Julius Evola. Septentrionis Lux


EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA
septiembre 11, 2019, 5:30 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Historia, Metapolítica, Política, Política y tradición, Tradición

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EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA

 

Vayan estos apuntes para aclarar ciertas confusiones que sostienen algunos con respecto a la actitud que adoptó Julius Evola frente a los dos más definidos períodos del fascismo italiano. Sépase, empezando por el final (esto es, por la segunda etapa del fascismo), que Evola se jugó la vida en unión de todos aquellos que sostuvieron y defendieron a la República Social Italiana. Estuvo clandestinamente en Nápoles y en Roma con la intención de organizar la resistencia contra los badoglianos aliadófilos que habían depuesto a Mussolini el 25 de julio de 1.943 a raíz de la reunión del Gran Consejo Fascista. Salvó el pellejo de milagro –gracias a las tretas de distracción llevadas a cabo por su madre- cuando salía por la misma puerta de su casa, en Roma, por la que habían entrado en su busca agentes de los servicios secretos británicos…

Más que a las medidas de tipo económico-social adoptadas por la República de Saló (y a la legislación que ésta aprobó en Verona) es a la jerarquía que dichas medidas (que no vamos a entrar ahora a valorar) alcanzan en la R.S.I. a lo que Evola se opone, pues él defiende, por ejemplo, la idea de que una organización estatal no debe, como de manera paradigmática sucedió, definirse en su autodenominación por lo que jerárquicamente debe de estar sometido a lo Espiritual, esto es, no debe definirse por lo Social (República Social Italiana), pues lo Social debe de estar sometido a lo político igual que lo político debe de estar sometido a lo Metafísico.

Pese a todo esto Evola se alineó con la R.S.I. al considerarla como la representante del ´frente del honor´ ante la deshonra representada por la otra Italia que había traicionado en plena guerra a sus hermanos de armas (el III Reich). El honor, la fides y la lealtad (como valores inherentes a la Tradición) sustanciaban a la R.S.I. y por ello Evola se alineó incondicionalmente con ella.

No se piense, por otro lado, que Evola se adhiere incondicionalmente a la Italia fascista del ventennio. Nunca fue miembro del Partido Nacional Fascista y critica con dureza los compromisos que el Régimen mantiene ya sea con el Vaticano o ya sea con la mentalidad y los hábitos que informan lo burgués y frívolo del comportamiento de ciertos jerifaltes (p. ej., esto último, desde la revista La Torre por él dirigida y que fue rápidamente clausurada por las autoridades). Atisba un conato interesante –de parte de esta Italia del ventennio fascista- cuando se reivindica el pasado de la antigua Roma, pero se decepciona al comprobar que esta mirada al pasado glorioso de Roma no pasa de lo superficial (lo folclórico, lo artístico, lo exclusivamente arqueológico,…) y no es capaz de percibir la esencia metapolítica y metafísica que constituyó su médula y su razón de ser. No por esto Evola cejó en ningún momento (a través de algunos de sus libros y muchos de sus artículos) en su empeño por intentar reconducir al Régimen hacia las fuentes genuinas de la Tradición.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

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CURIOSIDADES ARQUITECTÓNICAS EN LA GRAN URBE: EL CASTILLO DE SANTA EULALIA
agosto 15, 2019, 11:33 am
Filed under: Historia, Tradición

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CURIOSIDADES ARQUITECTÓNICAS EN LA GRAN URBE: EL CASTILLO DE SANTA EULALIA

“Una de las mayores miserias espirituales de nuestro tiempo reside en la alienación en la que vivimos respecto a nuestro entorno urbano. El hombre occidental de nuestros días mantiene una relación abstracta y vacía con la ciudad en la que vive. Normalmente, sabe poco de su historia, y sobre todo del profundo conjunto de significados que, con gran frecuencia, se esconde en sus monumentos, en sus calles, en sus plazas, en sus fuentes, en sus iglesias, en sus edificios oficiales”.

Antonio Martínez, “En busca del alma secreta de la ciudad”. El Manifiesto.

Hospitalet de Llobregat es el segundo municipio de Cataluña en cuanto a número de habitantes y uno de los mayores de toda España en cuanto a densidad de población, también una de las mayores de Europa, y eso teniendo en cuenta que la capital -Barcelona- “nos robó” (tejemanejes de los politicastros liberales de la época, como siempre vamos…), cientos y cientos de hectáreas -1000 hectáreas aproximadamente entre 1920 y 1933- arrebatándonos así el acceso que hasta entonces teníamos hacia la montaña en su lado Norte (Sierra de Collserola, Finestrelles) y hacia el mar en su lado Sur (la famosa Marina de Hospitalet con su bello faro aún hoy en pie pero al que ya no se puede acceder, lugar hoy de horrendos y ruidosos polígonos industriales conocido como ‘Zona Franca’). El nombre originario de Hospitalet, por documentos escritos ya del Siglo X, fue Provençana y que entonces prácticamente doblaba en territorio al Hospitalet actual, extendiendo sus dominios hasta la ya citada Sierra de Collserola (hoy convertida en Parque Natural, uno de los mayores parques metropolitanos del mundo con cerca de 9000 hectáreas repartidas entre tres comarcas: el Barcelonés, el Baix Llobregat y el Vallés Occidental), y el Río Llobregat (bautizado por los romanos como Rubricatus, el Río Rojo, ello por el tono marrón sanguina de sus aguas debido a las arcillas que conforman su lecho); Provençana proviene del nombre latino de Provius o Proventius. El nombre de “l’Hospitalet”, en catalán “el pequeño hospital”, proviene del hospital de pobres —un albergue en el que se practicaba la beneficencia y se acogía a los viajeros, al parecer fundado y dirigido inicialmente por la Orden monástico-militar de los Hospitalarios— que se construyó a finales del siglo XII junto a la Torre Blanca. Esta casa estaba junto al Camino Real, la antigua Vía Augusta, alejada de la Iglesia de Santa Eulalia de Provençana, junto al límite con Cornellá. El pueblo se consolidó a partir del siglo XIII en torno al hospital y no alrededor de la iglesia de Provençana.

