservado del pasado (revista éste un carácter más o menos sacro o, simplemente, no lo revista y se asemeje a una suerte de costumbrismo folclórico) y también con ´t´ a los movimientos políticos y filosóficos que se autotitularon -o a los que definieron otros- con esta denominación (´tradicionalistas´) y entre los que, en España, se encuentran los carlistas o pensadores a los que se ha agrupado bajo este vocablo: como un Donoso Cortés, un Jaume Balmes, un Vázquez de Mella o un Víctor Pradera. Este tradicionalismo y estos tradicionalistas mostraron su radical oposición a los disolventes principios de la Rev. Francesa y a sus nefastas consecuencias pero en el plano de la Trascendencia no pudieron o supieron ver más allá de la forma religiosa hegemónica en España y esta forma religiosa no revestía más que de una componente exotérica, externa, dogmática y ejecutora de un ritualismo vacío. Sólo contemplaba la fe, la piedad y la devoción como medios de encarar la Realidad Suprasensible y Superior y, por todo esto, era -y es- ajena a lo que la Tradición (con mayúscula) concibe y prioriza para un tipo de hombre diferenciado capaz -por capacitación espiritual y por voluntad- de actualizar en su fuero interno la semilla de la Trascendencia Pura de que es depositario: esa religión hegemónica no concibe que este tipo de hombre diferenciado pueda -tras haber despertado la dicha semilla- Espiritualizar su alma (ententida como mente o psique) y arribar al Conocimiento del mundo sutil y hasta del Principio Supremo y Primero que se halla en el origen del mundo manifestado. El hombre que haya actualizado el Atman (Espíritu) que lleva en potencia será, para la Tradición, el Hombre Absoluto que deberá situarse en la cúspide de la pirámide social propia del Mundo Tradicional. En el plano de la Trascendencia, pues, el tradicionalismo (con minúscula) no conoce más allá que del plano psíquico-mental (la fe) para mirar hacia lo Alto y no concibe la posibilidad de la conversión del hombre en el Héroe eminente, que no es otro que aquél que ha conquistado la Inmortalidad (o, como algún autor prefiere, la Eternidad).

Sea como fuere, en el terreno de la organización social y política las propuestas de los tradicionalismos y de los tradicionalistas (en minúsculas) supusieron un vuelco al proceso de igualitarización y desvertebración social, de antijerarquización (jerarquía invertida basada en el criterio de las clases sociales) y de usurpación política que se fue gestando con el triunfo de las posiciones favorables a los ideales de la mentada Rev. Francesa …Y este vuelco es de elogiar, tal como, p. ej., uno de los principales intérpretes de la Tradición (con mayúscula) -Julius Evola- hizo con la figura de Donoso Cortés en más de una ocasión y en más de un artículo.

PREGUNTA:

¿Qué ejemplos podrías darnos de gobiernos, sociedades o civilizaciones Tradicionales? ¿Cuál sería el último sistema que ha existido? Explíquese.

RESPUESTA:

Para no retroceder en demasía hacia épocas prehistóricas o protohistóricas y ofrecer ejemplos más fáciles de visualizar para el lector podríamos hacer mención, como uno de los ejemplos, a Esparta, pues tal como preclaros y muy documentados autores como Santiago de Andrés nos han mostrado no era una mera casta guerrera desconsagrada y de, por ende, caracteres titánicos la que conformaba su tejido vital, sino que, por contra, se trataba de una casta guerrera sacralizada gracias a su paso por una larga agogué en la que desde temprana edad se buscaba el descondicionamiento con respecto a todo aquello que atenaza (el miedo), mediatiza y ata al hombre al submundo de la inconsciencia y subconsciencia, de las pasiones, de los sentimientos desaforados y de las emociones incontroladas. Este descondicionamiento limpiaba, de esas escorias, el alma (la mente o psique) y la ponía en disposición de bregar por llegar a la Gnosis de los planos sutiles de la realidad y de despertar, al mismo tiempo, las potencias que se hallan en la base de aquello que se ha venido en llamar la fisiología sutil …Y para aquél cuyo impulso Trascendente se lo permitiera cabía la posibilidad de la consumación de la Identidad Suprema -ontológica- con el Principio Primero Inmanifestado e Inmutable que se halla en el origen del mundo manifestado; o -echando mano del léxico aristotélico- con el Motor Inmóvil. Este arduo, riguroso y metódico proceso interior es lo que en muchos nucleamientos Tradicionales se conoció con el término de Iniciación …y Esparta, como vemos, la conoció; y cuando no pudo seguir ejercitándola -por culpa de las Guerras del Peloponeso- empezó su declive.

En la Antigua Roma pugnaron siempre una cosmovisión Tradicional y, por esto, inherente a la -por Evola denominada- Luz del Norte (de naturaleza Espiritual olímpica, solar, vertical, heroica y viril) y otra antitradicional adscrita a la Luz del Sur (de corte ctonio-telúrica, horizontal, lunar, ginecocrática e igualitarizante). Encontramos divinidades solares, áureas y boreales (como las propias ario-romanas del pueblo latino) frente a otras con claras connotaciones lunares, sensuales, exóticas, oscuras y telúricas de origen etrusco u oriental. En unas fases determinadas de la larga historia de la Antigua Roma se impone una cosmovisión y en otras lo hace la otra. En lo que aquí nos interesa, sin duda, la República aristocrática regida por el patriciado sería un buen ejemplo de sociedad Tradicional en sus ritos, en sus valores y en su organización política. Determinados emperadores (Iniciados en misterios diferentes) -como, por citar algún ejemplo, Octavio Augusto o Marco Aurelio- hacen, o intentar hacer, de su Imperio lo más parecido al modelo de la Tradición y lo más parecido al Imperium Tradicional.

Bajo el mito céltico-hiperbóreo del Grial y bajo la saga artúrica que lo revivió se va configurando desde el Alto Medievo una caballería ascético-guerrera que se erige en el principal nervio del Sacro Imperio Romano Germano …¡la Tradición reemerge! Se vuelve a configurar una sociedad tripartita -siguiendo las conclusiones de Georges Dumézil- o cuatripartita en la que en la cúspide de la pirámide se halla el Emperador Sacro (Iniciado y, como datan muchas crónicas de la época y posteriores, con sus consecuentes poderes taumatúrgicos) que, como tal, ejerce la función espiritual y la política y cuyo principal soporte lo constituye la élite sacro-guerrera de órdenes como la del Temple. En el segundo escalafón de la pirámide social se hallaría la casta meramente guerrera (la caballería mundana; aunque devota no Iniciada; al contrario de lo que sucedía en el interior del Temple). Y en el tercer escalafón social encontraríamos a los productores (si separásemos a éstos entre, por un lado, artesanos y campesinos y, por el otro, siervos de la gleba deberíamos no hablar de sociedad tripartita sino cuatripartita). Esta configuración, estructuración y jerarquización social es la propia del Mundo Tradicional.

PREGUNTA:

¿Considera que exista alguna Tradición viva que se haya transmitido válidamente en forma ininterrumpida?

