Julius Evola. Septentrionis Lux


LA IDEA Y LA VISIÓN DEL MUNDO FRENTE A LAS IDEOLOGÍAS
septiembre 13, 2019, 8:41 pm
Filed under: Cultura y pensamiento, Metapolítica, Política y tradición, Tradición

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LA IDEA Y LA VISIÓN DEL MUNDO FRENTE A LAS IDEOLOGÍAS

 

“Éstas son algunas orientaciones esenciales para la lucha en la que se va a combatir, escritas sobre todo con especial atención para la juventud, a fin de que ésta recoja la antorcha y la consigna de quienes aún no han renunciado, aprendiendo de los errores del pasado, sabiendo discriminar y prever todo lo que se ha experimentado y que aun hoy se experimenta en cuanto a situaciones contingentes. Lo esencial es no descender al nivel de los adversarios, no limitarse a seguir simples consignas, no insistir en demasía sobre lo que depende del pasado y que, aun siendo digno de ser recordado, no tiene el valor actual e impersonal de una idea-fuerza; en fin, no ceder a las sugestiones del falso realismo politiquero, problema éste de todos los “partidos”. Ciertamente, es necesario que nuestras fuerzas tomen parte también en la lucha política y polémica del cuerpo a cuerpo, para crearse todo el espacio posible en la situación actual. Pero más allá de esto, es importante y esencial que se constituya una élite, que, con aguerrida intensidad, definirá, con un rigor intelectual y una intransigencia absolutos, la idea en función de la cual es preciso unirse, y afirmará esta idea sobre todo en la forma del hombre nuevo, del hombre de la resistencia, del hombre erguido en las ruinas. Si nos es dado superar este período de crisis y de orden vacilante e ilusorio, sólo a este tipo de hombre corresponderá el futuro. Pero incluso aunque si el destino que el mundo moderno se ha creado, y que ahora lo arrolla todo, no pudiera ser contenido, gracias a tales premisas las posiciones interiores permanecerán intactas: en cualquier circunstancia, lo que deberá ser hecho será hecho, y perteneceremos así a esa patria a la que ningún enemigo podrá nunca ocupar ni destruir”.

Julius Evola, “Orientaciones”.

 

En los años 60 del pasado Siglo, el gran Gonzalo Fernández de la Mora que llegó a ser, y muy brillante, Ministro de Obras Públicas en 1970-74, ya en el ocaso definitivo del Estado del 18 de Julio, publicó un libro titulado “El Crepúsculo de las Ideologías” (1965); se trataba de una crítica total a las ideologías modernas a las que consideraba realmente como pseudoideas, puros artificios falsos y sin alma (la pura esencia de la democracia en definitiva). La alternativa pues no estaba en la tecnocracia (entonces imperante en el tardofranquismo, por desgracia), sino en la ideocracia. El hombre obra por ideas “racionales” (decía él), los “creadores” de las ideologías propiamente dichas no son los tecnócratas (algo más siniestro hay en todas estas creaciones modernas, añadimos nosotros), sino los que se esfuerzan por someter la vida política, social, cultural, etc. de un pueblo o civilización determinados a la soberanía de unas ideas falsas, artificiales y pretendidamente rigurosas y exactas, o “científicas” como son los casos de las aberraciones marxista y plutocrática. De hecho el autor ya habló de la confluencia de ambas ideologías imperantes tras la finalización de la II Guerra Mundial (el libro recordemos que estaba escrito en plena Guerra Fría Comunismo/Capitalismo, 1965) y que forzosamente desembocarían en una especie de “pensamiento dominante”, esto con más de 50 años de antelación… Tras el hundimiento de la URSS pasamos a nivel mundial del “pensamiento dominante” al actual y tiránico “pensamiento único”, es decir, la fusión y síntesis de lo peor y de lo más bajo de ambas ideologías “metafísicamente iguales” e igualmente de perversas …

Racionales o no, como Evola o el recientemente fallecido Stéfano delle Chiaie, seguimos creyendo como estos dos grandes Maestros que la IDEA (con mayúsculas) es nuestra verdadera Patria. SEMPER FIDELIS.

 

Joan Montcau

 

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EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA
septiembre 11, 2019, 5:30 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Historia, Metapolítica, Política, Política y tradición, Tradición

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EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA

 

Vayan estos apuntes para aclarar ciertas confusiones que sostienen algunos con respecto a la actitud que adoptó Julius Evola frente a los dos más definidos períodos del fascismo italiano. Sépase, empezando por el final (esto es, por la segunda etapa del fascismo), que Evola se jugó la vida en unión de todos aquellos que sostuvieron y defendieron a la República Social Italiana. Estuvo clandestinamente en Nápoles y en Roma con la intención de organizar la resistencia contra los badoglianos aliadófilos que habían depuesto a Mussolini el 25 de julio de 1.943 a raíz de la reunión del Gran Consejo Fascista. Salvó el pellejo de milagro –gracias a las tretas de distracción llevadas a cabo por su madre- cuando salía por la misma puerta de su casa, en Roma, por la que habían entrado en su busca agentes de los servicios secretos británicos…

Más que a las medidas de tipo económico-social adoptadas por la República de Saló (y a la legislación que ésta aprobó en Verona) es a la jerarquía que dichas medidas (que no vamos a entrar ahora a valorar) alcanzan en la R.S.I. a lo que Evola se opone, pues él defiende, por ejemplo, la idea de que una organización estatal no debe, como de manera paradigmática sucedió, definirse en su autodenominación por lo que jerárquicamente debe de estar sometido a lo Espiritual, esto es, no debe definirse por lo Social (República Social Italiana), pues lo Social debe de estar sometido a lo político igual que lo político debe de estar sometido a lo Metafísico.

Pese a todo esto Evola se alineó con la R.S.I. al considerarla como la representante del ´frente del honor´ ante la deshonra representada por la otra Italia que había traicionado en plena guerra a sus hermanos de armas (el III Reich). El honor, la fides y la lealtad (como valores inherentes a la Tradición) sustanciaban a la R.S.I. y por ello Evola se alineó incondicionalmente con ella.

No se piense, por otro lado, que Evola se adhiere incondicionalmente a la Italia fascista del ventennio. Nunca fue miembro del Partido Nacional Fascista y critica con dureza los compromisos que el Régimen mantiene ya sea con el Vaticano o ya sea con la mentalidad y los hábitos que informan lo burgués y frívolo del comportamiento de ciertos jerifaltes (p. ej., esto último, desde la revista La Torre por él dirigida y que fue rápidamente clausurada por las autoridades). Atisba un conato interesante –de parte de esta Italia del ventennio fascista- cuando se reivindica el pasado de la antigua Roma, pero se decepciona al comprobar que esta mirada al pasado glorioso de Roma no pasa de lo superficial (lo folclórico, lo artístico, lo exclusivamente arqueológico,…) y no es capaz de percibir la esencia metapolítica y metafísica que constituyó su médula y su razón de ser. No por esto Evola cejó en ningún momento (a través de algunos de sus libros y muchos de sus artículos) en su empeño por intentar reconducir al Régimen hacia las fuentes genuinas de la Tradición.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com



LIBROS: EL MISTERIO DEL GRIAL
agosto 26, 2019, 11:28 pm
Filed under: Espiritualidad, Metafísica, Metapolítica, Tradición

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LIBROS: EL MISTERIO DEL GRIAL

 

“La búsqueda del Grial, es en esencia, una vicisitud interior. No se trata, como experiencia, de algo similar al éxtasis místico. Es, más bien, un poder primordial que llega a ser positivamente evocado. Quien sabe asumirlo es cualificado para los altos cometidos oscurecidos de la leyenda y que son, en realidad, su núcleo central”.

