Julius Evola. Septentrionis Lux


EL TRADICIONALISMO Y JULIUS EVOLA
febrero 23, 2011, 1:40 pm
Filed under: Eduard Alcántara, Julius Evola, Metafísica

Esta recopilación de reflexiones vertidas por nosotros en diferentes medios y situaciones la iniciaremos con un párrafo en el que, en su día, pretendimos dejar claro que al adentramos en el tema del Tradicionalismo lo último que nos mueve, y nos debe mover, es entretenernos con peripecias, malabarismos y disquisiciones mentales.

Seguidamente hemos insertado un fragmento en el que definimos lo que entendemos por Tradicionalismo.
A continuación, aparecen reflexiones sobre aspiraciones que enarbola esta corriente vital y de pensamiento de cara a la reconstrucción interior del hombre de nuestro actual mundo moderno.
Pasamos, más adelante, a la reproducción de fragmentos en los que presentamos a Evola como quien mejor ha definido –especialmente para el hombre indoeuropeo- la esencia de la Tradición, como referente y eje existencial que debiera ser para quien pretendiera situarse enfrente del presente mundo moderno disolvente y alienante; pero sin salirse ni evadirse del mismo; siempre sin ánimo de restarle importancia –aunque el maestro italiano es, en nuestra opinión, quien más diáfanamente nos puede mostrar el camino de la Tradición-, siempre, decíamos, sin olvidarnos de la imprescindible aportación de un autor del calado y del rigor de René Guénon o de otros autores –por citar tan sólo a los más renombrados y significativos; y que hasta podríamos definir ya como ´clásicos´- tales como Titus Burckhardt, Frithjof Schuon o Mircea Eliade.
Hemos añadido un breve homenaje que le quisimos rendir a Evola con motivo de cumplirse, el 11 de junio de 2.004, el 30 aniversario de su deceso.
A la hora de realizar este nuestro recopilatorio nos ha movido la idea de transmitir el porqué de nuestra elección vital a favor del Tradicionalismo y a favor de quien, para nuestro parecer, nos los ha expuesto de manera más idónea con respecto a nuestras particulares maneras de percibir la existencia. Y ese quien nos es otro que Evola.
Hemos publicado comentarios que incompatibilizan hasta la médula a la Tradición y a Evola con respecto a todas aquellas segregaciones políticas y económicas (como el capitalismo) propias del mundo moderno y lo hemos hecho porque hay quienes, desde la ignorancia acerca de cuáles son los parámetros inherentes a la Tradición, se adentran, temerosamente, en el fango de la confusión más absoluta.
Alguna anotación hemos hecho acerca de la clarividencia mostrada por Evola (hegemonía de un Quinto Estado que él en vida no contempló) sobre el rumbo que tomaría el mundo moderno en los estertores crepusculares por los que está transitando.
También hemos extractado un par de citas de Evola, definitoria una del concepto de Tradición y de resalte, la otra cita, de la antinomia existente entre el Mundo Tradicional y el moderno.
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Pugnamos por estar en las antípodas de cualquier tipo de snobismo, de dilettantismo y de cualquier pretensión de recreacionismo intelectualista, pues estos defectos se hallan en la esfera de la mente y hay que depurarla, ordenarla y disciplinarla para enfocar las miras del hombre por encima de ella: hacia el plano de lo Absoluto. Pues es lo Absoluto lo que ha sido, en primera instancia, ninguneado y, seguidamente, silenciado y ocultado en los sistemas político-culturales a los que hemos de oponernos.
Debemos pretender el caminar por el difícil sendero de la depuración de los defectos del alma y debemos pretender, por tanto, el alejarnos, cada vez más, de vanidades y engreimientos.
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No pretendemos, en absoluto, hablar de ´tradicionalismo’, así, en minúscula; o sea, de una corriente que, por ejemplo, en España como doctrina política, social y económica va, desde hace cerca de dos centurias, indisociablemente ligada al carlismo.  De lo que queremos tratar es de una forma de entender y de vivir el mundo y la existencia que ha empujado al hombre, en determinados momentos de su historia, a encauzar todo su quehacer cotidiano hacia fines Elevados, Suprasensibles, Metafísicos,… y le ha llevado, en consecuencia, a configurar unos tejidos sociales, culturales, económicos y políticos guiados e impregnados hasta la médula por dichos valores Superiores y dirigidos a la aspiración de la consecución de un Fin Supremo, Trascendente. A esto denominamos Tradicionalismo, con mayúscula, a esta tendencia que tiene como modelo el de la Tradición Primordial que conformó la vida del Hombre de los orígenes; esto es, la vida del Hombre de la Edad de Oro descrita por Hesíodo o del Satya-yuga definido por la tradición indoaria.