RESPUESTA:

En buena parte puede considerarse que la prohibición-persecución de la orden de los caballeros templarios (a principios del s. XIV) constituye el más sangrante corte sufrido por el ´cordón dorado´ del Saber esotérico-metafísico que se había trasmitido -de manera más o menos evidente- desde illo tempore (desde la misma áurea Tradición Primordial que el mito sitúa en la hiperbórica Thule, el monte Meru de la tradición indoaria o el Aryanem Vaejo de la irania). A partir de la desaparición del Temple se puede rastrear ese cordón dorado de forma muy restringida en la originaria Orden Rosacruz (que definitivamente deja de manifestarse con la luctuosa Paz de Westfalia de 1.648 que pone fin a la Guerra de los Treinta Años) y entre personajes vinculados a la genuina tradición hermético-alquímica. Si ese cordón dorado, a pesar de todos los avatares sufridos y de todos los embates recibidos en épocas nada propicias, ha podido subsistir de forma muy encriptada y en círculos más que reducidos es materia que queda a la consideración de cada uno, ya que su testimonialización no resulta, precisamente, fácil; y en algún caso, puede resultar problemática…

PREGUNTA:

Desde el punto de vista de la Tradición ¿qué pasos habría que dar para poder reestructurar el sistema actual hacia un orbe Tradicional?

RESPUESTA:

Compartimos el parecer de Julius Evola al respecto de que hasta algunos años después de acabada la II Guerra Mundial todavía era posible albergar la posibilidad de revertir el estado de cosas por aquel entonces imperante, con un enfrentamiento frontal contra el Sistema. Su obra “Los hombres y las ruinas” (1.953) suministra, para aquellos militantes herederos del espíritu combatiente de la República Social Italiana, las bases para la constitución de un Estado Tradicional. Sin embargo, para cuando escribe “Cabalgar el tigre” (publicada en 1.961) Evola se ha dado cuenta de que un enfrentamiento directo contra el Sistema (por entonces considerablemente consolidado) traería consigo el aplastamiento -por parte de sus fuerzas represoras, de su sistema legislativo y de su aparato judicial- de cualquier tentativa. En este último libro mentado el maestro trasalpino hace hincapié en que un tipo de hombre diferenciado ha de empeñarse, principalmente, en recorrer la vía Vertical que le vaya liberando interiormente y, por otro lado, nos transmite el que la táctica a seguir contra el mundo moderno, sus instituciones y sus tentáculos culturales es aquélla que una tradición extremo-oriental definió como la de ´cabalgar el tigre´ y que consiste en promover las contradicciones, incoherencias y las enormes fallas del Sistema a fín de que se agudicen y éste entre en colapso. Para el ámbito interior de ese tipo de hombre diferenciado la dicha doctrina extremo-oriental (de la cual se deriva la táctica aludida) considerará la posibilidad de utilizar los venenos de los que está continuamente rodeado -cada vez más- el hombre para convertirlos en remedios. Esto es, no negará la posibilidad de, p. ej., hacer uso del sexo, del alcohol o de las drogas para despegarse del estado de conciencia ordinario y tener, así, más fácil acceso a los planos sutiles de la realidad. Por supuesto sólo un tipo de hombre diferenciado sabrá en cada momento de este camino Iniciático seguir los pasos apropiados para ir culminando sus diferentes etapas apropiadamente allí hasta donde pueda y su voluntad se lo permita (incluso para llegar a la superación ontológica del mismo mundo sutil y hacerse uno con el Principio Supremo) y, por otro lado, para no ser víctima de los venenos mencionados y no arruinar su misma existencia. Esta vía dionisíaca es una alternativa -eso sí, sumamente peligrosa- a la vía Iniciática apolínea que no necesita de soportes externos (como los citados venenos).

Quedó, pues, clara la idea de que, en el plano externo, habría que esperar a que el fomento y la activación de las contradicciones del Sistema fuera dando sus frutos en el sentido de debilitarlo sobremanera para, entonces sí, poder enfrentarlo directamente. Transitamos, según los textos Sapienciales de la Tradición, por la fase terminal del kali-yuga (la de mayor decadencia, según la tradición hinduista), Edad de Hierro (al decir de Hesíodo) o Edad del Lobo (de acuerdo a los Eddas nórdicos) y es buen momento para emplearse a fondo en esta tarea de minar desde dentro al Establisment dominante, es decir, para cabalgarlo hasta agotarlo; no, repetimos, de encararlo, pues actualmente todavía es lo suficientemente fuerte como para desgarrarnos inmisericordemente.

PREGUNTA:

¿Le parece que las corrientes Tradicionales podrán sobrevivir en el mundo moderno?

RESPUESTA:

Como hemos comentado en otra respuesta primero habría que plantearse el si alguna veta verdaderamente Tradicional ha subsistido encriptada hasta hoy en día, esto es, si aquel ´cordón dorado´ ha conseguido sobrevivir… Si la respuesta fuera afirmativa es cierto que su supervivencia no se hace fácil, ya que el encontrar un tipo de hombre diferenciado que, además de poseer esta condición, esté dispuesto a recoger la llama de la Sophia Perennis y a avivarla en su interior resulta asunto harto complicado teniendo en cuenta los muchos deletéreos influjos y los muchos cantos de sirena a que nos vemos sometidos, de continuo, por el sensualismo, el hedonismo, el utilitarismo y el materialismo inherentes al mundo moderno. Cierto es que si existen hombres dispuestos a superar estas adversas situaciones en pos de ser portadores del Saber Inmutable (siempre, repetimos, considerando que éste nunca se haya extinguido del todo) es ante tanta adversidad cuando más pueden elevarse interiormente en ese camino que les puede llevar a la total Liberación: al total descondicionamiento (aun con respecto a los planes más sutiles de la realidad) …y es que cuando más metido en el fango se halla uno mayor es el impulso que debe darse si quiere salir de él y más arriba, pues, puede llegar.

¿Significa que si llama de la Tradición se hubiese, en algún momento, extinguido del todo ya no habría posibilidad de revivarla? Pues la respuesta es ´no´, ya que, a diferencia de lo que autores como René Guénon sostenían, Evola -y con él compartimos opinión- apostaba por la posibilidad (aunque remota) de que un excepcional tipo de hombre diferenciado pudiese recorrer una vía autónoma de realización y Liberación, sin necesidad de ser un eslabón dentro de una cadena Iniciática que, como tal, sería heredera de ese Saber propio de la Tradición Primordial; sin necesidad, pues, de tener un maestro que lo Iniciase.

PREGUNTA:

En lo que respecta a la Vía de la Mano Izquierda y la Vía de la Mano Derecha que menciona Julius Evola ¿podría decirnos en que se basan ambos ‘Caminos’ iniciáticos y cuáles son sus diferencias sustanciales?

¿Cómo se aplicarían dichas ‘Vías’ en el presente ‘Mundo Moderno’?

RESPUESTA:

Ya hemos, en buena medida, respondido, a esta preguntas cuando hemos hablado de la doctrina de ´cabalgar el tigre´. La que hemos señalado como ´vía apolínea´ se corresponde con la ´vía de la mano derecha´ y la también comentada ´vía dionisíaca´ equivale a la ´vía de la mano izquierda´ que es a la que Evola se refería cuando estaba hablando de ´cabalgar el tigre´. Cabría remarcar el que la ´vía de la mano derecha´ al no necesitar de aquellas peligrosas ayudas (los venenos aludidos) como soportes para superar el estado ordinario de conciencia presupone una mayor cualificación interna del Iniciado, ya que éste es capaz de arribar a superar el común estado de conciencia valiéndose tan solo de sus propios medios: de técnicas (concentración, visualización,…) metódicas y rigurosas de descondicionamiento. Pero como resulta harto complicado el hallar este tipo de hombre apolíneo en esta fase terminal del kali-yuga es por lo que se ofrece la posibilidad de valerse de la (eso sí, reiteramos, muy peligrosa) ´vía de la mano izquierda´, en la que situaciones al límite como la del fragor del combate en un episodio bélico parece como si desligaran al combatiente de la pesadez de los condicionamientos de su compuesto psíquico-físico (llega un momento en el que el combatiente parece minimizar el riesgo de perder la vida y puede arremeter temerariamente contra el enemigo). Aprovechando la inercia de este estado existencial (o en su mismo frenético instante: el del fragor del combate) un combatiente-Iniciado lo tendría más fácil para -descondicionado así en la medida necesaria- penetrar en el conocimiento de estadios metafísicos de la realidad.

