Julius Evola. Septentrionis Lux


JOSÉ ANTONIO, ESPAÑA Y LA DUALIDAD DE CIVILIZACIONES
marzo 18, 2019, 1:41 pm
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JOSÉ ANTONIO, ESPAÑA Y LA DUALIDAD DE CIVILIZACIONES

 

“¿Es esto España? ¿Es esto el pueblo de España? Si dijera que vivimos una pesadilla o que el antiguo pueblo español (sereno, valeroso, generoso) ha sido sustituido por una plebe frenética, degenerada, drogada con folletos de literatura comunista. Sólo en los peores momentos del Siglo XIX conoció nuestro pueblo horas parecidas, sin la intensidad de ahora… ¿A qué páginas de esperpento, a qué España pintada con chafarrinones de bermellón y de tizne hay que remontarse para hallar otra turba que preste acogida a semejante rumor de zoco?”.

JOSÉ ANTONIO (04-V-1936. “La España drogada”)

 

Estas palabras, aunque lo parezca, no se refieren a la España putrefacta y maloliente en la que hoy vivimos en este año de 2019; las mismas fueron pronunciadas por José Antonio hace ya la friolera de 83 años. Hoy nos parecen toda una profecía; es lo que diferencia a los politicastros de turno en las podridas democracias y plutocracias de aquellos que “ven grande”, de los que hablan, viven y se desenvuelven MÁS ALLÁ de la política (Metapolítica). Mientras los primeros son vulgares charlatanes más o menos “distinguidos” que se dirigen hacia un electorado envilecido e idiotizado hasta la náusea buscando su voto, los segundos piensan en las futuras generaciones. Como el dios solar de la mitología romana Jano Bifronte, mirando e inspirándose en el pasado, en la Voz de nuestros Ancestros (Tradición), viven el presente pero a su vez su voz y sus palabras tienen cierto carácter de intemporalidad, de “eterna juventud”; pasarán los años, los lustros, las décadas e inluso las centurias, pero dichas palabras siempre tendrán esa rabiosa actualidad que tanto fascina. Ya decía el Canciller de Hierro Bismarck que la diferencia fundamental entre un político y un estadista es que mientras el primero sólo piensa en las próximas elecciones, el estadista piensa en las generaciones del futuro, en las venideras. José Antonio Primo de Rivera sin duda, fue (es) una de las figuras más atrayentes y seductoras del nacionalismo revolucionario de la Europa de entreguerras, los fundamentos espirituales y heroico-viriles de su Ideal han contribuido ampliamente a la gloria de su aventura y a su ascenso al rango de Mártir del Genio Europeo. José Antonio, El Héroe, El Mártir, el Poeta:  “… la España que acaso no exista físicamente, pero que existe en lo Eterno, como las verdades matemáticas, y que volverá a proyectarse en la Historia (06-V-1934)”.

 

El gran historiador, arqueólogo y filólogo suizo J. J. Bachofen, ya habló en su día no de una “pluralidad de civilizaciones” como hace actualmente esa forma de cientifismo barato y aberrante que es el “historicismo”, sino de DUALIDAD de civilizaciones: las de carácter apolíneo, solar, viril, regidas por principios y valores aristocráticos, patriarcales, anti-igualitarios, ideales de AUTORIDAD, TOLALIDAD Y JERARQUÍA; y por otro lado las de carácter femenino-lunar, materialista, ginecocrático-matriarcales, regidas éstas por principios y valores que son la absoluta antítesis de los primeros, es decir igualitarismo, odio a la diferencia y a la grandeza, nivelación cada vez más por lo bajo, plebeyización, masificación, materialismo extremo mezclado con pseudo-espiritualidades de carácter involutivo, femenino-demoníaco, paródico, anti-solar, finalmente democracia, plutocracia, mundialismo que son los extremos más diabólicos de dicho tipo de civilizaciones decadentes (momento en el que estamos…)

El historiador de religiones y simbología el holandés-alemán Herman Wirth, cofundador de la organización SS Ahnenerbe, también apoyaba dicha filosofía de la Historia (al mismo tiempo que teorizó sobre el origen nórdico y boreal de la raza indo-europea así como del verdadero monoteísmo religioso, del que las “religiones del desierto” son pura parodia del mismo…). Como señaló Julius Evola, apodado “El Último Gibelino”, el error de ambos fue anteponer, metahistóricamente hablando, el matriarcado sobre el patriarcado, cuando realmente el primero empieza con la decadencia y degeneración del segundo, con el Götterdämmerung (oscurecimiento de lo divino, final de la Civilización de los Héroes). Apoyando la teoría de ambos sobre la “dualidad de civilizaciones”, Evola habló de la lucha entre las civilizaciones bañadas por la LUZ DEL NORTE y las bañadas por la LUZ DEL SUR: “En unas, como Principio Supremo del Universo, valía el elemento celeste y luminoso personificado en una divinidad masculina; en las otras el culto a la Gran Diosa, a la Gran Madre, divinidad de carácter telúrico y nocturno. La Civilización de los Héroes y la Civilización demétrica y ginecocrática. Era la diferencia entre el ETHOS aristocrático de la diferencia y el PATHOS la de la promiscuidad panteísta y orgiástica. Una dominada por principios ascendentes e inamovibles de Orden y de Rectitud, la otra de orden descendente por antitradicional, sustentada por principios disolventes”.

 

El gran escritor francés Henry de Montherlant también sustentaba dicho esquema:  “dos filosofías se disputan el mundo, en las que han instalado su Imperio. Una, femenina en su genio, se funda en lo inverificable y que ha originado el desorden… La otra, viril… Ha alcanzado su expresión más completa en la Roma antigua, tras la conquista de Grecia, también inspiró el catolicismo romano, los conceptos de Tradición y Autoridad…” La paganidad indo-europea tanto de Oriente como de Occidente también hablaba de la lucha entre las fuerzas divinas y las fuerza telúrico-demoníacas del caos y de la oscuridad. El mismo Ciclo Cristiano, antes de caer presa de la aberración clerical-güelfa (Siglos XIV-XV) y del odioso “aggiornamento” finalmente (Concilio Vaticano II 1962-65), también nos hablaba de la eterna lucha entre las fuerzas de la Luz y de las Tinieblas, como también se hacía una interpretación metafísica y viril del principio evangélico “no resistencia al Mal” (fórmula análoga al “Cabalgar el Tigre” de la tradición extremo-oriental).

 

José Antonio en uno de sus últimos escritos también teorizó sobre las “Dos Españas”, una de carácter disolvente y claramente involutivo, y otra con la que él se identificaba plenamente, de carácter ascendente, viril y heroico, la España hija de la Romanitas y de la Christianitas medieval, la España de la Reconquista, la España de aquél fascinante Ciclo Heroico que fue nuestro Siglo de Oro Hispánico, promesa de una Primavera que truncó la pestilencia moderna y protestante, la España de la conquista americana, la España guerrera en lucha contra los enemigos de la Tradición (las pestes sarracena, protestante, liberal y marxista). Como dijo el Caudillo falangista “hay que levantar frente a la Poesía que Destruye, la Poesía que Promete…” No sólo es un tema de “dualidad de civilizaciones”, sino también de “elección de tradiciones”, según se elija doctrinal y existencialmente una u otra, así será el carácter del individuo y la personalidad de cada uno, y José Antonio se delineó claramente por la España Grande y vinculada a la verdadera Europa, por la Civilización de los Héroes… JOSÉ ANTONIO SIEMPRE PRESENTE!!!