 

JULIUS EVOLA

 

Gran libro del Maestro Romano Julius Evola publicado en 1937, en plena Era del Fascismo en Europa y en la etapa ascendente del III Reich alemán, esta “ola de inquietud europea” (José Antonio) que Intentó en pleno Siglo XX la regeneración de una Europa que hoy parece encaminarse resueltamente hacia su definitivo ocaso.

 

El Grial más que un determinado objeto o “copa”, algo físico, se trata realmente de un símbolo de un centro espiritual que conecta directamente con la Tradición Primordial Nórdico-polar y la mítica Edad de Oro. Tiene por tanto un carácter Metahistórico y Metareligioso, además tiene más conexión con el principio guerrero que con el puramente contemplativo. Como señala Evola “es curioso que en todos los textos, los custodios del Grial o del lugar en el cual se manifiesta, no sean de los sacerdotes, sino de los caballeros, de los guerreros y, además, que aquel lugar venga descrito no como un templo o una iglesia, sino como una corte o como un castillo”.

 

A lo largo del libro, Evola detalla la influencia que su simbolismo tuvo en diversas corrientes de pensamiento y acción tradicional, especialmente durante la Edad Media y en el Renacimiento dentro del marco del Sacro Imperio Romano-Germánico, el I Reich, donde se intentó imponer la concepción gibelina, es decir la tentativa de realizar, organizar y unificar Occidente bajo el signo de un Imperio Sagrado, por encima de las arrogancias y pretensiones de un Papado fundamentalmente ENEMIGO (hoy lo estamos viendo a la perfección) de Europa y de la metafísica  imperial.

 

A lo largo del libro desfilan temas como el Ciclo Olímpico, el tema hiperbóreo, la tradición céltica y la misteriosa raza sagrada y solar de los Tuatha de Dannan, el Ciclo Artúrico, leyendas y mitos relacionados con el Grial (el Preste Juan, el Árbol del Imperio, el Señor Universal, el Rayo, la Lanza, el Rey Pescador, la Sede del Grial). Luego movimientos y organizaciones que de forma directa  o indirecta tuvieron relación con el Mito: templarios, cátaros, Fieles de Amor y la poesía trovadoresca en general, Dante y la Tradición Hermética, órdenes de constructores (inicialmente ligadas principalmente al templarismo y otras órdenes ascético-militares) y que finalmente acabaron degenerando en la moderna, aberrante y subversiva Masonería especulativa actual, germen de las revoluciones modernas antitradicionales y democráticas; finalmente los rosacruces…

 

Estos últimos, los rosacruces, cadenas iniciáticas que al parecer surgieron por todo Occidente tras la liquidación de los templarios en el Siglo XIV, al menos continuaron aunque fuera ya de forma subterránea, la conexión de Europa con la Tradición Primordial, pero con la Guerra de los Treinta Años se produce el derrumbe definitivo, la Paz de Westfalia de 1648 que supuso definitivamente la victoria de la subversión del “humanismo” renacentista (antecedente directo del liberalismo y del individualismo) y del protestantismo sobre los fundamentos reales y sagrados del Sacro Imperio (principio del fin de los Imperios español y alemán); era el establecimiento de la Modernidad con todas sus consecuencias y vertientes a cual más demoníaca (liberalismo, marxismo, anarquismo, evolucionismo, freudismo, etc), pseudo-civilización negadora y radicalmente opuesta de la Tradición cuyos gérmenes empezaron a asentarse en el Siglo XIV con la destrucción de la Orden del Temple.  Simbólicamente esos Rosacruces (nada que ver con el actual rosacrucianismo que constituye una grotesca y moderna parodia) según sus últimos textos del Siglo XVII “decidieron retirarse a la espera de tiempos mejores”, o como decían los gibelinos del Medievo cuando “el laurel vuelva a reverdecer…”

 

Libro en definitiva muy recomendable, en él se analiza uno de los grandes símbolos de la cultura occidental precristiana, su lectura apasionante nos ayudará a comprender el mundo actual en el que vivimos y cuáles han sido sus orígenes, así como ciertas fuerzas de poder que lo rigen y dominan en esta Edad Oscura o Kali-Yuga, la “Tierra Baldía” de la leyenda  artúrica, un mundo en el que los hombres diferenciados del resto de la masa se ven obligados a vivir (más  bien  sobrevivir), luchando (física, psíquica y espiritualmente) contra las potencias del caos y de la subversión para ganar así la Inmortalidad.

 

Joan Montcau

 



EL KALI-YUGA Y EL “FINAL DE LOS TIEMPOS”. LAS PREDICCIONES VÉDICAS SOBRE KALI YUGA: los signos precursores
mayo 23, 2019, 4:57 pm
Filed under: Metapolítica, Tradición

EL KALI-YUGA Y EL “FINAL DE LOS TIEMPOS”

LAS PREDICCIONES VÉDICAS SOBRE KALI YUGA: los signos precursores

El período que precede al cataclismo que debe destruir el actual Ciclo Humano está marcado por los desórdenes que son los signos anunciadores de su final. Como ocurrió en el caso de los Asuras, Shiva no puede destruir más que las sociedades que se han alejado de su papel, de la Tradición, han transgredido la Ley Natural. Según la teoría de los ciclos que regulan la evolución del mundo, nos aproximamos hoy en día al final del Kali Yuga o Edad de Hierro, la edad de los conflictos, de las guerras, de los genocidios, de las malversaciones, de los sistemas filosóficos y sociales aberrantes, del desarrollo maléfico del saber que cae en manos irresponsables, la política y la dirección de los Estados caen en manos de tarados y auténticos psicópatas (ved las modernas democracias plutocráticas regidas por auténticos canallas y criminales sin escrúpulos). Las razas, las castas se mezclan, los hombres se visten como mujeres o viceversa. Todo tiende a nivelarse y el nivelamiento (igualación por lo bajo, por lo muy bajo), en todos los ámbitos, es el preludio de la muerte, de la disolución y de la desintegración diabólicas. Al final del Kali Yuga este proceso se acelera, el proceso de decadencia y de descomposición cada vez es más rápido y a un nivel cada vez más acelerado y enloquecedor. El fenómeno de aceleración es uno de los signos de la catástrofe que se aproxima. Los Purana describen los signos que caracterizan al último período, el crepúsculo del Kali Yuga.

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Leemos en el Linga Purana:

-«Son los más bajos instintos los que estimulan a los hombres del Kali Yuga. Ellos eligen preferentemente ideas falsas (en Europa desde el final del Medioevo el proceso de subversión es clarísimo: Güelfismo, Humanismo, Protestantismo, Liberalismo, Anarquismo, Comunismo y un largo etc de doctrinas aberrantes y totalmente antitradicionales). No dudan en perseguir a los sabios. El deseo les atormenta. La negligencia, la enfermedad, el hambre, el miedo se extienden. Habrá graves sequías. Las diferentes regiones de los países se opondrán unas a las otras.

Los libros sagrados ya no se respetarán. Los hombres no tendrán moral, y serán irritables y sectarios. En la edad de Kali se extienden las falsas doctrinas y los escritos engañosos (hoy a un nivel brutal con la telebasura y los medios de (des)información del Sistema).

Las personas tienen miedo ya que descuidan las reglas enseñadas por los sabios y no efectúan ya más los ritos correctamente.

Muchos perecerán. El número de príncipes y de agricultores disminuirá gradualmente. Las clases obreras quieren atribuirse el poder real y compartir el saber, la comida y los lechos de los antiguos príncipes. La mayor parte de los nuevos jefes es de origen obrero. Ellos perseguirán a los sacerdotes y a los que tengan sabiduría.

Se matará a los fetos en el vientre de su madre y se asesinará a los héroes (hoy tristemente a la orden del día y a un nivel verdaderamente espantoso). Los Shudra (obreros) pretenderán comportarse como Brahmanes (sabios) y los sacerdotes como obreros (inversión de valores, regresión de las castas).