Lo liviano que se siente el cuerpo y el estado mental desinhibido propios del estado de embriaguez provocado por el alcohol o por el efecto de las drogas puede ser aprovechado por alguien “entrenado” en las técnicas Iniciáticas de la ´vía de la mano izquierda´ para acabar de sustraerse a sus condicionamientos psicofísicos e ir más allá de ellos en busca de la gnosis de los planos sutiles de la realidad y en pos de la activación de las correspondientes fuerzas sutiles (potencias) que anidan, aletargadas, en el interior de cada uno.

Esa especie de cortocircuito que se experimenta en el clímax representado por el orgasmo sexual también acarrea un momentáneo desapego con respecto a todo lo que, en nuestro discurrir ordinario, nos mediatiza. Ni que decir tiene que un Iniciado avezado sabrá aprovechar ese momento para dar el salto que le permita el penetrar en planos suprasensibles de la existencia. En sus obras “Lo yoga della potenza” (1.949; “El yoga tántrico” en la versión en castellano) y “Metafísica del sexo” (1.958) Julius Evola nos expone la utilización Iniciática que del sexo se ha hecho en diferentes tradiciones tanto en occidente como en oriente; sea en el seno del taoísmo, del tantrismo o de determinados rituales dionisíacos. Nos explica en estos libros cómo en el momento del orgasmo (haya eyaculación o se retraiga ésta hacia el interior) se puede despertar, en nuestro interior, una fuerza o energía –kundalini– que es la equivalente a la energía o fuerza cósmica llamada sakti (términos caros al tantrismo) y que como si se tratase de una serpiente puede ir ascendiendo por nuestra interior abriendo centros de energías (los chakras) -despertando potencias- que facilitarán, paulatinamente, el descondicionamiento del Iniciado con respecto a los diversos tipos de condicionantes que atan al hombre (físicos y psíquicos) …descondicionamiento que podría culminar (tras la apertura del séptimo chakra) en la total Liberación, en el Despertar al que apunta el buddhismo (en la Suprema Identidad -del Iniciado con el Principio Supremo).

Valgan, pues, los casos expuestos del fragor del combate, del alcohol (valga decir que el vino fue utilizado en este sentido en muchos rituales dionisíacos), de las drogas y del sexo como claros ejemplos de la ´vía de la mano izquierda´.

PREGUNTA:

¿Las tendencias espirituales de lo conocido como New Age están desviando el sentido original de la búsqueda espiritual ante el vacío que muchos sienten con respecto al sistema religioso impuesto en el mundo Occidental, o sea el Cristianismo?

¿Qué función cumplen estas tendencias espiritualistas? ¿Tienen que ver con nuestro verdadero origen?

RESPUESTA:

El conjunto que se agrupa dentro de eso que se ha venido a llamar New Age difícilmente puede ser denominado como ‘espiritualidad’ sino que más propiamente debería utilizarse el vocablo ‘pseudoespiritualidad’ y habría que enmarcarlo en lo que ya en su día fue señalado por Oswald Spengler como ‘la segunda religiosidad’ o, lo que es lo mismo, una religiosidad invertida. Tanto René Guénon (en sus obras “El error espiritista” o “El teosofismo, historia de una seudoreligión”) como Julius Evola (“Rostro y máscara del espiritualismo contemporáneo”) ya dieron la alerta acerca de esas mixtificadas, o sencillamente falsas, formas de Espiritualidad. Lo hicieron porque ellas no pasaban de un mero psiquismo que, por otro lado, poco tenía que ver con actitudes fideístas -plano también psíquico- hacia lo Trascendente (ya de por sí, éstas -las formas religiosas convencionales fideístas- amputadas de cualquier posibilidad de Gnosis de lo Superior), sino que escarbaban en el inconsciente y en el subconsciente para hacer de estos planos inferiores la fuente de sus creencias y prácticas y constituirse, en resumidas cuentas, en una suerte de corrientes contrainiciáticas y antitradicionales que, como tales, se “alumbraban” desde lo bajo en lugar de hacerlo desde lo Alto; además de incorporar lacras del mundo moderno como el progresismo -tal cual aconteció con el teosofismo- en su feliz y democrática visión del postmorten (todos se “reencarnan” y, además, en un ser superior al de la anterior existencia…).

Es en una adulteradora línea similar en la que se mueve todo ese conglomerado conocido como New Age y que o bien ha añadido elementos de un celtismo degenerado o -simplemente- distorsionado o inventado y enmarcado en una imagen light, bucólica, pastoril y destensada de la vida, o bien ha incorporado fanfarria y parafernalia huecas de religiones -además adulterándolas- como el hinduismo, o bien entiende el budismo como una especie de cómoda religión sin exigencias que tiene como finalidad ofrecer terapias de relax mental contra el stress e ideal para buenos vegetarianos…

Encontramos, por otro lado, como comprensible el que la ausencia de una verdadera forma de Espiritualidad en Occidente haya provocado el que mucha gente de frágil personalidad (o de personalidad rota), débil mentalmente y fácilmente manipulable se haya visto abocada a abrazar algún tipo de corriente New Age porque -en algunos casos- tenía confusas inquietudes hacia el hecho Trascendente y han encontrado en estos sucedáneos algo que darle a sus inquietas, alteradas o atormentadas mentes y, además, han hallado en el grupo al que se han adherido la fuerza de que carecen sus débiles caracteres.

En el proceso, acontecido a lo largo de las últimas centurias, de alejamiento del hombre con respecto a la Trascendencia se ha pasado por dos etapas: una de ´materialización´ o ´solidificación´ y otra que algunos han definido como ´demoníaca´. La primera (racionalismo, positivismo, materialismo dialéctico,…) crea como una especie de coraza exterior que cierra al hombre la posibilidad de cualquier apertura de hacia lo Alto, pero también la cierra hacia lo bajo. La segunda, en cambio, ve cómo el sólido cascarón materialista anterior que envuelve al hombre se va resquebrajando por todos los lados, pero ante la posibilidad para unos pocos de encontrar auténticas vía de realización Espiritual a través de las grietas que se le han abierto por arriba también se halla el peligro de que por las grietas de abajo penetre, en muchos, toda suerte de fuerzas ínferas y disolventes tal como empezó a acontecer en Occidente a partir de la segunda mitad del s. XIX (con el teosofismo, el antroposofismo, el espiritismo, el satanismo o personajes mixtificadores como Krisnamurti) y tal como ha seguido, posteriormente, aconteciendo a través de la New Age en sus múltiples manifestaciones.

PREGUNTA:

Occidente atraviesa una crisis espiritual sin precedentes. Forma parte de la actual concepción oficial de Europa, la ausencia del desarrollo de un manifiesto espiritual a lo largo de su historia, al margen del Catolicismo. En contrapartida se suele señalar hacia Oriente, reivindicando unos valores tan adulterados como caducos. ¿Podría señalar algún icono que represente una religiosidad verdaderamente fiel a la esencia europea, capaz de transmitir los valores tradicionales a lo largo de su historia?

