Julius Evola. Septentrionis Lux


ENTREVISTA A EDUARD ALCÁNTARA


Hace unos pocos años se nos realizó, de parte de Editorial Eas, una entrevista que hasta ahora había quedado inédita. Dado que los contenidos de nuestras respuestas responden, como no podía ser de otra manera, a nuestra concepción Tradicional de la existencia hemos decidido su publicación:

 

PREGUNTA:

Estimado Sr. Alcántara, la educación pública está envuelta por un dogma invulnerable que presupone ciegamente una línea de progreso positiva, causando así la despreocupación y confianza por la educación de las nuevas generaciones, de la que debiera encargarse el Estado muy adecuada y honestamente. ¿Podría hablarnos de la realidad del ámbito educativo en España, teniendo en cuenta su cercanía al mismo? ¿Por qué patrones generales se rige, por ejemplo, la asignatura de “Historia” y/o “Filosofía” oficialmente?

RESPUESTA:

Vivimos en una época en la que sólo se habla de derechos (que, por otro lado, el Establishment casi nunca cumple) y a duras penas se hace mención a los deberes y obligaciones. El deber presupone esfuerzo y éste resulta casi incomprensible – a la vez que poco menos que algo denostado- en especial para las generaciones más jóvenes que sólo conocen de la vida fácil en la que sus deseos les suelen ser satisfechos sin la contrapartida del haber hecho merecimientos para obtenerlos. Exigirles esfuerzos y el cumplimiento de sus deberes choca, pues, con su fofo carácter no forjado y los resultados se plasman, ¡cómo no!, en el ámbito educativo con una deficiente asimilación de los contenidos (ya de por sí rebajados en su dificultad) trabajados en clase. Nuestro mundo hedonista es laxo y nuestros alumnos son un fiel reflejo de esa laxitud.

Si a los alumnos se les imbuye de la idea de que vivimos en la mejor de las sociedades posibles, de que el nuestro es el mundo más evolucionado y de que, por contra, el pasado equivalía a retraso cultural y político poco interés pueden tener hacia la historia de su comunidad y/o de la entidad política y/o étnica a la que pertenecen y menos aún hacia la de otras comunidades que le son más o menos ajenas; aunque, paradójicamente, se existe (desde las instancias político-culturales) un incomprensible y aun oscuro interés de ensalzar, entre el alumnado, la historia de pueblos, culturas y etnias totalmente ajenos a la idiosincracia, valores y concepción del mundo que fueron los nuestros característicos. Resulta difícil saber si estos procederes responden a la convicción, por parte de sus mentores, de que en efecto la historia de otros pueblos disímiles al nuestro resulta más loable que la nuestra propia (y, por ello, más digna de ser enseñada a lo largo de las diferentes etapas educativas) o, en cambio, si dichos procederes son fruto de oscuros, negros e inconfesables intereses, maniobras y planes que pretenden cercenar nuestras raíces y nuestra esencia más genuina para convertirnos, definitivamente, en materia fácilmente dúctil y manipulable de cara a los intereses y a las estrategias de este mundo globalizado que va abocando al género humano a una situación mental de encefalograma plano. Quizás dichos procederes respondan a una suerte de enfermizo y suicida etnomasoquismo que ha ido creciendo al calor de la ideología dominante tras el triunfo de la Revolución Francesa y que ha hecho triunfar lo pusilánime, lo igualitario y los valores mercantiles y denosta lo jerárquico, el heroísmo, la concepción trascendente de la existencia, lo viril, guerrero y heroico y, por todo ello, abomina de lo más álgido de nuestra historia …cuyos momentos y hechos más memorables se alumbran en el seno -y a causa- de esos valores a los que anatemiza la ideología dominante.

El área -o asignatura- de Historia viene dada con una hipertrofia de contenidos de orden socio-económico, demográfico, comercial,… que suele hastiar hasta la exasperación al alumnado y le aleja de cualquier tipo de interés por esta disciplina. En cambio, se le ocultan hazañas, momentos épicos, personajes de gesta que despertarían el interés por la historia pero que al Sistema le supondría un grave inconveniente …el inconveniente de que el alumnado contrastara pasados episodios, valores y personajes dignos de encomio con la miseria humana preponderante hoy en día, con la medianía, la bajeza, la ruindad y la mediocridad del proceder de nuestros actuales congéneres en general y de nuestros dirigentes en particular y que, asimismo, contrastara con los antivalores que desgraciadamente rigen hoy en la actualdad. Y es que quien desconoce la historia suele ser más dócil por ser más acrítico, pues sólo conoce del mundo insulso, materialista y consumista en el que se ha criado y desconoce otras posibilidades, otros valores, otra forma de vertebrar la sociedad, otras maneras de entender la vida y otro tipo de instituciones políticas con las que comparar el paroxismo reinante.

El liberalismo, como ideología dominante, también ha seleccionado a su conveniencia el temario de asignaturas como la de Filosofía, difundiendo entre los estudiantes aquellas corrientes de pensamiento que le son más cercanas, o bien aquéllas en las que encuentra sus fundamentos y sus orígenes: racionalismo, enciclopedismo, Ilustración, idealismo, positivismo, empirismo, existencialismo o hasta el marxismo hallan amplio eco en los planes de enseñanza. A estas corrientes de pensamiento habría que añadir otras tales como el evolucionismo o el psicoanálisis que han sido presentadas como ciencias pero que no son más que deletéreas formas de pensamiento. Cuando se echa mano a la filosofía clásica el Sistema sabe qué filones (corrientes y autores) explotar y sabé, igualmente, qué visión sesgada o, peor aun, manipulada ofrecer al alumnado …no oculta -porque no puede-, p. ej., a un Platón pero se cuida muy mucho de penetrar en la esencia de su filosofía, pues ésta resulta de un total contraste y de una irreductible oposición a la ideología que lo sustenta (que sustenta al Sistema político e ideológico actual).

PREGUNTA:

España sufre un problema de confusión (entre otros) sobre los terminos “tradicionalismo” (de carácter carlista) con el “Tradicionalismo” o el Mundo de la Tradición. ¿Podría explicarnos por qué motivo uno no tiene nada que ver con el otro? ¿Cuáles son las diferencias más sustanciales a grandes rasgos?

RESPUESTA:

En efecto existe, y para intentar evitar ese confusionismo es por lo que nosotros siempre hemos tenido la costumbre de escribir con ´T´ la Tradición entendida como reflejo en el plano físico -aquí abajo, en el microcosmos- de la Realidad Metafísca -lo Alto, el macrocosmos, lo Trascendente- (lo mismo, con mayúscula, que escribimos la adhesión a esta cosmovisión: el Tradicionalismo) y, en cambio, con ´t´ cualquier tipo de tradición entendida como acerbo conservado del pasado (revista éste un carácter más o menos sacro o, simplemente, no lo revista y se asemeje a una suerte de costumbrismo folclórico) y también con ´t´ a los movimientos políticos y filosóficos que se autotitularon -o a los que definieron otros- con esta denominación (´tradicionalistas´) y entre los que, en España, se encuentran los carlistas o pensadores a los que se ha agrupado bajo este vocablo: como un Donoso Cortés, un Jaume Balmes, un Vázquez de Mella o un Víctor Pradera. Este tradicionalismo y estos tradicionalistas mostraron su radical oposición a los disolventes principios de la Rev. Francesa y a sus nefastas consecuencias pero en el plano de la Trascendencia no pudieron o supieron ver más allá de la forma religiosa hegemónica en España y esta forma religiosa no revestía más que de una componente exotérica, externa, dogmática y ejecutora de un ritualismo vacío. Sólo contemplaba la fe, la piedad y la devoción como medios de encarar la Realidad Suprasensible y Superior y, por todo esto, era -y es- ajena a lo que la Tradición (con mayúscula) concibe y prioriza para un tipo de hombre diferenciado capaz -por capacitación espiritual y por voluntad- de actualizar en su fuero interno la semilla de la Trascendencia Pura de que es depositario: esa religión hegemónica no concibe que este tipo de hombre diferenciado pueda -tras haber despertado la dicha semilla- Espiritualizar su alma (ententida como mente o psique) y arribar al Conocimiento del mundo sutil y hasta del Principio Supremo y Primero que se halla en el origen del mundo manifestado. El hombre que haya actualizado el Atman (Espíritu) que lleva en potencia será, para la Tradición, el Hombre Absoluto que deberá situarse en la cúspide de la pirámide social propia del Mundo Tradicional. En el plano de la Trascendencia, pues, el tradicionalismo (con minúscula) no conoce más allá que del plano psíquico-mental (la fe) para mirar hacia lo Alto y no concibe la posibilidad de la conversión del hombre en el Héroe eminente, que no es otro que aquél que ha conquistado la Inmortalidad (o, como algún autor prefiere, la Eternidad).

Sea como fuere, en el terreno de la organización social y política las propuestas de los tradicionalismos y de los tradicionalistas (en minúsculas) supusieron un vuelco al proceso de igualitarización y desvertebración social, de antijerarquización (jerarquía invertida basada en el criterio de las clases sociales) y de usurpación política que se fue gestando con el triunfo de las posiciones favorables a los ideales de la mentada Rev. Francesa …Y este vuelco es de elogiar, tal como, p. ej., uno de los principales intérpretes de la Tradición (con mayúscula) -Julius Evola- hizo con la figura de Donoso Cortés en más de una ocasión y en más de un artículo.

PREGUNTA:

¿Qué ejemplos podrías darnos de gobiernos, sociedades o civilizaciones Tradicionales? ¿Cuál sería el último sistema que ha existido? Explíquese.

RESPUESTA:

Para no retroceder en demasía hacia épocas prehistóricas o protohistóricas y ofrecer ejemplos más fáciles de visualizar para el lector podríamos hacer mención, como uno de los ejemplos, a Esparta, pues tal como preclaros y muy documentados autores como Santiago de Andrés nos han mostrado no era una mera casta guerrera desconsagrada y de, por ende, caracteres titánicos la que conformaba su tejido vital, sino que, por contra, se trataba de una casta guerrera sacralizada gracias a su paso por una larga agogué en la que desde temprana edad se buscaba el descondicionamiento con respecto a todo aquello que atenaza (el miedo), mediatiza y ata al hombre al submundo de la inconsciencia y subconsciencia, de las pasiones, de los sentimientos desaforados y de las emociones incontroladas. Este descondicionamiento limpiaba, de esas escorias, el alma (la mente o psique) y la ponía en disposición de bregar por llegar a la Gnosis de los planos sutiles de la realidad y de despertar, al mismo tiempo, las potencias que se hallan en la base de aquello que se ha venido en llamar la fisiología sutil …Y para aquél cuyo impulso Trascendente se lo permitiera cabía la posibilidad de la consumación de la Identidad Suprema -ontológica- con el Principio Primero Inmanifestado e Inmutable que se halla en el origen del mundo manifestado; o -echando mano del léxico aristotélico- con el Motor Inmóvil. Este arduo, riguroso y metódico proceso interior es lo que en muchos nucleamientos Tradicionales se conoció con el término de Iniciación …y Esparta, como vemos, la conoció; y cuando no pudo seguir ejercitándola -por culpa de las Guerras del Peloponeso- empezó su declive.

En la Antigua Roma pugnaron siempre una cosmovisión Tradicional y, por esto, inherente a la -por Evola denominada- Luz del Norte (de naturaleza Espiritual olímpica, solar, vertical, heroica y viril) y otra antitradicional adscrita a la Luz del Sur (de corte ctonio-telúrica, horizontal, lunar, ginecocrática e igualitarizante). Encontramos divinidades solares, áureas y boreales (como las propias ario-romanas del pueblo latino) frente a otras con claras connotaciones lunares, sensuales, exóticas, oscuras y telúricas de origen etrusco u oriental. En unas fases determinadas de la larga historia de la Antigua Roma se impone una cosmovisión y en otras lo hace la otra. En lo que aquí nos interesa, sin duda, la República aristocrática regida por el patriciado sería un buen ejemplo de sociedad Tradicional en sus ritos, en sus valores y en su organización política. Determinados emperadores (Iniciados en misterios diferentes) -como, por citar algún ejemplo, Octavio Augusto o Marco Aurelio- hacen, o intentar hacer, de su Imperio lo más parecido al modelo de la Tradición y lo más parecido al Imperium Tradicional.

Bajo el mito céltico-hiperbóreo del Grial y bajo la saga artúrica que lo revivió se va configurando desde el Alto Medievo una caballería ascético-guerrera que se erige en el principal nervio del Sacro Imperio Romano Germano …¡la Tradición reemerge! Se vuelve a configurar una sociedad tripartita -siguiendo las conclusiones de Georges Dumézil- o cuatripartita en la que en la cúspide de la pirámide se halla el Emperador Sacro (Iniciado y, como datan muchas crónicas de la época y posteriores, con sus consecuentes poderes taumatúrgicos) que, como tal, ejerce la función espiritual y la política y cuyo principal soporte lo constituye la élite sacro-guerrera de órdenes como la del Temple. En el segundo escalafón de la pirámide social se hallaría la casta meramente guerrera (la caballería mundana; aunque devota no Iniciada; al contrario de lo que sucedía en el interior del Temple). Y en el tercer escalafón social encontraríamos a los productores (si separásemos a éstos entre, por un lado, artesanos y campesinos y, por el otro, siervos de la gleba deberíamos no hablar de sociedad tripartita sino cuatripartita). Esta configuración, estructuración y jerarquización social es la propia del Mundo Tradicional.

PREGUNTA:

¿Considera que exista alguna Tradición viva que se haya transmitido válidamente en forma ininterrumpida?

RESPUESTA:

En buena parte puede considerarse que la prohibición-persecución de la orden de los caballeros templarios (a principios del s. XIV) constituye el más sangrante corte sufrido por el ´cordón dorado´ del Saber esotérico-metafísico que se había trasmitido -de manera más o menos evidente- desde illo tempore (desde la misma áurea Tradición Primordial que el mito sitúa en la hiperbórica Thule, el monte Meru de la tradición indoaria o el Aryanem Vaejo de la irania). A partir de la desaparición del Temple se puede rastrear ese cordón dorado de forma muy restringida en la originaria Orden Rosacruz (que definitivamente deja de manifestarse con la luctuosa Paz de Westfalia de 1.648 que pone fin a la Guerra de los Treinta Años) y entre personajes vinculados a la genuina tradición hermético-alquímica. Si ese cordón dorado, a pesar de todos los avatares sufridos y de todos los embates recibidos en épocas nada propicias, ha podido subsistir de forma muy encriptada y en círculos más que reducidos es materia que queda a la consideración de cada uno, ya que su testimonialización no resulta, precisamente, fácil; y en algún caso, puede resultar problemática…

PREGUNTA:

Desde el punto de vista de la Tradición ¿qué pasos habría que dar para poder reestructurar el sistema actual hacia un orbe Tradicional?

RESPUESTA:

Compartimos el parecer de Julius Evola al respecto de que hasta algunos años después de acabada la II Guerra Mundial todavía era posible albergar la posibilidad de revertir el estado de cosas por aquel entonces imperante, con un enfrentamiento frontal contra el Sistema. Su obra “Los hombres y las ruinas” (1.953) suministra, para aquellos militantes herederos del espíritu combatiente de la República Social Italiana, las bases para la constitución de un Estado Tradicional. Sin embargo, para cuando escribe “Cabalgar el tigre” (publicada en 1.961) Evola se ha dado cuenta de que un enfrentamiento directo contra el Sistema (por entonces considerablemente consolidado) traería consigo el aplastamiento -por parte de sus fuerzas represoras, de su sistema legislativo y de su aparato judicial- de cualquier tentativa. En este último libro mentado el maestro trasalpino hace hincapié en que un tipo de hombre diferenciado ha de empeñarse, principalmente, en recorrer la vía Vertical que le vaya liberando interiormente y, por otro lado, nos transmite el que la táctica a seguir contra el mundo moderno, sus instituciones y sus tentáculos culturales es aquélla que una tradición extremo-oriental definió como la de ´cabalgar el tigre´ y que consiste en promover las contradicciones, incoherencias y las enormes fallas del Sistema a fín de que se agudicen y éste entre en colapso. Para el ámbito interior de ese tipo de hombre diferenciado la dicha doctrina extremo-oriental (de la cual se deriva la táctica aludida) considerará la posibilidad de utilizar los venenos de los que está continuamente rodeado -cada vez más- el hombre para convertirlos en remedios. Esto es, no negará la posibilidad de, p. ej., hacer uso del sexo, del alcohol o de las drogas para despegarse del estado de conciencia ordinario y tener, así, más fácil acceso a los planos sutiles de la realidad. Por supuesto sólo un tipo de hombre diferenciado sabrá en cada momento de este camino Iniciático seguir los pasos apropiados para ir culminando sus diferentes etapas apropiadamente allí hasta donde pueda y su voluntad se lo permita (incluso para llegar a la superación ontológica del mismo mundo sutil y hacerse uno con el Principio Supremo) y, por otro lado, para no ser víctima de los venenos mencionados y no arruinar su misma existencia. Esta vía dionisíaca es una alternativa -eso sí, sumamente peligrosa- a la vía Iniciática apolínea que no necesita de soportes externos (como los citados venenos).

Quedó, pues, clara la idea de que, en el plano externo, habría que esperar a que el fomento y la activación de las contradicciones del Sistema fuera dando sus frutos en el sentido de debilitarlo sobremanera para, entonces sí, poder enfrentarlo directamente. Transitamos, según los textos Sapienciales de la Tradición, por la fase terminal del kali-yuga (la de mayor decadencia, según la tradición hinduista), Edad de Hierro (al decir de Hesíodo) o Edad del Lobo (de acuerdo a los Eddas nórdicos) y es buen momento para emplearse a fondo en esta tarea de minar desde dentro al Establisment dominante, es decir, para cabalgarlo hasta agotarlo; no, repetimos, de encararlo, pues actualmente todavía es lo suficientemente fuerte como para desgarrarnos inmisericordemente.