Dentro de Hospitalet se encuentra uno de los barrios más populares y simbólicos de dicha ciudad: Santa Eulalia. En dicho barrio se encuentran una serie de curiosidades arquitectónicas y de símbolos de gran trascendencia. El camino, la actual Calle de Sta. Eulalia, es uno de los principales protagonistas de la historia del barrio y la ciudad. Es de época romana e iba desde Barcino (Barcelona) hasta Cornelianum (Cornellà) y el Delta, que era el puerto principal de la colonia romana, ya que muchos barcos fondeaban en los arenales del Delta. Lo podemos considerar el ramal costero de la sagrada Vía Augusta. Por los alrededores de la Ermita de Santa Eulalia de Provençana (Siglo XII, originalmente había una villa y templo romanos) estaba la señal de la milla 4 de este camino romano.

Algunos restos arqueológicos parecen indicar la existencia de una villa romana donde después se construyó la citada iglesia. El hallazgo más importante fue la de una escultura que representa un Cabeza de Medusa, que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico de Barcelona, cuando debiera estarlo en el de Hospitalet, en fin… Desde la antigüedad clásica griega, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion.

Aparte de la Cabeza de Medusa, la Vía Augusta, la bella Ermita románica (que también sufrió la ira y el salvajismo de la chusma marxista durante la Cruzada como tantos y tantos otros monumentos sacros, sometidos hoy a la perversa desmemoria histérica de los tarados y giliprogres de toda laya), citar también una antigua y bella masía hoy convertida en la Casa Gallega, pero que en el pasado fue también un local del Frente de Juventudes – aquella maravillosa y viril empresa falangista y formativa juvenil sin parangón en la España y Europa contemporáneas-, y entre algún que otro monumento de interés arquitectónico o artístico, destacar sobre todo el famoso “Castillo de Santa Eulalia”…

En la calle Blas Fernández Lirola, a la altura del nº 74, llama la atención una fachada en piedra amarillenta de Montjuïc que destaca de todo el resto de fachadas de la calle porque es la viva imagen de un “castillo medieval”. .. Realmente se trata de una construcción moderna del Siglo XX y tras la cual se esconde una historia de amor, amor no correspondido quizá, o un amor platónico y caballeresco que como tal nunca puede llegar a materializarse, de ello poco más se sabe.

El Sr. Blas Fernández Lirola, el constructor de esa curiosa a la vez que fascinante edificación y que acabaría dando su nombre a la calle, era un librero con establecimientos en la Calle Aribau y en el conocido mercado de Sant Antoni de la Ciudad Condal, cuando a principios de los años 30 decidió empezar la construcción de lo que se conocería más adelante como “El Castell de la Pepa” o , sencillamente, “El Castell” (el castillo). Este personaje misterioso que tenía fama de excéntrico y que estaba especializado en la venta de libros viejos y de época, al parecer estaba perdidamente enamorado de una jovenzuela (quizás la Pepa de marras…) y en su honor se dispuso a construir un castillo para regalárselo.

Así las cosas, el librero empezó poco a poco a levantar el edificio en la medida que daba el presupuesto. Presupuesto que estiraba aprovechando materiales de construcción provenientes de antiguos edificios derruidos del Eixample barcelonés (Plan Cerdá, obra faraónica ideada por el gran arquitecto Ildefonso Cerdá y sólo parcialmente ejecutada, ya que él quería grandes y amplios espacios verdes para su ciudad utópica e ideal), con los cuales conseguía unos materiales de gran calidad provenientes de las canteras de Montjuïc (ya en buena parte cerradas en el momento en que inició la construcción de su castillo), la montaña sagrada y mágica conocida por los antiguos romanos como Montjovis (Monte de Júpiter), y donde según la leyenda sobre su cima Hércules fundó la ciudad de Barcelona, convirtiendo a ésta en un “espacio sagrado”, en otro Axis Mundi, Centro Sagrado emanado de la Tradición Primordial aunque en este caso secundario o subsidiario al estar subordinado a la Roma Eterna… Esta forma de aprovechamiento también le permitió incorporar elementos estructurales, ornamentales y decorativos señoriales pre-modernistas provenientes de estos edificios, tales como la escalera, suelos e incluso alguna escultura, lo que proporcionaba a la vivienda un imponente aspecto medieval. Un verdadero reciclaje en toda regla en definitiva. Como rezaba un viejo himno totalitario muy español y muy azul: “de la entraña del pasado nace NUESTRA REVOLUCIÓN…”

De este modo, y tal como reza en la fachada del castillo, las obras se alargaron desde el 1935 hasta el 1945 (se supone que tales obras sufrieron un parón durante la Cruzada de Liberación Nacional de 1936-39), momento en el que se dio por finalizado un edificio de 3 pisos de unos 170 metros cuadrados de planta, con fachada “medieval” tanto a la calle como al patio interior, y donde las ventanas destacan por ser arcos ojivales y los dinteles de las puertas por ser arcos de herradura de inspiración románica. Todo un castillo de la Edad Media construido en el Hospitalet de pleno siglo XX, verdaderamente fascinante. Año 1945, el año de finalización de la construcción, pero también el año de la derrota de Europa por las potencias de la subversión mundial enemigas de todo lo bello, noble y grande, valores que este extraño monumento aún encarna en medio del caos y de la enorme fealdad de la urbe moderna y sus construcciones “funcionales” sin alma.