RESPUESTA:

En efecto, al tratar acerca de las falsas banderas espirituales que se levantan hoy en día hemos aludido a ciertos ejemplos provenientes de Oriente, tales como esas versiones, más que desviadas, totalmente volteadas que se creen formar parte de la tradición hinduista o que se autoproclaman como budistas. Tampoco habría que olvidar nucleamientos con el sello de “tántricos” a los que les ha llamado la atención aquello de abrir chakras (sin ver más allá de esa cantinela de las ´energías positivas´…) o la asociación con el kamasutra (sin más visión ni miras que las hedonistas).

Resulta problemático presentar para Europa una forma de Espiritualidad que se adecúe a sus raíces más genuinas; a sus raíces entroncadas con la Tradición …a unas raíces que sólo concebían un tipo de Espiritualidad Solar, olímpica, heroica, viril y, en definitiva, alumbrada por la Luz del Norte. Bajo la externalidad del catolicismo Europa vivió momentos, períodos y sagas en las que se reencontró consigo misma. El catolicismo desempeñó un papel aparente, pues dichos destellos de vuelta a la Tradición tuvieron lugar a pesar suyo y en pugna con sus dogmas y cosmovisión …y no en balde el cristianismo oficial acabó persiguiendo y/o enfrentándose a esas vetas de Alta Espiritualidad: el ciclo artúrico ligado a la saga del Grial (de origen céltico-hiperbóreo y que acabó cristianizado) de pugna heroica y olímpica de conquista interior del Principio Eterno o el Sacro Imperio Romano Germánico -y sus gibelinos partidarios- que sufrió los embates pontificios y de sus seguidores güelfos adalides de una religiosidad pasiva, meramente devota y, por ende, lunar, o, igualmente, las órdenes ascético-guerreras de caballeros como los del Temple que sufrieron una brutal persecución y un trágico final a manos del Papado -Clemente V- y de la monarquía -laminadora de la idea de Imperium– francesa -Felipe el hermoso– o la orden Rosacruz que se manifestó siempre en el más puro anonimato para evitar males mayores.

Sin duda alguna la más inmediatamente anterior gran tradición que nos encontramos antes de la irrupción del cristianismo es la romana (en especial la propia y originalmente patricia). Quizás ésta puede servir de referente a la hora de concebir un tipo de Espiritualidad acorde con los rasgos más entrañables de la original idiosincracia del homo europaeus (quizás habría mejor que hablar de ´indoeuropeo´). Obviamente rescatar una tradición particular fenecida -como la romana- no es el camino, pero ante la evidencia de que el Hecho Trascendente se debe concebir desde el plano esotérico (para una minoría apta para recorrer el camino de la realización interior) y desde el exotérico (para la mayoría no apta para actualizar en sí el atman -el Principio Primero- que se lleva dentro), ante esa evidencia, repetimos, escribíamos en cierta ocasión -refiriéndonos, meramente, a la cara exotérica- que lo que sucede es que hay una forma de entender el exoterismo que está embebida por el espíritu de la luz del sur (moral del pecado, sumisión, pasividad) y otra forma de entenderlo que es propia de la Luz del Norte (ética del honor, actitud activa ante el Hecho Trascendente). Las religiones del Libro corresponden a la dicha luz del sur (el único oficiante de los ritos es el sacerdote; ritualismo quasi folclórico e inoperativo) y otro tipo de religiosidad (como, p. ej., la que fue propia del mundo grecorromano) corresponden a esa Luz del Norte de la que nos habló Evola. Así, cualquier pater de familia romano oficiaba ritos sacros (algunos en el altar de su casa) operativos (no ese ritualismo vacío propio del cristianismo -y no sólo de éste) que interactuaban con diferentes tipos de numens o fuerzas cósmicas (vía activa). Por todo esto la ´vía de la devoción´es válida -y es la apropiada- para determinados grupos raciales (como los semitas) pero no es la consustancial al palpitar más genuino del hombre indoeuropeo.”

Para aquel tipo de hombre diferenciado que esté dispuesto a recorrer la Vía Vertical de la transmutación interior también se le podría ofrecer la posibilidad de abstraerse de todas las formas religiosas que del buddhismo han ido surgiendo (hinayana, mahayana,…) y acudir a los textos originales escritos en pali y que reflejan genuinamente las enseñanzas del príncipe Gautama Siddharta (“el Buda”). Allí encontrará una vía activa (la vía del asceta-guerrero) de realización interior trazada por un descendiente de los indoeuropeos que invadieron la India (los indoarios) y establecieron la tradición védica. Un príncipe del clan más guerrero -los shamkyas- de entre los shatriyas -la casta guerrera- y que al decir de Evola conformó un camino de transformación interior -el buddhismo de los orígenes- que “tuvo un carácter estrictamente indoeuropeo” (pág. 200 de “El arco y la clava, de Ediciones Heracles).

PREGUNTA:

Para situarnos en una cosmovisión Tradicional es necesario reconocer de antemano la absoluta disparidad existente entre, por ejemplo, las concepciones espacio y tiempo, según la postura Tradicional o Moderna. ¿Podría aclarar a grandes rasgos, las diferencias fundamentales?

RESPUESTA:

Por lo que respecta al Mundo Tradicional y al mundo moderno el desencuentro entre dichas concepciones es total. El Tradicional siempre concibió el espacio (el microcosmos) como el lugar donde debía reflejarse el macrocosmos (lo Superior) y por esto debía sacralizárselo en la medida de lo posible. En primer lugar se hablaba de un Centro, un Polo, que debía erigirse en nexo de unión (en eje; axis mundi), entre lo de arriba y lo de abajo. Dicho Centro, pues, revestía unas consideraciones sagradas porque había sido la morada de la Tradición Primordial; de la Edad de Oro. En segundo lugar se establecían algo así como unas emanaciones de dicho Polo (que, por tanto, también revestían un carácter sacro) de tal modo que determinados enclaves también eran considerados como si se tratase de trampolines que facilitaran el acceso al plano Metafísico a aquellas personas aptas para ello que, además, se propusieran acometer tal propósito. En estos enclaves se establecieron lugares de culto sagrado, centros de ritos operativos y centros de Iniciación. Ante este entender el espacio el mundo moderno, por contra, lo ha desacralizado del todo y lo ha rebajado a la categoría de instrumento válido para la consecución de fines materiales …la consecución, sin límite, de bienes materiales para saciar el ansia consumista del desquiciado hombre moderno no conoce de cortapisas y el expolio, la explotación, el desahucio y la agresión al medio natural llegan a niveles suicidas para la misma existencia humana.

En cuanto al tiempo, para el Mundo Tradicional constituye el marco en el que se debería vehicular el eterno retorno. Así, a lo largo del año una serie de ritos y ceremonias siempre recrearon mitos fundacionales, hechos heroico-sagrados o el mismo poder del Sol (ritos solsticiales) como símbolo del Principio Supremo. El mismo eterno retorno se proyectaba en una dimensión temporal más vasta (que la anual): en la unidad temporal del manvântara o ciclo cósmico-humano que la tradición indoaria dividió en cuatro etapas o yugas (al igual que, con alguna puntualización -la de la edad de los héroes- hizo el griego Hesíodo), tras cuyo final volvía a empezar otro manvântara desde su primer yuga (Satya-yuga) hasta el último (Kali-yuga) o, lo que valdría, básicamente, a equivaler: desde la edad de Oro hesiodiana hasta la Edad de Hierro. Hablamos, pues, de una concepción cíclica del tiempo en la que el hombre-dios de la primera etapa acaba bestializado (materialismo descarnado e instintivismo primario) en la última; estamos, así, hablando de un involucionismo. Ante esta concepción el mundo moderno ha interpuesto otra de carácter evolucionista y progresista-lineal en la que visión es la contraria: los orígenes son animalescos (el hombre, según el evolucionismo, provendría del homínido y éste del simio…) y, por tanto, carentes de sacralidad y el final se presenta como paradisíaco, sea en forma del paraíso comunista sin superestructuras sociales ni políticas, sea en forma del que dibuja el liberal-capitalismo cristalizado en un mundo con existencia ilimitada de bienes de consumo y con la posibilidad de acceder a todos ellos, sea mediante la resurrección de los muertos y el perdón de los pecados que al final de los tiempos promete un cristianismo embebido de reminiscencias del judaísmo que no pueden pasar inadvertidas.