PREGUNTA:

¿Le parece que las corrientes Tradicionales podrán sobrevivir en el mundo moderno?

RESPUESTA:

Como hemos comentado en otra respuesta primero habría que plantearse el si alguna veta verdaderamente Tradicional ha subsistido encriptada hasta hoy en día, esto es, si aquel ´cordón dorado´ ha conseguido sobrevivir… Si la respuesta fuera afirmativa es cierto que su supervivencia no se hace fácil, ya que el encontrar un tipo de hombre diferenciado que, además de poseer esta condición, esté dispuesto a recoger la llama de la Sophia Perennis y a avivarla en su interior resulta asunto harto complicado teniendo en cuenta los muchos deletéreos influjos y los muchos cantos de sirena a que nos vemos sometidos, de continuo, por el sensualismo, el hedonismo, el utilitarismo y el materialismo inherentes al mundo moderno. Cierto es que si existen hombres dispuestos a superar estas adversas situaciones en pos de ser portadores del Saber Inmutable (siempre, repetimos, considerando que éste nunca se haya extinguido del todo) es ante tanta adversidad cuando más pueden elevarse interiormente en ese camino que les puede llevar a la total Liberación: al total descondicionamiento (aun con respecto a los planes más sutiles de la realidad) …y es que cuando más metido en el fango se halla uno mayor es el impulso que debe darse si quiere salir de él y más arriba, pues, puede llegar.

¿Significa que si llama de la Tradición se hubiese, en algún momento, extinguido del todo ya no habría posibilidad de revivarla? Pues la respuesta es ´no´, ya que, a diferencia de lo que autores como René Guénon sostenían, Evola -y con él compartimos opinión- apostaba por la posibilidad (aunque remota) de que un excepcional tipo de hombre diferenciado pudiese recorrer una vía autónoma de realización y Liberación, sin necesidad de ser un eslabón dentro de una cadena Iniciática que, como tal, sería heredera de ese Saber propio de la Tradición Primordial; sin necesidad, pues, de tener un maestro que lo Iniciase.

PREGUNTA:

En lo que respecta a la Vía de la Mano Izquierda y la Vía de la Mano Derecha que menciona Julius Evola ¿podría decirnos en que se basan ambos ‘Caminos’ iniciáticos y cuáles son sus diferencias sustanciales?

¿Cómo se aplicarían dichas ‘Vías’ en el presente ‘Mundo Moderno’?

RESPUESTA:

Ya hemos, en buena medida, respondido, a esta preguntas cuando hemos hablado de la doctrina de ´cabalgar el tigre´. La que hemos señalado como ´vía apolínea´ se corresponde con la ´vía de la mano derecha´ y la también comentada ´vía dionisíaca´ equivale a la ´vía de la mano izquierda´ que es a la que Evola se refería cuando estaba hablando de ´cabalgar el tigre´. Cabría remarcar el que la ´vía de la mano derecha´ al no necesitar de aquellas peligrosas ayudas (los venenos aludidos) como soportes para superar el estado ordinario de conciencia presupone una mayor cualificación interna del Iniciado, ya que éste es capaz de arribar a superar el común estado de conciencia valiéndose tan solo de sus propios medios: de técnicas (concentración, visualización,…) metódicas y rigurosas de descondicionamiento. Pero como resulta harto complicado el hallar este tipo de hombre apolíneo en esta fase terminal del kali-yuga es por lo que se ofrece la posibilidad de valerse de la (eso sí, reiteramos, muy peligrosa) ´vía de la mano izquierda´, en la que situaciones al límite como la del fragor del combate en un episodio bélico parece como si desligaran al combatiente de la pesadez de los condicionamientos de su compuesto psíquico-físico (llega un momento en el que el combatiente parece minimizar el riesgo de perder la vida y puede arremeter temerariamente contra el enemigo). Aprovechando la inercia de este estado existencial (o en su mismo frenético instante: el del fragor del combate) un combatiente-Iniciado lo tendría más fácil para -descondicionado así en la medida necesaria- penetrar en el conocimiento de estadios metafísicos de la realidad.

Lo liviano que se siente el cuerpo y el estado mental desinhibido propios del estado de embriaguez provocado por el alcohol o por el efecto de las drogas puede ser aprovechado por alguien “entrenado” en las técnicas Iniciáticas de la ´vía de la mano izquierda´ para acabar de sustraerse a sus condicionamientos psicofísicos e ir más allá de ellos en busca de la gnosis de los planos sutiles de la realidad y en pos de la activación de las correspondientes fuerzas sutiles (potencias) que anidan, aletargadas, en el interior de cada uno.

Esa especie de cortocircuito que se experimenta en el clímax representado por el orgasmo sexual también acarrea un momentáneo desapego con respecto a todo lo que, en nuestro discurrir ordinario, nos mediatiza. Ni que decir tiene que un Iniciado avezado sabrá aprovechar ese momento para dar el salto que le permita el penetrar en planos suprasensibles de la existencia. En sus obras “Lo yoga della potenza” (1.949; “El yoga tántrico” en la versión en castellano) y “Metafísica del sexo” (1.958) Julius Evola nos expone la utilización Iniciática que del sexo se ha hecho en diferentes tradiciones tanto en occidente como en oriente; sea en el seno del taoísmo, del tantrismo o de determinados rituales dionisíacos. Nos explica en estos libros cómo en el momento del orgasmo (haya eyaculación o se retraiga ésta hacia el interior) se puede despertar, en nuestro interior, una fuerza o energía –kundalini– que es la equivalente a la energía o fuerza cósmica llamada sakti (términos caros al tantrismo) y que como si se tratase de una serpiente puede ir ascendiendo por nuestra interior abriendo centros de energías (los chakras) -despertando potencias- que facilitarán, paulatinamente, el descondicionamiento del Iniciado con respecto a los diversos tipos de condicionantes que atan al hombre (físicos y psíquicos) …descondicionamiento que podría culminar (tras la apertura del séptimo chakra) en la total Liberación, en el Despertar al que apunta el buddhismo (en la Suprema Identidad -del Iniciado con el Principio Supremo).

Valgan, pues, los casos expuestos del fragor del combate, del alcohol (valga decir que el vino fue utilizado en este sentido en muchos rituales dionisíacos), de las drogas y del sexo como claros ejemplos de la ´vía de la mano izquierda´.

PREGUNTA:

¿Las tendencias espirituales de lo conocido como New Age están desviando el sentido original de la búsqueda espiritual ante el vacío que muchos sienten con respecto al sistema religioso impuesto en el mundo Occidental, o sea el Cristianismo?

¿Qué función cumplen estas tendencias espiritualistas? ¿Tienen que ver con nuestro verdadero origen?

RESPUESTA:

El conjunto que se agrupa dentro de eso que se ha venido a llamar New Age difícilmente puede ser denominado como ‘espiritualidad’ sino que más propiamente debería utilizarse el vocablo ‘pseudoespiritualidad’ y habría que enmarcarlo en lo que ya en su día fue señalado por Oswald Spengler como ‘la segunda religiosidad’ o, lo que es lo mismo, una religiosidad invertida. Tanto René Guénon (en sus obras “El error espiritista” o “El teosofismo, historia de una seudoreligión”) como Julius Evola (“Rostro y máscara del espiritualismo contemporáneo”) ya dieron la alerta acerca de esas mixtificadas, o sencillamente falsas, formas de Espiritualidad. Lo hicieron porque ellas no pasaban de un mero psiquismo que, por otro lado, poco tenía que ver con actitudes fideístas -plano también psíquico- hacia lo Trascendente (ya de por sí, éstas -las formas religiosas convencionales fideístas- amputadas de cualquier posibilidad de Gnosis de lo Superior), sino que escarbaban en el inconsciente y en el subconsciente para hacer de estos planos inferiores la fuente de sus creencias y prácticas y constituirse, en resumidas cuentas, en una suerte de corrientes contrainiciáticas y antitradicionales que, como tales, se “alumbraban” desde lo bajo en lugar de hacerlo desde lo Alto; además de incorporar lacras del mundo moderno como el progresismo -tal cual aconteció con el teosofismo- en su feliz y democrática visión del postmorten (todos se “reencarnan” y, además, en un ser superior al de la anterior existencia…).

Es en una adulteradora línea similar en la que se mueve todo ese conglomerado conocido como New Age y que o bien ha añadido elementos de un celtismo degenerado o -simplemente- distorsionado o inventado y enmarcado en una imagen light, bucólica, pastoril y destensada de la vida, o bien ha incorporado fanfarria y parafernalia huecas de religiones -además adulterándolas- como el hinduismo, o bien entiende el budismo como una especie de cómoda religión sin exigencias que tiene como finalidad ofrecer terapias de relax mental contra el stress e ideal para buenos vegetarianos…

Encontramos, por otro lado, como comprensible el que la ausencia de una verdadera forma de Espiritualidad en Occidente haya provocado el que mucha gente de frágil personalidad (o de personalidad rota), débil mentalmente y fácilmente manipulable se haya visto abocada a abrazar algún tipo de corriente New Age porque -en algunos casos- tenía confusas inquietudes hacia el hecho Trascendente y han encontrado en estos sucedáneos algo que darle a sus inquietas, alteradas o atormentadas mentes y, además, han hallado en el grupo al que se han adherido la fuerza de que carecen sus débiles caracteres.

En el proceso, acontecido a lo largo de las últimas centurias, de alejamiento del hombre con respecto a la Trascendencia se ha pasado por dos etapas: una de ´materialización´ o ´solidificación´ y otra que algunos han definido como ´demoníaca´. La primera (racionalismo, positivismo, materialismo dialéctico,…) crea como una especie de coraza exterior que cierra al hombre la posibilidad de cualquier apertura de hacia lo Alto, pero también la cierra hacia lo bajo. La segunda, en cambio, ve cómo el sólido cascarón materialista anterior que envuelve al hombre se va resquebrajando por todos los lados, pero ante la posibilidad para unos pocos de encontrar auténticas vía de realización Espiritual a través de las grietas que se le han abierto por arriba también se halla el peligro de que por las grietas de abajo penetre, en muchos, toda suerte de fuerzas ínferas y disolventes tal como empezó a acontecer en Occidente a partir de la segunda mitad del s. XIX (con el teosofismo, el antroposofismo, el espiritismo, el satanismo o personajes mixtificadores como Krisnamurti) y tal como ha seguido, posteriormente, aconteciendo a través de la New Age en sus múltiples manifestaciones.

PREGUNTA:

Occidente atraviesa una crisis espiritual sin precedentes. Forma parte de la actual concepción oficial de Europa, la ausencia del desarrollo de un manifiesto espiritual a lo largo de su historia, al margen del Catolicismo. En contrapartida se suele señalar hacia Oriente, reivindicando unos valores tan adulterados como caducos. ¿Podría señalar algún icono que represente una religiosidad verdaderamente fiel a la esencia europea, capaz de transmitir los valores tradicionales a lo largo de su historia?

RESPUESTA:

En efecto, al tratar acerca de las falsas banderas espirituales que se levantan hoy en día hemos aludido a ciertos ejemplos provenientes de Oriente, tales como esas versiones, más que desviadas, totalmente volteadas que se creen formar parte de la tradición hinduista o que se autoproclaman como budistas. Tampoco habría que olvidar nucleamientos con el sello de “tántricos” a los que les ha llamado la atención aquello de abrir chakras (sin ver más allá de esa cantinela de las ´energías positivas´…) o la asociación con el kamasutra (sin más visión ni miras que las hedonistas).

Resulta problemático presentar para Europa una forma de Espiritualidad que se adecúe a sus raíces más genuinas; a sus raíces entroncadas con la Tradición …a unas raíces que sólo concebían un tipo de Espiritualidad Solar, olímpica, heroica, viril y, en definitiva, alumbrada por la Luz del Norte. Bajo la externalidad del catolicismo Europa vivió momentos, períodos y sagas en las que se reencontró consigo misma. El catolicismo desempeñó un papel aparente, pues dichos destellos de vuelta a la Tradición tuvieron lugar a pesar suyo y en pugna con sus dogmas y cosmovisión …y no en balde el cristianismo oficial acabó persiguiendo y/o enfrentándose a esas vetas de Alta Espiritualidad: el ciclo artúrico ligado a la saga del Grial (de origen céltico-hiperbóreo y que acabó cristianizado) de pugna heroica y olímpica de conquista interior del Principio Eterno o el Sacro Imperio Romano Germánico -y sus gibelinos partidarios- que sufrió los embates pontificios y de sus seguidores güelfos adalides de una religiosidad pasiva, meramente devota y, por ende, lunar, o, igualmente, las órdenes ascético-guerreras de caballeros como los del Temple que sufrieron una brutal persecución y un trágico final a manos del Papado -Clemente V- y de la monarquía -laminadora de la idea de Imperium– francesa -Felipe el hermoso– o la orden Rosacruz que se manifestó siempre en el más puro anonimato para evitar males mayores.

Sin duda alguna la más inmediatamente anterior gran tradición que nos encontramos antes de la irrupción del cristianismo es la romana (en especial la propia y originalmente patricia). Quizás ésta puede servir de referente a la hora de concebir un tipo de Espiritualidad acorde con los rasgos más entrañables de la original idiosincracia del homo europaeus (quizás habría mejor que hablar de ´indoeuropeo´). Obviamente rescatar una tradición particular fenecida -como la romana- no es el camino, pero ante la evidencia de que el Hecho Trascendente se debe concebir desde el plano esotérico (para una minoría apta para recorrer el camino de la realización interior) y desde el exotérico (para la mayoría no apta para actualizar en sí el atman -el Principio Primero- que se lleva dentro), ante esa evidencia, repetimos, escribíamos en cierta ocasión -refiriéndonos, meramente, a la cara exotérica- que lo que sucede es que hay una forma de entender el exoterismo que está embebida por el espíritu de la luz del sur (moral del pecado, sumisión, pasividad) y otra forma de entenderlo que es propia de la Luz del Norte (ética del honor, actitud activa ante el Hecho Trascendente). Las religiones del Libro corresponden a la dicha luz del sur (el único oficiante de los ritos es el sacerdote; ritualismo quasi folclórico e inoperativo) y otro tipo de religiosidad (como, p. ej., la que fue propia del mundo grecorromano) corresponden a esa Luz del Norte de la que nos habló Evola. Así, cualquier pater de familia romano oficiaba ritos sacros (algunos en el altar de su casa) operativos (no ese ritualismo vacío propio del cristianismo -y no sólo de éste) que interactuaban con diferentes tipos de numens o fuerzas cósmicas (vía activa). Por todo esto la ´vía de la devoción´es válida -y es la apropiada- para determinados grupos raciales (como los semitas) pero no es la consustancial al palpitar más genuino del hombre indoeuropeo.”

Para aquel tipo de hombre diferenciado que esté dispuesto a recorrer la Vía Vertical de la transmutación interior también se le podría ofrecer la posibilidad de abstraerse de todas las formas religiosas que del buddhismo han ido surgiendo (hinayana, mahayana,…) y acudir a los textos originales escritos en pali y que reflejan genuinamente las enseñanzas del príncipe Gautama Siddharta (“el Buda”). Allí encontrará una vía activa (la vía del asceta-guerrero) de realización interior trazada por un descendiente de los indoeuropeos que invadieron la India (los indoarios) y establecieron la tradición védica. Un príncipe del clan más guerrero -los shamkyas- de entre los shatriyas -la casta guerrera- y que al decir de Evola conformó un camino de transformación interior -el buddhismo de los orígenes- que “tuvo un carácter estrictamente indoeuropeo” (pág. 200 de “El arco y la clava, de Ediciones Heracles).

PREGUNTA:

Para situarnos en una cosmovisión Tradicional es necesario reconocer de antemano la absoluta disparidad existente entre, por ejemplo, las concepciones espacio y tiempo, según la postura Tradicional o Moderna. ¿Podría aclarar a grandes rasgos, las diferencias fundamentales?

RESPUESTA:

Por lo que respecta al Mundo Tradicional y al mundo moderno el desencuentro entre dichas concepciones es total. El Tradicional siempre concibió el espacio (el microcosmos) como el lugar donde debía reflejarse el macrocosmos (lo Superior) y por esto debía sacralizárselo en la medida de lo posible. En primer lugar se hablaba de un Centro, un Polo, que debía erigirse en nexo de unión (en eje; axis mundi), entre lo de arriba y lo de abajo. Dicho Centro, pues, revestía unas consideraciones sagradas porque había sido la morada de la Tradición Primordial; de la Edad de Oro. En segundo lugar se establecían algo así como unas emanaciones de dicho Polo (que, por tanto, también revestían un carácter sacro) de tal modo que determinados enclaves también eran considerados como si se tratase de trampolines que facilitaran el acceso al plano Metafísico a aquellas personas aptas para ello que, además, se propusieran acometer tal propósito. En estos enclaves se establecieron lugares de culto sagrado, centros de ritos operativos y centros de Iniciación. Ante este entender el espacio el mundo moderno, por contra, lo ha desacralizado del todo y lo ha rebajado a la categoría de instrumento válido para la consecución de fines materiales …la consecución, sin límite, de bienes materiales para saciar el ansia consumista del desquiciado hombre moderno no conoce de cortapisas y el expolio, la explotación, el desahucio y la agresión al medio natural llegan a niveles suicidas para la misma existencia humana.