 

 

Joan Montcau

 

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RAMON LLULL Y LA VÍA DE LA ACCIÓN

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                   RAMON LLULL Y LA VÍA DE LA ACCIÓN*

 

No otro propósito nos trae que el de escudriñar en lo basilar del pensamiento y del accionar de Ramon Llull, intentar adentrarnos en el conocimiento del genuino motor que movía los quehaceres y las inquietudes de este ilustre mallorquín de ascendencia catalana y tratar de establecer los perfiles concretos que adquirió su manera de entender la existencia y el cosmos …y resulta que tras haber estado navegando por su obra y su vida no creemos que podamos pecar de temerarios si -haciendo un paralelismo con el gran intérprete de la Tradición Julius Evola (1)- establecemos que (echando precisamente mano de unos términos acuñados por el mismo maestro italiano) su ´ecuación personal´ respondió a dos vectores principales: un impulso irrenunciable hacia el hecho Trascendente y, aunque pueda resultar chocante, un hallar en la ´vía de la acción´ la manera y el camino a seguir en pos de esa Trascendencia. Señalamos que puede resultar, para muchos, chocante el que establezcamos para R. Llull esa ´vía de la acción´ en lugar de una ´vía de la contemplación´ a tenor de que, verbigracia, ingresó en la Orden de los Terciarios Franciscanos y no lo hizo en una orden de caballería o en razón de que precisamente una de sus obras lleva por título  Llibre de contemplació. Pero podríamos enfrascarnos en dilucidar el porqué optó por el ingreso en dicha orden y, de este modo, quizás lo aparente pueda resultarnos precisamente así, ´aparente´, y no sustancial y/o primordial. Y es que, como primera consideración, seguramente su ingente obra doctrinal no hubiera podido llegar a la dimensión a la que llegó si nuestro excelso personaje hubiera sido un caballero andante (caballería terrenal) o un caballero-asceta (caballería celestial), pues las ocupaciones propias del caballero le hubieran absorbido tal tamaña cantidad de tiempo que su producción escrita se habría tenido que ver reducida en sumo grado.

El que su vida transcurriera, a menudo, en monasterios se explica igualmente por necesidades como la de aprender latín, filosofía y gramática, cosa que fue posible con los monjes cistercienses del monasterio de La Real de Palma de Mallorca.

Nosotros adherimos a la certidumbre de que existen dos maneras de encarar lo Trascendente y Superior: una sería la ´vía de la acción´ y otra la ´vía de la contemplación´. La primera es la ´vía del héroe´, pues es la vía de la búsqueda de la conquista de la Inmortalidad que se emprende por parte de aquél que no se conforma con prolongar por siempre su estado ordinario de conciencia sino que pugna por acceder a otros estados Superiores y Metafísicos de conciencia, pugna por su palingénesis o transformación interior y pugna por arribar al Conocimiento de los planos Superiores de la Realidad. Esta ´vía heroica de la acción´ es principalmente una vía de realización interior pero puede verse acompañada (como soporte y como trampolín) por una acción exterior que bien puede ser la propia de la milicia, ya sea con el ejercicio propio de las armas o ya sea con la aplicación a la vida cotidiana de los preceptos, la actitud y los valores propios del estamento militar, esto es, aplicando en el quehacer rutinario el espíritu de superación de las adversidades, el espíritu de lucha y de sacrificio, el esfuerzo, la camaradería, el valor, el honor, la fidelidad, la disciplina, el respeto a la jerarquía,… Se establece un paralelismo entre el combate externo del milites del Espíritu con el combate en pos de la metanoia (transustanciación interna) que el mismo milites está llevando a cabo en su interior. El mismo fragor del combate exterior puede ayudar al combate interior, pues el apego extremo hacia el propio compuesto físico-psíquico que el hombre ordinario experimenta a lo largo de su existencia se ve -aun en este tipo de hombre común- aflojado en el clímax de la batalla y el hombre que ha optado por la ´vía heroica´ de su transformación interior puede prolongar y/o fijar este aflojamiento de vínculos con la realidad ordinaria para ir descondicionándose de todo aquello que mediatiza, liga, ata y esclaviza (las ´circunstancias´ de las que hablaba Ortega y Gasset sumadas al psiquismo del individuo) y para ir adentrándose en los planos sutiles y metafísicos de la realidad. Se tenga, no obstante, siempre presente que el fin último de Héroe de la Tradición es el de ir más allá hasta incluso de ese mundo sutil -pero que forma parte de la manifestación- para hacerse uno con el Uno; esto es con lo Inmanifestado, con el Principio Primero y Supremo que se halla en el origen y más allá del mundo manifestado (en definitiva, coronar el Despertar del que, p. ej., nos habla el budismo).

Esta ´vía del héroe´ -la ´vía de la acción´- es para nosotros la que hemos de considerar como la propia de nuestro personaje de estudio, por más que Ramon Llull no acabara por ser un hombre de ´encomienda´ sino un hombre -en determinados momentos de su vida- de ´monasterio´. La encomienda representaría esa ´vía de la acción´ , pues en las encomiendas hallamos a esos ´medio monjes medio soldados´, a esos milites del Espíritu, que entre los miembros de su élite compaginaban la lid en el campo externo de batalla con la lid -según expresión evoliana- sub specie interioritatis (en el campo interno de batalla) …compaginaban pues la guerra con la Iniciación; compaginaban el combate armas en mano con el combate en pos de su transformación ontológica (por la integración de su yo en el Ser Imperecedero que portamos en nuestro interior y que ha de ser despertado de su letargo; de su ignorancia o, en sánscrito, avidja). El porqué consideramos a nuestro personaje ilustre como un hombre volcado a la ´vía de la acción´ y no a la ´vía de la contemplación´ será trasunto del que nos ocuparemos adelante.

Pues bien, señalábamos con anterioridad que adherimos a la certidumbre de que existen dos maneras de encarar lo Trascendente y Superior, una sería la ´vía de la acción´ y otra la ´vía de la contemplación´. Si ya hemos configurado los rasgos distintivos de la primera nos hemos ahora de ocupar de desentrañar la segunda y de aclarar lo que, a nuestro modo de entender, son confusiones respecto a ella. Con este propósito hemos de señalar que la ´vía de la contemplación´ es, bajo nuestro manera de concebirla, equivalente a ´la vía pasiva´, en contraste con aquella otra  ´vía de la acción´ propia del Héroe de la Tradición (2). La concebimos como mera manera de encarar a lo Superior y/o Absoluto a través de la simple fe (fideísmo), de la devoción y de la espera pasiva a que las plegarias, los ayunos y la humildad tengan a bien el ser recompensados por la gracia de Dios venida desde arriba, pues no se concibe el que uno pueda (tal como sí acaece en la ´vía de la acción´) ascender para Conquistar la Inmortalidad con la valía de que uno dispone a través de los heroicos procesos -metódicos, constantes y arduos- Iniciáticos. La ´vía de la contemplación´ no admite la posibilidad de ´Conquistar el Reino de los Cielos´ por los propios medios, derribando, si cabe, la puerta de acceso a él, sino que, por el contrario, sólo admite, en pasiva espera, que la gracia divina descienda sobre el que persiste en creer en lo divino, aun cuando dicha fe no suponga ningún cambio ontológico (en el ser constitutivo del creyente), pues, repetimos, los cambios transustanciadores necesitan del trabajo metódico interior conocido como Iniciación y precisa de técnicas de concentración y de visualización mentales constantes, metódicas y rigurosas. En el plano de la metanoia y a la alétheia (literalmente ´desocultamiento del ser´, el cual se mantenía como tapado: aletargado) las letanías y las oraciones no sirven en nada a aquel que, como el simple hombre religioso, no conoce más que de lo exotérico, de lo devocional y del ritualismo vacío de contenido operativo y transformador. No sirven de nada a aquel que ignora que en ocasiones pueden ser utilizadas -letanías y oraciones- a la manera de los mantras de los que nos habla el hinduismo y el budismo y cuya pronunciación (oral o mental) puede ayudar al acercamiento al plano sutil de la realidad, ya que los dichos mantras son un reflejo y una evocación de los diferentes ritmos inherentes a las fuerzas sutiles que forman el entramado del cosmos y que lo revisten de equilibrio y de armonía.