Las Civilizaciones Tradicionales son las Civilizaciones del Ser, de la estabilidad. Contrariamente a éstas, las civilizaciones modernas son las del devenir, de lo que fluye continuamente y resulta inestable, variable hasta el frenesí de cambios acelerados de nuestros tiempos últimos en los que las diferencias generacionales entre un padre y un hijo resultan casi insalvables (ambos se contemplan, recíprocamente, como extraños en sus costumbres, hábitos y querencias) y mucho mayores que las que pudiesen darse entre un hombre de mediados del siglo pasado y otro que hubiera vivido unos cuantos siglos antes… Y es que el Espíritu es inmutable pero la materia está sometida a toda suerte de cambios e influjos.

El Hombre Tradicional fijaba el tiempo y hacía de cada acción y de cada fracción temporal un momento de eternidad, pues intentaba sacralizar toda su cotidiana actividad. En cambio el hombre moderno huye del presente porque contemplarlo le enfrenta con su vacío existencial y esto no puede por menos que angustiarlo enormemente y por ello se agita ansioso evadiéndose de él y buscando algo en el futuro inmediato que, por otro lado, nunca podrá saciar lo único que le queda: su sed inagotable; la sed inagotable de un ser amputado de su dimensión Superior que, como tal, nunca podrá ser autosuficiente, nunca podrá erigirse en ´señor de sí mismo´, ya que jamás mira hacia su interior sino que vive a expensas de lo externo a él …y lo externo a él al serle ajeno lo ansía; situación que le aboca a existir en un estado de continua convulsión y enajenación.

PREGUNTA:

En base a la temporalidad cíclica tradicional, ¿en qué estadio nos encontramos actualmente? ¿De qué factores depende su superación?

¿Se podría hablar de un fatalismo cíclico donde no tiene cabida la voluntad del hombre en su desarrollo?

RESPUESTA:

Sin duda nos hallamos transitando por la fase más crepuscular del kali-yuga (que ya de por sí, es el cuarto y último yuga, el más decadente). A la vista de todos se muestra el estado de postración al que se ha llegado y que parece no tener fin, pero si aún alguien duda de por qué fase es por la que estamos pasando basta con echarle una ojeada a los signos y evidencias que al decir de los Purana serían propios de la fase crepuscular del kali-yuga para percibir con qué detalle se están manifestando hoy en día esos signos y evidencias. (Los Purana son unos textos sagrados del hinduismo con varios milenios de antigüedad y cuya tradición oral todavía hay que remontarla mucho más allá en el tiempo.)

Este entorno de decadencia generalizada se irá agudizando cada vez más hasta hacerse insostenible. Ahora bien, en las manos del hombre está la posibilidad de acelerar estos procesos disolventes para que el mundo moderno entre en barrena cuanto antes mejor. La fatal alternativa es la pasividad ante ellos y el que la agonía se alargue en demasía. Ya al hablar de la doctrina de ´cabalgar el tigre´ comentamos la idea de la posibilidad de contribuir a acelerar el fin de esta etapa oscura del kali-yuga por medio de poner en evidencia las contradicciones del Sistema y actuando desde dentro de él para activar al máximo dichas contradicciones, sus incoherencias y sus desajustes. Tal vez cuando el Establishment se halle seriamente dañado en sus mismos fundamentos sea posible encararlo y enfrentarse a él directamente. Al fin de la Edad de Hierro (del Kali-yuga) debe seguirle una nueva Edad de Oro, pero para que esto no se demore mucho debe haber auténticos Hombres que, en ese entorno hostil y nada propicio de nuestra decadente postmodernidad, hayan conseguido despertar, en su fuero interno, su dimensión Trascendente y puedan, gracias a ello,

señalar el camino para el advenimiento de la Edad Áurea y, una vez consumada ésta, la guíen y dirijan.

Por lo expuesto se ve el fundamental papel que el hombre desempeña en el acontecer de estos ciclos cósmicos …o que puede no desempeñar si se inhibe ante sus dinámicas generales; dinámicas no rígidas y, por tanto, en las que el hombre puede desempeñar el papel de actor principal. La Tradición no entiende de fatalismos de ningún género. (Nosotros desarrollamos esta certidumbre en el capítulo III -”Evola frente al fatalismo”- de nuestra obra “Reflexiones contra la modernidad”, de Ediciones Camzo.)

PREGUNTA:

Al margen de las oficiales doctrinas “cientifistas”, ¿qué función tiene el hombre como Ser superior en cuanto al Orden Natural, en tanto que es capaz de interpretar y ordenar el mundo desde una concepción que supera la meramente terrenal?

RESPUESTA:

Seguramente resultará ilustrativo al respecto lo que apuntábamos en otro capítulo (el XV: “El porqué de la parálisis de Julius Evola”) de nuestro mencionado libro, cuando escribíamos que “es en consonancia y en armonía con el mundo nouménico como deben de estar dinamizadas las fuerzas sutiles del ser humano, ya que si éstas no están armonizadas con sus análogas del resto del cosmos discurrirán a tal fuerte contracorriente que acabarán por desarmonizarse también entre ellas mismas (en nuestro interior). De aquí, pues, la importancia que en el Mundo de la Tradición se le dio siempre a la realización y correcta ejecución de los ritos sagrados. Ritos que tenían o bien la finalidad de hacer conocer a sus oficiantes cuál era la concreta dinámica cósmica de un momento dado con tal de no actuar aquí abajo contrariamente a dicha dinámica (en batallas, empresas arriesgadas, en la elección del momento de la concepción de la propia descendencia o del momento más idóneo para contraer matrimonio o para coronar a un rey,…) o con tal de poder adoptar las medidas apropiadas para actuar a sabiendas que se hará a contracorriente de ese mundo Superior. O bien estos ritos se efectuaban con la intención de que fuesen operativos, esto es, de que tuviesen el poder de actuar sobre ese mundo Superior para (en la medida en que fuera posible) modificar su dinámica y hacerla favorable -o menos antagónica- a las actuaciones que se quisieran llevar a cabo aquí abajo.

Vemos, pues, que ningún plano de la realidad se halla desgajado de los demás. Todos se hallan relacionados. Todos están interconectados. A unos los encontramos en la base del funcionamiento de los otros. Unos son el reflejo, en el microcosmos, de lo que sucede en el macrocosmos y si pretendemos que no sea así, si pretendemos que lo de abajo no refleje a lo de arriba, si accionamos para que la Tierra no sea un espejo del Cielo, provocaremos la entrada de lo de aquí abajo en el caos y en la vorágine de la disolución.”