En cuanto al tiempo, para el Mundo Tradicional constituye el marco en el que se debería vehicular el eterno retorno. Así, a lo largo del año una serie de ritos y ceremonias siempre recrearon mitos fundacionales, hechos heroico-sagrados o el mismo poder del Sol (ritos solsticiales) como símbolo del Principio Supremo. El mismo eterno retorno se proyectaba en una dimensión temporal más vasta (que la anual): en la unidad temporal del manvântara o ciclo cósmico-humano que la tradición indoaria dividió en cuatro etapas o yugas (al igual que, con alguna puntualización -la de la edad de los héroes- hizo el griego Hesíodo), tras cuyo final volvía a empezar otro manvântara desde su primer yuga (Satya-yuga) hasta el último (Kali-yuga) o, lo que valdría, básicamente, a equivaler: desde la edad de Oro hesiodiana hasta la Edad de Hierro. Hablamos, pues, de una concepción cíclica del tiempo en la que el hombre-dios de la primera etapa acaba bestializado (materialismo descarnado e instintivismo primario) en la última; estamos, así, hablando de un involucionismo. Ante esta concepción el mundo moderno ha interpuesto otra de carácter evolucionista y progresista-lineal en la que visión es la contraria: los orígenes son animalescos (el hombre, según el evolucionismo, provendría del homínido y éste del simio…) y, por tanto, carentes de sacralidad y el final se presenta como paradisíaco, sea en forma del paraíso comunista sin superestructuras sociales ni políticas, sea en forma del que dibuja el liberal-capitalismo cristalizado en un mundo con existencia ilimitada de bienes de consumo y con la posibilidad de acceder a todos ellos, sea mediante la resurrección de los muertos y el perdón de los pecados que al final de los tiempos promete un cristianismo embebido de reminiscencias del judaísmo que no pueden pasar inadvertidas.

Las Civilizaciones Tradicionales son las Civilizaciones del Ser, de la estabilidad. Contrariamente a éstas, las civilizaciones modernas son las del devenir, de lo que fluye continuamente y resulta inestable, variable hasta el frenesí de cambios acelerados de nuestros tiempos últimos en los que las diferencias generacionales entre un padre y un hijo resultan casi insalvables (ambos se contemplan, recíprocamente, como extraños en sus costumbres, hábitos y querencias) y mucho mayores que las que pudiesen darse entre un hombre de mediados del siglo pasado y otro que hubiera vivido unos cuantos siglos antes… Y es que el Espíritu es inmutable pero la materia está sometida a toda suerte de cambios e influjos.

El Hombre Tradicional fijaba el tiempo y hacía de cada acción y de cada fracción temporal un momento de eternidad, pues intentaba sacralizar toda su cotidiana actividad. En cambio el hombre moderno huye del presente porque contemplarlo le enfrenta con su vacío existencial y esto no puede por menos que angustiarlo enormemente y por ello se agita ansioso evadiéndose de él y buscando algo en el futuro inmediato que, por otro lado, nunca podrá saciar lo único que le queda: su sed inagotable; la sed inagotable de un ser amputado de su dimensión Superior que, como tal, nunca podrá ser autosuficiente, nunca podrá erigirse en ´señor de sí mismo´, ya que jamás mira hacia su interior sino que vive a expensas de lo externo a él …y lo externo a él al serle ajeno lo ansía; situación que le aboca a existir en un estado de continua convulsión y enajenación.

PREGUNTA:

En base a la temporalidad cíclica tradicional, ¿en qué estadio nos encontramos actualmente? ¿De qué factores depende su superación?

¿Se podría hablar de un fatalismo cíclico donde no tiene cabida la voluntad del hombre en su desarrollo?

RESPUESTA:

Sin duda nos hallamos transitando por la fase más crepuscular del kali-yuga (que ya de por sí, es el cuarto y último yuga, el más decadente). A la vista de todos se muestra el estado de postración al que se ha llegado y que parece no tener fin, pero si aún alguien duda de por qué fase es por la que estamos pasando basta con echarle una ojeada a los signos y evidencias que al decir de los Purana serían propios de la fase crepuscular del kali-yuga para percibir con qué detalle se están manifestando hoy en día esos signos y evidencias. (Los Purana son unos textos sagrados del hinduismo con varios milenios de antigüedad y cuya tradición oral todavía hay que remontarla mucho más allá en el tiempo.)

Este entorno de decadencia generalizada se irá agudizando cada vez más hasta hacerse insostenible. Ahora bien, en las manos del hombre está la posibilidad de acelerar estos procesos disolventes para que el mundo moderno entre en barrena cuanto antes mejor. La fatal alternativa es la pasividad ante ellos y el que la agonía se alargue en demasía. Ya al hablar de la doctrina de ´cabalgar el tigre´ comentamos la idea de la posibilidad de contribuir a acelerar el fin de esta etapa oscura del kali-yuga por medio de poner en evidencia las contradicciones del Sistema y actuando desde dentro de él para activar al máximo dichas contradicciones, sus incoherencias y sus desajustes. Tal vez cuando el Establishment se halle seriamente dañado en sus mismos fundamentos sea posible encararlo y enfrentarse a él directamente. Al fin de la Edad de Hierro (del Kali-yuga) debe seguirle una nueva Edad de Oro, pero para que esto no se demore mucho debe haber auténticos Hombres que, en ese entorno hostil y nada propicio de nuestra decadente postmodernidad, hayan conseguido despertar, en su fuero interno, su dimensión Trascendente y puedan, gracias a ello,

señalar el camino para el advenimiento de la Edad Áurea y, una vez consumada ésta, la guíen y dirijan.

Por lo expuesto se ve el fundamental papel que el hombre desempeña en el acontecer de estos ciclos cósmicos …o que puede no desempeñar si se inhibe ante sus dinámicas generales; dinámicas no rígidas y, por tanto, en las que el hombre puede desempeñar el papel de actor principal. La Tradición no entiende de fatalismos de ningún género. (Nosotros desarrollamos esta certidumbre en el capítulo III -”Evola frente al fatalismo”- de nuestra obra “Reflexiones contra la modernidad”, de Ediciones Camzo.)

PREGUNTA:

Al margen de las oficiales doctrinas “cientifistas”, ¿qué función tiene el hombre como Ser superior en cuanto al Orden Natural, en tanto que es capaz de interpretar y ordenar el mundo desde una concepción que supera la meramente terrenal?

RESPUESTA:

Seguramente resultará ilustrativo al respecto lo que apuntábamos en otro capítulo (el XV: “El porqué de la parálisis de Julius Evola”) de nuestro mencionado libro, cuando escribíamos que “es en consonancia y en armonía con el mundo nouménico como deben de estar dinamizadas las fuerzas sutiles del ser humano, ya que si éstas no están armonizadas con sus análogas del resto del cosmos discurrirán a tal fuerte contracorriente que acabarán por desarmonizarse también entre ellas mismas (en nuestro interior). De aquí, pues, la importancia que en el Mundo de la Tradición se le dio siempre a la realización y correcta ejecución de los ritos sagrados. Ritos que tenían o bien la finalidad de hacer conocer a sus oficiantes cuál era la concreta dinámica cósmica de un momento dado con tal de no actuar aquí abajo contrariamente a dicha dinámica (en batallas, empresas arriesgadas, en la elección del momento de la concepción de la propia descendencia o del momento más idóneo para contraer matrimonio o para coronar a un rey,…) o con tal de poder adoptar las medidas apropiadas para actuar a sabiendas que se hará a contracorriente de ese mundo Superior. O bien estos ritos se efectuaban con la intención de que fuesen operativos, esto es, de que tuviesen el poder de actuar sobre ese mundo Superior para (en la medida en que fuera posible) modificar su dinámica y hacerla favorable -o menos antagónica- a las actuaciones que se quisieran llevar a cabo aquí abajo.

Vemos, pues, que ningún plano de la realidad se halla desgajado de los demás. Todos se hallan relacionados. Todos están interconectados. A unos los encontramos en la base del funcionamiento de los otros. Unos son el reflejo, en el microcosmos, de lo que sucede en el macrocosmos y si pretendemos que no sea así, si pretendemos que lo de abajo no refleje a lo de arriba, si accionamos para que la Tierra no sea un espejo del Cielo, provocaremos la entrada de lo de aquí abajo en el caos y en la vorágine de la disolución.”

Con esta cita queda diáfana la idea de que el Hombre de la Tradición podía interactuar con los planos Suprasensibles de la realidad. Un viejo dicho afirma que “los hombres necesitan de los dioses al igual que los dioses necesitan de los hombres”, pues los ritos sacros que el Hombre Tradicional ejecutaba podían pretender, en algunos casos, hacer operar las fuerzas sutiles en beneficio suyo pero, a su vez, éstas (de las que los dioses no eran más que su caracterización) también necesitaban de dichos ritos para activarse o para acrecentar sus dinámicas. El mundo Superior, pues, también necesitaba del Hombre …del Hombre como sujeto activo que era y como protagonista del acontecer cósmico. Así, pues, el Hombre se situaba en el mismo plano (el sutil) en el que debemos de buscar la causas profundas de los fenómenos naturales -de los fenómenos físicos- y tenía la potestad, por todo ello, de dominar sus dinámicas o influir en ellas.

Un tal Hombre vive armonizado con el cosmos, no desgajado de él y, de acuerdo a esta cosmovisión holística, no atentará nunca contra él porque es parte sustancial del mismo (aun en sus componentes más sutiles; fuerzas sutiles que, por otro lado, también constituyen parte esencial del mismo hombre). Por otro lado, el expoliar la naturaleza, de acuerdo a un afán materialista, se halla reñido con la sagrada manera de entender la existencia que es propia de la Tradición.

PREGUNTA:

¿Cree que Occidente hubiera alcanzado su actual estado de disolución sin la intervención de elementos étnicos foráneos en sus esferas dirigentes?

RESPUESTA:

Elementos étnicos foráneos al indoeuropeo (y, además, especialmente inclinados a los tejemanejes de lo especulativo-financiero) sólo han podido encaramarse a las esferas dirigentes de Occidente aprovechando la misma decadencia general de éste y por la decadencia en particular de sus cúpulas dirigentes autóctonas. En el seno de un Occidente Tradicional resultaría impensable que elementos alógenos (enarboladores de un tipo de existencia materialista) pudieran ya no sólo regir sus destinos sino ni tan solo asentarse en sus comunidades, ni aun como su lumpen social. Sólo gracias a los procesos disolventes por los que el llamado Occidente empezó autónomamente a transitar (sin influencias externas) pudieron insertarse en él elementos ajenos que, eso sí, contribuyeron con una especial eficacia a la aceleración de su caída …haciendo de ésta una caída en picado o, sobre todo en nuestros días, una caída libre.

El ejemplo de la Antigua Roma resulta paradigmático a la hora de entender mejor lo expuesto. Pueblos pelásgicos (como los etruscos) con un tipo de cosmovisión lunar fueron dominados por el pueblo latino o ario-romano caracterizado por un tipo de Espiritualidad Solar (la propia de la Tradición). La preponderancia de lo Solar brindó las páginas más excelsas y nobles de Roma, pero el signo desfavorable de los tiempos (no en vano se transcurría ya por la Edad de Hierro) fue favoreciendo el que, poco a poco, ese sustrato pelásgico-telúrico (en un principio dominado, sofocado y que se había plegado- aunque fuese a contracorriente de su palpitar característico- a la Superior cosmovisión ario-romana) fuera emergiendo y acabara dejando un sello indeleble y decisivo que hay que hallar en los albores de la que, a la postre, será decadencia de Roma. Esta Roma ya aquejada de los nefastos influjos ctonio-ginecocráticos que habían brotado de su mismo subsuelo abrirá, paulatinamente, las puertas a todo tipo de creencias, divinidades, costumbres y cultos exóticos llegados (aunque no sólo) de tierras como las del Próximo Oriente. Todo esta deletérea entrada de elementos alógenos e inspirados por la luz del sur (de la sensualidad, del culto igualitarizante y materialista a la diosa madre o mater tierra) que sufrió Roma no hubiesen acontecido de no estar ya tocada, de antemano, por sí sola, por la irrupción, desde abajo, de ese sustrato pelásgico-etrusco (y de otros pueblos de la Península Itálica -como, p. ej., los oscos- conquistados por los latinos). El judeocristianismo pacifista, pusilánime y antijerárquico que va extendiéndose en el tejido social del Imperio Romano no hubiera tenido ninguna posibilidad de triunfar (ni tan solo de inserirse en forma grupuscular) en el seno de la Roma regida, en buena parte de período de la República, por el patriciado sacro-viril.

De lo que tampoco cabe duda, es de que una vez que el Occidente entra en decadencia por “méritos propios” ciertas disolventes irrupciones foráneas han ejercido un papel de funesto reactivo de estos ya existentes procesos disolutos …tal como sucedió en la Antigua Roma.

PREGUNTA:

Actualmente se establece una organización jerárquica de la sociedad, determinada exclusivamente por la capacidad adquisitiva del individuo. En contrapartida, ¿podría argumentar en base a qué valores se fundamenta el concepto aristocrático tradicional?

RESPUESTA:

En una comunidad orgánica y Tradicional hallamos en la cúspide social a la casta sacro-político-guerrera. Son los aristos, los mejores, los que conforman su dirigencia. Son los que aúnan la función sacra (han despertado lo metafísico en su interior) y la función política. Por debajo de éstos hallamos la segunda casta: la meramente guerrera. Y en la base de la piramide la de los productores (campesinos, artesanos,…).

No es, por tanto, la mayor acumulación de riqueza material la que puede llevar al poder, pues esa dirigencia Tradicional debe estar encarnada en la persona de un rey o de un emperador Iniciados en los misterios de lo Suprasensible y, así, las apetencias materiales no entran, precisamente, en sus prioridades vitales, sino que, por contra, es la forja del Espíritu lo que guía su existencia. Es la austeridad uno de los valores que la caracteriza y no el disfrute y el gozo material, ni la vida muelle ni el hedonismo. Es un Marco Aurelio, emperador de Roma, durmiendo directamente sobre el suelo en las tiendas de campaña de las legiones que estaban enfrascadas en las guerras contra los germanos o podría ser la figura de un Buda desprendido y liberado de toda cadena material e instintiva los que podríamos imaginarnos dirigiendo una comunidad Tradicional. Son unas órdenes ascético-guerreras como las del medievo, con sus votos de pobreza y huyendo de comodidades y lujos, las que también constituyen un buen arquetipo de lo que puede ser la primer casta que, alrededor del rey o del emperador sacros, “abastecería” a la aristocracia en un ordenamiento Tradicional.

Si la segunda y la tercera castas no tienen acceso directo al Conocimiento de los planos metafísicos de la realidad (pues sus aptitudes y sus funciones son otras) sí les cabe el vislumbrar una aproximación sobre la “naturaleza” de lo Sacro y les cabe, dicha aproximación, por participación en el proyecto comunitario que es guiado y dirigido por la aristocracia de la primera casta: aquélla que sí ha arribado a la Gnosis de lo Superior y que, al mismo tiempo, se ha transmutado (en cada uno de sus miembros) interiormente (en distinto grado según el recorrido Iniciático realizado por cada cual).

Cuando, por el contrario y tal como sucede actualmente, los que dirigen y/o controlan la sociedad son, por inversión, los miembros de la tercera y última casta es la economía la que dicta los pasos de la dicha comunidad y si la economía ya no está supeditada a la guía de los que Conocen del Espíritu será la simple materialidad la mentalidad que la maneje. La economía vuelta en fin en sí misma se mueve en un terreno meramente horizontal y por esto cuantitativo …así, la mayor acumulación de bienes materiales o de sucedáneos de éstos (el capital financiero y especulador) será la que dicte quién marcará los destinos (tristes destinos) de este tipo de sociedades atomizadas, inorgánicas, individualistas y desvertebradas. El materialismo desatado hará comprensible la comisión de cualquier tipo de corruptelas (y además generalizadas), pues el ansia del que desea y tiene sed de algo externo a él (pues en su interior no actúa nada; nada anagógico: que eleve) no tiene límites y no respeta ni los más nimios dictados de la ética.

En un orden Tradicional la economía (que es productiva y no especulativa) está supeditada a la política …a la Alta Política que tiene como principal objetivo sacralizar la vida comunitaria hasta en sus detalles y quehaceres más cotidianos. Contrariamente a esto, en las etapas más avanzadas del kali-yuga (el culmen del mundo moderno) todas las funciones (política, militar,…) están al servicio de la economía …y así se ha podido hablar del ´demon de la economía´.

PREGUNTA:

¿Qué podría aclarar respecto a la rivalidad entre clases presente en la sociedad, frente al sistema de castas tradicional?

RESPUESTA:

Cuando los criterios existenciales son de carácter material-economicista se rompen los vínculos solidarios (característicos de un ordenamiento orgánico-comunitario) e irrumpen el individualismo y el egoísmo. El individuo-masa atomizado es aquél que ha perdido sus vínculos comunitarios y se ha convertido en una pieza más -informe- dentro de un engranaje de producción y consumo que lo tiene considerado como mero medio de producción, al mismo -o inferior- nivel que

a otros medios de producción como pueden serlo las máquinas.

El individualismo sólo conoce del propio provecho y antepone los intereses del conjunto a los particulares de una manera egoísta que provoca fricciones y enfrentamientos continuos cuando los habituales intereses desmedidos (sin límites sensatos que se conformen con el desenvolvimiento de una existencia, en lo material, digna) de unos y otros se cruzan.

Esa ausencia de límites sensatos, éticos (y/o, en su defecto, normativizados, regulados) facilita el afloramiento de fuertes diferencias económicas que acaban por configurar las distintas clases sociales en que se divide la sociedad del mundo moderno. Ya no son funciones diferentes (la regio-dirigente y sacral, la guerrera y la productiva), como en el Mundo de la Tradición, las que conforman una comunidad sino que es tan solo una vara de medir la que, en el mundo moderno, divide una sociedad en clases: la vara de medir de la economía.

Las clases medias y las clases bajas no perciben ninguna legitimidad en la clase alta dominante, pues ésta no se reviste de ninguna aureola Superior, sino que entiende del mismo plano que ellas: el económico-material. La naturaleza interior de los dirigentes políticos y económicos (los primeros son meros gestores de estos últimos) no dista en nada de la naturaleza interior de los dirigidos y, por ello, no se pueden tejer unos lazos de jerarquía natural que, como tal, era, sí, en cambio, aceptada, en el Mundo tradicional, por la segunda y la tercera castas. Así se entiende que bajo un criterio exclusivamente económico las clases sociales menos favorecidas se puedan sentir -con razón, en la mayor parte de los casos- explotadas por las clases altas y que como reacción de venganza ante ello (y por la imposibilidad o enorme dificultad de poder equipararse con su alto status socio-económico) hayan sido, en ocasiones, fácilmente atrapadas por las redes tejidas, p. ej., por el marxismo y abocadas a la lucha de clases (al odio interclasista).