La ´vía de la contemplación´, pues, no abre el acceso a la gnosis del mundo Superior y no hace factible el segundo nacimiento o renacimiento al plano Espiritual de la realidad; condición conquistada que sería la propia del ariya (vocablo pali). No hace posible la transformación del creyente. No le descondiciona en lo más mínimo. No le hace posible el superar sus debilidades, sus ataduras psíquicas y físicas, sus fobias y sus complejos. No le convierte en el ´señor de sí mismo´ que propone el taoísmo, en el ´gran autarca´ (Evola dixit) que no depende de nada exterior a sí y que se ha convertido en dominador de sus sentimientos, de sus pasiones, de sus emociones, de sus pulsiones y de sus instintos. Tan solo le ayuda a fortalecer su fe y devoción hacia lo Sacro.

La ´vía de la contemplación´ tendría sus centros neurálgicos, y más que simbólicos, en el monasterio, mientras que en contraste a éstos la ´vía de la acción´ sentaría sus reales en la encomienda (enclave de las órdenes ascético-guerreras). En el orbe en el que, al menos nominalmente, allá por el Medievo -en el que vivió Ramon Llull-  situamos la Cristiandad el monasterio sería deudor de esa ´luz del sur´ (la vía pasiva) de la que muy gráficamente nos habló Julius Evola, mientras que la encomienda no fue ajena a la ´Luz del Norte´ (la ´vía activa´) que también nos presentó el gran intérprete y maestro italiano de la Tradición.

Utilizando análogas referencias opondríamos la caballería sagrada a las figuras del clérigo y del monje como representantes la primera de un tipo de Espiritualidad Solar y los segundos de una religiosidad de corte lunar. Y utilizaríamos la figura del Sol y de la luna por ser el Sol un astro con luz propia y la luna otro al que la luz tan solo le llega por reflejo. La luz propia del Sol simbolizaría la Espiritualidad que el Iniciado puede llegar a hacer suya en su interior, mientras que la luz refleja de la luna representaría esa imposibilidad, que pesa sobre el mero creyente, de emprender caminos de transustanciación interior; imposibilidad que le aboca irremisiblemente a conformarse con imaginarse cómo será la naturaleza de lo Sacro, sin posibilidad de ni acercarse a vislumbrar la esencia del mundo Suprasensible y Metafísico.

 

Ese retiro, para dedicarse a la meditación, de R. Llull a una cueva del mallorquín Monte Randa sin duda nos ayuda a trazar un bosquejo sobre la vía por la que más que seguramente optó el sabio isleño, pues la meditación siempre ha sido uno de los pilares básicos sobre los que se asienta el conjunto de técnicas propias de cualquier vía Iniciática (´vía de la acción´ interior) en Tradiciones de aquí y de allá, a Occidente y a Oriente.

Que el retiro fuese a un monte también nos resulta harto significativo, pues la montaña siempre ha simbolizado el eje que une Tierra y Cielo y esa unión tan sólo puede hacerse efectiva si se sigue un tipo de Espiritualidad Solar …ésa que de consumarse abre las puertas a la Conquista Heroica de la Eternidad; abre las puertas del Cielo impulsándonos desde la Tierra (´Espiritualiza la materia´, según expresión cara al hermetismo alquímico).

Tampoco resulta superfluo el que dentro del Monte Randa fuera en una cueva donde se retirara a meditar, pues la cueva simboliza al corazón que se halla en el interior del cuerpo al igual que aquélla se encuentra dentro de la montaña y el corazón en todas las Tradiciones Sapienciales ha sido considerado como el receptáculo del Espíritu, mientras que, por contra, p. ej., el cerebro ha sido considerado como la sede del psiquismo, de lo emocional, de los sentimientos y del pensamiento. (En contra de la asignación en el corazón que el mundo moderno le ha otorgado a los sentimientos el Mundo de la Tradición los situó, repetimos, -y con toda lógica- en el cerebro.) ¡Qué mejor lugar, pues, el elegido por Llull para encaminarse en pos de la activa búsqueda del Espíritu que el de la cueva!; ¡y además la cueva situada en un monte!

 

Anótese que hemos hablado de ´Espiritualizar la materia´… y recordamos esto por no ser asunto banal en el estudio que nos ocupa, ya que, contrariamente a lo defendido por la Tradición, la religiosidad pasiva y exotérica (circunscrita, pues, a la fe, a la devoción, a la moral, al dogma, a la ritualidad vacía y, en definitiva, a trasuntos meramente externos) siempre ha tenido una clara deriva antifísica. Una deriva de desprecio hacia lo material, lo físico y, en definitiva, hacia el cuerpo. Ha considerado al cuerpo simplemente como generador de pecado y en casos de maniqueísmo extremo (v. gr. entre los cátaros) como obra y creación del ángel rebelde contra Dios: del ángel caído debido a su “soberbia” y a su “codicia”; del ángel que tenía vetado el acceso a tronos más elevados dentro de los mundos celestiales (todo esto en la línea de la denegación al hombre de la posibilidad de acceder a planos Superiores de la Realidad Sacro-metafísica; denegación que siempre han postulado las ´vías pasivo-contemplativas´ so pena de acusar de sacrilegio a quien osare plantearse la Conquista de la Inmortalidad y el igualarse a Dios -o más aún superarlo y hacerse uno con el Principio Eterno, Indefinible, Incondicionado y Supremo).

Por contra la Espiritualidad activa Solar propia de la ´luz del norte´ siempre consideró al cuerpo como una especie de templo del Espíritu y no como motor de pecado, pues el sentimiento de pecado le es ajeno y carente de sentido para aquél que emprende un camino de realización interior para el que la moral y el dogma en ocasiones se convierten en un obstáculo y siempre son concebidos como condicionamientos a superar de cara a acercar al Héroe Iniciático a logros Espirituales. Además, no hay que dejar de tener presente el que en ocasiones ciertas disciplinas Iniciáticas echaban mano de lo que para muchas formas de religiosidad eran fuentes  pecaminosas, como podían ser el uso de drogas, alcohol -vino- o sexo en lo que se conoce como ´vía de la mano izquierda´ (en ciertas tradiciones de Oriente, como el tantrismo), ´vía húmeda´ (en la tradición hermético-alquímica) o ´cabalgar el tigre´ (en la tradición extremo-oriental). El objetivo de esos peligrosos usos era convertir tales “venenos” (para el hombre común) en  ´remedios´, esto es, ayudar al Iniciado a despegar de su estado de conciencia ordinario para acercarlo a estados superiores de conciencia (empezando por la del mundo de las fuerzas sutiles).

El Mundo de la Tradición (luz del norte: ´vía de la acción´) consideraba a todo el cosmos como el resultado de la manifestación, por emanación, del Principio Supremo y Primero (del Motor Inmóvil aristotélico) y por esta convicción sacralizó todo el mundo manifestado (el sutil y también el físico) y supo de que el dicho Principio Supremo (Brahman, en sánscrito) también anidaba -eso sí, en forma aletargada que precisaba ser Despertada-  en el seno del ser humano (el Atman de la tradición hinduista). El Despertarlo era el fin que había que perseguir con tesón (pero sin ansia, pues el deseo produce agitación y la agitación anula la templanza que necesita la mente para descondicionarse y liberarse de ataduras), perseguir, decíamos, con tesón si se estaba dispuesto a emprender esa lid interna que no es otra que la de la ´vía de la acción´ propia del Héroe.

Contrariamente a esto las formas religiosas lunares propias de la pasiva ´luz del sur´ vinieron, en la mayoría de sus variantes, a considerar el universo como fruto de la creación (´creacionismo´ frente al ´emanacionismo´ propio del Mundo Tradicional) ex nihilo (de la nada) por parte de Dios, por lo que el cosmos y por ende los hombres no compartirían ontológicamente nada con su Creador: no compartirían esa semilla divina  (o ´átomo crístico´, recordando la expresión utilizada por los Rosacruces) que Despertada por la ´vía activa´ de la Iniciación  elevaría al hombre a la condición de Héroe Inmortal y -según esas religiones lunares- debido a esta imposibilidad de transformación interior no quedaría otra opción que la pasiva de creer en el Hecho Trascendente y remitirse con resignación a la devoción, a la sumisión a Dios, a la plegaria, a la recitación de letanías, al cumplimiento de los dogmas religiosas y de la moral y a la espera del descenso de la gracia divina (por cuanto el ascenso le estaría vetado al hombre que es pasto de la pasiva ´vía de la contemplación´). Ésta es la suerte a la que se debe plegar el clérigo y el monje (el hombre del púlpito eclesial y el del convento y el monasterio) y no la que se presentaba al hombre de la encomienda (al caballero sacro).