Con esta cita queda diáfana la idea de que el Hombre de la Tradición podía interactuar con los planos Suprasensibles de la realidad. Un viejo dicho afirma que “los hombres necesitan de los dioses al igual que los dioses necesitan de los hombres”, pues los ritos sacros que el Hombre Tradicional ejecutaba podían pretender, en algunos casos, hacer operar las fuerzas sutiles en beneficio suyo pero, a su vez, éstas (de las que los dioses no eran más que su caracterización) también necesitaban de dichos ritos para activarse o para acrecentar sus dinámicas. El mundo Superior, pues, también necesitaba del Hombre …del Hombre como sujeto activo que era y como protagonista del acontecer cósmico. Así, pues, el Hombre se situaba en el mismo plano (el sutil) en el que debemos de buscar la causas profundas de los fenómenos naturales -de los fenómenos físicos- y tenía la potestad, por todo ello, de dominar sus dinámicas o influir en ellas.

Un tal Hombre vive armonizado con el cosmos, no desgajado de él y, de acuerdo a esta cosmovisión holística, no atentará nunca contra él porque es parte sustancial del mismo (aun en sus componentes más sutiles; fuerzas sutiles que, por otro lado, también constituyen parte esencial del mismo hombre). Por otro lado, el expoliar la naturaleza, de acuerdo a un afán materialista, se halla reñido con la sagrada manera de entender la existencia que es propia de la Tradición.

PREGUNTA:

¿Cree que Occidente hubiera alcanzado su actual estado de disolución sin la intervención de elementos étnicos foráneos en sus esferas dirigentes?

RESPUESTA:

Elementos étnicos foráneos al indoeuropeo (y, además, especialmente inclinados a los tejemanejes de lo especulativo-financiero) sólo han podido encaramarse a las esferas dirigentes de Occidente aprovechando la misma decadencia general de éste y por la decadencia en particular de sus cúpulas dirigentes autóctonas. En el seno de un Occidente Tradicional resultaría impensable que elementos alógenos (enarboladores de un tipo de existencia materialista) pudieran ya no sólo regir sus destinos sino ni tan solo asentarse en sus comunidades, ni aun como su lumpen social. Sólo gracias a los procesos disolventes por los que el llamado Occidente empezó autónomamente a transitar (sin influencias externas) pudieron insertarse en él elementos ajenos que, eso sí, contribuyeron con una especial eficacia a la aceleración de su caída …haciendo de ésta una caída en picado o, sobre todo en nuestros días, una caída libre.

El ejemplo de la Antigua Roma resulta paradigmático a la hora de entender mejor lo expuesto. Pueblos pelásgicos (como los etruscos) con un tipo de cosmovisión lunar fueron dominados por el pueblo latino o ario-romano caracterizado por un tipo de Espiritualidad Solar (la propia de la Tradición). La preponderancia de lo Solar brindó las páginas más excelsas y nobles de Roma, pero el signo desfavorable de los tiempos (no en vano se transcurría ya por la Edad de Hierro) fue favoreciendo el que, poco a poco, ese sustrato pelásgico-telúrico (en un principio dominado, sofocado y que se había plegado- aunque fuese a contracorriente de su palpitar característico- a la Superior cosmovisión ario-romana) fuera emergiendo y acabara dejando un sello indeleble y decisivo que hay que hallar en los albores de la que, a la postre, será decadencia de Roma. Esta Roma ya aquejada de los nefastos influjos ctonio-ginecocráticos que habían brotado de su mismo subsuelo abrirá, paulatinamente, las puertas a todo tipo de creencias, divinidades, costumbres y cultos exóticos llegados (aunque no sólo) de tierras como las del Próximo Oriente. Todo esta deletérea entrada de elementos alógenos e inspirados por la luz del sur (de la sensualidad, del culto igualitarizante y materialista a la diosa madre o mater tierra) que sufrió Roma no hubiesen acontecido de no estar ya tocada, de antemano, por sí sola, por la irrupción, desde abajo, de ese sustrato pelásgico-etrusco (y de otros pueblos de la Península Itálica -como, p. ej., los oscos- conquistados por los latinos). El judeocristianismo pacifista, pusilánime y antijerárquico que va extendiéndose en el tejido social del Imperio Romano no hubiera tenido ninguna posibilidad de triunfar (ni tan solo de inserirse en forma grupuscular) en el seno de la Roma regida, en buena parte de período de la República, por el patriciado sacro-viril.

De lo que tampoco cabe duda, es de que una vez que el Occidente entra en decadencia por “méritos propios” ciertas disolventes irrupciones foráneas han ejercido un papel de funesto reactivo de estos ya existentes procesos disolutos …tal como sucedió en la Antigua Roma.

PREGUNTA:

Actualmente se establece una organización jerárquica de la sociedad, determinada exclusivamente por la capacidad adquisitiva del individuo. En contrapartida, ¿podría argumentar en base a qué valores se fundamenta el concepto aristocrático tradicional?

RESPUESTA:

En una comunidad orgánica y Tradicional hallamos en la cúspide social a la casta sacro-político-guerrera. Son los aristos, los mejores, los que conforman su dirigencia. Son los que aúnan la función sacra (han despertado lo metafísico en su interior) y la función política. Por debajo de éstos hallamos la segunda casta: la meramente guerrera. Y en la base de la piramide la de los productores (campesinos, artesanos,…).

No es, por tanto, la mayor acumulación de riqueza material la que puede llevar al poder, pues esa dirigencia Tradicional debe estar encarnada en la persona de un rey o de un emperador Iniciados en los misterios de lo Suprasensible y, así, las apetencias materiales no entran, precisamente, en sus prioridades vitales, sino que, por contra, es la forja del Espíritu lo que guía su existencia. Es la austeridad uno de los valores que la caracteriza y no el disfrute y el gozo material, ni la vida muelle ni el hedonismo. Es un Marco Aurelio, emperador de Roma, durmiendo directamente sobre el suelo en las tiendas de campaña de las legiones que estaban enfrascadas en las guerras contra los germanos o podría ser la figura de un Buda desprendido y liberado de toda cadena material e instintiva los que podríamos imaginarnos dirigiendo una comunidad Tradicional. Son unas órdenes ascético-guerreras como las del medievo, con sus votos de pobreza y huyendo de comodidades y lujos, las que también constituyen un buen arquetipo de lo que puede ser la primer casta que, alrededor del rey o del emperador sacros, “abastecería” a la aristocracia en un ordenamiento Tradicional.

Si la segunda y la tercera castas no tienen acceso directo al Conocimiento de los planos metafísicos de la realidad (pues sus aptitudes y sus funciones son otras) sí les cabe el vislumbrar una aproximación sobre la “naturaleza” de lo Sacro y les cabe, dicha aproximación, por participación en el proyecto comunitario que es guiado y dirigido por la aristocracia de la primera casta: aquélla que sí ha arribado a la Gnosis de lo Superior y que, al mismo tiempo, se ha transmutado (en cada uno de sus miembros) interiormente (en distinto grado según el recorrido Iniciático realizado por cada cual).

Cuando, por el contrario y tal como sucede actualmente, los que dirigen y/o controlan la sociedad son, por inversión, los miembros de la tercera y última casta es la economía la que dicta los pasos de la dicha comunidad y si la economía ya no está supeditada a la guía de los que Conocen del Espíritu será la simple materialidad la mentalidad que la maneje. La economía vuelta en fin en sí misma se mueve en un terreno meramente horizontal y por esto cuantitativo …así, la mayor acumulación de bienes materiales o de sucedáneos de éstos (el capital financiero y especulador) será la que dicte quién marcará los destinos (tristes destinos) de este tipo de sociedades atomizadas, inorgánicas, individualistas y desvertebradas. El materialismo desatado hará comprensible la comisión de cualquier tipo de corruptelas (y además generalizadas), pues el ansia del que desea y tiene sed de algo externo a él (pues en su interior no actúa nada; nada anagógico: que eleve) no tiene límites y no respeta ni los más nimios dictados de la ética.