Hoy en día el individualismo extremo y descarnado propio de nuestro mundo globalizado (plasmación de la fase más oscura de la Edad de Hierro) ha ido encerrando en el baúl de los recuerdos las luchas colectivas de clase que bregaban por implantar utopías contra natura como la del comunismo y pocos se arriesgan a pelear y a perder lo poco material que el Establishment les ha dejado …¡cada cual se preocupa sólo de su depauperado bolsillo! El ´hombre fugaz´ del que Evola nos habló -sin haberlo visto en vida pero habiéndolo previsto- es nuestro actual congénere. Es el hombre (u hombrecillo) al que no le interesa el futuro y no está dispuesto a sacrificarse por él (por un futuro mejor; por el paraíso comunista o por un futuro de opulencia prometido por el progresismo liberal-capitalista), sino al que tan solo le interesa el ´aquí y ahora´, el intentar obtener sin demora lo que compulsivamente ansía: ¡lo quiere ya! Lo quiere ahora cual si de un niño caprichoso se tratara. Si consigue algo (o todo) rápidamente se volverá a sentir insatisfecho y ansiará más, casi de forma epiléptica …toda su vida será la de un desasosiego y cambio (de aquí lo de ´fugaz´) continuos.

En esta época, a la que Evola definió como la de la preponderancia del Quinto Estado (la del paria, que es aquél que, en ciertas tradiciones, ha deshonrado a su casta y ha sido expulsado de ella, convirtiéndose en un descastado, sin raíces, referentes ni tradición), las clases bajas se han desentendido, como decíamos párrafos atrás, de aquella idea -que a muchos de sus integrantes les había motivado- de suprimir a las clases medias y altas en pos de la implantación de la ´dictadura del proletariado´ y, ahora, sus componentes ya sólo sueñan con llegar algún día a formar parte de esas clases altas pudientes para, así, tener un más fácil acceso a todos los bienes de consumo, a los mayores niveles de lujo posibles y a un estado supremo de hedonista y laxo confort.

En el sistema de castas Tradicional las castas situadas, en la pirámide social, por debajo de la sacro-dirigente contemplaban a ésta como su guía, como la que les hacía partícipes del mundo Trascendente, como la que ejercía de puente entre ellas y el Mundo Sacro. También la contemplaban como la que rechazaba el lujo y la materia en pos del Espíritu. O la que -por parte de sus miembros- estaba dispuesta hasta a sacrificar su misma vida por la supervivencia de toda la comunidad; tal como, a modo ilustrativo, sucedió en la batalla de Cannas entre romanos y cartagineses, en la que hasta 80 senadores (de los, aproximadamente, 300 que, por entonces, tenía Roma) dejaron su vida por defender Roma. (La mayoría de los principales ritos sacros -consagrados a los principales númenes- en la Roma patricia los oficiaban los senadores, que, por ello, constituían la mayor parte de la casta sacro-dirigente.)

En el Mundo Tradicional cada casta cumplía su diferente y necesaria función y así se entendía desde la óptica de cada una de ellas, por lo que la cohesión y la armonía sociales era totales y eran las que son de esperar en cualquier comunidad organizada de manera orgánica.

PREGUNTA:

Vivimos en la ‘Europa de los Mercaderes’, ¿cuál y cómo sería la ‘Europa de la Tradición’?

RESPUESTA:

La Europa Tradicional sería la Europa de la estabilidad en hábitos, usos y costumbres y no la Europa del cambio continuo y desnortado. Sería la Europa en la que sus moradores vivirían con sosiego conocedores del papel que en la comunidad les corresponde. Las modas -la variabilidad superflua- no tendrían sentido ni cabida. El hogar no sería un lugar estacionario de paso a cambiar según antojo y capricho -y pasto de la especulación- sino que se convertiría en poco menos que el templo inviolable de la familia. No se viviría atribulado buscando no se sabe qué, tal cual sucede con los ciudadanos atomizados y sin rumbo de la ´Europa de la postmodernidad´ (ésta del Quinto Estado). En la Europa Tradicional se ritualizaría cada momento, cada acción, cada quehacer. Se sacralizaría cada accionar y, por ello, se buscaría la perfección en él con el fin de que ésta abra las puertas del mundo Suprasensible y Sagrado, que al no ser caduco no conoce de la imperfección. Ritualizar la cotidianidad no admite prisas ni ansias sino la vivencia intensa del momento para que así éste no quede desgajado -por culpa del frenesí de lo caduco- de la totalidad del cosmos y para que así se tome conciencia de que la acción que se está ejecutando no es ajena a las dinámicas nouménicas (sutiles).

En la Europa Tradicional se hará siempre lo que debe ser hecho, lo que está de acuerdo con la ley del cosmos, que no es otra que la ley que hace posible su armonía. Cada cual cumplirá con su cometido, con su función y con su deber. No se actuará, tal como sucede en la Europa de la postmodernidad, motivado por la búsqueda del interés material, por la búsqueda del provecho económico, por la búsqueda de la satisfacción de intereses egoístas o movido por caprichos, por arrebatos, por pasiones o sentimientos desatados o por motivos pragmáticos y utilitarios.

En la Europa Tradicional la función económica dejará de ser su rectora y ocupará el lugar que le corresponde. La minoría de los que son capaces de gobernarse a sí mismos regirá sus destinos y se afanará para que toda Europa bregue para que el microcosmos en el que se asienta (lo de aquí abajo) sea un reflejo del macrocosmos (de lo Alto) y forje irreductibles vínculos con lo Sacro. La Europa Tradicional no vivirá de espaldas a los planos Superiores de la Realidad …no sufrirá la amputación de lo Trascendente que padece nuestra actual parodia de Europa.

Las tres castas de la Europa Tradicional, hasta la productiva (la tercera), se revestirán -e impregnarán- con los valores propios de la milicia: servicio de entrega y sacrificio, abnegación, valor, honor, fidelidad, disciplina,… La mezquindad, la ruindad, el engaño, la cobardía, la deslealtad no tendrán cabida en las almas de nadie.

En la Europa Tradicional volverían a existir gremios, corporaciones, collegia y hermandades, pues sería una Europa vertebrada y orgánica y no una Europa, como la moderna, en la que los vínculos comunitarios de sus habitantes no existen -fueron suprimidos- porque así se fabrica (y se fabricó) al individuo-átomo sin referentes, que es fácilmente manipulable y manejable (clave, ésta, del triunfo del capitalismo-liberal-partitocrático y del mundialismo propio de la globalización).

La Europa Tradicional no sería un ente artificial homogeneizado con residuos, pues, de la ideología nefasta que fue triunfando a raíz de la Revolución Francesa …residuos, pues, como el de ´nación´, sino que englobaría a realidades culturales e históricas diversas bajo la idea Tradicional -y aglutinadora- de Imperium; aglutinadora gracias al Superior carisma que lo reviste. Imperium en cuya cúspide se hallaría el Emperador o Imperium sin Emperador, regido por una élite perteneciente a la primera casta: la sacro-dirigente (no confundir con la güelfa-sacerdotal-lunar que no tiene cabida en una comunidad Tradicional).

Y en palabras de Julius Evola refrendamos lo expresado en este último párrafo:

Un ´Reich Europeo´, no una ´Nación Europea´, sería la única forma aceptable desde un punto de vista Tradicional para la realización de una unificación auténtica y orgánica de Europa”.



Exaltación y centralización de lo inferior en el mundo moderno: Humanitarismo, filantropía, animalismo y ecología.

Una de las caras del pensamiento contemporáneo, aquel que ha descendido y desvalorado además de rebajado los arquetipos Divinos propios de la perfección, los cuales fundamentarían y asentarían los principios de un supuesto sacrificio por remontar los escalones descendidos en contra la Idea de lo Sagrado, es, esta cara de la que hablamos; el humanismo antropocéntrico.

Dicha aspiración es cohibida por una ideología centrípeta a lazos materiales o en el mejor de los casos, existenciales pero siempre humanos y de naturaleza netamente psico-física. No únicamente ese refreno a estadios superiores causada por una physis acotada a lo personal es consecuencia de la negatividad de mirada, sino principalmente la descentralización de un principio rector metafísico del Universo. Esto supone o bien la pasividad pura del sujeto o bien la pretensión no arribada a categorías del Intelecto más allá de la razón para la compresión completa así como la vivencia de esta comprensión pura.

El humanismo junto al pensamiento antropocéntrico, ambos entendidos como comprensión y percepción epistemológica de la naturaleza y Cosmos a través únicamente de la magnitud y medición de lo humano y del humano son un giro, total y universal, a la supremacía de la persona de exclusivos atributos presentes en su nivel de existencia, la cual rige y decreta todo lo demás. Es por ello que antes del entendimiento del humanismo como un resurgir de unos estudios clásicos, se entendía por este la antítesis de la escolástica y por ende lo contrario a la visión jerárquica y vertical del Universo de actos, potencias y del primer motor inmóvil Aristotélico haciendo cúspide. El humanismo antropocéntrico es pues una primera toma de contacto con la futura cosmología horizontal y terrenal, la cual hace girar un Todo siendo refinado por lo humano.

Este virado y desviado ángulo será una de los signos que marcarán la nueva concepción de la actual situación, no sólo filosófica sino espiritual, de Occidente.

El origen de esta idea surge como fenómeno previo a la llegada de la Ilustración y del enciclopedismo, ambas concepciones con nexos comunes a este humanismo antropocéntrico, que casó con sucesos filosóficos e históricos como el racionalismo Cartesiano[1] o la Reforma Luterana, junto a la Contrarreforma de la Iglesia Católica con su correspondiente concilio de Trento. Si antes se filtraba la experiencia vivencial con la tabula rasa de lo humano, ahora se hace una exaltación de este, junto a su razón, ignorando la espiritualidad fuera del teísmo de la época. Es así como se forja la revolución Francesa y la ya caída en picado de Europa, la cual hizo posible la propagación en líneas políticas de la moderna democracia Parlamentaria traída de Inglaterra, así como la mala fragua del socialismo materialista Ruso y su hermano el capitalismo, el cual reina imperante hasta nuestros días de forma destructiva.

El descenso propio de la edad actual, desde las alturas Apolíneas a fondos del deleite
hueco ya ni racionalista, de cielos de Dioses y Héroes a suelos de hormigón, no es estático, pues bien sigue como bacilo patológico propagándose con distintas máscaras y en dirección a lo más bajo.

Estas podrían ejemplificarse con la filantropía caritativa o el humanitarismo desmedido entre otros. Alguno se echará las manos a la cabeza al escuchar críticas a estos dos enfoques o conceptos, pero si bien ambos pueden tener puntos positivos, también ambos radican y se originan en la descentralización, distorsión y viraje de la idea Tradicional, pues esta filantropía o humanitarismo desplaza un Principio metafísico más allá de humano a lo humano,  acaba con la idea de emanación y multiplicidad a partir de este Principio y desorienta haciendo defensa de una cosmología centrípeta y exaltante de sí mismo, el humano, haciendo caída en estadios o estaciones inferiores dentro de una jerarquía cósmica. Junto a ello la búsqueda de la sensación y emoción o de ayuda meramente material o económica y sus frutos –Sakama Karma.- y su a veces altruismo ególatra contrasta con aquel desinterés del yo personal en la acción y por lo tanto en la ayuda que se cree que se hace, lección que Meister Eckhart pincelaba en uno de sus sermones sobre el “desasimiento”[2], pues en la acción el movimiento llevado a cabo por la compasión del yo y no por el desapego transparente es un acto egoísta[3]. El problema de la búsqueda de los frutos de la mentalidad contemporánea, sean intereses como comentamos emocionales como físicos –económicos, políticos…- se contrapone a la visión del Nishkana Karma o “acción sin deseo”, la cual queda ilustrada cuando Krishna en su conversación con el guerrero Arjuna dice; “Sólo tienes derecho al acto, y no a sus frutos. Nunca consideres que eres la causa de los frutos de tu acción ni caigas en la inacción[4], subyugando así la acción al deber Trascendental y de ninguna manera a sus frutos, concepción propia del verdadero Kshatriya.

Así mismo, el centrar y describir al humano como eje polar es errada en principio. Existe por ello un humanitarismo desmedido que no actúa equitativamente como la ideología moderna clama, buscando la igualdad o la “igualación cripto-forzada”. No defendemos ni al humanitarismo universal ni a esa visión moderna, pues este humanitarismo debe ser como todo, de arriba hacia abajo, del centro hacia afuera y entendido desde ópticas no pragmáticas, las cuales tienen como germen el expansionismo cultural –o a-cultural según se vea.- y lo cual se traduce en mecanización y globalización tecnológica y subyugación de cualquier rincón del planeta. En definitiva, la destrucción de la diversidad defendida por esa misma ideología del pensamiento único y moderno. Por lo que respecta a esta idea de igualación, esta nos parece contradictoria metafísicamente con el principio jerárquico de la naturaleza y Cosmos, así como de igualdad en condición humana, la cual al no concebirse desde la realidad de acto tiende a forzar de cualquier manera esta igualación, generando así un hombre masa. He aquí la espiral de caída y contradicción en lo que intentamos exponer.

Junto a lo anterior, es necesidad el comentar en especial la perspectiva con la cual la filantropía como movimiento es realizada. Desde conductas aburguesadas el filántropo actúa caritativamente a través de eventos sociales o campañas, en los cuales de nuevo de manera material o económica se dispone a ayudar sin inmiscuirse, tanto en el proceso como en la ayuda como tal, la cual ni siquiera se concibe que pudiera ser propia y humana, contradiciendo así al significado literal de la etiqueta que porta como philos anthropos. No es lugar para discutir el bien causal de la filantropía, pues lo que nos atañe es el principio que acciona dicho movimiento así como la mentalidad con la que se lleva a cabo. Esta última, la cual se desarrolla entre una pasividad y vista lejana del caritativo que descansa y se funda en la apatía moderna. Pretende de esta forma atacar al problema normalmente económico a través de la economía y contemplando diferencias entre naciones basándose en el llamado “Estado de bienestar”, diferencias que son únicamente de tipo capital, tecnológico y material –Por supuesto jamás artísticas, culturales y mucho menos espirituales.-. Así el filántropo intenta amollentar el problema con lo que el problema ha sido creado; El materialismo. Así pues, parafraseando a Evola en “Cabalgar al Tigre” diremos que la acción que no parta “del núcleo profundo del ser, supraindividual…, que toma la forma de un ser en tanto que es acto” deberá ser considerada errónea tanto en causa como en origen.

Si bien aquí vemos dos conceptos modernos, digamos, exaltadores del hombre, existen bien otros aún más disonantes como puede ser el animalismo o el anti-especismo. Recordemos que lo que intentamos exponer es la descentralización de un Origen metafísico a estadios inferiores como en los casos anteriores era el hombre o sus acepciones y en casos excepcionales, lo animal en su sentido más basto, y de ahí la crítica a estas vertientes de pensamiento moralista ligadas a la caída de la cual hablamos. El animalismo como movimiento tiene diferentes dimensiones y niveles, pues si bien suele estar unido a dietas vegetarianas o veganas la moralidad causante de estas varía en un espectro entre el supuesto respeto al derecho a la vida animal, la oposición a granjas intensivas monstruosas abortos del capitalismo o una exaltación extrema de la criatura hasta niveles superiores al humano en derecho, fundamentando, el animalista, la inferioridad en defensa o raciocinio de dicha criatura. Todo esto junto a una supuesta militancia que no es otra cosa que un colectivismo que gira entorno a esta idea que comentamos, la cual es regada con tintes sentimentalistas y emocionales.

Reafirmamos el amor a los animales así como la contrariedad a la masificación, maquinación y desnaturalización de las granjas y mataderos. Por otra parte centrar este escrito en los prejuicios de este movimiento o vertiente que pensamos tiene como origen debilitamientos y monomanías precedentes; tras las diversas caídas desde visiones de dominios metafísicos, el darwinismo o teoría evolucionista junto al cientifismo, se perpetraron haciendo a la ciencia técnica el dogma universal y eterno.  Ambas visiones de forma sinérgica intentaron dilucidar al humano biológico y psicológico desde parámetros animales pensando que este, el animal, era un ser vivo básico por el cual se explicarían los instintos que supuestamente mueven al hombre. Una vez más el terror a enfrentarse con lo Absoluto hizo que el hombre moderno cayese en lo pequeño, simple y materialista. Esto presupuso que el humano y el animal están en un mismo nivel de existencia, lo cual es falso, falsedad que a su vez se sobrepone a la idea de que la única diferencia entre estos es el mero raciocinio y la cual trataremos más adelante. A esto se suma la fuerza tóxica que este pensamiento genera secularizando cualquier acción humana que sea realizada como sacralización inmanente, ya sea el rito, el sexo[5], la organización social o política e incluso la espiritualidad, exponiendo que se trata de estímulos mecánicos y subconscientes que preceden la razón del movimiento del humano, o la religiosidad, limitándola a una explicación mítica del subconsciente ligado con sucesos incapaces de aclararse en el momento.

Nos situamos así en una perspectiva plana y llana donde los principios vitales humanos corresponden a los animales y la diferencia es más cuantitativa –cantidad de capacidad- que cualitativa –capacidad en sí-. A partir de esta hipérbole de pensamiento asimila dos planteamientos contemporáneos; La igualdad y el sentimentalismo frenético.

