Julius Evola. Septentrionis Lux


El Fuero Juzgo, Recesvinto. A vueltas con el enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur’
   Siguiendo con nuestra costumbre (fruto de nuestra afición por la historia) de echarle (cuando el tiempo nos lo permite) una ojeada a las efemérides ocurridas en tal día como en el que uno se halla, hace tres (el pasado 30 de septiembre) leíamos que en tal día del año 653 Recesvinto fue proclamado rey del Reino Visigodo que se había establecido en la totalidad de la Península Ibérica. Inmediatamente nos vino a la memoria el que bajo su reinado fue redactado el Fuero Juzgo (conocido así en su traducción al posterior romance)Liber Iudiciorum, Lex Visigothorum Lex gothica. En uno de sus apartados se  acaba por dar legitimidad a los matrimonios mixtos entre visigodos e hispanorromanos …matrimonios que hacía ya que eran una realidad pero que, hasta la aprobación de este cuerpo de leyes, no estaban legalmente respaldados y legitimados. La realidad de los hechos y el Fuero Juzgo que los legitima contrasta sobremanera con lo acaecido posteriormente a la caída del Reino Visigodo cuando durante el prolongado período de dominio de la Península por parte del islam (casi ocho siglos) la existencia de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes brilló por su ausencia y la fusión entre ambos resultó inconcebible. El porqué de tal fuerte contraste entre ambos períodos histórico-políticos hay que hallarlo  en el hecho de que si bien visigodos e hispanorromanos compartían cosmovisiones similares musulmanes y cristianos, por contra, eran portadores de una manera de percibir y vivir el mundo y la existencia antagónica. (1) 
 