Los ladrones llegarán a reyes, los reyes serán ladrones (auténticas plebes coronadas, tenemos el caso muy cercano de HEZ-paña).

Muchas serán las mujeres que tendrán relaciones con varios hombres (hoy disfrazada tamaña aberración de “conquista de la mujer”…)

La estabilidad y el equilibrio de las cuatro castas de la sociedad y de las cuatro edades de la vida desaparecerán de todas partes. La tierra producirá mucho en algunos lugares y demasiado poco en otros.

Los dirigentes confiscarán la propiedad y harán de ella un mal uso. Ellos dejarán de proteger al pueblo (a la orden del día y a un nivel cada vez más creciente y descarado).

Hombres viles que habrán adquirido un cierto saber (sin tener las virtudes necesarias para su uso) serán honrados como sabios (sectas destructivas, movimientos contra-espirituales y claramente contra-iniciáticos tipo New Age…)

Hombres que no poseen las virtudes de los guerreros llegarán a ser reyes. Habrá sabios que estarán al servicio de hombres mediocres, vanidosos y rencorosos. Los sacerdotes se envilecerán al vender los sacramentos (en Occidente la Iglesia Católica, sobre todo desde el deletéreo Concilio Vaticano II 1962-65 el tema es clarísimo y vergonzoso). Habrá muchas personas desplazadas, errando de un país a otro (fenómeno moderno de la inmigración, claramente destructivo). El número de hombres disminuirá, el de mujeres aumentará.

Los animales de presa serán más violentos. El número de vacas disminuirá. Los hombres de bien renunciaran a tener un papel activo.

Comida ya cocinada será puesta en venta. Los libros sagrados se venderán en las esquinas de las calles. Las chicas jóvenes comerciarán con su virginidad. El dios de las nubes será incoherente con la distribución de lluvias. Los comerciantes harán operaciones deshonestas. Ellos estarán rodeados de falsos filósofos pretenciosos. Habrá muchos mendigos y parados. Todo el mundo empleará palabras duras y groseras. No se podrá confiar en nadie. Las personas serán envidiosas. Nadie querrá ser recíproco con un servicio recibido. La degradación de las virtudes y la censura de los puritanos hipócritas y moralizantes caracterizarán el periodo del fin de Kali. Ya no habrá más reyes. La riqueza y las cosechas disminuirán. Grupos de bandidos se organizarán en las ciudades y en el campo. El agua escaseará y los frutos serán poco abundantes. Aquellos que deberían asegurar la protección de los ciudadanos no lo harán. Numerosos serán los ladrones. Las violaciones serán frecuentes. Muchos individuos serán pérfidos, lúbricos, viles y temerarios. Llevarán el pelo en desorden. Nacerán muchos niños cuya esperanza de vida no superará los dieciséis años. Aventureros tomarán la apariencia de monjes con la cabeza afeitada, vestimentas naranja, y rosarios alrededor del cuello. Se robarán las reservas de trigo. Los ladrones robarán a los ladrones. Las personas se volverán inactivas, letárgicas y sin objetivo. Las enfermedades, las ratas y las substancias nocivas les atormentarán

(nuevamente todo ello muy a la orden del día). Personas afligidas por el hambre y el miedo se refugiarán en los «refugios subterráneos» (kaushikä).

Raras serán las personas que vivirán cien años. Los textos sagrados serán adulterados. Los ritos serán descuidados. Los vagabundos serán numerosos en todos los países.

Los heréticos se opondrán al principio de las cuatro castas y de las cuatro épocas de la vida. Personas no cualificadas pasarán por expertos en materia de moral y de religión.

Las personas masacraran a las mujeres, a los niños, a las vacas y se matarán unos a otros.»

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En Vishnu Purana (Libro VI, cap. 1):

«Las personas del Kali Yuga pretenderán ignorar las diferencias de razas y el carácter sagrado del matrimonio (que asegura la continuidad de una raza), la relación de maestro a alumno, la importancia de los ritos. Durante el Kali Yuga personas de cualquier origen se casarán con chicas de cualquier raza. Las mujeres se harán independientes y buscarán bellos varones. Ellas se adornarán con peinados extravagantes y dejarán a un marido sin recursos por un hombre rico (vivir para ver!!! …).

Ellas serán delgadas, golosas, apegadas al placer. Producirán demasiados hijos pero serán poco respetadas. No se interesarán más que en ellas mismas, serán egoístas, sus palabras serán pérfidas y engañosas.

Mujeres de alta alcurnia se entregarán a los deseos de los hombres más viles y practicarán actos obscenos.

Los hombres no querrán mas que ganar dinero, los más ricos serán los que detenten el poder. Aquellos que posean muchos elefantes, caballos y carros serán reyes. Las personas sin recursos serán sus esclavos.

Los jefes de estado no protegerán ya más al pueblo sino que, por medio de los impuestos, se apropiarán de todas las riquezas. Los agricultores abandonarán sus trabajos de labranza y de cosecha para volverse obreros no especializados (kârû-karmä) y tomarán la conducta de los «fuera-de-casta». Muchos se vestirán de harapos, estarán sin trabajo, dormirán en el suelo, viviendo como miserables.

Por la falta de poderes públicos muchos niños morirán. Algunos tendrán el pelo blanco ya a los doce años.

En estos tiempos la vía trazada por los textos sagrados desaparecerá. Las personas creerán en teorías ilusorias. No habrá ya más moral y la duración de la vida se reducirá.

Las personas aceptarán como artículos de fe las teorías promulgadas por cualquiera. Se venerarán los falsos dioses en los falsos ashrams en los cuales se decretarán arbitrariamente ayunos, peregrinajes, penitencias, donación de bienes, austeridades en el nombre de pretendidas religiones. Personas de baja casta llevarán un hábito religioso y, por su comportamiento mentiroso, se harán respetar.

Las personas tomarán el alimento sin haberse lavado. No venerarán ni el fuego doméstico ni a los huéspedes. No practicarán los ritos fúnebres.

Los estudiantes no observarán las reglas de su estado. Los hombres establecidos no harán ya más ofrendas a los dioses ni dones a las personas meritorias.

Los ermitaños (vanaprasthä) comerán comida de burgueses y los monjes (sanyasi) tendrán lazos amorosos (snéhä-sambandhä) con sus amigos.

Los obreros (shudrä) reclamaran la igualdad con los sabios. Las vacas no serán salvadas porque ellas darán leche.

Los pobres harán una gloria de su pobreza y las mujeres de la belleza de su cabello.

El agua faltará y, en muchas regiones, se mirará el cielo con la esperanza de un chubasco. Las lluvias escasearán, los campos se volverán estériles, los frutos no tendrán más sabor. El arroz faltará, se beberá leche de cabra.

Las personas que sufran la sequía se alimentarán de bulbos y de raíces.No tendrán alegrías ni placer. Muchos se suicidarán. Sufriendo de hambre y de miseria, tristes y desesperados, muchos emigrarán hacia los países en los que crece el trigo y el centeno.

Los hombres con poca inteligencia, influenciados por teorías aberrantes, vivirán en el error. Ellos dirán: ¿para qué los dioses, los sacerdotes, los libros santos, las abluciones?

Ya no se respetará más el linaje de los ancestros. El joven esposo irá a vivir a casa de sus suegros. El dirá: «¿qué significan un padre o una madre? Todos según sus actos, su Karma, nacen y mueren. (por lo tanto la familia, el clan, la raza, no tiene ningún sentido)»

En el Kali Yuga los hombres no tendrán virtudes, ni pureza, ni pudor, y conocerán grandes desgracias.»