La impresión y pretensión de la igualdad es etiqueta del pensamiento moderno, donde esta equidad evangélica de raza, género e individuo pasa a lo animal afirmando su derecho a la vida a pesar de la poca consistencia de fundamentos que sostengan una legitimidad más allá de la moral y la lástima. La falta de comprensión o tal vez la negación propia a esta, hace que no se aprecie el hecho de que la igualdad no es ni un fin ni una herramienta así como que la desigualdad existe en origen y es causa primitiva. En cuanto al derecho, si anteriormente entre los siglos XVII Y XVIII se concebía como herramienta con la finalidad “idílica” del “progreso positivista”, tal y como Hobbes o Locke propusieron, en la actualidad  es la moralidad como tal, la cual de carácter temporal y relativo, genera el derecho. Esto denota que esa idea de “progreso positivista”,  junto a la moralidad moderna, son los conceptos que establecen al propio derecho y su supuesta justicia. Esta inversa ecuación genera que no solo el derecho, la ley y su vía activa, la legislación, sean engendradas por principios morales y humanos  –estos en el más bajo sentido de la palabra.-, sino que incluso la idea de estado y por ende la política sea confeccionada desde estos principios de los que hablamos, los cuales son subjetivos a caracteres y personalidades tanto individuales como colectivos en un sentido restringido y no orgánico o Absoluto. El Estado como mero mecanismo que sirve para una determinada finalidad y no como forma de alto simbolismo como apostilla Spengler.

El derecho como tal no es concebido o más bien contemplado por la Tradición, pues se trata en cualquier de los casos de una “igualación” horizontal y forzosa de dos o más sujetos en cuanto a propiedades cuantitativas así como,  y aún más nocivo, cualitativas. La idea de derecho supone no atender o apreciar esas cualidades, sean del tipo que sean, las cuales consideramos de carácter superior a las puramente numéricas. Lo anterior equivale irremediablemente la negación de cualquier propiedad o atributo para llegar a una supuesta objetividad y neutralidad entre sujetos, ya que esta es la única manera de legitimar la sentencia o dictamen. Esta intentona de una regla Universal de juicio y derecho –contraria totalmente al Suum Cuique.- afecta al concepto de “Derecho Animal”, pues se intenta fundamentar un amparo que primero cualifica al animal como portador de una tutela, la cual no contempla de forma individual por razones obvias y segundo que coloca a la criatura en una escala métrica, en la cual parece que el hombre moderno intente crear una idea antropomorfa de absolutamente todo lo vivo desde como comentamos, ópticas puramente emocionales.

Lo anterior junto a la inversión de valores morales o éticos, estos engendrados desde ejes personales, crea una flexibilidad infinita en cuanto a derecho y legislación, la cual es usada por defensores de este pensamiento[6]. Dicha se cimienta en un anti-especismo que intenta evidenciar cierta discriminación de carácter moral entre animales y otros animales u hombre[7]. Si bien existen defensas animalistas sin ser igualitaristas en este sentido, trataremos adelante sobre otro convencionalismo moderno como es la idea de ecología desde un punto de vista pragmático y materialista.

Tratando directamente sobre la diferenciación de las cualidades entre el hombre y el animal diremos que el ser posee poder –pues es causal.- de trascender su condición ontológica. Esta característica es la mayor diferencia entre el hombre y el resto de los animales y no su raciocinio como paradójicamente los racionalistas suelen defender.

Así como un hombre con una consciencia cual sea de lo Absoluto puede contemplar, en este ejemplo, niveles inferiores a su estado actual desde cierta superioridad así como la posibilidad de continua “refinación” y aspiración a ese Absoluto según sus cualidades, también el hombre –refiriéndonos al hombre común.- por lo general, aunque cada vez de forma menos efectiva, debido a la edad en la que nos encontramos y los agentes que reinan en esta, contiene en potencia dicha potencialidad -valga la redundancia.- de superación de estadios en primer lugar existenciales y tras ello metafísicos. Esta potencialidad está ligada como capacidad a las cualidades y características del sujeto en cuestión, la cual es obviamente nula en los animales. Esto marca una gran diferencia entre el hombre y el animal por la incapacidad de una comprensión escatológica así como su razón de existencia de este último, la cual se trata de una mera subsistencia y no de pura trascendencia como es en el caso del hombre.

A esto añadiremos entrando en cuestiones metafísicas, que el moralismo que parece pulular por estos círculos es totalmente inválido como sustento teórico. Como venimos comentando y desde nuestra perspectiva, el sentido de involución y emanación desde un principio niega que la persona como tal en su sentido más exterior sea capaz de generar o de discernir conceptos o cuestiones que giran en torno al “Bien” y “Mal”, –persona como centro o “productora” de la Verdad, lo cual se trata del antropocentrismo moderno que aquí denunciamos.- bornes que unimos en este caso a la deontología y moralidad animalista. Esta dualidad no existe en estados superiores y por lo tanto no es real en sí misma, sino que se trata de una degradación de la Verdad que se crea al comparar polos que comprenden una equivalencia complementaria. Significa que el hombre como tal no puede concebir o entender esta relatividad sin haber entendido la objetividad total de esta, es decir, la dimensión directamente superior a la dualidad relativa que se propone comprender. Si en caso contrario se cae en esa dualidad se cae en el tremendo error de juzgar de forma personal, desde como decimos, cuestiones totalmente temporales y por lo tanto falsas. Es por ello que también sería incorrecto de hablar de “Ética Animalista”, pues la Ética desde la llamada ciencia de la moral debe ser entendida como producto de un individuo tras su reflexión y que únicamente consideraremos correcta cuando esta sea generada por valores eternos y por lo tanto por el ser mismo de este individuo y no sus apetencias personales y temporales. Esta ética puede no coincidir con la moral colectiva, es más, no debería, pues contemplamos la cualidad de cada individuo, lo cual hará que se encuentre dentro de unos atributos, los cuales marcaran su posición en cuanto a su propiedad y condición, lo cual sustentará la diversidad humana propia de la multiplicidad del Cosmos y del propio Ser. Es por ello que la moralidad o la “axiología” animalista pueden únicamente sustentarse en conceptos inferiores tales como lo afectivo que corresponde a posiciones restringidas a la psique y donde el bien o mal se queda en términos a lo sumo morales sino inferiores.

El sentimentalismo que se adopta, sea para fundamentar, sea para defender la idea de animalismo, parece tener resonancias en ciertas vanguardias de pensamiento así como artísticas que vemos, de una manera u otra, ligadas a valores Cristianos –nos referimos a valores devocionales sin ningún componente trascendente o meramente “inmanentista” como en es el caso del Puritanismo- como la pasión, la devoción, vehemencia y compasión o piedad, los cuales parecen haber sido en algún momento descentrados de su verdadera misión como valores religiosos a, en un primer lugar, un Cristianismo humanista distorsionado por los tiempos hasta en la actualidad, valores totalmente profanos, estos fuera de cualquier contexto religioso o espiritual y entendidos como meras predilecciones morales. Si aunamos todo esto al menos en pretérito al Cristianismo no es por casualidad, pues como bien se sabe personajes como San Bernardo hasta los Perfectos y Perfectas Cataras hacían un uso restringido de la carne. Cierto es que existen diferencias, pues mientras San Bernardo parece ser impulsado al vegetarianismo por simple y mera disciplina, los Cataros desde su visión gnóstica y dualista lo unían a cierto “desprecio” por lo existencial y terrenal, por lo que concebían que tanto el sexo como la carne, en un amplio sentido de esta última, incluyendo la animal, cual acto “impuro”. Percepción que no de forma casual compartían con no solo maniqueos Persas o Sirios sino también Chinos como se demuestra en el Codex Manichaicos Coloniensis con comentarios de Samuel N.C. Lieu.

Existen ciertos antecedentes bíblicos sobre este tema nos centraremos en algunos de ellos; “Además del “no matarás”, la privación de consumo de carne tiene sus fundamentos escriturarios: “Es bueno que te abstengas de la carne”, dice san Pablo en la Epístola a los Romanos, y escribe en la de los Corintios: “Si una carne ha de escandalizar a mi hermano, nunca la comeré”. Podía invocarse también la visión de Pedro, en los Hechos de los Apóstoles: una sábana desciende del cielo, cargada de toda clase de animales; una voz le dice a Pedro: “Levántate, mata y come” y Pedro responde: “Jamás en la vida, Señor, porque nunca comí nada impuro ni mancillado”[8]. Origen, Clemente de Alejandría, Juan Crisóstomo, Basilio el grande así como Jaime, Mateo o Pedro llevaron una vida sin consumo de carne animal. Así también grupos de origen cristiano como la Iglesia Adventista, iglesia de origen “Millerista”[9] y de corte mesiánico, como la “Bible Christian Church”, secta Metodista, propagaron el movimiento vegetariano en Estados Unidos. Situándonos en la Europa Teísta, esta rota entre el Catolicismo moderno y las diversas iglesias y sectas protestantes[10], la fundamentación del movimiento animalista ligado al Cristianismo era sintetizar de una forma burda, por diversas razones, el evangelio y escrituras bíblicas con el vegetarianismo. Ideas como el deber de la manutención del “Paraíso Terrenal” en el cual se debía crear un estado idílico de respeto máximo a la creación, lo cual incorporaba en muchos de los casos la no-ingesta animal, defendido por personalidades como J.F. Newton o el romántico Percy Bysshe Shelley, los cuales llegan a esto de forma transversal a los Cataros, haciendo del mito bíblico del árbol y el jardín del Edén una alegoría a la comida de la carne como pecado en la cual en el Paraíso Primordial la dieta era supuestamente vegetariana. Perspectiva muy parecida a la de Thomas Thyron el cual se dedicó a difundir sus ideas ligando el vegetarianismo al diablo en su libro “The Way of Health”, mezclando razonamientos puramente dietéticos con un doctrina vegetariana sincretista Hindú, Pitagórica y Bíblica o las ideas que defendía el científico Emanuel Swedenborg. Desde esta tentativa de aunar el vegetarianismo y animalismo a una tosca lectura y comprensión de la doctrina Cristiana, las razones de expansión de ambos movimientos -pues entrambos van de la mano en este caso.- han sido varias, estas con el paso del tiempo cada vez centralizadas en ideas más racionales o por exponerlo en su contrariedad, más ateístas. J.F. Newton, al cual nombrábamos antes, fue en parte influenciado por su doctor Londinense William Lambe, el cual abogaba por una dieta vegetariana defendiendo con esta su simple salubridad. No son pocos los grupos o individuos que siguen justificando esta línea así como la defensa del medio ambiente y ecología mundial [11]o el vegetarianismo y animalismo como única vía para el desarrollo y evolución social[12]. Para cerrar este apartado, comentar que son algunos los que han visto un claro nexo entre el Cristianismo y Vegetarianismo como fuente con corrientes como el romanticismo, el idealismo filosófico así como dogmas modernos protestantes–anabaptismo, hermandad de Moravia…- e incluso la Teosofía[13]. Nosotros no trataremos de discutir cual es el producto de tal, pues creemos que la degradación de nuestro tiempo comprende, afecta y compendia todo lo anterior y no al contrario, es decir, nada de lo anterior es el origen de la decadencia sino producto o influenciado de tal, sino en origen, en alguna de sus partes.

Es pues tarea, para complementar nuestra tarea de definir de una forma más clara, el hablar de diferentes mascaras que han acabado por defender un estilo de vida animalista y vegetariano a través de diversas deformaciones. Nos centraremos ahora en las varias distorsiones del Budismo e Hinduismo por parte de la mentalidad –y decimos mentalidad porque no trasciende más allá de eso- moderna Occidental. Estas deformaciones, realizadas desde un sincretismo que realiza una grosera lectura de los Textos Sagrados junto a delirios de “Nueva Era”, retuercen ideas como el Karma o la “Reencarnación”. Tras ello producen extrañas concepciones que forzadamente y junto a un emocional infantilismo derivan en defensas de un estilo de vida sin consumo de producto animal. Solo nos queda comentar desde la estricta lectura de pasajes Orientales la falta de sostenimiento de estas desfiguraciones, Así pues en textos como el Artha-shastra se afirma el consumo de carne animal así como su tratado –secado, frescura…-, en el Mahabharata donde cantidad de personajes que hacen uso de carne, el Anguttara Nikaya encontrado en el Tipitaka o incluso leyendo a personajes relacionados con el Ayurbeda Tradicional tales como Sushruta Samhita, Charaka y Vagbhata los cuales recomiendan en varios casos en consumo animal y su salubridad. Si bien existe un nexo entre el vegetarianismo y estas doctrinas en la actualidad, este parece haber sido influencia de razas y espiritualidades lunares y totémicas, ya que los Arios consumían entre otras cosas carne[14]. Esto implica que el vegetarianismo no está ligado a estas Tradiciones en origen, sino que se trataría de un componente totalmente exógeno y añadido de forma tardía al periodo Védico. Ni siquiera existió un vegetarianismo a nivel social o popular, ya que aun teniendo en cuenta la frecuencia de consumo animal por parte de los Arios, no existía ningún tabú e incluso llamaban a sus invitados “Goghna” o mata-vacas porque en la visita y festín se incluía la matanza de res[15]. Creemos, dejando el tema ya que no prescinde de mayor explicación, que la inclinación a religiones Orientales o Árabes puede ser dada por una exaltación de lo exterior como contrapeso a un moderno descontento hacia uno mismo, a su cultura y lo propio, una endofobia que genera junto a la propaganda contemporánea y junto a cierto anhelo “no centrado”, una predilección por lo exótico, lo cual en este caso y por actuación de los tiempos ni siquiera se puede calificar de doctrina Tradicional “práctica”.

Pues bien, sintetizando, como vemos las razones y fundamentos pueden ser más o menos racionalistas –que no racionales y mucho menos lógicos.- y los que parecen siempre estar asentados en pilastras sentimentales o emocionales jugando a una empatía debilitadora que iguala, como hemos argumentado, niveles no comparables. El caso animal y el humano son completamente diferentes y hacer distinción de lo diferente no es más que eso y no un “especismo” que parece ser para estos círculos una palabra sino sinónima equivalente a “racismo” y con la cual se intenta colegir, casi cual tabú, estas visiones modernas.

Por ultimo nombraremos otro de los problemas que pensamos han sido desvirtuados de raíz. Se trata del movimiento ecologista, movimiento que más allá de basarse en una misión de defensa del ecosistema apoyándose en estudios meramente científicos – La ecología como ciencia.- hace de estos una herramienta, con la cual considera la naturaleza algo subyugado al hombre o en su defecto, la naturaleza y su protección como necesidad para la supervivencia humana. Ambos casos ejemplos un débil antropocentrismo soberbio que erra paradójicamente en el mismo concepto que el de los enemigos de estos ecologistas.

Si bien se intenta hacer cierta diferenciación hablando de la ecología basada en un ecocentrismo, este centrado en el vínculo humano-naturaleza y por otro lado el ambientalismo, entendido como una postura más pragmática, pensamos que ambos erran en razonamiento, sea concediendo una superioridad al humano o equiparándolo este con la naturaleza, pues comprendemos al humano dentro de la naturaleza y esta dentro de un Cosmos integrándose así en una unidad absoluta. Esto marca la disimilitud, ya que mientras vemos a un Todo que supera, contiene y se desempeña como consciencia, estos movimientos conciben al humano como axis y con ello doblegan el universo a la persona. Esto hace que los rudimentos del ecologismo, en el cual aunamos al ambientalismo y las diferentes ciencias técnicas, tales como el ecologismo político, errados en principio, pues desencadenan cual prisma irregular confusiones ilícitas e inadmisibles. Una de las más significativas es el entendimiento de la naturaleza como depósito de reservas el cual debe ser protegido por el bien de la supervivencia. Esta concesión materialista la cual tiene como intención “…El disfrute de un medio ambiente en óptimas condiciones… la defensa de un desarrollo humano respetuoso con la Naturaleza en el que el aprovechamiento racional de tales recursos sea garantía para su conservación y bienestar… y una nueva ordenación del territorio que garantice la conservación de los espacios naturales, racionalice el uso y disfrute de los mismos, evite el deterioro de los suelos y la desertificación, promueva un racional aprovechamiento de los recursos y optimice para todo el territorio las necesidades que la sociedad demanda…”[16] alejándose de cualquier precepto supra-humano en cualquier sentido. Ya Marx con su visión materialista concebía la relación del hombre con la naturaleza diciendo que “La tierra es su despensa primitiva y es, al mismo tiempo, su primitivo arsenal de instrumentos de trabajo. Le suministra, por ejemplo, la piedra que lanza, con la que frota, percute, corta, etc. Y la propia tierra es un instrumento de trabajo aunque exija, para su cultivo, para poder ser utilizada como instrumento de trabajo, toda otra serie de instrumentos y un desarrollo de la fuerza de trabajo relativamente grande.”[17], diluyendo la idea de naturaleza, tierra y sus recursos como simple fuente de utilidad.

Ya no solo es la interpretación de la naturaleza y lo que esta contiene –El ecosistema en un campo científico.- como algo a ser utilizado y explotado, también digno para el disfrute humano más hedonista, lo cual aún nos parece más grave que se use como razón de motivo ideológico.

Antecedentes contrarios a estas posiciones podemos encontrar varios, tal como el Dharma o conducta Sagrada en Oriente, la cual es conforme a la ley de Ordenación Cósmica o Rita, la que contiene en sí misma las leyes naturales y por supuesto humanas. Esta conducta contempla una dimensión metafísica así como una jerarquía de estados propios del Ser, cosa totalmente carente en la actualidad, ya que la naturaleza y sus leyes son entendidas –o más bien analizadas.- desde el punto de vista secularizado y meramente científico-cuantitativo. La diferencia en este caso se trata por un lado de una comprensión cosmológica Total en el caso Tradicional, ya que penetra en aspectos de carácter espiritual y metafísico, estos conteniendo y jamás negando aspectos de carácter científico, mientras que por otro, en la actualidad como decimos no es más que un análisis sintético incompleto, pues este intenta penetrar en la Naturaleza a través de conceptos exteriores como la técnica, muy inferiores potencialmente a lo que intenta estudiar o comprender.