       Julius Evola en su obra  Sintesi di dottrina della raza nos habla de tres “estratos”  de raza como constitutivos del hombre: la ‘raza del espíritu’, la ‘raza del alma’ y la ‘raza del cuerpo’. Un Hombre de la Tradición para ser considerado tal debería cumplir con los tres: su ‘raza del espíritu’ debería estar informada por un tipo de espiritualidad solar que concibe la posibilidad de hacerse uno con el Principio Primero Inmutable y Eterno, su ‘raza del alma’ debería forjarse a través de los valores propios del guerrero y su ‘raza del cuerpo’ debería ser un reflejo de las anteriores y quedar, pues, incluso definidos y reflejados en el rostro esos valores de la ‘raza del alma’ propios de la casta guerrera, tales como la nobleza, el ser honorable, la fidelidad, el espíritu de servicio y sacrificio, la austeridad o la “gravitas”. Es en las estirpes indoeuropeas Tradicionales donde esa conjunción de los tres estratos raciales llegó, alguna vez, a consumarse.
     Definida esta doctrina Tradicional racial hallamos que tanto entre la población hispana del tardo Imperio Romano y como entre los visigodos que se asentaron en las tierras de la Península Ibérica existe cierta notable aproximación hacia ese ideal racial, ya que los hispanorromanos (resultado de la mezcla entre íberos y celtas autóctonos y legionarios romanos afincados en Hispania tras ser licenciados), a pesar de ser los herederos de los postreros suspiros del Imperio Romano occidental, pertenecen en lo físico, básicamente, al tronco indoeuropeo (‘raza del cuerpo’), conservan aún ciertas cualidades propias del talante legionario romano (‘raza del alma’) (2) y en lo religioso profesan un cristianismo despojado de los principales elementos espurios del judaísmo gracias a su contacto con la agonizante -pero otrora Tradicional- religiosidad romana precristiana (‘raza del espíritu’). Los visigodos, por su parte, también pertenecen al tronco indoeuropeo, hacen suyos los valores del guerrero y, tras la conversión del rey Recaredo (año 587) practican un cristianismo (el catolicismo trinitario) que ya, desde el punto de vista teológico, no imposibilita la opción de acceso a la Trascendencia (al contrario de lo que sucedía con el arrianismo, negador de la divinidad de Cristo, con el que entraron en la Península): cumplen, pues, también, de forma aproximada, con los tres estratos raciales definidos en la ‘doctrina de la raza’ expuesta por Evola. No nos debe, pues, de extrañar que tras la conversión de Recaredo se multiplicaran los matrimonios mixtos entre hispanorromanos y visigodos y que Recesvinto, con su Fuero Juzgo, acabara por otorgarles legitimidad de ley.
     Contrariamente a esto no ocurrió lo mismo tras la invasión sufrida (a partir del 711 y hasta 1.492) por el Reino Visigodo a manos de los sarracenos ¡…a pesar de lo enormemente prolongado de este período! Y no acontecieron tales matrimonios mixtos a pesar de que el tema de la ‘raza del cuerpo’ no representó ningún especial obstáculo si tenemos en cuenta que la mayoría de la población musulmana de Al Andalus era de origen indoeuropeo (3) al igual que lo eran los cristianos (descendientes de hispanorromanos y, más aún, de la nobleza visigoda) contra los que lucharon durante este largo período. Pero, por contra, en los estratos de la ‘raza del Espíritu’ y la ‘raza del cuerpo’ las distancias entre cristianos y musulmanes resultaron poco menos que insalvables. Es así que en el plano de la ‘raza del Espíritu’ unos (los nominalmente cristianos) conciben un cosmos rico en esencias metafísicas (que el exoterismo explica en las figuras angélicas) jerarquizadas entre ellas y otros (los musulmanes) contemplan un universo árido en el que en lo alto se halla Allah y aquí abajo los hombres, con la nada (metafísicamente hablando) de por medio. O que la misma idea de paraíso celestial, como reflejo de la manera de entender la vida y la existencia, resulte altamente contrastante entre, por un lado, musulmanes y, por otro, cristianos que habían descabalgado muchas de las adherencias del judaísmo con las que iniciaron su andadura. Idea del paraíso, la del cristianismo medieval combatiente, que se hallaba en la línea de la que nos describía José Antonio Primo de Rivera en una de sus magníficas reflexiones y que recordábamos hace un tiempo cuando comentábamos que pueblos como los semitas -y otros afines o semitizados por el accionar de ciertas religiones- han hecho gala siempre de un telurismo lunar que conlleva un sensualismo muy impregnado en sus entrañas. Así han concebido un paraíso erótico y sensual al que accederán aquéllos que mueran combatiendo por Allah. El devoto integrista no entiende de posibles mensajes esotéricos encriptados tras la descripción de un tal paraíso y se toma dicha descripción al pie de la letra: siete palacios de jade, con siete harenes cada uno y setenta y siete huríes en cada uno de ellos de las que podrá disfrutar en estado de erección eterna a la edad permanente de 33 años… ¿Se inmolarían estos integristas si en lugar de un paraíso erótico acorde con su idiosincracia se les ofreciera otro al estilo del que nos describía, hace 76 años, José Antonio Primo de Rivera?: Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: “No quiero el Paraíso, sino el descanso” –decía–. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descansoEl Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente como los ángeles. Pues bien: nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga, junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas”.
     E igualmente en el estrato de la ‘raza del alma’ nos topamos con esas distancias insuperables entre esas gentes andalusíes dadas a lo sensual, a una ‘vida-muelle’ y al engorde y satisfacción de lo sensitivo (4) y las otras gentes herederas del Reino Visigodo perdido portadoras de una clara vocación guerrera y muy volcadas a una vida austera dispuesta al servicio y a la disciplina y autodisciplina. De nuevo José Antonio. en su escrito de prisión “Germanos contra bereberes” nos supo ofrecer un retrato de una exactitud encomiable sobre el contraste tan agudo entre los unos y los otros y, así, nos decía que “…el tipo de dominación árabe era preponderantemente político y militar. Los árabes tenían vagamente el sentido de la territorialidad. No se adueñaban de las tierras, en el estricto sentido jurídicoprivado. Así pues la población campesina de las comarcas más largamente dominadas por los árabes (Andalucía, Levante) permanecía en una situación de libre disfrute de la tierra, en forma de pequeña propiedad y, acaso, de propiedades colectivas. El andaluz aborigen (…) gozaba, pues, una paz elemental y libre, inepta para grandes empresas de cultura, pero deliciosa para un pueblo indolente, imaginativo y melancólico (…). En cambio los cristianos, germánicos, traían en la sangre el sentido feudal de la propiedad. Cuando conquistaban las tierras erigían sobre ellas señoríos, no ya puramente políticomilitares como los de los árabes, sino patrimoniales al mismo tiempo que políticos. El campesino pasaba, en el caso mejor, a ser vasallo. La organización germánica, de tipo aristocrático, jerárquico, era, en su base, mucho más dura. Para justificar tal dureza se comprometía a realizar alguna gran tarea histórica. (…) Toda aquella enorme armadura: Monarquía, Iglesia, aristocracia, podía intentar la justificación de sus pesados privilegios a título de cumplidora de un gran destino en la Historia. Y lo intentó por doble camino: la conquista de América y la Contrarreforma.”
     Es pues que con estas mimbres tan dispares, tanto en el plano de la ‘raza del espíritu’ como en el de la ‘raza del alma’, nadie ha, pues, de extrañarse de que no existiese ningún tipo de fusión entre el orbe musulmán (‘luz del sur’) y el orbe denominado como cristiano (‘luz del norte’) durante los ocho siglos de presencia islámica en la Península Ibérica (5) …realidad incontestable y tan contrastante con lo ocurrido en la etapa histórica precedente a la invasión agarena cuando los matrimonios entre visigodos e hispanorromanos se habían generalizado de tal forma que el rey Recesvinto, elegido rey tal día como un 30 septiembre del 653, les concedió (al año siguiente) carta de legitimidad legal en un contexto de equiparación en derechos a ambas poblaciones.
     NOTAS:
(1) No se verá falto de relación este escrito nuestro con otro que recientemente publicamos bajo el título “Tal día como hoy (24 de septiembre) de 1.410: episodio del enfrentamiento entre ‘luz del norte’ y ‘luz del sur'”: https://septentrionis.wordpress.com/2015/09/24/tal-dia-como-hoy-24-de-septiembre-de-1-410-episodio-del-enfrentamiento-entre-luz-del-norte-y-del-sur/
(2) El general romano Flavio Aecio sería un buen ejemplo de heroísmo en estas fases terminales de la romanidad occidental. Su espíritu legionario le llevó a la victoria, junto a sus aliados visigodos, francos y alanos, frente a las terribles hordas hunas en la batalla de Los Campos Cataláunicos, en el 451.
(3) Los, aproximadamente, seis millones de habitantes que Al Andalus tuvo en su momento de máxima expansión territorial no casan con las cifras de invasores: unos 10.000 expedicionarios entraron, a las órdenes de Tariq y Muza, en el 711 por el sur de la Península al atravesar el Estrecho de Gibraltar. Además, estos expedicionarios no es ni mucho menos descartable que fueran, en gran número, vándalos islamizados (abocados, tiempo atrás, al norte de África por el Reino Visigodo) y tropas visigodas del bando witiziano de la provincia de Ceuta gobernada por el conde visigodo D. Julián. El mismo nombre de Tariq es de origen visigodo (Taric, Alaric, Roderic,…). El grueso, pues, de la población de Al Andalus estaba constituida por hispanorromanos y visigodos (sobre todo witizianos enfrentados con el Rey D. Rodrigo) islamizados bien por cierta afinidad religiosa con el invasor (un cierto críptico arrianismo subsistente aun entonces y no distante con el Islam en su calibraje de la enorme distancia ontológica existente entre Dios y el hombre), bien por alianzas político-militares (witizianos y musulmanes) contra los visigodos de D. Rodrigo, bien por evitar el pago excesivo de impuestos en el supuesto de seguir abrazando la fe cristiana, bien por conservar parcelas de poder y pasar, así, muchos nobles visigodos, de ser condes a convertirse en valíes.
(4) Era tal la propensión, de parte de las gentes de Al Andalus, hacia los placeres sensuales y hacia la suntuosidad   que sus mismos correligionarios africanos protagonizaron expediciones militares para hacerse con el control de la España musulmana y retornarla al integrismo que emana del Corán. Almorávides en el siglo XI, almohades en el XII y benimerines en el XIII saltan el Estrecho de Gibraltar con el objeto de poner coto a las vivencias  licenciosas del Islam.
(5) Tal como pretendimos demostrar en nuestro escrito: “¿Medio moros, medio judíos?”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/05/medio-moros-medio-judios/
 