Ramon Llull, en la postura opuesta a despreciar el cuerpo -sino, al contrario, de utilizar la fuerza y actuar en este mundo- exigió ante el Papa Nicolás IV la convocatoria de una cruzada para recuperar, del dominio turco, Tierra Santa e igualmente en su obra Liber de Fine -1.305- intentó convencer de lo mismo al Papa Clemente V y siguió defendiendo esta postura ante este mismo Papa en el Concilio de Vienne, convocado en 1.311. Para Llull resulta, pues, irrenunciable la utilización de ´la vía de la acción´ (en este caso externa). No nos extrañaría que para él el combate que se hubiese entablado de haberse aprobado sus insistentes propuestas de organizar esas cruzadas fuese el medio ideal para propiciar esos estados alterados de la conciencia ordinaria -de los que hemos hablado párrafos arriba- que se suscitan en el fragor de la batalla y que para el Iniciado pueden resultar un aldabonazo que le catapulte hacia estados Superiores de conciencia …para el Iniciado de entre esas élites de las órdenes ascético-militares (de unas, como especialmente la del Temple, más que de otras) a las que nuestro personaje bregó por unificar (como “Orden del Espíritu Santo”) bajo la égida y dirección de un  Rex Bellator, órdenes entre las que se hallaban la del Temple, la de los Caballeros Teutónicos, la de los Caballeros de San Juan (o de la Orden de Malta de los Caballeros  Hospitalarios) y las de las órdenes exclusivas de la Península Ibérica.

Vemos, nos reiteramos, a Ramon Llull como hombre de la ´vía de acción´ y muy cercano, por tanto, al espíritu de la encomienda y no lo vemos como adherente a esa ´vía de la contemplación´ que apenas manifiesta interés por actuar en este mundo debido al mismo desprecio que le tiene al plano físico de la existencia. Ya hemos mencionado las razones prácticas que le hicieron entrar en el monasterio cisterciense de La Real y el porqué acabó ingresando, como monje, en la orden de los terciarios franciscanos …un porqué que podríamos completar con la más que probable necesidad de no levantar sospechas ante la Iglesia de Roma para, de este modo, poder desarrollar sus genuina vocación de transformación Iniciática (vía, la Iniciática, condenada y perseguida desde la sede pontificia) y quién sabe si poder desarrollar proyectos Espirituales de mayor calado y envergadura como podría ser el de Iniciar en la via remotionis a toda una serie de discípulos y hacerlos, así, también partícipes de la ´vía heroica´ de acción interior con el propósito de que la cadena Iniciática tuviera continuidad  a partir y a través de estos discípulos. (Otro objeto de estudio sería el de intentar vislumbrar si la Iniciación le vino a nuestro eximio personaje por vía autónoma -debido a sus especiales aptitudes Espirituales- o le fue transmitida por algún maestro.) No resultaría descabellado pensar que ese Colegio de Miramar que como proyecto luliano fue construido gracias a los medios facilitados por quien había tenido como preceptor al mismísimo R. Llull y ahora era rey de Mallorca, Jaime II, no fuera exclusivamente lo que sin duda externamente era, una escuela de misioneros y traductores, sino que encriptadamente fuera un centro de transmisión Iniciática, lo cual podría explicar la enorme cantidad de obras hermético-alquímicas firmadas con la rúbrica de Ramon Llull; autoría de la que dudan muchos estudiosos de la obra luliana y de la tradición alquímica. Pensamos que lo prolífico de nuestro egregio personaje no haría inverosímil el que pudiera haber llegado a redactar todos estos libros, pero creemos que resulta más verosímil adjudicar algunas de estas obras a la pluma de discípulos Iniciados suyos. ¡Quién sabe si hasta el mismo monarca de Mallorca -como preceptuado que fue por Llull- no pudiera hallarse entre estos discípulos Iniciados y que por este motivo habría puesto toda la carne en el asador para hacer realidad el proyecto de Llull de que fuera constituida ese Colegio de Miramar, en Mallorca…!

     El que, a raíz de la fundación de esa hipotética escuela Iniciática, la mencionada cadena o linaje Iniciáticos pudiera haber sido una realidad y tener tintes de ser algo más que una posibilidad puede albergar ciertos visos de confirmación si nos atenemos a lo que nuestro autor escribe en una obra hermético-alquímica (Ars magica, la cual trataremos avanzado este ensayo y que apareció con su firma): De esta manera tú puedes ver y conocer, magistralmente, si en ti se encuentra el espíritu Hagiógrafo, que según sea la naturaleza del precedente linaje, así será el que le sucede por recto linaje.

 

Los hay que siguen poniendo en tela de juicio esa faceta alquimista de R. Llull, tal vez debido a que desconocen lo esencial que resulta el esoterismo en nuestro autor o tal vez a que han aceptado la versión, digamos, oficial de la Iglesia, consistente en negar el esoterismo de Llull, pues lo haría incompatible con su consideración de ´beato´ que le fue otorgada por la misma Iglesia.

El Llull alquimista corrobora nuevamente a nuestro autor como alguien que se ha definido diáfanamente por la ´vía heroica de la acción interior´. En el Mundo de la Tradición la estructuración de la sociedad respondía a una funcionalidad jerarquizada en cuya cúspide piramidal hallamos al soberano y a la casta sacro-rectora. Bajo ésta se encuentra la casta estrictamente guerrera y en la parte de abajo la productiva. Con el crepitar del Mundo Tradicional se produce una escisión en el seno del primer estamento y surgen, así, el rector o dirigente político desacralizado y el sacerdote adherente a la ´vía pasiva-contemplativa´. En el Medievo estalló una pugna que acabó en guerra abierta (“La Guerra de las Investiduras” entre el Sacro Imperio Romano-Germánico y sus repúblicas y reinos aliados -gibelinos- y el Papado y sus repúblicas aliadas -güelfos) entre quienes representaron y protagonizaron un Ciclo Heroico (el griego Hesíodo nos había hablado de los Ciclos Heroicos, en el s. VIII a. C., en su  Los trabajos y los días) de Restauración del Orden Tradicional y de la unificación de las escindidas funciones sacra y dirigente fidelizada en la figura del Emperador (gibelinos) y quienes se oponían a él (güelfos) y pretendían estructurar el organigrama social colocando en la cúspide de la pirámide al clero (estamento inexistente en el Mundo Tradicional), bajo éste a los reyes desacralizados conjuntamente con la aristocracia meramente guerrera, un peldaño más abajo al resto de la milicia y en la base de este cuerpo geométrico al estamento productor (campesinos, artesanos, operarios de talleres,…). Pues bien, al hilo de este conflicto fue extraño quien en Europa no tomó partido por un bando o por otro. Aquéllos que no eran ajenos a la via transformationis de la Iniciación tomaron amplio partido por la causa gibelina y los que no concebían más que la forma religiosa, fideísta y pasiva de concebir la Trascendencia granjearon mayoritariamente sus simpatías hacia el bando güelfo. La Iniciación no fue ajena a varios de los emperadores del Sacro Imperio… El carácter de jefes militares propio de estos emperadores los hacía proclives a la ´vía de la acción´ (también interior) frente a la ´vía de la contemplación´ seguida por el Papado y por el clero. En este contexto no nos ha de extrañar que el arte hermético-alquímico fuera denominado por muchos de sus principales exponentes como Ars Regia (3), haciéndose casi  subrepticiamente, de este modo, una asociación entre la función regia, rectora o dirigente y lo Sacro. A la asunción del papel sacro por parte del Emperador siempre se opuso un Papado (y los güelfos con éste) que se rebeló con inquina ante cualquier intento de arrebatarle el monopolio de ´las cosas del Cielo´.