Centrándonos ahora no en esta concepción Universal del ecologista, que se encierra en una mera visión espacial que no traspasa límites humanos, sino en la defensa del ecologismo y por ende naturaleza a través de esta concepción de la que hablamos, veremos que la comprensión de los márgenes totales se ciñen a una realidad únicamente física que contiene sus frutos y sus leyes desarrolladas, estas resueltas por la ciencia. El problema aparece cuando se exploran diferentes y más amplios límites, los cuales no son capaces de ser estudiados por la disciplina científica. Esto sucede ya que esta disciplina se fundamenta en el estudio experimental, numérico y fenoménico en un sentido material, lo que implica que los resultados de esta ciencia serán por ello numéricos, sucesos físicos y producto de la experimentación estadística.

La potencialidad propia de la ciencia así como su capacidad en cuanto a análisis de un campo son directamente proporcionales a los resultados que la experimentación obtenga, resultados que dependiendo del método serán más o menos cualitativos pero siempre con un fuerte componente puramente numérico, que limitara la integralidad y exactitud las conclusiones. Esto acota la naturaleza y su estudio al mero análisis de deseos catastrales particulares de un plano únicamente físico, lo que invalida su objetividad en cuanto al estudio de la Naturaleza total. “La naturaleza –y por ende lo que esta contiene- es nunca únicamente natural”[18] y la defensa de la misma desde una posición que no llega a contemplar sus diferentes aspectos no solo comete el error de equidistar al hombre dentro del círculo natural, sino que se desacierta de manera feroz con un materialismo dogmático nocivo para esta.

Esto equivale a la defensa de la naturaleza desde formulaciones que están ligadas en visión a ese materialismo antropocéntrico, tales como la sostenibilidad numérica y parcial, la preservación de espacios naturales específicos o nuevas perspectivas de defensa como la “ecología profunda”[19] la cual parece ser el límite más alto de comprensión de la naturaleza desde ejes racionales, queriendo desligarse de la anterior visión de naturaleza maquinal sintética, y prefiriendo hablar de una red total de sucesos y potencialidades con una causalidad circular, todo esto explicado a través de la física, ecología y psicología además de algunos puntos moralistas.

Todas estas intenciones, posiblemente buenas en intención, no contemplan una visión holística e integra de la naturaleza ni del Cosmos, así como tampoco una defensa que proponga a través de un “imago mundi” la construcción u ordenación de la tierra a imagen de lo Superior, pues esta sería el único procedimiento, ya que implicaría un acatamiento de unas leyes que por Principio son innegables, inmutables y universales –lo que significa que comprenden varios dominios dentro y fuera de planos meramente físicos- además de su correspondiente estudio y comprensión. No hay pues otra forma de encontrar una armonía que abarque cualquier personalidad del Cosmos que el estudio y comprensión de este de manera íntegra, entendiendo su propiedad como manifestación y extensión indefinida, con sus cualidades propias como multiplicidad, las cuales solo pueden ser contenidas y vislumbradas en una mirada sintética de la Naturaleza entendiendo que la verdadera esencia de todas las cosas es una con el Origen. Es por ello que las leyes cambian y se modifican en cuanto al grado que manejan pero nunca de forma sustancial dada su realidad universal.

Lo escrito anteriormente no fundamenta cierto nihilismo misantrópico negando u obviando cualidades puramente vitales del hombre, tampoco un rompimiento o quiebra entre estadios existenciales y humanos con estadios metafísicos, olvidando los primeros. Así, menos aún un escepticismo relativista sin ordenación[20]. Todo lo contrario, ordenar el Orden y con ello armonizar y conciliar cotas de realidad verticalmente, sin la negación de ninguna de ellas y en grado de una jerarquía marcada no por el hombre, lo cual sería un orden relativo y subjetivo, sino por lo Eterno[21]. Idea opuesta a la cosmología humanista y antropocéntrica la cual criticamos y observamos que ha dado frutos así como concepciones posteriores erróneas y falsas, sesgando estadios superiores al hombre y analizándolos desde una experimentación limitada a estos. Esto hace que la polarización de la realidad oscile entre ejes puramente racionales, psicológicos, sensacionales, físicos y por último puramente automáticos, mecanicistas y casi animalescos como ocurre en la actualidad[22].

Examinando los temas anteriores podemos apreciar que el hombre actual no contempla un contorno del campo potencial humano mayor a la cerca moderna, contorno que en su Totalidad supera sin lugar a dudas a la razón pura, entendida como saber maquinal cuantitativo, estático y muerto. Por ello podemos sentenciar que la negación a vislumbrar planos del Misterio es la privación de la experiencia de lo vivo. Esto sea desde diferentes máscaras, disimulos o pretextos como pueden ser los aquí comentados, pues estos parten de un principio erróneo e inferior, del cual todo su producto es compuesto por esa corrupción primeriza. Así entendemos que lo inferior no puede actuar como superior y no podemos el marcar pautas vivenciales desde conjeturas meramente morales, sentimentales o prácticas. La Ordenación de carácter humano y personal entendemos que debería ser una plena hierofanía, llevada a cabo fielmente cual exégesis del Cosmos y realizada por “Deber Sagrado”[23], jamás por pragmatismo de su funcionamiento u otras concesiones menores, aunque estas puedan existir en condición de producto accesorio.

La causa y razón de ser de estos cuatro conceptos que hemos comentado son erradas en Principio. Si bien estos conceptos varían en cuanto a idealización, concepción de realidad y expresión de sí mismo, podemos observar que existen elementos comunes en estos y que son propios de una manera u otra a la decadencia que impera;  moralismo filosófico, sentimentalismo, materialismo, secularización de cualquier índole, sincretismo y confusión… todos ellos ligados a la centralización de un principio inferior correspondiente a niveles no superiores a los sutiles, por lo tanto subordinados o totalmente faltos de un Principio Rector. Este desconcierto se puede considerar activo en el sentido que crea a su vez lo que es en esencia, y cual cadena causa desconcierto. La ignorancia no puede trascender de ella por si misma sino por la distinción y discernimiento de lo Real con esta ignorancia.

 


[1]“En todas sus formas, el racionalismo se define esencialmente por la creencia en la supremacía de la razón, erigida en categoría de verdadero “dogma”, e implicando asimismo la negación de todo cuanto es supraindividual y sobre todo de la intuición intelectual pura, lo que entraña lógicamente la exclusión de todo verdadero conocimiento metafísico.” Guénon, René (2013) El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos §85 Madrid. Paidós.

[2] “Presta atención a ti mismo; y allí donde te encuentras a ti, allí renuncia a ti; esto es lo mejor de todo” Eckhart, Meister (2013) Tratados y Sermones. 3. De las personas no desapegadas que están llenas de propia voluntad §112 Buenos Aires. Las Cuarenta.

[3] Importante hacer separación entre estas dos ideas modernas y la idea del socorro, ayuda, desprendimiento o generosidad. Pues estos dos planteamientos, en origen, son totalmente opuestos.

[4]Anónimo (2009) Bhagavad Gita con los comentarios de Sankara. Cap. II El sendero del Discernimiento v.47 §68 Trotta Paradigmas. Crítica Barcelona.

[5] La visión psicoanalítica del sexo que diluye el acto sexual en una maraña de mero origen psicológico, instintivo e incluso como construcción cultural, social histórica o de reafirmación de género. Véase para completar conocimientos sobre el tema Evola,Julius (2005) Metafísica de sexo. José J. de Olañeta.

[6] Véase obras como “Animal Revolution; Changing attitudes towards Especiesism” o “The Political Animal; The conquest of Especiesism” Ambas escritas por Richard R. Ryder y en habla Inglesa.

[7] Entiéndase el especismo desde el prisma animalista como ” prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras.” Singer, Peter (1999) Liberación Animal. Madrid. Editorial Trotta.

[8]Roquebert, Michel (2010) Nosotros, Los Cataros. La Ascesis. Barcelona. Crítica Barcelona.

[9] Véase William Miller. Predicador que reconoció su error al intentar predecir una supuesta venida de Cristo a la tierra. Propulsor de los Testigos de Jehová.

[10] Para una visión más amplia: Coomaraswamy, Rama P. (2007) La Destrucción de la Tradición Cristiana. Sanz y Torres.

[11]Marly Winckler Presidente de la Sociedad Vegetariana Brasileña (www.svb.org.br).

Secretaria Regional para Latinoamérica de la International Vegetarian Union (IVU) en el artículo “Otro Mundo no es posible”.

[12]Mark F. Carr and Gerald R. Winslow – en el artículo “Meatless diet: Moving beyond intellectual assent?”.

[13]Spencer, Colin (1996) The Heretic’s Feast, A History of Vegetarianism (Ed. En Ingles) §197 Londres. University Press of New England.

[14]Eastwood, Cyril (1966) Life and Thought in the Ancient World (Ed. En Ingles) Londres. University of London Press.

[15]Spencer, Colin (1996) The Heretic’s Feast, A History of Vegetarianism (Ed. En Ingles) §75 Londres. University Press of New England.

[16] Principios ideológicos de una entre tantas asociaciones ecologistas Españolas.

[17]Marx, Karl (1959) El Capital. Cap. V. Proceso de Trabajo y Proceso de Valorización §132 Fondo de Cultura Económica.

[18] Cita en Eliade, Mircea (1887) The Sacred & The Profane (Ed. En Inglés) §116 EEUU. A. Harvest/HBJ Book.

[19] Véase Capra, Frithjof  (1998) La Trama de la Vida. Barcelona. Anagrama.

[20] “El orden humano y el orden cósmico no están separados como suele imaginarse en la actualidad, sino que, por el contrario, están íntimamente unidos de tal forma que cada uno de ellos reacciona constantemente sobre el otro dándose una correspondencia entre sus respectivos estados.” Guénon, René (2013) El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos §104 Madrid. Paidós.

[21] “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén” Romanos 11:36.

[22] “Podemos concluir así, el racionalismo, por constituir la negación de todo principio superior a la razón, provoca como consecuencia práctica el uso exclusivo de esta misma razón cegada, valga la expresión, por el hecho mismo de verse aislada del intelecto puro y trascendente cuya luz, normal y legítimamente, debe reflejar el ámbito individual.” Guénon, René (2013) El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos §88 Madrid. Paidós.

[23] Recordando aquella “Hacer aquello que debe ser hecho” del Majjhima Nikaya

                 MARS VIGILA



El Fuero Juzgo, Recesvinto. A vueltas con el enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur’
   Siguiendo con nuestra costumbre (fruto de nuestra afición por la historia) de echarle (cuando el tiempo nos lo permite) una ojeada a las efemérides ocurridas en tal día como en el que uno se halla, hace tres (el pasado 30 de septiembre) leíamos que en tal día del año 653 Recesvinto fue proclamado rey del Reino Visigodo que se había establecido en la totalidad de la Península Ibérica. Inmediatamente nos vino a la memoria el que bajo su reinado fue redactado el Fuero Juzgo (conocido así en su traducción al posterior romance)Liber Iudiciorum, Lex Visigothorum Lex gothica. En uno de sus apartados se  acaba por dar legitimidad a los matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos …matrimonios que hacía ya que eran una realidad pero que, hasta la aprobación de este cuerpo de leyes, no estaban legalmente respaldados y legitimados. La realidad de los hechos y el Fuero Juzgo que los legitima contrasta sobremanera con lo acaecido posteriormente a la caída del Reino Visigodo cuando durante el prolongado período de dominio de la Península por parte del islam (casi ocho siglos) la existencia de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes brilló por su ausencia y la fusión entre ambos resultó inconcebible. El porqué de tal fuerte contraste entre ambos períodos histórico-políticos hay que hallarlo  en el hecho de que si bien visigodos e hispanorromanos compartían cosmovisiones similares musulmanes y cristianos, por contra, eran portadores de una manera de percibir y vivir el mundo y la existencia antagónica. (1) 
 
       Julius Evola en su obra  Sintesi di dottrina della raza nos habla de tres “estratos”  de raza como constitutivos del hombre: la ‘raza del espíritu’, la ‘raza del alma’ y la ‘raza del cuerpo’. Un Hombre de la Tradición para ser considerado tal debería cumplir con los tres: su ‘raza del espíritu’ debería estar informada por un tipo de espiritualidad solar que concibe la posibilidad de hacerse uno con el Principio Primero Inmutable y Eterno, su ‘raza del alma’ debería forjarse a través de los valores propios del guerrero y su ‘raza del cuerpo’ debería ser un reflejo de las anteriores y quedar, pues, incluso definidos y reflejados en el rostro esos valores de la ‘raza del alma’ propios de la casta guerrera, tales como la nobleza, el ser honorable, la fidelidad, el espíritu de servicio y sacrificio, la austeridad o la “gravitas”. Es en las estirpes indoeuropeas Tradicionales donde esa conjunción de los tres estratos raciales llegó, alguna vez, a consumarse.
     Definida esta doctrina Tradicional racial hallamos que tanto entre la población hispana del tardo Imperio Romano y como entre los visigodos que se asentaron en las tierras de la Península Ibérica existe cierta notable aproximación hacia ese ideal racial, ya que los hispanorromanos (resultado de la mezcla entre íberos y celtas autóctonos y legionarios romanos afincados en Hispania tras ser licenciados), a pesar de ser los herederos de los postreros suspiros del Imperio Romano occidental, pertenecen en lo físico, básicamente, al tronco indoeuropeo (‘raza del cuerpo’), conservan aún ciertas cualidades propias del talante legionario romano (‘raza del alma’) (2) y en lo religioso profesan un cristianismo despojado de los principales elementos espurios del judaísmo gracias a su contacto con la agonizante -pero otrora Tradicional- religiosidad romana precristiana (‘raza del espíritu’). Los visigodos, por su parte, también pertenecen al tronco indoeuropeo, hacen suyos los valores del guerrero y, tras la conversión del rey Recaredo (año 587) practican un cristianismo (el catolicismo trinitario) que ya, desde el punto de vista teológico, no imposibilita la opción de acceso a la Trascendencia (al contrario de lo que sucedía con el arrianismo, negador de la divinidad de Cristo, con el que entraron en la Península): cumplen, pues, también, de forma aproximada, con los tres estratos raciales definidos en la ‘doctrina de la raza’ expuesta por Evola. No nos debe, pues, de extrañar que tras la conversión de Recaredo se multiplicaran los matrimonios mixtos entre hispanorromanos y visigodos y que Recesvinto, con su Fuero Juzgo, acabara por otorgarles legitimidad de ley.
     Contrariamente a esto no ocurrió lo mismo tras la invasión sufrida (a partir del 711 y hasta 1.492) por el Reino Visigodo a manos de los sarracenos ¡…a pesar de lo enormemente prolongado de este período! Y no acontecieron tales matrimonios mixtos a pesar de que el tema de la ‘raza del cuerpo’ no representó ningún especial obstáculo si tenemos en cuenta que la mayoría de la población musulmana de Al Andalus era de origen indoeuropeo (3) al igual que lo eran los cristianos (descendientes de hispanorromanos y, más aún, de la nobleza visigoda) contra los que lucharon durante este largo período. Pero, por contra, en los estratos de la ‘raza del Espíritu’ y la ‘raza del cuerpo’ las distancias entre cristianos y musulmanes resultaron poco menos que insalvables. Es así que en el plano de la ‘raza del Espíritu’ unos (los nominalmente cristianos) conciben un cosmos rico en esencias metafísicas (que el exoterismo explica en las figuras angélicas) jerarquizadas entre ellas y otros (los musulmanes) contemplan un universo árido en el que en lo alto se halla Allah y aquí abajo los hombres, con la nada (metafísicamente hablando) de por medio. O que la misma idea de paraíso celestial, como reflejo de la manera de entender la vida y la existencia, resulte altamente contrastante entre, por un lado, musulmanes y, por otro, cristianos que habían descabalgado muchas de las adherencias del judaísmo con las que iniciaron su andadura. Idea del paraíso, la del cristianismo medieval combatiente, que se hallaba en la línea de la que nos describía José Antonio Primo de Rivera en una de sus magníficas reflexiones y que recordábamos hace un tiempo cuando comentábamos que pueblos como los semitas -y otros afines o semitizados por el accionar de ciertas religiones- han hecho gala siempre de un telurismo lunar que conlleva un sensualismo muy impregnado en sus entrañas. Así han concebido un paraíso erótico y sensual al que accederán aquéllos que mueran combatiendo por Allah. El devoto integrista no entiende de posibles mensajes esotéricos encriptados tras la descripción de un tal paraíso y se toma dicha descripción al pie de la letra: siete palacios de jade, con siete harenes cada uno y setenta y siete huríes en cada uno de ellos de las que podrá disfrutar en estado de erección eterna a la edad permanente de 33 años… ¿Se inmolarían estos integristas si en lugar de un paraíso erótico acorde con su idiosincracia se les ofreciera otro al estilo del que nos describía, hace 76 años, José Antonio Primo de Rivera?: Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “No quiero el Paraíso, sino el descanso” –decía–. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descansoEl Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas”.
     E igualmente en el estrato de la ‘raza del alma’ nos topamos con esas distancias insuperables entre esas gentes andalusíes dadas a lo sensual, a una ‘vida-muelle’ y al engorde y satisfacción de lo sensitivo (4) y las otras gentes herederas del Reino Visigodo perdido portadoras de una clara vocación guerrera y muy volcadas a una vida austera dispuesta al servicio y a la disciplina y autodisciplina. De nuevo José Antonio. en su escrito de prisión “Germanos contra bereberes” nos supo ofrecer un retrato de una exactitud encomiable sobre el contraste tan agudo entre los unos y los otros y, así, nos decía que “…el tipo de dominación árabe era preponderantemente político y militar. Los árabes tenían vagamente el sentido de la territorialidad. No se adueñaban de las tierras, en el estricto sentido jurídicoprivado. Así pues la población campesina de las comarcas más largamente dominadas por los árabes (Andalucía, Levante) permanecía en una situación de libre disfrute de la tierra, en forma de pequeña propiedad y, acaso, de propiedades colectivas. El andaluz aborigen (…) gozaba, pues, una paz elemental y libre, inepta para grandes empresas de cultura, pero deliciosa para un pueblo indolente, imaginativo y melancólico (…). En cambio los cristianos, germánicos, traían en la sangre el sentido feudal de la propiedad. Cuando conquistaban las tierras erigían sobre ellas señoríos, no ya puramente políticomilitares como los de los árabes, sino patrimoniales al mismo tiempo que políticos. El campesino pasaba, en el caso mejor, a ser vasallo. La organización germánica, de tipo aristocrático, jerárquico, era, en su base, mucho más dura. Para justificar tal dureza se comprometía a realizar alguna gran tarea histórica. (…) Toda aquella enorme armadura: Monarquía, Iglesia, aristocracia, podía intentar la justificación de sus pesados privilegios a título de cumplidora de un gran destino en la Historia. Y lo intentó por doble camino: la conquista de América y la Contrarreforma.”
     Es pues que con estas mimbres tan dispares, tanto en el plano de la ‘raza del espíritu’ como en el de la ‘raza del alma’, nadie ha, pues, de extrañarse de que no existiese ningún tipo de fusión entre el orbe musulmán (‘luz del sur’) y el orbe denominado como cristiano (‘luz del norte’) durante los ocho siglos de presencia islámica en la Península Ibérica (5) …realidad incontestable y tan contrastante con lo ocurrido en la etapa histórica precedente a la invasión agarena cuando los matrimonios entre visigodos e hispanorromanos se habían generalizado de tal forma que el rey Recesvinto, elegido rey tal día como un 30 septiembre del 653, les concedió (al año siguiente) carta de legitimidad legal en un contexto de equiparación en derechos a ambas poblaciones.
     NOTAS:
(1) No se verá falto de relación este escrito nuestro con otro que recientemente publicamos bajo el título “Tal día como hoy (24 de septiembre) de 1.410: episodio del enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur'”: https://septentrionis.wordpress.com/2015/09/24/tal-dia-como-hoy-24-de-septiembre-de-1-410-episodio-del-enfrentamiento-entre-luz-del-norte-y-del-sur/
(2) El general romano Flavio Aecio sería un buen ejemplo de heroísmo en estas fases terminales de la romanidad occidental. Su espíritu legionario le llevó a la victoria, junto a sus aliados visigodos, francos y alanos, frente a las terribles hordas hunas en la batalla de Los Campos Cataláunicos, en el 451.
(3) Los, aproximadamente, seis millones de habitantes que Al Andalus tuvo en su momento de máxima expansión territorial no casan con las cifras de invasores: unos 10.000 expedicionarios entraron, a las órdenes de Tariq y Muza, en el 711 por el sur de la Península al atravesar el Estrecho de Gibraltar. Además, estos expedicionarios no es ni mucho menos descartable que fueran, en gran número, vándalos islamizados (abocados, tiempo atrás, al norte de África por el Reino Visigodo) y tropas visigodas del bando witiziano de la provincia de Ceuta gobernada por el conde visigodo D. Julián. El mismo nombre de Tariq es de origen visigodo (Taric, Alaric, Roderic,…). El grueso, pues, de la población de Al Andalus estaba constituida por hispanorromanos y visigodos (sobre todo witizianos enfrentados con el Rey D. Rodrigo) islamizados bien por cierta afinidad religiosa con el invasor (un cierto críptico arrianismo subsistente aun entonces y no distante con el Islam en su calibraje de la enorme distancia ontológica existente entre Dios y el hombre), bien por alianzas político-militares (witizianos y musulmanes) contra los visigodos de D. Rodrigo, bien por evitar el pago excesivo de impuestos en el supuesto de seguir abrazando la fe cristiana, bien por conservar parcelas de poder y pasar, así, muchos nobles visigodos, de ser condes a convertirse en valíes.
(4) Era tal la propensión, de parte de las gentes de Al Andalus, hacia los placeres sensuales y hacia la suntuosidad   que sus mismos correligionarios africanos protagonizaron expediciones militares para hacerse con el control de la España musulmana y retornarla al integrismo que emana del Corán. Almorávides en el siglo XI, almohades en el XII y benimerines en el XIII saltan el Estrecho de Gibraltar con el objeto de poner coto a las vivencias  licenciosas del Islam.
(5) Tal como pretendimos demostrar en nuestro escrito: “¿Medio moros, medio judíos?”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/05/medio-moros-medio-judios/
 