     Eduard Alcántara
     eduard_alcantara@hotmail.com
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TAL DÍA COMO HOY (24 DE SEPTIEMBRE) DE 1.410: EPISODIO DEL ENFRENTAMIENTO ENTRE LUZ DEL NORTE Y LUZ DEL SUR
septiembre 24, 2015, 4:39 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Espiritualidad, Historia, Metafísica, Tradición
      Como tenemos por uno de nuestros intereses el de la historia le hemos echado hoy (24 de septiembre) un vistazo (como hacemos con cierta asiduidad) a las efemérides y, tras esto, aprovechando que tal día como hoy del año 1.410 el regente del entonces Reino de Castilla, el infante Fernando (futuro rey de la Corona de Aragón, como Fernando I, tras el Compromiso de Caspe -1.412), tomó la ciudad de Antequera (en la actual provincia de Málaga), que formaba parte, por aquel entonces, del reino nazarí (sarraceno) de Granada (último reducto islámico en la Península Ibérica), aprovechando, decíamos este hecho histórico, recordaremos que la Reconquista, por parte de las huestes cristianas, de una Península Ibérica que a partir del siglo VIII había caído bajo el dominio del islam hay que enmarcarla en el contexto de una lid que tiene su epicentro en lo metapolítico y en lo metafísico, pues se trata de un episodio agonal entre la Luz del Norte y la luz del sur, entre un cristianismo bastante despojado de su inicial naturaleza judeocristiana y un islam fiel representante del talante y las esencias de las Religiones del Libro. Se trata de la lucha entre un cristianismo que había hecho suyo buena parte del legado espiritual del mundo precristiano europeo y un islam de impronta raigal semita. Se trata del enfrentamiento entre ese cristianismo que a partir de su entronización como religión oficial del Imperio Romano (fines del s. IV, con el emperado Constantino “el Grande”) había soltado su inicial lastre igualitarista, humanitarista, pacifista, pusilánime y subversivo para con el poder político para, por contra, aceptar lo jerárquico y entender de la necesidad de la existencia del estamento guerrero (posturas que se vieron reforzadas tras el contacto con los pueblos germánicos que invadieron, hacia finales del s. V, el Imperio Romano occidental), se trata, comentábamos, del enfrentamiento entre este cristianismo desjudaizado y un islam totalmente alógeno al más genuino palpitar del homo europaeus Tradicional. Se trata del combate entre un cristianismo que ya antes de su romanización se había enriquecido con el aporte heleno de una metafísica que entendía, más que de un universo, de un pluriverso (como diría Santiago de Andrés) en el que entre la divinidad suprema asumida como tal y el hombre aceptaba toda una serie de entes intermedios escalonados jerárquicamente según su mayor o menor proximidad a esa divinidad suprema y, por otro lado, un islam que entre Allah y el hombre no concebía (ni concibe) más que un vacío metafísico total y una separación insalvable. Se trata de un cristianismo en el que entre Dios y el hombre situaba al hombre-dios (el Cristo o Xristos) como puente que acercaba ontológicamente a ambos y, en la otra trinchera, un islam que ante la imposibilidad del creyente de acercarse a su dios sólo le quedaba (y le queda) el someterse, en forma humillada, a él. Se trata de un cristianismo que en el Alto Medievo entendió de justas, torneos y cruzadas desterrando su inicial impronta pacifista. Se trata de un cristianismo que ya había dejado de lado el arrianismo que durante buena parte del Reino visigodo (que se deshizo con la invasión islámica) había sido religión oficial …que ya había, pues, superado ese resabio del cristianismo semítico primigenio según el cual no había modo de acercamiento entre Creador y criatura, pues el arrianismo no concebía a Cristo como Hijo de Dios sino tan sólo como hombre, por lo que el puente entre lo Alto y el hombre no existía. Se trata, pues, de un cristianismo trinitario (el de los visigodos del Rey D. Rodrigo) que al estar, en el momento de la invasión musulmana de la Península Ibérica (711), en guerra civil contra resabios (más o menos encriptados) del viejo arrianismo visigodo se encontró con la desagradable sorpresa de ver cómo sus propios hermanos de sangre (el bando visigodo oponente witiziano) tejían pactos militares (que resultaron fatales para la existencia del Reino Visigodo) con el enemigo sarraceno, pues ambos aliados (musulmanes y witianos-“arrianos”) compartían esa concepción religiosa semítica (propia de la luz del sur) según la cual el hiato ontológico entre la divinidad y los hombres resulta insalvable; ambos aliados compartían ese árido monoteísmo consustancial a las llamadas Religiones del Desierto (árido monoteísmo para el que no existe hierba -vida metafísica- entre lo Supremo y lo terreno). Fueron pocos los invasores musulmanes (las huestes de Tariq y Muza apenas alcanzaban los 10.000 combatientes) pero ese “arrianismo” larvado que aún existía entre los witizianos provocó la conversión al islam de buena parte de la población peninsular; conversión favorecida por ese librarse de ser presa de impuestos abusivos en caso de no convertirse a la fe de Mahoma.
     Las mesnadas del infante Fernando que recobraron Antequera traían consigo ese tipo de espiritualidad, tan cercano a la Luz del Norte, que concibe la posibilidad heroica de la divinización del hombre escalando por los peldaños iniciáticos que, en otro plano, el exoterismo cristiano “europeizado” presenta en forma de potestades, arcángeles, querubines,… y que el precristiano presentaba en las figuras de dioses representantes de jerarquías diferentes y en las figuras de héroes que habían realizado en sí lo divino. Contendían, aquellas huestes castellanas, contra las últimas resistencias (ese mentado reino nazarí de Granada) que aún pugnaban porque no desapareciera la religiosidad de la luz del sur en nuestro solar hispano.
     Seguramente puede resultar inconsistente el denominar ‘cristianismo’ a la espiritualidad propia de las gentes de los reinos de Asturias, León, Castilla, Aragón, Navarra, los condados catalanes y otros más que batallaron contra los mahometanos… Lo de ‘cristianos’ puede resultar tan sólo un decir, algo tan solo nominal, pero bien haya servido para mejor entender a qué hechos históricos hemos hecho mención.
     EDUARD ALCÁNTARA
     eduard_alcantara@hotmail.com