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Nuestra principal, y modesta pretensión, al hablar sobre Tradicionalismo o cuestiones de él derivadas, no es otra que la de intentar que aquéllos que no contemplen al ser humano en su plenitud, empiecen a otear que éste no es un mero compuesto de cuerpo y mente, sino que también goza de un componente Trascendente que, aunque aletargado hoy en día, siempre fue el faro que guio el discurrir de nuestros antepasados antes de que éstos empezaran a ser arrastrados por el marasmo homocéntrico que tomó fuerza, sobre todo, a inicios de la Edad Moderna y que, con el transcurso de los siglos, les anegó en el más tosco materialismo.
Nuestra principal, y modesta intención, es la de que empecemos a despojarnos todos de esta visión mutilada del hombre; mutilada de aquello que le hace ser más que hombre y que le eleva por encima de la condición de mero animal: mutilada de su dimensión Espiritual.
Nuestra principal y modesta intención al hablar sobre el cuerpo doctrinal que Evola nos presentó es la de intentar que aquellos que pretenden encarnar íntegras alternativas al Sistema que nos aliena, se sacudan las escorias ideológicas que puedan no hacerles ser valedores de una cosmovisión radicalmente opuesta a la de este deletéreo mundo moderno, pues, a nuestro modesto entender, nuestro autor italiano es quien de una manera más integral ha presentado la visión del mundo y de la existencia más contrapuesta a aquélla otra a la que todos nosotros pretendemos combatir y la visión del mundo y de la existencia más acorde con la que siempre fue propia de la mayoría de nuestros ancestros.
Nuestra principal y modesta pretensión no es, pues, ensalzar y endiosar a alguien como Evola que siempre abominó de personalismos, que siempre predicó el principio Tradicional de la ´impersonalidad activa´ y que siempre rechazó, en su propia persona, la idea de que él estuviera creando una doctrina propia; pues siempre prefirió considerarse como un simple intérprete de la Tradición.
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Se cumplen 30 años del fallecimiento de Julius Evola y vamos a ´aprovecharnos´ de ello para recordar que pocos como él se han desmarcado -al menos en las últimas centurias-  más integralmente de los contravalores que rigen nuestro mundo actual. Nadie como él nos ha recordado en qué valores debemos de basar una auténtica oposición a este mundo. Nadie como él ha sabido interpretar con más precisión y rigor cuáles fueron los parámetros comunes por los que se han regido las distintas comunidades Tradicionales que han jalonado el devenir de la humanidad. Pocos como él nos han hecho ver con más claridad el que estos parámetros no tienen porqué haber caducado definitivamente, sino que deberían de ser enarbolados por cualquiera que quiera presentar la alternativa radical al entorno que nos aliena. Pocos como él nos han transmitido el hecho fehaciente de que si en el mundo que nos embrutece prima y dirige antijerárquicamente la Materia por encima de cualquier otra realidad, en el mundo que debería suplantar a éste disolvente el Espíritu tendría que ocupar la más alta jerarquía. Nadie como él nos ha ´descubierto´ cuál es el camino más apropiado hacia lo Trascendente a seguir por el hombre indoeuropeo -si es que este hombre pretende liberarse del yugo mutilador al que le somete el mundo moderno- y tal camino no es otro que el de la vía de la acción; ya sea interna, buscando nuestro desapego y transformación interiores, y ya sea, también, externa, luchando por intentar demoler el deletéreo edificio en ruinas en el que ´vivimos´ con el objetivo de construir, en su lugar, un Orden cimentado en valores imperecederos y en principios inmutables. Pocos como él no tan sólo lucharon por todos estos valores y principios, sino que, además, los hicieron suyos y, por tanto, vivieron en coherencia con ellos.