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En Linga Purana (capítulo 40):

«Durante el periodo de crepúsculo en que acaba el Yuga, el justiciero vendrá y matará a los malvados. Nacerá de la dinastía de la luna. Su nombre es guerra (Samiti). Vagará por toda la tierra con una vasta armada. Destruirá a los Mlécchä (los bárbaros) por miles. Destruirá a las personas de baja casta que han tomado el poder real (de la realeza) y exterminará a los falsos filósofos, los criminales y las personas de sangre mezclada. Comenzará su campaña en su trigésimo segundo año y continuará durante veinte más.

Matará a millones de personas, la tierra será arrasada. Las personas se matarán entre ellas furiosamente. Al final quedarán por un lado y por otro grupos de personas que se matarán entre ellos para robarse mútuamente. Agitados y confusos abandonarán sus mujeres y sus casas.

No tendrán educación, ni ley, ni vergüenza, ni amor. Abandonarán los campos para emigrar fuera de las fronteras de su país.

Vivirán del vino, de la carne, de las raíces y de los frutos, se vestirán con cortezas, con hojas, con pieles de animales. No utilizarán más la moneda. Tendrán hambre, estarán enfermos y conocerán la desesperación. Es entonces cuando algunos comenzarán a reflexionar.»

Predicciones de textos sacros varias veces milenarios de la tradición indo-aria sobre el Kali-Yuga; en fin el panorama que tenemos delante es desolador, cualquier parecido con el mundo actual y toda la basura que nos rodea es pura coincidencia, ¿¿¿¿¿¿o no??????? …

J. MONTCAU



EN PIE…

“Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos“.

Dante Alighieri

«El poder del símbolo es más grande que el de los hombres».

Olimpiodoro

EN PIE…

En la Italia fascista de 1930 empezó a aparecer una extraordinaria publicación marcada por una nueva corriente de pensamiento: “LA TORRE”, que tendría en el gran Guido de Giorgio (1890-1957, alpinista, tradicionalista católico, experto en simbolismo occidental y representante de una corriente de pensamiento que se denominó “Fascismo Sacro”, que veían en la Roma antigua como el gran mito movilizador y como la idea-fuerza del Orden Nuevo, Roma era la Luz de Occidente para ellos), como a uno de sus principales inspiradores. Evola, gran admirador de Guido de Giorgio, definió a éste como “un iniciado en estado salvaje, de vida austera y costumbres espartanas, obsesionado con la idea de purificación, bajo el dominio de una cierta mística de carácter ascético, desde la aversión profunda al mundo moderno, hacia las ciudades, símbolo de mediocridad y sede de la nivelación caótica y democrática”, de hecho Guido murió a la edad de 67 años retirado y en la soledad de las montañas piamontesas, tal era su aversión al odioso mundo de la subhumanidad democrática con sus junglas de asfalto, atomización y brutal materialismo característicos , máquinas, ruido y suciedad . Pensador poco conocido y cuya obra literaria no fue muy amplia (su monumental “La Tradición Romana” no fue publicada en Italia hasta 1973, es decir 16 años después de su muerte acaecida en 1957), profundizaría dicho autor en el concepto de Tradición, cosmovisión opuesta totalmente a los decadentes y disolutos tiempos actuales de la Modernidad profana y profanadora. “Su indiferencia hacia el mundo moderno era tal que se había retirado a los montes, sentidos por aquél como su propio ambiente natural” (Julius Evola).

En “LA TORRE” se pretendía o se quería reunir a los pocos que eran capaces de una rebelión frente a la actual pseudo-civilización tiránica, parodia grotesca de auténtica civilización que es la Modernidad y sus infernales pseudo-valores, anti-mítica y anti-espiritual por esencia; crear algo así como una especie de vanguardia intelectual, guerrera y metafísica al servicio del Orden Nuevo, con Roma como mito fundacional y como exportadora de la Nueva Idea al resto de Europa: “Roma se erige como ese símbolo perenne e inmortal de la Tradición universal, el eje del mundo, entre el Este y el Oeste, la síntesis absoluta, armonizando opuestos,

generando esa unidad orgánica simbolizada en el Silencio, como Unidad Superior de lo Divino. Roma cae y vuelve a levantarse, aparece como la luz de Occidente, que nunca muere y siempre resurge de sus cenizas para salvar a Occidente” (Guido de Giorgio). Hay que decir que para este autor -todo lo contrario que para Julius Evola y otros como el también italiano Pio Filippani Ronconi-, no hay una ruptura entre “paganismo” y “cristianismo” en lo que respecta al fondo del mensaje tradicional, sino más bien una “continuidad”: “Para restaurar las vías que conducen a lo divino, se encuentra en la Tradición Romana, bajo la égida de los cuatro grandes símbolos cósmico-tradicionales de Jano y el Fascio Litorio, culminado en la continuidad del cristianismo de la cruz, la fuente renovadora del mensaje tradicional, que no se plantea, en ningún caso, como una ruptura con respecto a la norma tradicional de la Roma primitiva, más bien es un nuevo impulso ante la degeneración de las fuentes espirituales previas al advenimiento del cristianismo, corrompidas y sumidas en la exterioridad, presa de la idolatría y vaciadas de todo su simbolismo originario”. La eterna polémica, el cristianismo como “vampiro” y “asesino” del mundo antiguo, o bien como vivificador e inspirador de una nueva Roma y de un nuevo Ciclo Heroico (al fin y al cabo eso fue el Medievo gibelino y su Sacro Imperio Romano-Germánico)…

La elección de una torre como símbolo de la nueva corriente de pensamiento no fue casual, ya que el mismo no sólo representaba al “refugio” o al lugar de residencia de una mayor o menor mística, sino que en mayor medida representaba un puesto de resistencia, de combate, de lucha y de afirmación superiores (hoy sin duda el mejor símbolo para aquellos núcleos “que representen la salvaguarda de lo permanente” y que siguen defendiendo lo Absoluto frente a los embates de las hordas democráticas). El carácter heroico y viril, solar y aristocrático, de la nueva corriente de pensamiento era clara, por ello no hay mejor reivindicación para el mundo en ruinas que tenemos en ciernes y del que poco o nada merece ya ser salvado, en el que pocas “torres” van a quedar firmes ante el vendaval que se avecina, que el título de un famoso boletín de determinada fuerza paramilitar falangista de antaño y ya periclitada, y con el que hemos encabezado este pequeño artículo: EN PIE!!!, y ello frente al actual mundo del caos y de las tinieblas encarnados en los modernos totalitarismos del “pensamiento único” y de lo “políticamente correcto” que hoy se nos imponen con fuerza arrolladora y aplastante, el mundo de la anti-Tradición sin fronteras encarnado por el Nuevo Orden Mundial y sus acólitos o tontos útiles…

Joan Montcau

 



DOMINIQUE VENNER, EL ESTOICO
diciembre 27, 2018, 11:43 pm
Filed under: Ética y valores, Cultura y pensamiento, Eduard Alcántara, Metapolítica

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DOMINIQUE VENNER, EL ESTOICO

 

No va a ser éste lugar dedicado a trazos biográficos ni a reflexiones políticas sobre la figura de Venner. Otros ya han escrutado esos caminos con buenas dotes de síntesis y con brillantez y acierto analíticos. Nuestro cometido va a ser el de sopesar el accionar, los gestos y los escritos del político y pensador francés con el enfoque propio de los valores y cosmovisión de la Tradición, pues para nosotros el valor de Dominique Venner (D.V.) responde a que encarna un tipo de hombre y expresa unas ideas que se hallan en consonancia con un modo de existir y concebir el mundo que fue el propio del Hombre que protagonizó las Civilizaciones del Ser. Hablamos de ese Hombre Vertical que tenía como faro de su discurrir el faro de lo Trascendente e Inmutable. Hablamos de un Hombre opuesto a ese otro ‘hombre horizontal’ paridor de nuestro mutilado y desnortado mundo moderno y, a su vez, parido por éste …Un Hombre opuesto al ‘homo vulgar’ de las actuales ‘civilizaciones del devenir’ …Opuesto a este -parafraseando a Julius Evola- ‘hombre fugaz’ que arrastra su existencia por las miasmas del hedonismo, del materialismo, de la superficialidad, del fáustico devenir, de la inconsistencia, de la inconstancia y de la banalidad. Todo cuanto veamos en D.V. como cercano, acorde o evocador de ese Hombre Tradicional merecerá nuestra atención, pues nos ayudará a conformar un arquetipo que si es tomado como punto de referencia y punto de llegada (meta a alcanzar) por alguno de nuestros lectores sin duda servirá para que éstos tengan más asideros a los que agarrarse con firmeza para no dejarse arrastrar por las disoluciones alienantes del mundo moderno.