EL IMPERIO ESPAÑOL
julio 8, 2015, 1:12 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Historia, Metapolítica, Tradición

No vamos, por supuesto, a verter análisis sobre los fundamentos y avatares de lo que fue el Imperio Español guiados por coordenadas propias de la modernidad …ésas que sólo “saben” vislumbrar “explotaciones” de seres humanos, de recursos naturales, supuestos afanes de codicia e imaginadas ansias de fama por parte de los principales forjadores del Imperio. Vamos, por contra a emitir una serie de apuntes y observaciones breves guiados por parámetros propios del Mundo de la Tradición.

Sea, así, recordado el que en nuestro escrito “El Imperium a la luz de la Tradición” (https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/) señalábamos que a caballo entre finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna van siendo arrinconados, en Europa, los ideales Superiores supranacionales (que ya en la Baja Edad Media se vieron debilitados por las victorias del güelfismo sobre el gibelinismo en las Guerras de las Investiduras y por las pretensiones de monarcas como el francés Felipe el Hermoso -verdugo del Temple) y van siendo, esos ideales Superiores supranacionales, suplantados por otros impregnados por un egoísmo que redundará en favor de la aparición de los Estados nacionales.

En este contexto caracterizado por los aires antiimperiales hay que recordar que el Emperador Carlos (I de España y V de Alemania) fue, allá por la primera mitad del  siglo XVI, el último que intentó recuperar las esencias y el espíritu, ya mortecinos, del Sacro Imperio Romano Germánico. Al igual que no está de más reconocer en el imperio que España construye -arrancando de fines del siglo XV- a lo largo del s. XVI, el último con pretensiones espirituales (al margen de que, en ocasiones, pudiesen coexistir con otras de carácter económico) de entre los que Occidente ha conocido. Y esto se afirma en base a los principales impulsos que se hallan en la base de su política exterior, como los son, en primer lugar, su empeño en evitar la división de una Cristiandad que se veía seriamente amenazada por el crecimiento del protestantismo o, en segundo lugar, sus esfuerzos por contener los embates del Islam protagonizados por turcos y berberiscos o, en tercer lugar, su decisión de evangelizar a la población nativa de los territorios americanos incorporados a la Corona (aparte de la de otros territorios; como las Filipinas,…). Estos parámetros de la política exterior de España seguirán, claramente, en vigencia también durante el siglo XVII …y, desde luego denotan que el mascarón de proa que lideraba la mentalidad del Imperio Hispánico no había sido construido de burda materia y de intereses mezquinos y meramente comerciales sino de nobles ideales; dicho esto al margen de cuál era el tipo de espiritualidad vigente en la España de entonces y sin querer entrar en trasuntos como el de que si las formas cultuales de los pueblos amerindios que se encontraron los conquistadores españoles y que acabaron desapareciendo en beneficio del catolicismo eran Superiores a éste por contener presuntos ritos operativos o por atesorar, al menos, contenidos de este género (aunque ya caídos en un mero ritualismo inerme) o, por contra, comportaban un carácter aun inferior porque estarían impregnadas hasta la médula -esas formas cultuales amerindias- de una especie de frenesí de la sangre -como podría ser el caso azteca- o de creencias solares alejadas del carácter olímpico -inalterable- propio de la Tradición y, por contra, sumidas en la contingencia de un sol (reflejo, en este caso, alterado de lo Alto) que muere, resurge y vuelve a perecer, tal como se puede colegir de los cultos inherentes al Imperio Inca.

No se debe obviar que se habla de un imperio -el español- que se desarrolló en la Edad Moderna y que aunque conserva muchas inercias del espíritu del mejor Medievo navega por una época alejada de las coordenadas propias de la Tradición. A pesar de esto último resultan, reiteramos, muy ilustrativas -sobre cuáles eran sus impulsos principales- sus ansias evangelizadoras, pues éstas le alejan de objetivos generalizados y predominantes de orden crematístico-mercantilista. Desde los primeros viajes a América (aquéllos de Colón) en todas las naos y carabelas viajan monjes junto a soldados. Estaban organizados, pues, con ánimos, repetimos, evangelizadores: la religión primaba por encima de apetitos mundanos. También primaba el conseguir mayor gloria para el emperador o al rey dentro de esas relaciones que estructuraron el medievo en base  al principio de la fides.  Las expediciones casi suicidas que emprendieron muchos de los conquistadores son un reflejo de que el apego a la vida tenía muy poco valor en aquellos hombres. Quien ansía bienes materiales (oro, plata,…) ama a la vida terrena por encima de todo y no quiere perderla por nada ya que en ella quiere ver saciadas todas sus apetencias materiales y toda su lujuria. Estos hombres, sin embargo, eran capaces, verbigracia, de siendo sólo 400 (bajo Hernán Cortés) aventurarse en la conquista de un gran imperio como el azteca o tratándose únicamente de 180 hombres (comandados por Francisco Pizarro) hacerlo con otro de las dimensiones del inca y enfrentarse en la batalla de Cajamarca contra no menos de 30.000 guerreros del Inca Atahualpa… Quien se aventura a una muerte más que probable -casi segura- defiende valores que están por encima de la materia, de lo exclusivamente contingente y, en definitiva, de la mera vida.