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A nosotros siempre nos ha movido una doble vocación innata -o quasi innata; para no entrar en el entramado de los determinismos-: la de un impulso hacia el hecho Trascendente y la de otro hacia la vía de la acción -tanto externa como interna-. Leímos y conocimos, con más o menos profundidad, la obra, el pensamiento y el ideario de cierto número de  pensadores, ideólogos, filósofos y políticos hasta que nos topamos con la obra de Evola, quien resultó que en ella reflejaba también su doble ´ecuación personal´ hacia lo Trascendente y hacia la vía de la acción. Similar, pues, a la nuestra. Por tanto lo que, de manera más o menos inconsciente, siempre anduvimos buscando, y que anidaba en nuestro interior de forma todavía algo larvaria, pudo empezar a tomar forma y a ser comprensible para nosotros gracias al corpus doctrinal expuesto por Evola. Encontrando a Evola nos pudimos encontrar a nosotros mismos. En otros autores hallamos ciertas reflexiones, ideas y posturas que encajaban en algunos vértices de  nuestra doble vocación innata, pero en Evola no fueron fragmentos aprovechables lo que encontramos, sino que lo que encontramos fue un todo coherente con ello.
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Evola no reputaba su obra como fruto de sus elucubraciones personales, sino como una interpretación de la Tradición bajo el prisma de su doble ecuación personal y como el resultado de haber querido mostrárnosla, de manera metódica, para que pudiéramos tener acceso a los parámetros que la definen y vertebran.
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Sobre la hegemonía del Quinto Estado tuvo Evola el acierto de prever que tras el acceso al poder del Tercer Estado (la burguesía, el individualismo, el capitalismo industrial,…) y el subsiguiente ascenso al poder del Cuarto Estado (proletariado, marxismo, capitalismo de Estado,…) vendría una etapa -la actual- que supondría eltriunfo total del individuo-masa, del átomo-masa más despersonalizado, si cabe, que en las dos fases anteriores. Es el triunfo del capitalismo internacional financiero y de la globalización (5º Estado).
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El porqué se ha llegado a determinadas situaciones se puede responder coligiendo de que éstas no representan más que consecuencias de la desaparición del Mundo de la Tradición o de los restos que de él quedaban y se puede, asimismo, deducir que se tratan de situaciones a las que ha llevado la lógica de las rupturas acaecidas en el seno de este desangelado y disolvente mundo moderno. Todas estas situaciones, además, las podemos valorar utilizando los valores y parámetros que fueron propios de las sociedades pretéritas en las que nuestros ancestros vivían de acuerdo a una serie de principios que tenían como principal objetivo el de liberarlos de las cadenas que los ataban -o pretendían atar- a lo más ínfero que anida en el subconsciente del ser humano y a pasiones, impulsos y pulsiones incontrolables.
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Sobre el accionar conjunto en lo inmanente y en lo Trascendente, no podía uno por menos que estar continuamente pensando en que ése fue uno de los principales “leit motiv” de la obra de Evola: su afiliación por la idea de “Imperium”, sus trabajos sobre la Roma antigua como configuración de lo Alto aquí abajo, su interpretación del hermetismo alquimista como lucha por el “solve et coagula” (sobre no quedarse en la ´espiritualización del cuerpo´ sino seguir hasta la ´corporización del espíritu´), su intervención en el terreno político -siempre desde la perspectiva, claro está, metapolítica-, su preocupación por suministrar coordenadas organizativas e institucionales en este ámbito político, su denuedo porque lo Trascendente también se refleje en lo inmanente y, más aún, que se conquiste -lo Trascendente- desde este plano de la manifestación (desde el interior del ser humano) y, incluso si así es necesario, utilizando los medios propios de este mundo sensitivo (algunos de ellos destructores -como nos señala en “Cabalgar el tigre”- para el común de los mortales),…
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La coherencia del corpus doctrinal expuesto por Evola tanto en lo divino como en lo humano, en lo físico como en lo metafísico o en lo político como en lo espiritual es tal que los planteamientos medulares que defendía en los años ´30, los siguió defendiendo en los ´40, en los ´50, en los ´60 y en lo que vivió de los ´70. Evola fue un Tradicionalista integral y la “ideología política occidental moderna” se halla en las antípodas de la cosmovisión y de los valores y principios que definen al Mundo Tradicional y que tan acertadamente nos hizo conocer Julius Evola a lo largo de la mayor parte de su vida; un Evola incompatible con ningún tipo de componendas con la modernidad, por mucho que éstas puedan revestir un carácter táctico más o menos razonable.