A finales de los años 40, Lirola, que según parece no llegó a vivir en el edificio, cedió el mismo al Ayuntamiento de L’Hospitalet con el fin de que fuese destinado a usos culturales. El edificio fue aceptado por el consistorio, el cual, en reconocimiento, puso su nombre a la calle en que se había construido, es decir Blas Fernández Lirola, aunque popularmente es más conocida por “la calle del castillo”. El alcalde de entonces, Enrique Jonama, Jefe Local de la Falange hospitalense, decidió convertirlo en una escuela de bellas artes, ello al menos hasta 1952. En la actualidad el castillo de Santa Eulalia está siendo utilizado como almacén (o eso dicen) del Museo de l’Hospitalet. Un uso que, por desgracia, pudiera ser efímero habida cuenta de los intensos rumores que apuntan a su abandono por parte del Ayuntamiento (al cual pertenece) y que, debido a que no está protegido oficialmente, ni catalogado como patrimonio de la ciudad de ningún modo (está excluido del Plan Especial de Protección del Patrimonio Artístico, la “PEPPA”, malditas ironías del destino…), sumadas a las conocidas tendencias patrimonicidas, antihistóricas y antiartísticas (por otro lado generalizado en cualquier nauseabunda plutocracia) del consistorio, en manos como está de politicastros de la peor especie y calaña, un nido de separatistas, progres, podemitas y sociatas de baja estofa, pudiera ser el fin del edificio tal y como lo conocemos. Esperemos que su destino sea análogo al verdadero castillo de Hospitalet, el Castell de Bellvís de La Torrassa y que a punto estuvo de ser demolido de haber sido por la asquerosa chusma mencionada, menos mal que gracias a la oposición y movilización vecinal finalmente el mismo se salvó de la demolición y hoy ha pasado a ser Bien Cultural de Interés Nacional. Los Hombres de la Tradición seguiremos buscando el “alma secreta” de nuestras ciudades, las que no tienen un origen puramente moderno, aquellas de origen mítico, remoto o legendario (y en España abundan de forma aplastante), y hoy la mayoría convertidas en junglas atomizadas de asfalto, ruido y barbarie democrática, porque como dijo Marco Furio Camilo (446-365 a. C), militar y político romano de ascendencia patricia:

“NUESTRA CIUDAD FUE FUNDADA RELIGIOSAMENTE; LOS DIOSES MISMOS DESIGNARON EL LUGAR Y SE ESTABLECIERON CON NUESTROS PADRES. POR ARRUINADA QUE ESTÉ, AÚN ES LA MORADA DE NUESTROS DIOSES NACIONALES”.

SEMPER FIDELIS!!! FUERZA HONOR Y TRADICIÓN!!!

Joan Montcau

 



LA VALL DE NÚRIA, UN AXIS MUNDI Y LUGAR DE PODER

   En medio de los altos Pirineos, a casi dos mil metros de altitud, se ubica el Santuario de Núria, rodeado por el Puigmal, el pico del Segre, el Finestrelles, Eina, Noufonts y Noucreus. Tanto administrativa como eclesiásticamente, Núria pertenece a Queralbs.

 

   El primer dato histórico sobre Núria data del 1067, cuando Guillermo R. de Cerdanya concede al monasterio de Ripoll derechos de pastoreo. Hay culto a la Virgen María …al menos desde el año 1162 según consta en una bula papal. En 1271 se tiene noticia de un albergue de peregrinos.

 

   La primera referencia sobre Nuestra Señora de Núria, sin embargo hay que buscarla mucho antes, en los inicios del Siglo VIII. Una piadosa tradición, casi mítica y legendaria, nos narra que San Gil, o Egidio, nacido en Atenas y nombrado Obispo de Nimes, esculpió la imagen de la Virgen cuando hacía vida de ermitaño aquí, entre los años 700 y 703. Haciendo sonar la campana convocaba a los pastores del entorno, los evangelizaba ante la cruz que él mismo había esculpido, y también les entregaba la comida que había cocinado en una olla. Así, CAMPANA, CRUZ y OLLA, junto con la VIRGEN por él esculpida, se convirtieron en los símbolos de Núria. Como consecuencia de la implacable persecución religiosa padecida a manos sarracenas (sarracenos a los que hoy estamos sufriendo de nuevo con la ayuda de los traidores de dentro pero ya en una sociedad totalmente descristianizada y totalmente ayuna de espiritualidad), San Gil se vio obligado a marcharse para siempre. Sin embargo antes de hacerlo, escondió esos cuatro Símbolos Fundamentales de Núria (y también de la Ciencia Sagrada): VIRGEN (símbolo de la Naturaleza pura e inviolada), CRUZ (símbolo de los 4 elementos, pero también de la quintaesencia, el Hombre Primordial), CAMPANA (símbolo de la unión de lo suprasensible y lo sensible, lo celeste con lo terrestre) Y OLLA (recordemos el caldero mágico del dios solar céltico-hiperbóreo Dagda o el vaso sagrado de las leyendas artúricas y del Grial).

 

   En 1072, por inspiración divina, un hombre llamado Amadeo vino desde Dalmacia en busca de unas reliquias de María. Un grupo de pastores que conocía la tradición de San Gil lo ayudó a levantar una modesta capilla que fue luego el origen del Santuario. Ausente ya Amadeo, y gracias a la intervención de un toro fogoso que empezó a golpear una pared de piedra con su pezuña, los pastores con la ayuda de sus herramientas, descubrieron detrás del muro la imagen de la Virgen junto con la Cruz, la Campana y la Olla. Eso ocurrió en el año 1079. Vemos que aparecen otros dos Símbolos Fundamentales de la Tradición Primordial y de la Ciencia Sagrada: el Toro Solar (fogoso) y la Piedra (recordemos que todos los dioses solares son “nacidos de La Piedra”, es decir en el interior de cuevas o grutas, Mitra, Cristo, Orfeo, etc…). Por otro lado el Toro en algunas tradiciones solares era símbolo del Monarcato heroico y aristocrático-viril, los cuernos eran otro símbolo del Eje del Mundo que conecta el mundo celeste con el terrestre, lo invisible con lo visible. Sin duda estamos ante otro extraordinario y enormemente bello Axis Mundi -Eje del Mundo-, otro punto de conexión entre el Cielo y la Tierra. SEMPER FIDELIS!!! FUERZA, HONOR Y TRADICIÓN!!!