     Desde la óptica mercantilista del mundo moderno se ha recriminado mucho el que España no actuara con un imperio bajo sus dominios de la misma manera que, a la sazón y posteriormente, lo hiciera Inglaterra. Se ha dicho que los ingleses supieron invertir las riquezas que en sus colonias extrajeron para mecanizar y modernizar sus fábricas e invertir en ellas y fortalecer, de esta manera, su pujante sistema económico capitalista y se ha señalado, en contraste con este actuar anglosajón, que los españoles no hicieron lo propio para modernizar su economía y, el que por esto, se industrializó más tarde y sus niveles productivos siempre caminaron bastante por debajo de los de los ingleses. Se le ha recriminado a España el haber gastado el oro y la plata extraídos en América en el sufragio de las numerosas guerras de religión que libró en Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII …y es que para la España de entonces lo que primaba eran las cuitas del Espíritu y no las cuestiones de la materia. Primaba hacer volver al redil de la catolicidad a aquellos príncipes alemanes que habían caído en el luteranismo y a aquellos holandeses rebeldes que también habían optado por el protestantismo pro mercantilista. Primaba poner freno al avance musulmán en el Mediterráneo (turcos y piratas berberiscos) y en la Europa oriental (turcos), abanderando, así, la defensa y la unidad de la Catolicidad, del Occidente. Primaban, en definitiva, las cuestiones de la fe por encima de cualesquiera otras.

Apuntamos todo esto sin detrimento de admitir las excepciones que se dieron en algunos casos en medio de tantos hombres como tomaron parte en la colonización de América. Las excepciones que incluyen esos tics güelfos mostrados en gente como un  fray Bartolomé de las Casas o en los casos de misiones jesuitas y dominicas que, por este mismo güelfismo, chocaron con unas autoridades españolas que defendían otra visión del mismo bastante opuesta. Las excepciones incluyen a algún desaprensivo que, víctima de la corriente descendente propia del mundo moderno, ansió riquezas y bienes materiales. Pero, en definitiva, se trata tan solo de eso: de excepciones.

Quede claro, con lo dicho, que no pretendemos idealizar el Imperio español como ajustado en toda regla a los contenidos esenciales de la Tradición, pues, p. ej., para nosotros no deberían haber sido los miembros del estamento religioso los que se hubiesen tenido que encargar de las tareas espirituales en América, ya que tildamos como ilegítimo, desde el punto de vista Tradicional, a dicho estamento. Defendemos que estas tareas deberían haberlas, p. ej., encarnado los miembros de órdenes ascético-militares como la de Santiago, pues el principio aristocrático y el espiritual deben ir unidos y ser representados por la élite rectora en cualquier ordenamiento genuinamente Tradicional. Élite que girando en torno del Rey sacro o del Emperador siempre han constituido la primera casta en cualquier sociedad Tradicional. Pero en descargo al Imperio Español es de recibo el reconocer el que a pesar de desarrollarse en el seno del discurrir del mundo moderno y, más específicamente, de la Edad Moderna de la que habla la historiografía oficial -con todas las caídas que ello supone-, es de reconocer, decíamos, el mérito que constituye el que nos encontremos con realidades como la de que los virreyes en la América colonial debían cumplir el requisito de pertenecer a órdenes religioso-militares (sin duda los valores de los que, por esta pertenencia lograda, esos virreyes estarían impregnados distarían mucho de hacerles albergar miras básicamente mercantilistas) y es de reconocer, también, el que tampoco resulta usual que de algún monarca español de aquel entonces se puedan hacer, hoy en día, cábalas sobre la posibilidad de que fuera Iniciado en Realidades de tipo Suprasensible, tal, como por ejemplo, se hace en torno de la figura de Felipe II (de cuyo sentido profunda y vividamente Trascendente de la existencia no se puede dudar); este monarca se rodeó de otros personajes de quienes también se han realizado similares conjeturas, bien respaldadas en claras evidencias, como es el caso del arquitecto Juan de Herrera -constructor del monasterio de El Escorial.

     Sintomático todo ello de las prioridades que guiaron a aquel imperio.

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



COMPILACIONES Y MAQUETACIONES DE INTERÉS

Daniel, nuestro coforista de “Traditio et Revolutio”, ha llevado a cabo un magnífico trabajo consistente en:

1.Compilar y maquetar el material de la Biblioteca Evoliana: http://juliusevola.blogia.com/.

1.1. Aquí se puede consultar una versión interactiva de la Biblioteca Evoliana para leer en PC, que se visualiza a doble página y con enlaces:
https://www.mediafire.com/?itu436jjp3ms32t

http://www.mediafire.com/view/itu436jjp3ms32t/Compilacion+Biblioteca+Evoliana+para+leer+en+PC.pdf

1.2. En estos otros enlaces aparece una versión para imprimir de la Biblioteca Evoliana, a una página y sin enlaces:
https://www.mediafire.com/?q8b7sumxblwsqs1

http://www.mediafire.com/view/q8b7sumxblwsqs1/Compilacion+Biblioteca+Evoliana+para+imprimir.pdf