En un orden Tradicional la economía (que es productiva y no especulativa) está supeditada a la política …a la Alta Política que tiene como principal objetivo sacralizar la vida comunitaria hasta en sus detalles y quehaceres más cotidianos. Contrariamente a esto, en las etapas más avanzadas del kali-yuga (el culmen del mundo moderno) todas las funciones (política, militar,…) están al servicio de la economía …y así se ha podido hablar del ´demon de la economía´.

PREGUNTA:

¿Qué podría aclarar respecto a la rivalidad entre clases presente en la sociedad, frente al sistema de castas tradicional?

RESPUESTA:

Cuando los criterios existenciales son de carácter material-economicista se rompen los vínculos solidarios (característicos de un ordenamiento orgánico-comunitario) e irrumpen el individualismo y el egoísmo. El individuo-masa atomizado es aquél que ha perdido sus vínculos comunitarios y se ha convertido en una pieza más -informe- dentro de un engranaje de producción y consumo que lo tiene considerado como mero medio de producción, al mismo -o inferior- nivel que

a otros medios de producción como pueden serlo las máquinas.

El individualismo sólo conoce del propio provecho y antepone los intereses del conjunto a los particulares de una manera egoísta que provoca fricciones y enfrentamientos continuos cuando los habituales intereses desmedidos (sin límites sensatos que se conformen con el desenvolvimiento de una existencia, en lo material, digna) de unos y otros se cruzan.

Esa ausencia de límites sensatos, éticos (y/o, en su defecto, normativizados, regulados) facilita el afloramiento de fuertes diferencias económicas que acaban por configurar las distintas clases sociales en que se divide la sociedad del mundo moderno. Ya no son funciones diferentes (la regio-dirigente y sacral, la guerrera y la productiva), como en el Mundo de la Tradición, las que conforman una comunidad sino que es tan solo una vara de medir la que, en el mundo moderno, divide una sociedad en clases: la vara de medir de la economía.

Las clases medias y las clases bajas no perciben ninguna legitimidad en la clase alta dominante, pues ésta no se reviste de ninguna aureola Superior, sino que entiende del mismo plano que ellas: el económico-material. La naturaleza interior de los dirigentes políticos y económicos (los primeros son meros gestores de estos últimos) no dista en nada de la naturaleza interior de los dirigidos y, por ello, no se pueden tejer unos lazos de jerarquía natural que, como tal, era, sí, en cambio, aceptada, en el Mundo tradicional, por la segunda y la tercera castas. Así se entiende que bajo un criterio exclusivamente económico las clases sociales menos favorecidas se puedan sentir -con razón, en la mayor parte de los casos- explotadas por las clases altas y que como reacción de venganza ante ello (y por la imposibilidad o enorme dificultad de poder equipararse con su alto status socio-económico) hayan sido, en ocasiones, fácilmente atrapadas por las redes tejidas, p. ej., por el marxismo y abocadas a la lucha de clases (al odio interclasista).

Hoy en día el individualismo extremo y descarnado propio de nuestro mundo globalizado (plasmación de la fase más oscura de la Edad de Hierro) ha ido encerrando en el baúl de los recuerdos las luchas colectivas de clase que bregaban por implantar utopías contra natura como la del comunismo y pocos se arriesgan a pelear y a perder lo poco material que el Establishment les ha dejado …¡cada cual se preocupa sólo de su depauperado bolsillo! El ´hombre fugaz´ del que Evola nos habló -sin haberlo visto en vida pero habiéndolo previsto- es nuestro actual congénere. Es el hombre (u hombrecillo) al que no le interesa el futuro y no está dispuesto a sacrificarse por él (por un futuro mejor; por el paraíso comunista o por un futuro de opulencia prometido por el progresismo liberal-capitalista), sino al que tan solo le interesa el ´aquí y ahora´, el intentar obtener sin demora lo que compulsivamente ansía: ¡lo quiere ya! Lo quiere ahora cual si de un niño caprichoso se tratara. Si consigue algo (o todo) rápidamente se volverá a sentir insatisfecho y ansiará más, casi de forma epiléptica …toda su vida será la de un desasosiego y cambio (de aquí lo de ´fugaz´) continuos.

En esta época, a la que Evola definió como la de la preponderancia del Quinto Estado (la del paria, que es aquél que, en ciertas tradiciones, ha deshonrado a su casta y ha sido expulsado de ella, convirtiéndose en un descastado, sin raíces, referentes ni tradición), las clases bajas se han desentendido, como decíamos párrafos atrás, de aquella idea -que a muchos de sus integrantes les había motivado- de suprimir a las clases medias y altas en pos de la implantación de la ´dictadura del proletariado´ y, ahora, sus componentes ya sólo sueñan con llegar algún día a formar parte de esas clases altas pudientes para, así, tener un más fácil acceso a todos los bienes de consumo, a los mayores niveles de lujo posibles y a un estado supremo de hedonista y laxo confort.

En el sistema de castas Tradicional las castas situadas, en la pirámide social, por debajo de la sacro-dirigente contemplaban a ésta como su guía, como la que les hacía partícipes del mundo Trascendente, como la que ejercía de puente entre ellas y el Mundo Sacro. También la contemplaban como la que rechazaba el lujo y la materia en pos del Espíritu. O la que -por parte de sus miembros- estaba dispuesta hasta a sacrificar su misma vida por la supervivencia de toda la comunidad; tal como, a modo ilustrativo, sucedió en la batalla de Cannas entre romanos y cartagineses, en la que hasta 80 senadores (de los, aproximadamente, 300 que, por entonces, tenía Roma) dejaron su vida por defender Roma. (La mayoría de los principales ritos sacros -consagrados a los principales númenes- en la Roma patricia los oficiaban los senadores, que, por ello, constituían la mayor parte de la casta sacro-dirigente.)

En el Mundo Tradicional cada casta cumplía su diferente y necesaria función y así se entendía desde la óptica de cada una de ellas, por lo que la cohesión y la armonía sociales era totales y eran las que son de esperar en cualquier comunidad organizada de manera orgánica.

PREGUNTA:

Vivimos en la ‘Europa de los Mercaderes’, ¿cuál y cómo sería la ‘Europa de la Tradición’?

RESPUESTA:

La Europa Tradicional sería la Europa de la estabilidad en hábitos, usos y costumbres y no la Europa del cambio continuo y desnortado. Sería la Europa en la que sus moradores vivirían con sosiego conocedores del papel que en la comunidad les corresponde. Las modas -la variabilidad superflua- no tendrían sentido ni cabida. El hogar no sería un lugar estacionario de paso a cambiar según antojo y capricho -y pasto de la especulación- sino que se convertiría en poco menos que el templo inviolable de la familia. No se viviría atribulado buscando no se sabe qué, tal cual sucede con los ciudadanos atomizados y sin rumbo de la ´Europa de la postmodernidad´ (ésta del Quinto Estado). En la Europa Tradicional se ritualizaría cada momento, cada acción, cada quehacer. Se sacralizaría cada accionar y, por ello, se buscaría la perfección en él con el fin de que ésta abra las puertas del mundo Suprasensible y Sagrado, que al no ser caduco no conoce de la imperfección. Ritualizar la cotidianidad no admite prisas ni ansias sino la vivencia intensa del momento para que así éste no quede desgajado -por culpa del frenesí de lo caduco- de la totalidad del cosmos y para que así se tome conciencia de que la acción que se está ejecutando no es ajena a las dinámicas nouménicas (sutiles).