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La Tradición no admite nada que se pueda asemejar al capitalismo en lo económico y a lo burgués en lo ético. La Tradición reputa como deletéreo todo lo que es producto -más o menos directo- de la Revolución Francesa y que, por tanto, entra dentro de los parámetros del alienante y corrosivo mundo moderno. El liberalismo político es hijo directo de la Rev. Francesa (incluso, antes, de la Rev. Americana -la de la Independencia) y el liberalismo económico (prefiguración clara del capitalismo; si dicha prefiguración no se la sitúa aun antes, en la época del mercantilismo) también tiene su afiliación en la Revolución que se inicia en 1.789 en Francia.  Ningún Sistema que anteponga como rector y prioritario a lo económico (tal como sucede con el capitalismo) entrará en los cánones de lo Tradicional, pues la Tradición antepone, jerárquicamente, lo que eleva al hombre (lo Trascendente) a cualquier otro nivel de la realidad (a lo social, a lo económico,…).
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En efecto, Evola no podía pasar por alto la evidencia de que, generalmente, la antesala del comunismo es el liberal-democratismo, pero como Tradicionalista integral que era también tenía claro que ambas ideologías representaban sendas excrecencias de este mundo moderno deletéreo por el que transitamos. Ambas se hallan, casi por igual, infectadas hasta el tuétano de los mismos agentes alienantes que conducen al hombre a la más absoluta degradación. Ambas defienden una concepción materialista de la existencia. Ambas rompen por igual los vínculos del ser humano con lo Alto. Ambas no conocen de otra realidad que la material; de aquélla que únicamente puede ser captada por los sentidos. Ambas han desacralizado por igual la existencia. Ambas han amputado, en semejante medida, la dimensión Trascendente del hombre y han convertido a éste en un ente mutilado. Ambas han reducido casi por igual al hombre a la categoría de esclavo de pulsiones incontroladas y de instintos primarios bestializantes. Ambas han cortado el cordón dorado que unía al ser humano con la Realidad Suprasensible de la que, en sus orígenes, emana y a la que (antes de su entrada en el seno de esta nefasta modernidad) siempre aspiró a Conocer y con la que siempre quiso reintegrarse ontológicamente; consiguiéndolo en mayor o menor grado dependiendo de sus potencialidades metafísicas innatas y del tesón empeñado en ello. Ambas han enterrado los valores del alma que fueron propios del Hombre de la Tradición: “gravitas”, “solemnitas”, templanza, autodominio, honor, valor, “fides”,… Ambas, en mayor o menor grado, no han dejado concebir otras opciones vitales diferentes al utilitarismo, a la rentabilidad o a la productividad. Ambas, ambas, ambas…: El demoliberalismo al igual que el marxismo. Evola siempre lo tuvo clarísimo y así nos lo transmitió siempre de manera diáfana, sin ambigüedades y en forma incontestable.
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El valor de Evola viene dado, principalmente, por el saber perenne que él supo de manera tan magistral legarnos. Convertirse en un icono para alguien era lo último que a él le hubiera gustado, más aún si tenemos en cuenta aquel principio Tradicional de la impersonalidad activa, por el cual lo que importa es el accionar en pos de un ideal elevado y no figurar personalmente gracias a dicho accionar.
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Ciertamente Evola ha sabido como nadie transmitirnos las verdades imperecederas que hoy prácticamente han sido dejadas de lado por este decadente mundo moderno, pero que deberían  ser siempre el eje vertebrador de cualquier agrupación humana normal y deberían de ser el faro a seguir para cualquier intento de Restauración de un Orden constructivo y equilibrado. El hombre de la Tradición sacralizaba y ritualizaba toda su existencia pues la entendía como parte de un todo que incluía, también, lo Alto.
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Las esencias del Mundo Tradicional emanan de de lo Alto; de lo que eleva al Hombre y lo transforma realmente por dentro, liberándolo de las ataduras y condicionamientos que más lo esclavizan: pasiones, egos engordados, impulsos incontrolados, pulsiones incontrolables, sentimentalismos turbadores del ánimo, bajos instintos,… Una alternativa auténtica al materialismo (verdadero meollo del Sistema) no puede pensarse si no es en base a una cosmovisión de corte metafísico; esto es, Tradicional.