Contienen:
– Los artículos de Evola.
– Los artículos sobre Evola.
– Citas de Evola.
– Entrevistas a Evola.
2.Compilar y maquetar el material de Eduard Alcántara. Todos sus escritos, a día de hoy, del blog “Julius Evola. Septentrionis Lux” en este PDF:
https://www.mediafire.com/?ag8tk22gq3y8731

http://www.mediafire.com/view/ag8tk22gq3y8731/Recopilacion+articulos+Eduard+Alcantara+04-09-2014.pdf

NOTA ACLARATORIA: Dos de los escritos que figuran en esta última compilación se deben asignar, tal como aparece a pie de artículo en el blog, no a una persona en concreto sino a Septentrionis Lux. Se trata de “Acta de las insalvables” y “Respuesta a una insistencia sobre lo absurdo”.
3.Maquetar “Rebelión contra el mundialismo moderno”, de Carlos Terracciano:
https://www.mediafire.com/?rdijdp8znfza8a8

http://www.mediafire.com/view/rdijdp8znfza8a8/REBELION+CONTRA+EL+MUNDIALISMO+MODERNO+Carlo+Terracciano.pdf

OBSERVACIONES FINALES:

-Ambos autores y vínculos han sido reseñados en el PDF de la Biblioteca Evoliana.
-Aparecen vínculos a otras secciones de la Biblioteca y vínculos al material de otros autores.
-Así como reseñas de los ensayos y las bibliografías.



“BÁRBAROS” VIKINGOS, “BÁRBAROS” ANCESTROS
mayo 6, 2014, 7:54 am
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Historia

Nos hallábamos este fin de semana en el Museu Marítim de Barcelona contemplando una exposición sobre el mundo vikingo. Nos resultó ilustrativa, bien documentada, amena y completa en cuanto a restos arqueológicos y recreaciones se trataba. Todo bien hasta que nos topamos con uno de los últimos plafones, en el cual se podía ver la fotografía de una agraciada joven de aspecto tirando a mulato ornada con un supuesto casco vikingo (decimos “supuesto” porque culminaba en los dos cuernos que, paradójicamente -tal como se explicaba en la misma exposición- nunca llevaron los vikingos o gentes nordse -nórdicas). Bajo la dicha foto se podía leer algo así como-citamos de memoria- que los vikingos del presente y/o del futuro son o serán de aspecto similar al de la joven, puesto que -seguía diciendo el texto- afortunadamente gracias a la ideología de género y a la multiculturalidad las cosas han cambiado desde la época en que los vikingos se hicieron notar en la historia… ¡Menudo colofón para una exposición amb cara i ulls! (con ‘cara y ojos’, como se dice en catalán). ¡Qué desentono en el conjunto de la muestra! ¡No venía al caso! A eso se le dice por aquí pixar fora de test! (‘mear fuera de tiesto’). Es tal la obsesión por el Discurso de Valores Dominantes que no se tiene rubor en excretar borrones en un trabajo más que bien presentado. ¡”1.984″, la obra de George Orwell, en estado puro y duro!, pues se trata de lavar el cerebro, controlar las mentes, programar o desprogramar al personal hasta en la sopa. Éstos son los cánones de obligado cumplimiento a los que hay que servir ciegamente …de no hacerse así se cae en el oprobio y, ¡lo que es peor!, en la persecución más despiadada.

En pocas palabras se estaba desprestigiando aquello que se estaba exhibiendo ¡…qué absurdo y contradictorio! Todo el valor, la cultura y la visión de la existencia de aquel mundo vikingo se estaba pisoteando, pues se estaba afirmando, p. ej., que la división de funciones que en él se daba entre hombre y mujer era una abyección típica de épocas felizmente superadas ¡…qué injusticia el que las mujeres no blandieran las espadas ni hicieran uso de las hachas de guerra! ¡Par Dieu, después de tanta brega feminista no se puede dejar de denunciar semejante prohibitiva aberración! ¡Qué es eso de que la mujer fuera la dueña del hogar familiar!; tal como simbolizaba el que ella era la dueña absoluta de las llaves de casa ¿¡La mujer en el hogar y el hombre guerreando!?¡…qué mal ejemplo -ejemplo a ocultar- para nuestro civilizado e igualitario mundo! ¡Condenemos a los vikingos y, de paso, a todos nuestros ancestros! ¡Nuestras raíces deben ser maldecidas, pues están saturadas de opresor patriarcalismo! ¡Qué es eso de intentar ser fieles a las leyes de la naturaleza! ¡…la naturaleza es machista! ¡Condenémosla y civilicémosla! ¡El mundo erróneo de nuestros antepasados debe ser objeto de demoledora crítica! ¡Contemplémoslo desde nuestra superioridad moral y cultural al mismo tiempo que lo condenamos! ¡…bárbaros retrasados!

¡Si es que encima esos bárbaros defendían su estirpe como algo casi sacro! ¡…Panda de racistas! ¡Si es que rendían culto a sus remotos ancestros! ¡…habrase visto qué obsesión por la preservación de sus genes! ¡Pugnaban por la cohesión de su etnia! ¡…a otro Núremberg retroactivo habría que someterlos! ¡Menos mal que en nuestro democrático mundo actual no caben esos postulados nefastos! ¡Menos mal que hemos segado las raíces de las que procedemos y así hemos evitado al demonio del racismo! ¡Menos mal que la globalización nos está fundiendo en una raza universal! ¡Si no fuera por nuestro sacrosanto multiculturalismo florecerían hoy en día gentes que reclamarían su propia identidad y, así, nuestro cosmopolita mundo feliz se iría rápido al carajo! ¡Menos mal que ya no existen pueblos de la calaña de aquellos vikingos! ¡Reivindiquemos la moderna vikinga guerrera mulata y pongamos en la picota a los vikingos históricos!