     Eduard Alcántara
     eduard_alcantara@hotmail.com


El Manual del modo de vivir Tradicional, por Greg Johnson
mayo 7, 2014, 8:41 pm
Filed under: Ética y valores, Metapolítica, Política y tradición, Tradición

El Manual del modo de vivir Tradicional (” A handbook of  Traditional living”) es un delgado volumen (justo por debajo de las 100 páginas) conformado por dos ensayos publicados en italiano en los años 1997 y 1998 por la Asociación Cultural Raido. El autor o autores son anónimos. El primer ensayo, “EL mundo de la Tradición”, es de alguna forma un sumario de la versión de Julius Evola del Tradicionalismo como es expresado en sumagnum opus, Rebelión contra el Mundo Moderno.
Quiero centrarme aquí en el segundo ensayo, “El Frente Tradicional”, que trata de cómo uno podría organizarse a la luz de la Tradición para luchar contra el mundo moderno.
Este ensayo está influenciado, por sobre todo, por la Guardia de Hierro de Corneliu Condreanu. La organización que se propone es una orden iniciática, jerárquica espiritual-militar. Su estructura y ambiciones son esencialmente las de la Guardia de Hierro, pero su contenido espiritual y fundamentos son el Tradicionalismo Evoliano, no el Cristianismo Ortodoxo de la Guardia de Hierro Rumana.
El supuesto subyacente de “El Frente Tradicional” es que el mundo moderno está en declive en su propio acuerdo, en que mantiene una caída descendente en la historia de acuerdo a la doctrina Tradicional. Vivimos en el Kali Yuga, la Edad Oscura, que es la más hostil a los principios de la Tradición y la más removida de la Edad de Oro que inauguró nuestro ciclo histórico. Pero el punto más alejado de la última Era de Oro es el más próximo al comienzo de la siguiente. Y, a medida que la actual Edad Oscura avance profundamente en la decadencia y el caos, habrá un punto en el que condiciones objetivas permitan la pelea de una vanguardia de Tradicionalistas para intervenir exitosamente en los eventos y contribuir en la inauguración de la siguiente Edad de Oro. Pero los Tradicionalistas deben estar preparados para actuar efectivamente cuando las condiciones lo exijan. Tristemente, no hay evidencia de que ningún Tradicionalista serio esté siquiera cerca de estar preparado.
“El Frente Tradicional” propone una orden jerárquica que asigna rangos en base a méritos y logros, no antigüedad. Esta presunción es que el verdadero orden y autoridad fluye desde lo alto, por lo que nadie puede asociarse a la orden si no está orientado hacia lo que está en lo alto e interesado en encontrar esos superiores genuinos que pueden acercarlo al principio trascendente. Cada individuo está también consolidado por el deber de pasar lo que sabe a sus inferiores. Pero la orientaciónprimaria de cada individuo tiene que estar hacia arriba, hacia lo trascendente. Es una actitud de recepción a la Tradición. Está caracterizada por la humildad, por el reconocimiento de la imperfección de uno y de la necesidad de completarse desde lo alto.
Cualquier orientación hacia lo bajo, hacia los seguidores, es solamente secundaria y una cuestión de deber en lugar de inclinación. Es una actitud que debe ser caracterizada por el desapego y la impersonalidad, porque uno es un maestro no por la virtud de la personalidad de uno, sino simplemente por la virtud de uno en su lugar de la cadena de iniciación. Lo que uno enseña, además, es la mera verdad trascendente pasada desde lo alto, no un producto del ego de uno.
El gran destructor a ser evitado es el “egoísmo”, que para a ser sinónimo de narcisismo. El Tradicionalista genuino está orientado primero y antes que todo hacia la realidad. Debido a esta orientación, él (el Tradicionalista) entra en relación con los otros, específicamente en una organización iniciática. El Tradicionalista genuino tiene un fuerte y substancial yo; él sabe quién es; él tiene un profundo y permanente sentido de valor. Debido a esto, él es capaz dedejar de lado su ego y dedicarse a la verdad eterna y desinteresada, acción impersonal al servicio de sus grandes ambiciones colectivas.
El egoísta, por contraste, está orientado primero y principalmente hacia él mismo. Él está psicológicamente necesitado y para satisfacer estas necesidades él interactúa con otros. La realidad ocupa un lugar tercero distante en sus prioridades. De hecho, dado que los egoístas están principalmente preocupados en satisfacer sus necesidades psicológicas a través de las interacciones con los demás, en general ellos son manipuladores y mentirosos experimentados.

La derecha está apestada por egoístas de este tipo. Ellos están caracterizados primero y principalmente por una necesidad neurótica de atención. Generalmente a ellos les gusta ponerse a sí mismos por lo alto como líderes de pequeños grupos al proclamar tener conocimiento, especialidad o dinero que en general no poseen o no poseen el grado requerido para sus ambiciones.
Debido a que el propósito de estos grupos es la gratificación psicológica de sus líderes, ellos muy pocas veces logran algo en el mundo real. Ellos tienden a ser grupos “virtuales”, existiendo a través de páginas web, Facebook, y comunicados de prensa. Debido a que estos grupos no apuntan a una acción desinteresada, ellos son consumidos por rivalidades personales y cismas. Debido a que estos grupos no están basados en una verdad permanente sino, al contrario, están centrados en jugar para entretener a la multitud, están constantemente cambiando sus puntos de vista, actividades y alianzas. Lo que sea para mantener el foco en ellos.
La mejor forma de evadir a estos egoístas es estableciendo una genuina jerárquica orden iniciática con el criterio objetivo para la membresía y el avance. El egoísta no puede sobrevivir en tal ambiente. Él esta principalmente motivado por el deseo de reinar sobre los otros. Él quiere estar arriba y por lo tanto rechaza la necesidad o la posibilidad de completarse desde lo alto. En lugar de buscar en sus superiores, él les tiene miedo y trata de mantenerlos alejados. (La mayoría de los egoístas son inconscientes de la gente verdaderamente superior, a los cuales en general tratan de patronizar y buscan manipular. Al hombre superior esto se le presenta como un divertido espectáculo grotesco, algo así como tener la pierna de uno siendo montada por un perro. Los egoístas están generalmente más concentrados en comatir los desafíos de otros egoístas, a los que ellos reconocen instintivamente.)
Una orden Tradicional obviamente debe contener un componente significativo de adoctrinamiento en la Tradición misma. Pero la adoctrinamiento es sólo el principio. El fin no es simplemente informar la mente, sino cultivar el carácter del estudiante. Uno no puede simplemente entender la Tradición en lo abstracto, debe hundirse y teñir el núcleo del carácter de uno. Se debe alcanzar la segunda naturaleza, así uno percibe y juzga el mundo de forma instantánea y sin esfuerzo a la luz de la Tradición. Uno también debe aprender prudencia, la habilidad de aplicar principios universales a las circunstancias únicas concretas y cambiantes. La Tradición no es una ideología, la cual es un cuerpo de ideas abstractas que nunca puede realmente interiorizarse y unificar con el uno interior. Un estilo de vida que es a su vez único y Tradicional emerge espontáneamente y orgánicamente de un individuo realmente cultivado.
El ensayo “El Frente Tradicional” es más bien escaso en consejos concretos para el individuo cultivado a la luz de la Tradición. Una noción seductora es el uso de la discusión. Un grupo que apunta a la perfección de sus miembros y de su transformación en una vanguardia combatiente para grandes fines impersonales no puede permitir a los individuos ocultar sus fallas y reservas detrás de las nociones burguesas de privacidad. Por lo tanto la sociedad Tradicional debe practicar discusión de grupo en los cuales cada individuo apunta a abrirse. El fin no es simplemente el perdón de la confesión sino la creación de confianza y camaradería que une a los individuos en una unidad superior.
Pero la apertura sobre las dudas y fallas de uno es simplemente el preludio para una crítica colectiva y esforzada, una vez más con la asistencia del grupo, para superarse a uno mismo. Este proceso de revelación interior y crítica de grupo y reforma no es una mejora personal y traicionera. De hecho, es la forma más elevada de amistad. Los antiguos distinguían aduladores de amigos. Un adulador te dice lo que quieres escuchar. Un amigo te dice lo que necesitas escuchar por tu propio bien, incluso si puede ser personalmente doloroso, porque el auto conocimiento es necesario para la auto mejora.
Mi primera objeción a la idea de una orden que combina la iniciación espiritual y lucha militar es que la excelencia en estas dos funciones raramente es combinadas por el mismo individuo. El mejor de los iniciados rara vez será la misma persona que el más grande de los guerreros. Por lo tanto, en establecer la jerarquía, uno debería de escoger entre subordinarse a la función de otro o el del seguir a un líder que combina ambas funciones, pero que es inferior al guerrero especializado o al iniciado especializado. La primera opción introduce el conflicto interno. La segunda opción pone al liderazgo en las manos de un individuo inferior. Ambas opciones llevan a una organización que es inferior a la cual están distinguidas la función militar y espiritual.
En conjunto, El Manual del modo de vivir Tradicional es un libro más sugestivo que definitivo. El propósito de un manual no es ser “profundo” sino ser superficial de una forma exhaustiva. “Profundidad” en tal trabajo es el asunto de discernir lo que es esencial. Sin embargo, hay mucho aquí que parece vago e innecesario. Pero aun así encuentro este manual valorable como un punto de partida y estimulante para pensar sobre cómo los elementos de la Nueva Derecha Norteamericana deben ser organizados.

Traducido, del inglés, por Ea el Martes 6 de Mayo de 2014



“BÁRBAROS” VIKINGOS, “BÁRBAROS” ANCESTROS
mayo 6, 2014, 7:54 am
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Historia

Nos hallábamos este fin de semana en el Museu Marítim de Barcelona contemplando una exposición sobre el mundo vikingo. Nos resultó ilustrativa, bien documentada, amena y completa en cuanto a restos arqueológicos y recreaciones se trataba. Todo bien hasta que nos topamos con uno de los últimos plafones, en el cual se podía ver la fotografía de una agraciada joven de aspecto tirando a mulato ornada con un supuesto casco vikingo (decimos “supuesto” porque culminaba en los dos cuernos que, paradójicamente -tal como se explicaba en la misma exposición- nunca llevaron los vikingos o gentes nordse -nórdicas). Bajo la dicha foto se podía leer algo así como-citamos de memoria- que los vikingos del presente y/o del futuro son o serán de aspecto similar al de la joven, puesto que -seguía diciendo el texto- afortunadamente gracias a la ideología de género y a la multiculturalidad las cosas han cambiado desde la época en que los vikingos se hicieron notar en la historia… ¡Menudo colofón para una exposición amb cara i ulls! (con ‘cara y ojos’, como se dice en catalán). ¡Qué desentono en el conjunto de la muestra! ¡No venía al caso! A eso se le dice por aquí pixar fora de test! (‘mear fuera de tiesto’). Es tal la obsesión por el Discurso de Valores Dominantes que no se tiene rubor en excretar borrones en un trabajo más que bien presentado. ¡”1.984″, la obra de George Orwell, en estado puro y duro!, pues se trata de lavar el cerebro, controlar las mentes, programar o desprogramar al personal hasta en la sopa. Éstos son los cánones de obligado cumplimiento a los que hay que servir ciegamente …de no hacerse así se cae en el oprobio y, ¡lo que es peor!, en la persecución más despiadada.

En pocas palabras se estaba desprestigiando aquello que se estaba exhibiendo ¡…qué absurdo y contradictorio! Todo el valor, la cultura y la visión de la existencia de aquel mundo vikingo se estaba pisoteando, pues se estaba afirmando, p. ej., que la división de funciones que en él se daba entre hombre y mujer era una abyección típica de épocas felizmente superadas ¡…qué injusticia el que las mujeres no blandieran las espadas ni hicieran uso de las hachas de guerra! ¡Par Dieu, después de tanta brega feminista no se puede dejar de denunciar semejante prohibitiva aberración! ¡Qué es eso de que la mujer fuera la dueña del hogar familiar!; tal como simbolizaba el que ella era la dueña absoluta de las llaves de casa ¿¡La mujer en el hogar y el hombre guerreando!?¡…qué mal ejemplo -ejemplo a ocultar- para nuestro civilizado e igualitario mundo! ¡Condenemos a los vikingos y, de paso, a todos nuestros ancestros! ¡Nuestras raíces deben ser maldecidas, pues están saturadas de opresor patriarcalismo! ¡Qué es eso de intentar ser fieles a las leyes de la naturaleza! ¡…la naturaleza es machista! ¡Condenémosla y civilicémosla! ¡El mundo erróneo de nuestros antepasados debe ser objeto de demoledora crítica! ¡Contemplémoslo desde nuestra superioridad moral y cultural al mismo tiempo que lo condenamos! ¡…bárbaros retrasados!

¡Si es que encima esos bárbaros defendían su estirpe como algo casi sacro! ¡…Panda de racistas! ¡Si es que rendían culto a sus remotos ancestros! ¡…habrase visto qué obsesión por la preservación de sus genes! ¡Pugnaban por la cohesión de su etnia! ¡…a otro Núremberg retroactivo habría que someterlos! ¡Menos mal que en nuestro democrático mundo actual no caben esos postulados nefastos! ¡Menos mal que hemos segado las raíces de las que procedemos y así hemos evitado al demonio del racismo! ¡Menos mal que la globalización nos está fundiendo en una raza universal! ¡Si no fuera por nuestro sacrosanto multiculturalismo florecerían hoy en día gentes que reclamarían su propia identidad y, así, nuestro cosmopolita mundo feliz se iría rápido al carajo! ¡Menos mal que ya no existen pueblos de la calaña de aquellos vikingos! ¡Reivindiquemos la moderna vikinga guerrera mulata y pongamos en la picota a los vikingos históricos!