 

J.M.C.

 

 



audio conferencia. “Güelfos vs gibelinos: buscando las claves de la decadencia”

En el siguiente enlace se podrá descargar sin problemas (no hay que temer el aviso de virus) el audio de nuestra conferencia “Güelfos vs gibelinos: buscando las claves de la decadencia”:

https://drive.google.com/uc?id=1aTNcGOGC17BK50BaASi3tLJy02wcdBhP&export=download

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



El Fuero Juzgo, Recesvinto. A vueltas con el enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur’
   Siguiendo con nuestra costumbre (fruto de nuestra afición por la historia) de echarle (cuando el tiempo nos lo permite) una ojeada a las efemérides ocurridas en tal día como en el que uno se halla, hace tres (el pasado 30 de septiembre) leíamos que en tal día del año 653 Recesvinto fue proclamado rey del Reino Visigodo que se había establecido en la totalidad de la Península Ibérica. Inmediatamente nos vino a la memoria el que bajo su reinado fue redactado el Fuero Juzgo (conocido así en su traducción al posterior romance)Liber Iudiciorum, Lex Visigothorum Lex gothica. En uno de sus apartados se  acaba por dar legitimidad a los matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos …matrimonios que hacía ya que eran una realidad pero que, hasta la aprobación de este cuerpo de leyes, no estaban legalmente respaldados y legitimados. La realidad de los hechos y el Fuero Juzgo que los legitima contrasta sobremanera con lo acaecido posteriormente a la caída del Reino Visigodo cuando durante el prolongado período de dominio de la Península por parte del islam (casi ocho siglos) la existencia de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes brilló por su ausencia y la fusión entre ambos resultó inconcebible. El porqué de tal fuerte contraste entre ambos períodos histórico-políticos hay que hallarlo  en el hecho de que si bien visigodos e hispanorromanos compartían cosmovisiones similares musulmanes y cristianos, por contra, eran portadores de una manera de percibir y vivir el mundo y la existencia antagónica. (1) 
 