Al abandonar la dicha exposición entramos en otra en la que se mostraban barcos mercantes y de pasajeros de los dos últimos siglos y, sin venir al caso, como broche a la misma (¡y por si no habíamos tenido suficiente con lo expuesto hasta aquí!) nos golpearon con alguna fotografía y un vídeo lacrimógeno de inmigrantes subsaharianos (entiéndase -¡y se me disculpe por la franqueza!- ”negros’) camino a Europa en pateras… Como se comprenderá ya no nos quedaron alientos para plantarnos a visionar el entero contenido del vídeo ¡…ni ganas! En fin, ¡otro desentono y otra meada fuera de tiesto totalmente carente de relación con lo expuesto en la sala y con ribetes claros de más lavado de cerebro! ¡…más y más “1.984”! ¡Si uno no quería un plato recibió dos! ¡…o más que dos platos dos bofetadas a nuestro juicio; a nuestro entendimiento!

Eduard Alcántara



MIGRACIONES Y CICLOS CÓSMICOS EN EL MUNDO INDOEUROPEO TRADICIONAL (Debates)
abril 18, 2014, 11:02 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Historia, Tradición

 

En esta ocasión los párrafos extractados, mayoritariamente, del seno de una serie de debates que obedecen a un hilo conductor caracterizado por una visión Superior de la existencia, son párrafos que siguen la siguiente trama argumental:

El origen de las gentes indoeuropeas se reviste de una naturaleza sacra y a partir de este origen –que puede ser localizado geográficamente- van acaeciendo, de manera paralela, dos acontecimientos. Uno es el hecho de que a partir de dicha residencia originaria se embarcarán, aquellas gentes, en un proceso emigratorio que les llevará a asentarse en amplios, y distantes entre sí, territorios. Y el otro acontecimiento consiste en que, al ´dejarse´ atrapar por la corriente del devenir, de manera progresiva van dándole la espalda a sus orígenes Trascendentes y van, por ende, -a medida que se automutilan su dimensión Superior- decayendo.

 

Este proceso de disolución de valores eternos y Suprasensibles es presentado, de forma muy diáfana, por la doctrina Tradicional de ´las cuatro edades´ (1). (Sobre la concepción cíclica de la existencia que siempre tuvo el hombre indoeuropeo Tradicional, se puede consultar nuestro escrito titulado “Cosmovisiones cíclicas y cosmovisiones lineales” (2).)

 

 

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Si la cultura indoeuropea de los Kurganes es secundaria, cronológicamente, con respecto a la que tuvo lugar en el sur de Escandinavia (Ertebolle, Ellerberck) -y que ha de considerarse como el origen o vagina gentum de los indoeuropeos-, también esta última es secundaria con respecto a la originaria que emana de la casi legendaria Hiperbórea, Thule,… (pueblos blanco-boreales). Y no hay que olvidar otra emigración desde esta sede polar y circumpolar hacia la también quasi legendaria Atlántida, desde la cual, posteriormente, se pasaría, por un lado, al continente americano y, por otro, al sur de Europa, al norte de África y, más allá, llegaría incluso a territorios de los actuales Tibet, de la China y del Japón.

 

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Evola habla de las grandes emigraciones que, desde su lugar originario de procedencia situado al norte de Europa llevaron a cabo los pueblos indoeuropeos. Las primeras, cronológicamente hablando, tienen más reciente en su memoria a la Tradición Primordial y fundan Civilizaciones Tradicionales. Se trata, por un lado, de la emigración que, en diagonal, arranca desde el norte europeo y llega, más o menos, a la India, creando, a su paso y en su punto de arribada, la civilización irania y la védica de la que derivará el hinduismo en sus diferentes manifestaciones. Y, por otro lado, de la emigración que, en vertical, parte de dicho septentrión y se dirige hacia el sur, diversificándose en pueblos como los aqueos, los dorios o, entre otros tantos, los romanos. El tercer gran movimiento migratorio se realiza en una época muy posterior a la de los dos anteriores y, en consecuencia, ha olvidado, en gran parte, los rasgos básicos de la espiritualidad propia de la Tradición Primordial. Se concretiza en gran parte de los pueblos que acabaron dándole el golpe de gracia al ya agonizante Imperio Romano y lo acabaron por invadir. El tipo de espiritualidad que profesaban se encontraba, pues, en proceso de clara decadencia y, por ende, cayeron con cierta facilidad en la fe cristiana. Esto les ocurrió a visigodos, francos y demás pueblos, mayoritariamente, germánicos que, por el contrario, al no tener muy lejano en el tiempo su prolongada estancia en las frías, heladas, inhóspitas y duras tierras del norte de Europa, conservaban grandes cualidades en lo que Evola ha denominado como raza del alma (o de la mente): templaza, espíritu de sacrificio, resistencia ante las adversidades,… Cualidades que les invistieron de grandes dotes guerreras que les llevaron a reinar allá donde había imperado Roma.

 

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Pues sí, los imperios romano y español cayeron. No se trató de obras fruto de intentos ´prometeicos´, sino heroicos. Representan intentos de ese hombre de extracción indoeuropea por restaurar el Orden terrenal o microcósmico (a semejanza del Orden macrocósmico) en plena Edad de Hierro: tarea de Héroes. Cayeron estos imperios, pues la edad férrea no perdona (3).

 

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En todas las tradiciones orales y en todos los textos sagrados a los que muchas de ellas dieron origen siempre se tuvo la certidumbre de que el Hombre del origen, receptáculo consciente de la esencia divina, iría progresivamente lapidando su espiritualidad hasta embrutecerse por completo. Simbólicamente, para representar este proceso, se hablaba del paso de una Edad de Oro o Satya-yuga de los orígenes a una Edad de Hierro o Kali-yuga en los momentos de mayor materialización y animalización del ser humano; pasando por unas intermedias Edad de Plata o Trêtâ-yuga y Edad de Bronce o Dwâpara-yuga. (4)

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Si se pregunta ¿en qué época histórica pervive el Mundo Tradicional?, se debe responder que dentro de lo que se conoce como la Historia la Tradición lucha por no ser erradicada, ya que el período de la Historia acontece en la Edad de Hierro, del Lobo o Kali-yuga. Pero a pesar de este inmenso obstáculo resurge, como Ciclos Heroicos, continuamente de sus cenizas hasta, aproximadamente (y, para facilitar explicaciones, nos ceñiremos a Europa), que acaba el Medievo (en algunos lugares éste concluye
antes de las fechas ´oficiales´ del s. XV y en otros como España aún se alargaría durante todo el XVI). Finito el Medioevo (5) pocos vestigios visibles del Mundo Tradicional se pueden otear.