El Llull hermetista es alguien que debe ser encasillado en la ´vía del héroe´, en la ´vía  interior de la acción´ y en un tipo de Espiritualidad Solar que responde a la ´Luz del Norte´. Es alguien a quien nosotros podríamos aplicar el prototipo de gibelino. No deberíase obviar que, por tradición familiar, es muy cercano a la caballería (su padre fue un caballero de los que bajo la estela del gran Jaime I ´el conquistador´ reconquistaron la isla de Mallorca) …y se trata de alguien que demuestra esta cercanía en uno de sus proyectos más ansiados: el de unificar las principales órdenes ascético-guerreras de la Cristiandad para hacer más efectiva la lucha contra esa manifestación de la ´luz del sur´ representada por la lunaridad religiosa fideísta del Islam (etimológicamente ´sumisión´, a Allah) (4). Recordemos al Hijo Bendito de Dios, quien nos llama a una Guerra Santa, escribe Ramon Llull en su obra Blanquerna. Guerra Santa que hay, obviamente, que tener presente en su consideración de Cruzada (´vía de la acción exterior´: Pequeña Guerra Santa) pero también, y principalmente debido a las coordenadas existenciales de nuestro autor, en su dimensión de Gran Guerra Santa (´vía de la acción interior´). (5)

Esta querencia por la ´vía de la acción´ (la ´vía del shatriya´ o guerrero, según la tradición hinduista), en este caso exterior, la expresa descarnadamente R. Llull en su  Libro del Orden de Caballería, con un tono muy combativo, en el que se aconseja la conversión de los infieles musulmanes a palos y con la espada, al mismo tiempo que con la prédica. Son éstas inclinaciones impropias de aquél que se retira del mundo, se evade de él y renuncia a actuar para cambiarlo por hallarse en la línea de aquellos maniqueísmos que, fieles a la ´vía pasiva y contemplativa´, aborrecen del mundo físico y caen en evasionismos extremos.

Hasta el mismo sistema filosófico-teológico implementado por nuestro ilustre autor a raíz de la redacción de su  Ars Magna está regido por la inclusión del código caballeresco. Y son igualmente los valores del caballero -del guerrero- los que en forma de acción (interior) y autodisciplina deben aplicarse y son requeridos para la (echando mano de una expresión del hermetismo alquímico) Gran Obra de la transformación interior en que consiste la Iniciación. (6)

 

La ortodoxia exotérica de la Iglesia muy a menudo mostró sus reticencias sobre el vero fondo de la obra luliana. Un fondo cuyo eje estriba en la divinización del ´hombre diferenciado´ (según locución evoliana) y un fondo que ya el Gran Inquisidor mallorquín Nicolau Eimeric pareció atisbar acusando a Llull de nigromante en su tratado Fascinació de los lul.listas -escrito con posterioridad a la muerte de Llull- y cuya acusación se ve ratificada en otra obra del mismo cariz intitulada Directorio de los inquisidores en la que se acusa a nuestro hombre de haber obtenido sus obras “mediante arte diabólica” (7) Ambos tipos de acusaciones eran lugar común cuando el blanco de la diana era sospechoso de practicar la alquimia. La Iglesia llegó incluso al extremo de condenar formalmente el pensamiento de R. Llull, tal como hizo, entre otros, el Papa Pablo IV en el s. XVI, razón por la cual su canonización quedó en suspense.

 

En aquella pugna política y metafísica que durante buena parte de la Edad Media protagonizaron gibelinos y güelfos apareció, entre sectores simpatizantes o claramente militantes del gibelinismo, frecuentemente un vocablo que utilizado en el seno de determinados fenómenos literarios (o más que literarios) o por organizaciones de claro perfil esotérico comportó una especial significación: el término ´amor´. Lo utilizaron trovadores o lo utilizaron, también, Fieles de Amor. A éstos, p. ej., perteneció un Dante que bajo el paraguas de la literatura transmitió al lector avezado toda una serie de ideas de cariz esotérico en las que la palabra ´amor´ significaba ´filia por la búsqueda Iniciática de la Verdad´ (´vía de la acción´) a la vez que era la inversión del término ´Roma´ o, dicho de otro modo, la contraposición al mero exoterismo y al simple fideísmo (´vía de la contemplación´) que emanaba de la sede pontificia sita en la ciudad de Roma. No pensamos que, vista la trayectoria que de Ramon Llull estamos describiendo, resulte, p. ej., casual el título de sus libros  Llibre d´amic e amat  (“El libro del amigo y del amado”) y Arte amatoria.

En el mentado trabajo a cargo de E. Milà titulado El fenómeno Rosa+Cruz. Datos Históricos sobre la Rosa+Cruz se puede leer que Ramon Llull obtuvo, en buenas artes alquimistas, oro en el transcurso de una transmutación metálica realizada en La Torre de Londres y que las monedas que con el metal precioso se acuñaron aún circulan entre los coleccionistas bajo la denominación de ´lulios´ o ´nobles de la rosa´ …de lo que extractamos, por un lado, la corroboración de la elección, por parte de nuestro brillante autor, de la ´vía activa´ de transmutación interior representada por el alquimismo-hermetista y, por otro lado, la, para nuestro entender, no casual denominación de ´nobles de la rosa´, evocativo de la carga simbólica esotérico-metafísica que siempre ha poseído la ´rosa´ (v. gr., como símbolo de la manifestación del cosmos a partir del Principio Primero y Supremo, pues los pétalos abiertos de esa flor se pueden fácilmente asociar con la dicha manifestación) y muy coincidente con el nombre de otra organización secreta de tinte definidamente Iniciático que se dio a conocer hacia fines del Medioevo y que se habría, voluntariamente, retirado de Europa, definitivamente, al final de la Guerra de los Treinta Años (cerrada en 1.648 con el Tratado de Westfalia) por haber considerado, la dicha organización Iniciática, que el resultado del fin de dicho conflicto bélico le había supuesto el estoque definitivo a cualquier resabio del Orden Tradicional que pareció emerger en el Medievo en el seno de determinadas organizaciones, instituciones y realidades políticas (como el S.I.R.G. o los Templarios) …estamos hablando de la Orden Rosacruz. Y es que de forma más que segura tanto Llull como los rosacruces representaron eslabones de una especie de cadena mágica que por ello compartía una determinada simbología sacra.

 

Hemos ya comentado la posibilidad de que existiera una especie de escuela Iniciática luliana auspiciada por nuestro autor, ¡quién sabe -como también hemos comentado- si en el mismo Colegio de Miramar! Hay muchos tratados alquímico-herméticos que cuentan con la rúbrica de Llull. Postulamos que lo más probable es que muchos de ellos sean de su autoría y que los que quizás no lo sean cuentan, indudablemente, con su sello e impronta porque o bien pueden pertenecer a autores de su -de acuerdo a la hipótesis que hemos dejado caer- supuesta escuela Iniciática o bien pueden ser autoría de profundos conocedores de la obra hermético-alquímica de nuestro insigne personaje. Sea como fuere se dejó un legado de enorme calado en el campo de esta ciencia sacra. Podríamos, p. ej., comentar aspectos de su Ars Magica …y lo haríamos empezando por su mismo título, ya que un concepto tan vulgarizado, desprestigiado, trivializado y tergiversado como el de la ´magia´ Llull lo consideró en su sentido original, genuino y esotérico cual el de ´ciencia sacra operativa´. ´Operatividad´ que sólo es posible hacer realidad en una asimilada  concepción ´activa´ del Hecho Trascendente´, pues la ´magia´ obedece a la intención, en un primer estadio, de operar cambios ontológicos en la persona que la practica a través de una serie de rigurosas técnicas Iniciáticas descondicionadoras y, en segunda instancia, de propiciar la  activación y/o reconducción de fuerzas sutiles existentes en el interior del ser humano. El llegar a la gnosis de lo que se halla en el origen incluso de estas fuerzas sutiles (numens) culminaría, en un tercer episodio, todo este recorrido heroico (8). Es, pues, la alquimia un tipo de ´magia´, entendiendo ésta -en una expresión cara a J. Evola- como ´ciencia del Espíritu´ (9).