En la línea trazada, no nos interesará hablar de los pensamientos y posiciones doctrinales que podamos percibir como contaminados por los efluvios de la modernidad. No nos interesará detenernos donde veamos subproductos emanados de las corrientes filosóficas, de pensamiento o políticas que han acelerado la descomposición del Mundo de la Tradición o de lo que pudiera quedar -a menudo como reflejo sin alma- de él. No nos interesará, verbigracia, ese rechazo que desde la revista Europe-Action, que D.V. dirigió a principios de los años ’60, se hace de un autor como Joseph de Maistre porque se realiza desde la confusión provocada por el hecho de ser contra-revolucionario …pero contrarevolucionario con respecto a las ideas, a la legislación y a las instituciones propias de la Revolución Francesa o emanadas de ésta y no -tal como se mal interpreta desde dicha revista- con respecto al capitalismo y a las injusticias sociales que éste comporta. No nos interesará el posicionamiento antimonárquico -sin distinción ni matización algunas- de dicha publicación porque la monarquía en sí es rechazable en su forma liberal-parlamentaria pero no cuando se reviste -tal como sucedió en otra épocas- de la sacralidad que el mismo monarca ha actualizado en su interior a través de un duro y riguroso ascesis; sacralidad con la que impregnará su Regnum (si pugnamos por sustituir este deletéreo lodazal materialista no puede ser más que por su opuesta Civilización: la iluminada por lo Alto). No nos interesará la reivindicación de figuras como -durante la Revolución francesa- la del jacobino Louis-Antoine de Saint-Just ni, con posterioridad, la de los dirigentes de la Comuna de París de 1.871, pues si no se sabe ver en la Revolución iniciada, en Francia, en 1.789 el gran aldabonazo al triunfo definitivo del mundo moderno no se sabrán detectar los orígenes, las causas y los hitos más significativos que explican los males, las injusticias, las disoluciones y las fracturas de nuestro mundo. No nos interesará la defensa del laicismo hecha desde las páginas de Europe-Action, pues la oposición a un cristianismo que cada vez se asemejaba más (se rondaba el Concilio Vaticano II) al igualitarista, antijerárquico, salvífico y cosmopolitista de los orígenes no debe hacernos descender aún más peldaños en dirección al laicismo desacralizador sino que nos debe empujar a alejarnos de él (de ese cristianismo) superándolo -ascendiendo en peldaños- hacia formas y vías de genuina Espiritualidad que admitan posibilidades de realización interior para un tipo de ‘hombre diferenciado’ (Evola dixit) y que, fuera de universalismos que no conocen de las diferencias, se adecúen a la idiosincracia, al palpitar y a la manera de entender y de vivir el Hecho Trascendente propios de cada pueblo.

Aunque no haya necesariamente que asignar a D.V., sino a la generalidad de la revista Europe-Action, estos posicionamientos ideológicos lastrados por excrecencias del mundo moderno lo cierto es que él fue director de la misma y no le podemos hacer escurrir el bulto con respecto a su responsabilidad a la hora de asumirlos. Pero de todos modos, repetimos, lo que nos interesa reivindicar en torno a la figura de nuestro personaje se halla en otras coordenadas bien alejadas de las expuestas en el párrafo anterior.

A nosotros nos interesa reivindicar a ese D.V. que no sin profundas motivaciones elige la catedral de Nôtre Dame como el escenario de su inmolación, pues lo hace al rastrear en ella un enclave de culto casi inmemorial que la liga con un pasado en el que los ancestros concebían la existencia como si de un continuo ritual sacro se tratase …ritual gracias al cual quedaba sacralizado todo el accionar humano. No en vano la catedral parisina se alza en el mismo enclave en el que los romanos levantaron el templo de Júpiter y, antes, los galos honraban al dios Lug (1) …Y es que hablar de nuestros ancestros, reivindicar nuestra identidad a través del rescate de nuestro orígenes y hacerlo, al mismo tiempo, mutilando al hombre de la dimensión Trascendente, que fue su eje vertebrador, significarían un total y absurdo contrasentido.

Es en esta línea en la que Fernando José Vaquero Oroquieta nos trae a colación un editorial escrito por D.V., titulado “La memoria de un impulso heroico”, en el que nos dice Vaquero Oroquieta que partiendo del hecho incuestionable de la decadencia de la civilización europea, Dominique Venner se plantea la eterna cuestión de, en estas precisas circunstancias, “¿qué hacer?”. D.V. toma partido en la alternativa que presentan, a su juicio, las dos posibles respuestas: que denomina, respectivamente, «la solución sistémica» y la solución espiritual. Correspondería a la primera “imaginar otro sistema político y social a través de una revolución. La segunda es una transformación de los hombres por la propagación de otra visión de la vida, otra filosofía espiritual. Es lo que hizo el estoicismo en la Roma imperial.

D.V se sumaría, pues, a esa línea postulada ya antes por otros, como la del caso del rumano Corneliu Zelea Codreanu cuando manifestaba su convicción de que sin la prioridad por la que bregar, que no es otra que la de forjar un ‘hombre nuevo’, cualquier cambio sistémico, que llevara a la abolición de la liberal-plutocracia y a la implantación de un orden tradicional vertebrado, resultaría efímero, pues el tipo de hombre surgido como consecuencia de tantos años de fomento del individualismo, del egoísmo, del consumismo y del materialismo en breve tiempo intentaría subvertir los cambios politicos logrados y maquinaría en pos de la restauración del status capitalista; en el que sus impulsos compulsivos hacia el consumo y su egoísmo incompatible con un ordenamiento social orgánico volverían a tomar carta de libertad y desarrollo ilimitado.

 

Como se ha señalado nuestro autor se refería en “La memoria de un impulso heroico” al “estoicismo en la Roma Imperial”. Venner se sentía muy identificado, existencialmente, con esta corriente filosófica para la cual la templanza, el autocontrol, el dominio de sí mismo y la indiferencia ante todo aquello que no es sustancial en la vida son logros del alma –mente- que la mantienen alejada de los disturbios y turbulencias que acontecen a nuestro alrededor y que pueden distorsionar la psique del común de los mortales. Se trata de lograr permanecer impasible ante lo accesorio y ante lo que turba y perturba al hombre común. Los Séneca o los Marco Aurelio pueden ser un perfecto modelo existencial a seguir. De hecho estos logros descondicionadores de la mente constituyen la médula del nigredo (u ‘obra al negro’) de la tradición hermético-alquímica …y es que sólo a partir de la putrefacción y de la limpieza de escorias psíquicas –del subconsciente y lo irracional- puede aspirarse a la calma psíquica frente a los vaivenes y desequilibrios que acosan al ser humano en el seno de este enloquecido y desnortado mundo del devenir.

 

Georges Feltin-Tracol nos recuerda en un texto titulado  Dominique Venner o la fundación del porvenir” que En su texto del 23 de abril de 2013 ”¡Salud, Caballero rebelde!”, interrogándose ante el soberbio grabado de Albrecht Dürer “El Caballero, la Muerte y el Diablo”, Dominique Venner concluía que “la imagen del estoico caballero me ha acompañado a menudo en mis rebeliones. Es cierto que soy un corazón rebelde y que nunca he dejado de rebelarme contra la fealdad invasora, contra la bajeza promovida como una virtud y contra las mentiras elevadas al rango de verdades. Nunca he dejado de sublevarme contra todos aquellos que han querido la muerte de Europa, de nuestra civilización milenaria, sin la cual yo no sería nada.