       Julius Evola en su obra  Sintesi di dottrina della raza nos habla de tres “estratos”  de raza como constitutivos del hombre: la ‘raza del espíritu’, la ‘raza del alma’ y la ‘raza del cuerpo’. Un Hombre de la Tradición para ser considerado tal debería cumplir con los tres: su ‘raza del espíritu’ debería estar informada por un tipo de espiritualidad solar que concibe la posibilidad de hacerse uno con el Principio Primero Inmutable y Eterno, su ‘raza del alma’ debería forjarse a través de los valores propios del guerrero y su ‘raza del cuerpo’ debería ser un reflejo de las anteriores y quedar, pues, incluso definidos y reflejados en el rostro esos valores de la ‘raza del alma’ propios de la casta guerrera, tales como la nobleza, el ser honorable, la fidelidad, el espíritu de servicio y sacrificio, la austeridad o la “gravitas”. Es en las estirpes indoeuropeas Tradicionales donde esa conjunción de los tres estratos raciales llegó, alguna vez, a consumarse.
     Definida esta doctrina Tradicional racial hallamos que tanto entre la población hispana del tardo Imperio Romano y como entre los visigodos que se asentaron en las tierras de la Península Ibérica existe cierta notable aproximación hacia ese ideal racial, ya que los hispanorromanos (resultado de la mezcla entre íberos y celtas autóctonos y legionarios romanos afincados en Hispania tras ser licenciados), a pesar de ser los herederos de los postreros suspiros del Imperio Romano occidental, pertenecen en lo físico, básicamente, al tronco indoeuropeo (‘raza del cuerpo’), conservan aún ciertas cualidades propias del talante legionario romano (‘raza del alma’) (2) y en lo religioso profesan un cristianismo despojado de los principales elementos espurios del judaísmo gracias a su contacto con la agonizante -pero otrora Tradicional- religiosidad romana precristiana (‘raza del espíritu’). Los visigodos, por su parte, también pertenecen al tronco indoeuropeo, hacen suyos los valores del guerrero y, tras la conversión del rey Recaredo (año 587) practican un cristianismo (el catolicismo trinitario) que ya, desde el punto de vista teológico, no imposibilita la opción de acceso a la Trascendencia (al contrario de lo que sucedía con el arrianismo, negador de la divinidad de Cristo, con el que entraron en la Península): cumplen, pues, también, de forma aproximada, con los tres estratos raciales definidos en la ‘doctrina de la raza’ expuesta por Evola. No nos debe, pues, de extrañar que tras la conversión de Recaredo se multiplicaran los matrimonios mixtos entre hispanorromanos y visigodos y que Recesvinto, con su Fuero Juzgo, acabara por otorgarles legitimidad de ley.
     Contrariamente a esto no ocurrió lo mismo tras la invasión sufrida (a partir del 711 y hasta 1.492) por el Reino Visigodo a manos de los sarracenos ¡…a pesar de lo enormemente prolongado de este período! Y no acontecieron tales matrimonios mixtos a pesar de que el tema de la ‘raza del cuerpo’ no representó ningún especial obstáculo si tenemos en cuenta que la mayoría de la población musulmana de Al Andalus era de origen indoeuropeo (3) al igual que lo eran los cristianos (descendientes de hispanorromanos y, más aún, de la nobleza visigoda) contra los que lucharon durante este largo período. Pero, por contra, en los estratos de la ‘raza del Espíritu’ y la ‘raza del cuerpo’ las distancias entre cristianos y musulmanes resultaron poco menos que insalvables. Es así que en el plano de la ‘raza del Espíritu’ unos (los nominalmente cristianos) conciben un cosmos rico en esencias metafísicas (que el exoterismo explica en las figuras angélicas) jerarquizadas entre ellas y otros (los musulmanes) contemplan un universo árido en el que en lo alto se halla Allah y aquí abajo los hombres, con la nada (metafísicamente hablando) de por medio. O que la misma idea de paraíso celestial, como reflejo de la manera de entender la vida y la existencia, resulte altamente contrastante entre, por un lado, musulmanes y, por otro, cristianos que habían descabalgado muchas de las adherencias del judaísmo con las que iniciaron su andadura. Idea del paraíso, la del cristianismo medieval combatiente, que se hallaba en la línea de la que nos describía José Antonio Primo de Rivera en una de sus magníficas reflexiones y que recordábamos hace un tiempo cuando comentábamos que pueblos como los semitas -y otros afines o semitizados por el accionar de ciertas religiones- han hecho gala siempre de un telurismo lunar que conlleva un sensualismo muy impregnado en sus entrañas. Así han concebido un paraíso erótico y sensual al que accederán aquéllos que mueran combatiendo por Allah. El devoto integrista no entiende de posibles mensajes esotéricos encriptados tras la descripción de un tal paraíso y se toma dicha descripción al pie de la letra: siete palacios de jade, con siete harenes cada uno y setenta y siete huríes en cada uno de ellos de las que podrá disfrutar en estado de erección eterna a la edad permanente de 33 años… ¿Se inmolarían estos integristas si en lugar de un paraíso erótico acorde con su idiosincracia se les ofreciera otro al estilo del que nos describía, hace 76 años, José Antonio Primo de Rivera?: Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “No quiero el Paraíso, sino el descanso” –decía–. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descansoEl Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas”.
     E igualmente en el estrato de la ‘raza del alma’ nos topamos con esas distancias insuperables entre esas gentes andalusíes dadas a lo sensual, a una ‘vida-muelle’ y al engorde y satisfacción de lo sensitivo (4) y las otras gentes herederas del Reino Visigodo perdido portadoras de una clara vocación guerrera y muy volcadas a una vida austera dispuesta al servicio y a la disciplina y autodisciplina. De nuevo José Antonio. en su escrito de prisión “Germanos contra bereberes” nos supo ofrecer un retrato de una exactitud encomiable sobre el contraste tan agudo entre los unos y los otros y, así, nos decía que “…el tipo de dominación árabe era preponderantemente político y militar. Los árabes tenían vagamente el sentido de la territorialidad. No se adueñaban de las tierras, en el estricto sentido jurídicoprivado. Así pues la población campesina de las comarcas más largamente dominadas por los árabes (Andalucía, Levante) permanecía en una situación de libre disfrute de la tierra, en forma de pequeña propiedad y, acaso, de propiedades colectivas. El andaluz aborigen (…) gozaba, pues, una paz elemental y libre, inepta para grandes empresas de cultura, pero deliciosa para un pueblo indolente, imaginativo y melancólico (…). En cambio los cristianos, germánicos, traían en la sangre el sentido feudal de la propiedad. Cuando conquistaban las tierras erigían sobre ellas señoríos, no ya puramente políticomilitares como los de los árabes, sino patrimoniales al mismo tiempo que políticos. El campesino pasaba, en el caso mejor, a ser vasallo. La organización germánica, de tipo aristocrático, jerárquico, era, en su base, mucho más dura. Para justificar tal dureza se comprometía a realizar alguna gran tarea histórica. (…) Toda aquella enorme armadura: Monarquía, Iglesia, aristocracia, podía intentar la justificación de sus pesados privilegios a título de cumplidora de un gran destino en la Historia. Y lo intentó por doble camino: la conquista de América y la Contrarreforma.”
     Es pues que con estas mimbres tan dispares, tanto en el plano de la ‘raza del espíritu’ como en el de la ‘raza del alma’, nadie ha, pues, de extrañarse de que no existiese ningún tipo de fusión entre el orbe musulmán (‘luz del sur’) y el orbe denominado como cristiano (‘luz del norte’) durante los ocho siglos de presencia islámica en la Península Ibérica (5) …realidad incontestable y tan contrastante con lo ocurrido en la etapa histórica precedente a la invasión agarena cuando los matrimonios entre visigodos e hispanorromanos se habían generalizado de tal forma que el rey Recesvinto, elegido rey tal día como un 30 septiembre del 653, les concedió (al año siguiente) carta de legitimidad legal en un contexto de equiparación en derechos a ambas poblaciones.
     NOTAS:
(1) No se verá falto de relación este escrito nuestro con otro que recientemente publicamos bajo el título “Tal día como hoy (24 de septiembre) de 1.410: episodio del enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur'”: https://septentrionis.wordpress.com/2015/09/24/tal-dia-como-hoy-24-de-septiembre-de-1-410-episodio-del-enfrentamiento-entre-luz-del-norte-y-del-sur/
(2) El general romano Flavio Aecio sería un buen ejemplo de heroísmo en estas fases terminales de la romanidad occidental. Su espíritu legionario le llevó a la victoria, junto a sus aliados visigodos, francos y alanos, frente a las terribles hordas hunas en la batalla de Los Campos Cataláunicos, en el 451.
(3) Los, aproximadamente, seis millones de habitantes que Al Andalus tuvo en su momento de máxima expansión territorial no casan con las cifras de invasores: unos 10.000 expedicionarios entraron, a las órdenes de Tariq y Muza, en el 711 por el sur de la Península al atravesar el Estrecho de Gibraltar. Además, estos expedicionarios no es ni mucho menos descartable que fueran, en gran número, vándalos islamizados (abocados, tiempo atrás, al norte de África por el Reino Visigodo) y tropas visigodas del bando witiziano de la provincia de Ceuta gobernada por el conde visigodo D. Julián. El mismo nombre de Tariq es de origen visigodo (Taric, Alaric, Roderic,…). El grueso, pues, de la población de Al Andalus estaba constituida por hispanorromanos y visigodos (sobre todo witizianos enfrentados con el Rey D. Rodrigo) islamizados bien por cierta afinidad religiosa con el invasor (un cierto críptico arrianismo subsistente aun entonces y no distante con el Islam en su calibraje de la enorme distancia ontológica existente entre Dios y el hombre), bien por alianzas político-militares (witizianos y musulmanes) contra los visigodos de D. Rodrigo, bien por evitar el pago excesivo de impuestos en el supuesto de seguir abrazando la fe cristiana, bien por conservar parcelas de poder y pasar, así, muchos nobles visigodos, de ser condes a convertirse en valíes.
(4) Era tal la propensión, de parte de las gentes de Al Andalus, hacia los placeres sensuales y hacia la suntuosidad   que sus mismos correligionarios africanos protagonizaron expediciones militares para hacerse con el control de la España musulmana y retornarla al integrismo que emana del Corán. Almorávides en el siglo XI, almohades en el XII y benimerines en el XIII saltan el Estrecho de Gibraltar con el objeto de poner coto a las vivencias  licenciosas del Islam.
(5) Tal como pretendimos demostrar en nuestro escrito: “¿Medio moros, medio judíos?”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/05/medio-moros-medio-judios/
 