 

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Indagar manifestaciones de la Tradición a lo largo de la Prehistoria resulta mucho más complicado y, queramos o no, casi nos queda sólo fiarnos de lo que nos explican los grandes textos sagrados (apabullantemente coincidentes en multitud de detalles) propios de muchas civilizaciones y/o espiritualidades. La Edad Dorada habría acontecido en Hiperbórea, Thule, el Aryianem Vaejo iranio, la Isla Blanca, la Montaña Blanca, el monte Mêru indoario,…
¿Cuándo aconteció esta Edad de Oro? Pues si atendemos a René Guénon, la Edad de Oro, Satya-Yuga o Krita-Yuga tiene una duración de 25.920 años, la Edad de Plata o Trêtâ-Yuga 19.440, la Edad de Bronce o Dwâpara-Yuga 12.960 y la Edad de Hierro, del Lobo o Kali-Yuga 6.480. Igualmente afirma el autor francés que estamos en una fase avanzada del Kali-Yuga. Si seguimos, pues, al autor francés nos podríamos hacer una idea aproximada sobre cuánto tiempo hace que aconteció la Edad Áurea; por lo menos la última Edad Áurea, ya que se entiende que estas edades se van repitiendo cíclicamente. Nótese que la duración de cada edad sigue una proporción de 4, 3, 2, 1. (6)

La Edad de Oro se correspondería con la Tradición Primordial, pero no olvidemos que tras periclitar ésta han acontecido Ciclos Heroicos que han logrado, durante un tiempo, nadar a contracorriente y detener momentáneamente el proceso involutivo …instaurando, de este modo, el Orden Tradicional perdido.

 

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NOTAS:

(1) Puede consultarse el cap. II de nuestra obra Reflexiones contra la modernidad (Ediciones Camzo)Capítulo que lleva por título Los ciclos heroicosLa doctrina de las 4 edades, de la regresión de las castas y la libertad en Evola y que puede también ser leído en:https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-heroicos/

(2) Primer capítulo de nuestro citado libro. El cual puede también encontrarse en: https://septentrionis.wordpress.com/2009/07/27/cosmovisiones-ciclicas-y-cosmovisiones-lineales/

(3) Léase nuestro trabajo “El Imperium a la Luz de la Tradición” (Op. cit., cap. IV). Igualmente puede hallarse en: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/el-imperium-a-la-luz-de-la-tradicion/

(4) Extraído de nuestro escrito “Contra el darwinismo”: https://septentrionis.wordpress.com/2009/02/19/contra-el-darwinismo/

(5) De hecho los últimos siglos de la Edad Media representan una agonía del mejor y más genuino espíritu medieval …agonía que se ve acelerada tras la fecha paradigmática de 1.314, cuando el último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, es quemado en París.

(6) “Contrariamente a Guénon, Evola nunca habló de la duración de cada yuga o edad, porque para el gran intérprete romano (aunque siciliano de nacimiento) de la Tradición ello suponía un cierto tic fatalista de no poca consideración. Datar el año exacto de inicio y fin de una Edad comporta no creer en que el hombre, si se lo propone, puede convertirse en protagonista de su andadura existencial y de la andadura de sus comunidades. Pues el hombre es libre para Despertar al igual que lo es para condenarse. Sin duda la duración de cada yuga que hemos visto, párrafos atrás, en Guénon anda en relación directa con las dinámicas propias de las fuerzas sutiles que forman el entramado del Cosmos y que pueden adoptar un cariz disolvente para el hombre o, por contra, reintegrador de su Unidad perdida. De estas dinámicas nos habla el I Ching o Libro de las Mutaciones y entiende, asimismo, una deriva del mismo cual es el Tao-tê-king de Lao-tsé. Según estas enseñanzas aportadas por ambas fuentes Tradicionales de Ciencia Sagrada llega un momento en el que la expansión de ciertas fuerzas catagógicas o alienantes llega a tal punto que deberá detenerse, para después retroceder y dejar que el espacio que habían ocupado pase a ser enseñoreado por fuerzas de índole anagógica o Elevadora. Se habría, de esta manera, puesto punto y final al kali-yuga para dar paso a otro nuevo ciclo humano o manvântara con el inicio de una nueva Edad de Oro o Satya-yuga (Edad de Sat -Ser, en sánscrito). Sin duda en la mentalidad de Evola datar con exactitud cuándo estos cambios cósmicos acontecen significaba anular el protagonismo y la libertad del hombre a la hora de trazar el cauce de su andadura. Para el maestro italiano se trataba de aprovechar los estertores del predominio de las fuerzas catagógicas para ponerle fin a su hegemonía cuanto antes mejor. Y se trataba, asimismo, de acabar con la pasividad fatalista del hombre moderno con el objeto de que dichos estertores no se alargaran más allá de lo que los textos Tradicionales habían calculado (sin duda, de modo aproximativo). Por otro lado, volvemos a reincidir en el tema clave de este ensayo en el sentido de que incluso en pleno auge hegemónico de fuerzas disolventes el hombre no debe renunciar a la gesta Heroica de Reconstituir en sí mismo la Unidad perdida y de Restaurar el Ordo Tradicional (sea, eso es otro cantar, de manera más o menos duradera).” (extractado del cap. III de nuestro libro Reflexiones contra la modernidad, titulado Evola frente al fatalismo, que puede ser también consultado en: https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/)

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 



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