De lo que se trata, pues, no es de mantener pasividad ante lo que acaece y, sobremanera, ante lo que corroe y aliena sino de ‘golpear sin odio’, esto es, actuar sin alterarse interiormente. Nada más alejado de posturas pasivas y de apoliticismo (2), pues en Venner vemos igualmente un identificarse con la figura del guerrero, del caballero andante, del samurái, del shatriya de la sociedad de castas indoaria, con la ‘vía de la acción’. Y es tal así que el mismo Georges Feltin-Tracol nos sigue diciendo que D. V. en “El corazón rebelde” insistía en la figura del samurái y su última metamorfosis histórica, el kamikaze, el combatiente de asalto que, en nombre de sus principios, se sobrepasa una vez más. “Morir como un soldado, con la ley de su parte, exige menos imaginación y audacia moral que morir como un rebelde solitario, en una operación suicida, sin más justificación íntima que la orgullosa certeza de ser el único en poder cumplir lo que debe ser llevado a cabo.

Siento que tengo el deber de actuar mientras tenga todavía fuerza para ello.” 

El altruismo heroico, combatiente y radical, defendido por Dominique Venner, se concreta en un acto decisivo que trasciende todo una obra de escritura y de reflexiones para alcanzar los antiguos preceptos de los romanos, en particular los del estoico Séneca para quien “bien morir es escapar al peligro de mal vivir. ”

Este convencimiento de cumplir lo que debe ser llevado a cabo y del deber de actuar se hallan en consonancia con aquella máxima indoaria de hacer lo que debe ser hecho y de la que nosotros en cierta ocasión señalábamos que El hombre diferenciado debe hacer lo que debe ser hecho, independientemente de cuáles puedan ser los resultados obtenidos; independientemente de si llega a conseguir unos fines concretos o no. Independientemente de si arriba a ciertas metas o no las alcanza.

Es en esta línea en la que en nuestro ensayo “Evola frente al fatalismo reproducíamos una cita autoría de un encriptado grupo de personas que allá por los años ´70 de la pasada centuria redactaron una serie de interesantes escritos que bebían del legado Tradicional transmitido por Julius Evola y que firmaban sus escritos como “Los dioscuros“. Cita en la que decían que “nosotros encendemos tal llama, en conformidad con el precepto ariya de que sea hecho lo que debe ser hecho, con espíritu clásico que no se abandona ni a vana esperanza ni a tétrico descorazonamiento”.

Los textos sapienciales del hinduismo señalan que tal manera de actuar haciendo lo que en cada momento debe ser hecho -sin hacerlo buscando algo a cambio- adecuan al hombre con el “dharma”, esto es, con la ley cósmica-natural que se altera cada vez que alguien no obra como debe obrar (3).

 

En la nota en la que anunciaba su decisión sacrificial D.V. declaraba que cuando tantos hombres se hacen esclavos de su vida, mi gesto encarna una ética de la voluntad. (…) Me sublevo contra la fatalidad. Con esta afirmación nuestro autor da un gran salto hacia atrás en el tiempo para enlazar directamente con el Hombre de la Tradición, para el cual no existían condicionantes ni determinismos de signo fatalista que coartaran su libertad. El hombre era dueño de su destino. Él con su proceder lo determinaba. Saltaba, pues, Venner, por encima de la noche oscura del mundo moderno y de sus medios de esclavizar la voluntad del hombre. El Hombre de la Tradición es un Hombre Liberado interiormente y no determinado fatalmente ni por -a diferencia de lo que sucede a día de hoy- un determinado Sistema de Enseñanza ni por -siguiendo a Hegel- una especie de Razón Universal ni por un Hado o Destino que todo lo tendría irremisiblemente prefijado ni por el dios todopoderoso, omniscente y omnipresente de las Religiones del Libro (4).

Posturas que Guillaume Faye corrobora como propias de D.V. cuando en una entrevista sobre nuestro protagonista (5) afirma que éste defendía la idea de que los dioses no deciden, porque el pagano (6) es un hombre libre. El opuesto absoluto del pagano es el seguidor del Islam, es decir, de la sumisión. Y señala, en el mismo sentido, de que no hay que dejar la muerte en las manos del destino, sino de la elección.

     Y en la misma línea se expresa Adriano Erriguel cuando escribe, en un artículo que lleva por nombre “El sol blanco de Dominique Venner”, que el suicidio de Venner debe explicarse como la decisión de ser dueño del propio destino. O José Javier Esparza cuando, en el escrito “Dominique Venner y el destino de Europa”, dice que cualquier movimiento de conciencia puede transformar la sociedad materialista que hoy conocemos, pues -añadimos nosotros- no se trata tan solo -¡que ya es mucho!- de no ser coartados por ningún condicionamiento que impida recorrer ese camino de transformación interior propio del Iniciado de las grandes Tradiciones sino que, asimismo, se trata, de no concebir como fatal ningún status quo como el que política, social, económica y “culturalmente” impera a día de hoy, sino que, al contrario, se conciba la posibilidad de derrocarlo y sustituirlo por otro que permita la realización -espiritual, social, política, laboral,…- de cada miembro de la sociedad al máximo de lo que sus aptitudes le permitan. Por lo cual no únicamente debe ser rechazado el fatalismo en el plano personal e interior sino también en el social y exterior.

Mi gesto encarna una ética de la voluntad –anunció D.V. para explicar su autosacrificio. Es la voluntad que se impone ante cualquier obstáculo, contratiempo y condicionante que resultaría insalvable para el homo vulgaris débil, sin pulso y vencido que ha excretado la modernidad.

En similar orden de cosas D.V. nos transmite en su escrito “El sentido de la muerte y de la vida” que la muerte voluntaria proclama la soberanía que uno ejerce sobre sí mismo.

   

      Julius Evola tipificó con gran nitidez dos formas diferentes y contrapuestas de vivir y concebir la existencia y el mundo manifestado. Las presentó, de forma gráfica, como las guiadas la una por ‘la luz del norte’ y la otra por ‘la luz del sur’. La primera representa la propia del Mundo de la Tradición y entiende de lo diferenciado, lo jerárquico, del honor, el valor, la fides,… La segunda, por contra, corresponde a un tipo humano, que ya inoculado por el virus del mundo moderno, adhiere al igualitarismo, al gregarismo, a la promiscuidad, al tejemaneje, al espíritu mercantil,… Venner en su obra “El blanco sol de los vencidos” sitúa frente a frente a estos dos tipos humanos yuxtapuestos y lo hace en el contexto de ese Norte y ese Sur que acabaron enfrentándose en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos (1.861-64). Nos cita al por entonces Gobernador de Carolina del Sur James H. Hammond cuando afirmó que No han existido sobre la tierra dos naciones, que estuvieran separadas de forma distinta y hostil como nosotros. Ni Cartago y Roma, ni Francia e Inglaterra, en ningún momento. También a Mary Chesnut, esposa de un senador de Carolina del Sur quien anotó en su diario que nos hemos separado por incompatibilidad de caracteres. D. V. habla de dos mundos ajenos el uno al otro. Se trata lo que determinadas corrientes geopolíticas han denominado como la alteridad existente, a lo largo de la historia, entre ‘potencias continentales’ y ‘talasocracias mercantiles’. Las primeras apostarían por el afán civilizador y las segundas por el meramente monetario; entre las primeras, verbigracia, la Antigua Roma y entre las segundas Cartago (de fenicia afiliación). Venner nos explica, en este libro, cómo el Norte encuentra como justificación a su sed de acaparar riquezas la argumentación calvinista que responde al silogismo de que el Señor bendice la riqueza. Nos recuerda que se forja en el Sur una tradición aristocrática y agraria, en oposición a la tradición burguesa y mercantil del Norte y que estas diferencias se acentuaron a mediados del siglo XVII, con la llegada (al Sur) de nuevos emigrantes de noble cuna, los “Cavaliers”. Estos barones huían de Inglaterra tras la ejecución de Carlos I Estuardo. Mientras que el Norte se enriqueció en el curso del decenio siguiente con los “Cabezas Redondas”, los “niveladores”, antiguos partidarios de Cromwell y adversarios de los “Cavaliers” que la restauración de los Estuardo sobre el trono de Inglaterra expulsó a su vez. Basta reemplazar a los “Cavaliers” por los carlistas y los Cabezas Redondas por los isabelinos para imaginar los sentimientos que los colonos del Sur podían alimentar respecto a los del Norte y recíprocamente.