     Eduard Alcántara
     eduard_alcantara@hotmail.com


TAL DÍA COMO HOY (24 DE SEPTIEMBRE) DE 1.410: EPISODIO DEL ENFRENTAMIENTO ENTRE LUZ DEL NORTE Y LUZ DEL SUR
septiembre 24, 2015, 4:39 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Historia, Metafísica, Tradición
      Como tenemos por uno de nuestros intereses el de la historia le hemos echado hoy (24 de septiembre) un vistazo (como hacemos con cierta asiduidad) a las efemérides y, tras esto, aprovechando que tal día como hoy del año 1.410 el regente del entonces Reino de Castilla, el infante Fernando (futuro rey de la Corona de Aragón, como Fernando I, tras el Compromiso de Caspe -1.412), tomó la ciudad de Antequera (en la actual provincia de Málaga), que formaba parte, por aquel entonces, del reino nazarí (sarraceno) de Granada (último reducto islámico en la Península Ibérica), aprovechando, decíamos este hecho histórico, recordaremos que la Reconquista, por parte de las huestes cristianas, de una Península Ibérica que a partir del siglo VIII había caído bajo el dominio del islam hay que enmarcarla en el contexto de una lid que tiene su epicentro en lo metapolítico y en lo metafísico, pues se trata de un episodio agonal entre la Luz del Norte y la luz del sur, entre un cristianismo bastante despojado de su inicial naturaleza judeocristiana y un islam fiel representante del talante y las esencias de las Religiones del Libro. Se trata de la lucha entre un cristianismo que había hecho suyo buena parte del legado espiritual del mundo precristiano europeo y un islam de impronta raigal semita. Se trata del enfrentamiento entre ese cristianismo que a partir de su entronización como religión oficial del Imperio Romano (fines del s. IV, con el emperado Constantino “el Grande”) había soltado su inicial lastre igualitarista, humanitarista, pacifista, pusilánime y subversivo para con el poder político para, por contra, aceptar lo jerárquico y entender de la necesidad de la existencia del estamento guerrero (posturas que se vieron reforzadas tras el contacto con los pueblos germánicos que invadieron, hacia finales del s. V, el Imperio Romano occidental), se trata, comentábamos, del enfrentamiento entre este cristianismo desjudaizado y un islam totalmente alógeno al más genuino palpitar del homo europaeus Tradicional. Se trata del combate entre un cristianismo que ya antes de su romanización se había enriquecido con el aporte heleno de una metafísica que entendía, más que de un universo, de un pluriverso (como diría Santiago de Andrés) en el que entre la divinidad suprema asumida como tal y el hombre aceptaba toda una serie de entes intermedios escalonados jerárquicamente según su mayor o menor proximidad a esa divinidad suprema y, por otro lado, un islam que entre Allah y el hombre no concebía (ni concibe) más que un vacío metafísico total y una separación insalvable. Se trata de un cristianismo en el que entre Dios y el hombre situaba al hombre-dios (el Cristo o Xristos) como puente que acercaba ontológicamente a ambos y, en la otra trinchera, un islam que ante la imposibilidad del creyente de acercarse a su dios sólo le quedaba (y le queda) el someterse, en forma humillada, a él. Se trata de un cristianismo que en el Alto Medievo entendió de justas, torneos y cruzadas desterrando su inicial impronta pacifista. Se trata de un cristianismo que ya había dejado de lado el arrianismo que durante buena parte del Reino visigodo (que se deshizo con la invasión islámica) había sido religión oficial …que ya había, pues, superado ese resabio del cristianismo semítico primigenio según el cual no había modo de acercamiento entre Creador y criatura, pues el arrianismo no concebía a Cristo como Hijo de Dios sino tan sólo como hombre, por lo que el puente entre lo Alto y el hombre no existía. Se trata, pues, de un cristianismo trinitario (el de los visigodos del Rey D. Rodrigo) que al estar, en el momento de la invasión musulmana de la Península Ibérica (711), en guerra civil contra resabios (más o menos encriptados) del viejo arrianismo visigodo se encontró con la desagradable sorpresa de ver cómo sus propios hermanos de sangre (el bando visigodo oponente witiziano) tejían pactos militares (que resultaron fatales para la existencia del Reino Visigodo) con el enemigo sarraceno, pues ambos aliados (musulmanes y witianos-“arrianos”) compartían esa concepción religiosa semítica (propia de la luz del sur) según la cual el hiato ontológico entre la divinidad y los hombres resulta insalvable; ambos aliados compartían ese árido monoteísmo consustancial a las llamadas Religiones del Desierto (árido monoteísmo para el que no existe hierba -vida metafísica- entre lo Supremo y lo terreno). Fueron pocos los invasores musulmanes (las huestes de Tariq y Muza apenas alcanzaban los 10.000 combatientes) pero ese “arrianismo” larvado que aún existía entre los witizianos provocó la conversión al islam de buena parte de la población peninsular; conversión favorecida por ese librarse de ser presa de impuestos abusivos en caso de no convertirse a la fe de Mahoma.
     Las mesnadas del infante Fernando que recobraron Antequera traían consigo ese tipo de espiritualidad, tan cercano a la Luz del Norte, que concibe la posibilidad heroica de la divinización del hombre escalando por los peldaños iniciáticos que, en otro plano, el exoterismo cristiano “europeizado” presenta en forma de potestades, arcángeles, querubines,… y que el precristiano presentaba en las figuras de dioses representantes de jerarquías diferentes y en las figuras de héroes que habían realizado en sí lo divino. Contendían, aquellas huestes castellanas, contra las últimas resistencias (ese mentado reino nazarí de Granada) que aún pugnaban porque no desapareciera la religiosidad de la luz del sur en nuestro solar hispano.
     Seguramente puede resultar inconsistente el denominar ‘cristianismo’ a la espiritualidad propia de las gentes de los reinos de Asturias, León, Castilla, Aragón, Navarra, los condados catalanes y otros más que batallaron contra los mahometanos… Lo de ‘cristianos’ puede resultar tan sólo un decir, algo tan solo nominal, pero bien haya servido para mejor entender a qué hechos históricos hemos hecho mención.
     EDUARD ALCÁNTARA
     eduard_alcantara@hotmail.com