Así pues, lejos de cualquier pasiva manera de entender la Espiritualidad R. Llull trabajó esta ´vía de la acción´ propia del hermetismo alquímico.

Deteniéndonos en su Ars magica, aparte de los lógicos abundantes lugares comunes del simbolismo alquímico (10), nos topamos con muchos conceptos que merecen, al menos, unos comentarios por nuestra parte. Y los merecen tras leer:

    Sabe, hijo mío, que hay muchos hombres por el universal mundo que se desvían de la obra por falta de ingenio, ya que no entienden filosóficamente las causas de donde vienen los efectos que la naturaleza muestra a todo buen entendimiento, pues están muy ciegos y alejados de lo que ven cada día. Lo entienden corporalmente, con lo que se decepcionan mucho cuando se esfuerzan con total ceguera en identificar, de forma mecánica, la naturaleza y sus secretos escondidos con las obras mundanas.

     Estas reflexiones de Llull enlazan con lo que ya hemos comentado en este nuestro ensayo acerca de las contrapuestas cosmogonías emanacionista (la propiamente Tradicional) y creacionista. La primera propia de la Luz del Norte y la segunda de la ´luz del sur´. La primera propia de la ´vía de la acción´ y la segunda inherente a la ´vía pasiva de la contemplación´. La primera (el emanacionismo), recordemos, incluía las premisas necesarias para recorrer la ´vía Solar del Héroe´, pues hacía del hombre portador de Espíritu (atman), aunque fuese en estado de latencia; un Espíritu que compartía con el Principio Supremo del cual él y la totalidad del cosmos habían emanado. La segunda (el creacionismo), por contra, cercenaba esta heroica vía de realización interior al considerar una ruptura -un hiato ontológico- entre Creador y criatura, pues esta última había sido creada ex nihilo (de la nada) -al igual que la totalidad del universo- por lo que el hombre no compartiría (de acuerdo a esta postura paradigmática del tipo de religiosidad lunar) esencia con la Trascendencia creadora.

Y, concretamente, enlazan estas reflexiones de Llull con el ´emanacionismo´ propio de la concepción cosmogónica del Mundo de la Tradición, ya que si la totalidad del mundo manifestado procede, por emanación, del Principio Primero Eterno (del Motor Inmóvil aristotélico) procede de él la dimensión sutil y, por ende, el plano físico-sensible de la realidad. Por lo cual las ciencias modernas o profanas que se detienen, y no van más allá, del estudio, de la observación, del análisis y de la experimentación de los fenómenos exteriores-físicos y de esta dimensión física del mundo manifestado son ciencias amputadas, alicortas y meramente fenomenológicas y superficiales, pues no alcanzan a constatar el que los hechos físicos que son su único objeto de estudio responden a causas de tipo sutil, nouménico, suprasensible y, en definitiva, metafísico. Frente a esta constatación mutilada de que está irremediablemente aquejada la ciencia moderna profana se levanta la Tradicional ciencia sagrada cuyos planteamientos holísticos poseen una visión integral y hacen derivar lo fenomenológico de lo sutil y Superior por ser lo físico un reflejo de lo metafísico; por ser, en otras palabras, ´lo de abajo´ como ´lo de arriba´: o el microcosmos como un espejo del macrocosmos. (11)

 

René Guénon utilizaba la expresión ´intuición intelectual´ a la hora de explicar cuál el único método viable para el Conocimiento de la Realidad Superior. Debemos considerar la dicha ´intuición intelectual´ como sinónimo de ´Iniciación´. Las Ciencias Sacras no se pueden disociar de los procesos Iniciáticos. En Ramon Llull y en su Ars magica vemos corroborada cuál es la única vía posible para aprehender la gnosis de lo Superior:

Este saber es necesario para la causa en cuestión, que va más allá de todos los cursos de la naturaleza, pero no la puedes ver ni realmente poseer en forma ni en materia sin operación alguna; sin embargo, la puedes obtener y muy bien entender por medio del Espíritu Hagiógrafo, recurriendo al fin de la naturaleza, que ha conducido su materia hasta la perfección, y buscando ciertas experiencias demostrativas, reguladas por la doctrina intelectiva adquirida por la virtud antes mencionada.
Dicha doctrina permite ver las causas que son invisibles a los sentidos.

 

En línea consecuente con los anteriores párrafos, que de su Ars magica hemos reproducido y comentado, hallamos otro en el que se dice:

Por esta figura se demuestra cómo el entendimiento investiga espiritualmente lo que la naturaleza muestra del todo corporalmente y se indica en qué lugar empieza su perfección, a entender cuál es la esencia de la composición. Pues todos los filósofos nos han demostrado, por gran excitación, que el oro está situado en el lugar donde se encuentra el instrumento final y perfectivo, y que ha sido creado por la naturaleza a modo de ejemplo.

La naturaleza entendida como la dimensión física de la realidad representa, pues, para Llull -y en la línea con lo que la Tradición enseña- un símbolo y un reflejo de un orden Superior y constituye un soporte precioso para aquél que, habiéndose adentrado en la ´vía de la acción interior´, aspira al Conocimiento de las Verdades Metafísicas. La belleza que nos brinda la naturaleza es un reflejo y un símbolo de la armonía y perfección del mundo Sacro Superior (12). Así el oro alquímico constituiría un símbolo de la Realidad Suprema y Trascendente y su “obtención” sería un indicativo de la realización Espiritual absoluta del Héroe que se aventuró a recorrer los senderos de la propia transmutación. El oro es asimismo un símbolo del Sol y éste a su vez lo es del Motor Inmóvil Eterno y Primero.

 

En su ya aludido trabajo Ernest Milà (El fenómeno Rosa+Cruz. Datos Históricos sobre la Rosa+Cruz) comenta que aunque se quiera negar la autoría luliana de los tratados alquímicos que cuentan con su rúbrica lo que resulta incontrovertible e incontestable es que los libros que nadie pone en tela de juicio que hayan sido escritos por él rezuman hermetismo de manera muy recurrente. Asimismo Milà nos señala el cómo está su vida rebosante de unas alegorías y un simbolismo muy recurrentes en la tradición hermético-alquímica, como, v. g., cuando se nos explica un supuesto hecho en la vida del sabio mallorquín según el cual cuando su existencia era todavía disipada se enamoró de una dama genovesa, Ambrosia de Castello, que en determinado momento le mostró su pecho descompuesto: pútrido. Esta visión habría provocado tal shock en Llull que le movió a darle un giro copernicano a su existencia, a dejar los ´asuntos de faldas´ y a peregrinar a Santiago. E. Milà nos recuerda el simbolismo que tiene la ´putrefacción´ en el lenguaje hermético, que no es otro que el ínsito al ´ennegrecimiento´ u ´obra al negro´ (nigredo), esto es, que más que de la anulación y/o eliminación se trata del dominio -por parte del que ha emprendido la ´vía de la acción interior heroica´- de todo aquel conglomerado de sentimientos descontrolados, de pasiones desaforadas, de emociones desestabilizadoras, de instintos pulsionales, de apegos, de traumas, de complejos y de pavores que atan, esclavizan, subyugan y alienan al hombre. No cabe, pues, duda de que más que de la verosimilitud que pueda tener este supuesto episodio de la vida de nuestro autor de lo que se trata es de resaltar su carácter simbólico …simbolismo que, en lenguaje hermético-alquímico, nos da las claves que nos hablan del tránsito de Ramon Llull por los vericuetos Iniciáticos de la transmutación interior.

En el mismo ensayo Ernest Milà escribe que: Nuevamente encontramos un episodio en la vida de Llull en el que es imposible dilucidar la parte que corresponde a la realidad y lo que existe de simbólico. Un esclavo árabe de su propiedad se reveló; blasfemó de Cristo e hirió a Llull. Luego se suicidó. Existen muchas leyendas y alegorías herméticas que tienen como protagonista a un “esclavo fugitivo”, tenido como símbolo del espíritu sometido a la tiranía de la materia. La rebelión del esclavo supone el intento de liberación del espíritu y su muerte es, de hecho, su triunfo, el equivalente al “opus nigrum” hermético, la primera fase de la obra filosofal.