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“Más allá del pluralismo de civilizaciones debe reconocerse -sobre todo si nos limitamos a tiempos hasta los cuales la mirada puede distinguir con cierta seguridad las estructuras esenciales- un dualismo de civilizaciones. Se trata de la civilización moderna de un lado y, de otro, del conjunto de todas las civilizaciones que la han precedido (para Occidente, hasta finales de la Edad Media). Aquí la fractura es completa. Más allá de la variedad múltiple en su forma, la civilización premoderna o, como puede llamarse, Tradicional, represente algo efectivamente diverso. Se trata de dos mundos, de los cuales uno se ha diferenciado hasta no tener ya casi ningún punto espiritual de contacto con el precedente. Con lo que, también las vías para una efectiva comprensión de este último está vedado para la gran mayoría de los modernos”. (Evola)
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“En su significado verdadero y vivo, Tradición no es un supino conformismo a todo lo que ha sido, o una inerte persistencia del pasado en el presente. La Tradición es, en su esencia, algo metahistórico y, al mismo tiempo, dinámico: es una fuerza general ordenadora en función de principios poseedores del carisma de una legitimidad superior -si se quiere, puede decirse también: de principios de lo alto- fuerza que actúa a lo largo de generaciones, en continuidad de espíritu y de inspiración, a través de instituciones, leyes, ordenamientos que pueden también presentar una notable variedad y diversidad”. (“Los hombres y las ruinas”, Evola)
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El Tradicionalismo es ideal para comprender porqué sucede lo que sucede aquí abajo (con las causas últimas que podemos hacer remontar a illo tempore…) y para ofrecer una cosmovisión integral que es la que más en las antípodas está de este mundo moderno culmen de todas las crisis y quiebras que acaecen hoy en día. El materialismo es el océano en el que navegan todas estas disoluciones y todos estos desgarros y la alternativa a él debe pasar por la concepción del mundo y de la existencia espiritual que siempre fue propia de la Tradición.
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Si no tenemos una cosmovisión (por encima de una ideología) que nos afirme en unos valores y unas verdades inmutables no vamos a ser más que veletas que cambiarán su rumbo al dictado del viento histórico que sople en cada momento. Igualitos, seremos, que el resto de nuestros ovinos conciudadanos.
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Si hablamos de Tradición lo hacemos de valores y principios imperecederos, no del cúmulo de costumbres (esto sólo serían tradiciones particulares que no tienen nada que ver con el Tradicionalismo tal como nos lo expusieron los Evola, Guénon, Burckhardt, Schuon y compañía). Las costumbres que nos lega el pasado, más o menos remoto, igual son detestables o, cuando menos, están vacías de sus contenidos originarios.
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Si no tenemos claro que no hay alternativa real al Sistema que no pase por el abandono de su fondo materialista y el encuadramiento en posiciones que siempre tengan un punto de referencia Superior (que vengan de lo Alto) no habremos entendido qué es una auténtica alternativa. No habremos ido nunca a escudriñar cuáles son las causas primeras de los procesos decadentes por los que ha pasado nuestro mundo y que le han llevado a su actual postración y enajenación. Nos quedaremos, en caso de no hacer este escudriñamiento, sólo analizando cuestiones relacionadas con lo económico, lo social y lo político. Presentaremos alternativas sólo en estos ámbitos y de poder llegar (en un caso hipotético) a ponerlas en práctica darían frutos, en dichos campos, a corto plazo (quizás también a medio) pero a largo plazo todo volvería a entrar en barrena debido a que no nos habríamos encargado nunca de transformar al hombre en su esencia y en su interior (facilitándole estos referentes Superiores) y éste volvería, con el tiempo, a caer en individualismos, en egoísmos, en insolidaridades y seguramente en la adopción, de nuevo, del sistema económico más acorde con el individualismo: el capitalismo.
La única manera, pues, de asentar alternativas duraderas en lo socioeconómico y en lo político es transformando no solo a la sociedad sino también al hombre que las debe implantar y sustentar y esto, ha quedado claro, pasa por defender una cosmovisión que mire a lo Trascendente (léase una cosmovisión Tradicional).