EL IMPERIO ESPAÑOL
julio 8, 2015, 1:12 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Historia, Metapolítica, Tradición

No vamos, por supuesto, a verter análisis sobre los fundamentos y avatares de lo que fue el Imperio Español guiados por coordenadas propias de la modernidad …ésas que sólo “saben” vislumbrar “explotaciones” de seres humanos, de recursos naturales, supuestos afanes de codicia e imaginadas ansias de fama por parte de los principales forjadores del Imperio. Vamos, por contra a emitir una serie de apuntes y observaciones breves guiados por parámetros propios del Mundo de la Tradición.

Sea, así, recordado el que en nuestro escrito “El Imperium a la luz de la Tradición” (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/) señalábamos que a caballo entre finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna van siendo arrinconados, en Europa, los ideales Superiores supranacionales (que ya en la Baja Edad Media se vieron debilitados por las victorias del güelfismo sobre el gibelinismo en las Guerras de las Investiduras y por las pretensiones de monarcas como el francés Felipe el Hermoso -verdugo del Temple) y van siendo, esos ideales Superiores supranacionales, suplantados por otros impregnados por un egoísmo que redundará en favor de la aparición de los Estados nacionales.

En este contexto caracterizado por los aires antiimperiales hay que recordar que el Emperador Carlos (I de España y V de Alemania) fue, allá por la primera mitad del  siglo XVI, el último que intentó recuperar las esencias y el espíritu, ya mortecinos, del Sacro Imperio Romano Germánico. Al igual que no está de más reconocer en el imperio que España construye -arrancando de fines del siglo XV- a lo largo del s. XVI, el último con pretensiones espirituales (al margen de que, en ocasiones, pudiesen coexistir con otras de carácter económico) de entre los que Occidente ha conocido. Y esto se afirma en base a los principales impulsos que se hallan en la base de su política exterior, como los son, en primer lugar, su empeño en evitar la división de una Cristiandad que se veía seriamente amenazada por el crecimiento del protestantismo o, en segundo lugar, sus esfuerzos por contener los embates del Islam protagonizados por turcos y berberiscos o, en tercer lugar, su decisión de evangelizar a la población nativa de los territorios americanos incorporados a la Corona (aparte de la de otros territorios; como las Filipinas,…). Estos parámetros de la política exterior de España seguirán, claramente, en vigencia también durante el siglo XVII …y, desde luego denotan que el mascarón de proa que lideraba la mentalidad del Imperio Hispánico no había sido construido de burda materia y de intereses mezquinos y meramente comerciales sino de nobles ideales; dicho esto al margen de cuál era el tipo de espiritualidad vigente en la España de entonces y sin querer entrar en trasuntos como el de que si las formas cultuales de los pueblos amerindios que se encontraron los conquistadores españoles y que acabaron desapareciendo en beneficio del catolicismo eran Superiores a éste por contener presuntos ritos operativos o por atesorar, al menos, contenidos de este género (aunque ya caídos en un mero ritualismo inerme) o, por contra, comportaban un carácter aun inferior porque estarían impregnadas hasta la médula -esas formas cultuales amerindias- de una especie de frenesí de la sangre -como podría ser el caso azteca- o de creencias solares alejadas del carácter olímpico -inalterable- propio de la Tradición y, por contra, sumidas en la contingencia de un sol (reflejo, en este caso, alterado de lo Alto) que muere, resurge y vuelve a perecer, tal como se puede colegir de los cultos inherentes al Imperio Inca.