Al margen de esta, de acuerdo con otros relatos alquímicos similares,  adecuada interpretación que Milà nos ofrece también podríamos interpretar este episodio en el sentido de que el esclavo rebelde bien podría representar a ese yo inferior que se resiste a ser dominado por el ´hombre heroico´, pese a lo cual (tras ese duro encuentro agonal entre el héroe y las fuerzas catagógicas que intentan arrastrarlo hacia lo bajo e impedir que venza y emerja victorioso) el dicho esclavo es vencido (cual sucede con el esclavo de R. Llull muerto por suicidio) y el Héroe, entendamos, de este modo habrá superado todo tipo de ligaduras y condicionamientos y estará, ahora pues, presto a adentrarse en el conocimiento de los planos Suprasensibles de la realidad y en la activación y el control de las fuerzas sutiles que atesora en su interior (estará, en definitiva, preparado y dispuesto para transitar por la albedo u o ´obra al blanco´).

 

Resulta incontestable, pensamos tras todo lo expuesto, la vinculación de nuestro egregio autor con la obra hermético-alquímica y, por ende (a la luz incluso de las prioridades y del trajinar de la vida de nuestro autor descritos en este nuestro trabajo), su vinculación con la tradición Iniciática propia de todo aquél que ante la ´vía pasiva de la contemplación´ fideísta, devocional, moral, dogmática, meramente exotérica, sacerdotal, clerical, ´del convento´, ´del monasterio´, de la ´luz del sur´ y de la religiosidad lunar opta, en cambio, por la búsqueda del Conocimiento de lo Superior, por el encuentro ontológico con lo Absoluto, por el esoterismo, por la Metafísica, por la transustanciación interior, por convertirse a la nobleza del ´nacido dos veces´ (ariya), por priorizar al shatriya-sacro, al asceta-milites de la encomienda, opta por la ´Luz del Norte´, por la Espiritualidad Solar, por la ´vía interior del Héroe´ y, en definitiva y tal como señalamos en el mismo título de nuestro ensayo, opta nuestro Ramon Llull por la ´vía de la acción´.

 

NOTAS:

 

*No le colocamos la tilde a ´Ramon´ para respetar la ortografía catalana de acuerdo a la cual dicha vocablo no la lleva; lo hemos querido así por ser Ramon Llull hijo de catalanes arribados a Mallorca para luchar -a las órdenes de Jaime I el conquistador– contra los musulmanes. Si hubiésemos echado mano a la traducción de este nombre propio al castellano no hubiésemos hablado de ´Ramón´ (esta vez sí con tilde) sino de ´Raimundo´ (Lulio) por el que se conoció -y aún se le conoce- a nuestro egregio personaje en el ámbito geográfico de lengua castellana.

Cierto es que nos hemos visto tentados a referirnos a él en su nombre en latín, Raimundus Lulius, como firmaba sus obras escritas en esta lengua. Y nos hemos visto tentados a ello por el peso preponderante de esta lengua en el Medievo en el que él vivió, por todo lo que supone ella como lengua madre para todas las románicas y por su carácter ecuménico (que no cosmopolita) en el sentido de vehículo de una idea Imperial Sacra.

 

  • A la hora de sopesar la posible valencia metafísica de la obra de un personaje y/o autor o de una época, de un período histórico o de una institución determinados consideramos como un preciso y a la vez excelso punto de referencia las enseñanzas Tradicionales tal como Julius Evola nos las ha legado. Además, tanto en la obra como en la vida del maestro transalpino es insoslayable la componente shatriya o guerrera como vía genuina de entender la vida enfocada siempre a la Trascendencia y como vía para intentar la tarea heroica de Restauración del Orden Tradicional y para la recomposición del hombre mutilado de su dimensión Superior. Por este motivo encontramos harto significativo el que Evola cite a Ramon Llull, en más de una ocasión, como autor a tener bien presente. Lo cita, v. gr., en el prefacio a su “La Tradición hermética” afirmando que …entre las propias filas de los católicos -al menos ´católicos´ nominalmente- desde Ramón Llull y Alberto Magno hasta el abate Pernety, encontramos figuras enigmáticas de Maestros herméticos (Ediciones Martínez Roca, ed. de 1.975). También lo cita en la nota nº 6 de la pág. 151 del mismo libro: Lull dice que el negro está hecho de Sol y Luna: indica una unión tan indisoluble de los dos que luego ya no podrán separarse jamás. Son muchas más las referencias que en la citada obra de Evola se hace de nuestro autor de estudio, como ésta que hemos encontrado en una edición en lengua portuguesa: Apontemos (…) as freqüentes referências (sobre todo hermético-simbólicas) as vinho (vino) nos textos mais recentes, a partir de Raimundo Lúlio (edición en Lisboa. Ediçôes 70, 1.979, págs. 153-4).

Otra muestra de la enorme huella que ha dejado Ramon Llull es que el rumano Mircea Eliade -el gran estudioso de las Tradiciones- tampoco es ajeno a la importancia capital de su legado, tal como podemos leerle también en otra edición portuguesa, la de su libro “Herreros y alquimistas”: (…) a virtude primeira da Pedra reside na sua capacidade de transformar os metais em ouro (…) A idéia de que a Pedra precipita o ritmo temporal de todos os organismos e acelera o crescimento, encontra-se na Prática de Raimundo LÚLIO: ‘Na primavera, mediante o seu grande e maravilhoso calor, a Pedra comunica vida às plantas; se dela dissolveres na água a quantidade aproximada de um grão e se, tomando dessa água a porção necessária para encher a casca de uma avelã (llenar la cáscara de una avellana), regares com ela um tronco de videira, a tua capa estará em maio carregada de uvas maduras’. (Ferreiros e alquimistas. Trad. Roberto Cortes de Lacerda Rio, Zahar Editores, 1979. pág. 129).

     Que estas citas hagan referencia a la faceta hermético-alquímica de Llull no resulta, por lo que respecta al objeto de este nuestro ensayo, asunto baladí, tal como podremos comprobar a lo largo de nuestras líneas.

  • Aunque para algunos autores -seguramente para el mismo Llull- el término ´contemplación´ pueda ir asociado al de meditación y trabajo de transformación interior nosotros le otorgamos una connotación pasiva y, por tanto, no operativa.

(3) Obsérvese la semblanza existente entre Ars Regia y Ars

Magna; título de la principal obra escrita por Llull, de clara reminiscencia hermético-alquímica.

(4) Los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico (S.I.R.G.) auspiciaron las órdenes ascético-militares y recibieron el apoyo de éstas en sus empresas y en su concepción Imperial. El emperador Federico II Hohenstaufen había abogado por la fusión de las tres principales órdenes ascético-militares ya antes de que lo hubiese hecho Ramon Llull en su, ya mentado anteriormente, proyecto de ´Orden del Espíritu Santo´ …¡como se ve a nuestro autor le movían semejantes querencias que las del S.I.R.G. y los gibelinos!

Para una comprensión de la idea ´Imperial´ y del sentido Tradicional del ´Imperium´ remitimos al capítulo IV  (“El Imperium a la Luz de la Tradición”) de nuestro libro “Reflexiones contra la modernidad” (Ediciones Camzo); capítulo que también puede leerse en: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/.

(5) No está de más señalar que de estas dos vertientes de la guerra santa (la interior y la exterior) ya hablaba la tradición irania antes de que dicha doctrina fuera apropiada por el Islam como préstamo tomado de aquélla tradición.

(6) Nótese la reminiscencia alquímica que posee el título de su      obra principal: Ars Magna; equivalente a la Gran Obra.