En la Europa Tradicional se hará siempre lo que debe ser hecho, lo que está de acuerdo con la ley del cosmos, que no es otra que la ley que hace posible su armonía. Cada cual cumplirá con su cometido, con su función y con su deber. No se actuará, tal como sucede en la Europa de la postmodernidad, motivado por la búsqueda del interés material, por la búsqueda del provecho económico, por la búsqueda de la satisfacción de intereses egoístas o movido por caprichos, por arrebatos, por pasiones o sentimientos desatados o por motivos pragmáticos y utilitarios.

En la Europa Tradicional la función económica dejará de ser su rectora y ocupará el lugar que le corresponde. La minoría de los que son capaces de gobernarse a sí mismos regirá sus destinos y se afanará para que toda Europa bregue para que el microcosmos en el que se asienta (lo de aquí abajo) sea un reflejo del macrocosmos (de lo Alto) y forje irreductibles vínculos con lo Sacro. La Europa Tradicional no vivirá de espaldas a los planos Superiores de la Realidad …no sufrirá la amputación de lo Trascendente que padece nuestra actual parodia de Europa.

Las tres castas de la Europa Tradicional, hasta la productiva (la tercera), se revestirán -e impregnarán- con los valores propios de la milicia: servicio de entrega y sacrificio, abnegación, valor, honor, fidelidad, disciplina,… La mezquindad, la ruindad, el engaño, la cobardía, la deslealtad no tendrán cabida en las almas de nadie.

En la Europa Tradicional volverían a existir gremios, corporaciones, collegia y hermandades, pues sería una Europa vertebrada y orgánica y no una Europa, como la moderna, en la que los vínculos comunitarios de sus habitantes no existen -fueron suprimidos- porque así se fabrica (y se fabricó) al individuo-átomo sin referentes, que es fácilmente manipulable y manejable (clave, ésta, del triunfo del capitalismo-liberal-partitocrático y del mundialismo propio de la globalización).

La Europa Tradicional no sería un ente artificial homogeneizado con residuos, pues, de la ideología nefasta que fue triunfando a raíz de la Revolución Francesa …residuos, pues, como el de ´nación´, sino que englobaría a realidades culturales e históricas diversas bajo la idea Tradicional -y aglutinadora- de Imperium; aglutinadora gracias al Superior carisma que lo reviste. Imperium en cuya cúspide se hallaría el Emperador o Imperium sin Emperador, regido por una élite perteneciente a la primera casta: la sacro-dirigente (no confundir con la güelfa-sacerdotal-lunar que no tiene cabida en una comunidad Tradicional).

Y en palabras de Julius Evola refrendamos lo expresado en este último párrafo:

Un ´Reich Europeo´, no una ´Nación Europea´, sería la única forma aceptable desde un punto de vista Tradicional para la realización de una unificación auténtica y orgánica de Europa”.



HERMENÉUTICA POLÍTICA
noviembre 27, 2016, 4:07 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Metapolítica, Política

Sancho Moncayo, uno de los foristas de nuestro foro Traditio et Revolutio, nos hace llega las siguientes reflexiones:

“La pregunta política es; ¿Cómo podemos plantear un nuevo paradigma resolutivo de la situación?

Dugin habla de una cuarta teoría política, pero la dialéctica es moderna. Su superación es la desviación del Comunismo, el Liberalismo y la Tercera Vía hacia la multipolaridad.

Sin embargo, a día de hoy y de manera empírica sólo vemos dos tendencias; la fuertísima tendencia liberal y el ya terminal conservadurismo que absolutizando podría razonablemente declarar como modernidad.

Ambos, y de nuevo, a día de hoy, están basados en un Idealismo mutilado, en una metafísica conceptual. Por suerte también ambos desgraciados por semilla a su perecer:

El primero, el liberalismo, siembra como Idea la concepción lineal del tiempo, el progreso, el materialismo filosófico y teísmo antropocéntrico, junto al credo humanista-social implicando valores como la igualdad o los derechos innatos. Su pliegue y lo que lo corroe en la naturaleza es la realidad desigual, la conciencia y el espíritu como oposición a lo mental y racional, la trascendencia vocacional congénita a un grupo de hombres, el orden y la armonía. El segundo, el conservadurismo, siembra como Idea arquetipos validados por su antigüedad, por la supuesta relación con una moralidad, por un romanticismo y miedo a la exposición llevando a cabo de manera integral una restauración, una revolución. Su ácido sulfúrico es la actividad y acción, la temporalidad de los valores que proponen por estar huérfanos de toda eternidad. El liberalismo tiende al caos informe, el conservadurismo al caos formal. Es justo en este momento donde el hombre capaz debe plantearse, además de la verdadera asunción del abismo para aspirar a la libertad, el desatarse de la ideología. La metafísica como sistema mitológico ha muerto, la reconducción implica el asentar por ello la defunción de las ideologías modernas -sean o no contrarias en apariencia-, pues se trata en ambos casos de una exégesis, de una lectura alegórica embustera y desleal, al primer Idealismo que fue oficializado por Platón y el cual tuvo cierta legitimación en otros tiempos. Dar valor implica vigor, lucidez, sagacidad, y Heidegger con su hermenéutica da pistas de como ver y dar sentido a todo: “Toda interpretación, para producir comprensión, debe ya tener comprendido lo que va a interpretar.” El problema pues, para quien se lo plantee, es dilucidar que hay comprender, que hay que comprender para interpretar, que ES el principio y génesis. Sin caer en fábulas uno deberá abordar esta premisa olvidando la entidad, el sí mismo Kantiano, la mismidad, la quididad, la alteridad Platónica, Aristotélica y Cusana respectivamente, y por supuesto todo teísmo sea deísta, antropocentrista, o incluso ateísta. Todo genio configurativo de lo anterior se ha devaluado a cero. El imperativo es pues no sólo superar la ideología del hombre -idealismo liberal-, o superar a la metodología pretérita -idealismo continuista-, ambas como credo, sino formalizar a partir de una comprensión del mundo, del universo, del cosmos. La Weltanschauung provocada por la dimensión de la realidad integro-transversal, a través de una inmanencia trascendente, o lo que es lo mismo, por la capacidad esencial de una existencia, presente y eterna aquí y ahora, dada por si misma y su contrario, la propia muerte.

Sancho Moncayo”



ENTREVISTA A EDUARD ALCÁNTARA, EN TLV1, SOBRE JULIUS EVOLA Y EL TRADICIONALISMO
Esperemos que resulte de interés esta entrevista que se nos hizo desde el canal de televisión argentino TLV1; a la cual se puede acceder a través del presente enlace.
Sólo una pequeña aclaración: el prólogo a nuestros libros no corrió a cargo de nuestro apreciado Pedro Varela sino de Enric Ravello y Santiago de Andrés.
También puntualizar que nuestra relación con la Historia es sólo como mero aficionado a ella.
En cierto momento de la entrevista nos queríamos referir a la relación de Julius Evola con el príncipe Karl Anton von Rohan.
También señalar que el paganismo acabó, en las postrimerías del Imperio Romano, en mero panteísmo.
Saludos



Conferencia “Evola y el judaísmo” (por Eduard Alcántara)

Nuestros amigos portugueses de la Legiâo Vertical (http://legiaovertical.blogspot.com.es/) han creído oportuno el publicarnos, en 3 partes, la conferencia que hace algunos años pronunciamos en la Librería Europa bajo el título “Evola y el judaísmo”:

 

https://www.youtube.com/watch?v=sX4RJDNupzc

Conferência de Eduard Alcántara na Libreria Europa

https://www.youtube.com/watch?v=FvqQe30em8s

Conferência de Eduard Alcántara na Libreria Europa