No se debe obviar que se habla de un imperio -el español- que se desarrolló en la Edad Moderna y que aunque conserva muchas inercias del espíritu del mejor Medievo navega por una época alejada de las coordenadas propias de la Tradición. A pesar de esto último resultan, reiteramos, muy ilustrativas -sobre cuáles eran sus impulsos principales- sus ansias evangelizadoras, pues éstas le alejan de objetivos generalizados y predominantes de orden crematístico-mercantilista. Desde los primeros viajes a América (aquéllos de Colón) en todas las naos y carabelas viajan monjes junto a soldados. Estaban organizados, pues, con ánimos, repetimos, evangelizadores: la religión primaba por encima de apetitos mundanos. También primaba el conseguir mayor gloria para el emperador o al rey dentro de esas relaciones que estructuraron el medievo en base  al principio de la fides.  Las expediciones casi suicidas que emprendieron muchos de los conquistadores son un reflejo de que el apego a la vida tenía muy poco valor en aquellos hombres. Quien ansía bienes materiales (oro, plata,…) ama a la vida terrena por encima de todo y no quiere perderla por nada ya que en ella quiere ver saciadas todas sus apetencias materiales y toda su lujuria. Estos hombres, sin embargo, eran capaces, verbigracia, de siendo sólo 400 (bajo Hernán Cortés) aventurarse en la conquista de un gran imperio como el azteca o tratándose únicamente de 180 hombres (comandados por Francisco Pizarro) hacerlo con otro de las dimensiones del inca y enfrentarse en la batalla de Cajamarca contra no menos de 30.000 guerreros del Inca Atahualpa… Quien se aventura a una muerte más que probable -casi segura- defiende valores que están por encima de la materia, de lo exclusivamente contingente y, en definitiva, de la mera vida.

     Desde la óptica mercantilista del mundo moderno se ha recriminado mucho el que España no actuara con un imperio bajo sus dominios de la misma manera que, a la sazón y posteriormente, lo hiciera Inglaterra. Se ha dicho que los ingleses supieron invertir las riquezas que en sus colonias extrajeron para mecanizar y modernizar sus fábricas e invertir en ellas y fortalecer, de esta manera, su pujante sistema económico capitalista y se ha señalado, en contraste con este actuar anglosajón, que los españoles no hicieron lo propio para modernizar su economía y, el que por esto, se industrializó más tarde y sus niveles productivos siempre caminaron bastante por debajo de los de los ingleses. Se le ha recriminado a España el haber gastado el oro y la plata extraídos en América en el sufragio de las numerosas guerras de religión que libró en Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII …y es que para la España de entonces lo que primaba eran las cuitas del Espíritu y no las cuestiones de la materia. Primaba hacer volver al redil de la catolicidad a aquellos príncipes alemanes que habían caído en el luteranismo y a aquellos holandeses rebeldes que también habían optado por el protestantismo pro mercantilista. Primaba poner freno al avance musulmán en el Mediterráneo (turcos y piratas berberiscos) y en la Europa oriental (turcos), abanderando, así, la defensa y la unidad de la Catolicidad, del Occidente. Primaban, en definitiva, las cuestiones de la fe por encima de cualesquiera otras.

Apuntamos todo esto sin detrimento de admitir las excepciones que se dieron en algunos casos en medio de tantos hombres como tomaron parte en la colonización de América. Las excepciones que incluyen esos tics güelfos mostrados en gente como un  fray Bartolomé de las Casas o en los casos de misiones jesuitas y dominicas que, por este mismo güelfismo, chocaron con unas autoridades españolas que defendían otra visión del mismo bastante opuesta. Las excepciones incluyen a algún desaprensivo que, víctima de la corriente descendente propia del mundo moderno, ansió riquezas y bienes materiales. Pero, en definitiva, se trata tan solo de eso: de excepciones.

Quede claro, con lo dicho, que no pretendemos idealizar el Imperio español como ajustado en toda regla a los contenidos esenciales de la Tradición, pues, p. ej., para nosotros no deberían haber sido los miembros del estamento religioso los que se hubiesen tenido que encargar de las tareas espirituales en América, ya que tildamos como ilegítimo, desde el punto de vista Tradicional, a dicho estamento. Defendemos que estas tareas deberían haberlas, p. ej., encarnado los miembros de órdenes ascético-militares como la de Santiago, pues el principio aristocrático y el espiritual deben ir unidos y ser representados por la élite rectora en cualquier ordenamiento genuinamente Tradicional. Élite que girando en torno del Rey sacro o del Emperador siempre han constituido la primera casta en cualquier sociedad Tradicional. Pero en descargo al Imperio Español es de recibo el reconocer el que a pesar de desarrollarse en el seno del discurrir del mundo moderno y, más específicamente, de la Edad Moderna de la que habla la historiografía oficial -con todas las caídas que ello supone-, es de reconocer, decíamos, el mérito que constituye el que nos encontremos con realidades como la de que los virreyes en la América colonial debían cumplir el requisito de pertenecer a órdenes religioso-militares (sin duda los valores de los que, por esta pertenencia lograda, esos virreyes estarían impregnados distarían mucho de hacerles albergar miras básicamente mercantilistas) y es de reconocer, también, el que tampoco resulta usual que de algún monarca español de aquel entonces se puedan hacer, hoy en día, cábalas sobre la posibilidad de que fuera Iniciado en Realidades de tipo Suprasensible, tal, como por ejemplo, se hace en torno de la figura de Felipe II (de cuyo sentido profunda y vividamente Trascendente de la existencia no se puede dudar); este monarca se rodeó de otros personajes de quienes también se han realizado similares conjeturas, bien respaldadas en claras evidencias, como es el caso del arquitecto Juan de Herrera -constructor del monasterio de El Escorial.

     Sintomático todo ello de las prioridades que guiaron a aquel imperio.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com