Al plantador del Sur (…) se opone el puritano de Nueva Inglaterra. Este hombre de Dios ha firmado un contrato con el Cielo para triunfar sobre la tierra. A cambio del rigorismo de su existencia, espera de Jehová que favorezca sus negocios.

     Nos cita, asimismo, a Michel Chevalier, quien en sus “Lettres sur l’Amerique du Nord(publicadas en 1.836), asevera que el yankee y el virginiano son dos seres muy dispares.    

    Del mismo D.V. escribe Javier Ruiz Portella, en el artículo “El aristócrata y el hombre de las pantuflas”, como de ese hombre con alma de aristócrata que pertenecía a la alta “aristocracia secreta”, como él la llamaba.

     En “El blanco sol de los vencidos”, D. V. habla de los grandes propietarios del Sur cual si de señores feudales se tratase; siempre guiados por esos principios propios al hombre de ‘la luz del norte’. Nos dice de ellos que los plantadores son puntillosos en su honor, dispuestos a pedir reparación por las armas.(…) Velan también sobre los granjeros y los “pequeños blancos” de su condado, administran justicia y socorren a los indigentes. Más aun que el “squire” inglés, entre sus granjeros, el plantador es el señor de su tierra. Un señor feudal sin soberano. (7)

El ya citado Javier Ruiz Portella escribe sobre los pareceres que D. V. tenía acerca de las dos maneras de concebir cuál es el motor del mundo, ya sea si se trata del parecer de los hijos de ‘la luz del norte’ o si se trata de los de ‘la luz del sur’: Venner, apoyándose en Max Weber, piensa que no son los intereses económicos los que determinan las ideologías, sino al revés, que son las ideologías, las religiones, los principios, los que determinan las formas económicas.

Es, pues, ese ‘demon de la economía’, al que denunciaba Evola, el que guía el pensamiento y el accionar del ‘hombre común’ de la modernidad. Ante el ‘homo oeconomicus‘ se alza, para Venner, el caballero y su ética del honor; se alzan el guerrero y el Héroe -que no sólo transita el mundo exterior sino también su vida interior con el objeto de realizarse espiritualmente.

Si seguimos caracterizando al hijo de ‘la luz del norte’ qué mejor que seguir echando mano el autor francés cuando en su artículo “El individualismo: origen último de la corrupción” plantea que si el interés personal es el único fundamento del pacto social, no se ve que es lo que podría prohibir que cada cual se aproveche de ello lo mejor que pueda, según sus intereses y sus apetencias, llenándose el bolsillo si su cargo le ofrece tal oportunidad.

Individualismo en hipertrofía mayúscula que contrasta con el sentido comunitario que caracterizó siempre, por contra, al ‘hijo de la luz del norte’, que era activo partícipe de los ‘cuerpos intermedios’ (hermandades, gremios, cofradías, órdenes,…) a los que pertenecía y los cuales vertebraban y estructuraban las sociedades Tradicionales orgánicas. Y en semejante orden de ideas nuestro autor nos hace ver, en este último escrito, que en Europa, desde la más remota Antigüedad, siempre había dominado la idea de que cada individuo era inseparable de su comunidad, clan, tribu, pueblo, polis, imperio, al que se encontraba unido por un vínculo más sagrado que la propia vida.

Y nos advierte de que estas agrupaciones orgánicas -que fueron las inherentes a la Tradición- han degenerado, en el mundo moderno, en conglomerados inorgánicos y desestructurados y en una suma de individuos reunidos para pasarlo bien o satisfacer lo que por su interés entienden.

 

Dominique Venner no es ajeno al plano Trascendente de la realidad. Desde el punto de referencia del llamado pensamiento Tradicional revisten especial interés sus apreciaciones al respecto. Nuestro autor no concibe un tipo de religión quasi abstracta (que no exhibe puntos de conexión con lo concreto, con la realidad antropológica de cada cultura), de corte cosmopolita, que pueda ser profesada aquí, allá y acullá, sin ninguna relación con el palpitar particular de cada pueblo. Pues, por contra, él defiende la convicción de que cada grupo humano tiene una manera diferente de percibir la existencia y el Hecho Trascendente. Y, a nuestro entender, se carga de razón al defender esta posición, pues, existen grupos humanos a los que su idiosincracia particular les hace identificarse con prácticas de corte animista, así como otros lo hacen con otras totémicas, otros con la mera creencia en lo Alto y, en cambio, otros son -o, al menos, fueron- capaces de emprender -sobre todo en sus miembros más dados a ello, por capacitación espiritual y por voluntad- capaces de emprender, decíamos, la vía interior que lleva al Conocimiento del plano Suprasensible de la Realidad e incluso a Identificarse ontológicamente con dicho plano. Este último grupo humano siempre concibió el cosmos como un todo armónico en el que fluyen fuerzas sutiles-metafísicas con las que se puede -y debe- interactuar. Otros grupos humanos, en cambio, conciben un vacío metafísico entre el Creador y las “criaturas”, por lo que creen imposible acceder a la Gnosis del dicho Creador por no existir los “peldaños metafísicos” intermedios –numina– que harían posible el acceso del hombre al mentado Creador. D. V. piensa, en este sentido, que Europa no podrá reencontrarse a sí misma, a sus raíces, a su esencia y a su Tradición a través de una religión, ya bimilenaria, que no encaja con el palpitar Espiritual del homo europaeus y que es extrapolable a cualquier latitud y rincón del planeta. Postula, Venner, por contra, que la esencia metafísica el europeo la debe indagar en otras fuentes. Y es por esto por lo que en “Las razones de una muerte voluntaria” afirma que no poseyendo una religión identitaria a la cual amarrarnos, compartimos desde Homero una memoria propia, depósito de todos los valores en los cuales podremos volver a fundar nuestro futuro renacimiento.

    Así se ha recogido en un artículo titulado “La muerte de Dominique Venner no es un fin sino un comienzo” (8). En él su autor detecta una ‘religión identitaria’ en otros pueblos, mientras en cambio, los europeos tienen una religión universal y afirma, por esto, que el cristianismo tiene una vocación universal.

Si para los pueblos indoeuropeos Tradicionales el hombre podía transmutarse interiormente a través de la Iniciación era porque concebían que como emanación que era -el hombre- del Principio Supremo y Eterno (y no creación ex nihilo de éste) compartía con el mismo su esencia imperecedera; la cual se trataba de activar. Y es que  en todas las culturas Tradicionales el hombre siempre se creyó descendiente de los dioses. Los clanes, las tribus, las “genes” creían tener en alguna divinidad a su antepasado más remoto. Los Iniciados, al ir más allá de la forma concreta y antropomórfica que se le otorgaba a la divinidad, concebían al hombre como emanación de un Principio Supremo y, en consecuencia, lo hacían partícipe y portador de la Esencia Inmutable y Sacra de dicho Principio.(9)

D.V. , en un escrito suyo ya reseñado con anterioridad (10), escribe que (…) esta indiscutida conciencia, de la que la Iliada nos ofrece la más antigua y poética expresión, tomaba formas diversas. Basta pensar en el culto a los ancestros a quienes la “polis” debía su existencia …Ancestros que solían ser identificados con dioses o con héroes divinizados.