Al abandonar la dicha exposición entramos en otra en la que se mostraban barcos mercantes y de pasajeros de los dos últimos siglos y, sin venir al caso, como broche a la misma (¡y por si no habíamos tenido suficiente con lo expuesto hasta aquí!) nos golpearon con alguna fotografía y un vídeo lacrimógeno de inmigrantes subsaharianos (entiéndase -¡y se me disculpe por la franqueza!- ”negros’) camino a Europa en pateras… Como se comprenderá ya no nos quedaron alientos para plantarnos a visionar el entero contenido del vídeo ¡…ni ganas! En fin, ¡otro desentono y otra meada fuera de tiesto totalmente carente de relación con lo expuesto en la sala y con ribetes claros de más lavado de cerebro! ¡…más y más “1.984”! ¡Si uno no quería un plato recibió dos! ¡…o más que dos platos dos bofetadas a nuestro juicio; a nuestro entendimiento!

Eduard Alcántara



RESPUESTA A UNA INSISTENCIA SOBRE LO ABSURDO
marzo 7, 2014, 2:25 pm
Filed under: Ética y valores, Espiritualidad, Metafísica, Tradición

El sr. Julián Ramírez, secretario de un centro pretendidamente “evoliano” situado en la Argentina, ha firmado recientemente un documento en el que nos acusa de falsificadores y de sostener “posturas absurdas” en lo que al pensamiento tradicional evoliano se refiere, apoyándose mayormente en el cáp.XI de El Camino del Cinabrio. Pues bien, la endeblez (y mala voluntad) de las acusaciones es tal, que basta referirse al mismo capítulo del Cinabrio para refutarlo.

 

Ni somos meros racistas “biológicos” ni hemos presentado a Evola como tal. Siempre hemos concebido la “raza” en un sentido superior (es decir, como la sustancia humana más profunda y originaria) y en conformidad con la imagen tradicional del hombre entendida como una tri-unidad de corpus, anima y pneuma (o espíritu). Por supuesto que nadie duda que de la jerarquía de derecho existente entre los tres componentes del hombre deriva la preeminencia de la raza interior respecto de la externa; pero no es menos cierto -y es en lo que siempre hemos insistido- que la “pureza” racial se tiene cuando las tres razas concuerdan en armonía, expresándose la una, vislumbrándose la otra (p. 159 del citado capítulo).

 

Que el factor biológico (y cultural) ha de ser tenido en cuenta, lo confirma el propio Evola en el mismo capítulo (en referencia al Manifiesto de la Raza italiano aparecido en 1938) con las siguientes palabras: Por cierto que en Italia el racismo no tenía antecedentes de importancia, ello también a causa de los antecedentes históricos de tal nación, y ni siquiera encontraba allí un lugar propicio. Sin embargo fueron motivos intrínsecos suficientemente legítimos los que determinaron tal giro. Sobre todo como consecuencia de la creación del imperio africano y los correspondientes nuevos contactos con los pueblos de color, se imponía un refuerzo del sentimiento de distancia y de la conciencia de la propia raza en sentido genérico, para prevenir peligrosas promiscuidades y tutelar un necesario prestigio. Esta misma había sido por lo demás la línea seguida rígidamente hasta ayer en Inglaterra, línea que en donde hubiese sido mantenida por los pueblos blancos habría convertido en imposible el desencadenamiento de rebeliones “anticolonialistas” de las cuales, como por una justa Nemesis, tras la Segunda Guerra Mundial, la Europa desfalleciente iba a padecer las deletéreas consecuencias (p. 157). Ni que decir tiene que esto sigue siendo (y hoy más que nunca), en lo que a la afluencia masiva de población extraeuropea se refiere, de una rabiosa actualidad.

 

Por supuesto que -por otra parte- nadie pone en tela de juicio que las causas primeras de la “caída” son internas, pero no es menos cierto que los cruces raciales actúan como el principal catalizador de la misma. De esto, como muestra basta un botón (en los textos de Evola): Por lo cual sería incluso posible considerar un significado de catarsis también racial para las disciplinas (ascéticas) en cuestión, dado que, como se ha recordado, aquellos elementos de estilo los volvemos a encontrar en los orígenes como naturales en un tipo superior, que factores varios, y en primer lugar los cruces, han sucesivamente alterado y hecho decaer (Doctrina del Despertar, cáp. IV de la 2ª parte).

 

Es cierto que, si la raza interior es lo suficientemente fuerte, la presencia de un elemento externo (especialmente deseable si el mismo pertenece a otra rama del mismo tronco racial) introducido por el cruce puede actuar como un desafío y tener un efecto galvanizador; lo cual no es una norma, sino algo aplicable -a decir de Evola- al caso de ciertas estirpes aristocráticas que tienden a la degeneración a consecuencia de un largo régimen de endogamia (cuyo peligro más evidente sería, evidentemente, el de llegar a promover cruces entre individuos con algún grado de parentesco).

 

Sea como fuere, insistimos una vez más en que se hace necesario llegar a la fase más oscura de la Edad Oscura para sucumbir a las imperantes fuerzas disolventes y solidarizarse con el impulso de global “uniformidad”, racial incluida (el “caos étnico” siempre ha sido considerado un síntoma de un estado de crisis general, pero nunca en las proporciones actuales), a tenor de -por citar un sólo ejemplo- el siguiente texto del Vishnu Purana, Libro VI, cáp. I: Los hombres del Kali Yuga pretenderán ignorar las diferencias de raza y el carácter sagrado del matrimonio (que asegura la continuidad de una raza)… Durante el Kali Yuga, hombres de cualquier origen se casarán con mujeres de cualquier raza…. Ya no se respetará más el linaje de los antepasados…

 

Está claro asimismo que la concepción de “raza interior”, al remitirse al dominio espiritual es, por eso mismo, supraindividual por definición, casi -al decir de Evola- como una “idea” platónica, aun si empíricamente la misma puede aparecer y reencontrarse en primacía en una determinada raza física, en una determinada estirpe o pueblo. Ahora bien, en Rebelión contra el Mundo Moderno (cáp. IV de la 2ª parte), en un análisis magistral del devenir de los ciclos del mundo a la luz de una METAFISICA DE LA HISTORIA, Evola nos dice que la expresión más directa de dicha primacía de un principio espiritual, axial, aúreo, se encuentra en aquellas estirpes de directa procedencia hiperbórea: Mientras tanto, ya antropológicamente debe considerarse en las razas derivadas de la originaria estirpe boreal un primer grupo que se diferenciara por idiovariación, es decir, por una variación sin mezcla, grupo compuesto prevalecientemente por las oleadas de la más directa derivación ártica y que finalmente aparecerá en las varias venas de la pura raza aria; a continuación, un segundo gran grupo diferenciado por mixtovariación, es decir, por mezcla con razas aborígenes del Sur o Mediodía, con razas protomongólicas y negroides y otras que probablemente fueron los resíduos degenerados de los habitantes de un segundo continente prehistórico desaparecido, situado en el Sur, designado por algunos como Lemuria.

 

Pues bien, considerada a continuación -en la misma obra- esta cuestión a la luz de una MORFOLOGIA DE LAS CIVILIZACIONES tenemos que se ha de distinguir, en síntesis, un gran grupo portador de la Luz del Norte (cuya expresión histórica más directa la encontramos en los pueblos indoeuropeos, de directa ascendencia circumpolar y paleo-boreal -es notorio a este respecto el estudio publicado por Tilak- y detentadores por tanto, al menos en principio, de toda su potencialidad) y otro gran grupo, signado por la mezcla, que procedente de Atlántida Meridional se extendió básicamente por ambas márgenes del Mediterráneo y el Próximo y Medio Oriente, portador en el mejor de los casos, de la denominada Luz del Sur. Esta última caracterizada -a decir de Evola- por la destrucción de la síntesis aria entre espiritualidad y virilidad; encontrándose por un lado una afirmación crudamente material y sensualista, o bien ruda y ferozmente guerrera (asirios), del principio viril, y por el otro, una espiritualidad desvirilizada, una relación “lunar” y prevalecientemente sacerdotal frente a lo divino, el pathos de la culpa y la expiación (o al menos una relación de remisión y distancia de la “criatura” frente a su Creador) y un contemplativismo evasionista, en ocasiones de base naturalista-matemática.

 

Axiomático resulta pues que la Tradición en sentido eminente, la Tradición Primordial, es de origen nórdico (hiperbóreo). En este contexto, el Norte detenta un significado no tan sólo geográfico, sino sobre todo -y al mismo tiempo- metafísico (simbolismo del Centro y del Origen). De ahí que las razas portadoras de la Tradición Primordial (Luz del Norte) sean al mismo tiempo de filiación nórdica (Airyanem-Vaêjô o “cuna de los arios”), y que el término sánscrito âriya sea concomitante con la noción de excelencia (areté). En su más alta acepción (Evola dixit) dicho término comprende en primer lugar el ideal de una alta pureza biológica y una nobleza de la raza del cuerpo; en segundo lugar, la idea de una raza del espíritu de tipo solar, con rasgos simultáneamente regios y sacros.

 

En efecto, el símbolo ario es solar, en el sentido de una pureza que es fuerza y de una fuerza que es pureza, de una naturaleza radiante que tiene la luz en sí misma. Fue propio de los âriya una actitud afirmativa y heroica frente a lo divino. Tras sus símbolos mitológicos, recabados del cielo resplandeciente, se escondía el sentido de la “virilidad incorpórea de la luz” y de la “gloria solar”, es decir, de una virilidad espiritual victoriosa. En relación a ello, los arios tuvieron como ideal característico más el regio que el sacerdotal, más el guerrero de la afirmación transfigurante que el del devoto abandono, más el del ethos que el del pathos. Sobre esta base, la idea del regnum tenía un carácter sacro, así como también universal (Imperium, reflejo histórico del centro metafísico concebido como el dominio del “Señor del Mundo”). En su conjunto, se trata de un clasicismo del dominio y de la acción, de un amor por la claridad, por la diferencia y por la personalidad, de un ideal olímpico de la divinidad y de la supra-humanidad heroica, junto a un ethos de la fidelidad y del honor, lo que caracteriza al espíritu ario.

 

Por otra parte, que los términos “comunidad blanca”, “aria” o “indoeuropea” son sinónimos obtiene confirmación por parte de Evola (entre tantos otros lugares) en la pág. 162 del mismo Cinabrio (en referencia a su obra Síntesis de la doctrina de la raza), a propósito de que, una vez reconocidas unidades elementales en el seno de dicho tronco (raza mediterránea, nórdica, dinárica, eslava, etc.), y así como en Alemania la raza con derecho a predominar y dejar su huella en el resto de la nación es la nórdico-aria, en Italia la indicada para ser reconocida como raza central y guía sería la denominada ario-romana, una vez purificada y rectificada (sobre todo como actitud y modo de sentir y reaccionar) respecto del componente “mediterráneo”. El problema de la élite se definía como el de una clase dirigente que, además de tener autoridad, prestigio y poder para su función, se presentara como la encarnación de un tipo de humanidad superior, posiblemente en la plenitud propia de una unidad de raza interna y de raza externa (pág. 163). Sabemos que a continuación, y desgraciadamente, la Guerra se perdió, y se volvería mortalmente peligroso insistir en dichas temáticas, amén del descenso generalizado (y “uniformista”) de nivel acaecido mundialmente tras la misma.

 

Lo que no impide a Evola seguir reconociendo, incluso en el “racismo histórico”, una instancia antiigualitaria en la que es reafirmado el principio de la diferencia: diferencia tanto entre las distintas estirpes y pueblos, como entre los elementos de un mismo pueblo… El mismo se oponía a la ideología iluminista-democrática que proclamaba la identidad y la misma dignidad de todo ser que tenga semblante humano (pág. 160). A esto hemos de añadir que el término ario, si bien es cierto que originariamente era sinónimo de dvija (en sánscrito, “regenerado” o “nacido dos veces”, una por nacimiento natural y la otra por sobrenatural -iniciación-), no es menos cierto que el mismo detentaba asimismo un significado espiritual, aristocrático y racial, y que así como todo aquello que encuentra cauce de expresión en el seno de la Manifestación está signado por cualidades diferenciadoras, cada tipo racial está caracterizado por potencialidades internas definitorias susceptibles de actualizarse a través de las vías y vocaciones espirituales que le son propias (Luz del Norte y Luz del Sur en primera instancia, en lo que a nosotros atañe, dejando de lado las naturalezas chamánico-totémicas y/o animistas). Indudable resulta asimismo que, a diferencia del catolicismo como ejemplo de religión “universalista”, Evola afirma sostener una doctrina que también sobre el plano del espíritu afirma el principio de la desigualdad de los seres humanos (Cinabrio, pág. 165).

 

Por todo esto, y en resumidas cuentas, nosotros, como europeos, simplemente reivindicamos nuestro derecho y consideramos nuestro deber seguir una vía tradicional acorde con nuestra naturaleza y vocación, de carácter activo-heroico (Luz del Norte, en la que se enmarcan -por cierto- todos los lineamientos operativos aparecidos a lo largo de la obra evoliana); al tiempo que reconocemos y recomendamos para otros grupos humanos, en conformidad con su resultante definitoria e interna potencialidad, lo propio.

 

Por cierto que ocuparse del tema de la raza implica penetrar en el dominio de lo contingente, debido a la dimensión psico-física en que ha de manifestarse la raíz espiritual y sin la cual no podría hablarse propiamente de “raza”, pero eso no significa que ocuparse de la Doctrina de la Raza (en el sentido integral apuntado más arriba) obedezca a una pura contingencia, como parece que se nos quiere hacer creer.

 

Tratar de ver como “contingente” lo escrito por Evola a este respecto implicaría encasillar bajo ese epíteto no sólo escritos clave como Síntesis de la Doctrina de la Raza, sino también obras tan fundamentales como Rebelión contra el Mundo Moderno (continuamente revisado y puesto a punto por nuestro autor a lo largo de su vida, y donde la distinción entre la Luz del Norte y la Luz del Sur en relación a las diferentes razas y civilizaciones constituye uno de los ejes fundamentales de la misma), La Doctrina del Despertar (y la arianidad de la misma en su doble vertiente racial y espiritual), o El Misterio del Grial, por citar sólo algunas, amén de innumerables artículos y ensayos aparecidos en diferentes medios.

 

Para terminar, y en relación al “fundamentalismo islámico” (y por extensión al catolicismo, ambas netas expresiones de la Luz del Sur, o religiosidad lunar-fideísta) declaramos una vez más que el dominio iniciático (esotérico-realizador) y el religioso (exotérico-fideísta) pertenecen a órdenes diferentes, y que en todo caso lo menor debe ser dependiente de lo mayor y no a la inversa. El propio Evola se erige como un claro ejemplo de esto último, pues jamás a lo largo de toda su vida se refugió bajo el palio de absolutamente ninguna forma religiosa. Proscribe explícitamente la “necesidad de un exoterismo tradicional”, tanto más cuanto que afirma que no existen formas positivas (religiosas) dadas que tengan un sentido y una verdadera legitimidad en la cual hoy nos podamos apoyar, y que una “sacralización” de la vida exterior y activa puede acontecer sólo sobre la base de una libre y auténtica orientación interior hacia la trascendencia (inmanente), y no ya hacia uno u otro precepto moral o religioso. Y advierte expresamente contra los “conformismos tradicionalistas” que derivan de adheririse a los exoterismos o religiones, cualesquiera que éstas sean (El Camino del Cinabrio, cap. XIV).

 

En cuanto a la ilusoriedad de presentarnos a los países árabes como baluarte de la Tradición, en el mismo capítulo del Cinabrio leemos: Y si en el islam no puede negarse la presencia de algunos centros iniciáticos sufíes, esta presencia no impide para nada que los países árabes “evolucionen” ya en forma irresistible en el sentido modernista, progresista y antitradicional (pág. 217).

 

Sobre supuestas alianzas católico-islámicas capaces de actuar sobre el “mundo moderno” y modificar de alguna manera la situación general del mundo, Evola declara claramente y sin ambages, remitiéndose a su experiencia y a una concepción realista de la situación en general, su convencimiento de que nada puede hacerse para provocar una modificación de relieve en dicha situación, para actuar sobre procesos que tras los últimos derrumbes, tienen ya un curso desenfrenado (pág. 207).

 

Los que conocen realmente su obra saben muy bien que Evola luchó toda su vida por promover el renacimiento de la arianidad del espíritu indoeuropeo, que por muy decaído que hoy día pueda externamente parecer, encierra en sus potencialidades internas definitorias la capacidad de despertar y actualizarse -como hemos dicho más arriba- a través de las vías y vocaciones espirituales que le son propias. Es más, diríamos que éste es precisamente el rasgo característico definitorio de la concepción evoliana frente a otros tradicionalismos “universalistas” de carácter lunar-contemplativo, y tratar de despojar a su doctrina (entendida como una actualización contemporánea de los contenidos de la Tradición Primordial) de todo lo que implican sus referencias a la Luz del Norte y a la Luz del Sur, sin ir más lejos (por no hablar de la pretensión de conducir su operatividad al terreno de la religiosidad, ya sea católica o islamista “fundamentalista”), equivaldría a toda una mutilación manipuladora de la obra de nuestro autor, y a reducir al mismo -y quizá sea mucho decir- a una especie de “Schuon” más, con la diferencia, eso sí, de pretender no necesitar de una filiación iniciática regular -en el caso de los “católicos” al menos, al carecer totalmente de la misma-, en la que tanto insisten este tipo de autores.

 

Incalificable nos parece asimismo, en este orden de cosas, la insistencia de estos señores “evolianos” en calificar de “acto heroico” hechos tales como los “atentados” a las torres gemelas (independientemente de la opinión que cada uno pueda tener acerca de la verdadera naturaleza de los mismos). Los mismos señores que no dudan en calificarnos a nosotros, simplemente porque no vemos las cosas como ellos, con clara intencionalidad tendenciosa y ofensiva, tanto de meros “nazis” como de “sionistas”, en ocasiones simultáneamente en un mismo escrito. “Un poco de coherencia por favor”.

 

Colectivo Julius Evola. Septentrionis Lux



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