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8 comentarios so far
Deja un comentario

Perdón, ¿cuál fue la tradición de Evola?

Comentario por Ahmad

Anterior y superior a la fisica.

Comentario por Lautaro

Ahmad:
Evola reconoce el valor de muchas tradiciones como vehículos para intentar acceder a Realidades Suprasensibles. Lejos de cualquier tipo de sectarismo connatural a cosmovisiones lunares sabe ver lo válido de múltiples tradiciones sapienciales: en los misterios del mundo clásico, en el mitraísmo, en la tradición hermético-alquímica, en la tradición irania, en la védica, en los eddas, en la budista de los orígenes, en el zen, en el taoísmo o en el tantrismo. Alguien como él no necesitó de vehículos previos religiosos -exotéricos- para adentrarse en el plano esotérico y hacerlo -como seguro que lo hizo- operativo en su persona; plano esotérico en el que convergen todas las tradiciones (“todo lo que sube converge”, Schuon) y por lo que resulta indiferente para un tipo de Hombre Diferenciado ´echar mano´ de unas o de otras.
Atentamente:
Eduard Alcántara

Comentario por septentrionislux

Preferimos encararnos con la doctrina tradicionalista previamente digerida por expertos como eres tu, de este modo se ve notablemente mejorada hasta el punto de que dificilmente la vision de la realidad permanecera estancada.

Comentario por Lautaro

No me considero un experto Lautaro, quizá lo seas tu, yo solo hice una pregunta. ¿Y cuál es el problema para tu actitud irónica?

Comentario por Ahmad

Comentario por Lautaro febrero 24, 2011 @ 2:12 pm no es una respuesta a
Comentario por Ahmad febrero 24, 2011 @ 1:38 pm.

Comentario por Lautaro

Pues ya que te he entendido mal, ¿podrías explicarme la naturaleza de tu comentario de febrero 24, 2011 @ 2:12 pm? porque si no estás respondiendo nada, ¿a qué viene lo que has dicho? ¿a quien te refieres por experto? y… ¿porqué?
No hay que esconder la cabeza. Hay que ser claros.

Comentario por Ahmad

Pedimos diculpas por un exceso en utilizar la libertad de comentar y reconocemos que nuestro estilo y nuestra linea han sido tolerados como no lo han sido en ninguna otra publicacion de esta naturaleza.
En lo que sigue esto pesa.

Comentario por Lautaro




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