(7) Estos datos de corte inquisitorial han sido extraídos de un brillante ensayo escrito por Ernest Milà que lleva por título  El fenómeno Rosa+Cruz. Datos Históricos sobre la Rosa+Cruz: http://infokrisis.blogia.com/2008/083001-el-fenomeno-rosa-cruz-i-de-iv-datos-historicos-sobre-la-rosa-cruz.php

(8) Este camino de transformación interna (´vía de la acción interior´) no se debe concebir a la manera de compartimentos estanco, sino que normalmente los tres estadios relacionados pueden, a partir de cierto grado de realización, recorrerse de manera paralela, con una cierta alternancia y hasta compenetrándose. Es así que, echando mano de la terminología alquímica, la ´obra al negro´ (nigredo: descondicionamiento), la ´obra al blanco´ (albedo: activación de lo sutil o nouménico) y la ´obra al rojo´ (rubedo: Identificación ontológica con el Principio Primero Imperecedero) pueden ir dando sus frutos -en determinados estadios del proceso palingenésico- alternándose entre sí.

(9) Si Ramon Llull escribió el Ars magica Julius Evola, allá por los años ´20 de la pasada centuria, fue uno de los pilares del Gruppo di Ur, cuyos integrantes se afanaron en el estudio y la práctica de la metafísica práctica u operativa: entiéndase, la ´magia´. Sus trabajos se pueden leer en los volúmenes de Introduzzione alla magia quale scienzia dell´io (La magia como ciencia del Espíritu, en la edición en castellano a cargo de Ediciones Heracles).

(10)  Oh medida, de agua celeste (…)

Oh medida, cómo perpetuamente conviertes en oro todos tus metales. (…)

Oh medida, cómo haces coagular, lo que está disuelto 

                       cociendo sabes ajustar.

Por tanto digo que si no hay medida, de la piedra

                                          no saldrá provecho.

(11) La oposición entre ciencia profana y ciencia sagrada fue objeto de

                                        reflexiones nuestras que pueden leerse en Ciencia

                                       Sacra y Conocimiento:

                                       (https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/05/ciencia-sacra-y-

                                        conocimiento/).

(12) Son éstas concepciones Tradicionales que quisimos exponer

                                en el capítulo II (La naturaleza) de nuestro libro El  Hombre     

de la Tradición (Ediciones Camzo) y que también puede

ser leído en El Hombre de la Tradición (II): la natu-

raleza:

https://septentrionis.wordpress.com/2011/12/21/el-   

hombre-de-la-tradicion-ii-la-naturaleza/

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



Libro: “Evola frente al fatalismo”
marzo 9, 2019, 12:58 am
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Julius Evola, Metafísica, Tradición

Editorial Eas ha publicado recientemente esta nuestra obra, en la que figura un sustancioso prólogo a cargo de Gonzalo Rodríguez y una muy interesante introducción debida a Santiago de Andrés:

https://editorialeas.com/shop/hesperides/evola-frente-al-fatalismo-por-eduard-alcantara/

 



EL PEZ SIN CABEZA Y COLA, SÍMBOLO DE LA BARCELONA SUBVERSIVA Y ANTITRADICIONAL
marzo 3, 2019, 12:43 am
Filed under: Espiritualidad, Tradición

Resultado de imagen de pez sin cola port olímpic Barcelona

“Al hablar de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales”.

De la guerra” (1832), Carl Von Clausewitz

 

EL PEZ SIN CABEZA Y COLA, SÍMBOLO DE LA BARCELONA SUBVERSIVA Y ANTITRADICIONAL

 

“El pez de oro” (en este caso el oro de los tontos como decían los hermetistas de antaño), así es como popularmente se conoce a este engendro de metal, monumento friki  construido para el deleite del turismo basura que desde hace décadas asola a nuestra ciudad y que suele alucinar con cualquier mamarrachada o esperpento que se les presente delante de sus narices. Se trata de una obra del arquitecto canadiense Frank Gehry. El pez, que flota sobre el Mar Mediterráneo, de hecho se encarama al mismo, mide 56 metros de largo y 35 de alto. Lo más curioso de dicha construcción con forma de pez, son su ausencia de cola y de cabeza… Según la rumorología el pez fue un encargo de los masones de la ciudad; nada de extrañar  teniendo en cuenta que el pez es uno de los grandes símbolos de la Tradición Primordial y de la Ciencia Sagrada, y precisamente la Masonería especulativa y anti-tradicional, que “curiosamente” surgió en torno al Siglo XVIII en la pérfida Albión, ha sido y sigue siendo uno de los motores fundamentales en la destrucción de Europa, y opera siempre al modo de una imagen invertida en un espejo, parodiando, falsificando y caricaturizando todo lo que venga del mundo de la Tradición de nuestros Ancestros.

Construido dicho monumento con un acero de color bronce, cuando el sol incide directamente sobre el pez, se pone dorado. Como una joya (su parodia más bien). Como un icono de la ciudad ya consolidado en referencia “identitaria”, por eso puede considerarse como uno de los símbolos representativos de la Barcelona post-moderna, post-ollímpica y ciertamente en estos tiempos que corren, pre-apocalíptica, no hay nada más que darse una vuelta por la capital y acabar pillando una depresión de caballo, ya que el caos y la barbarie están más que a la vista: manteros a mansalva, gentuza trapicheando en cualquier esquina, carteristas a tutiplén, drogatas y borrachuzos por cualquier lado, rameras a patadas, bujarronas en cantidades astronómicas, la peste sarracena pululando como Pedro por su casa, y un largo etc. La Barcelona “colaucada” ha superado con creces en nivel de inmundicia y degradación a sus predecesores, que ya es mucho decir…

Moviéndonos en el terreno de los símbolos, el pez con su cabeza y cola cortadas podría simbolizar el final más o menos cercano de la actual era astrológica en la que estamos, la Era de Piscis, que curiosamente también coincide con el final (o su fase final más bien, la Edad Más Oscura) del Kali-Yuga o Edad de Hierro, el final de los tiempos del Apocalipsis. Por otro lado recordar que el pez fue uno de los símbolos identitarios de los primeros cristianos; como reza el Evangelio: “Vengan en pos de Mí, y Yo los haré pescadores de hombres. (Mateo 4:19)”. Hay que señalar que el pez, no sólo fue el símbolo identitario  -uno de ellos más bien- de los primeros cristianos, ya que su elección pudo ser casual o causal, sino que también ha sido uno lo los grandes símbolos de la tradición indo-aria, ya que el pez simboliza el Conocimiento y la Sabiduría sagradas que navegan sobre lo informe, lo caótico, lo desordenado, es decir de las aguas (asimiladas a lo tenebroso, oscuro e infernal), posibilitando así la inauguración de un Nuevo Ciclo ascensional, de un Orden Nuevo gracias a los gérmenes que porta el mismo en potencia. Como decía el escritor y poeta alemán Novalis: “El espíritu de Dios flota sobre las aguas y una isla celestial se hará visible primero cual morada de los nuevos hombres, cual cuenca de la vida eterna sobre las olas que refluyen”. El pez también era sagrado para la mitología greco-romana, donde se celebró el significado simbólico de cambio y transformación, Iniciación y Renacimiento. Esto lo vemos en el mito de Afrodita y Eros cuando se convirtieron en peces con el fin de escapar de la feroz Tifón. En el mundo nórdico antiguo y las culturas europeas, los peces tenían un significado de la capacidad de adaptación, la determinación y el flujo de la vida, era esa capacidad de adaptación que tiene el pez lo que les fascinaba.  Todo esto nos permite entrar en otro tema: si el pez como hemos señalado anteriormente era una manifestación del Principio Supremo en todas las tradiciones sagradas, sobre todo en las de carácter indoeuropeo, el pez sin cabeza y cola que se construyó en Barcelona (expresión del Antiarte por excelencia), sólo puede ser su contrafigura paródica e infernal, su opuesto metafísico, simbolizando así la ruptura del hombre y de dicha ciudad  antaño sagrada con la Tradición y con lo Alto, la ruptura con el Cordón Dorado que nos unía a los Dioses. Cuando se da la espalda a nuestros Ancestros y Dioses Fundadores  cualquier mal ya es posible, la locura, la imbecilidad y la necedad se ciernen sobre un pueblo de forma desesperada e imparable,  aunque sea bajo la vomitiva figura de una nauseabunda verruga con patas…

 

JOAN MONTCAU