 

La actitud del estoico ante la vida, con el que -ya lo hemos señalado- se identificaba el autor francés, es la de cierto distanciamiento interior, pues el estoico ha logrado una buena dosis de desapego con respecto a la vida; desapego fruto de un trabajo interno que el Mundo de la Tradición llamó Iniciación o al que, concretamente, el orbe clásico se refirió cuando hablaba de la consecución y gnosis de los ‘Pequeños Misterios’ y de los ‘Grandes Misterios’.  Desapego con respecto a los bienes materiales, a las ambiciones humanas, a las pulsiones más primarias, a los sentimientos desaforados o a las pasiones y emociones embriagadoras y cegadoras. Como a uno de los arquetipos de este tipo de hombre descondicionado nos presenta Venner al samurái, al cual nos recuerda que el “Hagakuré” -libro escrito por Yamamoto Tsunetomo– impelía a prepararse para la muerte mañana y noche y día tras día, como técnica de superación de un apego a la vida que conlleva a ese miedo a perderla que debe ser ajeno al samurái.

El estoico, para nuestro autor, responde a un comportamiento y una edificación interna que se hallan en las antípodas de aquellos que, como el hombrecillo moderno, deambulan en unas vidas que no son nada y que no tienen otro objetivo que vivir por vivir, cualquiera que sea su vacuidad. (11)

Este ‘hombre moderno’ atribulado y que se agita con convulsión es el fruto de una modernidad ante la cual un tipo de ‘hombre diferenciado’ se siente como un ‘exiliado en este mundo’ …se siente, tal como nos recuerda Venner, como se sentía Antoine de Saint-Exupéry cuando en su “Carta al general X, escrita en 1943, ya declaraba su aversión por el mundo que ante él se alzaba: «Odio mi época con todas mis fuerzas […]. El hombre está castrado, cortado de sus resonancias originales» (12); unas ‘resonancias originales’ que no pueden ser otras que las que vibran al son de la Trascendencia …y una dimensión Trascendente de la cual el hombre moderno ha sido amputado.

Ante el apego a la vida que desapega de lo que es ‘más-que-vida’ (el plano del Espíritu) y que, por otro lado, impide cualquier trazo de comportamiento heroico, Javier Ruiz Portella en su homenaje a la memoria de D.V. nos dice que basta que alguien sea capaz de jugarse la vida en un acto heroico para que ello choque profundamente a la chusma amorfa que nos rodea (esa chusma que nada tiene que ver, recordaba antes, con el pueblo que, cuando aún existía, se inclinaba ante los héroes). Pero hoy no. Hoy lo que más detesta el hombre-masa (el de arriba, el de abajo y el de en medio) es todo lo que pueda oler, así sea de lejos, a grandeza y heroicidad. (13)

Dominique Venner, en ese jugarse la vida, al poner fin a sus horas terrenales, lo hace con esa mentalidad inseparable del estoicismo, pues nos recuerda que cuando Catón de Útica, Séneca, Petronio y tantos más ponen voluntariamente fin a sus días, son fieles a la filosofía estoica que enseña a morirun estoicismo para el cual los motivos del autosacrificio no pueden separarse del concepto del honor, tal como comprobamos cuando afirma que La muerte voluntaria, atributo del Japón de los samuráis, puede traducirse en alta aspiración al honor y a la dignidad. O cuando añade que es imposible no sentir estima por el almirante von Friedeburg, último comandante en jefe de la Kriegsmarine, que se dio muerte después de haber sido obligado a firmar la capitulación de 1945. (14)

 

¡Que no nos abandone no sólo el legado escrito de Venner sino, más aún, el ejemplo de su sacrificio por un elevado ideal …el único por el que merece que consumamos nuestra vida!

 

 

NOTAS:

 

(1)En su nota de despedida, la misma mañana de su autosacrificio, nuestro autor francés señalaba que escojo un lugar altamente simbólico, la catedral de  Notre-Dame de París que respeto y admiro, esa catedral edificada por el genio de mis antepasados en sitios de culto más antiguos que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales.

(2)   Merece ser destacada la diferencia existente el apoliticismo nihilista e irresponsable inherente a la postmodernidad como forma de despreocupación ante los fenómenos del mundo de la política que nos intentan determinar (¡y de qué deletérea manera!) y el concepto de “apoliteia” que defiende Julius Evola en su obra “Cabalgar el tigre”, como aquella actitud que persigue un cierto distanciamiento ante los accionares disolventes del entramado político del mundo moderno. Un distanciamiento (tanto exterior como interior; guiado, éste último, por una especie de actitud estoica) que pretende el que no nos veamos influenciados por sus cáusticas influencias pero que, al mismo tiempo, no nos prive de la posibilidad de actuar, en un momento dado, desde dentro del mismo Sistema siguiendo la estrategia de intentar minarlo en sus fundamentos y de poner al descubierto sus contradicciones.

  • “El deber”, capítulo IV de nuestra obra “El Hombre de la Tradición”. Ediciones Camzo.  También puede leerse en    https://septentrionis.wordpress.com/2012/10/04/el-hombre-de-la-tradicion-iv-el-deber/
  • Ideas que hemos desarrollado ampliamente en “Evola frente al fatalismo”, capítulo III de nuestro libro “Reflexiones contra la modernidad”. Ediciones Camzo. También se puede acceder a su contenido en https://septentrionis.wordpress.com/2010/08/19/evola-frente-al-fatalismo/.
  • Traducida al castellano por Francisco Albanese.
  • Sería conveniente descartar el término ‘pagano’ y sustituirlo por el de ‘precristiano’ o (fuera del área de expansión del cristianismo) el de ‘politeísta’ o, sencillamente, por el de ‘Hombre de la Tradición’, ya que el vocablo ‘pagano’ reviste connotaciones despectivas asignadas por el primigenio cristianismo y que tendrían que ver con lo rústico y primario; amén del hecho de que el “paganismo” de los últimos siglos del Imperio Romano Occidental involucionó en algo así como una especie de panteísmo
  • Nosotros ya en su día intentamos mostrar los parabienes que, desde el punto de vista Tradicional, fueron propios de la Edad Media (en especial la Alta Edad Media) y los hicimos en un escrito que llevaba por título “Lanzas a favor del Medievo” (https://septentrionis.wordpress.com/2014/11/04/lanzas-a-favor-del-medievo/)
  • Puede leerse en su totalidad en http://www.alertadigital.com/2013/06/04/la-muerte-de-dominique-venner-no-es-un-fin-sino-un-comienzo/
  • Párrafo recogido en ciertas reflexiones nuestras que se pueden consultar en https://septentrionis.wordpress.com/2010/05/25/el-emanatismo/
  • “El individualismo, origen último de la corrupción”
  • Del escrito “El sentido de la muerte y de la vida”, Dominique Venner.
  • Íbidem.
  • “El sacrificio heroico y el sentir mayoritario”, Javier Ruiz Portella.
  • “El sentido de la vida y de la muerte”, Dominique Venner.

 

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com

 

 



audio conferencia. “Güelfos vs gibelinos: buscando las claves de la decadencia”

En el siguiente enlace se podrá descargar sin problemas (no hay que temer el aviso de virus) el audio de nuestra conferencia “Güelfos vs gibelinos: buscando las claves de la decadencia”:

https://drive.google.com/uc?id=1aTNcGOGC17BK50BaASi3tLJy02wcdBhP&export=download

Eduard Alcántara

eduard_alcantara@hotmail.com